Por: Profr. Amadeo Hernández

Es extraño que un personaje de tan subido relieve histórico como Eusebio Francisco Kino, no haya dejado ni siquiera un esbozo de su figura física, o cuando menos de su cara que es la parte anatómica de mayor caracterización individual, pues de los rasgos de ésta puede reconstruirse la totalidad anatómica, y aún deducir la sicología, hasta en los más ocultos pormenores.
En el caso del Padre Kino no puede atribuirse la carencia de un testimonio pictórico o inclusive un retrato de su persona, a la falta, en la época en que él vivió, de medios para perpetuar su imagen física, pues ya en su tiempo se disponía de una técnica muy apropiada para el logro pictórico, aunque no propiamente de la cámara fotográfica, pues el ilustre Jacques Deguerre, inventor de esta maravilla, vivió en los años de 1769 a 1851 en tanto que Kino vivió de 1644 a 1711.
En consecuencia, si por razones cronológicas no le fué posible disfrutar del maravilloso invento del daguerrotipo, sí hubiera sido posible que algún artista del pincel, que los hubo en su tiempo,

y con abastecida celebridad, le hubiera tomado en algún momento de reposo un esbozo de su figura o de plano un retrato, que esto y más merecía el tozudo caminante del desierto.
Extraña esto en Kino cuando tenemos testimonios históricos en pinturas de célebres personajes, mucho antes de la era presente, es decir de antes de Cristo.

 

En este sentido podemos citar las inscripciones antiguas, como por ejemplo las de la Roca de Beistun que plasmaron las cacerías del rey Darío y en ellas aparece su figura, quizá fielmente interpretada por el artista que realizó esta maravillosa inscripción. De Safo, la poetisa de Lesbos, que vivió en el siglo VI antes de Cristo, aparece su figura en numerosos objetos de cerámica; de igual manera personajes de la historia antigua de Egipto, Grecia y Roma, están bien caracterizados en monumentos, esculturas, vasos y frontispicios de palacios.
Kino vivió su niñez y juventud en ciudades alemanas en las que estudió y desempeñó cargos docentes. Estas etapas de su vida comprenden un período de 37 años. Partió de España a América el año de 1681 para desempeñar doble misión -misionero y cartógrafo- en la Nueva España. pero antes había estado en Génova, y de esta ciudad a España, para pasar, en la fecha citada, a México. En los lugares antes mencionados, incluyendo los que después visitó, en cumplimiento de sus misiones, tuvo oportunidad de en alguna forma plasmar su figura por alguno de los medios por los que se realizan estas estampas; sin embargo, no lo hizo, ignorándose los motivos que haya tenido para omitir tan buenas oportunidades de legar su efigie a la posteridad.

 
Llegó a la Pimería Alta en 1687, estableciendo su cuartel general en la Misión de Dolores. Conocida es la labor que desarrolló en esta vasta región y que en ella permaneció desde la fecha antes indicada hasta su muerte en 1711. Es indudable que entre los conquistadores así como entre los Pimas, hubo gentes con habilidades pictóricas; a pesar de ello, no existe ningún dibujo o pintura referente a él. Es de suponerse que por su calidad de cartógrafo, tendría habilidad para el dibujo y la pintura, pero no existe ningún trazo que él o sus epígonos hayan hecho en relación con su persona. Sus notas históricas, de gran valor, a pesar de haberlas escrito en un estilo desaliñado -“mi pluma tosca”-, dice él – no hacen alusión a sus rasgos fisonómicos, ni a algo que señale su imagen física, como no sea la que se desprende de su impresionante actividad realizada en sus misiones y los sorprendentes viajes a caballo a través de las zonas desérticas y los que realizó, en el mismo “vehículo”, a la ciudad de México.
Entre las razones de la omisión de grabar su imagen, ¿cabría la hipótesis de que el Padre Kino cuidó de que ésta no fuera a motivar intentos idolátricos y de veneración, como ha sucedido con algunos grandes de la historia, inclusive con prendas o instrumentos de trabajo, como los que usó Praxíteles?. Consideramos que estas reflexiones son pertinentes ante la ausencia de su imagen.
La carencia de un retrato, viñeta, esbozo o cualquier otra muestra auténtica de la imagen de un personaje, de lugar a la fantasía, a la interpretación imaginativa del mismo, lo que enriquece la iconografía del personaje de que se trate; así lo expresa Ricardo Rojas ex-Rector de la Universidad de Buenos Aires, Argentina, en su obra titulada “El Cristo Invisible”.
La carencia de un testimonio pictórico del Padre Kino quedó manifiesta según lo expresa su biógrafo el Padre Polzeren su obra “Eusebio Kino, S.J. Padre de la Pimería Alta”, páginas 81 y 83 que dice textualmente: “En 1961 el Estado de Arizona decidió honrar al Padre Eusebio Kino cuando varios legisladores de ese Estado presentaron un memorial conjunto, pidiendo al Congreso de los Estados Unidos que aceptara como tema para la segunda estatua representativa del Estado, dentro del Salón Nacional Estatutario, al Padre Kino. El Padre Kino había sido ya reconocido, por aquel entonces, como primer explorador, cartógrafo y pionero del Estado.
La propuesta y resolución de erigir la estatua creó nuevos problemas; ya que el reglamento oficial sobre las estatuas para el Salón Nacional no permite que éstas se basen en concepciones puramente imaginarias sobre personajes históricos, y puesto que no existía ningún retrato conocido de Kino, se recurrió al inusitado expediente de hacer una imagen compuesta a base de retratos de los descendientes de la Familia Kino en los que se observaron los rasgos más recurrentes.

 

Un comité especial designado por el Gobernador Paul Fannin comisionó entonces a la renombrada artista de Tucsón, Frances O’ Brien, para hacer un retrato que, con esos datos, diera una idea de la personalidad física de Kino. Una vez presentado y aceptado el retrato por el Comité Especial de la Estatua conmemorativa de Kino, todos los demás hechos referentes a Kino y a la indumentaria usada en su tiempo se compilaron en un folleto que fue distribuido a todos aquellos escultores que desearan participar en el concurso convocado por la Comisión de la Estatua.
“De 26 participantes el comité redujo el número, por eliminación, a los dos finalistas: George Fippen y Madame Suzanne Silvercruys. Las dos estatuas mostraron excelente habilidad, pero la interpretación que del Padre Kino hiciera la Baronesa Silvercruys manifestó más elementos del personaje histórico y el comité decidió en su favor”.
Ahora se cuenta con un elemento de primerísima importancia para la reconstrucción de la figura física del Padre Kino: sus restos óseos, decubiertos el 21 de mayo de 1966.
Contando con la autenticidad de su esqueleto, más los elementos a que se refiere el Padre Polzer, en la cita anterior, se puede concluir que, aún cuando no se tenga un retrato de cámara fotográfica u otra muestra auténtica de su figura física, sí podemos considerar que la imagen que aparece en la estatua existente en el Salón Nacional Estatutario en Washington es la que más se acerca a la verdadera imagen física del Padre Kino.