Respecto a las anécdotas que sucedidas en la sierra sonorense, algunas de ellas esbozadas en esta columna, no pueden pasarse por alto las relacionadas con un célebre personaje, radicado en Sahuaripa, Sonora; me refiero al Presbítero Monseñor don Porfirio Cornídez Ramírez, originario de Magdalena de Kino; quien en las décadas de los 40’ y 50´del siglo XX ostentó la categoría de Párroco en la extensa jurisdicción eclesiástica de Sahuaripa, Sonora, que comprendía los municipios de Sahuaripa, Bacanora, Soyopa, Arivechi y Rosario de Tesopaco.

     Un apreciado personaje, que además de culto y activo en el ámbito de la fe, era una persona excéntrica, inquieta y simpática, del que se cuentan un sin número de anécdotas. Dicen que su superior jerárquico, el Obispo don Juan Navarrete y Guerrero, llegó a decir: “el Padre Cornídez, o es un loco santo o es un santo loco”, Ni el propio Obispo escapaba de sus ocurrencias; cuentan que en una de las visitas quinquenales que don Juan Navarrete realizaba a la Parroquia de Sahuaripa, al arribar a la iglesia de Arivechi, primer poblado a visitar en ese recorrido, el Padre Cornídez se percató que dentro de la indumentaria eclesiástica del Obispo, faltaba la“roqueta”, especie de blusa holgada que los prelados portan al imponer el sacramento de la confirmación; de pronto el Padre Cornídez vio llegar a la iglesia, a una señora rechoncha de apellido Soto, quien vestía una blusa holgada similar a la “roqueta”, y le dijo “Cuca, tú me vas a sacar del apuro, entra a la sacristía quítate la blusa y préstamela”; la señora viendo la angustia del Padre, de inmediato accedió; el Padre Cornídez salió del apuro, y el incidente pasó desapercibido para Monseñor Navarrete.

 

En otra ocasión, cuentan que una de las distinguidas damas de la sociedad sahuaripense, perdió un costoso anillo de tradición familiar, acudió al Padre Cornídez, tal como lo hacían quienes requerían un favor de la divina providencia, para que dentro de sus plegarias incluyera la aparición del anillo, bajo la promesa de ser recompensado si el anillo aparecía; en la primera oportunidad, el padre Cornídez subió al púlpito y como parte del sermón, boletinó el robo del anillo, exhortando a los feligreses a su inmediata devolución, so pena de un castigo divino; al día siguiente, el Padre Cornídez salió corriendo del confesionario, subió al púlpito y dirigiendo sus palabras a la dueña de la prenda, decía: “Adela. Adela, caite, ya apareció el anillo, no voy a decir quien lo trajo, pero está sentada en medio de la Chuy Nacameri y la Ramona Burrola”.

A las bendiciones y maldiciones del Padre Cornídez se atribuía lo bueno y lo malo que sucedía en la región; de ahí, que al mismo tiempo que se le profesaba fe, se le temía; hechos que inteligentemente el padre alentaba y sabía capitalizar a la hora de solicitar las limosnas; la verdad es que el Padre Cornídez pedía limosna para hacer caridad; dentro de sus patrocinadores caritativos tenía cautivos a comerciantes, agricultores y ganaderos de la región, a quienes en recompensa, prometía la bonanza divina y lluvias abundantes. Al respecto, sería casualidad o milagro, cuando las lluvias escaseaban, el Padre Cornídez organizaba procesiones que recorrían las milpas aledañas a los poblados, portando las imágenes de la Virgen de Guadalupe y de San Isidro Labrador; con frecuencia, tales peregrinaciones las disolvían las tormentas eléctricas.

El Padre Cornídez realizó hechos que la gente juzgó milagrosos, como es el de haber rescatado de la muerte, a un vecino de Sahuaripa, de nombre Rafael Jiménez, herido de bala calibre 30-30, quien semi sepultado por el victimario con las tripas casi fuera, yacía a un lado del camino que conduce de Tónichi a Bacanora. El Padre Cornídez con ayuda de su chofer lo subió al carro y en el primer poblado (Bacanora), el herido fue auxiliado con remedios caseros, que eran los únicos medicamentos con los que se contaba; fajaron con sábanas su estómago, y continuaron por el camino de terracería a Sahuaripa, donde, aunque rudimentaria, se contaba con asistencia médica. Durante su prolongada convalecencia, el herido se dedicó a leer la biblia, hasta convertirse junto con su familia a la religión protestante, por cierto, diferente a la que profesaba el Padre Cornídez. Actualmente uno de los hijos del lesionado, precisamente el que lleva su nombre, radica en Hermosillo, es un elocuente pastor cristiano, quien con frecuencia, predica a través de una escuchada estación de radio local.

El que esto escribe, tuvo la suerte y el honor de tratar de cerca al extraordinario personaje que nos ocupa; pues en mi infancia en la década de los 50´, primero en mi pueblo natal Bacanora, y después en Sahuaripa, formé parte del grupo de acólitos; inclusive, fui de los acólitos que acompañaba al Padre en misiones que realizaba, por brechas de terracería, a comunidades bastante alejadas de Sahuaripa, como las ubicadas en el municipio de Rosario de Tesopaco; giras que tenían varios días de duración. Tengo presente que esas excursiones se hacían en un pick up Chevrolet color azul, caja larga, facilitado con todo y chofer (Francisco Villalobos, de cariño “Chico pialera”), por la señora Emilia Valenzuela Vda. de Encinas.

Antes de partir a cada gira y durante ella, los comerciantes lo abastecían de dulces, canicas, pelotas, trompos, muñecas, utensilios escolares, etcétera; artículos que en cada pueblo repartía a los niños; después de narrarles en forma de cuento infantil, desde su nacimiento la vida de Jesucristo; pláticas que resultaban por demás entretenidas; por ejemplo, para referirse al oficio carpintero del señor San José, les decía a los niños, que para allegarse la madera necesaria, Jesús en un burrito, acompañaba a San José al cerro, a cortar mezquites, tézotas, palo fierro, etc., que en pequeños trozos transportaban en el lomo del animalito hasta la carpintería. Era tal la camaradería que se daba entre el sacerdote y los niños, que estos no tenían empacho para formular interesantes preguntas sobre el tema; cada respuesta el Padre la relacionaba con las características y el modus vivendi de la gente del pueblo, como era referirse a nombres de personas caracterizadas del poblado, nombres de cerros, de cañadas y lugares característicos ubicados en el entorno de la región. Al término de la plática el sacerdote procedía a repartir los juguetes, utensilios y dulces, tirándolos al aire y haciendo bromas a los niños; a veces bromas pesadas que los hacían llorar, pero después los niños lo seguían por las calles del pueblo, ese era el carisma que el Padre Cornídez poseía.

Durante muchos años, él solo atendió espiritualmente la extensa jurisdicción de la Parroquia que tenía encomendada; quizá el Obispo  don Juan Navarrete y Guerrero, considerando entre otras cosas la “juventud acumulada” del Padre Cornídez, en la década de los 50´, en calidad de auxiliar, le designó a un sacerdote joven e hiperactivo, de origen zacatecano, de nombre Pedro Ramírez, quien imprimió un nuevo estilo de evangelización; impartía clases en escuelas primarias y secundaria de Sahuaripa; muy pronto adquirió un Jeep chiquito de segunda de color amarillo, al que bautizó “El Pollo”; en él recorría con más frecuencia las comunidades de la parroquia; con los estudiantes de la escuela secundaria “José Esteban Coronado”, organizó una agrupación católica, a la que denominó “Grupo Vanguardia”, filial de la “Asociación Católica de la Juventud Sonorense” (ACJS); por cierto, el primer comité directivo de dicha asociación, quedó integrado por los alumnos Carlos Armando Biebrich Torres, Presidente, hoy distinguido abogado y ex gobernador del estado de Sonora; Luis Rafael Valenzuela Esparza, Secretario, hoy destacado contador público, quien en la administración gubernamental 2003-2009, figuró como sub secretario de finanzas; en la directiva de esa agrupación, el suscrito figuró como Tesorero; posteriormente el Padre Pedro, convocó a los integrantes de la agrupación, a participar en un concurso para darle una especie de himno. El que esto escribe tuvo la suerte que su tema resultara triunfador; tema que después figuró en el repertorio del coro de la parroquia de Sahuaripa.

El Padre Cornídez, era amante de la música vernácula, tanto, que en las misas celebradas en la fiesta de San Ignacio de Loyola, en ese entonces oficiadas en latín y de espalda a los feligreses; al volverse al público con sus manos palma con palma recogidas en el pecho, en lugar de el “Dóminus Obispo” el Padre decía: “músicos, toquen el “venadito”. El hecho de que el suscrito haya resultado triunfador en el concurso mencionado, dio pie a que el Padre Cornídez me pidiera hacer una canción popular dedicada a San Ignacio de Loyola, con la que el 31 de julio, los guitarreros darán serenata al Santo patrono de Bacanora. Atendiendo tan halagadora solicitud y sobre todo, tratando de complacer al Padre, hice un huapango, cuya letra dice:

         “En un pueblo de la sierra, hay una vieja capilla, con una torre muy alta y un santo al que le pedía, San Ignacio de Loyola a tus pies el que te reza, dejé mi milpita sola pa´ traerte mis tristezas; te traigo flores del campo, ramitas de yerbas buenas, con ellas mi humilde canto con que acompaño mis penas. El treinta y uno de julio, con canciones de Sonora, le canto con mi guitarra al patrón de Bacanora; y le traigo florecitas, que frente al jacal se tupen, son de las que el Indio trajo a la Virgen de Guadalupe; pa’ que a la milpa bendiga le traigo tiernos elotes, y pa´que mande la lluvia le ofrezco frutas del monte. Perdóname mi santito si es mal lo que voy hacer, me llevo hoy  pa´ mi ranchito a una preciosa mujer; y la virgen de San Marcos la llevaré a conocer, a confesarle el pecado que vamos a cometer; volvemos al otro día a agradecer lo que falta, a esa vieja capilla de aquella torre tan alta”.

El siguiente 31 de julio se hizo el estreno del huapango, interpretado por un grupo de guitarreros de Sahuaripa llamados “Los Arvayo”, en una celebración del Padre Cornídez dedicada al Santo patrono de Bacanora. (Después el huapango fue grabado en Hermosillo por el Trío “Los Palao” de Jesús Alfonso Gámez)

El Padre Cornídez reconociendo la juventud y el empuje del Padre Pedro Ramírez, lo propuso ante don Juan Navarrete como Párroco de Sahuaripa y solicitó su cambio a la capital del estado, lo que se dio en la década de los 60´. En Hermosillo  el Padre Cornídez continuó con su estilo alegre, bromista y dicharachero y al igual que en Sahuaripa, de inmediato se ganó para siempre el corazón de las familias capitalinas.

Septiembre del 2010