Antes del año de 1946, Sonora tuvo en su escudo caracteres. Ambiguos tales como un indígena en la posición de crucificado con su Pecho cubierto por una Suástica.

Esta apreciación del pintor Diego Rivera, incomprensible por el grueso de la población no daba ninguna imagen clara de la entidad. Además, el escudo no era oficial. Lo había diseñado el inmenso pintor Diego Rivera, como parte de un proyecto de dotar de escudo propio a cada entidad de la federación, sólo que los hizo desde allá sin conocer a Sonora.

El entonces gobernador General Abelardo L. Rodríguez, encomendó al arquitecto Gustavo Aguilar a la sazón funcionario de Obras Públicas del gobierno del Estado para que representara un proyecto de escudo que fuera más con el moderno desarrollo Sonora.

El funcionario puso a dibujar a su equipo de colaboradores, destacando la participación de un talentoso elemento llamado Conrado Gallego, cuyo trabajo agradó al jefe, ya que sólo bastó que se le hicieron algunas modificaciones.
Por lo tanto, autor del actual escudo de Sonora con el que todos nos sentimos tan identificados por sus símbolos tan bién definidos y representados, lo es un desconocido artista que nació de cuna humilde en la población de Huépac.
Nos abocamos a localizarlo y encontramos en su casa de esa población río sonorense, totalmente retirado a la vida tranquila. La entrevista la realizamos y publicamos en septiembre de 1984 en la revista Sonora Mágica y también en el periódico El Sonorense.

Varios años después, con motivo de que el escudo tuvo modificaciones desafortunadas en manos del (ex) gobernador Félix Valdés, cambios que el pueblo nunca aceptó del todo, y siendo recuperado atinadamente por el (ex)gobernador Manlio Fabio Beltrones quien dio reversa a todos los desafortunados cambios impuestos, es por lo que nos permitimos ofrecer al lector parte de aquélla entrevista memorables con don Conrado, quien nos recibió en su morada con vista al río de Sonora.

Parte de su juventud lo pasó en el lar materno hasta que buscando la oportunidad de superarse se trasladó a la capital del Estado donde se colocó en el servicio público pasando por varias dependencias, hasta llegar a ser pensionado por el gobierno del Estado con 27 largos años de labores, así como por la Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos por sus otros once años de trabajo, siempre como dibujante en mayor parte.

Su modesta pero acogedora morada, va narrando como es que se presentó la oportunidad de aportar con su talento su granito de arena a la patria.

“Se me ocurrió hacer la bandera en triángulos, luego le fui agregando el yaqui bailando el pascola; le puse un tercio de trigo en un ángulo superior; dos terciosde trigo, conforme los vi en las milpas; le coloque el símbolo de la minería en el otro ángulo pensando en Cananea; el símbolo de la ganadería, y la costa en los ángulos los inferiores; creí que quedaría bien con un pez espada para que le diera sensación de movimiento, pero el arquitecto Aguilar lo modificó y lo cambió por el tiburón que actualmente ostenta.
Él mismo lo encuadró, ya q
Eue así era el escudo de Monterrey, donde es originario. Así globalmente simbolizaba todos los recursos productivos de la entidad”.

El escudo aprobado por ejecutivo fue puesto en circulación sin anunciarlo a la ciudadanía cuyos comentarios por parte de los los intelectuales fueron desfavorables.

El profesor e historiador Eduardo W. Villa a través de su columna periodística fustigó al gobernador acremente por no haber convocado con toda formalidad a un concurso.

Fue entonces que el propio historiador presentó un escudo elaborado por él no menos talentoso dibujante Francisco García Blanco. Más no hubo comentarios al respeto por parte del sistema.
Sobre esto, escribió el profesor Villa: es éste un hecho caprichoso de un solo hombre”.

El que según el criterio del culto historiador, criticó el nuevo escudo oficial, que adoptó el general Rodríguez ya que parece -dijo- ser un sello comercial o logotipo con derroche de mercadotecnia.
En cambio el realizado por Castillo Blanco ejecutado con notoria ciencia heráldica, en el que aparecía Álvar Núñez Cabeza de Vaca, el primer colonizador estrechado la mano de un nativo.

Finalmente el propio Castillo Blanco reprodujo el actual escudo que fue colocado en la escalinata del Palacio de Gobierno, siendo por ello que muchos pensaron en que éste había sido el autor. Eran pocos los que sabían que el verdadero autor lo era Conrado Gallegos, incluso un ayudante del gobernador le prometió consignar su nombre en el escudo pintado en la escalinata del Palacio, al parecer esto nunca procedió.

En cuanta al controvertible gobernante que terminó cesando fulminantemente al Profr. Eduardo W. Villa de su puesto de encargado del Instituto de Estudios Históricos que él mismo fundara.
Lo cierto es que nunca se le dio reconocimiento al autor del Escudo, por lo que muchos se quedaron con idea de que el verdadero creador lo era el arquitecto Aguilar.

En cierta ocasión -comentó Conrado, platiqué con el profesor Villa y le conté la historia, y el muy decentemente consignó en su columna periodística de El Imparcial que yo había sido el autor basado en lo que le dije; sin embargo de nueva cuenta arremetió contra el escudo aprobado por el General, señalando que éste le parecía sumamente comercial.

“Recuerdo que el general Rodríguez sufría daltonismo y por tal motivo tuvimos que remarcar mucho los colores del escudo para que los pudiera distinguir”.

Don Conrado tenía un gran orgullo por haber realizado artísticamente un dibujo que representaba a su estado, y que se ha quedado de forma permanente, ya que ha sido aceptado por los sonorenses. También realizó el escudo de Huépac, su pueblo. Su pasatiempo favorito desde su tierna edad lo fue la caricatura.
En noviembre de 1992 murió sin que el reconocimiento llegara.