La casa de la Doña

Una mansión de mística y de magia. Obras de arte por doquier… la esencia del mito: la imagen de la doña

 

Pabellón al fondo del jardín.. En el muro de la pared espléndida chimenea florentina de mármol y de época. Encima de ésta la famosa cabecera de plata maciza de la que fue cama de la Doña. Fue diseñada por Diego Rivera y tiene querubines a cada lado. Pinturas con temas tropicales del gran artista Xavier Esqueda. Maravilloso par de candiles holandeses de plata iluminan esta sala durante la noche. En los nichos se aprecian dos esculturas de plata que son cabezas de María Félix. Para coronar los techos se pusieron macetas y jarro nes de Talavera poblana inspiradas en diseños del siglo XVIII.

 

Yo la llamaría también María Feliz!! Así la ven en Cuernavaca, en ese maravilloso refugio en el que se ha convertido la Casa de las Tortugas. No se ha transformdo solo, María Felix lo ha cambiado a su manera. Con sus colecciones. Con su gusto: que es el del perfeccionismo y la armonía. Como ella misma con mucha gracia lo aclara: “Y que crees, que todo se hizo por arte de magia? No hijo, no.

También en el fondo de la alberca se pasean las tortugas. En mosaico veneciano, una artesanía que ya es propia también de Cuernavaca fueron dibujados los reptiles que le han dado nombre a la casa de La Doña. En esta vista general de la piscina, a la izquierda, se pueden observar, al lado derecho, el piso de mosaicos azul y terracota enmarcados en piedra. Al fondo y sobre sus pedestales de azulejos portugueses dos personajes italianos en piedra blanca. En los nichos ovales una serie de bustos italianos que lucen por la iluminación existente detrás. Los arcos están decorados con azulejos portugueses y alrededor de la alberca espléndidas macetas de gran tamaño de Talavera de Puebla.

 

 

Todo esto cuesta mucho trabajo. Hay que trabajar mucho para que las cosas surjan. Todos estos muebles, mira, me los traje todos desde París en la boca del avión”. María ha montado y desmontado casas en París y en México. Con una gran habilidad y un gran gusto siempre ha concluído sus casas, marcando un estilo: por ejemplo, la última casa de María en Neuilly en París tuvo el sello Napoleón III. Su Villa de Cuernavaca lleva como tema las Tortugas, un reptil por el que María tiene una especial admiración y cariño.

vista general del gran salón. El espectacular y magnífico armario español del siglo XVI, página opuesta, en madera de palisandro con incrustaciones de carey, plata y marfil proviene de la Cartuja de Granada. Al fondo una consola veneciana turquesa y oro. Sobre ésta un par de jarrones azules de Jacob Petit. Arriba uno de los retratos de María Félix realizados por Antoine Tzapoff. A la izquierda puede verse una maravillosa reja francesa de hierro forjado con detalles de bronce. Al fondo y a la derecha dos sillones italianos barrocos en madera dorada.

En su Villa de Cuernavaca hay muchas Tortugas. Desde el pórtico, en el frontón de la fachada, una tortuga fue trabajada en piedra de cantera. En el interior de la casa, en el vitral-plafond multicolor. En el fondo de la alberca tres tortugas fueron interpretadas en mosaico veneciano. En el pasamanos del barandal de la escalera a base de pasta y en un extraordinario trompe l’oeil, fueron realizados los caparazones de la tortuga. María ha ido desarrollando el tema desde el inicio, cuando hace unos diez años adquirió la propiedad, que había sido construida en los años setentas por el talentoso Pepe Mendoza, un arquitecto con un sentido muy europeo de la arquitectura. En cada uno de sus proyectos se inspiraba en las Villas Italianas.

En el pasillo hacia la biblioteca, página opuesta, lucen otros de los espléndidos retratos que a María le hizo Tzapoff. Sobresale la mesa portuguesa con una escultura de plata que representa a la Doña.

 

El lambrîn es de azulejos portugueses y los muros son de boisseries de caoba. El techo es de artesonado portugués con tres diferentes colores. La chimenea también es de azulejos de Portugal. Al fondo y encima de la chimenea retrato de María por Tzapoff.

El sillón es portugués cubierto de cuero de Córdoba.

Escritorio portugués de origen brasileño, arriba. El retrato de Tzapoff luce un espectacular marco de madera dorada colonial mexicano.

 

 

 

 

La biblioteca portuguesa es de caoba y resaltan las columnas salomónicas laqueadas en negro. Los nichos poseen avestruces en plata y también se ve un caparazón de tortuga.

Dejó varias casas, todas ellas bellísimas: tres en la calle Leona Vicario, en el centro, una más en la calle Rufino Tamayo, donde hoy se aloja el hotel de los Pariente y dos más en el coul de sac en donde se inicia hacia la barranca la casa de Las Tortugas y lo que fueron las dependencias en el proyecto original de Mendoza. La Casa de las Tortugas está proyectada en dos plantas, más un pequeño tercer piso con miradores desde donde se tienen excepcionales vistas selváticas de Cuernavaca. Los invitados de la Doña, que no son muchos, llegan por la Avenida Palmira y se internan en una de las muchas privadas muy discretas que existen a lo largo de ésta, que es en Cuernavaca, la avenida más rica y elegante: ahí sólo se levantan grandes pro-piedades, con bellísimos jardines: nada se ve.

Los nichos poseen avestruces en plata y también se ve un caparazón de tortuga. Abajo, la mesa es de las llamadas de jambières en metal plateado y terciopelo. El sillón portugués en cuero de Córdoba. La banqueta posee azulejos y la mesa es de jambières. Resalta un mueble de sacristía indoportugués con incrustaciones de nácar, carey y plata. Hay un escritorio de origen brasileño