l padre misionero jesuita Juan de Ugarte, nació en Tegucigalpa Honduras en 1662, murió en la Misión de San Francisco Javier, el 29 de diciembre de 1730. Su hermano Pedro de Ugarte fue también un connotado misionero jesuita en las Californias.

La balandra “El triunfo de la cruz” navegaba con viento de fronda rumbo a la costa sonorense. Había salido de Loreto un día antes por la mañana y los tripulantes, con la alegría en sus rostros, ya divisaban el litoral, aprestándose a los preparativos del desembarco. Con ellos iba el sacerdote jesuita Juan de Ugarte quien haría contacto con algunas misiones de la contracosta, a fin de recibir la ayuda para los establecimientos religiosos de California.

No era la primera vez que la embarcación hacía el viaje enfrentando las tranquilas aguas del Mar de Cortés, aunque muchas veces el mar encrespado o la ausencia de viento retardaba la travesía, con la natural preocupación de los marinos y los pasajeros que iban a  bordo. Además, navegar en una balandra que ya tenía cerca de cien recorridos por los puertos principales de las costas de Sonora y Sinaloa, amén de otros a lo largo de la península californiana, no ofrecía ninguna seguridad primero, por su reducida eslora y segundo, por la falta de un adecuado mantenimiento.

En la contracosta hicieron contacto con las padres que atendían las misiones jesuitas de Sinaloa, Ostimuri y Sonora, quienes en un principio les regalaban productos diversos como trigo, maíz, frijol, hortalizas y telas para vestir. Después, cuando la economía se diversificó, los productos se los vendían, dado que las misiones peninsulares recibían el apoyo del Fondo Piadoso de las Californias. Bien de una forma o de otra, el abastecimiento ayudó en mucho a la permanencia de las misiones californianas.

De regreso a Loreto después de varias semanas de ausencia, “El Triunfo de la Cruz” era recibido con júbilo, y de inmediato se tomaban las medidas para distribuir las provisiones a las misiones más alejadas—y más necesitadas–, como La Purísima Concepción de Cadegomó, San José de Comondú, Santa Rosalía de Mulegé, San Francisco Javier Viggé Viaundó  y de Nuestra Señora de los Dolores Chillá. Sobre este acontecimiento, una crónica dice:

Una mañana de junio de 1732, los habitantes de Loreto, capital de las Californias, se despertaron con el tañer de las campanas de la iglesia. El padre Jaime Bravo, ministro residente de la misión de Nuestra Señora de Loreto, Conchó, mandó que resonaran éstas ante la llegada de la balandra “El Triunfo de la Cruz”. La embarcación venía de San Blas, puerto de la otra banda y traía víveres, haberes para la tropa, bastimentos para las demás misiones, ropa, objetos para las iglesias, correspondencia, libros, algunos animales como caballos y burros, así como otras cosas de utilidad…”

Y es que desde la fundación de la misión de Loreto en 1697, la principal preocupación del padre Juan María de Salvatierra fue proveer de lo necesario a las misiones que se iban estableciendo, aunque eso lo obligó a solicitar la ayuda de las misiones de Sonora y Sinaloa. Para su buena suerte allá se encontraba el padre Eusebio Francisco Kino quien le dio toda el auxilio posible. Aún así, hubo épocas difíciles por la falta de provisiones, tanto, que llegaron a pensar en abandonar su misión evangélica en la península.

Los jesuitas contaban con dos embarcaciones pequeñas llamadas San Javier y El Rosario con las que se comunicaban con Sonora a través del puerto de Guaymas. Pero con el tiempo se deterioraron a tal grado que realmente era un peligro navegar en ellas.  Los padres Ugarte y Píccolo que hacían las travesías, seguramente en cada una de ellas, al iniciarla, se confesaban y dejaban escrito su testamento. Fue por eso que atendiendo la sugerencia de contar con un barco más grande y más seguro, y contando con el apoyo del padre Jaime Bravo en ese entonces `procurador de las misiones, el padre Ugarte se dio a la tarea de construir una balandra utilizando la madera de la región.

En efecto, en 1719, con carpinteros de la contracosta y ayudado por los neófitos de la región, derribaron árboles conocidos como “Guérivos” en las cañadas cercanas a la misión de Mulegé, los convirtieron en tablas y vigas y después, por medio de carretas tiradas por bueyes y mulas, los llevaron a la playa donde comenzaron a construir la embarcación. Nos imaginamos las dificultades por las que atravesó el P. Ugarte, sobre todo para alimentar a las personas que lo ayudaron y al mismo tiempo conseguir los otros materiales que necesitaría la balandra.

Pero al fin sus esfuerzos dieron resultado. El día 14 de noviembre de 1719, “El Triunfo de la Cruz” fue botado al agua y según las opiniones de los que estuvieron presentes “era el buque más bello, más fuerte y más bien hecho de cuantos hasta entonces se habían visto en el Golfo de California” Y era verdad, pues esa balandra aportó innumerables servicios a los misioneros en sus 120 viajes que realizó durante  25 años.

¿Y que destino tuvo esa balandra a raíz de que los jesuitas fueron expulsados de la península, en 1768? En el inventario que se levantó de las propiedades de la misión de Loreto, solamente aparecen dos embarcaciones: una canoa “San Solano” en buen estado, y una lancha conocida como “San Miguel” de nueve metros de larga por dos y medio de ancho. Pero de “El Triunfo de la Cruz” ningún indicio.

Es probable que después de prestar sus servicios durante 25 años—hasta 1744—la embarcación, con los naturales deterioros, haya quedado inutilizada para el servicio, por lo que los misioneros en esos años consiguieron otras en mejor estado. En efecto, en 1759, con autorización del Real Erario, se construyó un barco en Loreto bajo la dirección del P. Lucas Ventura, y posteriormente contaron con otro más, lo que solucionó la falta de comunicación con otros lugares.

Pero queda en la historia de la Baja California el primer barco que se construyó en esta tierra y el cual por muchos motivos fue, de hecho, el triunfo del padre Juan de Ugarte.