Escribir sobre Cananea, era un compromiso con la propia suerte del poeta y cuentistas, nacido y criado en el Callejón Hidalgo No. 103

Escuchar a temprana edad desde el porche de la casa a la soprano Lupita Palacios, el violín de Luisito Mendoza, y admirar la producción poética de Sat Campoy y Luz Aguilar Águila, todo eso habría de marcar al escritor, aunado a ello el recorrer palmo a palmo, cuanto rincón del pueblo minero ofeciera como un pretexto para “la revelación excelsa de todos sus bondadosas horas, al saludar cada mañana la  comisura de una leyenda de delicados soles que le cubren”.

Así fue recogiendo vivencias y dramas olvidados y, ciertamente tan ignorados por quienes afanosamente buscan leer, mas que sea una leyenda de tracendentes episodios, para poder regresar con la imaginación a sus raíces.

El autor tiene esa especial capacidad de retención de los instantes de magia y recogimiento espiritual, de tanta gente que con el luchador pueblo de la Cananea, han palpitado bajo esa piel de hermandad y buenas intenciones de un futuro más promisorio.

Al leer este libro FANTASMAS de la CANANEA VIEJA, no queda más que reconocer tanta acción desplegada por los corazones tan nobles que en este suelo, han soltado el gato a retozar, viviendo a sus anchas con sus genios y con sus pasiones a flor de piel. Pues como dijo doña Bola de Cebo -cita el autor- “lo importante es tener pasiones así”.

Francisco Eloy Bustamante nunca se ha cansado de medir calles, desde el alba se le veía medir cada metro de los barrios de su amado pueblo recogiendo a puños la magia en ellos contenida; el propio mundo personal, el de la soprano del barrio, el de los poetas y músicos colindantes, pero también supo escuchar la voz del indio Carlitos Pochis, como al enamorado de la prostituta del Tápiro.