SONORENSISMOS

Por: Lic. Fco. Manzo Taylor

En alguna ocasión, nuestro compañero de la S. S. H. , el Lic. Gerardo Cornejo, nos platicaba que algunos de sus amigos, al comentarle sus trabajos (específicamente La Sierra y el Viento) le hacían ver de la necesidad de un diccionario de Sonorismos para entender tal obra.

 Nuestro propósito es relacionar el único trabajo que a la fecha se ha escrito sobre esa materia, “El vocabulario Sonorense” de Sobarzo, con los trabajos de algunos autores locales en los que se mencionan palabras de origen indígena, o regionalismos, que no fueron incluídos en el vocabulario. 

 Un estudio del Colegio de México (1) apunta la escasez de términos indígenas en el lenguaje escrito de los autores nacionales. No creemos, sin embargo, que ese sea el caso de Sonora. Desde las descripciones Jesuíticas del siglo XVIII, pasando por las obras de Sobarzo, Juan de Dios Bojórquez, Manuel P. Muñoz, Alfonso lberri, Enriqueta de Parodi, “Aquel ilustre desconocido” de Gumersindo Esquer, el mismo Cornejo y tantos otros escritores sonorenses, en todos los casos se han utilizado libremente voces de origen indígena o regionalismos.

 

En el siglo XVIII el padre Pfefferkorn nos describe ESQUITA: “Al tostarse los granos se revientan y la médula se escapa formando lo que parece ser flores de un blanco nieve. El maíz así tostado se llama esquita y no es desagradable al comerlo” (2). No hace mucho era obligado, al ir al cine, durante el intermedio “ir por esquite y sodas”, palabra indígena la primera y extranjerismo la segunda. Pfefferkorn también nos menciona la palabra QUAREQUE, como una víbora parecida a la de cascabel.


La primera mención de la palabra CHARRA la encontramos en aquella novela fantástica de Gumersindo Esquer, sobre el Pinacate: “Limitándose todos a las charras, entendiéndose mentiras, en las que cada quien quería sobresalir” (3). Juan de Dios Bojórquez, en su Yorem Tamegua, utiliza la lengua Yaqui.

El mismo título, según el autor, significa: Donde mataron al Yori. En esta obra destacamos USI, que significa muchacho (probablemente de origen Cahíta). “El Felipillo quería tomar unos de los jarros para jugar con él, pero temiendo que fuera a romperlo la madre le decía: MECA USI (deja muchacho)” (4).

El mismo Bojórquez nos habla de los matachines: “Esta fiesta de los MATACHINES es de las evocadoras.

Es un baile místico, religioso, que se celebra en honor de la Virgen, del Señor o de cualquier Patriarca de la Corte Celestial. No faltan los matachines el Sábado de Gloria. Son indios que visten pantalones de mezclilla, faja, camisa de colores chillantes y paliacates al cuello. En la cabeza llevan un penacho parecido al que usó Moctezuma II – El Cobarde – y en las manos portan varas que terminan en flores artificiales y plumas vistosas” (5). Cornejo nos habla de las CONDUCTAS, como las guardias que acompañaban a los atajos de mulas cargados de oro (6). Intimamente ligada con las actividades mineras, nos encontramos abundantemente a las “conductas” en la literatura de Sonora y Sinaloa.


Una palabra local: BACHIMBERO. El cañón de Bachimba, ubicado en Chihuahua, fue escenario de acciones de guerra en la época revolucionaria. Alrededor de 1940, en Hermosillo, a la zona de tolerancia le llamaban “BACHIMBA”. (“Los misteriosos y a la sazón inaccesible alrededores de Bachimba”) (7). Bachimbero es pues: alegre, sonajero; también pudiera entenderse como bajo, común o vulgar. Es en la primera connotación que fuera publicado en El Sonorense:


Ahí lo dejó, pues mi Guaymas
Bachimbero y Salitroso
De zoquete rojo oscuro
Como sangre de caguama
Acabada de matar.


Habrá quienes, dedicados a la investigación profesional de este tema, prosigan la tarea inconclusa de Don Horacio Sobarzo y nos ayuden a rescatar y conocer nuestro lenguaje sonorense?…

NOTAS:
(1) BLANCH JUAN M. LOPE. MEXICO INDIGENA EN EL ESPAÑOL DE MEXICO. El Colegio de México, 2da. Edición. México 1979.
(2) PFEFFERKORN IGNACIO. DESCRIPCION DE LA PROVINCIA DE SONORA. LIBRO SEGUÑDO. III Edición. Traducción Ing. Armando Hopkins Durazo. Ediciones Gobierno del Estado de Sonora. Hermosillo, 1983.
(3) ESQUER GUMERSINDO.-CAMPOS DE FUEGO. Breve narración histórico-fantástica de una expedición a la región volcánica del Pinacate, P. 11, Imprenta El Modelo. Hermosillo, Sonora, 1928.
(4) DJEB BORQUEZ. YOREM TAMEGUA, P. 15. SANCHEZ &t DR. GUISE, SUCESOR. EDITOR GUATEMALA C. A. N. D.
(5) BORQUEZ, Op. Cit P. 3B.
(6) CORNEJO GERARDO. LA SIERRAY ELVIENTO. P. 34, Ediciones Gobierno del Estado de Sonora 1982.
(7) CASANOVA ABELARDO, PERIODICO INFORMACION. 20 NOV. 1982, Hermosillo, Sonora
(8) MANZO FRANCISCO, “GUAYMAS”. SUPLEMENTO DOMINICAL “EL SONORENSE”, Hermosillo, Sonora, Nov. 1983.


APELLIDOS DE PROSAPIA

HOLA JEFE BUSTA:

Te escribo para pedirte que me aclares si está bien o es incorrecta una indicación que figura en un formulario oficial, donde al precisar cómo consignar el apellido, aclara “cuando el apellido sea de prosapia, se iniciará con letra minúscula”, y da ejemplos como “de Olivos” ” de la Prieta” o ” de González Quintero”
Como para mí es toda una novedad esta tipificación de apellidos, quisiera que me arrojes un rayo de luz sobre el tema.

Hola lectora, te conseguí esto, espero te sirva: ¿Qué es un “apellido de prosapia”?

Es obvio enunciar que los seres humanos no provenimos de la nada. En este sentido, todos somos “hidalgos”, “hijos de algo”: ha habido un padre que nos engendró y una madre que nos parió; tenemos antepasados, nacimos en un determinado lugar y nos han impuesto un nombre. 


  Del mismo modo que nuestra personalidad, el mencionado conjunto de rasgos nos diferencia de los demás: somos alguien desde el nacimiento tenemos un nombre propio. Pero para llegar a ser verdaderamente una dama o un caballero no alcanza con la prosapia, estirpe, abolengo, linaje, o como se quiera llamar –siempre con palabras rimbombantes– a la circunstancia común de tener antepasados.
  

 Para poder ser considerado un verdadero hidalgo más allá de esta hidalguía nominal, cada uno debe desarrollar sus mejores potencialidades y expresarlas en su conducta y en sus obras.

 Viene a cuento el célebre diálogo de la comedia La verdad sospechosa, de Juan Ruiz de Alarcón (siglo XVII):     

                –¿Sois caballero, García?
–Téngome por hijo vuestro.
–¿Y basta ser hijo mío
para ser vos caballero?
–Yo pienso, señor, que sí.
–¡Qué engañado pensamiento!
Sólo consiste en obrar
como caballero el serlo.

  El obrar como caballero –o como dama, para la tonta distinción “de género” actualmente indispensable– tiene como condición necesaria el haber recibido una educación que haya originado el desarrollo de nuestras mejores posibilidades y talentos, y que nos haya habituado a emplear esas cualidades con rectitud tanto en las minúsculas cosas de la vida diaria como en las decisiones y en las obras que comprometen toda nuestra existencia. 

“Dejar de ser mero número de eso que se llama gente para destacarse y singularizarse implica cualificación. Superar la vulgaridad y la innominación, adquirir nombre y renombre, es cuestión de cualidad. E investirse de cualidades perfectivas actualizando potencialidades y distinguiendo uniformidades es cuestión de educación”, dice el eminente filósofo español Ángel González Álvarez”. (Filosofía de la Educación, Bs.As., Troquel, 1963, p.57).

Se percibe un comprensible matiz despectivo en el giro: “eso que se llama gente”. El aristócrata –cualificación alcanzada por su propio esfuerzo y trayectoria vital– González Álvarez descalifica al vulgo indiferenciado, a la masa sin nombre que intenta usurpar un rango que no le corresponde. Y cuando habla de “renombre” no se refiere al status de quienes la sociología denomina “personajes” –Monzón, Maradona, Moria, Mofovich (uno que se mofa de todos)–, sino al status al que esa misma disciplina llama “prestigio”: el del doctor Laureano Maradona, el de Horacio Accavallo, el de Nelly Omar, el de todo aquel que se destaca digna y noblemente en su propia actividad.

Cuando la Asamblea de 1813 suprimió los títulos de nobleza, quienes no soportaban ser tratados de modo igualitario comenzaron a valerse de otros medios para darse importancia. El más utilizado, aún hoy, es el título de “doctor” –preferido por los políticos aunque algunos sean casi analfabetos–.

 Otra manera de darse importancia, según la costumbre española de dar énfasis en la procedencia paterna y materna, consiste en anteponer a los apellidos un “de” con sentido genitivo, e incluso un “y” para incluir al de la madre: Hace algunos años el diario de Bahía Blanca publicaba una columna a cargo de Ricardo Paz. Así se llama, y así se lo presentaba cuando aparecía en televisión. Pero en el diario, debajo del título de sus artículos, decía hispánicamente “Por Ricardo de Paz y Figueroa”.

 Burlándose del intento de jerarquizar la propia ascendencia con aditamentos puramente exteriores, Ernesto Sabato ironiza en una de sus novelas sobre la atribución de rasgos favorables o desfavorables a las personas a partir de prejuicios sobre sus apellidos, y refiere un diálogo entre dos personajes, “el Nene Costa” y “Pampita”, quienes con frívola erudición se ponen a inventar decenas de apellidos, sobre todo italianos y judíos, y a hacer satíricos comentarios sobre sus significados. (Abaddón, el Exterminador, Bs.As., Sudamericana, 1974, pp. 383-389).

 En otra novela de Sabato aparece “Quique”, un personaje que comenta con aguda ironía: “Si en este país vos te llamás Vignaux, aunque tu abuelo haya sido carnicero en Bayona o en Biarritz, sos bien. Pero si sobrellevás la desgracia de llamarte De Ruggiero, aunque tu viejo haya sido un profesor de filosofía en Nápoles, estás refundido, viejito: nunca dejarás de ser una especie de verdulero.” (Sobre héroes y tumbas, 18ª ed, Bs.As., Sudamericana, 1976, p.212).

  En la desaparecida revista “Rico Tipo” aparecían las andanzas de “El gordo Villanueva”, personaje creado por Luis de la Plaza. El protagonista, vestido siempre con traje oscuro, corbata y chaleco, llevaba consigo una medalla que le había comprado a un “ruso” de la calle Libertad, parecida a la que se otorga a los legisladores, y cuando quería obtener una ventaja cualquiera –no pagar entrada, no esperar turno en una fila– la exhibía mientras farfullaba: “Doctor Villanueva, blblblmnmngñgñ de la Nación”.

  El afán de presunción ha hecho resurgir la heráldica, y resulta frecuente que un García Pérez cualquiera –que no ha sido ni jugador de Racing ni marido de Victrolita– se haga diseñar un árbol genealógico y un escudo de armas, y los exhiba al lado de un estante con libros de Coelho, Pigna, Bucay y Lanata.

Para evitar el título de “doctor”, desprestigiado por la sospecha de su inautenticidad, muchos recurren al de “licenciado”. A los técnicos en toda clase de actividades se los llama ahora licenciados: Los hay en relaciones públicas, en seguridad, en pedicuría (“podología”), en cosmética (“cosmiatría”), en reiki, en masoterapia. En realidad la licentia docendi (autorización para enseñar) es el grado académico inmediatamente inferior al de doctor, que es a quien la universidad le ha reconocido el más alto nivel de conocimiento.

Como alcanzar un doctorado verdadero requiere años de estudio, y los licenciados aspiran a diferenciarse de sus pares cada vez más numerosos, se ha redescubierto el antiguo grado académico de “maestro”. Pero este término está demasiado relacionado con la escuela primaria, y entonces se lo usa en latín o directamente en inglés: son los magister y los master, que suelen conseguir empleo en multinacionales deseosas de decorar su imagen alquilando algún tipo de prestigio académico.

Otro manido recurso para creerse distinguido consiste en procurarse el modo de adquirir –del modo que sea– todo aquello que puede dejar boquiabiertos a los simples: ropa de marcas conocidas, auto en lo posible nuevo, vivienda en un gueto de la periferia urbana, concubina de belleza siliconada. Este consumo superfluo –al que la sociología llama “conspicuo”– atrae a personas de todos los niveles sociales, y mientras escribanos y dentistas esquilman a sus clientes y se vanaglorian de los costosos restaurantes que frecuentan y de la variedad de vinos que paladean, a poca distancia de ellos, en los barrios sin desagües ni pavimento, los pobres ostentan sus teléfonos celulares con MP5 y sus zapatillas moldeadas, dos veces más caras que los mejores y más duraderos zapatos artesanales.

En “Sexto piso”, Homero Expósito le dice lapidariamente a la mujer que lo dejó solo en su modesto departamento:

“Si tristeza da al mediocre la pobreza, ¡cómo habrás sufrido vos!
¡Vos que tenés la misma altura que el montón!”.

En la década de 1950 la editorial Haynes publicaba, además del diario “El Mundo”, la revista de interés general “Mundo Argentino”. En una de sus páginas el humorista Rafael Villafañe presentaba “Yo me la cuento”, una sección que ironizaba sobre aquellas personas que no pueden aceptar ser quienes realmente son, y se atribuyen alcurnias y prosapias inexistentes.

En el tango “Niño bien” Víctor Soliño descalifica las pretensiones de un personaje de esta clase, y otro tanto hace el humorista Aldo Cammarota en su tango “¡Petitero!”.

Otro humorista argentino –creo que se trata de Carlos Garaycochea– ha escrito entre otros libros una obrita satírica titulada Cómo parecer distinguido uno que es un ordinario, y es autor también de la frase: “No te hagas el fino, que se enfrían los fideos”.

El formulario oficial encontrado por Pucho, en el que se aclara “cuando el apellido sea de prosapia, se iniciará con letra minúscula”, es un signo de la necedad de algunas personas. Correspondía indicar que los apellidos españoles que comienzan con “de” se inician con letra minúscula, sin prejuzgar atribuyendo “prosapias” gratuitamente. A menos que quien elaboró el texto admire al gran inepto Fernando de la Rúa, o que ignore que quienes se apellidan “de la Cruz”, “de la Iglesia”, “de Dios” –en Italia, “Nazareno”, “Sposito”–, son descendientes de criaturas abandonadas en un orfanato religioso.

La letra del tango “Polos” dice en uno de sus versos: “y si es por apellidos, que el mío hable por mí.” El significado oscuro de la frase se explica al recordar que su autor es Homero Expósito, quien desde su condición hidalga de poeta solía blasonar irónicamente de su ascendencia diciéndonos: “Soy Expósito, de la Casa de Expósitos.”

Homero, Virgilio y Luis María Expósito nacieron en el hogar de un matrimonio de laboriosos panaderos y confiteros de Zárate. Su padre fue actor vocacional de teatro, luchador anarquista y lector de los clásicos griegos y latinos de quienes tomó los nombres que impuso a sus hijos mayores. Difícilmente pueda encontrarse una estirpe, un linaje, un abolengo, una prosapia más digna que la de quienes llevan el apellido de un honesto padre de familia.


ME SOÑÉ EN QUEROBABI

Fui a la tienda de Ramón López, en mi pueblo Querobabi
Un domingo en la mañana,
la noche antes hubo baile
Que los Ases de Durango, tocaron en que El Bitachi

Sentados en el tablón,
estaban varios amigos
Ya se habían tomado un doce,
El Gato y El Tiguinio
Y sacando la barbacoa,
El Pininuy y El Cepillo

Estaba el Nene Contreras,
el Tino y el Güero Raúl
La Goya juntaba botes,
tarde a misa iba a llegar
Y abierto en que el Cano Suárez,
nomás mandaban comprar

Me fui para el almacén,
enfrentito de la escuela
El pepino y el Loco Amado,
dando unas vueltas bomberas
Atrás traían a Fermin,
con el Isidro Contreras

Como hacia calorcito,
y junto con otros amigos
Quisimos tomar raspados,
nos fuimos a que Lucio
Al pasar por el billar,
gritamos Bolas Balio

Ya de ahí me fui al béisbol, Muñozes estaban jugando
Desde lejos se escuchaba, la Chencha que esta gritando
Y lo hacia por los Valdezes, la Vicky del Severiano

Jose Chueco iba conmigo, por eso tarde en llegar
Vi sentadita en su porche, a la Licha de Baltazar
Pase porque El Loco Pancho, ahí estaba la Nena Saenz

Ahí mire al Lito Muñoz, que al Culo de fierro calmaba
Ajustaba al Liki Liki, junto con el Pata Larga
Que como era comisario, muy seguido los multaba

Me quise tomar un six, ya esta cerrado el expendio
Ya era domingo en la tarde, voy a que el Gordo Romero
y en eso que me despiertan,
TODO HABIA SIDO UN SUEÑO….


LOS RANCHOS DE QUEROBABI

A mi pueblo Querobabi,
a vivir lo han ayudado
De una u otra manera, de ranchos que está rodeado
con leña a tus ladrilleros, y produciendo ganado.

Con el queso
de la ordeña, tierra, barro y las pitahayas
chiltepines
y el mezcal, buffel
y la chucaneada.

De todos esos potreros,
se aprovecha bien su fauna.

San José de Querobabi,
Los Nietos y Santa Martha
Los Cerrones y El Tabaco, Cornelio y El Agua Blanca
Santa Lucia y San Pedro, Chirriones y Las Tinajas .

El Batamote y San Jacinto y El Rancho Los Cochinitos
San Agustín y La primavera Cañada Ancha y La Garita
Rancho Andoria y San José, también Santa Margarita,

El Brasil Y el Vareleño, San Joaquín y La Cuchilla
El Escorpión y El Retiro San Cayetano y Virginia
La Tesota y San francisco El Pajarito y Las Pilas.

La Pintada y El Canario, Las Flores y el Rancho Nuevo
La Aurora y Santa Getrudes, El Zacate y La Aguanueva
El Porvenir y Huerobabi, El Carrizito y El Poseadero.

Santa María y La Laguna El Tapón y Las Calaveras
El Saucito de Moreno, El Saucito de los Sesma
La Sauceda y El Sobarceño, La Gorrulla y Santa Elena.

Desde El cerro La Pichualca Se ve el del Burro y La Pala
Y bajando El Malayón, se termina esta cantada
Del arroyo del Tío Chino al taste La Bebelama.


OPODEPE / MESA DE PALOFIERROS

Ese pueblo de Opodepe,
la mesa del palo fierro
el ópata es el dialecto
fincado en el pié del cerro.

Por el Río San Miguel,
ahí te fundó un misionero.

Pueblo Viejo y el Rodeo,
y Tuape están en la sierra…
Rodeo y Santa Margarita,
y tú eres la cabecera.

El pueblo de Querobabi,
el que más lejos te queda

Es nuestra virgen María,
la patrona del poblado
que desde tu fundación,
todo el pueblo ha venerado
los días quince de agosto,
bien podemos comprobarlo.

Esa cruz allá en el cerro,
y la mina del Crestón
desde lejos me saludan,
cuando vengo de Rayón
a visitar en tu iglesia, la virgen de la Ascención.

Con música te festejan, el baile y se hacen carreras
es un acontecimiento, viene gente de “‘ondequiera”
primero te hacen visita, ya después la borrachera

Estoy sentado en la plaza, tomándome un Bacanora
ese Manuel de la Vara, que me toque la tambora
pa despedirme cantando, de mi Opodepe Sonora.

Esa cruz allá en el cerro, y la mina del Crestón
desde lejos me saludan, cuando vengo de Rayon
a visitar en tu iglesia, la virgen de la Asunción.


TUAPE Y SANTA ROSALIA

El dia tres de septiembre, en Tuape nos damos cita
en casa de la patrona, nuestra linda virgencita.

Saiendo de Querobabi, te vas por El Pajarito
camino rumbo a la sierra, pasando por San Francisco.

La cuesta del agua blanca, es señal que vas llegando
a ese pueblito de Tuape, su gente te esta esperando.

Bueno o malo este el camino, todos buscamos llegar
queremos de Corazón, ir a tu iglesia a velar.

Cada año ese camino, lo hare mientras tenga vida para velar a la virgen, la de Santa Rosalía.

Ese día llega la gente, del Rodeo y Pueblo Viejo
de Magdalena y Cucurpe, para estar en tu festejo

se te rezan los rosarios, luego se te canta el alba
ya después las mañanitas, te cantamos con el alma.

Cualquiera te invita un taco, y hasta a dormir en su casa
son costumbres muy del pueblo, que en estas gentes no pasan.

Ahí ves a los Valenzuela, gente hasta del otro lado
a los Cocoba Romero, a Carrillo y los Arvallo.

Al Pildora y los Chaquiras, a Cuco Acuña y su gente
A Lazarito y al Güico, ellos siempre están presentes

Mi virgencita morena, el día cuatro es tu día
Sólo uno te visitamos, tu todo el año nos cuidas.


PUEBLOS OLVIDADOS

Municipio de Opodepe,
pasa algo triste en tus pueblos
a mucha gente has parido, en tus archivos los vemos
Y muy pocos te visitan,
no los jalan los recuerdos.
Algo le paso a los viejos, para que esto sucediera
creo no se supo inculcar, el cariño por la tierra
A Opodepe lo visitan,
porque esa es la cabecera.

Tambien el quince
de Agosto, Semana Santa
y diciembre
y en el tiempo de campañas, es cuando se hacen presentes.
Ahi ves a Santa Margarita, pocas pero buenas gentes

Al pueblo de Meresichic, tan sólo el quince de mayo
A festejar a San Isidro, y al pozol de trigo vamos
A veces semana santa, una o dos veces al año.

El Rodeo y Pueblo Viejo, completamente olvidados
A Tuape una vez al año unos cuantos visitamos
Tres y cuatro de septiembre, que a su virgen festejamos.

Pueblo de Querobabi, también te pasa lo mismo
Por amor no te visitan, lo hacen por los beneficios
De tu gente y de tu tierra, ya cuantos se han hecho ricos.

Las fiestas nos dan motivo, a excepcion de un funeral
Ojala hubiera el arraigo, para irlos a visitar
Pueblos de mi municipio, me da tristeza cantar.

Aqui va la despedida, y que llegue lejos quiero
Tus pueblos nos dieron vida, también nos dieron sustento
De su amor no hay que dudar, aquí el que falla es el nuestro.

 

 


REGIONALISMO

EL REGIONALISMO SONORENSE
 
Por: Armando Hopkins Durazo.

Los sonorenses tenemos fama de ser extremadamente regionalistas y se nos acusa con frecuencia y a veces con mucha razón de cometer actos no solo descorteses sino ofensivos con visitantes y gentes de otras latitudes. ¿Qué tan real es ese regionalismo y por qué existe? ¿Cuáles son sus orígenes y por qué se manifiesta tan crudamente?.

Las repuestas a estas interrogantes podrían dar lugar a todo un estudio de orden histórico-sociológico-psicológico, sumamente interesante, pero este pequeño trabajo no pretende llegar a esas alturas sino solo apuntar algunos aspectos de orden histórico que quizás podrían servir para estudios mas serios.

El regionalismo del sonorense es absolutamente cierto y se manifiesta en miles de formas no solo desagradables y ofensivas sino también constructivas y edificantes. Quizás el regionalismo del sonorense esté mas acendrado y se muestre con mayor crudeza que el de otros estados de la República, pero la verdad es que en los habitantes de todas las entidades se puede apreciar un cierto grado de regionalismo.

 Por lo que respecta al regionalismo sonorense yo creo que empezó a manifestarse desde la época colonial, cuando debido a la tremenda distancia que nos separaba del centro del virreinato se descuidaban los asuntos políticos y militares de la administración española en la provincia forzando a que sus habitantes se acostumbraran a resolver los problemas por su propia cuenta.

 Ejemplos de esta situación los tenemos durante el período colonial con la explotación minera en Sonora, que a diferencia de lo que sucedía en el territorio del centro del virreinato donde ésta constituía una operación apoyada militar y moralmente por la Corona, aquí dependía primordialmente y casi en absoluto de la audacia y tenacidad del empresario minero y el trabajo libre y remunerado de los indígenas.

  Después del período colonial, las luchas por definir las diversas corrientes políticas, étnicas a ideológicas en el capital del México independiente hicieron aún mas agudo el olvido de la provincia.

 El historiador norteamericano, Stuart F. Voss dice que uno de los legados mas importantes que recibió la América Latina de la época colonial fue precisamente el regionalismo y apunta, entre las causas mas importantes que lo generaron las siguientes:

a)  El colapso de la sociedad de conquista a fines del siglo XVI, b) La falta de dirección en el gobierno de la corona española después del siglo XVI y la erosión continua de su autoridad, c) Las barreras naturales aislacionistas de la geografía latinoamericana, d) Las distintas mezclas de los elementos raciales, y, e) En muchos casos una contracción económica.
Todo esto, – dice Voss,- contribuyó a la creación de diversas sociedades regionales con diferentes experiencias históricas al través de toda la América Española y es la explicación de por qué surgieron la gran cantidad de pequeñas naciones al lograrse la independencia.

 Durante la colonia las sociedades regionalistas pudieron coexistir con el imperio porque los unía el respeto y lealtad a la corona, pero al venirse la independencia y al substituirse las fuerzas imperiales por estructuras de gobierno que pretendían dar forma a las naciones-estado, muchas fracasaron teniendo que dividirse en pequeños países, cada uno de ellos correspondiente a una sociedad regional que existió durante la colonia.

  Así nacieron las repúblicas centroamericanas y las de Ecuador, Paraguay y Uruguay. Otras, como Argentina, Perú, Colombia y Venezuela se dividieron en pequeños grupos que perdieron mucho tiempo tratando de identificar y conciliar los intereses de las sociedades regionales con los de interés nacional.

No obstante que en nuestro país existían las diversas sociedades regionales, erigidas como consecuencia de las mismas causas que señala Voss, fue México el único país de la América española que al consumarse la independencia conservó los mismos límites geográficos que tenía durante la época colonial; ya que Guatemala era prácticamente autónoma del gobierno virreinal.

 Y esto sucedía cuando por razón de su inmenso territorio eran mucho mas fuertes los efectos divisionarios y separatistas de las sociedades regionales, especialmente los de las localizadas en la periferia. Por eso se perdió Texas y aunadas a otras circunstancias forzosas también California, Nuevo México y estuvo muy cerca de suceder con Yucatán.

 La sociedad colonial de la Nueva España no tenía puntos de identificación, no existían entre las diversas sociedades regionales los mismos planes y propósitos, no los ligaba nada en común, solo se identificaban en su lealtad a la Corona y era lo único que les mantenía artificialmente unidas; cuando el imperio cayó se creó un vacío de poder.

 En el caso de Sonora se repiten las mismas causas señaladas por Voss, pero inciden con mucha fuerza las últimas tres y se agregan aún otras muy importantes.
En primer lugar, la Sierra Madre era y es hasta la fecha una tremenda barrera natural que mantenía a Sonora y a todas las entidades del noroeste muy alejadas del centro. Cualquier acto de autoridad que se generaba en el virreinato y después, en el México independiente, difícilmente se ejecutaba fielmente en una provincia tan distante del lugar de donde emanaba. Por esa razón, quienquiera que jefaturara la sociedad regional tenía muy fuertes bases de autonomía y libertad de acción. Por eso surgieron los hombres fuertes tan frecuentes en Sonora en el siglo XIX.

 En segundo lugar, es también de gran importancia en el caso de Sonora la diferente mezcla de elementos raciales que se dio en estas tierras. Por una parte los indígenas sonorenses eran muy diferentes en muchos aspectos los que encontraron los españoles en mesoamérica, por la otra, la integración étnica de los mismos para formar la nueva raza fue también mas intensa.

  Además, a fines del siglo XVIII llegaron a Sonora muchas familias españolas atraídas por las reformas instituidas por el gobierno de la casa borbónica que ofrecía también características raciales diferentes a la mayoría de los españoles que habitaba el centro pues provenían del norte y oriente de la península. Estas eran las familias que ya ricas y fuertes, se disputaron durante mucho tiempo el predominio de su autoridad en Sonora.

En el caso de la sociedad regional de Sonora incide también la última causa apuntada por Voss, la contracción económica.
Durante la guerra de independencia, – que en nada afecto a Sonora en el aspecto militar -, se cancelaron abruptamente las posibilidades de desarrollo que habían abierto las medidas borbónicas, teniendo un gran efecto en la sociedad sonorense.

Los precios de herramientas, utensilios y materiales que se utilizaban en la explotación minera, por ese entonces principal sostén de la economía sonorense, se fueron para arriba debido a la escasez que se originó cuando ocasionado por la guerra se cortaron las líneas de abastecimiento desde el centro. Muchas minas tuvieron que suspender sus operaciones y se suscitó un problema grave de desempleo y miseria en la clase trabajadora. Los productores agrícolas y ganaderos que tenían dificultades para encontrar mercados fueron gravados con impuestos especial de la Corona para financiar la guerra y al término de misma se encontraban en serias dificultades económicas.

 El comercio que abastecía la demanda de las operaciones mineras, agrícolas y ganaderas se vio grandemente afectado al suspenderse muchas de las compras y al cortar también su principal fuente de abastecimiento que era la metrópoli virreinal.
A todas estas causas señaladas por el historiador norteamericano como elementos importantes para hacer surgir en el noroeste de México una sociedad desligada del centro habría de agregar otras muy importantes, entre ellas, el aspecto religioso.

 Es bien conocida la fuerza que durante la época de la Colonia adquirió, política y económicamente el clero, pero esta fuerza en el norte del País nunca tuvo la magnitud alcanzada en los núcleos urbanos del centro, México, Puebla, Guadalajara, Valladolid, etc. y ello se debió principalmente a que el clero, en una gran parte del territorio mexicano, – la antigua provincia de la Nueva Vizcaya,- estaba representado y ejercía su influencia al través de las misiones jesuitas que no estaban tan íntimamente ligadas al clero político, ni a la autoridad virreinal.

 Después de la expulsión de los jesuitas y al arribo de franciscanos y el clero secular no se logró nunca substituir la influencia eclesiástica local perdida con los jesuitas y durante la guerra de independencia no se crearon los problemas en que se vieron inmersas las sociedades del centro del País. Sonora pues, en este aspecto, el religioso, quedó también muy desligada del centro y con una práctica religiosa mucho menos comprometida con el clero político.
Todos estos factores influyeron en una a otra forma para ir formando en los sonorenses una mentalidad regionalista que después conocería y gustaría de la ambición sajona que tan cercana tenemos al norte y adoptaría el pragmatismo y la afición al trabajo que le permite satisfacerla.

  Factor que, aunado a los anteriores, ayuda a crear en los sonorenses una mentalidad regionalista que en ocasiones de expresa equivocadamente, pero que en momentos de prueba ha sabido responderle la nación. Los episodios guerreros de Guaymas, Caborca, Ures, etc. son ejemplos de mexicanidad y de regionalismo al servicio de la Patria

 


VERSIFICADOR

¡ALLÁ SE LAS HAYA…!


Refranes de Miguel Campillo

Si en lugar de guimbalete,
que es castizo castellano,
dice Don Juan: “bimbalete”,
y a pesar de irle a la mano
no consigo que se abstenga,
allá se las avenga.

    Si Rita le llama “pochi”
a lo corto o descolado,
y denominado “jorochi”
al infeliz jorobado
porque lo aprendió de su aya,
allá se las haya.

    Si con Luis, el testarudo,
toda mi oratoria agoto,
para que diga desnudo
y nunca dicta “empeloto”,
y él se ríe de mi arenga,
allá se las avenga

    Si el can que no tiene pelo,
según dice don Justino,
apoyándose en su abuelo,
es perro “bichi” y no chino,
porque el chino es de otra laya,
allá se las haya.

   Si la voz de la “chicharra”,
es estridente e ingrata,
dice, por decir cigarra,
Basilia, la literata,
cuando parlando se explaya,
allá se las haya.

   Si la gente baladí,
que por hablar a destajo
le llama “mayate” aquí
al inmundo escarabajo,
porque no hay quien la contenga,
allá se las avenga.

   Si para Julia Nebrija,
porque ha nacido en Sonora,
no puede ser lagartija
la que para ella es “cachora”,
aunque la traten de paya,
allá se las haya.

   Si cuando Treta Maluca
quiere que no hagan ruido,
manda que no hagan “boruca”
y el bueno de su marido
a palos no la áerrenga,.
allá se las avenga.

   Que don Simón a la Adela,
que va de la moda en pos,
de gro le ofrezca una tela,
y ella la quiera de “gros”
y el barbarismo sostenga,
allá se las avenga.

   Si es tisis la enfermedad,
tísico el que la padece,
y que don Blas a Piedad,
le diga, cuando se ofrece,
“estás tisis… ¡vaya!… ¡vaya!”…
allá se las haya.

(Don Miguelito Campillo fue un versificador festivo, que compuso esta letrilla en 1899 y

que publicó entonces en un periódico de Guaymas.)

 


HERMOSILLENSES

¿COMO IDENTIFICAR A UN HERMOSILLENSE?

Si quieres saber si alguien es de Hermosillo, chécate esto:

Por su forma de hablar:  

En vez de decir “OJALA ESTO SUCEDIERA” dice “AMALAYON”.    En vez de decir “CLARO QUE SI” dice ¡AAAÑIILLLLLL!.

A los niños les dice MORRITOS o MORRITAS.   A los recolectores de basura les llama “TIRABICHIS”.

A la gente del sur les llama “güachos” o más cariñosamente “güachitos”.

A las señoras que piden dinero en los cruceros les dice “casaquitas” o “Marías”; conoce y usa perfectamente las palabras: “bici”, “tatahuila”, “lepes”, “zoquete”.

Para él, las tortillas Sobaqueras y la panocha son alimentos y no groserías.

Por su vida social:

  Ha oído hablar o conoce a personajes como “El charalero”, “La Talía” o “El chino Mario”.

Los viernes se le enfrían lo tanates, (si eres de Hermosillo sabrás a qué me refiero) por ponerse el bote de cerveza al ir manejando y pisteando con los compas.

Va al Héctor Espino a gritarle CHIIIIVO al ampayer, a tragar cacahuates, a pistear pura Tecate, y por supuesto a ver un chingo de morras buenas.

En plena “peda” se le ocurre a él y a sus compas irse a Kino.  Termina sus “pedas” comiendo menudo con chiltepines en el café Nely.

Su deporte favorito es el BEISBOL y por supuesto le va a Los Naranjeros, y su más odiado enemigo son los Tomateros y el Chino Ley.

El fútbol es deporte de güachos.   Por su infancia (algunas sólo aplican a mayores de 30 años) de niño (morrito) iba al parque infantil y al pasar en el tren por debajo del puente lanzaba un grito.

De morrito escuchaba el noticiero de Fausto Soto Silva o veía Risas, Estrellitas y Sonrisas.

Sus papás lo llevaban al mandado al VH, la Cosalteca o al Súper Casa.

Le gustaba comer hamburguesas y malteada en el Happy Boy o en el JAP´S.  Lo llevaban a comer nieves y raspados a “El Patio”.

De niño lo asustaban con la historia del casino ubicado en un cerro donde se apareció el diablo.

Fue al cine (matinée) al Nacional, Sonora o 70….si tenía más lana iban a Los Gemelos.

Por sus hábitos alimenticios:

Los viernes de seguro hace carne asada con los compas.

Sabe lo que es comerse uno o varios hotdogs de la UNI con TODO.

Conoce y ha comido los tacos del Güero en la salida norte (PEMEX).

Se cura la cruda con tacos de cabeza, con cahuamanta o taco fish; si tiene dinero, si no, su jefa le prepara un caldo de queso con chile verde.

Va a Kino a comer lisas asadas.

Va a Villa de Seris acomprar coyotas sólo cuando viene gente de fuera, ya que en todo el año ni las prueba el “wey”.

Va a San Pedro a comer tamales de elote.

Medios de transporte y clima:

Prefiere estacionar su carro (en verano) un poco más lejos con tal de dejarlo “en la sombrita”.

En verano (para variar) espera a que cambie la luz del semáforo en la sombra más cercana.

Le pone un cartón al parabrisas del carro para que no se le caliente.

A los camiones les dice ruleteros.

Suele despintar la letra R de la palabra RUTA para que diga PUTA.

Para que el camión se detenga en su destino, lo hace al grito de ¡BAAAJAAAN!!! ya que nunca sirve el timbre.

Sólo en Hermosillo pagas por la puerta de enfrente y te subes por la puerta de atrás.

El wey del camión invita a la gente a que se haga hacia atrás al grito de ¡échele ganitas, échele ganitas!!!.

“Es común que una señora se suba a un ruletero lleno con 10 bolsas de mandado, 4 morritos menores de 5 años, y uno de brazos, comiendo nieve, paleta o coctel de elote cada uno y pague un sólo boleto.

Sólo un hermosillense sabe los que es subirse a un Multirutas a las 3 de la tarde, y viajar parado a un lado del sobaco de un albañil que acaba de salir del trabajo.

Para un hermosillense 38 grados centígrados es soportable.

Un hermosillense comienza a sentir calor de los 40 grados en adelante (¿que dirán los guachos???)

Cualquier temperatura por debajo de los 30 ya hace “friito”.

Si te identificas con éstas características, eres cien por ciento pitiqueño.