POR DON GILBERTO ESCOBOSA GÁMEZ

En 1900, al acercarse la fecha de las elecciones para presidente municipal de Hermosillo, un grupo de ciudadanos de la clase media adinerada fue a ver al señor Dionisio González, ofreciéndole la candidatura para alcalde. Nicho González como le llamaban sus amigos, era hijo de doña Carmen Serna, hermana del general Francisco Serna.  La señora era rica y estaba emparentada también, por afinidad, con los descendientes del general Manuel María Gándara, ya que en segundas nupcias se unió con un caballero que tenía ese apellido.

Los visitantes hicieron ver al señor González que su mamá, por su apellido y parentesco con el prefecto de Hermosillo, don Francisco Aguilar, era una persona influyente y por ese motivo a él se le consideraba el ciudadano más viable para lanzar su candidatura en las filas de la oposición, sin que los hombres del Gobierno le agredieran.

Dionisio aceptó y desde un principio se notó que por su simpatía personal y su audiencia al retar al sistema político imperante entonces, estaba ganando la buena voluntad popular.  El día que organizaron un mitin en la calle de Don Luis, allí estuvo reunida una gran parte de la ciudadanía local.

Sin embargo, sucedió todo lo contrario de lo que se había pensado: la policía y las tropas rurales rodearon el lugar del mitin, ordenando que se disolviera aquella gran multitud de personas entusiasmadas que gritaban vivas a González y mueras al señor Vicente Vélez Escalante.  Mas ni Dionisio ni sus seguidores atendían las órdenes de los gendarmes y ya estaban a punto de disparar contra el pueblo, cuando llegó doña Carmen, subió a la tribuna improvisada y a duras penas convenció a los ciudadanos de que debían irse a sus casas porque estaban en peligro de perder sus vidas dejando huérfanos a sus hijos.  La señora nunca había hecho uso de la palabra en público y menos sobre una tribuna política; pero al darse cuenta del peligro que corrían su hijo y sus partidarios le dio elocuencia y energía para expresarse como jamás lo había hecho.  Cuando ella bajó, llorando por la emoción, los ciudadanos poco a poco se fueron a sus hogares, evitándose una matanza inmisericorde.

Todo aquel entusiasmo desbordante, oposicionista al Régimen, se debía a que Don Vicente Vélez Escalante, suegro de don Ramón Corral, llevaba 11 elecciones como presidente municipal y sus amigos pretendían reelegirle una vez más.

Como el “Club Político García Morales” que postulaba a Dionisio, había adoptado el color verde como insignia, el pueblo lo rebautizó con el nombre de “Club Verde”, y uno de sus miembros inspirado por la respuesta popular contra la imposición porfirista, compuso el hermoso vals “Club Verde”. Este era Rodolfo Campodónico.

Don Vicente Vélez Escalante no era un hombre insensible, a pesar de que estaba ligado al sistema político imperante; siempre se caracterizó como persona de orgullo y honor.  Se le insistió que aceptara una nueva reelección, pero él se negó expresando que se sentía apenado, disgustado por la reacción popular contra su precandidatura.

Además, don Vicente era un buen administrador de los bienes municipales y atendía los servicios públicos como correspondía a un funcionario que estaba orgulloso de ser hermosillense.  Por eso consideraba injusta la mala voluntad de sus conciudadanos; él no podía comprender que el pueblo más que todo deseaba un cambio de los dirigentes en las esferas oficiales, como lo confirmó diez años después al sobrevenir la revolución.

Al no aceptar ser nuevamente presidente municipal el suegro de don Ramón Corral, el gobernador en turno don Luis Emeterio Torres, invitó al señor Filomeno Loaiza a ocupar, como así sucedió, la Presidencia Municipal, convirtiéndose en el primer alcalde de Hermosillo en ese siglo.  Su periodo constitucional comprendió el lapso del 16 de septiembre de 1900 al 15 de septiembre de 1901, ya que con la Constitución Política del Estado, de ese tiempo, cada año había elecciones para renovación o reelección de los titulares del Cabildo.

El rico comerciante Filomeno Loaiza, tuvo como regidores propietarios a los siguientes ciudadanos: Juan Pedro Camou, Adolfo Bley, Julio Carranza, Fausto Gaxiola, Miguel Ángel López, Dionisio González y Miguel Gaxiola.  Se desempeñó como síndico procurador don Guillermo Arriola; la Secretaría del ayuntamiento estuvo a cargo del licenciado Tayde López del Castillo que era considerado por la ciudadanía un abogado muy competente y prestigiado.

Tal vez los amigos del candidato González tenían razón en el sentido de que su familia era muy influyente políticamente; pero se olvidaron de algo muy importante en este caso: el presidente municipal que los hombres de la oligarquía pretendían reelegir una vez más, era el padre de doña Amparo Vélez Escalante, esposa de don Ramón Corral, quien en los próximos años sería gobernador del Distrito Federal, secretario de Gobernación y vicepresidente de la República, después de ser el gobernador más dinámico y creativo de Sonora, en el siglo diecinueve.

Dice la tradición que doña Carmen no reprimió su disgusto contra su pariente Francisco Aguilar, prefecto de Hermosillo, ya que le increpó duramente por haber acatado con lujo de prepotencia las órdenes de sus superiores jerárquicos, poniendo en peligro de muerte a Dionisio y a sus partidarios.  Esto nunca lo olvidó la señora, hasta el día de su deceso ocurrido en 1915.

La protesta popular de 1900, fue el incidente que más preocupó a los porfiristas sonorenses durante la dictadura… Entonces sucedió que el nuevo candidato invitó a González a figurar en su planilla, cosa que éste rechazó. Sin embargo, intervinieron otras personas amigas de don Filomeno Loaiza y de Dionisio, y terminó por aceptar.

 

LA DESAPARICIÓN DEL CLUB VERDE.- A veces en los libros de historia encontramos inexactitudes, ya sea por error de sus redactores o de los impresores. Este segundo caso es el más común y a veces resulta trascendente porque las personas que escriben sus crónicas copiadas de libros, repiten el error.

Por un equívoco en la imprenta, tal vez, don Antonio G. Rivera en su interesante libro “La Revolución en Sonora”, señala que el famoso Club Político “García Morales”, denominado por el pueblo como “Club Verde”, fue formado en 1901 en la ciudad de Hermosillo para postular como candidato a la Presidencia Municipal a Dionisio González, en contra de la reelección de don Vicente Vélez Escalante.

Empero, los sucesos que culminaron con la amenaza de la tropa de atacar al pueblo congregado en el exterior del Club, no acaecieron en 1901 sino en el año 1900.  Tal vez la diferencia sea muy poca, pero una fecha y otra corresponden a diferente siglo, lo que las convierte en muy lejanas.  Además, esto es muy importante: los sucesos del pasado se deben mencionar con la fecha exacta en la que tuvieron lugar.

El señor Vélez Escalante fue primer regidor en el período 1887-88 y presidente municipal en los siguientes lapsos: 1888-89, 1889-90, 1890-91, 1891-92, 1892-93, 1893-94, 1894-95, 1895-96, 1896-97, 1897-98, 1898-99, 1899-1900, que fue cuando pretendió reelegirse nuevamente y se lo impidió la protesta popular que él, gallardamente supo respetar.

El error cronológico de “La Revolución en Sonora” persistió al hacerse el relato del “Club Verde” en la Historia General de Sonora, en la página 113 del volumen IV.

Doña Carmen Serna Viuda de Gándara era una dama de edad madura a la fecha de los acontecimientos en que hubo de intervenir para salvar la vida de su hijo.  El primer esposo de la dama fue un señor González, de quien enviudó y luego contrajo nupcias con un señor Gándara.  La mamá de Dionisio fue hermana del general Francisco Serna, ex gobernador del Estado, quien trasladó la Capital de Sonora, de Ures a Hermosillo en el mes de abril de 1879.

El incidente que estimuló la inspiración de Campodónico para componer el vals “Club Verde”, llegó a oídos de don Porfirio Díaz y sobre el particular solicitó la opinión de don Ramón Corral, quien por esos días se encontraba en la capital de la República, ya que el 17 de diciembre de 1900 tomó posesión como gobernador del Distrito Federal.  El general Díaz recibió del político sonorense una explicación del Caso/Sonora.

Entre las personas que ayudaron al fracaso de la reelección de don Vicente Vélez Escalante, había algunos que eran hijos de amigos de don Ramón Corral; esto enardeció mayormente al futuro vicepresidente de la República; entonces ejerció represalias contra ellos, sobre todo con quienes él había ayudado en trámites a nivel federal.  Los redactores de los periódicos ”El Combate” y “El Sol” que fueron creados para atacar a altos funcionarios del Gobierno, llegaron a la cárcel acusados de incitar a la violencia.

Los descendientes de los generales Serna y Gándara, resultaron muy dañados por las represalias gobiernistas.

Las autoridades municipales de Hermosillo, primero, y después las de todo el Estado, prohibieron que se tocara el “Club Verde”; pero a los trasnochadores les gustaba escuchar las notas vibrantes del vals de Campodónico, aunque los mandaran con su música a otra parte, a chirona, a donde acudían sus amigos, riendo, a pagar la multa.

Los sucesos de 1900 en Hermosillo, y las represalias que realizaron las autoridades locales en prejuicio de los “gonzalistas” dejaron muchos resentimientos contra los porfiristas locales; por cierto que algunas personas afectadas por las disposiciones gubernamentales, fueron quienes al triunfar la revolución en mayo de 1911, solicitaron a los nuevos funcionarios que se cambiaran los nombres de la Calle Don Luis y del Parque Ramón Corral.

El “Club Político García Morales” fue constituido legalmente; pero sólo sobrevivió unos cuantos meses.  Sin embargo, sus componentes al encenderse la revolución maderista, participaron de forma pasiva o activa en el movimiento.  Los rencores no se olvidaron en diez años.

RODOLFO CAMPODÓNICO.- El autor del “Club Verde” nació en Hermosillo el 3 de julio de 1866, en el seno de la familia de don Juan Campodónico y doña Dolores Morales.  El padre era originario de Italia, y doña dolores nació en el Distrito de Moctezuma, Sonora.

El historiador y maestro don Eduardo W. Villa, nos dice en una semblanza que escribió sobre el compositor hermosillense: “El advenimiento de aquel niño produjo, como era natural, la felicidad y alegría del hogar”; las amistades del matrimonio Campodónico/Morales se aprestaron a presentar sus parabienes, sin imaginarse tal vez, que ese infante recién llegado, venía abrigando un alma sentimental, soñadora y apasionada, y que con su genio de artista alegraría a las futuras generaciones legándoles un raudal de infinitas armonías impresas para siempre en las cinco líneas del pentagrama.  Y era que aquel niño que venía a la vida traía en su sangre por herencia paterna, el don de esa raza privilegiada en las bellas artes que ha dado a la humanidad un Miguel Ángel y un Verdi.  Y era que también corría en sus venas esta sangre nuestra, mexicana, que ha sabido dar al mundo a Genaro Codina y Juventino Rosas.

“Rodolfo Campodónico desde temprana edad, siete años, demostró su intuición por la música, por ese divino arte que habla el corazón.  Y hombre ya, sedujo, conmovió a las más delicadas fibras de los corazones de los auditorios que escucharon sus notas impregnadas de sentimiento y arte…

“En la poesía -el alma inspirada del bardo-, los celajes risueños, el firmamento estrellado, las montañas inaccesibles, el torrente bramador: en la palabra, la creación toda y los mil bellos idilios; en la pintura y la arquitectura nos extasiamos ante la obra salida de las manos maestras de un Ticiano, de un Rafael o un Miguel Ángel; pero para ello necesitamos por lo menos poseer un temperamento artístico o gozar de los beneficios de una sólida cultura…  La música es el lenguaje universal que nos habla a todos, a cultos e incultos, que nos conmueve, que nos emociona, que nos hace estremecer en la íntima ternura de un goce indefinible…”

El músico hermosillense  nos legó en sus numerosas composiciones la belleza de la época romántica.  Nos deleita escuchar las notas del  “Himno Sonorense”, “Natalia”,    “Lupe”,  “Viva Maytorena”,  “Amanda”,  “María Luisa”,  “Club Verde”  y centenares más.

El 25 de mayo de 1911 cuando se supo en Hermosillo que don Porfirio Díaz Había renunciado a la Presidencia, por donde quiera se escuchaban las orquestas tocando el “Club Verde”, sin que ninguna autoridad se hubiese atrevido a ordenar la detención de los músicos, como había sucedido durante los once años anteriores.

Después de que don José María Maytorena se exilió, en una ocasión estaba Campodónico tocando con su orquesta “Viva Maytorena”, cuando llegó un capitán constitucionalista ordenándole que dejara de tocar aquella marcha que disgustaba a los carrancistas.  Como el músico no atendía la orden del militar, este apuntó con su pistola hacia la cabeza del compositor, diciéndole con ira: “¡Si usted no suspende esa pieza, le dispararé!”  Entonces don Rodolfo, serenamente, sin mostrar temor alguno, le dijo, a la vez que le empujaba la mano que tenía el arma: “¡Váyase de aquí! ¡No moleste! ¿Qué no ve que estoy trabajando?”

Unos segundos antes de que el militar ebrio disparara, acudieron varias personas y se llevaron al rijoso, mientras el compositor, sin inmutarse, continuaba dirigiendo su orquesta.

En 1915 don José María Maytorena salió del país; se había afiliado a un bando político/militar que tuvo su debacle en ese año; sus amigos le abandonaban día a día, el hombre estaba acabado como político y las defecciones abundaban; sólo unos cuantos continuaban fieles a su lado y uno de estos era don Rodolfo Campodónico.  Tanto fue la amistad y la fidelidad del músico/compositor hacia el político, que al marchar al exilio el ex gobernador no quiso quedarse cerca de los vencedores para no escuchar la calumnia y la difamación contra su amigo, que en esos momentos perdía el poder, su fortuna y la patria.

Encontrándose en su destierro voluntario, en Douglas Arizona, don Rodolfo Campodónico elevó su alma a la inmortalidad el 7 de enero de 1926, mientras que en las alturas se escuchaban las melodías que legaba a la posteridad.

Una empresa disquera de la ciudad de México grabó “Club Verde” junto con otros valses mexicanos cantados por Javier Solís, por cierto muy bien entonados y con una magnífica orquesta, pero… Desafortunadamente a la inspiración de Campodónico le ponen una letra romanticona, cursi, muy lejana de la intención del compositor que le dio el nombre de un club político, que a la postre se convirtió en un himno revolucionario de los sonorenses.