Por: Adolfo Garcia Robles

Hermosillo aún conserva casas que dan testimonio de un pasado con personalidad propia. Las nuevas generaciones no entendemos el porqué de una arquitectura tan extraña y disímbola, a la que la industrialización y las influencias del norte y del sur nos tiene acostumbrados.

Vidrio, concreto y aluminio invaden y rodean pequeñas islas que sólo por la magnificencia de su construcción, han logrado sobrevivir ante la implacable piqueta del progreso, muchas veces indiferente y despiadado en su orgullosa insensibilidad estética o ciego a los valores culturales del pasado.

La casa de Obregón 132 y su vecino del número 134, han quedado como muestra de tiempo pretérito, aisladas, y por lo tanto extrañas al contexto que ahora las rodea. Difícilmente puede uno ahora imaginarse cómo lucirían en los años de su reciente construcción; seguramente había construcciones de su mismo material y de menos ostentación, casas de un solo piso y de adobe con enjarre liso, las que por su misma condición modesta, fueron fácil presa de la demolición.
La historia de la casa que nos ocupa se remonta a la expedición de un nuevo título de propiedad porque el original se había extraviado. Esto sucedía en 1869 y lo solicitaba Doña Carmen Araiza de Araiza, quien declaró saber la fecha del documento extraviado: agosto de 1837.
La superficie del predio era de 832 varas cuadradas y tenía frente a la calle de la Carrera un letrero que decía: Plazuela de Jesús.

En los años posteriores, varias veces el solar fue fraccionado y vendido a diversas personas, entre las que se nombran a las siguientes: María de Jesús Fontes, Leonor F. de Caturegli y Don David Escobosa.
En mayo de 1903, el Dr. Alfredo Caturegli de 30 años, compra a Ma. Jesús Fontes, de 78 años, la casa de la calle de Tampico, número 12, mismo que para Mayo de 1911 protocoliza la escritura con el fin de hipotecar la finca a favor del Banco Hipotecario y Agrícola del Pacífico, S.A. de quien era gerente Don Carlos Rohde, apareciendo un ligero cambio en la dirección, pues se manifiesta como Tampico No. 11.

Ese mismo año, 1911, pero el 4 de noviembre, el Dr. Caturegli compra a María Escobosa de Escalante, el predio de Tampico Número 13; y a la vez el 7 de noviembre inmediato, hipoteca al Banco Hipotecario y Agrícola del Pacífico, S.A.
Todavía hay un testimonio de hipoteca en julio de 1912 de predio número 13 de las calles de Tampico, y después, un largo lapso de silencio hasta el año de 1926. Aquí es donde aparece un detalle que siempre ha intrigado a los actuales hermosillenses, el que la casa actualmente señalada con el número 132, ostenta en la clave del arco de su entrada principal, una cartela con el número “11 1/2”, además de la número 11 de las calles de Tampico.
El registro está en una escritura de poder otorgado en la Notaría No. 48 de la ciudad de México, otorgado por la Sra. Guadalupe Bringas de Caturegli a favor del Sr. Joaquín M. Luken, con el fin de que a su nombre y representación, “escriture de venta, cesión o traspaso, para pagar la hipoteca de ambas fincas, y así finiquitar las cuentas entre el Banco y el que habla”. Las direcciones son: “Casas números 11 y 11 1 /2 de la calle de Tampico”.
El primer testimonio de Dación en pago al Banco Hipotecario y Agrícola del Pacífico, S.A. representado por el Sr. Antonio Villaseñor en Hermosillo, se firmó el 28 de junio de 1926, liquidando una deuda de $18,000.00 por las fincas de la calle de Tampico No. 11 y 13, pero… expongamos algunas consideraciones.

El edificio que nos ocupa y su vecino marcado con el número 134, ostentan una arquitectura formal de reminiscencias clasicistas, influenciada por la moda imperante en Europa a principios del siglo actual; y teniendo en cuenta los estilos que se desarrollaron en México durante los últimos años del porfirismo y su continuación durante los años de la Revolución hasta desaparecer en los años veintes, podemos deducir que ambas construcciones fueron edificadas en la misma época, cuando la primera era propiedad del Dr. Alfredo Caturegli (adquirida en 1903, la de Tampico Núm. 12, después Núm. 11 y hoy Obregón 134), y la segunda pertenecía a la familia Escobosa, la cual tenía el núm. 13 de Tampico.

En 1911 el Dr. Caturegli compra a la Sra. María Escobosa de Escalante la finca para hipotecarla el mismo año al Banco arriba nombrado; apareciendo todavía en un testimonio de hipoteca de 1912 con el núm. 13. Y sólo hasta 1926 los diferencian como “casas núm. 11 y 11 1 /2 de la calle de Tampico”.
Esto hace pensar que la casa que nos ocupa, fue construida inmediatamente después de 1912 o cuando menos su fachada.
Antes de 1912 no, porque el documento en el que señala el número 13, es de julio de ese año, cuando ya era propiedad del Dr. Caturegli.
Teniendo en cuenta la situación del país a partir de 1913 con la caída de Madero y la consecuente lucha armada a partir del Plan de Guadalupe de Dn. Venustiano Carranza, no hubiera sido posible construir la casa en ese estilo después de 1913 ó 1914, y de haber sucedido así, el estilo arquitectónico hubiera sido extemporáneo, lo cual no es probable dado los gustos humanos por los cambios y las “modas”.

El testimonio de la escritura Poder de 1926 nos da la clave, al otorgar Guadalupe Bringas de Caturegli, y recibir el Sr. Luken. Incidentalmente se puede deducir la incapacidad o ausencia del Dr. Caturegli para esas fechas, ya que en el siguiente testimonio, vemos aparecer al Banco como propietario, volviendo a numerar las casas con el 11 y 13 de la calle Tampico.

Siguiendo con la historia documental, en 1927 adquiere la finca el Gobierno del Estado, cuando era su mandatario el Gral. Fáusto Topete, quien a su vez en 1929 lo vende a Dn. Saturnino Campoy. Pero solamente la planta alta, en lo que podríamos catalogar como un antecedente de los ahora tan conocidos “condominios” pues se estipula en el testimonio correspondiente que consta de: “Un salón y dos piezas techadas, encontrándose en mal estado el techo de dicho salón, sus puertas y ventanas”, otorgándose en la venta… “lo que constituye el techo de la planta baja, que será de la exclusiva propiedad del comprador”.

Como se puede ver, no estamos descubriendo el hilo negro en lo que respecta a “condominios”, aunque resultaría interesante saber qué hubiera sucedido si al propietario de la planta alta, se le hubiera ocurrido trasladar su propiedad a otro lugar frotando la lámpara de Aladino.
Para 1932 en el inventario del Estado (seguramente de bienes inmuebles), se apunta que la planta baja la ocupa una biblioteca y los juzgados de Hermosillo, tanto de las casas número 11 como 13.

Y en 1942 la calle ya se llamaba: Alvaro Obregón. La razón del documento: una compra de terreno para ampliar la superficie del predio núm. 14.
En 1957 la “Logia Masónica de Hermosillo No. 19, A.C.” adquiere “El segundo piso o planta alta de la casa No. 13 de Obregón” al Sr. Campoy, fungiendo como apoderado de la adquiriente al Gral. de División Juan José Gastélum Salcido; propiedad que es permutada por un tercero en el Fraccionamiento Constitución el año de 1967, cuando era Gobernador el Lic. Luis Encinas Johnson y Presidente de la Logia el Sr. Víctor Zamorano Esquer.
Hasta aquí los datos de expediente, de los que se deduce que el actual propietario es el Gobierno del Estado, ya que en 1971, un particular solicitó la adquisición del local, sin que se registrara respuesta.

Pero nos hemos adentrado en la historia documental y hemos hablado poco de sus características arquitectónicas, que por su relevancia, han permitido que llegue hasta nuestros días.

Lo primero que nos llama la atención es su planta alta rematada con un frontón triangular de colindancia a colindancia. Luego el tratamiento de su fachada a base de sillares rugosos simulados en pilastras y entrecalles, sus cornisas y decoración afrancesada, así como su armoniosa simetría, partiendo de un eje central, en que la puerta principal se cierra con un arco de medio punto en archivolta de dos remetimientos. En la clave aparece el famoso “11 1/2”, y se prolonga el eje hasta el vértice del frontón.

Es de importancia hacer notar que la fachada se prolonga en su tratamiento por el costado oriente que da a un estrecho pozo de luz, antes de colindar con el edificio Sonora, el cual tapa su vista lucimiento.

También es notable la hermandad, o para ser más justos la procedencia estilístico-arquitectónica de su vecina al poniente, la antes núm. 11 y ahora 134 de Obregón en la que en su única planta tiene decoración similar en materiales y estilo de la misma época, haciendo más palpable su relación y continuidad en la prolongación de una misma cornisa, como si cuello se quisiera patentizar que ambas construcciones pertenecían a un mismo dueño, lo que de hecho fue así.

Otra vez debemos reconocer la capacidad académica del constructor, del cual ignoramos su nombre, lo que nos lleva sugerir se les conozca como “Casas Caturegli” en recuerdo del propietario que la costeó y mandó erigir.
Ambas están catalogadas con las fichas 06 y 07 del Catálogo de Bienes Inmuebles, Dirección de Monumentos Históricos del I.N.A.H., correspondientes a la ciudad de Hermosillo.