Anécdotas del padre Porfirio Cornídez
Por Rodolfo Rascón Valencia

Sucedió allá en Sahuaripa pueblo de la sierra en Sonora. Hubo un personaje muy querido por muchos y odiado por otros; el párroco de la iglesia Monseñor era Porfirio Cornídez, hombre de muchas anécdotas que tienen que contarse, digno de una película.

  Era un hombre picarezco y noble. Le pedía al rico para darle al pobre. En ocasiones salía a la calle rodeado de la chamacada, unos con sacos, otros con baldes y otros con carrucha y llegaban a los domicilios a pedir, y en ocasiones nomás les gritaba a los chamacos: ¡agárrame esa gallina buchi pelado! o ¡échale unas mazorcas a la carrucha!, etc.
Si le daban las gentes, pero en ocasiones ciertos ricos le negaban las cosas. En una ocasión le pidió una vaquita a un rico y éste se la negó, a pesar de tener en abundancia; y él le maldijo diciéndole un “¡rayo te la mal parta!”, y a los días se le volcó un troque cargado de ganado perdiendo la mayoría de las reses.

  Cuando iba a ir a Roma (de esto hace 60 años aprox.), le dijo a una trabajadora que tenía en la iglesia que iba ir a Roma, y hasta que iba a platicar con el Papa; y ella se rió de él y le pidió una prueba. Para conseguir para los viáticos le pidió a la gente ( más anécdotas que contar que requieren mucho tiempo), hasta a María Félix la Doña recurrió obteniendo lo que quería.
  Andando a los alrededores del Vaticano se paró un carro lujoso a un lado de él, unos hombres de traje lo subieron y se lo llevaron sin decir nada y, lo presentaron directamente con el Papa. ¿Con quién me confundirían estos pendej…?, se preguntó él. Jajaja (así lo dice en el libro). La cosa es que platicó con el Papa y hasta el birrete le regaló sin que se lo pidiera, (creo que así se llama una de las prendas del Papa), prenda que le llevó de prueba a su trabajadora.

 En fin tiene muchas anécdotas que contar y me voy al grano de la historia.
 Un día se encontraba falto de recursos y le pidió a una persona que le trajera 3 piedritas de la calle, las colocó en al pie de la custodia y le dijo al Santísimo: Señor conviértemelas en oro.

  Pasaban los días y Monseñor se asomaba a donde las piedritas y nada;  la gente que lo veía se reía y él se encolerizaba y los corría dicíéndoles. “¡Vááámonos viejas argúenderas!”.
Una noche que ya estaba acostado, tocaron la puerta con insistencia y Él enfadado se levantó y preguntó. ¿quién es?, le respondieron: ¡padre abra, verá lo que le traemos!

(Hago una pausa para comentarles que tengo una tienda de abarrotes y como la crisis está muy dura, son escasos los clientes y ahorita estoy enojado porque no para la gente y no me dejan escribir, ¿será el padre porque estoy hablando de él ?… jejejeje)

  ¡Abra padre… verá lo que le traemos!. Eran los hermanos Barraza que le llevaban a regalar 3 piedras de oro porque se habían hallado una buena cantidad de oro, no sé si en una Veta de oro que algunos gambusinos hallan, dejado oculto en tiempos pasados; de esto si no estoy seguro, la cuestión es que de esta forma se dio el milagro. (y sigue el chorrito de gente… jejeje).

  Los hermanos Barraza mal gastaron todo en cantinas, música por la calle y la plaza, encendían cigarros con los billetes, etc.

 En fin, que que se lo acabaron todo y no sé en cuanto tiempo, pero le dieron mate. Bien es sabido que lo que llega fácil no se aprecia y fácil se va.

  ¡hufff! me llevó casi dos horas terminar el relato, creo que seguiré escribiendo del Padre Cornidez que aún hay más… y sigue la gente llegando… jejejeje.