LA FACHADA DE LA CASA URUCHURTU. Sede de la Sociedad Sonorense de Historia

Por: Arq. Adolfo García Robles

El sol poniente de las tardes hermosillenses castiga despiadado la elegante y señorial fachada de estilo “Barroco Republicano”1 que ostenta la casa sede de la Sociedad Sonorense de Historia, antes residencia de la familia Uruchurtu.

Sus sillares simulados sirven de fondo a la sencilla entrada de su único portón con arco de medio punto flanqueado por dos pilastras decorativas, resaltando en el pretil un remate con roleos, cual cortinajes que contiene al centro una cartela con las letras “M.R. de U.”, equivalente a las iniciales de “Mercedes Ramírez de Uruchurtu, una descendiente política”2, nos dice el Dr. Cano. Una acrótera campea en la parte más alta del remate.

La recia puerta, ahora restaurada, ostenta en el medio punto del tímpano, un encaje de herrería simulando los nervios de un abanico.
Las pilastras, que también se encuentran a cada extremo de la fachada, descansan en una basa moldurada, y al centro del fuste, las decora un perfecto círculo. Por capitel, lucen unas sencillas hojas de acanto que no soportan ningún entablamento, ya que inmediatamente arranca la sencilla cornisa corrida.
Las jambas del vano de la puerta, muy sobrias, sirven de apoyo a las dovelas del arco simulado en perfecto diseño esterotómico, teniendo la clave, la pequeña cartela trapezoidal para el número “oficial”.

El pretil directamente descansa sobre la cornisa y aparentemente se apoya en unos dados, prolongación de las pilastras, teniendo como acabado un enjarre rústico igual al de los sillares simulados, pero decorado con unas elípses truncadas, dentro de las cuales se han incrustado dos pequeños círculos. La distribución está perfectamente calculada, coincidiendo con los elementos principales de la composición de la fachada, y estos son…
Las tres ventanas-balcones, elegantemente enmarcados con jambas y cerramientos lisos, sobre los cuales después de una doble moldura angular, campean sendos frontones quebrados de forma triangular, en los que la “rotura” casi está en el vértice sin llegar a tocarse.

La platabanda del cerramiento luce unas ondulaciones en enjarre rústico en forma de etéreas alas y, cerrando los vanos, sencillas rejas, rematados sus barrotes por las inevitables puntas de lanza tan caras a los edificios de ésta época en Hermosillo.


Las ventanas por ser tres no están simétricas con respecto a la puerta, dos aparecen en el lado norte y una en el sur, provocando con ello una asimetría no exenta de atractivo porque le da un carácter propio a la fachada.

Las juntas simuladas de los sillares, los marcos y frontones de las ventanas, los filos de pilastras con sus bases y, la cornisa, remate de pretil, así como la cartela, roleos y acrótera; lucen más por estar pintadas de blanco, haciendo resaltar el gris de los sillares.
Una magnífica fachada que no puede dejar de llamar la atención de eruditos y neófitos, impacta a primera vista a pesar de competir con la mole de su vecino sur y la ambigüedad del que está al norte.

Luce dignamente por derecho propio, tal como debe de ser con las obras de arte en las que está plasmada el sello personal de su autor, o de su propietario.
En este caso no se sabe quién haría el proyecto, pero no cabe duda que es obra de un conocedor por la fineza del trabajo y las proporciones arquitectónicas, manifestadas en el gusto tan especial de utilizar los estilos clásicos en una interpretación muy libre pero buscando, paradójicamente al academismo, la riqueza ornamental, muy del gusto mexicano, y que para mediados del siglo XIX, había dado al traste con las ideas puristas del neoclásico de fines del XVIII y principios del siguiente.

Mientras no se encuentre testimonio escrito de quién haya sido el autor del proyecto, solamente conjeturas podemos aventurar.
Su propietario pudo haber contratado un arquitecto, que supo interpretar los deseos, gustos y “férrea voluntad”3 de su cliente. Y eso nos lo está trasmitiendo la originalidad de la fachada, la que no obstante romper con los cánones arquitectónicos en boga, plasma una fuerza y una reciedumbre, de acuerdo con la personalidad del propietario.

Ejemplo de ello es la asimetría, contraria al academismo. Otro, la peculiar forma de tratar los frontones. Algo más; no darle la importancia preponderante a la entrada principal, y sí hacer resaltar las tres ventanas como elementos predominantes de la composición.
Tal vez la única falta grave es el haber olvidado el entablamiento, con lo cual pierde la proporción en altura, apreciándose que falta “algo”.
¡Oh!… ¿Sería acaso otro rasgo peculiar de la personalidad del propietario?.

Conclusión. ¿De la distribución interior de la casa? No quedó nada. Bástenos decir que la Sociedad Sonorense de Historia cuenta con un magnífico recinto para la difusión y el conocimiento de la Historia de Sonora y de nuestro País. Propósito que toda sociedad debe inculcar, para ser depositaria de la cultura y la identidad a la que pertenece.

1.- Término acuñado por el Dr. Francisco de la Maza, Investigador, crítico de arte y fallecido en 1972 y autor de varios libros de Arte.
2 y 3.- “La casa de los Uruchurtu”. Dr. Gastón Cano Avila. En la