Tiene 102 años
“Cómo han cambiado las cosas, antes todos nos conocíamos, ahora no”: Doña Juanita

Residente de Ímuris, a su centenaria edad, Juana Valenzuela López todavía recuerda algunos detalles de la lucha armada

 

Doña Juanita Valenzuela, con 102 años de vida y oriunda de Cananea, recuerda anécdotas porque su padre fue revolucionario

Imuris, Sonora
Septiembre 17 de 2010. Viernes

El Gobierno del Estado festeja con orgullo a nuestros sonorenses centenarios y bicentenarios como parte de las raíces, herencia y el valor de la Independencia; tal es el caso de doña Juana Valenzuela López.

 

Este año México tiene una importante celebración por partida doble, pues en noviembre se conmemoran 100 años de la Revolución Mexicana y 200 años de la independencia, es decir, los festejos del Centenario y Bicentenario.

Aunque la festividad es motivo de alegría y orgullo para más de 100 millones de mexicanos, son pocos los que pueden decir con orgullo que ya estaban en este país en la época de la Revolución Mexicana.

Uno de esos casos es el de la señora Juana Valenzuela López, residente de Ímuris, Sonora, quien con 102 años de edad forma parte de esa Generación Centenaria.

Doña Juanita, como le llaman sus amigos y familiares, nació un 23 de junio de 1908 en la ciudad de Cananea, Sonora, pero a muy temprana edad se trasladó con sus padres a Ímuris, donde aún vive.

Sus padres, Elías Valenzuela y Margarita López, procrearon después de Doña Juanita a siete hermanos menores, Felipe, Luis, Armando, Elías, Ramona, Rosita y Jesús, siendo este último el único de ellos que sigue con vida.

A pesar de sumar ya más de un siglo de vida, Juanita no ha perdido el carácter alegre que la caracteriza, algo que se hace evidente desde las primeras palabras que se cruzan con ella.

Ella apenas tenía un par de años cuando empezó la Revolución, pero recuerda algunos detalles de esa época, por ejemplo la etapa revolucionaria de su papá.

Una de las anécdotas que cuenta es que cuando su papá había dejado la lucha armada, poco después dos soldados desertaron y pasaron por el pueblo porque los buscaban para fusilarlos.

“Mi papá tenía un campo de siembra y se desertaron dos solados, mi papá los agarró y les dijo no mijitos aquí se quedan, y los escondió mi apá”, recordó.

Su padre, agrega, ayudó a esos soldados porque en su momento él también fue perseguido cuando dejó el Ejército.

Aunque no fue a la escuela, aprendió a leer y a escribir, y a sus 102 años tiene una memoria del pasado que ya envidiarían muchos catedráticos de historia.

Doña Juanita tuvo siete hijos, seis mujeres y un hombre, de los cuales sobreviven cinco hijas, Margarita, Antonia, Irma, Eva y Alicia.

A ellos les brindó todo su amor, les dio la mejor educación que pudo y ellos se lo agradecen ahora en su vejez, visitándola cada vez que pueden en el municipio de Ímuris con sus nietos y tataranietos.

Doña Juanita tiene un amor por México a toda prueba, y aunque piensa que las cosas han cambiado mucho desde que montaba caballo con sus hermanos a escondidas de su papá, sigue queriendo al país que la vio crecer.

“Pues sí ya no son iguales las cosas, antes andábamos en el caballo y todos nos conocíamos, ahora ya es distinto, pero así van cambiando la cosas”, dijo.

Tampoco pierde oportunidad de contar chistes, algunos subidos de color que hacen que sus hijas la regañen y hasta le tapen los oídos a los nietos y bisnietos, pero Juanita solamente ríe con la felicidad que da estar a la lado de sus seres queridos.

A ellos les agradece que no la hayan olvidado y que la visiten en cada uno de sus cumpleaños y en fechas especiales como navidades y días festivos.