Pueblo Magico Dos

Por Ernesto VAldez H-Millán

l pueblo volverá a ser pueblo mágico (sin designación oficial) como cuando nos enfermábamos y no siendo indispensable para curarnos medicinas de patente, acudíamos a la Botica del Chango, donde su simpático dueño nos atendía haciéndonos preguntas que por su forma de hablar muy rápido, nunca entendíamos; sacaba su mortero, moliendo y combinando ingredientes nos preparaba el medicamento que aliviaba nuestros males, aunque a veces para nuestro arreglo personal acudíamos a la Botica Moderna, donde encontrábamos la “Glostora” que nos peinaba y el “Varón Dandy” que nos perfumaba.

Cuando Ramoncito “de las peras”, vuelva a pregonar con pausada voz sus panes de huevo, obleas y ponteduros; Cuando “el Taco” Talamante y “el Chacho” Cano se suban al kiosco de la plaza a decir sus encendidos discursos en contra de tal o cual candidato opuesto a ellos.

Cuando el panadero don Cuco, descansando su mesa que traía sobre su cabeza, nos venda cortadillos y polvorones; Cuando otra vez lentamente pase la carreta de “Chito” y podamos trampearla para que nos regale con su franca sonrisa un corto paseo; cuando vuelva a anunciar don Nacho sus deliciosas “coyotas” a eso de las 5 de la tarde; Cuando el Cine Central anuncie de nuevo sus semanarios episodios de “Fuman chú y las Calaveras del Terror”, y al entrar al cine, escuchemos al piano en vivo en los intermedios con bellas melodías de Lara; cuando las neverías de Doña Lola y Don Zenón vuelvan a poner de moda la nieve de garrafa; cuando mi pueblo vuelva a comentar y reír con las agudas ocurrencias de aquel simpático Barman del Hotel Cuervo; cuando aquella noble anciana siga creando su rica artesanía azucarada: las melcochas exquisitamente trenzadas, y Camilo siga vendiéndonos en el patio de la escuela ricos dulces enmielados; cuando las Monroyitas abran su agencia de publicaciones y podamos entrar a comprar el “Pepín”, “Chamaco” para niños y para adultos, “Confidencias” “Vea” y “Suplemento de Policía”, patrocinando en su puesto de revistas a estas viejitas solteronas, beatas y rezongonas.

Cuando de nuevo Doña Martita vuelva a freír sus ricos sopes que nos servía sobre largas mesas de madera y devorábamos a la luz de lámpara de aceite.

Cuando mi pueblo pueda volver a bailar en el “Salón Blue Moon” “La Calavera” y “La Pasadita”, según su estatus social; cuando cada fin de semana nos llevaba mi madre a comprar verdura fresca a las fértiles milpas situadas al margen del río Magdalena; cuando en los desfiles cívico militares se pueda escuchar al frente de un contingente a una Banda de Guerra y por detrás a un conjunto musical interpretando música mexicana…ya fueran Los Rivera, Revilla, y más antes, los grupos de Durán y Cavazos. ¡Que descontrol en el paso!

Cuando era una delicia para nosotros ir a comprar pasteles de pasas al hotel Washington; cuando en el “taste” o estadio de la Madera, se podía admirar a gallardos jinetes jugando al distinguido deporte, por aquellos tiempos en que lo mismo podíamos saborear exquisitos cubiertos de calabaza y de biznaga, que granadas y membrillos de gran tamaño.

Cuando el padre Cornídez vuelva a predicar en la iglesia y su estilo casi irreverente, reviva el momento en que Jesús suda sangre el viernes de Pasión, mientras que los apóstoles Pedro y Pablo, “chapos, gordos y ombligudos, se echan rica siestecita”.

Y si había la oportunidad de echarse un trago en medio de la hoy Plaza Juárez en el llamado “Molino Rojo” o en “El Avión”, frente a gasolinera del norte; cuando Tino estacione nuevamente su carreta en la Plaza Juárez, esquina con Obregón y Abasolo y podamos deleitarnos con rica horchata o raspados de fresa o piña; cuando necesariamente nuestra madre nos tenía que trasladar a Nogales y debíamos abordar las camionetas de pasajeros que salían cuando se llenaban y regaban a según el estado de la carretera o de 1as llantas de grato recuerdo los carros de: Aldecoa, Del Valle y Ramos.

Cuando de nuevo la maestra Lita nos conducía, tocando el piano con sus enérgicas manos la Marcha de Zacatecas y entrábamos al aula a escuchar las lecciones de la profesora Nachita, en el Colegio Fenochio.

Cuando se efectuaban peleas de Box en la arena de la Cervecería de Sonora, situada donde hoy se encuentra por la Plaza Juárez el estacionamiento de acreditada farmacia.

Cuando por sábado de Gloria se quemaba al “Judas” y se leía el jocoso testamento que ridiculizaba o satirizaba a personajes “importantes” de nuestro pueblo;

Y recuerdo aquellas acequi

as de agua cristalina con que se regaban los jardines familiares, produciendo primorosos y aromáticos rosales y jugosos frutos de limones y chabacanos.

Y mi pueblo ha de ser nuevamente mágico cuando admirando la soberbia arquitectura del Palacio Municipal, podamos subir y bajar orgullosamente las escalinatas, sintiéndonos verdaderos monarcas de un reino imaginario.

Y así al revivir estos personajes y sucesos, será, cuando volverá a ser, para muchos de sus habitantes, nuestro pueblo, un pueblo mágico.


 Propone Iniciativa de Ley para proteger patrimonio arquitectonico en Sonora ( II )

Tres grandes ofensivas contra las edificaciones históricas de Sonora

En la destrucción del patrimonio histórico pueden considerarse tres grandes etapas de derrumbes, destrucción y afectación, según el análisis documentado del arquitecto Francisco Sánchez López.

Primero la época de la destrucción indígena que incendiaron las misiones jesuitas, segundo la época moderna con la construcción de presas que quedaron bajo el agua pueblos enteros y los planes modernizadores de las ciudades cuyas avenidas pasaron por encima de mucho patrimonio arquitectónico a partir del sexenio de Miguel Alemán y por último la época actual que se ha destruido o modificado arbitrariamente las construcciones antiguas por la mercadología y los planes de infraestructura de los últimos gobiernos desde hace 10 años.

A fines del siglo 17 y hasta 1767, los jesuitas fundaron, florecieron entre yaquis, mayos, pimas y pápagos, las misiones sin ser una arquitectura esplendorosa como la Francisco Eusebio Kino. Todo floreció muy bien hasta que se hizo un levantamiento de armas cuando se destruyeron templos, arte sacro y se asesinan muchos frailes por los indígenas, 8 tribus y apaches fue la primera gran destrucción irreversible e irreparable. Muchas están en ruinas y otras únicamente en planos. Todo este legado histórico de 88 misiones o iglesias fue reconstruido en 14 de ellas por los franciscanos.

La Arrocera del Yaqui fue destruida, era muy interesante para su época construida en 1920, 8 metros una cuadra, ubicada en la calle Sufragio Efectivo entre No reelección e Hidalgo.

Almacén de la Clayton, emblemático de estilo agroindustrial a cuatro aguas, muro de adobe y techo de lámina.

Los murales del tan conocido Héctor Martínez Arteche en los edificios del Instituto Tecnológico de Sonora y los de la Biblioteca y en el palacio municipal, tienen un deterioro en la parte superior y se impermeabilizaron pero con el paso del tiempo se deterioran y se chorrean y están grises y negros, con hollín, y no deben limpiarse por cualquiera, el maestro en vida habló con los ingenieros como prevenir estos daños y como limpiarlos.

Otro caso es el de la Pérgola de la plaza Álvaro Obregón y la fuente con sus tres pilares y el puentecito, destruidas. En 1955, se construyó por el ingeniero Rogelio Rebolledo.

Le Ley prevendrá que ningún gobierno, presidente municipal o cabildo puedan remover, cambiar, espacios urbanos por así convenirles en sus planes urbanos, previniendo lo que pasó con esa pérgola en 2010 con Manuel Barro Borgaro.

La técnica usada para la construcción de este edificio pérgola, se construyó con un sistema de pórticos inventados de concreto armado, de la mejor y más avanzada. En vez de hacer través rectangulares Rebolledo fundió la trabe en la losa de concreto plana, la inclinó y la hizo semicircular, que en su tiempo tuvo alto grado de dificultad y era una obra arquitectónicamente bella, y su problema fue que no le dieron mantenimiento y se sustituye con un edificio tubular metálico que supuestamente iba a ser el techo de un edificio, ni siquiera se pueden entrar las parafernalias de los eventos artísticos ahí, por que el diseñador no calculó las alturas de los equipos.

La pérgola fue una construcción difícil porque en vez de poner la estructura columna trabe rectangular “aperaltada”, el ingeniero la fundió en la loza, en su época fue muy avanzada construcción, importancia fue que aparte de la novedad del concreto armado, el ingeniero la inclinó, algo que no se podía hacer, semicirculada y todavía inclinada, y en su época tuvo mucho ingenio y grado de dificultad. Esta construcción no estaba destruida, no era una maravilla del mundo pero fue una técnica que muy pocas ciudades tuvieron en México fue un derrumbe absurdo e innecesario pro que solo necesitaba un remozamiento.

En el gobierno de Venustiano Carranza se estaban haciendo muchas Californias Houses estilo Hollywood y este presidente decretó que todas las construcciones fueran remodeladas al estilo mexicano, ya que venía la moda de Los Ángeles, por ejemplo la Casa de Espiridión Castelo, por la calle Miguel Alemán y Guerrero, destruida para poner un oxxo, o la casa de la avenida Hidalgo y 5 de febrero o la casona remodelad para poner las oficinas de Urbi por la Miguel Alemán, todas en Cd. Obregón. También decretó que todas las plazas fueran remodeladas y se introdujo el Kiosco como los existentes en las plazas centrales de Hermosillo, Guaymas y Álamos.

En 1940, Miguel Alemán emitió un decreto donde se estipuló de las ciudades la modernización y se encauzaron mas a vialidades para los autos, y Guaymas y Hermosillo se destruyeron muchos edificios en la ampliación de las avenidas, se destruyeron muchas casas coloniales y neoclásicas, se cambiaron muchos monumentos. Igual pasó en Cócorit donde quedó abandonado en 1930, las casas al estilo funcionalista mexicano se les quita su ornamento, simple minimalismo y echaron a perder el estilo centro histórico de Ángel Martínez. Por eso Cócorit no cumple con los lineamientos mínimos de ser considerado como Pueblo Mágico en el programa de la Secretaría de Turismo.

En Cd. Obregón también se han destruido edificios como la Catedral del Sagrado Corazón de Jesús que recibió lamentable e irónicamente el estatus de protección 5 años después de su destrucción solo dejando una torre viva.

El mercado municipal antiguo destruido por Faustino Félix, el edificio Esquer por la Sinaloa, que hoy es estacionamiento, la remodelación incorrecta de la residencia de Pancho Obregón para hacerlo Museo. La concha acústica, la arrocera de 1920, la Jabonera, el molino del 65, el cine Cajeme.

En Badoyeca y en Batacosa todo está destruido, queda nada más la estructura vieja y la torre del campanario de la iglesia.

La ramada yaqui de todos los pueblos debe ser un ejemplo a conservar en Sonora por ser un espacio escultórico y urbanístico.

Deben ser conservados por la Ley los sitios naturales como arboles, vegetación endémica, cactáceas, álamos, eucaliptos y ceibas. Así como los espacios diseñados por los militares a partir de 1890, es muy importante conservar la fisonomía del sitio histórico que se identifica con la idiosincrasia y la ecología de la comunidad que lo goza. Los arboles de la Alameda de Cócorit y de la calzada al panteón en Cd. Obregón han sido talados a pesar de contar con menos de la mitad de sus vidas ya que cuentan con 80 años de edad cuando duran hasta 200 años.

Con Benito Juárez el general Ángel Martínez llega a Sonora y en Álamos entra a la parroquia y destruye casi todas las ornamentas, cálices y se roba para fundirlo y pagar la fabricación de cañones y también Carlos Conant vuelve hacer los mismo en el porfiriato.

A fines del siglo 18 Cabora, Baroyeca, Batacosa, Quiriego, Rosario Tesopaco, Nuri, Onavas, Suaqui, Cumpas, Tecoripa, San Carlos Bella Vista, que esos pueblos hundidos por las presas El Oviachic y El Novillo y la más hermosa de San Javier de Batuc, hecha en cantera labrada y solo se rescató la fachada y hoy se conoce como monumento a la plaza de los tres pueblos. Pero no se rescataron la mayoría que es un patrimonio que ya quedó intangible. Solo que fuéramos buzos podríamos verlos al interior del agua.

También se encuentra la del Mocuzari, Misión Conicari y la amenazada Macoyahui por la presa Los Pilares dejarla bajo el agua.

Quiere decir que el desarrollo del sistema de presas no conservó ni protegió los pueblos antiguos a cambio para beneficiar la agricultura y la ganadería, daño intangible e irreparable.

Entre Santa Ana y Juárez se mexicanizaron todos los pueblos españoles, reales de minas, presidios, templos, se hicieron mexicanos y en 1833 a partir del estado independiente de Sonora que se redujo mucho la construcción de iglesias por el laicismo liberal pero se construyeron los palacios municipales, cárceles, casonas sonorenses.

Nada mas Álamos tiene el concepto de plaza de armas, concesión que la daba el Rey español, para fundar una ciudad, las condiciones eran que debieran habitar 100 españoles el lugar, con ayuntamiento, Capitán, y se le entregaba un estandarte o pendón real. Cócorit en este caso fue misión de visita, muy pobre, ni villa llegaba.

El estilo Académico se construyó en ultra barroco, neogótico, neo manerismo, neo clásico y neo colonial.

Bayoreca estaba en decline, Álamos, Ures, Arizpe, Horcasitas, Magdalena y Altar. Así podemos ver la Catedral de Hermosillo, la Parroquia de Guaymas, el templo de San Fernando de Guaymas, San José la Laguna y Sagrado Corazón de Jesús, entre otras muchas y ya se construyó a principios del siglo XX lo civil, agrícola y comercial en vez del género del culto.

En 1890 llega el General Ángel García Peña constructor, diseñador y fundador de los pueblos indígenas, Comandante de la comisión científica de Sonora compuesta por 100 militares entrenados, educados del colegio militar de México.

Su formación era de artillería, caballería, infantería, enfermería y cocina, con 5 mil elementos en realidad, por ello la planificación de los pueblos se debe al ataque y defensa del urbanismo militar.

Se construyeron 60 haciendas en el valle de Empalme, Guymas. Las trazas urbanas de los pueblos yaquis y mayos por eso se diseñaron bajo el concepto militar, ante un estado de guerra de exterminio, como en Cócorit, Bácum, Tórim, Vícam y Behene, Etchojoa, Huatabampo, Tesia, Camoa, San Ignacio Poirimpo.

Carlos Conant funda la primera edificación Yori. Es la farmacia de la casona de Albino Almada de 1885. Esta todavía existe en Cd. Obregón la remodeló la Asociación Provay y la echaron a perder, ya que le cambiaron techos, ladrillo o de concreto, perdió la autenticidad cambiando las fachadas con un estilo neo clásico.

Y la primera edificación en Cd. Obregón todavía existe que se conoce como la casita de Servín de la Mora, prefabricada en madera con molinos de 4 aguas que hay que cuidar.

En 1904 cambió la historia regional ya que se inundó con las aguas broncas el sistema ferroviario que salía de Empalme y Estación Oroz y seguía hasta Tórim, prolongándose por todo el territorio yaqui hasta un rancho que le decían campo Cajeme (hoy campo 60) y se conectaría con todo el suroeste de Sonora hasta llegar a Navojoa.

A Tórim se le tenía previsto hacerla ciudad agrícola industrial, por eso todo estos espacios son lugares urbanísticos que hay que conservar.

Adolfo de la Huerta en 1922 y para pacificar, manda construir o reconstruir los 8 templos de los pueblos autónomos yaquis: Iglesia de Bácum, Vicam Pueblo, Pótam, Behene, Huirivis y Ráhum.


En 1975 el arquitecto Francisco Sánchez López hace el proyecto de reconstrucción del templo de la Natividad de Vícam Pueblo, como labor social para las mujeres yaquis, cantoras religiosas.

El arquitecto también es el autor de la primera iniciativa de “Ley para la Conservación y Protección del Patrimonio Arquitectónico Urbanístico y Artístico del Estado de Sonora” que dará a conocer próximamente a consideración del gobierno municipal, estatal y del Congreso del Estado de Sonora.


CAPILLA DEL ESPÍRITU SANTO 

SOLEMNE INAUGURACIÓN DEL TEMPLO

DEL ESPIRITU SANTO EN LA COLONIA PITIC

El Domingo 14 de octubre de 1945 muchos centenares de personas llenaron el recinto que desde ese día agrega nuevo valor a la Colonia Pitic.
 Con una celebración grandiosa por su significación y por la enorme concurrencia que la presenció, pero al mismo tiempo dentro de la modestia del ritual católico, se inauguró en el histórico domingo el Templo del Espíritu Santo.
    Hermosa capilla cuya blanca arquitectura se alza dominando el panorama sobre la más alta de las colinas de la Colonia Pitic.
   Pocas veces se ha visto en ceremonias tan grande concurrencia; más de 100 automóviles se estacionaron en las inmediaciones de la nueva iglesia y además del concurso que tal hecho supone, se vio a gran número de fieles afluyendo al lugar haciendo uso del camiones del servicio local y a pie.
  La capilla fue insuficiente para acoger a todas las personas que deseaban presenciar la ceremonia. Esta se verificó dentro de la liturgia del caso siendo el Obispo de la Diócesis, Don Juan Navarrete el que llevó a cabo la consagración. Fue asistido por los presbíteros Gómez y Acuña; en seguida hubo una misa solemne la cual ofició el Presbítero Don Javier Wentworth.
Durante la ceremonia hubo un notable coro del cual formaron parte los componentes del que actúan en La Parcela; además cantaron himnos sagrados la Srita. Ernestina Salazar a quien se encomendó el Ave María de Gound y la Sra. Susana de González, María Luisa de Lucero, Magdalena B. de Montijo y las Sritas. Ernestina Robles, Armida Bernal, Josefina Bustamante, Alicia Othón, Amparo Aguilar y María Belén Navarrete.  La Srita. Adelina Aguilar estuvo a cargo del órgano.
  Fue el Dr. Don Juan Navarrete, Obispo de Sonora, quien personalmente dirigió el coro.
   La solemne función terminó aproximadamente a las 13:00 horas; se recogieron buenos donativos por un grupo de distinguidas señoritas y se nos dijo que el monto de las mismas será destinado a la terminación de los altares del templo.
  También se informó que en adelante, todos los domingos a las 12:00 horas se celebrará misa en el mismo lugar. Cabe agregar que en el mercadito de la misma colonia las Damas de la Caridad sirvieron un excelente menú a centenares de personas asistentes a la inauguración.

SINALOENSE, SONORENSE

MC RAMÓN LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI


Los españoles se dieron a la tarea de engañar a los llamados indios, los traicionaban y asesinaban con tal de conseguir sus propósitos y se daban el lujo de violarles a sus mujeres (Aunque este hecho, no era tan relevante para los indígenas ya que sus mujeres eran comunitarias, es decir todas de todos, lo mismo los hijos), lo que si impacto fue el hecho de que los dejaron sin tierra o mejor dicho pasaron de dueños a esclavos en su propia tierra y teniendo como capataz a soldados traídos de España con antecedentes nada gratos (Socialmente hablando); llegaban los españoles y plantaban una cruz, se adueñaban de las tierras y declaraban a los indios súbditos de su majestad católica, los indios y mestizos por su parte trataron de imitar a los españoles, volviéndose oficiosos en busca de prebendas o migajas.

Existen testimonios no solo de Hernán Cortes o Nuño Beltrán de Guzmán sino de los mismos clérigos como, el fraile Juan de Zumárraga quien mando quemar vivos al cacique de Texcoco, en 1539 y al de Yenhitlan en 1545 o Nuño Beltrán quien quema a Caltzoncin en Nayarit. El término de “indio hijo de la chingada” era el significado de mestizo hijo de india violada.


El papá mexicano nace como una especie de jefe frustrado por experiencias de servilismo quien llega a su casa mangoneado y restituye su don de mando sobre su mujer e hijos, mientras que la mujer (Mamá). Se comporta como la dulce, fiel, amorosa, abnegada, dependiente del esposo o concubino. Y la ambiciosa, manipuladora, traidora, prostituta, cómplice cuando las cosas no marchan como el padre desea, es decir la culpable venida de mala sangre será a la que carguen con todas las pulgas. Por su parte los hijos que crecen en este ambiente quieren ser los dueños del mundo y transformarlo en donde ellos creen que lo único que vale es el valor personal y en última instancia la capacidad de imponerse para lograr superar la frustración del padre. Existen tres clases sociales.-Baja.-Los pobres quienes son marginados, humillados tienen una resignación de impotencia y de la derrota. Media.-Suelen ser dinámicos mostrando espíritu de competencia tienden al autoengaño (aparentar y presumir) 

Alta.-Es la que ejerce control sobre todas las actividades, la ciencia y los espectáculos, frecuentemente inculta, pero asiste a todos los eventos culturales por apariencia. El mexicano aprendió a trabajar solo y ven al trabajo como un medio para sobrevivir mientras encuentran algo mejor, su actitud es conformista y cree que ya llegara el tiempo de estar en un puesto de mando para hacer pagar a la sociedad de todas sus desgracias y limitaciones en su niñez, solo una oportunidad para demostrar el poder y apropiarse de la riqueza que la familia le negó al nacer pobre.

Por alguna situación especial en la zona norte de México (Sinaloa, Sonora) los mexicanos son mas despilfarradores, inclinados a la fiesta diaria, mientras que las mujeres se encuentran mas preocupadas por estudiar, contar con oportunidades de trabajo y llevar una vida social intensa (Les quema la casa, no aceptan ser gatas de nadie), puedo pensar que a pesar de los estudios y avances que la mujer a logrado en el norte (Sinaloa, Sonora) el liderazgo que se ejerce es de tipo autoritario o paternalista ya que son muy pocas las que realmente han logrado despegarse del ombligo paterno o la enseñanza en casa y esto las mantiene en actitud de dependencia de inferioridad y menosprecia sus aportes o habilidades.(Es su fuente de apoyo y protección, así como su orientación al afecto y amor, como base fundamental de las relaciones, de donde poseen actitudes flexibles dispuestas al servicio, solidarias).

La mujer norteña (Sinaloa, Sonora) es servicial, colaboradora, con una arraigada religiosidad, su sentido del humor las hace verse hermosas, su capacidad imaginaria, su respeto, la obediencia, unidos a su flexibilidad e ingenio y con un carácter que cuando se enojan son el mismísimo diablo personificado con faldas, que no hay norteño capaz de enfrentarlas (Los castran en un rato o un descuido).


En cuanto al trabajo son constantes, disciplinadas, pacientes y sobre todo atentas. Las mujeres norteñas (Sinaloa, Sonora), exigen que se reconozca su esfuerzo y dedicación al trabajo de manera individual “la forma de expresarse y de hablar refleja la cultura” México cuenta con mujeres norteñas que tiene el potencial para dar el cambio debido a que su población en su mayoría son jóvenes quienes tienen la autoestima muy alta lo que garantiza el logro futuro, aunado a su hermoso semblante. Aunque somos mezcla de entre varias razas y que la conquista fue un salvajismo peor que otra guerra cualquiera, en el norte no se toma muy a pecho aquello de hijo de la chingada a menos que quiera llevarse un recuerdo al panteón el que lo mencione para ofender, es decir no existe la ambivalencia de identidad, ni experimenta el temor por el que dirán en cambio si valora lo extranjero pero sin sentirse menos, tratando de sobrepasarlo en constancia, astucia, disciplina, paciencia (En las playas, se pone bikini y compite en belleza con las extranjeras, aprende el idioma de Shapespeare y las supera en su propio terreno, se siente mas mujer que cualquier gringa pintarrajeada). Una india violada por el español, unos hijos sin padre que los reconociera, un exceso de madre y una falta de padre ocasionaron traumas. Y por si esto fuera poco vinieron los gringos en 1857 y nos quitaron la mitad del territorio nacional.” Gringos hijos de la chingada”


CRÓNICA de la ciudad de los Naranjos

Enrique Contreras en su amenísimo libro “Cosas viejas de mi tierra”, contó lo siguiente: “Balabrega fue famoso ilusionista y tal vez el mejor que ha pasado por mi tierra. Hizo una larga temporada en el Teatro Noriega y, conquistó muchísimas amistades, contándose entre éstos a Juan Platt, Francisco Ayón y muchos más.
Cuéntase que en cierta ocasión caminaban los tres (Balabrega, Platt y Ayón) del teatro a cierto lugar a tomar su aperitivo, cuando al pasar por las ruinas que dejara el incendio de La Torre de Babel…Balabrega excalmó: “Miren muchachos un toro, vamos a torearlo”.
Inmediatamente Platt y Ayón que iban más crudos que una papa, se quitaron los sacos y comenzaron a torear. Pero sucedió que lo que estaban toreando era un burro que andaba comiendo zacate sin permiso del “cuico “de la esquina. Balabrega los había hipnotizado haciéndoles ver un toro, a lo que era un burro. Los hipnotizó aprovechando el estado de cruda que se cargaban”.Una vez que quedó el terreno baldío se plantaron fresnos y la plaza fue inaugurada el 15 de septiembre de 1912 por el presidente municipal José Camou y en 1914 fue trasladado a ellá el monumento de Hidalgo por orden del presidente municipal Francisco Ayón, el que había sido inaugurado el 15 de septiembre de 1910 en el parque Centenario, que todavía está. Por eso, de ahí en adelante fue conocido el lugar como Plaza Hidalgo, hasta la década sesenta cuando la estatua fue trasladada a la Plaza 16 de Septiembre.
Por cierto, a la estatua, en 1912 cuando todavía estaba en el Centenario le cayó un rayo, y luego en la Placita Hidalgo en 1914 le cayó otro. De esta columna se cayó un albañil, así como la pequeña hija del Lic. José Enciso Ulloa y se causó la muerte.
En 1920, el presidente municipal Ignacio Romero colocó 2 arbotantes de 5 focos cado uno en los extremos del “parquecito”. En 1923 un joven derrumbó la estatua de Hidalgo y el Ing. Luis Urrutia la arregló.Una vez que se quedó el lugar sin monumento, se plantaron los yucatecos que existen y se le cambió el nombre a plaza del Maestro.
En la esquina Noroeste de Obregón y Garmendia, todavía está en pie un edificio que pudo haber sido conservado más cuidadosamente, dado de que se trata de un inmueble hermoso: su esquina ochavada, ostenta sobre la cornisa semicircular de la puerta, como alegoría, una hoja de higuera al parecer.
Sobre su petril, como un símbolo heráldico, unas hojas que pueden ser de laurel rematadas en la parte superior por la cara de un niño y sobre la cabeza de éste, una cabeza de león. Sobre las cinco ventanas, por la Obregón, grecas con una figura humana (cara) de cuyos bigotes salen las grecas como de hojas. Las ventanas, hasta el piso, son de hierro forjado, de medio punto con una hoja que puede ser de parra o de higuera.

Por Garmendia, otras cinco ventanas iguales a las de la calle Obregón. Construida en 1888, como casa habitación.
De 1901 a 1912 fue ocupada por el Banco Nacional de México. Luego Compañía Bancaria Mercantil y Agrícola de Sonora. Más tarde y hasta 1918-19 sirvió como internado de la escuela Ignacia Echeverría de Amante.

De 1934 hasta 1944 fue Abarrotes “La Número 11”. Posteriormente, cantina de Pancho Mitre, luego propiedad de José González que había estado exactamente enfrente, calle por medio. Desde finales de los 40s, es cervecería “El Gran Taco”.


De Poetas, Bandidos y Yaquis habló historiador Alfonso Torúa en el Cesues 

El maestro Alfonso Torúa Cienfuegos presentó su nuevo libro Poetas Bandidos y Yaquis en el auditorio del Cesues unidad Magdalena, siendo acompañado por el Lic. Martín Terán Gastélum como presentador. Fueron dos eventos, a las 8 am y por las 5 pm.

Torúa Cienfuegos quien además estuvo por la mañana en una entrevista de radio es maestro del Cesues, con licenciatura en historia y maestría en Antropología quien se ha especializado en el tema de la Revolución en el norte de Sonora especialmente en Cananea de donde es originario, autor de varios libros donde rescata pasajes históricos del mineral en esas épocas de la huelga de 1906 y años sucesivos.

El escritor y también promotor cultural a través de radio y otro medios, hizo una larga e interesante reseña de la deportación de los yaquis y su estadía forzosa en Yucatán en varias haciendas henequenales en calidad de esclavos, siendo liberados cuando estalló la revolución.

Asimismo habló de varios personajes que son totalmente desconocidos que participaron en los diversos movimientos sociales de Canana y de Sonora.

Los estudiantes e invitados que estuvieron en esta presentación escucharon con asombro de la vida de Teresita Urrea, llamada la Santa de Cabora, de su origen humilde, de su desenvolvimiento como mujer y de sus poderes como curandera, quien fue fuente de inspiración de los revolucionarios de Temóchic en chihuahua.

Un tema en el que se explayó el hisotirador fue el controversial tema sobre la visita del poeta pablo Neruda a Canana, reuniéndose con algunos mineros de esa ciudad. Según lo dio a conocer El Imparcial en el añode 1951 en su páginas.

Al final hubo varias participaciones donde el escritor abundó en más datos, prolongándose dicho evento hasta las 7 de la noche donde los estudiante tuvieron la oportunidad de enterarse de un tema muy apasionante del pasado de Sonora.


MOLINO LA FAMA

Fernando Andrade Domínguez El Pitic

Los señores Zoilo de la Puente y Armayor y Rosendo Fernández Suárez, constituyeron la sociedad “Puente y Fernández”, para explotar una fabrica de velas y en el año de 1925 adquirieron por adjudicación en remate por la ejecución judicial de un embargo por hipoteca al molino de trigo “La Palma” establecido en Villa de Seris, que desde que pasó a su poder explotaron con el nombre de Molino Harinero “La Fama”.

Al siguiente año o sea en 1926 la sociedad se disolvió y el molino harinero “La Fama” fue adjudicado en pago de parte de su haber social a don Rosendo Fernández Suárez, constituyéndose la sociedad en nombre colectivo “R. Fernández y Cía”, con un capital de $5,000.00 aportados por don Rosendo Fernández y José Ramón Fernández, para continuar la explotación del Molino Harinero “La Fama”.

A los dos años o sea en 1928 se reformó la escritura para girar en adelante bajo el nombre de “J. R. Fernández y Cía”, por cesión de los derechos que hizo don Rosendo Fernández al Sr. Luis H. González, quedando constituida la sociedad como “J. R. Fernández y Luis H. González”.

Al año siguiente en 1929 se disolvió nuevamente la sociedad haciendose cargo del activo y pasivo el Sr. José Ramón Fernández que continuó explotando bajo su nombre hasta 1935 en que fue constituida la firma “Molino La Fama, S.A.”.

El “Molino La Fama” inicialmente molía trigo a maquila como era la práctica generalizada en esa epoca por casi todos los molinos de trigo. Se producia harina flor primera como producto principal que se envasaba con la marca “La Fama”, salvado, semitilla y recierno como producto secundario.

Casi alrededor de 800 toneladas al año se molían en los primeros años que poco tiempo después se incrementó a 1,000 toneladas, posteriormente a 1,500 y ya para el año de 1932 se molían más de 2,500 toneladas en Villa de Seris.

El molino harinero “El Hermosillense” se tomó en arrendamiento en el año de 1935 y continuó explotando el “Molino La Fama”, cambiando el nombre de molino harinero “El Hermosillense” a “Molino La Fama”, cerrándose el molino de Villa de Seris.

Panorámica del antiguo molino “El Hermosillense”

Al siguiente año se puso en funcionamiento el Molino de Villa de Seris y se dejó de explotar el Molino de Hermosillo y en 1937 se volvió a cerrar definitivamente el de Villa de Seris para continuar la explotación del antiguo “Molino El Hermosillense”.

En este molino la molienda fue creciendo, al principio muy lentamente, pues había problemas de abastecimiento de trigo, ya que la producción no era muy abundante en la region de Hermosillo y su zona de influencia.

En los años cuarentas, precisamente en 1941, por primera vez se obtuvo el permiso para importar trigo americano en una suma considerable y eso vino a ser el detonante para que en 1947 se alcanzara un volumen de 18,000 toneladas, que continuó en ascenso hasta fines de 1962 en que se incrementó fuertemente la molienda alcanzándose cifras de 50,000 toneladas.

Como fuente de trabajo, las operaciones de Villa de Seris en el año de 1925 en que se trabajaba en turnos de 12 horas como era la costumbre, habitualmente se ocupaban de 3 a 4 trabajadores en turno diurno, dos en el nocturno y esporádicamente se empleaba a otro trabajador para que se encargara de palear el trigo en el granero, en la época de recepción de semilla solian ocuparse de dos a tres empleados adicionales.

En el antiguo molino “El Hermosillense” se empleaban 7 obreros en el turno diurno, 5 en el turno mixto y tres en el turno nocturno, incluyendo al velador, independientemente del personal eventual; el personal de oficina lo constituían 5 empleados.

A grandes rasgos esta es una pequeña narrativa acerca de uno de los molinos mas antiguos en nuestro Estado y que contribuyó a crear fuentes de trabajo, servicios a la comunidad y sobre todo, la industrialización de la semilla del trigo que se convirtió en sello característico del Estado de Sonora como proveedor a nivel nacional.


Panorámica del Molino La Fama en la actualidad: Diciembre de 2007

Fronteras y 5 de febrero 139,
Barrio de la 5 de mayo,
Tel. 2-156460, 6621) 738122
Correo-e: andrade_nando@yahoo.com.mx
Hermosillo, Sonora, México.


UNA CASA CON HISTORIA ES VICTIMA DEL “PROGRESO

Por Juan Valente Rivera, Cronista Municipal

 Al comenzar a caer las paredes de la casa que construyó don Arturo Mendoza Vivanco, construida en 1914 donde residió casi toda su vida, se pierde definitivamente desde el 07 de diciembre de 2011 un patrimonio histórico importante.

La destrucción de ese inmueble puede compararse a la pérdida que sufrió nuestra ciudad (Agua Prieta) cuando en marzo de 1949 fue derruida la casa del señor Belisario García el primer hogar de material sólido (adobe y madera) que hubo en Agua Prieta y que se localizaba a espaldas de la garita internacional del lado de las vías del ferrocarril. 

No cabe duda, que “el progreso” cobra…y cobra caro. La picota del “progreso” pretende derribar una casa localizada en Calle 7 y Avenida José María Montaño (ó Seis), con casi 100 años de existencia. Esas paredes están llenas de recuerdos históricos, además de que su arquitectura, sobre todo en sus interiores, es un emblema del Agua Prieta del ayer.

Don Arturo Mendoza Vivanco quien nació en Guaymas en 1891, llegó a Agua Prieta en 1907 con 16 años de edad. Vino a ayudarle a su hermano Francisco quien se había establecido en Agua Prieta donde abrió una tienda en la que vendía abarrotes, ropa y artículos varios.

Ese comercio fue saqueado cuando se dieron las primeras escaramuzas de la Revolución por lo que Don Francisco decidió ir a residir a Mexicali. Pretendió llevarse a su hermano Arturo pero éste no aceptó, Agua Prieta lo había cautivado. Pronto encontró nuevo empleo ya que al llegar, en septiembre de 1911, Plutarco Elías Calles para ocupar la Comisaría de Agua Prieta, abrió una tienda similar a la que en un tiempo tuvo en Fronteras, Sonora y en ella empleó al joven Arturo.

Mendoza se incorporó al movimiento político que encabezó Francisco I. Madero y en 1915 tomó parte de la defensa de Agua Prieta durante el ataque de Pancho Villa. Logró alcanzar el grado de Teniente Coronel.

El padre de Don Arturo fue José María, oriundo de Chihuahua y su madre, María del Refugio Vivanco, originaria de Durango. Contrajo matrimonio con Elena Broockman (distinguida dama de descendencia alemana quien nació en Nogales, Arizona) en Douglas, Arizona, naciendo de esa unión sus hijos Arturo, Elena, Blanca, Emma y Alberto.

Fue un activista social y ciudadano inquieto. En enero de 1943propuso al Ayuntamiento presidido por Santiago Campbell, la construcción del Monumento a la Bandera que se localiza en la Plaza Azueta y la creación del Escudo Oficial del municipio; él mismo lo diseñó.

 Incursionó en el periodismo y en el legendario periódico EL SOL publicó durante varios años su gustada y combativa columna MACHACANDO EN FIERRO FRIO. Él fue quien llamó a Agua Prieta como UNA ISLA RODEADA DE TIERRA.

 Siempre coleccionó documentos y objetos históricos además de llevar un diario donde anotaba los más sobresalientes acontecimientos de su ciudad, pero en 1955 cuando sus hijas Blanca y Emma vacacionaban en la Ciudad de México, manos criminales robaron y destruyeron todo lo que encontraron en esa casa perdiéndose para siempre un acervo cultural importantísimo.

Don Arturo falleció el 10 de junio de 1959 en un accidente de automóvil cuando acompañaba a Rafael Romero en un viaje a Tucson. Sus hijas Blanca y Emma vendieron la casa que construyó su padre y el 17 de octubre de 2007 se fueron a residir a Mexicali. Solamente sobrevive Emma con ya casi 90 años de edad.

Al caer las paredes de esa casa se cierra un importante capítulo de la vida de Agua Prieta, ciudad que una vez más perderá un valioso patrimonio histórico.


EL PLAN DE AGUA PRIETA Y SU OBJETIVO

El Plan de Agua Prieta es un manifiesto redactado en la era de la Revolución Mexicana, por simpatizantes del General Álvaro Obregón en contra del entonces presidente Venustiano Carranza. En dicho plan se desconoce al Gobierno de Venustiano Carranza. El plan fue proclamado por el General Plutarco Elías Calles, el día 23 de abril de 1920, en la ciudad de Agua Prieta, en el estado de Sonora, de donde era originario Calles.

 Fue secundado desde el inicio por otros generales de brigada de la División del Noroeste, como Ángel Flores y Francisco Manzo. El pretexto por el cual fue desconocido el gobierno de Carranza fue una disputa entre la Federación y el gobierno sonorense por la potestad sobre las aguas del Río Sonora, aunque detrás del levantamiento había numerosos intereses y conflictos políticos, como el resentimiento de los seguidores de Álvaro Obregón y el Partido Laborista, que fueron derrotados en las elecciones presidenciales de 1920.

El plan, además de no reconocer el gobierno de Venustiano Carranza, no reconocía a todos los representantes populares electos en los estados de Guanajuato, San Luis Potosí, Nuevo León, Querétaro y Tamaulipas, así como al gobernador constitucional del estado de Nayarit.

Se proponía no combatir a las autoridades, siempre y cuando éstas no hostilizaran al Ejército Constitucionalista Liberal, que encabezó el Lic. Adolfo de la Huerta, a la sazón gobernador sonorense. Adolfo de la Huerta, por este plan, tuvo la facultad de nombrar gobernadores interinos en los estados donde el Ejército Constitucionalista Liberal los había derrocado o no reconocido.

Elías Calles y los sublevados que secundaron el plan de Agua Prieta hicieron un llamado a los gobiernos de los estados a nombrar representantes a una junta, que a su vez habría de nombrar al presidente interino de la República. Este jefe de estado provisional debería a su vez convocar a elecciones generales apenas tomara el poder.

En todo el país surgieron manifestaciones de apoyo para el movimiento de Agua Prieta y más de tres cuartas partes del Ejército dieron la espalda a Carranza, uniéndose a los sublevados. Estos avanzaron rápidamente hacia el centro del país, y Venustiano Carranza se negó a negociar o rendirse, por lo que se vio obligado a abandonar la Ciudad de México.

En los primeros días de mayo de 1920 salió de esta ciudad con el fin de instalar su gobierno en Veracruz, en una inmensa caravana de 60 trenes, pero no lo consiguió, sin apenas partidarios la caravana se vio atacada por todos lados, el primer ataque tuvo lugar apenas en la Villa de Guadalupe en las afueras de la Ciudad de México, el avance continuo pero a fuerza de continuos combates contra los insurrectos.

Finalmente en la estación de Aljibes, en Puebla, el tren fue atacado y fue imposible que siguiera avanzando pues la vía de ferrocarril había sido levantada, además ahí mismo Carranza se enteró de que el Jefe de la Guarnición de Veracruz, quien lo esperaba para darle protección en el puerto, el Gral. Guadalupe Sánchez ya se había unido a los sublevados, sin mas escapatoria, Carranza y otros partidarios, entre ellos, Manuel Aguirre Berlanga, Secretario de Gobernación; Ignacio Bonillas, su candidato a la Presidencia y otros mas, protegidos por la pequeña fuerza del Gral. Francisco Mariel, pues el Secretario de Guerra Francisco L. Urquizo se quedó atrás para cubrirles la retirada.

El plan de Carranza era tratar de alcanzar el norte del país, particularmente su estado, Coahuila, donde pensaba tener partidarios, para lograrlo contaba con las fuerzas de Rodolfo Herrero, quien recientemente se había acogido a la amnistía que el gobierno había ofrecido a los insurrectos.

Emprendieron la retirada a caballo a través de la Sierra de Puebla y el 19 de mayo de ese año, llegaron al pequeño pueblo de Tlaxcalantongo, Puebla. Ahí pretendieron pasar la noche, pero Herrero se retiró al poco tiempo poniendo un pretexto y en las primeras horas del 20 de mayo de 1920 una pequeña fuerza Obregonista atacó el pueblo y los jacales donde dormía Carranza y sus allegados, según una de los versiones, Carranza fue alcanzado por lo menos por dos balas y murió de esas heridas.

El triunfo de la rebelión de Agua Prieta significó el ascenso a la dirección del Estado mexicano de la burguesía sonorense, la cual impulsó varias reformas para consolidarse en el poder y mantenerse al frente del gobierno; Adolfo de la Huertafue designado presidente provisional de México del 1° de Junio al 30 de Noviembre de 1920.

Entre otros personajes que adhirieron al Plan de Agua Prieta están el ya mencionado Álvaro Obregón y Benjamín Hill.

Es por todo esto que en honor a este suceso histórico de gran trascendencia e importancia para nuestra nación, contamos con un espacio que lleva este nombre y es nuestra querida Plaza Plan de Agua Prieta.


San Igancio se vistió de Fiesta con misa Concelebrada

Con la participación del joven tenor Ricardo Elías Terán que llenó los corazones de los asitentes, dio inicio la conmemoración del Tricentenario Luctuoso del padre Kino, contándose con el obispo de Tamaulipas y originario de Magdalena, Monseñor fasutino Armendaríz quien dio una misa concelebrada donde participaron alrededro de 8 sacerdotes.

“Conmemorar el tricentenario del fallecimiento del Padre Eusebio Francisco Kino, es hacer vigente el pasado, mantener viva su memoria, tener presente los valores sobre los cuales nuestra región se edificó, perseverancia, constancia y amor al prójimo.

Lo anterior lo dio a conocer Luis Melesio Chavarin Gaxiola, al dar por inaugurado la conmemoración de los trescientos años del fallecimiento del ilustre misionero Eusebio Francisco Kino.El evento tuvo como marco la comisaría de San Ignacio de Caborica, lugar donde se encuentra la segunda misión fundada por el misionero jesuita.

Aquí, cientos de habitantes participaron en la ceremonia de conmemoración del tricentenario luctuoso del Padre Kino, que encabezaron autoridades municipales y eclesiásticas.

El evento que marca el inicio de la conmemoración se registró a las 16:30 horas, encabezado por el alcalde que se hizo acompañar de su esposa María de los Ángeles Figueroa e integrantes de su gabinete.

Como invitados especiales el Arzobispo de la Diócesis de Matamoros, Tamaulipas, Monseñor Faustino Armendáriz Jiménez, originario de Magdalena, la presidenta del comité pro conmemoración Teresita Lanz Woolfolk, los Presbíteros Eduardo Conteras Corte y Vicente López García.

Ante cientos de asistentes al evento, se presentó el monólogo “Memoras de Kino” a cargo del actor Magdalenense Carlos Ramos Jara, que logró conmover a los presentes con su interpretación de los pasajes más importantes en la vida y obra del colonizador de la primería alta.

La representación justo frente a la misión de San Ignacio de Caborica, dio más realce a la representación del “padre negro”.Al finalizar, el tenor Ricardo Elías Terán interpretó dos canciones, una dedicada al Padre Kino y otra a México, que arrancó el aplauso a los asistentes.

En su mensaje, el alcalde Luis Melesio Chavarín Gaxiola señaló:

“Conmemorar el tricentenario del fallecimiento del Padre Eusebio Francisco Kino, es hacer vigente el pasado, mantener viva su memoria, tener presente los valores sobre los cuales nuestra región se edificó, perseverancia, constancia y amor al prójimo.

También es tiempo de júbilo y alegría en cada hogar, en cada escuela, en cada barrio.Celebraremos intensamente el orgullo de provenir de ese pasado, pero a la vez celebraremos también el orgullo de nuestro futuro, en la búsqueda de un mejor Sonora”.

Al finalizar el acto oficial, autoridades y ciudadanos participaron en la misa especial en honor a la memoria del Padre Kino, concelebrada por el Arzobispo de la Diócesis de Matamoros, Tamaulipas Monseñor Faustino Armendáriz Jiménez.


DESTRUYEN EL PATRIMONIO ARQUITECTÓNICO DE CAJEME

LO QUE FUERA UNA DE LAS RESIDENCIAS SEÑORIALES MÁS HERMOSA SOBRE LA AVENIDA MIGUEL ALEMÁN ESQUINA CON LA CALLE VICENTE GUERRERO HA SIDO DEMOLIDA POR UNA COMPAÑÍA CONSTRUCTORA SIN CONSIDERAR SU VALOR HISTÓRICO Y PATRIMONIO ARQUITECTÓNICO DE CAJEME. LAMENTÁNDOSE DE LA FALTA DE INTERÉS DE LA CIUDADANÍA Y GOBIERNO MUNICIPAL Y ESTATAL POR LA CONSERVACIÓN DE NUESTRO INVALUABLE PATRIMONIO.
  LA RESIDENCIA QUE UNA VEZ HABITÓ LA FAMILIA DEL AGRICULTOR ESPIRIDÓN CASTELO, CONSTRUIDA EN LA ÉPOCA DEL AUGE AGRÍCOLA DEL VALLE DEL YAQUI, HACE 70 AÑOS, FUE HASTA EL DOMINGO PASADO, UN MAGNÍFICO ICONO ARQUITECTÓNICO Y MÁS BELLO EJEMPLO DE LAS CALIFORNIAS HOUSES (CASAS) CONSTRUIDAS EN EL PRIMER FUNDO LEGAL DE NUESTRA CENTENARIA CIUDAD. ASEGURA EL ARQUITECTO FRANCISCO SÁNCHEZ LÓPEZ COMPROMETIDO CON LA CONSERVACIÓN DE LA DIVERSIDAD ARQUITECTÓNICA DE NUESTRA CIUDAD.
ES LAMENTABLE LA DESAPARICIÓN DE ESTA OTRORA BELLA RESIDENCIA ORGULLO DE LOS RICOS AGRICULTORES DEL PASADO EN CAJEME JUNTO A OTROS EJEMPLOS DE ARQUITECTURA HISTÓRICA DE CHINAMES, CASAS CON MUROS DE ADOBE, ARQUITECTURA AGRO INDUSTRIAL, CASONAS DE CÓCORIT Y LAS RESIDENCIAS MODERNAS FUNCIONALISTAS DE VARIADOS ESTILOS POR LA AVENIDA NAINARI QUE ESTA SUCEDIENDO CADA SEMANA, INCLUYENDO, LAS LOCALIZADAS POR LAS CALLES CHIHUAHUA, NO REELECCIÓN, SINALOA, ENTRE OTRAS MÁS–.
 LA DESTRUCCIÓN DE CASAS, EDIFICIOS, MONUMENTOS Y RESIDENCIAS ANTIGUAS ES SISTEMÁTICA Y PRECISA, POR TODOS LADOS SE PUEDE OBSERVAR ESTA DENIGRANTE ACCIÓN QUE ATENTA CONTRA EL PATRIMONIO ARQUITECTÓNICO Y ARTÍSTICO DE LOS CAJEMENSES O EN ALGUNOS DE LOS CASOS, LAS REMODELACIONES NO HA SIDO APROPIADAS COMO LA REALIZADA EN LA EX RESIDENCIA COLONIAL ACONDICIONADA COMO MUSEO DE HISTORIA DE LA REVOLUCIÓN MEXICANA, LE FALTÓ ARMONÍA Y EQUILIBRIO PLÁSTICO ENTRE LAS FACHADAS ANTIGUAS CON LOS NUEVOS ESPACIOS Y SISTEMA CONSTRUCTIVO CON PANELES LAMINADOS, QUE SE MIRAN COMO PEGOSTES ARQUITECTÓNICO. MISMA SITUACIÓN LA ESTÁ PADECIENDO CÓCORIT EN SUS CASONAS CONSTRUIDAS A PARTIR DE 1895.
 EN 1948, SE DECRETÓ LA LEY 50 QUE AMPARA A LAS CASAS ANTIGUAS DE CAJEME SEGÚN CONSTA EN LAS PLACAS COLOCADAS EN LAS FACHADAS DE ALGUNAS CASAS QUE TODAVÍA ESTÁN DE PIE Y NO HAN SIDO DEMOLIDAS POR LA ACCIÓN DEL PROGRESO Y MODERNIDAD DE LA CIUDAD, PERO, CREO, QUE ESTA LEY ES SÓLO PARA EFECTOS PREDIALES.
 EL ARQUITECTO RAMÓN MÉNDEZ, DIRECTOR DE LA DIRECCIÓN DE FOMENTO URBANO DEL MUNICIPIO DE CAJEME Y ENCARGADO DE OTORGAR O NEGAR LICENCIAS PARA DEMOLICIONES, TIENE SUS MANOS ATADAS POR NO HABER UN DOCUMENTO LEGAL QUE AMPARE Y PROTEJA LAS CONSTRUCCIONES ANTIGUAS,   LA IMPOSIBILIDAD DE APLICAR LA LEY FEDERAL POR SER EDIFICACIONES POSTERIORES A 1900 Y NO CONTAR CON DOCUMENTO LEGAL POR EL MUNICIPIO QUE LAS PROTEJA, COMO EN ÁLAMOS Y ALGUNAS CASONAS DE CÓCORIT QUE HAN SOBREVIVIDO A LA EXTINCIÓN ARQUITECTÓNICA.
 DESDE HACE SEIS AÑOS HE SOLICITADO A VARIOS DIPUTADOS LOCALES Y A LAS PASADAS ADMINISTRACIONES MUNICIPALES, LA ELABORACIÓN DE UN REGLAMENTO O LEY PARA EL MUNICIPIO DE CAJEME QUE PROTEJA EL PATRIMONIO ARTÍSTICO, CULTURAL, ARQUITECTÓNICO Y SITIOS NATURALES PERO NO HE TENIDO ECO NI RESPUESTAS POSITIVAS; ESPERO, QUE EL GOBIERNO QUE ENCABEZA EL ACTUAL ALCALDE MANUEL BARRO BURGARRO Y SU CABILDO MUNICIPAL, EMITAN UNA LEY O REGLAMENTO DE PROTECCIÓN Y CONSERVACIÓN DE NUESTRO PATRIMONIO O QUE EL CONGRESO DEL ESTADO DE SONORA, SE INVOLUCREN EN ESTE VITAL ASUNTO CON CARÁCTER DE EMERGENCIA PARA AMORTIGUAR ESTA OMINOSA E INDESEABLE  EXTINCIÓN DE NUESTRO PASADO ARQUITECTÓNICO Y ARTÍSTICO.
 PARTE DE ESTE PATRIMONIO LO HE DOCUMENTADO E INVENTARIADO INDEPENDIENTEMENTE PARA EL LIBRO LOS ANALES DEL ARTE Y ARQUITECTURA DE CAJEME/ REGIÓN SUR DE SONORA, PERO NO HE PODIDO ABARCARLO TODO PORQUE ME GANA LA DESTRUCCIÓN.
 -QUISIERA ELABORAR LOS LEVANTAMIENTOS FÍSICOS DE PLANTAS ARQUITECTÓNICAS Y FACHADAS, DETALLES CONSTRUCTIVOS Y ELEMENTOS CONSTRUCTIVOS PARA UN FUTURO MUSEO DE LA ARQUITECTURA QUE PODAMOS CONSTRUIR EN LA CIUDAD… COMENTA ESTE PROFESIONAL DE LA ARQUITECTURA, AFIRMANDO CON CIERTA NOSTALGIA AL ESTAR VIENDO COMO LOS DOMPES ACARREABAN LOS ESCOMBROS DE ESTA BELLA EX CALIFORNIA HOUSE DE NUESTRA CIUDAD:
 –ESTOS EJEMPLOS ARQUITECTÓNICOS QUEDAN SÓLO EN MIS COLECCIONES DE FOTOGRAFÍAS QUE HE RECABADO DESDE 1979 Y AL REPASARLAS, VEO CON TRISTEZA, LA DESAPARICIÓN DE MUCHOS DE ELLOS, CUANDO DEBEMOS DE CONSERVAR Y PROTEGER NUESTRA ARQUITECTURA HISTÓRICA COMO LEGADO ARTÍSTICO Y CULTURAL A LAS PRÓXIMAS GENERACIONES QUE LO RECLAMARÁN–.

Presentan la obra LOS FANTASMAS DE LA CANANEA VIEJA

Con gran éxito se llevó a cabo la presentación del libro FANTASMA DE LA CANANEA VIEJA, en la Biblioteca Pública Buena Vsita del Cobre que dirige la peota Josefa Rojas, con una asistencia de lleno total….donde el autor leyó un ameno texto en relación a la obra literaria, cerrando como un par de relatos que entusiasmaron a los asistentes…

El escritor rescató la memoria de las escritoras Profesoras Paulina Cázares García y  Maria Elan Molina, quienes -dijo- bajaron de los campos Minero- con  una alforja repleta de vivencias.

Hubo muchas intervenciones así mismo el escritor hizo varias preguntas obsequiando libro…asimismo todos los asitentesn recibieron una copia gratis de la revista que él dirige dedicada a Cananea.
   Presentación:

Hace uno días platicando con un amigo de edad, me dijo que estaba perdiendo la memoria, “ya casi no me acuerdo de nada de lo que pasó -me dijo-, de lo único que me acuerdo es de lo que no pasó”.

En cambio ami me pasa que:

Si veo la tierra suelta parado sobre una vieja calle en un lugar lejano es la faz de mi pueblo lo que veo. Si viajo o me establezco en pueblos remotoslas piedras y rojiza tierra de mi pueblo mineral van conmigo.

Sólo basta abrir los ojos mirar el suelo sin asfalto tocarlo con la mirada sentirlo con el corazón.Con lodo de las calles pisé las sombras de mi melancolía y las trituré como a rosas salvajes. Las pisadas de mi vista levantan el polvo que mi olfato lleva grabado desde la cuna. 

Veo mis puños apretados con las rocas menudas que a mi vista la lanza la hondan del poético caminar evocando con cada latidode la memoria. Y el don preclarode evocar los sueños.

Este libro quizá reúna esos sueños, de este pueblo que me vio pasar por su calles con la prematura emoción de quien nace con un enorme compromiso; el de cincelar con hierro y con plomo o tinta, las historias que he venido esculpiendo en papel, para siempre. Así nació este libro al que le ha perseguido la tragedia de sus personajes.

Con todo ello, este pueblo que en tiempos pasados era mucho muy agradable, de ensoñación, de verdadera tranquilidad, pese a los acontecimientos de 1906 y de 1910 y, sucesivos que en Cananea tuvieron gran repercusión.

Pese a todo al coronel Greene a quien se le debe en gran parte tanta pujanza, tanta explotación humana tal vez, pero con ello tal como sucede en las empresas y gobiernos Pro capitalistas, trajo el progreso y el crecimiento de la Cananea Vieja…

Y desde allá abajo subió hasta esta el Ronquillo y luego a esta parte de la mesa oriental donde quedó la plaza cívica con su Palacio, sus bellos edificios comerciales y casonas en el entorno formando el nuevo Cananea.

Ya nada de eso casi queda…de aquella legendaria Cananea Vieja que poco se sabe, a no ser por las leyendas que el pueblo comenta en forma tan aislada, con datos lacónicos relatados por los ancianos, así que el escritor obligadamente tiene que ir en busca de la verdad o sucumbir, como el cazador de mariposas va tras de esos zumbidos…

Para cazar mariposas se usa de una bolsita de punto estrecho, de seda o gasa, de ocho a diez pulgadas de ancho, cuya boca se mantiene abierta por medio de un círculo de alambre o de avellano flexible, al que se une un mango de cierta largura.

El cazador de sueños, armado con esta red, no debe acercarse a las mariposas y a los susurros sino cuando estén paradas sobre alguna flor o mata, y siempre por detrás, porque la vista perspicaz de estos como los insectos exige esta precaución. Si el cazador yerra el golpe, no ha de correr tras la mariposa, porque la excitará a que vuele más: al contrario, permanecerá quieto, y el insecto no tardará en
pararse, y tal vez cerca de él. Con el aro en ristre, atando cabos atrapando y disecando mariposas nos dio por formar la historia donde no la había.

Moisés creó la leyenda de la mítica increíble Torre de Babel, Gabriel García Márquez puso en el mapa de Colombia el inexistente pueblo de Macondo, don Quijote creó la Mancha.

Sucede que en otros pueblos hemos escrito algunas historias de esos puntos, y como la respuesta está en el viento según el músico poeta Bob Dylan, tomando en el aire el polen de la nostalgia y el rumor de los pobladores, al poco que ya la publicamos en forma de reportaje, cuento o leyenda… las lee la gente ya sea en nuestro libros o en nuestra revista Sonora Mágica, los he escuchado decir: así es como me lo contaba mi nana, así es como los narraba mi abuelo.

De México vino el Dr. Luis Felipe del Castillo Dávila a conocer la caso que dio pie a la leyenda la Casa de la Española, en la cual en mes próximo habremos de presentar primero Dios nuestro libro Obispo de Sonora, ya que el dueño quedó convencido de ser esta una propiedad con valor histórico que le da una leyenda de nuestra inventiva.

Y nos quedamos más que sorprendidos de ver como algo fantasioso, salido de la inspiración del autor, se convierte en realidad. Que raro don es este de profetizar el pasado.

Los que nacimos en la mesa oriental, a espaldas del Palacio, que tuvimos la oportunidad de corretear por arriba de las bardas de las casonas gringas, brincar estilo Tom Sawyer los corrales de madera, de colarnos por cualquier resquicio, de ver rostros anglosajones y tantos niño ir y venir a la escuela Americana, al conocer la Cananea Vieja  debo decirlo en lo personal me conmovió sobremanera.

El Barrio de la Canena Vieja, el primer asentamiento de este famoso mineral, nos pareció a primera vista como lo que siempre ha sido, un sector proletario de la ciudad. Sus rostros me fueron impactantes, en su mayoría los hombres potaban casco y ponchera, subían a la empresa y bajaban a sus hogares con sus chimeneas bufando. Casas de madera en su mayoría, me tocó sentir el frío que cala en el Chiflón del Diablo, tocar con la mirada sostenida las casuchas que fueron tanichis de los chinos, oír noticias de apariciones y fantasmas.

Nos habría de impactar la leyenda de la cueva del diablo, así como los escalofriantes relatos del gran incendio de la Cananea Vieja y que brincó hacia el Ronquillo y casi todo lo consumió.

Son los ancianos, decía mi padre, los que saben, los que pueden dar fe de lo sucedió en otras épocas. Cierta vez el presbítero Ernesto López Yescas, quien se crió en Cananea y fue compañero de mi padre en eso de acarear leña a lomo de burro bajo aquellas intensas nevadas, me envió un escrito para que lo publicara en nuestra revista Sonora Mágica y Desconocida, dijo que trataba del Cuartel Chico que del general Ignacio Pesqueira estableció en la punta debajo de la Cananea Vieja, a este sitio se le conocería por su forma de las troneras, como El Barrilito, allí mi papá tuvo una granjita con vacas y gallinas, pero la vendió y ahora es el ranchito mas prospero por allí.

Por evocar el momento en que el Indio Jerónimo pretendió rescatar a su madre de este cuarte, es toda una odisea memorable pues el gran caudillo a quien se le achacaban que con sus propias manos había matado a más 300 personas, el vestirse de mujer y hacer pasar por prostituta, como parte de sus argucia para poder penetrar al fortificado edificio y en la creencia de que allí creía retenida su madre, dio nacimiento a una leyenda tan desconocida como increíble.

Pero así como la furia del apache y el fuego suscitado en al Cananea Vieja, también el progreso brincó a la mesa oriental, y en esa mesa está situada la Cárcel de Cananea, el Palacio Municipal, hermanos que se edificaron a la vez con un préstamo de la compañía de Greene al municipio que dirigía el alcalde Filiberto Barroso. Corría el año de 1903.

La gran benefactora de Cananea, la Señora Mary Proctor de Greene (William Cornwell Greene) donó el terreno de la Parroquia y apoyó con varios emolumentos solo que su partida para California durante el moviendo armado de 1910 truncó su construcción, también donaría el terreno para la plaza y en esas dos hectáreas se construyó en una explanada frente al Palacio esa hermosa plaza Benit

o Juárez de tanto y tantos recuerdos para las generaciones que a lo largo demás de cien años la han visitado, bailado en torno a su Kiosco, el dar vuelta y el encaramase en su cerco para mira pasar el desfile, o simplemente para charla y ver pasar transeúntes.

Plutarco Elías Calles donaría los arbotantes cuando fue gobernador de Sonora, y en uno frondoso Tueno fusilaron a un revoltoso.

Esta parte de la ciudad, modernista, con fuerte impronta norteamericana, en donde los chalets y los templos réplicas de la arquitectura anglicana, todas estas calles y callejones, barrancas y laderas, arroyos y pedregales, han latido fuerte por más de cien años.

Así pues, viví mi infancia en el callejón Hidalgo 103, donde principian las faldas de la mesa oriental, quizá la parte de la ciudad donde más se aprecia la impronta estadounidense.

La arquitectura de sus casas contrastaba con las del resto de los pueblos de Sonora. Me preguntaba quién o quiénes vivían en ellas: eran mayordomos americanos, profesionistas destacados, y un buen número de artistas, como Madam Cecil de Borjous a la que el gobierno francés le envió de regalo un busto de Beethoven, éste llegó cuando ella ya había fallecido por lo que lo colocaron en su tumba, y ahí estuvo por décadas hasta que se lo robaron, era un bello bronce.

A espaldas de la casa de mi abuela, en donde me crié, vivía la profesora Lupita Palacio, cuya voz de soprano nos deleitaba de tarde en tarde. Cuando crecimos, mis tres hermanos y este que escribe era obligación rigurosa impuesta por nuestro padre acudir a clases de guitarra o de piano con los maestros Luis y Manuel Mendoza.

Fascinante la casa de Eduardo C. Gulliver que dirigía la orquesta Mutualista Aquiles Serdán donde mi tío Armando tocaba el clarinete, la casona de ladrillo ademado del  General Ignacio L. Pesqueira tenía un toque colonial.

Pero quizá la casa que más me cautivó fue la del poeta Saturnino Campoy; siempre tuve el deseo conocerla por dentro, era de dos plantas, escalera de madera. Me hice amigo de su nieto José quien tan sólo me permitió entrar a los cuartos de servicio en donde el poeta tenía un estudio de radiotécnico.

Don Saturnino originario de Chínipas, Chihuahua y alto empleado de la empresa minera, cultivó el arte más sublime de todos: la poesía. Editó un libro, un sólo libro, pues eran tan escasos por esa época los poetas, que el lograr producir un libraco, que era a lo que más podría aspirar un escritor, esto les daba gran proyección: una calle importante de Hermosillo lleva su nombre, el nombre de un poeta.

Todavía quien menciona a Cananea inevitablemente habla de esa casona del poeta, tan enigmático como su personalidad.

También se hace memoria de la casa de altos techos donde radicaban dos señoritas quedadonas, Luisa y Luz que era poeta. También editó con el apoyo de sus amigos un poemario místico. Luz Aguilar Águila era un ángel del cielo por lo que al morir relativamente joven, el párroco don Elías Rafael Portela dispuso que fuera velada en la parroquia.

Por fortuna ambas residencias aun están en pie, no les ha hecho anda la picota del modernismo, siguen ahí en mi pueblo bien saturadas con el polen inconmensurable de la poesía, pues en ambos sitios se le erigió un altar.

Cada que regreso al mineral recorro sus calles y con mis ojos buscó a esos edificios que destacan entre tanta casa vetusta e imploro al cielo jamás sean derribados.

En los campos mineros a la falda de la sierra La Elenita se formó BuenaVista, y desde esa región tan cubierta de nieve en la época invernal bajaban soberbias orquestas musicales de gran calidad interpretativa.

De Buena Vista descendió como una ráfaga de aire color manzana la bella Paulina Cázares, bajo el brazo cargaba un nudo con sus poemas. Ella nació poeta, todos los que la conocieron hablan de esa personalidad que distingue a los iluminados de los dioses. También nació en esos campos mineros la profesora y poeta María Elena Romero de Molina

Esto es lo que preocupó al cronista, rescatar esas voces, los dramas, esas tragedias.

El Poeta español Antonio machado dice:

“Cuenta, fuente de lengua encantada,
cuéntame mi alegre leyenda olvidada.

Yo no se de leyendas de antigua alegría,
Sino historias viejas de melancolía”.


FRONTERA NORTE – DOS CARTAS

Dos cartas sobre la iglesia Católica en la Baja California de finales del siglo XIX

 

Nicolás Pineda Pablos*

La región que hoy es el estado de Baja California tuvo una lenta integración a la sociedad mexicana. Al declinar la población indígena y disolverse el sistema misional de la Colonia, la región tuvo que ser recolonizada y reintegrada a la nación mexicana en la segunda mitad del siglo XIX. Uno de los elementos que contribuyeron a esa integración fue la religión católica y la reconstrucción de los lazos con la jerarquía eclesiástica.

El propósito de este trabajo es presentar dos documentos relacionados con el establecimiento temprano de vínculos de la población de esta región con la iglesia Católica en el último cuarto del siglo XIX. Los originales se encuentran en el archivo de la Catedral de la Asunción en Hermosillo, Sonora, y aunque breves, ambos documentos reportan datos interesantes sobre la situación de las poblaciones del Real del Castillo (en 1879 el primero), así como de Tijuana, Tecate y Ensenada (en 1888 el segundo). Para ello, a fin de contextualizar los documentos, previamente se expone la evolución de la jurisdicción eclesiástica de la Baja California durante el siglo XIX y se repasa brevemente el desarrollo urbano y social de esta región durante el último cuarto del siglo XIX.

 El obispado de Sonora y el vicariato de Baja California

La creación del obispado de Sonora es una derivación de la expulsión de los misioneros jesuitas del noroeste de la Nueva España en 1767 y del paulatino proceso de secularización de las misiones de los pueblos indígenas iniciado a partir de entonces. Así mismo fue parte de un proceso de reorganización territorial del noroeste, conocido como reformas borbónicas, que tenían como objetivos, entre otros, afianzar el dominio español en esas comarcas y elevar la recaudación de tributos para la corona española (Del Río y López, 1985:242).

Como parte de este proceso, el obispado de Sonora fue establecido por el papa Pío VI el 7 de mayo de 1779, como una escisión del obispado de la Nueva Vizcaya (hoy Durango) y comprendía las provincias de Sinaloa, Sonora y las Californias (Molina, 1979; Almada, 1983:452). El primer obispo de Sonora fue fray Antonio de los Reyes, quien murió en Álamos en 1787. Los obispos subsecuentes establecieron su sede en la ciudad de Culiacán y, en general, tuvieron una presencia irregular y aún menos actividad pastoral en la región (Yescas, 1976:196).

En vista de la enorme extensión del obispado y de las exigencias que planteaba la secularización de las misiones indígenas, el obispo Martínez Ocejo inició, en 1824, gestiones para la subdivisión de su extenso obispado y la creación de un obispado en las Californias. Estas gestiones no fructificaron sino hasta 1840, cuando se creó el vicariato apostólico de las Californias, es decir, una nueva jurisdicción eclesiástica, a cargo de un vicario apostólico que tenía sede en San Diego y subordinado al (o sufragáneo del) arzobispo de México. Sin embargo, a partir de 1848, la funcionalidad de esta circunspección eclesiástica se volvió improcedente en virtud de que el territorio de la Alta California se separó de la república mexicana y se incorporó a Estados Unidos de América. Por ello, el 12 de diciembre de 1849, el gobierno de México solicitó a la santa sede que se estableciera una nueva jurisdicción eclesiástica en el territorio bajacaliforniano. Fue así como en 1853, a la par de que se creó la Diócesis de San Francisco, California, se estableció también el vicariato apostólico de la Baja California, con sede en La Paz. Hubo tres vicarios apostólicos: Juan Francisco Escalante y Moreno, nombrado en 1854; fray Ramón María Moreno y Castañeda, a partir de 1873, y fray Buenaventura Portillo y Tejada (Diócesis de Tijuana, 1989:45; Enciclopedia de México, 1978:1186). En la práctica, sin embargo, el vicariato de la península enfrentó serios obstáculos para el desarrollo de las actividades pastorales; la dispersión de la población y la escasez de clero lo hicieron insostenible. Durante esos años, en la península sólo ejercieron su ministerio cuatro sacerdotes, que sólo alcanzaban a visitar algunas comunidades más pobladas de la parte sur, mientras desatendían las rancherías y comunidades, sobre todo en el distrito norte de la península. No es extraño entonces que en 1882, la santa sede redujera el vicariato apostólico de Baja California a la categoría de prefectura, dependiente del obispo de Sonora (Diócesis de Tijuana, 1989:46).

Después de las turbulencias políticas nacionales de los años cincuenta y sesenta del siglo XIX —ocasionadas por la pugna entre conservadores y liberales y por la fallida intervención francesa y la república restaurada de Juárez con sus leyes de Reforma—, poco quedó de la dinámica iglesia misionera de un siglo atrás en el noroeste. Al inicio del porfiriato, la iglesia sonorense mostraba señales de abandono: los templos estaban en ruinas y, aunque estaba organizada en 30 curatos, sólo había 15 sacerdotes para atenderlos. La paz porfiriana ofreció a la iglesia Católica la oportunidad de reorganizar el territorio y reconquistar a la población del noroeste (Enríquez, 2001:48).

Como parte del intento de recuperar la presencia perdida en la frontera, el 27 de mayo de 1883, la santa sede dividió el antiguo obispado de Sonora en dos diócesis: la de Sinaloa y la de Sonora, correspondiendo a esta última la atención de la península de Baja California. De este modo, el nombramiento de primer obispo de la nueva diócesis de Sonora recayó en el doctor José María Rico, quien además, el 9 de agosto de 1883, fue nombrado administrador apostólico de la Baja California. Sin embargo, el ministerio de este obispo fue muy breve, ya que murió de fiebre amarilla a los pocos meses de haber arribado a su sede episcopal.

El siguiente obispo fue nombrado en 1887, y el nombramiento recayó en Herculano López de la Mora. Éste fue realmente el obispo que reemprendió la organización eclesiástica; estableció el seminario, reorganizó al clero, construyó la catedral y llevó a cabo una campaña de comunicación a través de cartas pastorales y, sobre todo, estableció las contribuciones que debían hacerse por los sacramentos y mejoró las finanzas de la diócesis. Al momento de su muerte en 1902, puede decirse que había logrado reestablecer cierto orden y nuevo vigor a la anteriormente debilitada iglesia sonorense (Enríquez, 2001:72).

El territorio norte de Baja California —tal vez por la escasez de sacerdotes o por la distancia de las sedes episcopales (o sea por su escasa población)— se mantuvo prácticamente desatendido por el clero católico durante la segunda mitad del siglo XIX. Sin embargo, el surgimiento de nuevos centros de población comenzó a reclamar la atención del obispo de Sonora hacia esta esquina del país. Esto es al menos lo que muestran los dos documentos que aquí se presentan.

 

Los vecinos del Real del Castillo solicitan un sacerdote

En 1870, los hermanos Ambrosio y Manuel del Castillo descubrieron oro en el valle de San Rafael, al este de Ensenada. Pronto se multiplicaron las casas y tiendas de campaña a ambos lados del arroyo San Rafael y, en respuesta a la generosa extracción del metal amarillo, en poco tiempo se formó un poblado que contaba con tabernas y sucursales de las tiendas de San Diego, así como con un servicio de diligencias provenientes de esa ciudad, que nutría el flujo de pobladores, visitantes y mercancías. Fue tal la concentración de población que, en el verano de 1872, el gobernador del distrito norte, Manuel Clemente Rojo, asentado hasta entonces en la somnolienta ex misión de Santo Tomás, decidió cambiar su sede al dinámico mineral al que, a partir de entonces, se le llamó Real del Castillo.

En 1873, después de la muerte del presidente Juárez y con el arribo de Sebastián Lerdo de Tejada a la presidencia de la república, el gobierno federal nombró como nuevo gobernador del distrito norte a José María Villagrana. En un principio, la gestión del gobernador Villagrana fue benéfica para el Real del Castillo. Con los impuestos a la producción minera y con los ingresos de la aduana fronteriza ubicada en el rancho Tía Juana, Villagrana puso orden en la traza urbana y construyó la plaza principal, así como el edificio sede del gobierno, un cuartel y la cárcel. Para 1875, el pueblo tenía más de 1 500 habitantes (Meadows, 1983:211).

Paralelamente, junto con el nuevo gobierno y la traza urbana, en el Real del Castillo florecieron también las cantinas, los salones de baile, los garitos y el vicio. El lugar se volvió refugio de prófugos de la justicia estadunidense y escenario de frecuentes alborotos y desmanes provocados por los viciosos y los maleantes, aunque no toda la población local participaba en este jolgorio, ya que en los alrededores vivían habitantes y familias tranquilas, conservadoras y dedicadas al trabajo (Meadows, 1983:212). Hacia finales de 1875, al mismo tiempo que la producción minera comenzó a declinar, los desórdenes comenzaron a subir de tono y se hicieron más frecuentes los hechos de violencia y asesinatos. Ante la mirada de los vecinos tranquilos del lugar, los delincuentes hacían lo que querían y amenazaban con convertir al real en un pueblo sin ley.1 Desde la perspectiva de los residentes, el gobernador había perdido el control de la situación y protegía a los malhechores. Las familias tranquilas y trabajadoras se sentían inseguras y estaban inconformes con el gobernador, a quien veían como incapaz de detener el clima de delincuencia. El malestar llegó a tal grado que, el 20 de noviembre de 1876, 30 de los propios soldados del gobernador se le rebelaron, lo tomaron preso y lo metieron en la cárcel, aunque posteriormente, al ser trasladado, se escapó. En vista de la situación, el gobierno envió un nuevo gobernador, el general Andrés L. Tapia, quien a su llegada al Real del Castillo recibió una larga lista de cargos contra Villagrana, firmada por 167 vecinos. Con el aplauso de los elementos tranquilos del real, el nuevo gobernador expulsó del pueblo a los elementos de mala reputación y, en 1877, detuvo y envió presos a Villagrana y a sus principales colaboradores (Meadows, 1983:214).

Es en ese ambiente en el que se deja sentir que el Real del Castillo requería de atención espiritual, lo que para un grupo de vecinos significó que hacía falta la presencia de un sacerdote católico. De este modo, algunas mujeres del lugar recolectaron firmas, y el 15 de noviembre de 1879, Natalia Cota y María Antonia Lamadrid enviaron una carta a las autoridades eclesiásticas, en la que se lamentaban de la carencia de sacramentos y solicitaban un cura párroco. No está claro a quién estuvo destinada la carta. Probablemente fue enviada al obispo de Sonora, quien tenía su sede en Culiacán, y posteriormente a la división de la diócesis en 1883, éste la hizo llegar al nuevo obispo de Sonora, en su carácter de administrador apostólico de la Baja California, yendo, de este modo, a parar al archivo de la catedral de Hermosillo. La transcripción de la carta es como sigue:

Ilustrísimo Señor

Las que suscribimos, vecinas de la Frontera Norte del Territorio de la Baja California ante V.S. Ilustrísima, del modo mas respetuoso nos presentamos y exponemos: que convencidas de que no puede haber felicidad verdadera en esta vida, ni menos adquirir la que está prometida para los bienaventurados, sino se cumplen los diez mandamientos de Dios Nuestro Señor y los cinco de la Santa Iglesia Nuestra Madre; y, teniendo en consideración, que hasta ahora en esta es tensa Frontera no existe ni ha existido, un templo católico en donde tributar el culto divino que es debido al Criador de los Cielos y de cuanto vive bajo el sol; y, en atención también á que, todos los vecinos de esta Frontera tenemos la fortuna de profesar la fe de Cristo; y bien persuadidas por último, que la religión cristiana es la única verdadera que reconoce y confiesa la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana: llenas de confianza en la misericordia divina y en el celo apostólico de su Señoría Ilustrísima, venimos en suplicarle nos conceda para bien de nuestras almas, un Cura párroco que ilustre y dirija nuestras conciencias, nos alimente con el pan de la vida eterna, abriendo a nuestros hijos las puertas de la Jerusalen celestial, por medio de las benditas aguas del bautismo.

Hemos tenido, Ytmo. [sic] Señor, la desgracia de vivir sin un Ministro del Altísimo, que nos instruya y predique la ley divina, sin que ni siquiera en los dias festivos podamos asistir al santo sacrificio de la Misa: nuestro corazon se ha hecho mil pedazos, cuando hemos dado á luz un hijo de nuestras entrañas, sin que podamos acercarlo a la fuente bautismal, para limpiarlo de la original culpa; lágrimas del corazon hemos derramado, cuando hemos visto privados á nuestros hijos del santo sacramento de la confirmacion; y, nuestro corazón se ha partido de dolor, nuestra alma se ha llenado de tristeza, cuando á la desgracia de ver morir á nuestros hijos, á nuestros esposos, á nuestros parientes, á nuestros amigos y amigas, hemos también agregado la indecible pena de verlos espirar privados ¡oh dolor! de los auxilios divinos de Nuestra Sacrosanta Religion.

Compadeceos, Itmo. Señor, del abandono en que nos encontramos, y hacednos participantes en el rebaño que os está encomendado. Llamadnos al redil, que nosotras nos comprometemos a ser en lo sucesivo fieles a la Religion en que nacimos y deveras queremos morir en la misma Sacrosanta Religión.

Nuestras almas han estado hasta ahora privadas del pan de los ángeles, y si así continuamos van a morir de muerte.

Un considerable número de los moradores de esta Frontera viven sin tener la fortuna de conocer a Dios, y a Vos Itmo. Señor, corresponde salvarlos del gentilismo en que viven. Lo repetimos confiadas en la infinita misericordia de Dios Nuestro Señor, en la pureza de la Inmaculada Virgen María y en el celo apostólico de Su Señoría Ilustrísima, esperamos que en contestación de esta nuestra muy humilde y respetuosa solicitud, nos ha de enviar el Cura Párroco que fervientemente pedimos.

En el Real del Castillo, cabecera del partido Norte del Territorio de la Baja California en la República Mejicana, a los quince días del mes de Noviembre de mil ochocientos setenta y nueve.

La carta va acompañada de 134 firmas y a pesar de que comienza con la frase “Las que suscribimos, vecinas de la Frontera Norte” —salvo alguna variación por nombres que pueden ser equívocos—, consta de aproximadamente 67 nombres de hombres y 67 de mujeres, aunque no están organizados por parejas ni parece tratarse necesariamente de matrimonios o padres de familia. La escritura, en la mayoría de los casos, es autógrafa y algunas firmas van acompañadas de rúbricas, lo que habla de una alta proporción de gente que sabía escribir. Así mismo se puede suponer que se trata de la población tranquila y conservadora del Real del Castillo y es probable que hayan constituido la mayoría de la población adulta local en ese momento. En un análisis somero de los nombres enlistados, se observa una gran variedad de nombres y apellidos, casi todos ellos de origen español, con la excepción de dos o tres, como George Furlorse, Gill A. Burnes o los apellidos Jean y Galiano, que pueden ser de otro origen. Entre los apellidos más frecuentes están los Moreno con siete firmas, los López con seis, los Cota y los Orosco (sic) con cinco firmas cada uno, y los Aguilar, Damas y Herrera con cuatro casos. Entre los que aparecen tres veces están Arenas, Gamas, Legaspy, Murillo, Ramírez, Rivera y Rodríguez.

No tenemos noticia de la respuesta que se dio a esta carta y si los vecinos hayan tenido éxito en su empeño. Lo que se sabe es que en 1882, la capital del territorio se trasladó del Real del Castillo al puerto de Ensenada y que a partir de entonces comenzó a declinar la población del mineral. En 1905, la población se había reducido a menos de 200 habitantes.

 

El padre Osuna reporta la situación religiosa de Tijuana en 1888

En 1874, el gobierno federal mexicano estableció una aduana fronteriza en los terrenos del antiguo rancho Tía Juana. La aduana quedó localizada a un costado del camino, junto al río Tijuana y cercana a la mojonera fronteriza. El alto en el camino y la actividad aduanera propiciaron que el lugar comenzara a poblarse con comercios. Simultáneamente aparecieron las primeras viviendas y poco después una pequeña capilla católica.

Según se desprende de las diferentes actas de bautismo, los habitantes del rancho Tía Juana acudían a la misión de San Diego para bautizar a sus hijos, así como para los demás servicios religiosos (Martínez, 2003:5). Por otra parte, el sacerdote perteneciente al vicariato de Baja California residía en Ensenada, desde donde se desplazaba a los distintos poblados y rancherías. De modo que en la iglesia de Ensenada también aparecen registros de bautismos y matrimonios realizados en las visitas a la comunidad de Tijuana (Ortiz, 1989:50).

En los años de 1888 y 1889, el sacerdote que estuvo a cargo de esta región fue Luciano Osuna. Este clérigo era de origen mexicano pero había sido ordenado sacerdote en San Francisco, California, en 1863. Durante sus primeros años de ministerio sacerdotal trabajó con los indígenas de Mendocino, Lake y Sonoma en la Diócesis de San Francisco (Burns, 2003).

El padre Osuna se trasladó a Baja California y como parte de su trabajo sacerdotal estuvo varias veces en Ensenada, Tijuana, Tecate, San Diego y el valle de Guadalupe, de modo que se familiarizó con la región (Ortiz, 1989:50). Por esas fechas recibió un comunicado de parte del recién nombrado obispo de Sonora, Herculano López de la Mora, quien le pedía que reportara la situación religiosa del área y que contestara varias preguntas. Es así como el 7 de junio de 1888, el padre Luciano Osuna escribió a Monseñor Ángel Barceló, quien fungía como secretario del obispo de Sonora. La trascripción literal de la carta es la siguiente:

Tijuana, Junio 7, 1888
Sr. Srio. J. Angel Barceló
éaquí recibí estas circulares y luego les doy su curso y contesto á preguntas indicadas y en razon [de que] este lugar es nuevo empieza a poblarse y la gente que llega toda es nueva no puedo decir lo que son y así respondo a las preguntas. A la 1ª. respondo concienzudamente y digo: que en lo general la gente cuando infantes han recibido el agua del bautismo y es el único acto religioso que han recibido y sus padres lo mismo; así las creencias que ellos se han forjado ó han pepenado mas bíen son en contra de la religion y así una gran parte defienden puntos condenados por la Yglesia [sic] y esto responde a la 1ª. pregunta; añadiendo que los que van entrando los mas son protestantes. A la 2ª. digo que habrá como 40 ó 45 católicos en toda la comprehensión. A la 3ª. En Tijuana un Oratorio que yo hé construido á mi propia costa; es de adobe, techo de madera; altar de madera, dimensiones veinte y cuatro pies de largo por catorce de ancho y un cuartito adyacente. Aquí habrá como 10 diez [sic] católicos. Este lugar está en la línea divisoria. Tecate al oriente 8 leguas una vecindad habrá como 5 cinco [sic] católicos. Ensenada 30 leguas al sur de Tijuana habrá como 10 católicos; una capilla de madera que yo construí casi a mi propia costa es 36 pies de larga por 20 de ancho y un cuarto adyacente. No tiene solar esta capilla, porque como subió el valor del terreno los que eran dueños vendieron con fraude el solar a otros y asi dejáron sin solar a la capilla. A la 4ª. digo que estoi yo solo. A la 5ª. y 6ª. digo que ninguno hay. Habrá otros 20 o 25 católicos diseminados en otros fuertes y añado que los pocos católicos que hai no conocen la obligacion que tienen y no contribuien al sostenimiento del culto y de su párroco. Pero el que mantiene las aves del cielo no se olvida de mí aunque indigno.
Su servidor
Luciano Osuna

El padre Osuna permaneció aún varios años más como cura itinerante en el distrito norte de Baja California. Según lo atestiguan las actas de bautismo y otros oficios religiosos, el sacerdote se mantenía en movimiento frecuente visitando las diversas localidades. El último registro parroquial que hizo fue el 12 de noviembre de 1893 (Ortiz, 1989:55). El padre Luciano Osuna murió de enfermedad del corazón el 20 de marzo de 1894, a los 59 años de edad, después de tres semanas de atención en el Hospital Saint Joseph de San Diego. Fue sepultado en el cementerio católico de esa ciudad (Casas, 2001).

 

Conclusión

Estos dos documentos constituyen, cada uno, discretas pero penetrantes miradas a la situación del distrito norte de Baja California hacia finales del siglo XIX. Su importancia no es sólo religiosa y eclesiástica sino que nos muestran también aspectos demográficos, sociales y urbanísticos de la Baja California. Un documento nos revela los contrastantes sentimientos religiosos y las aspiraciones de mejor vida de un importante sector de las familias residentes del Real del Castillo en un entorno en el que lo que permite sobrevivir es el valor del metal, el mercado del alcohol y el negocio de la diversión. El segundo documento nos muestra la rápida ojeada que el padre Luciano Osuna repasa sobre la gente que comenzaba a poblar el territorio que va de Ensenada a Tijuana y Tecate y sus construcciones religiosas. En ambos documentos se observan, desde esta temprana época, rasgos característicos de la sociedad bajacaliforniana con un grupo nuclear de pobladores dedicados al comercio fronterizo de mercancías y diversión junto con un sector mayoritario, pero periférico, de población dedicada al trabajo y que conserva sus valores tradicionales.

 

Bibliografía

Fuentes primarias

Carta de los vecinos del Real del Castillo al vicario general de la Diócesis de Sonora, Real del Castillo, 15 de noviembre de 1879. En archivo de la Catedral de la Asunción (sin catalogación), Hermosillo, Sonora.        [ Links ]

Carta del padre Luciano Osuna a J. Ángel Barceló, secretario del obispado de Sonora. Tijuana, B. C., 7 de junio de 1888. En archivo de la Catedral de la Asunción (sin catalogación), Hermosillo, Sonora.        [ Links ]

Fuentes secundarias

Almada, Francisco R., Diccionario de historia, geografía y biografía sonorenses, Hermosillo, Sonora, Gobierno del estado de Sonora, 1983.        [ Links ]

Burns, Jeffrey M., “Why Celebrate? Lessons from 150 Years”, Catholic San Francisco, 24 de enero de 2003. En http://www.catholic–sf.org/012403.html. Consultado en enero de 2006.        [ Links ]

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Martínez Zepeda, Jorge, “Del rancho Tijuana a la formación del pueblo. Una aproximación a sus pioneros”, Voces de la península. Revista de geografía e historia de Baja California, vol. 1, núm. 3–4, 2003, pp. 4–9.        [ Links ]

Meadows, Donald, “Real del Castillo”, en David Piñera Ramírez (coord.), Panorama histórico de Baja California, Tijuana, B. C., Universidad Autónoma de Baja California, Centro de Investigaciones Históricas UNAM-UABC, 1983, pp. 209–216.        [ Links ]

Molina Molina, Flavio, Límites de Sonora, Sinaloa y Californias 1790, Hermosillo, Sonora, (s. e.), 1979.        [ Links ]

Ortiz Figueroa, Jesús, “El clero itinerante. 1888–1900”, en David Piñera Ramírez y Jesús Ortiz Figueroa (coords.), Historia de Tijuana 1889–1989, Tijuana, B. C., Universidad Autónoma de Baja California, Centro de Investigaciones Históricas UNAM –UABC, 1989, pp. 49–58.        [ Links ]

Yescas López, Ernesto, “La Iglesia en los siglos XIX y XX”, Memoria del Primer Simposio de Historia de Sonora, Hermosillo, Sonora, Universidad de Sonora, Instituto de Investigaciones Históricas, 1976, pp. 196–209.        [ Links ]

 

NOTA

1 Meadows comenta que una robusta matrona, doña Chena, quien defendía sus derechos con una pistola calibre .45, gobernaba la plaza, y su secuaz, Pedro Bobadilla, alias el Seis Dedos,mandaba en los callejones. De modo que “los disparos, las puñaladas y el crimen en general mantuvieron el pueblo en efervescencia, como cerveza caliente” (Meadows, 1983:212).

“Hacednos participantes en el rebaño”: Dos cartas sobre la iglesia Católica en la Baja California de finales del siglo XIX

 

Nicolás Pineda Pablos*


Simposio de Historia 2010

La Sociedad Sonorense de Historia, A.C.

CONVOCA

a investigadores y estudiosos de nuestro pasado histórico, a participar en el

XXIII Simposio de Historia

“REVOLUCIONES EN EL NOROESTE DE MÉXICO”

1810-1910
a celebrarse del 23 al 27 de noviembre de 2010

Las ponencias deberán versar sobre el tema general del Simposio, privilegiando las investigaciones que incidan sobre la llamada etapa inicial de la Independencia y la Revolución Mexicana respectivamente, así como con aquellos que guarden alguna relación con los siguientes subtemas:

  1. Etapa previa a la Independencia de México de 1810 y Revolución Mexicana de 1910
  2. Procesos políticos, sociales, religiosos, económicos y culturales, relacionados con ambas revoluciones y cuya pertinencia justifique su aportación en el campo de la historia regional y, preferentemente, del estado de Sonora.
  3. Estudios vinculados a la realidad nacional y transfronteriza que enmarcaba el momento histórico en que se fue fraguando la Independencia de 1810 y Revolución Mexicana de 1910, como durante su primera etapa a juicio del investigador y ponente, tanto en materia económica, social, política y cultural, que contribuyan a la comprensión de los factores y circunstancias que ayudan a la explicación del acontecer histórico mencionado.
  4. Investigaciones sobre el género biográfico relacionadas tanto con la Independencia de México de 1810 como con la Revolución Mexicana de 1910, de los actores y testigos que con su testimonio enriquezcan la visión que desde esta trinchera se tiene de ambos eventos históricos.
  5. Balances historiográficos sobre la Independencia en la región y la Revolución de 1910 de igual forma, con la intención de fomentar el debate respecto de la evolución de ambos fenómenos desde su tiempo original, hasta nuestros días.
  6. Y todos aquellos subtemas que guarden alguna relación justificada con la temática de esta edición del Simposio y que pertenezcan al amplio espectro de la Historia y las Ciencias Sociales.

BASES

Los participantes deberán registrarse y entregar un resumen de su ponencia con extensión de una cuartilla. Podrán participar todos aquellos interesados que cumpliendo con lo estipulado en esta convocatoria se acojan a sus requisitos y plazos, así como aquellos que hayan sido invitados de forma expresa por la Comité Organizador del Simposio.

El registro se realizará a partir de la fecha de la presente convocatoria o en su defecto, a partir del conocimiento de la invitación personalizada que, si fuera el caso, se hiciera llegar  a los particulares,  hasta el 10 de octubre de 2010, para lo cual se deberá acudir o enviar el resumen al Comité Organizador del XXIII SIMPOSIO DE LA SOCIEDAD SONORENSE DE HISTORIA, A.C., ubicado en Ave. Rosales 123, teléfono 01 (662) 217-10-64, Hermosillo, Sonora; o bien al correo electrónico sshac2010@gmail.com, de esta misma asociación civil.

Las ponencias deberán ser inéditas, y tener una extensión no mayor de 15 cuartillas para su publicación, [cuartilla: una página tamaño carta escrita en tipo de 12 puntos con interlineado de doble espacio y márgenes de una pulgada], presentadas en soporte papel y en soporte digital, así como acompañar las ilustraciones referentes al tema. Las ilustraciones pueden entregarse en medio digital en resolución mínima de 600 x 400 pixeles.

El tiempo máximo para su disertación en el Simposio será de hasta 25 minutos. El participante en caso de requerir equipo para proyección o exposición, deberá solicitarlo a la entrega del resumen.

El Comité Organizador comunicará a los ponentes su respectiva aceptación o rechazo de su propuesta de ponencia, a más tardar el 31 de octubre del 2010.

Los gastos de transportación, hospedaje y alimentación de los expositores y asistentes correrán por su cuenta. El Comité Organizador se compromete únicamente a realizar las reservaciones de hospedaje correspondientes, si el participante lo solicita.

La fecha límite para la entrega de las ponencias para su publicación será hasta el día 15 de diciembre de 2010. El Comité Organizador se reserva el derecho de seleccionar los trabajos para su publicación en la memoria gráfica del Simposio o en el portal de Internet de la Sociedad Sonorense de Historia.

El ponente, al entregar el trabajo, cede derechos de reproducción y edición del material escrito y gráfico a la Sociedad Sonorense de Historia, a fin de que esta lo publique en las memorias. (Los derechos autorales corresponden al autor, así como la propiedad de la obra para otros fines).

Portal de internet: www.ssh.org.mx

Correo electrónico: sshac2010@gmail.com

Hermosillo, Sonora, a junio de 2010

ATENTAMENTE

EL COMITÉ ORGANIZADOR


 

LA REVOLUCION DE INDEPENDENCIA EN SONORA

Francisco R. Almada

Don Miguel Hidalgo a su llegada a Guadalajara, influenciado por Fray Francisco Parra, ratificó la autorización para que Don José María González Hermosillo revolucionara el noroeste, principalmente las Provincias de Sonora y Sinaloa, dándole el grado de Teniente Coronel. Salió de Guadalajara el 1o. de Diciembre de 1810. Mientras González Hermosillo avanzaba por territorio del actual Estado de Nayarit y se introducía a Sinaloa, el Gobernador Intendente de las Provincias, brigadier Alejo García Conde, lanzó a un manifiesto a los habitantes de su demarcación exhortándolos a la obediencia y a prepararse para resistir a los insurgentes.

Al mismo tiempo el Presbitero José Joaquín Calvo, Gobernador de la Mitra, giró una circular a todos los párrocos en la que condenaba la conducta del Cura Hidalgo y sus adictos, recomendando que cooperaran con las autoridades reales para mantener a los vecinos en Paz. García Conde mandó por delante a Villaescusa, siendo derrotado por González Hermosillo. Después de esta batalla Hidalgo otorgó ascenso a Coronel a González Hermosillo, quien siguió engrosando su columna, que ya contaba con cinco mil hombres mal armados.

Ocupó Concordia y el Puerto de Mazatlán, cuya guarnición se le incorporó. García Conde marchó al encuentro de González Hermosillo, con una columna formada por tropas presidiales, milicianos e indígenas auxiliares; derrotando a una partida de aborígenes que se habían levantado en la región de El Charay, y en la noche del 7 de enero de 1811 se aproximó a los insurgentes que estaban acampados en San Ignacio Piaxtla, derrotándolos otro día (8 de enero).

En este combate García Conde se apoyó en las secciones mandadas por los Capitanes Mariano de Urrea, José Hernández Loredo y Manuel Ignacio de Arvizu. Con la derrota de González Hermosillo la Paz volvió a las Provincias de Sinaloa y Sonora. En algunos pueblos de Sonora se organizaron manifestaciones de adhesión al Rey de España. Se reorganizaron las compañías de milicianos.

En el Real de la Cieneguilla, fue quemado el Cura Hidalgo en efigie, en ceremonia pública. Sin embargo la Paz no fue completa pues no faltaron inquietudes y en algunos pueblos se aprovechó esta situación para vengar agravios, acusando a enemigos personales de ser simpatizadores de los insurgentes. Los casos más notorios fueron las prisiones que sufrieron el Presbítero Juan N. Galle de la Misión de Tarachi; Don Felipe Paz en Ures; Don Antonio Arriola en Onavas. En mayo de 1814 fué aprendido Fray Agustin Chirlín, Misionero en Banámichi, encerrado en el Hospital y enviado a Durango bajo el cargo de traición.

Con motivo de la emboscada de Acatita de Baján en la que fueron aprendidos los principales caudillos de la Independencia, el Gobernador de la Mitra, Presbítero Don José Joaquín Calvo, dirigió a los Párrocos de la Provincia de Sonora la siguiente circular, con fecha 12 de abril de 1811 . “A las doce de la noche anterior se han recibido de oficio los felices avisos de que el 21 de marzo último las tropas de Coahuila que, seducidas por los engaños y embustes de los revoltosos se habían pasado a su partido, tuvieron la bizarra y heroica acción de hacer prisioneros y mantenerlos en Monclova al Rebelde Cura Hidalgo y Cabecillas, Allende, Aldama, Abasolo, Zapata, Jiménez, Lanzagorta, Aranda, Portugal, etc. etc.,

y de haberles cogido el tesoro que en oro, plata y reales ocupaban veinte atajos y resultando que tan agradables noticias trae copioso número de bienes a la religión, Rey y Patria, en que tanto se interesa el Estado eclesiástico, ha dispuesto S.A. llama, que en su nombre prevenga a V.M. y a los curas comprendidos en esta Vicaria, como lo ejecutó que de acuerdo con los respectivos Jueces Reales, lo festeje con misa cantada y Te Deum en acción de gracias al señor de los ejércitos que tan visiblemente ha protegido nuestras armas y asimismo que asentadas las presentes en el Archivo, la traslade V.M. al mismo efecto, para su cumplimiento a los Curatos de comprensión, para que puesta al pié la razón de su obedecimiento, se devuelva original a manos de V. M., quien deberá pasarlo a esta Superitendencia para la Secretaría de Cámara y Gobierno”.

El Obispo Fray Bernardo del Espíritu Santo, cooperando con el Gobierno Virreinal mando circular un Pastoral en mayo de 1818, la cual iba dirigida a los Curas Párrocos.

…”En las presentes circunstancias media la seguridad pública, la tranquilidad de los pueblos, la conservación de las vidas, el arreglo de las costumbres y la asistencia de la religión. Tal su misión y obediencia enseñada por Jesucristo y encargada repetidas veces en la divina escritura al legítimo soberano que lo es de todas las Américas el Señor Don Fernando VII; la concordia, la paz, unión de ánimos y de corazones bajo de unas mismas leyes eclesiásticas y civiles que forman una Nación, un pueblo, una religión, que los facciosos han turbado, profanado y roto con la apostasía más enconada”. Concluía el Obispo recomendando a los Párrocos que tomaran medidas para mantener en quietud a sus feligreses, obrando de acuerdo con las autoridades.

Dos brotes de rebeldía se registraron en jurisdicción del Estado. En 1819 se rebelaron los Opatas que servían en la Compañía de Indios Auxiliares de Bavispe, descontentos con el habilitado de la misma, siendo reprimidos con prontitud. En 1820 se sublevó un grupo de yaquis, quienes, llevaron la guerra a la región de Chinipas, siendo perseguidos y derrotados por el Subdelegado de Alamos.

Al proclamarse el Plan de Iguala, el primero en secundario fue el Teniente Coronel Fermín Tarbé, quien se encontraba con su destacamiento en Rosario (16 de julio de 1821). El 6 de septiembre de 1821, se juró la independencia en Arizpe, el Teniente Coronel Antonio Narbona. El Brigadier Cordero se negó a hacerlo, resignando el mando político en Don Ignacio Bustamante el Militar en el mismo Narbona, retirándose a la Ciudad de Chihuahua. Las nuevas autoridades giraron instrucciones para que se jurara la independencia en todos los pueblos en su demarcación.

En seguida llegó la orden del Comandante General de Provincias Internas de Occidente, concluyendo así la dominación española en estos territorios. Solo en el Mineral de la Cieneguilla y el Puerto de Guaymas se presentaron dificultades para verificar la proclamación de la Independencia.

En la Cieneguilla el Presidente del Ayuntamiento modificó fórmula del juramento que había sido enviada por la Comandancia, originando protestas de los regidores y de algunos vecinos; el Gobernador se dirigió a la autoridad militar, acabando ésta con el desacuerdo y obligando todos a someterse. En Guaymas, el Capitán Esteban el Presbítero Pedro Leyva, cura doctrinero de los pueblos del Río Yaqui, alegando el primero que no conocía El Plan de Iguala y el segundo, que no había recibido órdenes respectivas por conducto del Mitrado, se negaron a verificar la proclamación. Narbona personalmente se presentó en Guaymas y los obligó a someterse y la Independencia fue jurada.

El 29 de septiembre de 1821, el Obispo de Sonora y Sinaloa, Fray Bernardo del Espíritu Santo, giró instrucciones a los Párrocos para que no opusieran ningún, obstáculo a los actos de proclamación y jura del Plan de Iguala y que se pusieran de acuerdo con las autoridades civiles para que tuvieran mayor realce.
Dicc. de Historia… Fco. R. Almada.
Proporcionado por:
Prof. Armando Quijada.


COMPAÑÍA INDUSTRIAL DEL PACÍFICO, S.A.

COMPAÑÍA INDUSTRIAL DEL PACÍFICO, S.A.

Hace algunos años que me encontraba con la curiosidad de recordar acerca de “La Fábrica de los Ángeles”, por fin por esos azares de la vida, me cayó en las manos algo que me llenó de alegría; por fin tenía información de esa famosa y conocida fábrica de hilados y tejidos.
Instalada en la Comisaría de “Los Ángeles”, en la municipalidad de Horcasitas, Distrito de Ures, la Fábrica de hilados y tejidos más importante de toda la costa del Pacífico, distante de la “Estación Pesqueira” solamente unos cuantos kilómetros.

A través de los años ya habíamos escuchado hablar de la Fábrica, ponderando su importancia y magnitud, supusimos se trataba de una fábrica con algo de importancia pero no tanto.

La Fábrica contaba con un amplísimo edificio que por lo antiguo carecía de ventanas y conductos de ventilación, pero fuera de esto tenía un enorme atractivo:

“La casa grande” adjunta, situada en uno de los extremos de la Fábrica. Posiblemente el resto del Estado desconoció la importancia y magnitud que alcanzó esta fábrica.

COMPAÑÍA INDUSTRIAL DEL PACÍFICO, S.A.

Hace algunos años que me encontraba con la curiosidad de recordar acerca de “La Fábrica de los Ángeles”, por fin por esos azares de la vida, me cayó en las manos algo que me llenó de alegría; por fin tenía información de esa famosa y conocida fábrica de hilados y tejidos.

Instalada en la Comisaría de “Los Ángeles”, en la municipalidad de Horcasitas, Distrito de Ures, la Fábrica de hilados y tejidos más importante de toda la costa del Pacífico, distante de la “Estación Pesqueira” solamente unos cuantos kilómetros.

A través de los años ya habíamos escuchado hablar de la Fábrica, ponderando su importancia y magnitud, supusimos se trataba de una fábrica con algo de importancia pero no tanto. La Fábrica contaba con un amplísimo edificio que por lo antiguo carecía de ventanas y conductos de ventilación, pero fuera de esto tenía un enorme atractivo: “La casa grande” adjunta, situada en uno de los extremos de la Fábrica. Posiblemente el resto del Estado desconoció la importancia y magnitud que alcanzó esta fábrica.

Edificio de La Fábrica de los Ángeles y la Casa Grande

La Compañía Industrial del Pacífico, S.A., propietaria de la Fábrica, se organizó en el año de 1903 y desde esa fecha sus integrantes realizaron esfuerzos inauditos por sostenerla, la prueba es que trabajaron con continuas y largas interrupciones, pero siempre sacaron adelante el negocio dándole vida al pueblo, ya que era la única negociación que le daba vida.

Se invirtieron alrededor de un millón de pesos, su maquinaria fue de lo más moderno y que se fue renovando continuamente; toda la maquinaria se movía con fuerza hidráulica y un excelente “motor diesel” de petróleo (sic) mantenía en movimiento a 195 telares y 5,592 productores de hilaza. Ocupaba la Fábrica cerca de 200 operarios con un salario regular, recibiendo además toda clases de prestaciones de ley.

Maquinaria y Equipo en la Fábrica de los Ángeles

La Fábrica se encontraba integrada por conocidos industriales; entre otras personas estaban los señores Celedonio Corvera, quien fungía como Presidente; Luis Fuentevilla, Vicepresidente; don Delfín Ruibal como Gerente de la compañía, quien con su constancia y amplios conocimientos en el ramo, atiende con eficacia las más apremiantes exigencias de la Fábrica, siendo a la vez un hombre que se preocupaba grandemente por su desarrollo y prosperidad.
El Apoderado general de la Testamentaria fue el Sr. Don Ramón Maldonado, persona bien caracterizada y que también en Magdalena regenteaba algunos negocios administrativos y judiciales.

Los principales productos que elaboraba la Compañía Industrial del Pacífico, S.A., fueron: manta afelpada, vichi liso, mezclillas, kaki, rayados y lona. Su mercado principal lo estableció en la costa occidental de México y centro del país y, por la calidad de sus productos su mercado fue muy extenso.

Porque conozco la enorme inquietud que este lugar despierta en el recuerdo, de todos aquellos que después del incendio de la Fábrica, emigraron hasta esta capital en busca de mejores horizontes, con la esperanza de que pronto abriera sus puertas y empezara a trabajar Textiles Sonora, S.A.

Con el respeto que se merecen todos los habitantes de la antigua Fábrica de los Ángeles, con mucha amistad dedicamos estas líneas, que ojalá sirvan, para que cuando menos hagan evocaciones de su lugar de origen y de todos aquellos que se quedaron allá, allá cuando todo sonreía y todos vivían mejor.

Tomado de: Sonora Histórico y Descriptivo del Sr. Joaquín Morales A., año de 1926. Material proporcionado por el Sr. Don Manuel Gándara “Gandarita”, propietario de la Cantina “La Central”, ubicada en Abasolo #20 en esta ciudad de Hermosillo, Sonora.


ARISTEO SILVAS ANTÚNEZ AUTOR DE 4 MILPAS

Desde niño se aficionó a la música y llegó a convertirse en un virtuoso del piano, de la mandolina y de la guitarra.

Durante su estancia de estudiante en Guadalajara, que más que a estudiar se dedicó a la vida de diversión y de parranda, compuso algunas de sus canciones, ya que en la Perla Tapatía se inició como cantautor y en una de sus noches de farra interpretó su canción “Cuatro Milpas” , que fue fácilmente captada por alguien que conocía notación musical, sospechándose de uno de los grandes compositores musicales de la Ciudad de México, por aquel tiempo.

(La solución está en saber a quién compró la canción la compañía cinematográfica que dio vida y estructura a la película nacional “Las Cuatro Milpas”).
El caso es que su popularísima canción le fue plagiada en diversas ocasiones, lo que denota su gran calidad.

Mí abuelo y padre, don Alejandro García Antúnez, primo consanguíneo de la madre de Aristeo, me aseguró estar bien informado de la autoría de tal canción, lo mismo que algunas damas, amigas de mi madre, lo testimoniaron, ya que estuvieron presentes cuando Aristeo presentó públicamente sus canciones ante sus paisanos de Arivechi.

Pero si analizamos y comparamos los contenidos literarios de las Cuatro Milpas con los de Mundo Engañoso, otra de sus inmortales canciones, encontramos marcada similitud, en cuanto que Cuatro Milpas se queja de las pérdidas materiales que sufrió la Familia Silvas Antúnez durante el revuelto período revolucionario, y en Mundo Engañoso se lamenta de la pérdida de los valores morales de sus amistades, que ahora ya no les dispensan las consideraciones como cuando eran pudientes.

En mi niñez y por muchos años pude admirar la solariega y hermosa casona de los Silvas Antúnez, que constituía el lujo de la plazuela de nuestro Pueblo, como también traté a algunos de los descendientes de don Antonio, y todavía celebro disfrutar la amistad de su nieto Manuel Israel Silvas Peñuñuri.

La hermosa casa, la única de dos pisos en Arivechi y blanca como paloma, fue derribada para alojar ahí el edificio de la Escuela Primaria Superior Gabino Barreda, ilustre doctor y ministro de Instrucción Pública en tiempos de Juárez; ahí guarda todavía en su interior y en lo profundo del viejo pozo, los despojos de los revolucionarios arivechenses caídos en el desigual encuentro con los Colorados de Pascual Orozco, sacrificados por sus ideales maderistas el trágico primero de agosto de 1912.

Son algunas las composiciones musicales logradas por Aristeo, todas ellas de mucho sabor y arraigo popular, que van en seguro camino a la inmortalidad, como la propia Cuatro Milpas, Mundo Engañoso, el Venadito, El Amor del Tarachi, El Toro Viejo y otras que no conocemos como Adiós, Oh Madre y la Vida Infausta, habiendo, además, hecho arreglos musicales de la Higuerita y el Gandareño, que asociado con Antonio G. Urbina, de Sahuaripa, lograron rescatar y resucitar estas viejas canciones de tiempos del Imperio de Maxirniliano.

Aristeo se caracteriza, sin lugar a dudas, como un talentoso compositor que emiquece a la vera canción mexicana y como el gran cantautor de la Sierra Sonorense, por lo que merece nuestra honda gratitud por la belleza de sus canciones, como nuestra total admiración por su personalísimo arte.ie
Tomado de Bacacusia o la Flauta Nómada. Autor Manuel García Madrid. Abril 2003.


COMENTARIOS SOBRE EL CORRIDO DE OBREGON

COMENTARIO DEL LIC. GILBERTO SUAREZ ARVIZU

El corrido de Obregón es una obra maestra en su género, porque además de relatar con elocuencia, el hecho histórico que lo motivó, dá testimonio del valor, la inteligencia y la astucia del General Obregón. Sabia que los indios asaltarían el tren y al rehusarse a continuar el viaje por mar en Guaymas, como se lo propuso su amigo el General Manzo demostró valor indiscutible; corrió el riesgo junto con todos los pasajeros; pero éstos ignoraban la existencia del peligro.

Al ser detenido el tren en Vicam, Obregón acreditó su inteligencia y astucia al designar al conductor como su representante para que tratara con los indios, “que el tren siguiera adelante”’. Con esa conducta Obregón logró ganar tiempo, pues estaba humanamente seguro de que su amigo el General Manzo le mandaría un tren militar para que lo protegiera como sucedió en la realidad.

Demostrando su astucia y su inteligencia, cuando los indios le pidieron que viniera el pagador Rivera, Obregón, conociendo la vanidad de los yaquis les contestó: “es un asunto sencillo, pediré que le pongan un tren especial de Hermosillo”. Con ésto, se ganó el General la conducta de los yaquis, que indudablemente se sintieron muy satisfechos por la distinción para su pagador Rivera. Nunca habían soñado que le pusieran un tren especial a su pagador.

En resumen, no deseamos terminar éstas observaciones sin hacer notar la prueba de gran amistad que demostró el General Manzo acompañando a Obregón desde Nogales hasta Guaymas y proponiéndole en éste Puerto para salvarlo del peligro, que continuara por mar su viaje al sur.

COMENTARIO DEL DR. GASTON CANO AVILA

Si conversa uno, en plan de confianza, con los miembros de la tribu yaqui acerca de la personalidad del General Obregón, los que radican en la zona yaqui, consideran al caudillo de la Revolución Mexicana como un traidor y enemigo de la tribu; otro tanto dicen de los generales yaquis, que acompañaron a Obregón en la Revolución y después: Mori, Urbalejo , Amarillas y otros.

La versión que ellos dan es que la ciudad de Cajeme, hoy Ciudad Obregón, está fundada sobre territorio de la tribu, (y así es), en él se planeó una colonia militar para los oficiales yaquis veteranos de Revolución, a los que les iba a habilitar de todo por parte del Gobierno Federal, apadrinados por Obregón, pero los generales y otros oficiales obregonenses, después de que se les dotaron las tierras, las traspasaron a terceros, permitiendo así que se hiciera un centro de población por extraños en territorio exclusivo de la tribu; por eso consideran ellos a todos esos generales como “torocoyoris” y a Obregón su comandante; ésa es la falta de promesa de Obregón con respecto a las tierras que reclamaban los alzados que detuvieron el tren en Vicam en esa ocasión, creo yo.


EN EL CENTENARIO DE LA REVOLUCIÓN MEXICANA EN SONORA

LOS GOBIERNOS DE TRANSICION EN 1911
Por: Gilberto Escobosa Gámez

Al abandonar el poder el general Porfirio Díaz después de los tratados de Cd. Juárez se dejaron sentir en Sonora las repercusiones del triunfo de la revolución maderista haciendo de 1911 un año pletórico de sucesos dramáticos.

 A la caída del general Díaz ejercía la gubernatura provisionalmente don Alberto Cubillas ya que al elegido para el cargo, el general Luis E. Torres, le había sido otorgada una licencia por el Congreso Local Pues fungía entonces como Comandante de la Primera Zona Militar. Don Alberto Cubillas hizo entrega del cargo el 27 de Mayo de 1911 al Lic. Abelino Espinoza, quien permaneció en el puesto únicamente dos días, asumiendo la gubernatura al Lic. Francisco P. Morales quien a su vez, solo duró tres días en el cargo pues el lro. de Junio entregó el puesto al Ing. Eugenio Gayou pero este renunció el día 23 de Julio, siendo sustituido por don Carlos Randall quien finalmente terminó el 31 de Agosto de 1911 el período truncado del general Torres.

El Lic. Abelino Espinoza era originario de la ciudad de Monterrey, donde nació el año de 1878, y después de haber terminado sus estudios profesionales se estableció en Hermosillo como abogado postulante. También en esta ciudad contrajo matrimonio con la Srita. María L. Monteverde.

El segundo gobernador de transición, el Lic. Francisco de P. Morales, era sonorense de nacimiento; vio la primera luz en Ures. Dos años después de hacer entrega del gobierno al ingeniero Gayou, fue senador por el estado de Nuevo León en las cámaras federales reunidas por el usurpador Victoriano Huerta, y al caer este gobierno espurio el Lic. Morales regresó a la ciudad de su nacimiento.

El tercer substituto en el cuatrienio 1907-1911, el Ing. Eugenio Gayou, nació en el puerto de Guaymas el 16 de Octubre de 1857. Hizo la camera de ingeniero de minas en la Cd. de México. Murió en los Angeles, California, el 20 de Julio de 1912 y su cadáver fue sepultado en su tierra natal, a petición de él mismo.

El cuarto gobernador interino del cuatrienio en mención, don Carlos E. Randall, era también guaymense; su nacimiento ocurrió el año de 1862, de padre norteamericano y madre mexicana. Fue dos veces más gobernador interino y en tres ocasiones Tesorero General del Estado. El Sr. Randall se afilió al Partido Antirreeleccionista en 1910; fue Vocal de la Junta Revolucionaria de Nogales, Arizona, y al triunfo de la Revolución completó el nuevo triángulo político con los Sres. Maytorena y Gayou. A1 ocurrir el cuartelazo del general Huerta se incorporó nuevamente a la Revolución. A1 dividirse los revolucionarios en dos grupos antagónicos, el Sr. Randall se ubicó al lado de Villa-Maytorena, por lo que hubo de ir al exilio al triunfo del carrancismo; permaneciendo en Estados Unidos hasta 1920. A su regreso a la patria se le levantó el embargo de sus bienes. Fue también Tesorero Municipal de Guaymas y en 1929 perdió el empleo con el fracaso de la rebelión renovadora y ese mismo año, el 2 de Julio, falleció en Tucson, Arizona, a donde había ido a curarse. Sus restos fueron sepultados en su ciudad natal.

Don Luis E. Torres, antes de partir a Estados Unidos, había renunciado a la gubernatura y obtenido su baja del ejército. Se radicó en los Angeles, California, y algunas veces visitó su patria; pero no tomó parte en el cuartelazo de Huerta como hicieron otros militares del régimen pasado. Y digan lo que digan los detractores del general Torres, fue un hombre patriota y de honor, que hubo de trabajar en el exilio para su sostenimiento y de su esposa doña Amelia Monteverde, a quien dejó viuda el 9 de Septiembre de 1935 después de más de cincuenta años de vida matrimonial. A1 morir, el general Torres ya había cumplido noventa y un años de edad.

Es indudable que los personajes del pasado que significaron mucho para bien o para mal de sus pueblos, se convirtieron en sombras, en espectros, en nada, al transcurrir las décadas y los siglos. ¡El polvo del olvido les cubrió!. Sólo la historia, que no tiene ningún sentimiento ni su memoria muere, guarda sus nombres y tiene escrito sus hechos para que los hombres de la posteridad, en su afán de adquirir cultura, les juzguen fríamente, sin afecto ni odio.


DEBATE ABIERTO SOBRE PERSONAJES DE LA REVOLUCION MEXICANA

(Resumen de Armando Hopkins Durazo).
Propuesto y realizado en la sesión de la S. S. H. en Hermosillo, el día 6 de Diciembre de 1983
.

ARMANDO HOPKINS: En las publicaciones que se hicieron en los periódicos locales de los programas de festejos que se celebrarían con motivo del aniversario de la Revolución Mexicana aparecieron las efigies de Madero, Carranza, Villa y Zapata y en ningún caso se incluyeron las de Calles y Obregón.

Eso me hizo pensar en otros casos similares y considerar que es grave que en el propio estado natal de nuestros próceres revolucionarios no se les dé el lugar que les corresponde y que en cambio se exalten figuras no identificadas con el sentir sonorense, como por ejemplo, Villa.

Todo lo cual me dio la idea de que en esta reunión, para la cual no había programada la presentación de un trabajo, nos abocáramos a discutir sobre los personajes de la Revolución Mexicana y por ello, estamos invitando a un debate abierto que ahora se inicia y para el cual no hay mas reglas que las que la prudencia dicta en el use de la palabra.

NESTOR FIERROS: Yo no voy a hablar ni de Calles, ni Obregón, ni de Villa, ni de Zapata, sino que voy a hablar de un militar de la Revolución que es casi desconocido, me refiero al general Miguel Samaniego. Este nació en Bavispe, Sonora, el año de 1871. Fué, seminarista, pero al visitar su, pueblo natal en unas vacaciones se casó y poco después entró a la Revolución al lado del general Calles. Participó en la toma de Cd. Juárez y ya con el grado de Capitán se unió al entonces coronel Obregón. Formando parte en el ejército constitucionalista tomó la plaza de Moctezuma y combatió en Cabuyona y Paredes y vino a reforzar al general Flores a Hermosillo. En 1929 lo asesinó en Agua Prieta Felizardo Frías.

ARMANDO ESCALANTE: Severiano Talamante y sus hijos fueron los primeros maderistas en Sonora y creo que debería rendírseles el culto a que se hicieron merecedores.

NESTOR FIERROS: En el sitio de Sahuaripa los Talamante con 78 hombres se enfrentaron a tropas federales en número de 500.

ARMANDO QUIJADA: Es incuestionable que los Talamante tienen mérito histórico como precursores revolucionarios en Sonora. Pero aquellos movimientos maderistas fueron aislados y solo tuvieron relativa importancia regional. Como los Talamantes, también se distinguieron Juan G. Cabral, Juan Antonio García y otros. El núcleo más importante del maderismo en Sonora, lo encontramos en Guaymas, el cual sí tuvo cierta proyección nacional, siendo el jefe de este grupo José María Maytorena, que en algunos aspectos se parecía a Madero. En cambio la revolución constitucionalista, en Sonora se organizó, se institucionalizó. Sonora fue uno de los Estados que dió mayor contingente de revolucionarios, de revolucionarios de gran trayectoria, de mucha influencia, de allí su importancia en la Revolución Mexicana.

JUAN ANTONIO RUIBAL: Yo también he reflexionado sobre lo expuesto por Hopkins en relación a Calles y a Obregón. Tal parece que existiera una campaña orquestada para restarle importancia al papel que los sonorenses jugaron en la Revolución. A guisa de anécdota puedo relatarles lo que hace poco, en una entrevista que me hiciera un periodista norteamericano, la primera pregunta que me formuló, fué: ¿Porqué en ninguna denominación de los billetes del Banco de México hay efigies de Calles o de Obregón?, yo nunca me había percatado de ello, pero es cierto.

En varias ocasiones se ha intentado inscribir el nombre de Calles en la Cámara de Diputados, pero nunca ha progresado la iniciativa. Podría creerse en este caso que el peso de Cárdenas es todavía muy grande; el propio Aguilar Camín considera que los hombres de la Revolución que integraban el grupo Sonora tenían la mentalidad de “dealers” de las Vegas. Lo grave es que a las nuevas generaciones se les mantenga ignorantes de lo hecho por Calles y Obregón. La obra de Calles, por ejemplo, ha sido de gran trascendencia en el México moderno, fué fundador del Banco de México, del Banco de Crédito Agrícola, de la Comisión Nacional de Irrigaci6n. Obregón inició las bases de lo que sería después la Seguridad Social y creó la Secretaría de Educación Pública en la cual puso nada menos que a José Vasconcelos como titular.

RAMON ANGEL AMANTE: Yo creo que la Sociedad Sonorense de Historia debe insistir sobre la verdadera Revolución que no fué la maderista, sino la constitucionalista. Aunque Carranza fué el jefe de la revolución constitucionalista era un conservador y aquí en Hermosillo los sonorenses le instaron a que dijera lo que está inscrito en su monumento que está al frente de esta Casa de la Cultura. Quienes verdaderamente guiaron la Revolución Mexicana fueron los hombres de Sonora, Obregón, Calles, Benjamín Hill, Alverado, De la Huerta, etc. El general Elpídio Perdomo que fué mi compañero en el Senado y que participó activamente en la Revolución, me platicó que el problema que planteaba Zapata, Madero nunca lo pudo entender, y no lo podía entender porque Madero era gente de dinero y la gente rica no puede entender los sufrimientos de la gente pobre. Según me dijo Perdomo, Obregón entendió que lo que Zapata quería eran las tierras y se las entregó solucionando el problema.

FRANCISCO MANZO: Sin el grupo Sonora, Carranza con su ejército constitucionalista, nunca hubiera alcanzado el triunfo. Ahora bién, cuando triunfó la Revolución vino la identificación de necesidades de las diferentes regines del país. Había una gran diferencia en materia agraria en Chihuahua y Morelos, por ejemplo, todas estas diferencias que surgieron al identificar las necesidades de cada región dió lugar a las divisiones y luchas entre los revolucionarios.

ROMULO FELIX: Yo creo que la Revolución Mexicana la constituyen una serie de hechos que se fueron escalonando iniciándose con la rebelión maderista y culminando en el régimen institucionalizado de la Revolución.

GASTON CANO: La revolución constitucionalista no se opone en ninguna forma a la maderista, mas bien, es una secuela de la otra.

ROMULO FELIX: El vínculo entre los dos movimientos fué la muerte de Madero.

ARMANDO ESCALANTE: Yo considero que Pascual Orozco merece un pedestal de héroe, fué un hombre íntegro, sano y decente.

EPIFANIO ZAMORANO: El general Hill cuando era regidor en el Ayuntamiento de Huatabampo entró a la Revolución maderista y después fué constitucionalista.

ARMANDO QUIJADA: A nivel nacional, Zapata y Villa son mas populares que Obregón y Calles, porque aquellos surgieron del pueblo, del pueblo campesino que es el más pobre y abundante en nuestro país. Su carisma popular también se debe a que fueron asesinados y por lo tanto pasaron a la categoría de mártires. En cambio a Obregón y a Calles se les han imputado muchos crímenes. Sin embargo, tanto Obregón como Calles, en cuya obra administrativa encontramos mucha influencia del pensamiento político de De la Huerta, en realidad hicieron mucho más a favor de las causas sociales, que Zapata y Villa. Obregón y Calles institucionalizaron la Revolución. Se les ha criticado mucho como hombres violentos y fuertes, pero lo cierto es que el mismo Carranza fué mas allá de la Ley para evitar que Obregón llegara a le Presidencia de la República, lo cual todos sabemos le costó su propia vida.

HECTOR RODRIGUEZ: La Revolución Mexicana suele analizarse según la disciplina que se cultive. Por ejemplo, si es un agrónomo quien hace el comentario, tendrá que considerar la diferencia del problema de acaparamiento de la tierra en Sonora y en Morelos. Un economista enfocaría el modelo de producción. Si es un jurista, quizá se concrete al aspecto jurídico, o sea el cambio de una estructura constitucional por otra. Si se estudia históricamente y se considera que la historia es la ciencia de las ciencias, se llegará a la verdad histórica. En cuanto a la etapa constitucionalista de Carranza, valdría acotar que la instancia que Carranza envió a la convención era un proyecto más bien de reformas a la Constitución de 1857, y los artículos 27 y 123, que consagraban el verdadero proyecto social derivado de nuestra revolución, fueron el fruto de los debates del Constituyente de 1916.

ARMANDO HOPKINS: Fueron los hombres de Obregón los que propiciaron la modíficación del proyecto.

HECTOR RODRIGUEZ: Quizá el problema es que las revoluciones no pueden institucionalizarse antes de su minima consolidación. Creo que la razón de este debate fueron las palabras que Gerardo Cornejo dijo sobre Obregón y Calles en un programa de televisi6n en el sentido de que ellos le dieron un sesgo diferente a la Revolución.

ARMANDO HOPKINS: Lo dicho en ese programa de televisión vino a reforzar la idea expuesta al principio como la razón de este debate, ya que es importante arrojar luz sobre el tema y porque considero que es injusto que se les reste méritos a nuestros revolucionarios, especialmente aquí en Sonora, donde estamos obligados a honrarlos más. Yo personalmente creo que Obregón y Calles hicieron más por la Revolución y por el México que creó la Revolución, que Villa o Zapata. Estos últimos fueron indiscutiblemente héroes populares, pero el hecho de que Calles, Obregón y De la Huerta provinieran de familias mas acomodadas, en nada desmerece su acción en favor de las causas populares. Por otra parte, yo considero que una revolución no tendría objeto si no culminara en un régimen institucional, y como dijo Quijada, fueron los sonorenses quienes institucionalizaron la Revolución Mexicana.

HECTOR RODRIGUEZ: Yo creo que la verdad debe decirse aunque en algunos casos no concuerde con la opinión que popularmente se tiene formada sobre un personaje.

ARMANDO HOPKINS: Estoy de acuerdo en que se diga la verdad, ¿Pero qué verdad?. La tendencia a desconocer los méritos de los revolucionarios sonorenses está bien marcada entre los intelectuales que aplican la dialéctica marxista..

HECTOR RODRIGUEZ: No debemos juzgar científicamente nada ni a nadie a la luz del use de etiquetas …..

ARMANDO HOPKINS: No me refiero a la doctrina marxista, sino a la metodología marxista utilizada al analizar la Revolución Mexicana y en ese caso estarán diciendo “su verdad” pero no es la verdad.

HECTOR RODRIGUEZ: En todo caso, insisto, la condición de sonorense, aún en Sonora, no puede traducirse en impunidad parcial o total, en caso de que su actuación haya sido, a la corta o a la larga, de balance negativo en cualesquiera de los momentos históricos en que los sonorenses se han significado. Las revoluciones, o son universales – en tanto que liberan al hombre, donde quiera que viva -, o no son revoluciones. Finalmente, las revoluciones también deben juzgarse atendiendo a su desembocadura en el desarrollo social de los pueblos. Y en el caso de México, sin perjuicio de los notables avances logrados en lo social – y que debemos defender y consolidar -, no sería aventurado ni exagerado visualizar a nuestra revolución derivada, también, en una situación preocupante: Un País capitalista, pero descapitalizado; de una economía dolarizada, pero sin dólares; y una sociedad mayoritariamente consumista, pero con una cada vez más insuficiente capacidad de compra.

ROMULO FELIX: Para reconocer si la Revolución Mexicana fué socialmente buena lo único que hay que preguntarse es si la Constitución del 17 que fué la culminación de la lucha armada, fué o no fué un avance social en México.

FRANCISCO MANZO: Si no hubiera habido avance social nosotros los que hicimos estudios universitarios no los hubiéramos hecho o quizá los hubiéramos hecho en francés.

RAMON ANGEL AMANTE: En una ocasión un médico compañero en el senado, me preguntó que si yo era revolucionario y le contesté que a que revolución se refería; porque si se refiere a la Revolución Mexicana, sí soy revolucionario; pero si se refiere a otra Revolución como por ejemplo la rusa, no lo soy. La Revolución Mexicana plasmó muchas ideas de tipo social en la constitución del 17, por ejemplo, la seguridad social, que después el propio régimen revolucionario se ha encargado de realizarlas.

ARMANDO HOPKINS: Creo que todos estamos de acuerdo en que no es posible ignorar el genio militar de Obregón ni de que fué el triunfador indiscutible de la lucha armada: pero tampoco puede negarse que Calles es el gran hacedor del México moderno.

Con ésto y por razones de tiempo, damos por terminado el debate, pero antes de retirarnos quisiera pedirle a nuestro distinguido visitante y amigo, el Lic. Arístides Prats, nos diera su opinión sobre lo que aquí ha escuchado.

En use de la palabra el Lic. Prats felicitó a la Sociedad por promover este tipo de discusiones de las cuales solo puede generarse un buen entendimiento del gran movimiento que es la Revolución Mexicana. Por otra parte, – dijo las figuras de Obregón y Calles son nacionales, por lo que los sonorenses deben juzgarlos desde ese punto de vista. Obregón y Calles – insistió -, rebasaron las fronteras de Sonora y los sonorenses deben comprenderlo así.

Por último el Presidente dió las gracias a todos los que participaron en el Debate, prometiendo continuar con este tipo de eventos, imponiendo reglas y procedimientos para hacerlos cada vez mejor y mas interesantes.


Proponen crear rotonda de los hermosillenses ilustres

Con el objetivo de participar en las decisiones y políticas que se ejecuten en materia de cultura y turismo, el alcalde de Hermosillo, Javier Gándara Magaña, tomó protesta al Consejo Ciudadano del Instituto Municipal de Cultura, Arte y Turismo (Imcatur).

En la reunión, el titular de dicha paramunicial, Alberto Nevárez Grijalva, presentó el Plan Municipal de Cultura y Turismo 2010-2012, confeccionado con la participación de dicho consejo, integrado por personas de la sociedad civil comprometidas con el desarrollo de Hermosillo en ambos ámbitos.

En el consejo participan personas especializadas en diferentes áreas de la cultura y el turismo, como hoteleros, restauranteros, académicos, investigadores, artistas, promotores culturales y turísticos.

Son 11 consejeros liderados por José Eduardo Lemmen-Meyer González, hotelero; José Rómulo Félix Gastélum, historiador y director fundador del Instituto Sonorense de Cultura; Juan Antonio Ruibal Corella, historiador y exdirector del ISC; Martín Gándara Camou, hotelero; Joaquín Corella Vázquez, publicista y promotor cultural y turístico; Rabindranath Valdez Peralta, restaurantero y presidente de Canirac Sonora; Martha Alicia Mada Fraire, hotelera y presidenta de la Oficina de Convenciones y Visitantes de Hermosillo; Fernando López Moreno, artista plástico; Ignacio Lagarda Lagarda, historiador y presidente de la Sociedad Sonorense de Historia; Ausdiberto Fernando Aguilar Gil Samaniego, transportista y promotor turístico; y Olivia Bringas Alvarado, académica de la Universidad de Sonora especializada en turismo cultural.

Durante la toma de protesta se contó con la presencia de los regidores Lourdes Soria Rivera y Francisco Javier Figueroa Vidal, quienes encabezan las comisiones de Desarrollo Turístico y Educación y Cultura del Cabildo, respectivamente.

Por su parte, Gándara Magaña exhortó a los integrantes del Consejo a dedicarle tiempo a esta labor y trabajar junto con el Imcatur en los proyectos a futuro.

En su intervención, el director general de Imcatur presentó el Plan Municipal de Cultura y Turismo, donde los ejes rectores principales son: la planeación estratégica del turismo; la promoción y publicidad del sector; la competencia y el servicio en el rubro; el fomento al desarrollo de infraestructura y proyectos turísticos; fortalecimiento de las bibliotecas municipales; impulso a la creación y al talento de los autores locales; apoyo a las diversas manifestaciones de la cultura comunitaria; y a la eficiente comunicación social de las acciones en materia cultural.

El munícipe adelantó que se está trabajando en un proyecto de imagen urbana, para revitalizar espacios emblemáticos de la ciudad como el Jardín Juárez, las calles Matamoros y Serdán, el parque Madero, Blvd. Hidalgo, plaza Zaragoza y Cerro de la Campana, entre otros.

La idea es mejorar la imagen de la ciudad y convertir los espacios en lugares donde se puedan realizar actividades culturales, y de esta forma, evitar que terminen abandonados, destruidos o presa de actos vandálicos, explicó.

Durante la reunión, los consejeros hicieron varias propuestas, como la creación de una rotonda de personajes ilustres de la ciudad, un museo de Hermosillo, una plaza en honor a los fundadores de la ciudad, apoyo a las pequeñas y medianas empresas culturales, promover entre los paisanos residentes en Estados Unidos nuestro municipio, capacitar a los policías para atender a los turistas, reglamentar y sistematizar los logotipos y participar en campañas que se hagan para promover la entidad


EL FAMOSO DICCIONARIO DE ALMADA

Con motivo de festejar los doscientos años de la independencia de México y los cien años de la revolución mexicana, la Comisión Estatal para la Conmemoración del Bicentenario de la Independencia y Centenario de la Revolución Mexicana, que presidió el licenciado e historiador José Rómulo Félix Gastélum se dio a la tarea de organizar algunos eventos y de editar dos importantes libros para la historia de Sonora.

    I- El primero lo fue el Diccionario de Historia, Geografía y Biografía Sonorenses, más conocido como “Diccionario de Almada”, del historiador chihuahuense Francisco R. Almada, nacido en Chínipas el 4 de octubre de 1896, en su cuarta edición publicada en el año 2009 por el gobierno del estado, a través del Instituto Sonorense de Cultura, entonces dirigido por el doctor Fernando Tapia Grijalva, junto con el Colegio de Bachilleres de Sonora del también entonces director licenciado Bulmaro Pacheco Moreno, con el apoyo indiscutible del gobernador Eduardo Bours Castelo (2003-2009).

La segunda edición fue impresa en 1983, en el programa editorial del gobierno del culto doctor Samuel Ocaña García (1979-1985), bajo la batuta del licenciado Sergio Calderón Valdés. En ésta, la presentación estuvo a cargo del ingeniero Armando Hopkins Durazo, entonces presidente de la Sociedad Sonorense de Historia, A.C. Lleva pasta dura en color rojo vino con letras doradas en el lomo. Con 767 páginas e impreso en los talleres de Gráficos ErS, en México, D.F., sin número de tiraje. La primera edición de esta obra que ha sido por muchos años el libro de cabecera de todos los historiadores que investigan algún pasaje de la historia sonorense, fue publicada por el autor en 1952, en la ciudad de Chihuahua, Chihuahua, en la imprenta Ruiz Sandoval, bajo los auspicios del gobernador sonorense don Ignacio Soto (1949-1955), viniendo a llenar un hueco muy importante para todos los amantes de la historia o la investigación histórica.

El historiador Almada había publicado antes, en 1927, la primera edición de una obra igual pero para aquel estado vecino dividido sólo por la majestuosa Sierra Madre Occidental. Cabe decir que don Francisco R. Almada fue gobernador interino del Estado de Chihuahua en los años 1929 y 1930, falleciendo en aquella capital el 3 de junio de 1989. Esta primera edición es ya muy difícil de conseguir y menos en buen estado por su constante uso.

En el Catálogo de Publicaciones, 1979-1985, Gobierno del Estado de Sonora, que salió en agosto de ese último año, con textos escritos por el licenciado Carlos Moncada Ochoa y fotos de Guillermo “Memo” Moreno, leemos que: “pese a los métodos de investigación y las ventajas tecnológicas –grabadoras, fotocopias, microfilmes, archivos- que ahora se conocen, no estaban suficientemente desarrolladas a fines de los cuarentas, la obra de don Francisco Almada no ha sido superada”.

¿Qué podemos decir ahora que tenemos las computadoras, internet, fotocopiadoras de colores, cámaras digitales, teléfonos celulares y otros inventos, además de decenas de historiadores?

La tercera edición fue hecha en 1990 en el gobierno del ingeniero Rodolfo Félix Valdés (1985-1991) ambas con una biografía muy completa por Alfonso Escárcega, cronista de la ciudad de Chihuahua, entonces presidente de la Sociedad Chihuahuense de Estudios Históricos, A.C., llevando una presentación del nombrado licenciado Rómulo Félix, a la sazón director del Instituto Sonorense de Cultura. Esta fue publicada en pasta rústica o “blanda” con el mismo número de páginas que el anterior

pero en tamaño más reducido, con tiraje de tres mil ejemplares impresos en los talleres de Artes Gráficas y Editoriales Yescas, S.A., de Hermosillo; siendo la número 21 de la serie de libros publicados durante el mandato del gobernador Félix Valdés.

La cuarta edición a la que aludimos aquí, fue registrada con el número del sistema internacional de libros: ISBN 968-5755-39-6, impresa en FLEXOMEX, de Hermosillo, con un tiraje de mil ejemplares en pasta rústica; siendo sus medidas de 16.5 cm de ancho, 22.5 cm de alto y 4.5 centímetros de grosor, muy bien impreso y con 785 páginas. Esta obra presenta un estudio introductorio a la cuarta edición, con fotos, escrito por el coordinador general José Rómulo Félix Gastélum y con la misma biografía del autor Almada por Alfonso Escárcega. Pueden bajarlo en formato Pdf (en informática es archivo del sistema Acrobat Reader, tiene 120 MB) en su computadora, en www.bicentenariosonora.gob.mx de la Biblioteca Virtual de la Comisión Estatal nombrada al principio.

Parece que los de fuera del estado se interesan más por su historia, lo que es el caso también de don Julio Montané Martí, del Centro Sonora del INAH (Instituto Nacional de Antropología e Historia), chileno de nacimiento pero ya más sonorense que las tortillas de agua, que se dio a la tarea de escribir algunos diccionarios y elaborar el Diccionario Enciclopédico de Sonora, que no ha podido salir a luz por tanta burocracia.

II- El segundo libro para la conmemoración del bicentenario-centenario es el titulado Ocho mil kilómetros en campaña, escrito por el general Álvaro Obregón Salido, llamado también “el manco de Celaya” por haber perdido un brazo en la batalla en aquella ciudad, invicto triunfador de la revolución constitucionalista de 1913-1914 como jefe del 4° Batallón Irregular de Sonora y después del Cuerpo de Ejército del Noroeste, llegando a ser  presidente de la República Mexicana de 1920 a 1924. El general Obregón nació en la hacienda de Siquisiva, municipio de Navojoa, Sonora, el 19 de febrero de 1880 y falleció en la ciudad de México, D.F., en un atentado al reelegirse para la presidencia del país, el 17 de julio de 1928.


CELEBRAN CENTENARIO DE LA ESCUELA LEONA VICARIO (1910-2010)

El pasado 5 de febrero (2010), se celebró el Centenario de la Escuela “Leona Vicario” de Hermosillo, Sonora.

    En un acto en donde estuvieron presentes (y muy formales) todos sus alumnos, con sus caritas felices, estuvieron acompañados del personal docente de la institución, así como funcionarios (todos representando a los titulares de las instancias de gobierno) e invitados especiales.

El discurso central, estuvo a cargo del C. Carlos Lucero Aja, destacado historiador e investigador hermosillense, nieto del Profesor Heriberto Aja Olguín, quien fue el encargado del discurso oficial en la inauguración de la escuela el 5 de febrero del año 1910, además de ser nuestro colaborador con artículos que quedarán en nuestra historia sonorense. Felicidades.

DISCURSO DEL HISTORIADOR CARLOS LUCERO AJA:

Señores y Señoras, Jóvenes y Niños:

El tiempo pasa inexorable en la vida de los pueblos, pero algunas instituciones sobreviven a las vicisitudes de la existencia. El antiguo edificio construido por el Ingeniero Felipe Salido, que sigue albergando una escuela desde sus inicios, cumple hoy cien años. Hoy, el 5 de febrero pero de 1910, fue inaugurada la Escuela Leona Vicario por el gobernador de entonces, Don Alberto Cubillas, en honor a esa mujer ejemplar de la Independencia Nacional. Cien años se dice fácil pero es difícil vivirlos en paz y sin quebrantos.

  Al eminente profesor Heriberto Aja, mi abuelo materno, le tocó dar uno de los discursos en aquella memorable fecha, junto con las del orador oficial Don Manuel Quevedo y la señorita Jesús Olea, además de la vibrantes recitaciones de la profesora Trinidad Bonillas y de la niña Ernestina Caro; contando además con el discurso final improvisado del general Luís E. Torres.

Escrito en la época Porfiriana, escenario de cruentas batallas contra el indomable pueblo yaqui y el presagio inminente de la dolorosa e inevitable Revolución Mexicana, sus palabras se vierten en torrente de alabanzas a la escuela y al gobierno estatal, pero también con futuristas pensamientos de lo que debe ser la educación escolar y la redención del indígena en las aulas y no con las armas.

Del periódico “El Occidental” de aquel año centenario tomamos parte de su escrito: (cito)

“Entre los elementos constitutivos de la vida de los pueblos, hay dos que descuellan en primer término y son el áureo núcleo al derredor del cual gravitan todos los demás que forman el universo social: la escuela y el gobierno.”

“Unidos íntimamente y en perfecta armonía estos elementos primordiales, establecen el pedestal que sirve de base á las generaciones que radiantes y llenas de energías se encumbran á la cima de la felicidad y progreso donde las conduce la ambición noble y bendita de la perfección humana. La escuela y el gobierno son los cimientos sobre que se eleva el gran edificio social. Del equilibrio dinámico de ellos depende la solidez de ese edificio.  De la escuela se desprenden como saetas luminosas todos los principios que rigen á la sociedad en su vida de unión, adelanto y bienestar.”

“Los gobiernos comprendiendo la trascendental importancia de esta influencia, de esta unión entre ellos y la escuela, no escatiman medio alguno en procurar el engrandecimiento de ella reglamentando benéficas y sabias disposiciones para la buena marcha de la instrucción. Los gobiernos mejormente constituidos; las naciones que van á la cabeza de la civilización, son aquellos que más debidamente atienden sus escuelas.”(cierro la cita)

Hasta este año del 2010, por las aulas de esta escuela de primera enseñanza, en ininterrumpida marcha han pasado miles de alumnos, incluyendo mi madre, que bebieron el saber para cimentar su vida.  Primeramente creada como Escuela para Niñas, ya que la de Varones, construida donde antaño estuvo la Cárcel de Hermosillo, fue inaugurada un año antes en el edificio que todavía existe, pero desafortunadamente ya no como templo del saber. La Escuela Leona Vicario años después, al desaparecer esa escuela, daría cabida a los niños que vivían en sus alrededores para convertirse en escuela mixta.

El profesor Aja, en otra parte de su discurso nos dice qué había en este lugar antes de su construcción: (cito)

   “Aquí donde antaño la muchedumbre enardecida con la sangre derramada por la paciente bestia que los campos labra; aquí donde los destemplados y confusos gritos de la turba excitaban á luchar al hombre con la fiera; aquí donde para mengua del siglo llamado de las luces, se levantaba un coso taurino; aquí donde el pueblo retrocedía en sus fiestas á la época nefanda de Nerón; se yergue ahora este otro hermoso faro del saber!. Los gritos que ahora se escuchan son los de la bendita juventud que llega radiante, ávida de saber. Estos gritos son los heraldos que pregonan el brillante porvenir de nuestra patria.” (cierro la cita)

Se dice también, que antiguamente estuvo en este sitio el panteón de la ciudad y posteriormente un terreno donde se guardaban las carretas del servicio público, lo que hoy se conoce como “el corralón”.

De la parte final de su discurso entresacamos estos párrafos: (cito)

“¡Ya no será la sangre la que riegue los campos, si no el sudor de la frente que fertiliza y dora la espiga! ¡La moral triunfará sobre las balas! ¡La civilización triunfará de la barbarie! ¡Cuán grandiosa es la labor de la escuela y cuán meritoria la protección del gobierno! Los señores Gobernadores en su constante anhelo de mejorar la enseñanza, siempre han tendido su protectora mano á todo aquello que signifique adelanto. Seguid, adelante; levantad escuelas; difundid la enseñanza; ¡Educad á las masas y haréis grande esta patria soñada por Hidalgo que os bendice desde el cielo!” (cierro la cita)

Guadalupe Ortiz de la Peña, del periódico “El Comercio”, del Club Central Porfirista, con fecha del 12 de febrero de aquel año, escribió algunas de las frases que dijo el general Torres, sobre la importancia de la educación de la mujer: “que estaría llamada a ocupar un puesto distinguido en el seno de la sociedad, expresando además el concepto de que en Sonora, las mujeres son más inteligentes que los hombres”.

Actos como el aquí celebrado engrandecen las páginas de la educación, de la sociedad y de la historia. Sólo queda decir, como se dijo aquella vez: “¡Loor eterno á todos los que procuran difundir la sabia bendita de la instrucción!”. Muchas gracias.

Carlos Lucero Aja

Hermosillo, Sonora, México, 5 de febrero del 2010


LA PUSOLANA

Crónica de la ponencia presentada en el IX Simposio de Historia por el Sr. Pbro. Ernesto López Yezcas.

El P. Ernesto López Yezcas, reconocido historiador sonorense que radica ahora en Suaqui Grande, Sonora y es miembro fundador de nuestra Sociedad, presentó un interesante trabajo en el último Simposio de Historia de Sonora en relación al nombre “La Pusolana” con el cual fué denominado en algunos textos y libros antiguos el territorio del cual forma parte nuestra entidad.

Nos dice el P. López Yezcas que la primera cita del término es la que hace Don José Agustín Escudero en Noticias Estadísticas de Sonora y Sinaloa, en cuya página 9, dice “A esta parte de la República Mexicana según el Padre Alzate se llamó en el idioma de los aborígenes “Pusolona” (sic.).

La parte de la República a que se refiere la cita es Sonora y Sinaloa y el idioma aborigen pudiera ser cualquiera de los cinco grandes grupos que hablaban lenguas diferentes: los del grupo cahita, los pimas, los ópatas, los seris y los pápagos, sin tomar en cuenta las subdivisiones en las que también existían diferencias. Por ello pregunta el P. López Yezcas, ¿En el idioma de qué grupo tomo ese nombre? y se contesta: es una afirmación abstracta, genércia, carece de significado.

Otra mención del término la Otra mención del término la hace Don Laureano Clavo Berber quien en la página 20 de su “Nociones de Historia de Sonora – dice: “Lo único que ha llegado a saberse es que antes de la conquista, una basta extensión territorial delimitada al sur por el río Mocorito, enmarcada entre la sierra madre y el Golfo de California y que se prolongaba hacia el norte hasta las márgenes del río Gila, era conocida por los aborígenes con el nombre de “Pusolana” encontrándose habitada por innumerables núcleos de población nativa cuyas designaciones principales son apaches, pimas, pápagos, etc.” Esta cita, nos dice el P. López Yezcas en su trabajo, elimina ya la mayor parte del territorio sinaloense pero no ofrece ninguna razón para usar el nombre, ni fuente de donde lo obtuvo.

Enseguida se ocupa el ponente de lo dicho por Angel Bassols Batalla en “El Noroeste de México” (pág. 184) y cita: “Sonora se vió unificada poco antes del siglo XVI en una Confederación de Señoríos pimas, en el pié de monte; ópata en la Sierra Madre, y otros. A las tierras de Sonora (habitada por cahítas desde Guaymas al Sur) y parte de Sinaloa los indígenas les llamaban Pusolana y puede afirmarse que los grupos de Nayarit estaban en vías de organizarse con una estructura feudal a la llegada de los españoles y que en la costa central sonorense vivían colectividades semi-errantes junto a los mas evolucionados agricultores ópatas, cahítas y pimas”.

El Padre López Yezcas, sobre esta cita, nos dice lo siguiente: 1 .- El término Sonora no se usaba antes del siglo XIV. 2.- No existía tal confederación de señoríos. 3.- Se asombra de que nuestros investigadores y antropólogos nunca hayan descubierto las afirmaciones sobre nuestros indígenas contenidas en ese párrafo de Don Angel Bassols Batalla.

Después se refiere el ponente a lo dicho por eI Prof. Manuel Sandomingo en su “Historia de Sonora” y cita: “Al oeste del Canadá existen las islas de la Reina Carlota, que las habitan los indios haidas, divididos en 8 grupos que tienen dos nombres, el segundo de los cuales es lanas, skidai-lanas, yaku-lanas, etc. En tiempos prehistóricos algunos de ellos emigraron hacia el sur estableciéndose en tierras sonorenses, a cuyo país le llamaron Pusolanas, o sea gente de Puso o pueblo de Puso.

Hemos dedicado mucho tiempo, – dice Sandominqo, – para esclarecer este intrincado asunto y aún estamos dentro del oscuro laberinto sin poder salir de él. En cuanto a la palabra Puso, suponemos que es el nombre de la patria de donde procedían los lanas que vinieron a Sonora”.
Respecto a esta cita el P. López Yezcas afirma contundente en su ponencia: Esta opinión del Profesor Sandomingo no tiene la menor base porque los grupos indígenas sonorenses procedían del tronco lingüístico Taño Azteca, Grupo Pimano o sonorense, etc., mientras que los Haida corresponden al grupo Atapascano.

Después la ponencia transcribe lo que dice Horacio Sobarzo sobre la palabra Pusolana:
“Nombre indígena, según se dice, de la antigua provincia de Sinaloa que comprendía una porción del sur de Sonora. Expresan algunas informaciones históricas que esa denominación la reveló el Padre José Antonio Alzate, como designación indígena y primitiva de dichas provincias.

Mediante una curiosa coincidencia o no hay tal nombre indígena, mas bien parece que tal denominación fue usada por algún misionero que quizá encontró en dicha arena parecida a la puzolana..

. Las puzolanas son productos volcánicos que parece fueron explotados primeramente por los romanos, al decir de Vitrubio, y que deben su nombre a haberse beneficiado en un principio en las inmediaciones de Puzzoles.” por lo que el Padre López Yezcas tiene la seguridad de que “es una utopía; por el tiempo en que aparece, por el hombre a quien se atribuye y por otras circunstancias”, tiene la seguridad de que “es una utopía; por el tiempo en que aparece, por el hombre a quien se atribuye y por otras circunstancias”.

Nos dice que el primer autor que hace la cita es Don José Agustín Escudero, en “Noticias Estadísticas de Sonora y Sinaloa”, impreso en 1849, cincuenta años después de la muerte del Padre Alzate. Después la hacen suya Don Manuel Orozco y Berra en “Geografía de las Lenguas”, (1864). También Don Francisco del Paso y Troncoso en “Las Guerras con las Tribus Yaqui y Mayo”, (1905).

Parece que estos dos últimos copiaron el primero, pero después de ellos no todos los autores han aceptado la afirmación, porque lo primero que se nos ocurre -d ice el P. López Yezcas -, es cuándo y dónde el Padre Alzate dijo tal cosa.

Sigue la ponencia: “Los historiadores que pudieron hacer esa afirmación fueron el Padre Ribas, Francisco Vázquez de Coronado, Cabeza de Vaca, Fray Marcos de Niza, el autor de la crónica del primer encuentro de los españoles con los yaquis, Baltazar de Obregón, los primeros pobladores de Culiacán, pero ninguno de ellos dijo algo sobre La Pusolana”.

De la ponencia que mencionamos extraemos además los siguientes datos: El Padre Juan Antonio Alzate y Ramírez nació el año de 1729 en Ozumba y murió en la Cd. de México en 1799. Estudió en el Colegio de San Ildefonso ordenándose como sacerdote en 1756.
Dedicó su vida al estudio de las ciencias matemáticas, las naturales y la medicina y sociedades científicas internacionales reconocieron sus méritos incluyéndolo entre sus miembros y concediéndole condecoraciones.

Precursor del periodismo mexicano, inició en 1768 el “Diario Literario de México” que mas tarde cambió su nombre al de “Asuntos Varios sobre Ciencias y Artes”. En 1787 fundó una nueva revista científica bajo el título “Observaciones sobre la Física, Historia Natural y Artes Utiles” que dejó de imprimir al año siguiente para emprender la publicación de “Gacetas de Literatura” donde recoge el movimiento científico de su época en artículos astronómicos y meteorológicos, medicina, física, química e historia natural.

Entre todo lo que escribió y publico se cuenta “Breve Descripción de Sonora” publicada en “Diario Literario de México” el 8 de Abril de 1768. Como el título indica es una breve descripción y hace referencia a la historia de California por Venegas y de la primera edición de Apostólicos Afanes de la Compañía de Jesús en la Provincia de México de autor anónimo (Barcelona 1754, Ficha No. 447 de la Bibliografía sobre Sonora del propio Padre López Yezcas). Además comenta el descubrimiento de Las Planchas de Plata.

Como se ve el P. Alzate – dice Don Ernesto López Yezcas – no tuvo como afición la historia, ni la de la época colonial, ni la de los indios de los dominios españoles, ni la prehistoria. Ni en la breve descripción sobre Sonora ni en ningún otro artículo llega a mencionar algo sobre La Pusolana.
“En la Biblioteca Nacional”, – termina el documentado trabajo de Don Ernesto López Yezcas- “y en la Biblioteca del Museo de Chapultepec existen ejemplares de la segunda edición de las publicaciones de Alzate (4 tomos). Además se ha publicado un índice de todos sus artículos por lo que no es difícil revisar ese material.

El propio P. Alzate tiene impreso un Estudio Topográfico del Valle de México en que lógicamente se ocupa de las puzolanas, a las que también le llama tezontle, nos dice qué son, dónde las hay y qué aplicación se les daba en la ciudad de México. Y sabiendo lo que es, puede afirmarse que en Sonora, a lo largo y a lo ancho hay mucha puzolana; pero una cosa es tener mucha puzolana y otra es llamársele “puzolana”.

Magnífica ponencia. Nuestra sincera felicitación a su autor el P. Ernesto López Yezcas. (A. H. D.).


PROBLEMAS CON EL FERROCARRIL DE SONORA EN EL PUERTO DE GUAYMAS

La historia del ferrocarril, contada ya en algunas otras ocasiones, plantea siempre sorpresas interesantes que saltan como conejos de una chistera de magos a medida que más se le estudia a investiga. Este es el caso de la historia del Ferrocarril de Sonora.

Los ferrocarriles jugaron un papel tan importante en el desarrollo social mexicano que es difícil cuantificarlo; aceleraron la comunicación de los núcleos de poder regionales con los centros políticos y económicos de la república y el extranjero, en una época en donde el trato cara a cara entre las personas todavía conservaba su importancia tradicional en asuntos tanto políticos como económicos; fomentaron la migración interna en ambos sentidos, además, proporcionaron el único vehículo de importancia para la comunicación oral en una época de casi total analfabetismo.


El desarrollo de la red ferroviaria durante los 34 años de Paz Porfiriana se llevó a cabo rápidamente bajo la hegemonía del capital extranjero -principalmente norteamericano- en armonía con la penetración que éste hizo en la industria minera y metalúrgica. Con ésto los intereses locales se vieron beneficiados no solo por los ferrocarriles, sino también por el flujo de capital extranjero que los ferrocarriles contribuyeron a atraer hacia las actividades productivas a nivel local y por lo tanto en algunas ocasiones en competencia con ellas.

El Ferrocarril de Sonora es un claro ejemplo de ésto, en un período en que las concesiones se daban a particulares (1876-1880), a diferencia de los períodos anteriores cuando el Gobierno central, o los Gobiernos de los Estados, los realizaban. Los contratos más importantes de este período tendieron a dotar a México de vías internacionales, como fué el caso del Ferrocarril de Sonora con capital norteamericano. (1)

En ese tiempo el Congreso aceptaba la aprobación de las concesiones extranjeras para desarrollar el ferrocarril, pero rechazaba toda concesión que implicara el enlace de una vía férrea al sistema ferroviario de Estados Unidos, como era el caso del Ferrocarril de Sonora, el Contrato del 12 de Octubre de 1877 concedido a la Compañía norteamericana encabezada por los ingleses Robert R. Simon y Daniel Ferguson, fué rechazado. El argumento usado contra él fué un informe presentado al Secretario de Guerra por el Gral. Gaspar Sánchez Ochoa y divulgado por la prensa. Su punto de vista era que la construcción de un ferrocarril en Sonora para enlazar con líneas férreas de Estados Unidos, era peligroso a los intereses de la nación, mientras los Estados fronterizos no estuvieran unidos por ferrocarril con el Valle de México. “Esto sería este proyecto; si se construyera, equivaldría a la anexión de Sonora y Chihuahua a Estados Unidos.” (2)

Posteriormente, el 14 de Septiembre de 1880, la concesión del ferrocarril fué otorgada; no por el Congreso, sino por una Comisión Asesora integrada por el Gral. Porfirio Díaz, expresamente para dar solución a las solicitudes detenidas en el Congreso.

En aquel tiempo el Puerto de Guaymas vivía su época dorada; había logrado desarrollarse y convertirse en uno de los puertos más importantes de México. Era el Puerto de entrada y salida de las mercancías para Sonora y parte de Arizona. Por sus muelles salían los metales preciosos (oro y plata) y los productos agropecuarios y entraban las manufacturas traídas de Boston, Liverpool, San Francisco y Amsterdam. Esto posibilitaba el control del comercio y algunas otras actividades de la región relacionadas con éste, lo que hizo posible que algunos hombres de negocios porteños, formaran cuantiosas fortunas. (3)

Los primeros trabajos de la construcción del Ferrocarril de Sonora, se iniciaron el día 6 de Mayo de 1880, en el lugar conocido como Punta Arenas, Don Epifanio Zamorano dice: ” …. en aquel sitio se levantó la casa rendonda y otras instalaciones y se construyó un terraplén para unir a tierra firme a la isla de La Ardilla, donde fué construido un muelle por donde se desembarcarían los materiales requeridos para la construcción”. Es interesante hacer notar que este ferrocarril era por su construcción y características uno de los más modernos de México; ya que junto con el ferrocarril mexicano, Central, Tehuantepec, Progreso, Tehuacán e Internacional, eran de cantillón normal (vía ancha).

El establecimiento del muelle en la Isla de la Ardilla y la construcción de la vía rumbo a Hermosillo saliendo por el noroeste del Puerto, no fué bien visto por los porteños. Uno de los primeros brotes de descontento que se dió contra la Compañía es el suceso del que se da cuenta en el periódico “Alta” en California, el 23 de Septiembre de 1880, bajo el título “Exitación en Guaymas”, por el que el Ministro de Fomento de México pidió informes y aclaraciones al Gobierno del Estado de Sonora. El mencionado artículo periodístico que fuera reproducido posteriormente por el “Star” de Tucson, dice:

” ….que está reinando la mala inteligencia entre los americanos y mexicanos en aquel lugar”. Se quejan estos últimos ” ….de que la Compañía del Ferrocarril está emprendiendo sus trabajos sin que se haya aprobado una concesión; (se aprobó el 14 de Septiembre -JJG-) que la única disposición que ha dictado el Gobierno de México ha sido para que se admita libre de derechos por la aduana el material para el camino; que los empleados de la Compañía que están en Guaymas han establecido una ciudad llamada Nueva Guaymas, la cual dista dos millas de la antigua ciudad de ese nombre y han trazado calles bautizándolas con nombres de personajes americanos, tales como: Calle Morley (ingeniero de la Compañía -JJG-); Calle Simonds (apellido de un Director y un Vicepresidente de la Compañía -JJG-); Calle Willard (Cónsul americano -JJG-). Todo lo cual, dicen los mexicanos, no sólo es contrario a las leyes sino insultante de una manera especial a ellos y que en caso de llevarse a cabo el plano de la nueva ciudad, arruinará a la antigua Guaymas ya que todo el tráfico y comercio pasarán a la Nueva Guaymas.”

El Gobernador del Estado de Sonora, el General Luis E. Torres, contestaba al Secretario de Fomento del país, el 14 de Diciembre de 1881, defendiendo a la Compañía y planteando que es un grupo de personas no contratadas por el Ferrocarril quienes han sacado las notas del periódico (“El Monitor del Comercio”). Aclara también, que es imposible el establecimiento de la línea del ferrocarril en el centro de Guaymas, por último, menciona que:

” ….la generosidad de los comerciantes del Puerto de Guaymas, los propietarios, los artesanos y la gente trabajadora, se manifiesta perfectamente satisfecha de la empresa del ferrocarril, para lo cual le acompañó el original de un manifiesto de los comerciantes de Hermosillo, pronuciándose a favor del ferrocarril y en contra del periódico “El Monitor del Comercio”. (15)

El día 9 de Marzo de 1882, tres meses después de la contestación del Gobierno del Estado al Secretario de Fomento, los comerciantes, labradores e industriales, vecinos y residentes de la ciudad de Guaymas, mandan un ocurso al Secretario de Fomento en donde solicitan que los muelles, estaciones y almacenes de depósito para el use del Ferrocarril de Sonora se construyan en los suburbios de la actual población – entre ésta y la línea de Punta de Lastre – por las razones que exponen:

….según los trabajos emprendidos hasta ahora, la Compañía ha construido un muelle en la Isla Ardilla y un puente que comunica ésta con la Punta de Arenas, en donde se establecerán sus estaciones y depósitos. De la Punta de Arenas continuará la línea férrea rumbo a Hermosillo, desprendiéndose un ramal para el ferrocarril urbano que se dirigirá a esta ciudad; Según las necesidades de nuestra población, el muelle debe estar construido en el extremo sur de la Punta de Lastre y de este muelle debe partir la línea por el lado oeste hasta la garganta norte de la referida Punta, donde se construirán las estaciones y almacenes para mercancías de tránsito, continuando el ferrocarril hacia la Punta de Arenas para comunicarse con la línea ya establecida y desprendiéndose de la misma garganta en dirección al oeste otra línea férrea que terminará en el punto proyectando para la construcción de la aduana marítima y los almacenes para mercancía de depósito…–el lugar más conveniente a los legítimos intereses de esta localidad.” (6)

El Gobierno Federal ordena al Gobernador Carlos R. Ortíz se haga una investigación. Este cumple las diligencias respectivas yendo y viniendo al Puerto y tomando el parecer de los interesados. Manda su informe al Gobierno Federal, el cual es contestado el 12 de Julio de 1882 por el Ministro de Fomento y Colonización, desde la ciudad capital, le notifica la opinión del presidente respecto a su averiguación sobre el puerto del ferrocarril en Guaymas y le escribe lo siguiente:

” ….el mismo Primer Magistrado (en ese tiempo Gral. Manuel González) ha tenido a bien aprobar que la estación del ferrocarril quede en el lugar en que se convino… se respete el establecimiento allí de la aduana marítima, muelle fiscal y almacenes, como desean el Ayuntamiento y vecinos de Guaymas. Ha acordado asimismo el Presidente se den a ustedes las gracias como es honroso verificarlo”. (7)

Nuevamente los habitantes de Guaymas, con fecha 13 de Julio de 1882, mandan una carta al Secretario de Fomento pidiéndole se ordene de nuevo a la empresa la pronta construcción de la estación principal, punto de partida del Ferrocarril de Sonora, en la garganta de Punta de Lastre, por los graves perjuicios que reciben con la demora. (8)

El 2 de Agosto del mismo año, el Secretario de Fomento (Don Carlos Pacheco) escribió al Gobernador de Sonora pidiéndole que sin pérdida de tiempo se procediera a establecer dicha estación en el Puerto de Guaymas. (9)

Como se aprecia, la población porteña siempre luchó contra todo aquello que se opusiera a los intereses de su ciudad; ya sea por decisión de la Compañía del Ferrocarril de Sonora, del Gobierno de la Federación o Estatal, protestando una y otra vez por lo que consideraban les afectaba.

Ya para el año de 1885 se habían, dejado sentir los efectos de la fiebre amarilla sobre el Estado y sobre Guaymas en particular. Es por esto muy significativo el ocurso que mandaron a la Secretaría de Fomento ese año, reclamando por otras medidas que intentaban tomar la Compañía ferrocarrilera y que no iba de acuerdo con los intereses de la población. El problema se inició por una petición que hiciera el 25 de Octubre de 1885 el representante de la compañía en la ciudad de México, Sr. Sebastián Camacho, al Secretario de Estado y del Despacho de Fomento, en donde planteaba que:

….nuevamente, según es notorio, el Puerto de Guaymas está siendo víctima de los estragos de la fiebre amarilla… en donde la Compañía… tiene a su domicilio principal… Durante los tres año anteriores en que ha reinado la epidemia, ha sido imposible retener a los empleados en las Oficinas Generales así como el suficiente número de trabajadores para los talleres; siendo por consecuencia sumamente difícil atender como se debe los asuntos de las oficinas, así como mantener en buen estado de servicio todo el material rodante… el período de la fiebre… no disminuye desde que empezó, hace un mes, de modo que no es posible prever el día o época en que pueda contar con artesanos para atender a las reparaciones que son más urgentes.

Ante tales circunstancias, Señor Ministro, suplico a usted se sirva dar su autorización a esta Compañía para que se modifique lo dispuesto en el artículo No. 1 del contrato del 14 de Septiembre de 1810 y que pueda establecer su domicilio principal en Nogales, trasladando a este punto las Oficinas y Talleres” (10)

Quien sabe porque conductos se haya enterado en la ciudad de Guaymas de la petición de Sebastían Camacho; pero para el 29 de Octubre; del mismo año, los comerciantes, hacendados, agricultores, marinos, industriales y demás propietarios vecinos y residentes de la ciudad y Puerto de Guaymas, envían un ocurso al Secretario de Fomento en el cual expondrán las muy poderosas razones por las cuales no debería concedérsele a la Compañía lo solicitado. Ellos ven que:

….graves, muy graves serían los perjuicios que semejante determinación nos causarían, ya para ejercitar en juicio nuestras acciones llegado el caso; ya para expeditar el despacho y arreglo de nuestras transacciones mercantiles, o ya en fin, las que representarían nuestras propiedades cuya decadencia sería el efecto necesario de ese cambio que no produciría, por otra parte, sino el engrandecimiento de la población americana de Nogales en donde la Compañía tiene ya designados amplios terrenos para establecer sus oficinas y fábricas para construir toda clase de herramientas”. (11)

Contra la argumentación de la Compañía del temor de haberse estacionado en el Puerto la fiebre amarilla los habitantes de Guaymas alegan que es transitoria (solamente ese año se registraron 241 defunciones) (12) y que no existe la posibilidad de que vuelva el año entrante, como efectivamente ocurrió.

En respuesta a José M. Maytorena – como cabeza firmante- la Secretaría contestó con fecha 10 de Noviembre de 1885 que:
….por acuerdo del Presidente de la República digo a usted que atendiendo a las causas que expuso la misma Compañía, se le ha permitido que por dos meses pase – nada más las oficinas- no a Nogales, sino a otro punto que esté en territorio exclusivamente mexicano y sin que éste permiso implique alteración ni modificación alguna en las estipulaciones de la Ley de concesiones relativa.” (13)

Estos hechos, junto con los del año de 1880 – aunque separados en el tiempo -, representan una misma situación: la defensa de la gente de Guaymas de los intereses de su ciudad. Si bien es cierto, como expresa el Cónsul Norteamericano en Guaymas, Alexander Willard: … el ferrocarril marca una de las más importantes épocas de la historia del Estado de Sonora, conecta el Puerto de Guaymas con los puertos del litoral Atlántico con el Golfo de California; uniendo los dos países con rieles de acero y proveyendo rápida comunicación al Estado de Sonora con los centros comerciales de Estados Unidos”; (14) esto para el puerto de Guaymas representó una prosperidad relativa y una decadencia absoluta, como el principal Puerto de entrada y salida de mercancías de los Estados de Sonora y Arizona, y que lo expresan muy bien en el ocurso de 1885 cuando se refieren al crecimiento de Nogales Arizona. Ya que tanto esta ciudad como la mexicana se convertirán en las principales puertas de entrada y salida de mercancías de la zona. Este fenómeno lo tienen muy claro los habitantes de Guaymas, ya que para ese año está ante sus ojos el explosivo crecimiento de las ciudades de Nogales.

Otro fenómeno que representan estos hechos es que la actitud de los gobiernos que favorecen el capital extranjero por sobre el nacional, producirá protestas y descontento desarrollando un fuerte nacionalismo entre los porteños, (14) los cuales protestan contra aquello que consideran injusto. Por eso consideramos muy sintomático que el segundo ocurso – el del año de 1885 lo encabeza José María Maytorena, padre de quien fuera gobernador del Estado, y que la contestación sea dirigida a él, siendo cabeza de los grupos políticos disidente de la región.

Todas estas situaciones y algunas otras más, como escribíamos al principio, nos salen y no saltan al paso como conejos entre más nos asomamos a ver ese sombrero de mago que es la historia. Explicándonos también con estos hechos, el ambiente que va conformando los antecedentes de la revolución de 1910.

NOTAS

1.- Calderón, Francisco R. “El Porfiriato, vida económica”. Los Ferrocarriles, Historia Moderna de México, México, Ed. Hermes, 1974, Pág. 503.
2.- Ob. cit. pág. 505.
3.- Mora, Gregorio. “Los Comerciantes de Guaymas y el desarrollo económico de Sonora 1825-1910”. Ponencia que forma parte de una tesis doctoral sobre los comerciantes de Sonora. Memoria del VIII Simposio de Historia y Arqueología de Sonora. Hillo., Son., UNISON 11 de Nov., 1982.
4.- A. H. E. S. Ferrocarril de Sonora, Exp. 442. Aparece también Boyd Consuelo Twenty years to Nogales. The Journal of Arizona. Pág. 308.
5.- A. H. E. S. Ferrocarril de Sonora. Exp. 442.
6.- A. G. N. S. C. 0. P. Ferrocarril de Sonora 6/49-1 . Foja 34.
7.- A. H. E. S. Ferrocarril Sonora. 442 “872”.
8.- A. H. E. S. Ferrocarril Sonora. 442 “872”.
9.- Ob. cit. ,
10.- A. G. N. Ferrocarril Sonora. 6/73-1. Foja 34.
11.- A. G. N. Ferrocarril Sonora. 6/73-1. Foja 39-39A.
12.- Almada, Francisco, “Diccionario de Historia, Geografía y Bibliografía Sonorenses.” Chihuahua, Impresora Ruiz Sandoval, 1952.
13.- A. G. N. Ferrocarril Sonora. 6/73-1. Foja 42.
14.- Cónsul Willard de Estados Unidos. Despachos consulares de Estados Unidos. Guaymas, 26 de Octubre de 1882. Tomada de Mora, Gregorio, Ob. cit. p. 24.


CAMBIA DE DIRECTIVA LA SOCIEDAD SONORENSE DE HISTORIA

La Sociedad Sonorense de Historia elevará su trabajo de investigación y reflexión de la historia regional, en el marco de las conmemoraciones del bicentenario y centenario de la independencia y revolución mexicana, expresó Ignacio Lagarda Lagarda, al asumir la Presidencia de la SSH para el período 2010-2012.

La noche del viernes pasado, en las instalaciones de la casa Uruchurtu, sede de la Sociedad Sonorense de Historia, el historiador y maestro manifestó que su visión de trabajo será enteramente horizontal, democrática e incluyente, en el que participen todos los asociados.

“Así, en este Consejo Directivo están los que, además de su pasión por la historia, nos ayudarán a transmitirle a la comunidad los resultados de nuestras investigaciones históricas”, dijo.

Fue el acalde de Hermosillo, Javier Gándara Magaña, acompañado por su esposa Marcela Fernández de Gándara, quien tomó protesta de rigor a la nueva planilla encabezada por Ignacio Lagarda Lagarda, Presidente; Joaquín Robles Linares, Vicepresidente; Antonio Obregón Luken, Secretario, Francisco Becerra, tesorero; Rafael Aguirre, Primer Vocal; Fernando López, Segundo Vocal; Carmen Alonso, Tercer Vocal; además, los comisionados Víctor Alcaráz, Sergio Galindo, Juan Jaime Sánchez, Francisco Manzo Javier Méndez, Pablo Soots y Jaime Almada.

Por su parte, Gándara Magaña convocó a la nueva directiva a trabajar conjuntamente para difundir la historia de Sonora y Hermosillo, entre la ciudadanía para su mejor conocimiento.
Hizo el llamado para hacer y lograr una sola historia de Hermosillo, que englobe los principales símbolos de esta ciudad capital. Además, invitó a la actual Presidencia a formar parte del Consejo Ciudadano del Instituto Municipal de Cultura y Turismo.

Añadió, que en su gobierno están muy motivados para impulsar todo lo relativo al arte, cultura, historia, bellas artes y turismo. Javier Gándara afirmó que hay mucho que conmemorar en el Bicentenario y Centenario de la Independencia y Revolución Mexicana, pues se ha avanzado mucho en la práctica democrática. “México ha evolucionado, por eso debemos festejar.”

Por su parte, Enrique Flores López, presidente saliente dio un breve informe de las actividades desarrolladas durante su periodo en la Sociedad Sonorense de Historia, conminó a la nueva directiva a dar seguimiento y continuidad a la difusión y divulgación de la historia sonorense. Además, recibió una placa de parte del maestro e historiador, Ignacio Lagarda como reconocimiento a su gestión.

Ignacio Lagarda, al asumir la Presidencia de la Sociedad Sonorense anunció, “nuestro objetivo es lograr elevar el nivel de reflexión acerca de nuestra historia regional, destacar y enaltecer nuestros valores culturales e históricos, reconocer y honrar a nuestros antepasados.”


El AHGES tienen 3 siglos de documentos

Tienen 3 siglos de documentos

En la Dirección General del Boletín Oficial y Archivo del Estado hay parte de la historia de Sonora

Más de 25 millones de documentos entre históricos y administrativos que datan de 1697 a la fecha, tiene en su poder la Dirección General de Boletín Oficial y Archivo del Estado.

La titular de la dependencia, Dolyza Galindo Delgado señaló que la papelería oficial tiene un peso superior a las siete toneladas y está en proceso de ser digitalizada para su consulta a través de Internet.
Alrededor de 22 millones de escritos pertenecen al acervo histórico de la entidad, incluyendo la consolidación del Estado de Sonora tras la separación de Sinaloa, cuando juntos conformaban el Estado de Occidente.

Y tres millones más, donde están registradas las acciones administrativas del Poder Ejecutivo y las legislativas realizadas desde el Congreso del Estado, explicó la directora general.
El Boletín Oficial antes de llevar este nombre como se estableció en 1915, se publicó bajo el nombre de Federalista y unos años después como El Rayo de Occidente, reseñó la funcionaria.
Los volúmenes que conserva la Dirección General son: Títulos Primordiales (1697- 1890); Educación (1836-1900); Indígenas (1772- 1920); Tierras (1808- 1910); Tesorería General del Estado (1880- 1950).

Así como: Minería (1809- 1905); Boletín Oficial (1856- 2010) y Notarías (1666- 1904), detalló Galindo Delgado durante el recorrido realizado a las instalaciones.

En peligro
“Se deben digitalizar los documentos cuanto antes”, advirtió la servidora pública, “porque en caso de un incendio no quedaría un solo respaldo de su existencia”.
Es lo más delicado, insistió, debido a que representa una responsabilidad inmensa y por ello se debe conformar el catálogo, clasificación, digitalización, al igual que la restauración de todo el material histórico.

“Se han resguardado hasta donde la infraestructura (del Archivo del Estado) lo permiten, aun cuando no son las adecuadas para su conservación”, reconoció.
Para un mejor resultado, informó, se logró un convenio con la Facultad de Historia de la Universidad de Sonora (Unison) para trabajar en conjunto en la digitalización de los textos existentes


El Levantamiento de Tetabiate y la Paz de 1897

En el  Yaqui surgió una nueva revolución encabezada por el Tetabiate, cabecilla no menos indómito ni menos temible que Cajeme. El Sr. General Luis E. Torres emprendió contra él vigorosa campaña que terminó con la paz de Ortiz celebrada el 15 de Mayo de 1897, y de la que nos vamos a ocupar con el detenimiento que merece.

Esa paz se debió principalmente a los esfuerzos y abnegación de los señores Gobernador Corral, Generales Luis E. Torres, Lorenzo Torres y Francisco Peinado, de recientes y sentidísimos fallecimientos, y si ella no fue definitiva,  débase no a falta de tino y consideraciones del Gobierno y los suyos, sino a que una vez mas, como siempre, ha demostrado el yaqui que pide la paz no por otra cosa que por impotencia y que esa bandera blanca con que se ha presentado y que le ha valido ayuda y perdones, felón y artero la desgarra en cuanto siente que las tranquilidades y beneficios de la paz han ahuyentado de su maldito ser la fatiga y la miseria. Pero hablemos ordenadamente de esa paz, de la que tantos bienes se esperan fundadamente y que nueva vez pisoteó traidor el sombrío yaqui.

Francisco Peinado

A un valiente subordinado del Sr. General Torres, a un noble caudillo toco iniciar y terminar las negociaciones, al entonces Coronel Peinado, justamente conceptuado como leal entre los leales, modelo de modestos, valiente como los que saben serlo, y por eso popular y generalmente querido, sin armas y exponiendo su pecho a las balas indígenas, se presentó en el campo de los  rebeldes a plantar entre ellos el estandarte blanco como símbolo de la magna obra en que tan interesadamente colaboraba con el pacificador  Sr. General Luis E. Torres.

El día 25 de Enero del año que hemos señalado fue celebrada la primera entrevista con el Jefe de la tribu rebelde Juan Maldonado, Tetabiate, quien a nombre de sus huestes ofrecía al Gobierno su sumisión a cambio del indulto y otras entrevistas fueron celebradas en las fechas que mas adelante citaremos, con el intermediario  señor Coronel Peinado y con el Jefe de la Zona señor General Torres.
La rendición y la firma del tratado de paz se había fijado para el día 15 en Tetacombiate, pero el Sr. General Torres, deseando que todo el que deseara pudiese presenciar otro acto tan solemne como imponente, arregló que la ceremonia fuese celebrada en la Estación Ortiz, a donde previamente fueron enviadas las siguientes tropas: Cincuenta hombres del 12° Batallón al mando del Capitán  2°. Sr. Juan B. Ulloa, cincuenta hombres del 11° Batallón al mando del Capitán  2° Don Juan G. Castillo. Durante varios días estuvieron pasando diversas partidas armadas por Ortiz con dirección a Tetacombiate, siendo la mas importante una de 150 indios perfectamente armados y municionados y que fueron a alojarse el día 14 al Cuartel del 5° Regimiento en La Misa. En aquel sitio les fueron distribuidas provisiones y vestidos para ellos y sesenta familias que los acompañaban.

Juan Maldonado “Tetabiate”

 

La víspera del acto llegó el Sr. General Torres en tren especial  a las 4 de la tarde a la Estación Ortiz, saliendo enseguida para el campamento de los indígenas acompañado del Sr. Coronel Peinado después de haber dictado sus últimas decisiones.

Desde la víspera del día comenzaron a llegar personas de todos los ranchos cercanos y de las poblaciones  a lo largo de la línea del ferrocarril. Para el acto se hizo instruir en  la espaciosa plazoleta de la localidad una vistosa plataforma de madera perfectamente engalanada con bandas tricolores, al frente un buen retrato del Sr. Presidente de la República, a la derecha una tribuna y a la derecha e izquierda hileras de sillas para las familias.

La mayor  parte de las casas fueron vistosamente engañadas con ramaje, farolillos, banderas, etc., como a 200 metros al S. O. de la plataforma fueron construidos dos extensos ramadores como de treinta metros de largo por quince de ancho para campamento de los indios, y una ramada pequeña debajo de la cual se veían cuatro enormes cazos de cobre destinados  al guacabaque de los indios.

Aparte de la numerosa concurrencia que había desde la víspera, en el tren ordinario del día 15 que salió a Ortiz, minutos antes de las doce llegaron en unión de los Poderes del Estado mas de 200 personas entre ellas muchos extranjeros y algunas señoras.  Se notaba a todos con entusiasmo e interés justificados por  las circunstancias. Minutos antes de las tres de la tarde se hizo una gran polvareda por el camino que conduce a La Misa, y se vio al inmenso genero  que poblaba la Estación Ortiz correr a  colocarse en los mejores sitios para presenciar la entrada de los rebeldes.  Un alférez ayudante a todo galope llegó a pedir permiso al Sr. General, que oportunamente había regresado del campamento enemigo, para que entrara a fuerza.  Concedido este, en breves momentos se vio aparecer la cabeza  de la columna: A descubierta venían como exploradores cinco dragones del 5° Regimiento a paso de marcha a 20 metros de distancia, la columna en  primer término el Coronel Peinado vestido de charro y montando un hermoso caballo  colorado, a su derecha Juan Maldonado Tetabiate, Jefe de los rebeldes.  El caudillo indígena era de mediano estatura, de complexión robusta,  frente un tanto despejada, ojos negros, hundidos y muy brillantes, nariz aguileña, bigote y piocha entrecanos  y tenía en esa época 42 años, montaba un caballo colorado que le fue obsequiado por el comerciante Guaymas, y vestía sombrero aplomado jaranda, pantalón de casimir del País color claro, zapatos corrientes, en la cintura portaba una pistola de puño de concha calibre 44. En la misma línea venían los capitanes rebeldes Julián Espinosa, secretario de Tetabiate, Loreto Villa y Felipe Valenzuela, su segundo en Jefe. A continuación el 5° Regimiento.

Julián Espinosa

Seguía la columna compuesta de 394 yaquis,  vestidos de algodón azul y sombrero de petate, de los cuales 213 venían armados de rifles Remingthon de infantería, carabinas antiguas de caballería de un tiro, de flechas y  dos o tres carabinas viejas de cámara de metal amarillo, cada uno portaba dos cananas de cien tiros, cuchillo a la cintura, hules, porrones y caramañolas para el agua, y en las manos desarmada llevaban una varilla de jara.  Entraron con el arma terciada, formados en columna y marchando al son de  un tamboril que redoblaba un indio y al  de los marciales sones de la música y banda del 5° Regimiento que batían marcha.  A la cabeza de la columna yaqui, un  joven portaba una bandera de seda blanca con dos guías de la misma tela y fleco de oro, en cuyo centro se veía esta divisa:  ¡Viva la paz del yaqui! 25 de Enero, 25 de Febrero, 26 de Marzo, 26 de Abril  y 8 de Mayo de 1897, fechas  todas que señalan las diversas etapas de la pacificación.  La  formación y marcha de los indios era correcta y disciplinada.  En esa época la tribu yaqui, a su modo formaba un ejército, no como ahora, que constituye una abominable serie de cuadrillas de ladrones.

Por último, cerrando la columna iban hasta 20 individuos a caballo que eran autoridades de los pueblos del yaqui, guías y capitancillos de los indios. Al llegar a la altura del grupo formado por el Sr. General Don Luis E. Torres y demás Jefes, Gobernador, Vice_Gobernador del Estado y otras personas que lo acompañaban, saludó el Sr. Coronel Peinado y a indicación suya Tetabiate quitándose su sombrero. Llegados a los ramadones, hicieron alto permaneciendo a caballo el Jefe rebelde y los capitancillos.  Se dividió la columna en dos cuadros y mandaron formar pabellones sentándose los indios a descansar y estableciendo sus centinelas.

El sol ardía calentando los tostados y ennegrecidos rostros de los rebeldes, un polco sutil  levantado por el viento caliente que soplaba los envolvía como en un velo; el cielo enteramente limpio y lOs acordes bélicos de la banda del 5° Regimiento impresionaron vivamente a la multitud, que presenciaba el  desfile de los rebeldes.  El Sr. General Torres igualmente impresionado, se arrojó con viva efusión en los brazos del aguerrido e incansable General Don Lorenzo Torres.  El cerebro que piensa, el brazo que ejecuta  y los dos corazones embargados por la misma emoción se fundían en uno solo. Vivas y aclamos por los Generales Torres y Coronel….sonaron en el espacio y la multitud se deseminó por todas partes yendo los mas a ver de cerca de los indios.

Al llegar la columna al Rancho del Echo, un fayuquero disparó unos balazos entusiasmado sin duda. Los indios, recelosos y desconfiados, volvieron la cara temiendo una traición y entonces el Sr. Coronel Peinado mandó hacer alto, aprehender al alborotador y fusilarlo.  Tetabiate interpuso su influencia y el fayuquero fue perdonado.  Había orden estricta de no disparar ni aún cohetes. Daremos algunos detalles importantes:

El caudillo rebelde Tetabiate fue el último miembro varón de una familia de guerreros indios.  Su padre se llamó Luis Maldonado, quien tuvo tres hijos, Luciano, Juan y Manuel, los dos primeros fallecieron en la guerra; Luciano denunciado por un ranchero  fue colgado. Entonces se levantó  en armas Manuel adquiriendo desde luego gran prestigio entre su tribu por su abolengo de harnero rico, por su valor temerario por su astucia diabólica y por su energía feroz y salvaje. Juan Buitimea fue un indio que el Coronel Peinado curó de sus heridas y lo tomó a su servicio tratándolo con tanta bondad que al curarse no quiso separarse ya de su salvador. La gratitud del indio habilísimamente explotada por el Coronel, fue el primer paso para llegar a la razón obscura del Jefe rebelde;  fue  el primer emisario  que llevó a los campamentos enemigos la semilla de oliva enviada para fructificar andando el tiempo. Después llegó en Noviembre del año anterior a la pacificación el misionero Presbítero Don Fernando M. Beltrán,  ampliamente recomendado al señor General Torres por el señor Presidente de la República, logrando ponerse al habla con los indios por mediaciones de Hilario Amarillas, indio del Médano.

Al principio los rebeldes recibieron las exhortaciones del Sr. Cura Beltrán con la natural desconfianza y recelo de su carácter, llegando  hasta a dirigirse a la Mitra de Sonora inquiriendo el carácter y origen del referido misionero.  Sus sermones, sus consejos, sus pláticas llenas de unción y caridad evangélicas, iban abriendo  en el cerrado corazón del indio desconocidos horizontes de luz y de consuelo en su vida nómada llena de tribulaciones.

El Sr. Gral. Torres y el Sr. Coronel Peinado seguían  aguzando todo su ingenio para infundir confianza en aquellos despechados, hasta que vino a lograrse que ellos mismos solicitaran la paz a cambio de todas las garantías que con prodigalidad se les dispensaron. A las seis de la tarde del día que nos ocupa sonó el tambor de los indios, se armaron y recibieron cada uno una bandera blanca con la inscripción  Paz en letras azules.

En formación correcta y con sus jefes a la cabeza, Tetabiate, Julián Espinosa y Felipe Valenzuela recorrieron la plazuela hasta situarse frente a la plataforma que hemos descrito.  Sentados frente a la mesa estaban el Sr. General Luis E. Torres, a su derecha el General Lorenzo del mismo apellido, a la izquierda el Gobernador del Estado Sr. Don Ramón Corral, Vice-Gobernador Dr. P. Figueroa, Sr. Rafael Izábal y algunas otras personas.  En el ala izquierda y a continuación del Sr. General Don Lorenzo Torres, el Sr. Coronel Don Agustín G. Hernández, Jefe del 12° Batallón, el Sr. Coronel Don Francisco Peinado, Jefe del 5° Regimiento, el Sr. Coronel Don Alfonso Martínez, Jefe del 11° Batallón, el Sr. Coronel Ingenieros Don Ángel García y Peña, el Sr. Teniente Coronel Don Pascual Urías, 2° Jefe del 5° Regimiento y algunos otros Jefes y paisanos de la primera sociedad de Guaymas y Hermosillo; en ambos lados de la plataforma había hileras de sillas ocupadas por las familias que  concurrieron; frente a la mesa Tetabiate y sus dos secretarios Loreto Villa y Julián Espinosa y en la plazuela  un inmenso gentío ávido a presenciar en sus detalles la solemne ceremonia.

Loreto Villa

Al terminar el Himno Nacional tocado por la banda del 5° Regimiento y en medio del silencioso recogimiento de los presentes, dio lectura el Sr. Secretario del Estado Don Celedonio Ortiz a la siguiente acta:

República Mexicana – 1° Zona Militar.-  General en Jefe.

Acta levantada en la Estación Ortiz, del Distrito de Guaymas, Estado de Sonora, el día quince de Mayo de mil ochocientos noventa y siete, con el objeto que enseguida se expresa:

Juan Maldonado, Jefe de la Tribu Yaqui que ha estado en armas durante largo tiempo, reconoce la soberanía del Supremo Gobierno de la Nación y la del Estado y reconoce también  que es su deber someterse a la obediencia de las autoridades que de uno y otro emanan y por lo mismo se somete con todos sus compañeros de armas al Supremo Gobierno de la Nación representado aquí por el General Luis E. Torres, en Jefe de esta Zona Militar.

El General Luis E. Torres acepta en nombre del Gobierno la sumisión del Jefe Juan Maldonado y sus compañeros de armas y les ofrece en nombre del mismo Supremo Gobierno toda clase de garantías, la seguridad de que no serán violentados en su persona ni interesadas por motivo de la sublevación pasada, y en nombre del mismo Supremo Gobierno de la Federación les ofrece terrenos en el Río Yaqui  de los que están desocupados en los ejidos de los pueblos y destinados para los indígenas originarios del Río Yaqui.

Además, ofrece el C. General en Jefe obtener algunos recursos tanto del Supremo Gobierno Federal, como del Gobierno del Estado,  para proporcionarles algunos animales y provisiones a lo menos por dos meses  para ellos y sus familias, cuyos animales y provisiones se les distribuyan en los pueblos en que se radiquen.

Esta acta la firmará el Sr. Gobernador del Estado, algunos de sus empleados, y personas muy conocidas y de representación de Guaymas y Hermosillo, y se sacarán de ella cuatro copias, una de las cuales se entregará al Jefe Juan Maldonado para su resguardo y el de sus compañeros. Luis E. Torres. Ramón Corral. P. Figueroa. Juan Maldonado. José Loreto Villa, Julián Espinosa, Coronel Francisco Peinado, Lorenzo Torres, Coronel A. G. Hernández, Ángel García Peña, Coronel Alfonso Martínez A. Bustamante, Rafael Izábal, C. Besjaeger, Pedro Costa.  F. Montijo, Luis A. Martínez.  M. Denegri, J. Zenizo, F. M. Aguilar, J. A. Naugle. Teniente Coronel Miguel F. Hermosa. P. B. Chisem. V. Aguilar. Teniente Coronel Pascual Urías. Dámaso  Sánchez. L. W. Mix, Gustavo Torres, Leonardo Gámez, Fernando Aguilar, Gabriel Ortiz, H. Wolf. Ptro. Fernando María Beltrán, Allen T. Bird. Enrique P. Cortés, F. S. Pujol.   Horvilleur y  Save, José Espriu, A. D. Aiuslie, Enrique Monteverde, Jesús Cruz,  F. Verdugo, Fernando Méndez, E. Pelaez, Cap. 2° Luis de la Rosas, Cap. 1°. Joaquín Telles. Cap. 2° Juan B. Ulloa, Celedonio C. Ortiz. Cap. 1° Ayudante Agustín Martínez y otras muchas firmas.

Coronel Peinado estrechando la mano de “Tetabiate”

Estación Ortiz, Distrito de Guaymas, Sonora, 15 de Mayo de 1897

Terminada la lectura del anterior documento, el Jefe de la Zona preguntó a los cabecillas si estaban con el conformes, contestando afirmativamente los interpelados. A continuación fueron firmadas cuatro copias, una de las cuales fue entregada  a Tetabiate, otra al Sr. Coronel Peinado, otra al Sr. Gobernador del Estado y otra que conservó el Sr. General Don Luis E. Torres para enviarla al C. Presidente de la República. Al ponerse en manos del caudillo rebelde el documento trascrito, el Sr. General Torres le dijo:

Juan Maldonado:

Te entrego este sobre que contiene su indulto y el de tus subordinados, y te doy un abrazo en nombre del Supremo Gobierno en señal de conciliación y de olvido del pasado. Sentimos que no se conserve  íntegra- para publicarla la inspirada, elocuente y conmovedora improvisación del Sr. General Torres que, dicen, estuvo llena de fuego y de grandezas en aquellos solemnes momentos tan fácil  y traidoramente olvidados por los  indios.

Refieren los oyentes que las frases salían de sus labios sencillas y brillantes: habló de los sufrimientos, de la abnegación rara de sus compañeros de armas, hizo justicia a las preclaras virtudes del General Lorenzo Torres  a quien llamó su hermano, trajo a la recordación de los presentes las alarmas sentidas otros tiempos, el estancamiento del progreso en las comarcas del Yaqui, explicó la importancia que como factor principal en el trabajo tenían los indios en Sonora: tuvo  elogios y frases de agradecimiento para el Sr. Presidente de la República, y de esperanza y de conciliación  para los indios, y terminó vitoreando al primer Magistrado de la República, a la paz, y a los Jefes y tropas federales que hicieron la campaña.

A continuación el Sr. Corral con su claro talento y su fácil dicción dirigió una alocución a los presentes análoga a las circunstancias del momento y que desgraciadamente tampoco se conserva, para igualmente publicarla. Enseguida se procedió a la distribución entre los indios de un talego de dinero llevado expresamente con ese objeto, tocándole sesenta pesos a Maldonado y dos a cada uno de los indios.

Fueron subiendo a la plataforma uno por uno y recibiendo su gratificación de manos del Sr. Dr. Figueroa. Cuando el reparto terminó, el Sr. Coronel Peinado abordó la tribuna y con voz entrecortada por la emoción que lo embargaba, pronunció el siguiente discurso que le fue aplaudido con inusitado entusiasmo:

“En tan solemne acto, en ocasión tan grandiosa, no es posible que guarde silencio. Hechos que reúnan las  condiciones y detalles del que presenciamos son tan sublimes, tienen una fuerza dominadora tan absoluta, que se imprimen sobre la conciencia, sobre el corazón y sobre la inteligencia.

Por eso mi voz sed levanta, no para pronunciar frases de correcta estructura, sino para desbordar el sentimiento que se ha posesionado de mi ser, para colocar el laurel de triunfo que mi corazón y mi amistad dedican a todos  y a cada uno de los valientes, de los ameritados militares, que unos dirigiendo y otros ejecutando, han  prestado su contingente poderoso hasta llegar a este supremo momento en que una parte del listado se emancipa de la prolongada lucha, hasta este supremo momento en que es un hecho la  redención de una raza que entregará sus brazos al progreso del Estado.

Ahí tenéis al señor General D. Luis E. Torres, en Jefe de la Zona, con la  conciencia tranquila de un deber cumplidor, modesto, sin apariencia de su inteligencia, de su acto, de  su valor, de sus mil cualidades que  hay en el hombre abnegado, el hombre superior. Ahí tenéis al señor General D. Lorenzo Torres, 2° en Jefe revistiendo con carácter de humildad que enaltece sus nobles y grandes cualidades como militar y como miembro oficial, firme en sus energías; para él no hay descanso, no hay familia, la edad nada sigue, ni las enfermedades le preocupan.

Ahí tenéis a mis hermanos, a mis compañeros de armas, completando ese cuadro que la significación del valor, de la abnegación de la inteligencia, todos hechos al rudo combate engalanados sus pechos por la gratitud a nuestra Patria y los que hoy se cubren una vez de un nuevo galardón que es tanto mas glorioso cuando mas penosos les fue alcanzarlo.

Párrafo aparte es necesaria en elogio a las autoridades del Estado, que no han perdonado medio ni sacrificio para terminar la sangrienta lucha cuyos últimos detalles se pierden en lejanos horizontes, pero son tan conocidos sus esfuerzos que el criterio público los ha premiado ya. Y ahí tenéis, señores, a Juan Maldonado (a) Tetabiate), a sus guerreros, no sin armas porque no son hijos de un Estado abyecto, sino de un Estado de hombres libres;

ahí los tenéis, vencidos por las leyes del progreso y la civilización, ahí los tenéis, y ved que en todas las líneas de batalla ondea la enseña de la paz; sus corazones  están abiertos para dar y recibir amor, y que sus brazos dejarán el arma para empuñar el arado. Ahí los tenéis después de diez años de lucha; diez años en que no los hicieron cejar ni la muerte ni el hambre; guerreros heroicos  que en su ignorancia defendían algo que creían un ideal; algo que  jugaron un principio;

guerreros que acaban  por hacerse grandes  ante su nación, grandes ante el mundo por su tenaz resistencia pero frente a ellos aquí esta quien todo lo ha podido y a quien esto se debe, el señor General en jefe; aquí está quien  les ha ofrecido no solo el indulto sino elementos: el Gobierno del Estado y a Juan Maldonado, Tetabiate, no se le ha declarado rebelde sino hermano y ese hermano aquí se presenta, no como  ese esclavo con cadenas, ni entre filas; se presenta voluntariamente con sus yaquis armados y  nosotros así los recibimos, como una prueba de que tendemos los brazos a unos valientes, a  unos leales hijos del Estado que hoy para siempre, serán los defensores de esta paz que hoy reciban.

Ved esa gran enseña blanca que tiene una fecha: 25 de Enero; es la fecha en que él se prestó a los tratados; 25 de Febrero no estaba sometido y ofrecía garantía de vidas y plena seguridad en los caminos, 26 de Marzo, es la fecha de la primera entrevista con él en La Cieneguita; 29 de Abril es la fecha de la segunda entrevista en el Tetacombiate; 8 de Mayo, Tetabiate en ese mismo punto, sale a recibir al señor General en Jefe quien lo había citado y a quien se somete; y por último, 15 de Mayo, es la fecha gloriosa en que desaparece la última sombra de duda, la última nube de este cielo esplendente en que hoy se escribe  Paz.

No hago historia… ni me corresponde hacerla, pero tengo que decir que Maldonado ha cumplido hasta hoy religiosamente su palabra y cumple a nosotros ahora corresponder.  Tengo la satisfacción, al dar noticia de estos hechos, de ensalzar la pericia y discreción, la habilidad y talento con que el señor General en Jefe, su segundo y mis compañeros, han sabido obtener este resultado, el primero con su acertada dirección y los segundos con  su incansable actividad y valor.

Juzgad este hecho: es grandioso por su significación política y social, es grandioso por que encierra muchos sacrificios, muchos detalles que le dan colorido; es grandioso porque aquí han venido los guerreros armados a jurar la paz y esas armas que antes eran dirigidas contra el Estado, ahora las tiene en su apoyo; ahí tenéis a los guerreros del Yaqui; ahí tenéis a la Guardia Nacional. Hoy podemos parodiar a Napoleón diciendo: en los momentos en que este sublime acto se desarrolla, el mundo entero nos contempla. Podemos hoy dar una prueba de lealtad al Primer Magistrado de la Nación quien podrá ver, que aunque en pequeño, imitamos su benéfico ejemplo al poder decir: “Es un hecho la paz en el Estado de Sonora”.

¡Viva el Primer Magistrado de la Nación, General Porfirio Díaz! ¡Viva el General en Jefe de la Zona!  ¡Vivan los Gobernantes del Estado libre y Soberano de Sonora!

Atrás: Coronel Francisco Peinado (izq) y General Luis E. Torres (derecha)

De izquierda a Derecha sentados: Julián Espinosa, Juan Maldonado “Tetabiate” y Loreto Villa

Ya se ha visto como esta raza infame ha correspondido a tanta nobleza, a tanta lealtad  y, ¡porqué no  decirlo? A tanto favor como con el mejor fin encerró el sentido discurso del igualmente sentido Sr. Coronel Peinado, y a la alta bondad y liberalidad del Gobierno.  A esa raza se le da dinero acuñado y devuelve plomo en balas; se le da pan para que lo lleve a sus hijos  y da muerte a la mano que se lo da; se le agasaja llamándolo nuevo soldado del progreso y contesta con un  alarido que repercute en las montañas a que ya ansía volver para robar y asesinar; se le llama bondadosamente heroico guerrero y se convierte en el mas miserable, cobarde y cruel de los bondadosos.

En la tarde se hicieron bailes para obsequiar a los indios, y la banda del 5° Regimiento dio serenata en la plaza hasta las once de la noche.  El Sr. Coronel Peinado envío al campamento indígena una música de cuerda a Maldonado y estuvo tocando hasta horas muy avanzadas de la noche.  Las familias fueron a saludar al Jefe Indio, y a satisfacer su natural curiosidad haciéndole preguntas que Tetabiate contestaba.

El Tetabiate no durmió en toda la noche. Sentado la pasó en una silla o paseando por su campamento  en actitud vigilante o desconfiada. Al día siguiente, cerca de las nueve de la mañana salieron de Ortiz el 5° Regimiento con su Jefe a la cabeza y la columna yaqui con dirección a La Misa.  El Sr. Coronel Peinado puso a disposición del cabecilla indio la banda de música y al pasar por la Hacienda de San Isidro fue con ella a dar las gracias al Sr. D. Cosme Echeverría, propietario de dicha Hacienda, por el buen trato que siempre había  dado a  sus peones trabajadores.

Además del caballo, montura y vestido que el comercio de Guaymas regaló a Maldonado, el Sr. Coronel Peinado le obsequió un hermoso caballo, el Sr. D: Cosme Echeverría una bonita calzonera de cuero y el Sr. General Torres un magnífico zarape de Saltillo. El Gobierno del Estado y señor General en Jefe, por cuenta del Supremo Gobierno, hicieron distribuir lo siguiente entre los indígenas y sus familias: 40 cargas de harina, 8 de  panocha, 20 reses, 8 cargas de garbanzo, 100 kilos de café, 2 botes del mismo grano, 10 rollos de petates, 14 docenas de vestidos para mujeres, una gruesa de enaguas interiores, 25 sombreros de pelo galoneados, 500 sombreros de palma, 500 vestidos mezclilla azul,  20 vestidos de casimir del País, 30 camisolas finas, 20 pares de zapatos, 100 rebozos corrientes, 100 rebozos finos y 6 zarapes.

Nuevo Levantamiento de Tetabiate en 1898

 

En Junio de 1898 volvió el Tetabiate a levantarse en armas contra el Gobierno encontrándose en esa época las siguientes fuerzas en el Río; 4° , 11° y 12°, 19° y 20° Regimiento de Infantería, 5° de Caballería y Cuarenta Nacionales, formadas en varios pueblos y que han sido de gran utilidad  dados los conocimientos que tienen de los bosques. El Sr.  General Jefe de la Zona le abrió nuevamente también tenaz campaña, en la que se libraron numerosos combates hasta que el indio indómito sucumbió en uno de ellos a manos del que antes había sido su segundo, Loreto Villa, quien desde que fue celebrada en Ortiz la paz con los yaquis permaneció fiel el Gobierno hasta que murió. Justo, justísimo es honrar la memoria de esos pocos yaquis  que, como Loreto Villa, han sabido con lealtad y con nobleza corresponder  a la nobleza y a la lealtad del Gobierno.

En 1899 fue electo Gobernador del Estado el Sr. Gral. Luis E. Torres, pero habiendo pedido una licencia a la Legislatura se recibió del Gobierno el Vice Gobernador, señor Celedonio Ortiz. El Sr. Ortiz no terminó su período, pues también obtuvo una licencia ilimitada y se  recibió el  Poder Ejecutivo el Sr. Don Rafael Izábal, nombrado Gobernador Interino por la Legislatura del Estado. El año de 1903 fue electo el Sr. Izábal Gobernador Constitucional y Vice-Gobernador el Sr. Son Francisco Muñoz, quien dejó de serlo en Agosto de 1904, entrando a substituirlo el Sr. Don Alberto Cubillas, persona generalmente estimada que ha hecho una firme, inteligente e intachable carrera política. La labor del Gobierno del Sr. Izábal palpita en muchas de las páginas de este libro y en ellas se enterará del detalle el lector. Al Sr. Izábal le tocó una de las épocas más tremendas de la cuestión yaqui y en el curso de este capítulo hablaremos de su gestión en este asunto, que ha desarrollado en combinación con el Sr. Jefe de la Zona, General Don Luis E. Torres.

Rafael Izábal

Reanudaremos la cuestión de los Yaquis:

Los Primeros nuevos encuentros que hubo  fueron en la margen  izquierda del Río Yaqui, en los bosques y en las marismas, registrándose hechos de armas de importancia como el de la Laguna del Bahueca, donde se encontraron los rebeldes en número de tres mil, contra mil mas o menos que mandaba el General García Hernández.  Dejaron los yaquis muchos muertos en el campo y las fuerzas del Gobierno perdieron  como sesenta hombres entre muertos y heridos.  En esta acción murió el capitán de nacionales Julián Espinosa, yaqui que antes era de los principales cabecillas de los rebeldes, y que fue de los que le fueron fieles al Gobierno, como Loreto Villa a quien ya hemos hecho justo elogio y que prestó muy buenos servicios.  Como ese hubo varios encuentros en los  bosques, muriendo en uno de ellos, en el de Vícam, el teniente Coronel del 4° Batallón, y resultando herido en el de la Cuesta Alta el Coronel de 11° Batallón de Infantería Alfonso Martínez, que murió a consecuencia de la herida.

En Palo Parado hirieron al Sr. General Lorenzo Torres y en otros encuentros a otros jefes y oficiales que sería largo enumerar, lo mismo que a individuos de tropa.  En cambio, en esos combates se logró hacer varias importantísimas aprehensiones de rebeldes y desde entonces se vino en conocimiento pleno de la complicación de los indios llamados  mansos que trabajaban en las rancherías del Valle de Guaymas y en el Distrito de Hermosillo, trascendental asunto del que hablaremos después.

El Combate de Mazocoba

 

Otro hecho importante es el de la Laguna del Agua Salada, en que el General Lorenzo Torres con 40 hombres que traía el hoy Comandante Barrón y 10 nacionales logró aprehender a 14 yaquis después de un tiroteo, yaquis que revelaron que los demás rebeldes se estaban pasando para la Sierra del Bacatete, lugar para el que desde luego empezó el Sr. General Luis E. Torres a mover las fuerzas, habiéndose registrado allí encuentros que hacen página en la historia, como el Combate del Mazocoba, donde los indios estaban en posiciones completamente dominantes y en número no menor de 2,000, y teniendo entonces presos a las Josefinas y al padre Beltrán, de quienes tanto se habló en aquellas épocas.

Las fuerzas federales y nacionales mandadas por el general Torres lograron desalojar a los enemigos de la civilización, después de hacerles un sin fin de bajas, rescatar a los cautivos y quedar dueños de las posiciones. Siguieron a este combate otros no menos interesantes, donde siempre dieron pruebas nuestras tropas de valor y abnegación en la persecución, que fue tenaz, hasta que lograron que los indios abandonaran los bosques y sierras.

Página en esta meritísima para el Sr. Gral. Don Luis E. Torres. Siguió a estos la labor  mas interesante de la campaña que fue la de buscar a los rebeldes en sus refugios, pues de una manera inocente estaban ayudándolos casi todos los habitantes del Estado, juzgando pacíficos a los yaquis trabajadores de la ciudad y de las haciendas, pero los muchos datos que tuvieron los que este importante asunto han dirigido, vinieron a demostrar que los indios, después de cansarse de pelear en la sierra, se iban a trabajar a las haciendas del Estado así como a los minerales y pueblos y , como en esas condiciones no hacían daño, los aceptaban todos los que necesitaban brazos sin preocuparles de donde  venía ni con quien trabajaban antes, pues nunca se ha usado aquí pedir recomendaciones de sus antiguos patrones en vista de la necesidad de brazos.

 

La Expulsión a Yucatán en 1902 y la Batalla de la Sierra del Gavilán

El Gobernador del Estado Sr. Rafael Izábal, con el mayor empeño y con la actividad conocida que tiene para sus actos, fue personalmente a las rancherías de casi todo el Estado y descubrió a los yaquis rebeldes y complicados, logrando aprehender a casi todos los cabecillas conocidos y a todos aquellos que tomaban parte en la guerra y ayudaban a los rebeldes con armas, dinero, parque, provisiones o de alguna otra manera, siendo ejecutados aquellos perfectamente reconocidos como criminales y los demás deportados al Estado de Yucatán.

Con estas medidas los indios sintieron un cambio para ellos terrible, pues veían que sus reservas se les estaban mermando y resolvieron reunirse todos los de la raza para hacer el último impulso y lo verificaron en un punto conocido con el nombre de “La Carbonera”, y de allí fueron a conferenciar con el Sr.  Gobernador Izábal y con el Sr. General Torres al pueblo de San Miguel de Horcasitas, yendo las comisiones nombradas por los rebeldes por espacio de tres noches sin que se lograra un acuerdo, pues la exigencias de los indios estaban fuera de ley, y sobre todo de la razón y de las garantías que el Gobierno debe de otorgar a sus habitantes.  En sus pretensiones querían que salieran todas las fuerzas de Sonora, que les dieran el Río Yaqui con sus terrenos, en virtud de que lleva el nombre de la raza y por lo tanto presumen que es de ellos; que no se nombrara ninguna autoridad por el Gobierno, sino que ellos nombrarían sus autoridades y gobernadores; que serían los únicos en acordar si podían pasar los blancos por los caminos que van para Sinaloa y que ellos no tendrían ningún compromiso con la sociedad ni con el Gobierno.

Como era natural, el Gobierno no aceptó ninguna de tales insensatas cláusulas y desgraciadamente, por mas razonamientos que se les hicieron a los indios, fue completamente imposible convencerlos; se terminaron esas conferencias con la sencilla, presuntuosa y criminal frase de los rebeldes al Sr. Gobernador y al Sr. General: “Nos veremos en los cerros con tus fuerzas”.  Lo que sucedió efectivamente, pues dos días después de la última entrevista,  el Gobernador del Estado, a quien acompañaban los Sres.. diputados Dr. Alberto G. Noriega, Juan Bojórquez, Gustavo Torres, Juan P. M. Camou, Alejandro Lacy y algunas otras personas de la Capital del Estado, los derrotaron completamente con las fuerzas de infantería y caballería que respectivamente mandaban los Sres. Comandante Barrón y teniente Coronel Rivera.  Pero ese hecho importante merece líneas especiales  y vamos a hablar en detalle de la batalla de la Sierra del Gavilán que fue donde se registró la acción.

La víspera de la batalla, las fuerzas al mando del Sr. Gobernador estaban acampadas en la Hacienda del Gavilán, propiedad del Sr. Manuel Gándara, situada en la mitad del camino de Hermosillo a Ures.  En el peso de la  noche, mandó el Sr. Gobernador dos exploradores, uno para que se dirigiera al Cerro de la Escondida y otro rumbo a Carbó, siendo el objeto de esta exploración saber con certeza el punto donde estaba el enemigo que se sabía era numeroso a fin de batirlo en la madrugada. A las dos de la mañana regresó el guía que fue al Cerro de la Escondida, comunicando que había notado cantos de palomas y aullidos de coyotes en el mencionado cerro y que creían estuvieran ahí los rebeldes, porque es como acostumbran  correr la palabra en la noche.  Inmediatamente el señor Gobernador mandó llamar al entonces Capitán Primero Don Luis Medina Barrón, ordenándole que ya él con 50 hombres de caballería que mandaba el Teniente Coronel Rivera, seguiría la misma ruta.

Cuando llegaba la fuerza del hoy Comandante Barrón y fue vista por los indios, estos  en número de más de  400 y en el orden disperso, salieron a encontrarlo al llano que está cerca del Aguaje habiendo  un momento en que, dado el orden y uniforme de los indios mezclilla y rojo, creyó el Sr. Comandante Barrón que era la fuerza federal que andaba en combinación para este mismo hecho por Carbó al mando del Sr. Gral. Torres, creencia que  inmediatamente disipó  mandando tocar  la contraseña del cuerpo que correspondía a la tropa que venía  mandando, cuya contraseña fue contestada con el monótono  redoblar del tambor yaqui, instrumento que han usado siempre  que se han organizado en partidas grandes, pudiéramos decir en verdaderos ejércitos,  tomando en su enconosa ofuscación han creído que pueden las ramas del soldado del salvajismo y de la barbarie medirse victoriosamente con las de los soldados del orden y del progreso.

Luis Medina Barrón

Desde luego se rompieron los fuegos por ambas partes, siendo vigoroso y fuerte el primer empuje de los indios pues hicieron desde las primeras descargas tres bajas de individuos de tropa y mataron a otro.  En esos momentos el Comandante Barrón mandó al Capitán Belma que tomara una pequeña altura que quedaba a la izquierda, lo que no se logró sino hasta el segundo asalto porque, comprendiendo los indios la importancia estratégica de esa altura, la defendieron resueltamente en el primero, y si sucumbieron, fue solo al empuje de los asaltantes federales.

Entre tanto, el resto de la fuerza atacaba el centro del enemigo y ya veían los indios por una altura de la derecha  con el objeto manifiesto de envolver a la fuerza, cuando apareció la que mandaba directamente el Sr. Gobernador, quien rápidamente  se dio cuenta de la situación y para contener el avance envolvente de los indios destacó al teniente Coronel Rivera con la caballería, no solo a detener a los indios, sino a atacarlos, lo que logró valerosamente hasta llegar con sus dragones a la cumbre de la altura, en tanto que el enemigo descendía rápidamente.

A este grado el combate  ya se había hecho general, pues en los instantes en que Rivera  atacaba la altura, Barrón había ido a auxiliar a Belma y unidas las fuerzas divididas al principio, atacaron con gran brío hasta llevar a su último reducto a los indios.

El Sr. Gobernador había entrado personalmente con su fuerza y atacó con tal denuedo, que el enemigo, al pretender envolver, se vio hostilizado terriblemente por izquierda, derecha y centro, no tardando, como era natural, en presentarse para los indios la mas completa derrota con todo su espantoso cortejo de pánico, de abandono de muertos y heridos, de ayes  de dolor, de gritos, de pavor y de vertiginosa  huída.

Cerca de dos horas había durado aquel combate en que los indios pusieron en juego una de sus últimas terribles cartas para golpear en plena faz el rostro de la civilización que tanto han maculado con sus crímenes, que alcanzan  los horrendos tintes de lo sombrío y que hacen dibujarse su tostada silueta sobre un fondo de sangre y horror. Para mengua de ellos y de sus traidoras armas y para prestigio del grupo que ahí se batió y del Sr. Gobernador y Jefes que lo acompañaron, entre los que hacemos especial mención de los justamente conceptuados como incansables y valientes soldados

Comandante Barrón y Teniente Coronel Rivera, aquel sol de Abril de 1904 en que su obsesión y cretinismo los hizo creer que alumbraría un rudo  golpe de sus armas criminales contra el baluarte de la civilización, solo alumbró ante sus desmesuradamente espantados ojos la sangre de sus broncíneas carnes y los jirones de sus fatídicos cuerpos, que rasgados ahí como harapos de humanidad maldita, recordaron fúnebremente una vez más a los supervivientes, como por sobre las ruinas del yaqui asesino tiene que levantarse la mano de la civilización lesionada.

¿Cuando un elogio puede vestirse con el ropaje de la sinceridad y de la verdad?. En varias circunstancias, pero muy particularmente cuando el que lo rinde pone de por medio el diáfano argumento de su ausencia. Y al terminar este libro yo me ausentaré de Sonora, y por eso es que sin que se tenga derecho a tildárseme de adulador, concluyó el relato de esta memorable y trascendental jornada, consagrando un voto de admiración y de respeto al Sr. Gobernador Izábal,

no tanto porque siendo civil haya dado en el gavilán pruebas de talento de hombre de armas, sino porque, pudiendo amurallarse en los edificios de una ciudad y envolverse con los tibios calores del hogar, representante admirable del deber cumplido, va ejemplarmente a pasar las privaciones de las caminatas del soldado y a correr los peligros del combate. ¡A través  de las distancias mi respeto siempre lo admira y a través de la ausencia mi mano siempre entusiasta estrechará su mano!.

Enterrados los muertos, recogidos los heridos y levantando el botín de esta batalla, el Sr. Gobernador Izábal se dirigió a Hermosillo con su fuerza y ahí conferenció con el Sr. Gral. Torres, quien ya había destacado a parte de la suya en persecución de los restos de la destrozada  partida indígena del Gavilán, acordándose  que el Sr. Teniente Coronel Gordillo Escudero y el Sr. Comandante Barrón con cien hombres siguieron las mismas huellas, lo que hicieron con el mejor éxito pues unos cuantos días después avistaron nuevamente al yaqui en el punto llamado La Centrada y nuevamente lo batieron hasta infligirle segunda derrota y completa,

pues los indios dejaron sobre el campo bagajes, heridos y muertos y en alas de su derrota y de su pavor, se lanzaron en medio de la mas desesperante huída y de la mas completa desmoralización a las alturas y quebradas de las Sierras del Bacatete, en cuyas fragosidades han ido siempre a ocultar su desastres, a llorar su rabia y gemir su humillación, simiente despreciable y cobarde que han regado con sus lágrimas en encono al blanco para hacer brotar nuevamente la planta maldita de su barbarie y de su traición.

FIN…

Agradecemos a la Sra. Guadalupe Mendoza Monge

su contribución a la digitalización de este documento

Hermosillo Sonora, Marzo de 2008


 

EL CONFLICTO YAQUI

El Levantamiento de Cajeme en 1884 y la Muerte de Pesqueira

 

El Jefe Yaqui José María Leyva Cajeme se levantó el año de 1884 con un verdadero ejército, amenazando a los pueblos ribereños, y el Gobierno Federal y el del Estado pensaron seriamente en reducirlo al orden. Al efecto, ese mismo año el General Don José Guillermo Carbó, Jefe de la  1°  Zona Militar, abrió la campaña sobre el Yaqui con fuerzas federales y del Estado, campaña que sostuvo hasta 1885.

Por el nunca bien sentido fallecimiento del General Carbó, vino a substituirlo en el mando de la Zona el General  Don Ángel Martínez. En Enero de 1885 llegó Martínez a la ciudad de Álamos y comenzó a organizar fuerzas del Estado que, como auxiliares de los federales, cooperaron con aquellas en la campaña.

El Coronel Don Antonio del Rincón nombrado Jefe del Escuadrón de Álamos, marchó sobre el Yaqui con las fuerzas de su mando. Suspendemos la narración de esta campaña porque la llegada del general Martínez coincidió con el fallecimiento del General Don Ignacio Pesqueira, acaecido  en su Hacienda de Bacanuchi el 4 de Enero de 1886. Sus restos, así como los del inmaculado General García Morales, descansan en el panteón de Arizpe, de los sepulcros de ambos publicamos ilustración.

Retirado por completo a su vida privada el General Pesqueira tuvo hasta el último momento un círculo de amigos leales y un partido siempre adicto y disciplinado. Esta es una prueba patente de todo lo que ante sus conterráneos valía ese gran sonorense. Sus restos, así como los del inmaculado General García Morales, descansan en Arizpe.


CENTENARIO DE LA ESCUELA LEONA VICARIO, 1910-2010

El Profesor Heriberto Aja estuvo en el evento inaugural, tocándole dar uno de los discursos, el cual ponemos aquí, tomado del recorte periodístico donde fue publicado:

DISCURSO PRONUNCIADO POR SU AUTOR EL SR. PROF. HERIBERTO AJA, EL 5 DE FEBRERO DE 1910, EN LA INAUGURACIÓN DEL COLEGIO DE NIÑAS “LEONA VICARIO”. Prof. Heriberto Aja Olguín

Señor Gobernador:

Señores:

Entre los elementos constitutivos de la vida de los pueblos, hay dos que descuellan en primer término y son el áureo núcleo al derredor del cual gravitan todos los demás que forman el universo social: la escuela y el gobierno.

Unidos íntimamente y en perfecta armonía estos elementos primordiales, establecen el pedestal que sirve de base á las generaciones que radiantes y llenas de energías se encumbran á la cima de la felicidad y progreso donde las conduce la ambición noble y bendita de la perfección humana. La escuela y el gobierno son los cimientos sobre que se eleva el gran edificio social. Del equilibrio dinámico de ellos depende la solidez de ese edificio.

De la escuela se desprenden como saetas luminosas todos los principios que rigen á la sociedad en su vida de unión, adelanto y bienestar; mas por desgracia los cerebros desequilibrados ó enfermizos, interpretan mal esos principios y adaptándolos malignamente á utópicas quimeras, los convierten en arma temible que blanden contra el sistema social establecido.

Toca á los gobiernos reprimir ó alentar las enseñanzas de tales principios según encierren progreso ó retroceso; tranquilidad ó revueltas y asonadas, pues siempre buscamos los principios que engrandecen, no los que aniquilan; los principios que levanten, no que destruyan; que iluminen, no que hundan; que expediten, no que obstruyan; que glorifiquen, ¡no que manchen y avergüencen….!He aquí por qué se unen la escuela y el gobierno: la moral es su base; sus principios la ciencia y sus fines, el respeto y adelanto de las sociedades ¡que es también el respeto y progreso del mundo!

Cuando el niño comienza á balbucir las primeras palabras en el hogar, recibe su primera educación. Sus amorosos padres lo ponen en relación con el mundo exterior. Su curiosidad intelectual, su deseo de saber, va dando á su tierno espíritu las primicias de todo lo grandioso que la Naturaleza encierra. Llega á la escuela y allí, al desarrollo de sus facultades psico-físicas la ciencia le presenta nuevos é ilimitados horizontes para dar vuelo al genio que en estado de gestación, dormitaba en su débil cerebro.

Allí se despliegan sus actividades mejorando con sus luces la planta de civilización que tiene el hombre establecido. Allí brotan los pequeños torrentes que desaguan en la gran arteria del progreso. En la escuela se despiertan y encausan sus buenos sentimientos inspirándoles el amor y respeto á la naturaleza, á sus semejantes y lo creado por ellos, para conservar el equilibrio estable de las naciones que es también el ¡equilibrio perfecto del universo social! En la escuela recibe, pues, una segunda educación que termina y perfecciona cuando la sociedad lo recibe entre su seno como miembro útil y sano, capaz de asegurar su subsistencia.Este desarrollo sucesivo y gradual de las nacientes inteligencias no se llevaría á feliz término si no se contara con el apoyo material y moral de los gobiernos.

Suprimid la paz, romped la armonía que los pueblos y continentes guardan entre sí, y veréis la educación y sus grandiosos frutos, rodar por el suelo y convertirse en el mísero polvo de la nada. El hombre volvería al salvajismo; renacerían sus instintos vandálicos, y la herencia de progreso que la humanidad recibe de generación en generación, ¡se cubriría con el sudario sanguíneo del desquiciamiento mundial! Suprimid la intervención del gobierno en la escuela, retirad su ayuda, y veréis al proletario, al menesteroso, convertirse en nefanda rémora de todo progreso social.Los gobiernos comprendiendo la trascendental importancia de esta influencia, de esta unión entre ellos y la escuela, no escatiman medio alguno en procurar el engrandecimiento de ella reglamentando benéficas y sabias disposiciones para la buena marcha de la instrucción. Los gobiernos mejormente constituidos; las naciones que van á la cabeza de la civilización, son aquellos que más debidamente atienden sus escuelas.

En nuestro progresista Estado en este cielo de incomparables y bellísimos crepúsculos, en esta tierra privilegiada por la naturaleza, en este suelo donde la mano de Dios fue pródiga en hermosura, en riqueza, en bondad; en este ambiente donde se han mecido las cunas de grandes hombres, nos cabe la satisfacción y el orgullo de haber tenido siempre en la Primera Magistratura á hombres sensatos y dignos que han dado un poderoso impulso á la educación del pueblo. Las escuelas se multiplican más y más; hasta la más pequeña comunidad llegan sus benéficos destellos.

Prof. Heriberto Aja Olguín

La raza yaqui, esa raza obstruccionista que ha llevado el luto á tantos hogares, cuenta ya con focos de redención. La escuela ha sustituido a sus madrigueras del Bacatete; ya no es la voz de venganza y sangre la que suena en los oídos de sus vástagos, sino la dulce y apacible del maestro que predica la paz y el amor entre los hombres. ¡Ya no será la sangre la que riegue los campos, si no el sudor de la frente que fertiliza y dora la espiga! ¡La moral triunfará sobre las balas! ¡La civilización triunfará de la barbarie!

En esta ciudad, que cual bella desposada se engalana con los nítidos azahares de sus grandes naranjales, se destacan dos soberbios edificios que dan á conocer la civilización y el adelanto de sus hijos: dos magníficas escuelas que reúnen las condiciones y exigencias de la moderna pedagogía.

Allá, donde la sociedad flagelaba al infractor de sus leyes; donde el degenerado criminal compurgaba su delito; donde se levantaba el lazareto social incomunicando á sus miembros infestados de la depravación de conciencia; allá donde se encerraba lo pútrido, el fango, la escoria de la humanidad; se eleva ahora uno de los templos á Minerva! Las almas blanquísimas y puras de la niñez, han reemplazado á las manchadas de los reclusos; la risa fresca y sincera de la inocencia ha sustituido á la sardónica del condenado; los inmundos y oscuros calabozos, son ahora higiénicos salones; allá donde la patria ocultaba su vergüenza, ¡acaricia ahora su salvadora esperanza! ¡Qué cambio tan notable, tan contrario, radical! ¡Del fango brotó la flor! ¡El ocaso volviese oriente! ¡La luz bendita de Dios rasgó la oscuridad de los fatídicos antros!

Aquí donde antaño la muchedumbre enardecida con la sangre derramada por la paciente bestia que los campos labra; aquí donde los destemplados y confusos gritos de la turba excitaban á luchar al hombre con la fiera; aquí donde para mengua del siglo llamado de las luces, se levantaba un coso taurino; aquí donde el pueblo retrocedía en sus fiestas á la época nefanda de Nerón; ¡se yergue ahora este otro hermoso faro del saber!

Los gritos que ahora se escuchan son los de la bendita juventud que llega radiante, ávida de saber. Estos gritos son los heraldos que pregonan el brillante porvenir de nuestra patria. Aquí, como en manantial de cristalinas aguas, llega la juventud á apagar su sed de sabiduría. De este templo, donde se reúnen esos ángeles de blanca alas á escanciar la benéfica copa del adelanto humano, saldrá la mujer; ese ser que constituye el núcleo de la familia, base de la sociedad; ese ser que el talismán del amor transforma en otro más grande, más bendito, más sublime; modelo de abnegación, de cariño, de sacrificio, de fortaleza y heroísmo que se llama ¡madre!¡Sacrosanto nombre que los labios pronuncian con respeto y con veneración!

El acendrado cariño que tengo á mi patria y á sus tiernos hijos, me obliga á tributar el justo aplauso que dignamente merecen los señores Gobernadores, Gral. Luís E. Torres y Sr. Alberto Cubillas, así como al Sr. Inspector de Escuelas Ing. Felipe Salido, por ser los que directamente han contribuido a dar este paso en la senda del progreso.

Los señores Gobernadores en su constante anhelo de mejorar la enseñanza, siempre han tendido su protectora mano á todo aquello que signifique adelanto.

La antigua como cruenta guerra de razas sostenida por la rebelde tribu Yaqui, tenía exhaustas las arcas del tesoro, y sin embargo, se sacrificaron otros proyectos para levantar estas escuelas que enaltecen la acertada administración de los citados gobernantes y honran la tierra de Pesqueira y García Morales. El ángel de la pacificación asoma radiante entre la nube del último cartucho disparado presagiando con su dulce voz las buenas nuevas que aseguran un brillante porvenir para engrandecimiento de la bella y codiciada Sonora.

Seguid, adelante, señores; ¡a las distinciones ganadas en el campo de la diplomacia, agregaréis la blanca cruz de la gratitud de un pueblo!

Seguid, adelante; levantad escuelas; difundid la enseñanza; ¡educad a las masas y haréis grande esta patria soñada por Hidalgo que os bendice desde el cielo!

He dicho.

Publicado en el periódico “El Occidental” (No trae fecha). Se respetó la ortografía del original. Tomado del cuaderno de recortes periodísticos del Prof. Heriberto Aja Olguín. Archivo-Biblioteca Carlos Lucero Aja.

Este discurso fue escrito en la época Porfiriana, escenario de cruentas batallas contra el indomable indígena yaqui y el presagio inminente de la dolorosa e inevitable Revolución Mexicana. En él alaba a los gobernantes en turno (como buen político) en cuyo mandato se construyó la escuela, pero también vierte lo que debe ser la educación escolar y el gobierno en relación a ella. Presagia la redención del indígena por medio de la educación en las aulas. Vierte además algunas palabras floridas hacia la ciudad y lo que espera la sociedad en general de las escuelas y sus alumnos.

Como verán en este escrito, también dio algunos datos sobre lo que había allí antes de construir dicha escuela primaria: una plaza de toros. Se dice también que antiguamente estuvo en ese sitio el panteón de la ciudad y posteriormente un corralón bardeado con adobe donde se guardaban las carretas del servicio público, lo que hoy se conoce en Hermosillo como “el corralón”.

También nombra a otra escuela que se construyó un poco antes que la nombrada aquí, objeto de este escrito: la Escuela de Niños N°1, de la que era su director en 1909-1910, construida sobre lo que fue la Cárcel de Hermosillo, cambiada un par de años antes a su nuevo hogar de piedra, la Penitenciaría del Estado, en las faldas del cerro de La Campana, donde hoy está el Museo de Sonora y el INAH. En ese otro edificio también centenario estuvo por muchos años el Departamento de Salubridad del Gobierno del Estado, hoy albergando oficinas particulares, construcción que se encuentra todavía actualmente entre los dos edificios de Teléfonos de México por la avenida Morelia entre las calles Garmendia y Guerrero.

¡Cuán grandiosa es la labor de la escuela y cuán meritoria la protección del gobierno!

a escuela Leona Vicario fue inaugurada el 5 de febrero de 1910, por lo que este año del 2010, mismo mes y día, cumple cien años ininterrumpidos de llevar el saber a miles de educandos de nivel primaria, al principio únicamente de escolares femeninos, para después abrirse a niños varones también.

 


EL BANCO DE SONORA EN GUAYMAS

Durante los últimos años del porfiriato y los primeros de la época revolucionaria, los principales clientes del banco eran los que formaban parte de los tres principales grupos comerciales de esa época. Estos eran : Los negociantes que se habían asociado con don Ramón Corral Verdugo, la red de empresarios alemanes y los comerciantes e industriales chinos.
Estos grupos participaban en las más importantes actividades económicas del estado y eran clientes del banco que hacían depósitos, solicitaban créditos y en general eran quienes movían la economía.

Edificio del banco a mediados del siglo XX en Serdán y calle 21

Pie de foto: Guaymas en 1861. A la izquierda el sitio donde se construyó el banco
En el grupo que encabezaba Ramón Corral Verdugo tenía este inversiones en minería, molinos harineros, producción de energía eléctrica y era de los principales accionistas del Banco de Sonora.. En Guaymas se había asociado con don Luis A. Martínez y otros socios con quienes estableció la Compañía Industrial y Explotadora de Maderas, S. A. que producía energía eléctrica, hielo, fábrica de fósforos, etc.., tenía talleres de fundición y carpintería y venta de madera.

Además, Luis A. Martínez encabezaba la Compañía Naviera del Pacífico, S. A. que contaba con una gran flota mercante de barcos que hacían el servicio de cabotaje y transporte de mercancías en gran escala. En el grupo corralista también figuraban Felizardo Verdugo (Empacadora de Carnes), Próspero Sandoval, socio en varios negocios y accionista fundador del banco, Agustín Bustamante, comerciante y terrateniente de la casa Francisco A. Aguilar, Sucesores y Enedina Vázquez Viuda de Cosca, inversionista y comerciante. Este grupo vino a menos al triunfo de la revolución mexicana pues las personas mencionadas anteriormente estaban muy ligadas al régimen de Porfirio Díaz y al ser derrocado este los negocios sufrieron enormemente.

El grupo de los alemanes participaba en la cervecería de Sonora, S. A. que abrió en 1897 y que operaban los señores George Grünig y el doctor Alberto Hoeffer en Hermosillo. En el Banco de Sonora, Max Müller era accionista y participaba en varios negocios como préstamos hipotecarios, compraventa de bienes raíces, compra de propiedades mineras y otros.

En Guaymas, los alemanes que tenían negocios eran :
Felipe Seldner, Francisco Von Borstel (Mercería La Paz) Germán Luders, Axel Bülle (Mercería Alemana) Otto Rademacher, Julio C. Müller, Jorge Celker y los sucesores de la empresa que formó Gustav Möller Feldman (G. Möller y Cia.Sucs): Henry Von Gündell, Karl Busjaeger y Agustín Freese.

Para 1920 solamente habían sobrevivido la tienda “La Constancia” en Guaymas, de Rademacher, Müller y Cia. y la Cervecería de Sonora, S.A. en Hermosillo, que administraba la familia Hoeffer Fierro.
Pie de foto: Guaymas en 1861. A la izquierda el sitio donde se construyó el banco.

A este grupo lo afectó no solamente la gran conmoción de la revolución mexicana a partir de 1910 sino también la primera Guerra Mundial de 1914 a 1918, en la cual participó Alemania. Los proveedores y contactos de estos comerciantes alemanes se dispersaron durante la guerra y los negocios en Sonora sufrieron enormes pérdidas y tuvieron que cerrar. Otras casas comerciales alemanas en la costa del pacífico en México también se fueron a la bancarrota.

La red de empresarios chinos en Sonora estaba bien constituida. En sus actividades económicas tuvieron un enorme éxito y sus negocios se multiplicaron en la mayoría de las cabeceras municipales y aún en pequeños pueblos del estado de Sonora.

En 1919 se reporta que existían 827 negocios de chinos en 72 de los 75 municipios si bien la mayoría estaba formada de pequeños negocios.
Los chinos estaban bien organizados entre sí en cuestiones de crédito y de distribución de mercancías pero habían despertado la hostilidad de muchos mexicanos. Esta situación se recrudeció a partir de 1915 y para 1916 ya había una campaña antichina en el estado, encabezada por el señor José María Arana, de Magdalena.

En Guaymas existían varios negocios grandes propiedad de chinos como la fábrica de ropa y zapatos de Siu Fo Chong y Cia., la poderosa empresa de Juan Lung Tain quien llegaría a ser importante accionista del banco, la tienda de abarrotes Fu Pau Hermanos, la tienda con varias sucursales de On Chong y Cia., la fábrica de zapatos de Tung Chung Lung, las tiendas de Hon Tac y Cia. y otros negocios de menor cuantía.

La crisis mundial de 1929, provocada por la caída de la bolsa de Nueva York que desencadenó una enorme crisis, hizo que en Sonora se hiciera más grave la situación de los chinos y por más que lucharon contra las disposiciones legales que se les imponían, la constante hostilidad de las autoridades y la mala situación de la economía, finalmente tuvieron que admitir su derrota pues en 1931, el gobernador del estado Rodolfo Elías Calles logró por medio de grandes presiones que los chinos fueran expulsados de Sonora.

El Banco de Sonora había pasado por temporadas muy malas, primero durante la revolución mexicana, lo que perjudicó al grupo Corralista, luego por la primera Guerra Mundial que afectó al grupo de los alemanes y finalmente por la expulsión de los chinos.

Este último fue el tiro de gracia. Hubo una gran fuga de capitales, pues los chinos retiraron su dinero del banco mientras pudieron ya que sabían que iban a ser expulsados y los propios mexicanos que eran clientes del banco también pidieron que se les reintegrara su dinero. Esta situación dio por resultado que el Banco de Sonora, S. A. quebrara en noviembre de 1931 terminando de esta manera la gran cobertura que la institución había tenido en las actividades económicas del estado.

El banco fue asignado a la comisión liquidadora de la Comisión Nacional Bancaria y se decretó un embargo por un adeudo pendiente de más de $2,000,000.00 con lo cual se vio que era prácticamente imposible la recuperación del banco y se procedió a declararlo oficialmente en estado de quiebra en febrero de 1932.

El bello edificio fue desalojado y pasó a manos de otra institución crediticia, la sucursal en Guaymas de la Cia. Bancaria Mercantil y Agrícola de Sonora la cual , sin embargo, no duró mucho tiempo en operación.

Durante largos períodos, el inmueble estuvo desocupado o pasó a otras manos. Sucesivamente fue sede de la Oficina Federal de Hacienda en Guaymas, también estuvo en poder de la familia Dávila, se arrendó al gobierno estatal para establecer ahí la Secretaría de Turismo, se rentó después al Multibanco Comermex y finalmente pasó a la empresa “El Monge Pío”, del Sr. Miranda Monge, actual propietaria de ese edificio.

A pesar del abandono y del deterioro natural por el transcurso de los años, que son casi cien , el edificio continúa siendo uno de los más bellos que hay en Sonora. Es un edificio único que forma parte del patrimonio cultural del puerto de Guaymas.

La falta de mantenimiento ha hecho que la fachada muestre serios daños y en la parte interior se han hecho modificaciones que han afectado el aspecto original que tenía. La hermosa cúpula también está dañada. Es ya urgente hacer una restauración para que siga siendo un orgullo de los guaymenses.

Bibliografía.-
Francisco R. Almada, Diccionario de Historia, Geografía y Biografía Sonorenses, Gobierno del Estado de Sonora, Hermosillo, 1983.
Alfonso Uribe Corona, Guaymas, Historia Fotográfica 1867-2003, Edición del autor.
Arq. Pedro K. García, El banco de Sonora, Sucursal Guaymas, Sociedad Sonorense de Historia, Delegación Guaymas, 1991.
Ignacio Almada Bay, Cambio y continuidad de las redes de empresarios en Sonora. Del Porfiriato a la revolución, 1885-1935. El Colegio de Sonora. Hermosillo, 2003.
Evelyn Hu de Hart, Los chinos en Sonora. Artículo en Internet, Tucson, Arizona.
Ing. Mauro Esteban Barron Robles, Comunicación Personal.
Horacio Vázquez del Mercado, Los chinos en Guaymas, programa radiofónico “Guaymas en la Historia”
Historia General de Sonora, tomo IV. Sonora Moderno 1880-1929. Gobierno del Estado de Sonora, Hermosillo 1985


MATAPE

Y sin embargo es Mátape

Artículo escrito en 1982

El primer río que ocurre viniendo del Yaqui hacia el Norte, es el de MATAPE. Tiene su origen a poca distancia al Norte de dicho pueblo, y es tan pobre su caudal, que regando una mediana huerta y 10 ó 12 anegas de trigo, apenas queda en su lecho lo necesario para el gasto del pueblo, mayormente en años escasos.

En Nácori, 2 leguas adelante, es tanta su pobreza que aun menos en Mátape riega; de suerte que hasta para beber es necesario abrir pozos, pues la mayor parte va sumido debajo de la tierra.

En Pueblo de Álamos, visita de la Misión de Mátape, no tiene más que un corto hilo de agua que nace de él, y aun a menos trecho se sume.

Así describe el Padre Juan Nentvig en el año de 1762 las condiciones de esta región enclavada en el área central del Estado. “De Mátape a Batuc, una misión del rectorado de los Santos Mártires del Japón, habrá 10 leguas casi derecho al oriente; y a Ures, una misión del rectorado de San Francisco Javier, 18 leguas al noroeste”.  Obsérvese que dice habrá, pues en realidad las dimensiones dadas por el Fraile Jesuita no son exactas.

En Mátape, o mejor dicho Mátape Villa Pesqueira, municipio encumbrado por la ganadería, el sueño que se persigue es cuidar el agua por medio de todos losMedios posibles. Allí lo importante es obtener fuentes acuíferas y no se repara en gastos, se ven bombas eléctricas y canales revestidos, cuentan con una presa la que Llaman “El Horno”.

La razón es obvia, abundan los hatos de ganado y aquí si que se tiene el gusto de ordeñar todo el año especialmente y ya es de reconocida fama, en Pueblo de Álamos.  Ahora la Lluvia ya no  produce el goce inmenso de otros tiempos explica don Raúl Varela, viejo residente del lugar.

Ya no Llueve como antes el agua es cada vez más escasa, pero no falta. En Nácori Grande está la presa “La Hacienda”, y una más que se está construyendo en Pueblo deÁlamos, agregó. En esta área Llueve poco, pero cuando lo hace parece que en un sólo momento se quisiera compensar la sequía proverbial de la zona semidesértica y losSiempre sedientos habitantes de la comarca en esos casos trata de conservar la mayor cantidad del líquido vital que les sea posible, para lo cual se valen de todos los medios, las presas, represos y canales es la mejor forma.

TIENE QUE PERDURAR MATAPE PERO…

A alguien se le tuvo que haber ocurrido y a estas alturas, querer suprimir la expresión VILLA PESQUElRA que no es más que una distinción que el pueblo viene ostentando desde hace más de 100 años (11 de Febrero de 1867).  La reacción no se hizo esperar, fue tal Como haber despertado un volcán apagado por más de un siglo.

Don Raúl Varela al respecto comenta: “pues yo digo que no deberían de cambiarle ni quitarle nada; es Mátape Villa Pesqueira o Villa Pesqueira Mátape como esta allá en la placa, no andar con tonterías.

Yo tengo 70 años y mi acta de nacimiento tiene Mátape Villa Pesqueira que nació un niño en Mátape Villa Pesqueira, pues entonces es Mátape Villa Pesqueira. Y aunque esto lo dice cómodamente protegido por la sombra de un frondoso mezquite bien empechitado, no deja ni tantito así de dudas de que es esta actitud es reflejo del verdadero sentir general.

Por su parte, el Sr. Juan de Dios Béjar Mendoza, candidato por el partido tricolor a la Presidencia Municipal es más solemne y ecuánime: “Es una cosa que carece de importancia porque los dos nombres que la gente está impuesta a pronunciar son nombres que significan algo para la tradición del pueblo… entonces quitarles el nombre que tienen, desde luego que nos estamos oponiendo a ello pues el pueblo pidió en determinada época que se Llamara así y no somos nosotros quienes habremos de anular ese sentimiento”.

LOS METATES CUATES

Han pasado muchas lunas desde el ano de 1620 tan lejano, cuando los autóctonos vieron Alegar al primer español a Mátape, y cuando ellos decían Mátape, esto únicamente era; mucho tiempo después los colonizadores comprendieron no sin penalidades que significaba “Yugar de los metates”.

Para esto, nuestro amigo Candidato nos habló de como en la periferia del poblado fueron encontradas cantidades Industriales de estos objetos. Nos acompañó al lugar conocido como LOS METATES CUATES a la orilla de un promontorio, al verlos surgieron en nuestra mente varias Ideas concibiendo en fundamento a nuestros escasos conocimientos en la materia, dada la situación única de los metates aquellos labrados por la mano primitiva en la peña, que fuera el primer asentamiento de indígenas en nuestro Estado.

Dice el Arqueólogo Richard A. Pailes, dedicado al estudio de nuestro pasado, que los metates de cuenca profunda resultan ser los más antiguos, sobre todo si son de piedras toscas.  La forma en que se haya los Metates Cuates, demasiado pegados como su nombre lo indica, y uno más ahondado que el otro, y sobre el mismo trozo de peña de baja altura, nos parece Indicar que el grupo étnico aquí asentado no emigró en mucho tiempo. Nos da la idea además que puedan tener algún significado datando al menos de unos 1,500 a 1,750 años que es cuando según pruebas científicas del arqueólogo Pailes, empezó a existir el hombre sonorense.

MERECEN UN POCO MAS DE CUIDADO

Es una simple piedra -nos dice nuestro acompañante-, que tiene unos metates ya golpeados, porque los golpearon ahora después. Yo creo -agrega- que también merecen un poco más cuidado, pues estas cosas al igual que el nombre del pueblo pues algo de historia, la tradición están por ahí, no se les haCuidado como debiera… aunque son una simple piedra que aparentemente no significan nada, pero para el pueblo si aunque no se les ha dado la importancia, la seriedad que merecen; comenta como por la cercanías pasa un manantial y si se sube una poco de agua se pueden hasta plantar unos arbolitos, protegerlos con un cerco, ponerle una placa alusiva; así prometió este interesante señor Candidato.

EL COLEGIO DE MATAPE En 1622.

Los padres Francisco Oliñano y Tomás Basilio visitaron a los Indios aivinos. El cronista Pérez de Ribas dice que fueron muy bien recibidos, queComo si fueran antiguos cristianos al saludarlos lesDecían: “Seas padre, muy bienvenido a nuestrasTierras; estate aquí con nosotros para que te goces”. Se bautizaron 400 párvulos y seis enfermos adultos.

Según parece el P. Oliñano siguió visitando a los Aivinos; pero fue hasta 1629, cuando el P. Lorenzo Cárdenas se radicó entre ellos, congregando a los pueblos de San José de Mátape (la cabecera), Santa Cruz de Nácori y la Asunción de Álamos.Los manuscritos del Archivo General de Indas conservan, en detalle, las acusaciones que hace Don Gregorio López Di castillo contra el rector de la misión de Mátape: el padre Daniel Ángelo Marras.

Se trata de un conflicto económico.  Dicastlllo, el Alcalde Mayor de Sonora, asegura que los españoles no podrán prosperar mientras los Jesuitas controlaran los pueblos Indígenas. Se quedaba con amargura de que las misiones controlaran toda la provisión y de que fijaran precios tan altos que los colonizadores perdían todas sus ganancias simplemente en sobrevivir.Las Investigaciones nos enseñan, que uno de los personajes principales de la primera etapa de la historia de Sonora, es desconocido para los ciudadanos del Estado y para los historiadores del período.

El padre Daniel Ángelo Marras fue la figura central en la creación de incipiente colegio de Mátape, el cual nunca alegó a ser un colegio.  Aquí, los Jesuitas hacia el año 1650, establecieron su respectiva escuela en Mátape impartiendo la enseñanza del idioma español, lectura, escritura, nociones rudimentarias de aritmética, doctrina cristianas cristiana y canto religioso es esta y la de Oposura (hoy Moctezuma) consideradas las primeras escuelas del Estado de Sonora.-


Kino Leyenda del Padre Negro

Al fin llegó a Sonora la película de Felipe Cazals “Kino La Leyenda del padre Negro” en DVD, gracias al patrocinio de Conaculta.La producción es del Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE), Estudios Churubusco Azteca, Fondo de Fomento a la Calidad Cinematográfica y con el apoyo del Gobierno del Estado de Sonora.

Director: Felipe Cazals Guión: Gerardo de la Torre, Tomás Pérez Turrent y Felipe Cazals Reparto: Enrique Rocha, Rodolfo de Anda, Manuel Ojeda, Fernando Balzaretti, Ignacio Guadalupe, Blanca Guerra, Carlos Cardán, Leonardo Daniel, Aarón Hernán, Max Kerlow.   

 Sinopsis: Mientras agoniza en una choza, el jesuita Francisco Eusebio Kino recuerda los acontecimientos que lo condujeron de Italia a la Nueva España, en donde acompañó a la expedición del almirante de Atondo en calidad de cartógrafo y misionero. Durante su estancia en California y Sonora, Kino es testigo del maltrato de los españoles hacia los indígenas, situación que en ocasiones se vuelve en contra de su misión evangelizadora. Una dramática y poderosa epopeya acerca de Eusebio Francisco Kino, mejor conocido como Padre Kino.

En su lucha por explorar el Nuevo Mundo, Kino tuvo que desafiar a la Iglesia Católica, a los soldados Españoles, a los indios y a la misma naturaleza. Los logros y hazañas de Kino debido a su fuerza, constancia y su habilidad para superar obstáculos, lo hicieron una leyenda en sus tiempos.

Una película extraordinaria que no puede pasar desapercibida

Felipe Cazals.

Debido a que su madre era de orígenes judíos, Felipe fue enseñado a mentir durante la ocupación alemana. Esto tuvo como consecuencia que adquiriera una febril imaginación que le hiciera vivir en un mundo de fantasía.

Afortunadamente pudo canalizar positivamente dicha problemática hacia la cinematografía. Su padre que había puesto una tienda de ropa interior y lencería en la calle de Dolores casi esquina con la Avenida Juárez, en el centro de la Ciudad de México, hizo amistad con un grupo de bailarines que actuaba en Televicentro; el joven Felipe tuvo así la oportunidad de codearse con la gente de la farándula e iniciar sus incursiones en el mundo del espectáculo.

Una beca le permitió viajar a Francia para ingresar en el Institut d’hautes études cinématographiques .

En 1970 presentó su ópera prima Emiliano Zapata, y a mediados de los setenta filmó tres de las más importantes películas de la cinematografía mexicana, Canoa, El Apando y Las Poquianchis, culminando su obra con cintas como Los motivos de Luz, Las inocentes o Su Alteza Serenísima.

Inauguró la 54° Muestra Festival Internacional de Cine de Berlín con el documental Digna, hasta el último aliento, recibiendo este 2004 el Mayahuel de Plata que le otorgó la Muestra de Cine Mexicano e Iberoamericano en Guadalajara, así como el Premio-Homenaje del 7º Festival Internacional de Cortometraje Expresión en corto de Guanajuato y la Medalla de Plata de la Filmoteca de la UNAM.

En el 2007, obtuvo el Premio Nacional de Ciencias y Artes 2007 en el campo de las Bellas Artes.

  Aunque es hijo de padres franceses fue registrado en OdedDirección de Arte: Atricia Martí Vestuario: Rosario Candela Edición: Carlos Savage Sonido: Daniel García Campos y Óscar Mateos Música: Amparo Rubín. Zapopan, Jalisco.

El apellido original de su padre es Bourdelle, el cual fue cambiado a Cazals (apellido materno de su padre) cuando la familia emigró a México en marzo de 1949.Liceo Franco-Mexicano pero a los pocos meses fue enviado a la Academia Militarizada LatinoAmericana en la colonia San Ángel, con lo cual se integró completamente a la sociedad y cultura mexicana.

París. Sin embargo, no concluyó sus estudios y regresó a México realizando algunos cortometrajes para La hora de Bellas Artes. Arturo Ripstein, Rafael Castañedo y Pedro F. Miret el grupo Cine Independiente, produciendo La hora de los niños de Ripstein y Familiaridades del propio Cazals.


LA MISIÓN DE NUESTRA SEÑORA DEL PÓPULO DE LOS SERIS

en 1749 y la expropiacion de sus tierras, según el misionero jesuita Tomás Miranda.

Los documentos que aquí se publican fueron escritos por el misionero jesuita Tomás Miranda en 1749, en oposición al establecimiento de un presidio y una villa de españoles en las tierras de la misión de Nuestra Señora del Pópulo de los Seris, medida con la que se pretendía lograr el sometimiento definitivo de estos indios.

Uno de los propósitos de este trabajo es el de servir de complemento a la Carta Apologética del mismo Tomás Miranda, editada en el número 15 de esta revista.

Descriptores: Sonoro, seris, pimas, misiones, jesuitas, congregación de indios, villa de españoles, presidios, Nacameri, Nuestra Señora del Pópulo de los Seris, siglo XVIII.

José Luis Mirafuentes y Pilar Máynez de Nuestra Señora del Pópulo de los Seris in 1749 y la expropiación de sus tierras, de acuerdo con misionero  Jesuita Tomás Miranda.

Los documentos publicados y escritor por el jesuita Tomás Miranda en 1749, en oposición al establecimiento del presidio y una villa de españoles en las tierra de la misión de  Nuestra Señora del Pópulo de los Seris, por decisión del gobierno intentó archivar la definitiva sumisión de estos indios.

 Uno de los propósitos de este artículo es de servir de documento complementario  a la carta apologética del mismo Tomás Miranda, editada en el húmero 15 de este periódicos.

Palabras claves.” Sonora, seris, pimas, missions, Jesuits, Indian congregations, Spanish villages, presidio, Nacameri, Nuestra Señora del Pópulo de los Seris, siglo XVIII.

INTRODUCCIÓN

En el volumen 15 de esta revista, publicamos un extenso alegato en defensa de las tierras de los pueblos indios que, con el título de Carta Apologética al padre José Utrera, escribió en 1755 el religioso jesuita Tomás Miranda. (1) Ahora, en el presente número, volvemos a ocuparnos de la correspondencia de ese religioso, editando dos más de sus polémicas cartas como misionero en Sonora, las cuales, hasta donde sabemos, permanecen inéditas.

Estas misivas, sin embargo, están un tanto alejadas en el tiempo de la Carta Apologética de hecho, fueron escritas con mucha anterioridad: una es del 16 de junio de 1749 y la otra del 3 de julio del mismo año. Las dos, además, tienen una característica en común, que es la de formar parte de un importante conjunto de cartas que Miranda intercambió con otros misioneros y distintos funcionarios del gobierno de Sonora y Sinaloa sobre un asunto muy específico, y al que más adelante nos referiremos. (2) Dichas epístolas también se distinguen por pertenecer a las fechas en las que nuestro religioso empezaba a dar sus primeros pasos como evangelizador de indios y no tenía mayores conocimientos de la región.

Sabemos, al respecto, que su primera experiencia como misionero la inició en la misión de Nuestra Señora del Pópulo de los Seris a mediados de mayo de 1749, unos cuantos días después de haber llegado a la provincia. Pocos meses antes, tal vez ni siquiera imaginara que llevaría a cabo sus actividades espirituales en un escenario semejante, pues efectuaba todavía estudios de teología en el Colegio Máximo de San Pedro y San Pablo de México.alt

Pero a pesar del tiempo y las circunstancias que separan a las cartas de 1749 de la Apologética, no son ajenas a ésta, por el contrario, tienen muchísimo que ver con su contenido, particularmente la segunda de ellas, que es citada frecuentemente por aquélla y, en no pocas ocasiones, hasta de manera textual. ¿Qué contenía dicha carta y, en general, toda la correspondencia de la cual formaba parte, para que recibieran tanta importancia en la Apologética?

Incluían la denuncia que hizo Miranda de un “atentado” –como él así lo llamaba– inédito en la región, contra una de las misiones de Sonora, y que, por su misma novedad, significaba, además, un peligroso antecedente para futuras acciones de igual naturaleza. Se trataba de la expropiación de buena parte de las tierras de la misión del Pópulo, y del proceso de redistribución de las tierras sobrantes entre los indios congregados en la misma misión.

Esta medida, planeada y auspiciada por las autoridades generales, fue puesta en marcha por el juez visitador y gobernador interino de Sonora y Sinaloa, José Rafael Rodríguez Gallardo. Su objetivo era trasladar a la misión del Pópulo el presidio de San Pedro de la Conquista del Pitic, establecido unas 20 leguas al sur, y fundar, a su lado, una villa de españoles, como medio para someter definitivamente a los seris, cuya firme resistencia a abandonar su modo de vida nómada y sus antiguos dominios de las llanuras occidentales y la costa, era tenida como una amenaza para la seguridad de la región. (3)

Ni que decir tiene que esos propósitos difícilmente podían ser vistos con buenos ojos por los religiosos de la Compañía de Jesús, siempre dispuestos a defender la integridad y el exclusivismo indio de sus misiones. Así, tan pronto como fueron de su conocimiento, algunos de ellos los rechazaron abiertamente. A poco, sin embargo, terminaron por aceptarlos. El padre visitador de las misiones de Sonora, Carlos de Rojas, justificó esa aceptación haciendo notar que de no aprobarse la entrega de las tierras requeridas para el presidio, éste permanecería en su sitio y el problema del sometimiento de los seris quedaría sin resolverse. (4)

Cuando el misionero Tomás Miranda se hizo cargo de la administración de Nuestra Señora del Pópulo, esta misión se localizaba en las proximidades del río San Miguel, unas 20 leguas al norte de la actual ciudad de Hermosillo, Sonora, y estaba constituida por tres pueblos: la cabecera, que daba el nombre al establecimiento misional, y los pueblos de visita de Los Ángeles y Nacameri.

También formaba parte del Pópulo una ranchería nombrada San Miguel. Por entonces, sin embargo, la aplicación de los planes del visitador estaba ya bastante avanzada y tanto el pueblo de Los Ángeles como la ranchería de San Miguel se hallaban ocupados por los soldados del presidio. Por otra parte, algunos de los indios de esos establecimientos se habían levantado en armas y otros, aparentemente la mayoría, habían sido reacomodados en la cabecera. También se había iniciado la medición de las tierras del pueblo de Nacameri, con el fin de que fueran congregados en él los seris que se pensaba sacar de las llanuras y la costa, en el caso de que no cupieran en el pueblo principal, que igualmente vería afectada una parte de sus terrenos. (5)alt

Miranda, como bien ha mostrado Viveros, lejos de permanecer pasivo, protestó enérgicamente, y no sólo ante Rodríguez Gallardo y sus medidores de tierras, sino ante el propio Carlos de Rojas, a pesar, incluso, de las órdenes de éste de mantenerse al margen de lo negociado con el visitador. (6)

 Y es que dicho religioso, tal vez debido a que apenas se iniciaba como misionero, se mostraba particularmente cuidadoso del cumplimiento efectivo de su apostolado, y no aceptaba, quizás en parte por lo mismo, que se vulnerara en su propia misión lo que de hecho era una garantía para la existencia y los fines de la misma.

Efectivamente, el establecimiento del presidio y la villa de españoles en el Pópulo, además de que iba en contra de las leyes de división residencial que apartaban a los indios de misión de la influencia de los colonos españoles, violaba toda la legislación indiana que protegía la integridad de las tierras propiedad de los pueblos nativos, con los riesgos consiguientes de provocar nuevas revueltas en los asentamientos misionales restantes, así como el aumento de la resistencia a someterse de los seris no reducidos, que eran la mayoría.

Pero aun cuando nada de esto ocurriera y se lograse, en cambio, la sujeción total de esos indios, siempre habría de presentarse un problema con los mismos, que era el de hacer efectiva su congregación, pues, al decir del padre Miranda, las escasas tierras de riego que quedarían en posesión del Pópulo no serían suficientes para asegurar su mantenimiento.

Este mismo razonamiento, aparentemente influido por los reclamos de Miranda, llevó al antiguo misionero de los seris, el padre Nicolás Perera, a reconsiderar su opinión en favor de los propósitos de Rodríguez Gallardo. Veamos una parte de lo que dijo a éste, en nombre de los seris reducidos y de su ministro religioso:

Pero porque debo precaver los inconvenientes que puedan seguirse en el caso de que toda la nación [seri] se reduzca, protesto que, de ser así, no son suficientes las tierras que a dicho pueblo [del Pópulo] han quedado para las familias que con fundamento creo pueden sujetarse; ni bastan las del pueblo de Nacameri porque, prescindiendo ser [de] nación distinta, las muchas tierras que ha adquirido carecen de riego para el logro de los frutos, como es público y notorio. En esta atención, parece arreglado a justicia vuelvan las tierras a los indios que las han poseído o adquirido, o se les reemplacen de cuenta de Su Majestad en igual cantidad, calidad e igualdad de temperamento. (7)

Hemos de decir que la posición de Miranda resultaba también de otros excesos del visitador, que afectaban igualmente a los indios del Pópulo. Uno de esos abusos consistió en obligar a participar en la construcción del presidio a los mismos seris que acababan de ser despojados de sus tierras. Como decía el propio Miranda, “allí trabajan todos los días, desde que amanece hasta que anochece, mal comidos y bastantemente maltratados, sin exceptuar a la india que está encinta. Estos son cristianos y no son alzados; por esto hemos de tener buenas historias con el señor juez y el padre visitador”. (8)alt

No debieron faltar a nuestro misionero motivos de carácter estrictamente personales para criticar las medidas de Rodríguez Gallardo. El más importante pudo estar relacionado con las dificultades que encontró para radicarse en la cabecera de la misión, esto es el pueblo del Pópulo, donde se concentraban alrededor de 80 familias seris. Esos problemas tenían que ver con la tensión que se vivía en ese establecimiento, cuyos naturales se mostraban dispuestos a secundar el movimiento rebelde de los seris de Los Ángeles, en venganza por los excesos del visitador. Miranda, así, terminó por ser acomodado en el pueblo de visita de Nacameri, unas 10 leguas al norte.

Este pueblo estaba habitado por indios pimas y, por esas fechas, prácticamente se hallaba a punto de despoblarse, pues, sin contar a los menores de edad, apenas reunía 22 efectivos. Estos, a su vez, y a pesar de su corto número, seguían siendo objeto de numerosas obligaciones personales, de modo que sólo muy pocos radicaban de fijo en el pueblo.

 Esta circunstancia tal vez no provocara tanta impresión en Miranda como los males que la acompañaban. Cuando llegó a su flamante residencia de Nacameri no encontró más que abandono, soledad y las más agudas carencias; pero, además, el peligro inminente de que las tierras de ese pueblo también se vieran en alguna forma afectadas, a causa precisamente de la debilidad de su población y por el acomodo que se pensaba hacer en él de los seris que vivían fuera de la misión. Allí se paseaban ya los agrimensores del visitador para confirmar la veracidad de dicho peligro. En consecuencia, Miranda no podía sino atribuir a Rodríguez Gallardo el verse obligado a iniciar sus actividades misionales en condiciones tan poco alentadoras, o sea en medio de un conflicto con los propios indios que debía evangelizar y sujeto a las privaciones y demás problemas del despoblamiento virtual del pueblo de Nacameri. (9)

Las cartas que por entonces escribió denunciando esa situación y las irregularidades mencionadas, parecen haber estado a punto de echar por tierra todos los trabajos realizados hasta el momento por el visitador Rodríguez Gallardo; así parece señalarlo el misionero Carlos de Rojas, que decía lo siguiente: “El padre Miranda no hizo lo que se le mandó, con lo que lo indispuso todo”. El mismo religioso, pese a la molestia que eso le causaba, no dejó de elogiar una de las misivas en las que Miranda protestaba por la medición de las tierras del Pópulo y Nacameri. Así lo expresaba: “He visto la carta del padre Miranda y está muy buena, mas, por ahora, no conviene su remisión. Decirle al juez [Rodríguez Gallardo] que es atentado el que ha cometido es sacar la espada peleando, lo que no conviene”. (10)

Así pues, cuando en 1755 Miranda se dio a la tarea de escribir su alegato en defensa de las tierras de los pueblos indios, era natural que se apoyara en sus propios reclamos y denuncias con los que trató de preservar, casi con éxito, la integridad territorial de la misión de los seris, y que quedaron plasmados en sus cartas de 1749. Al decidimos a publicar esta correspondencia, pensamos que podía servir de complemento a la Apologética, pero también que permitiría ampliar el conocimiento que tenemos del proceso de expropiación de las tierras de la misión del Pópulo. Este proceso, en el corto plazo, implicó la desaparición de esta misión, pero no la de los seris, los cuales, como pronosticaba Miranda, en lugar de someterse con las medidas del visitador, se levantaron todos en armas. Como sabemos, no serían pacificados sino unos 20 años después, y a costa de innumerables sacrificios. (11)

¿Pero, cómo era el pueblo del Pópulo y los seris que en él habitaban en 1749? No podemos sustraemos a la tentación de reproducir aquí la breve descripción que el padre Miranda hizo de uno y otros. Decía así:alt

[El Pópulo] es [un] pueblo muy alegre, lleno de álamos, sauces y chinos; [tiene] mucha agua, buenas tierras para un todo y un cielo alegrísimo. Los indios son altos y renegridos; se componen mucho a su usanza; el pelo lo llenan de flores del campo, traen 8 y 10 zarcillos en cada oreja; en las narices cargan una piedrezuela azul, usan gargantillas y manillas de diferentes colores y conchas; en las piernas traen unas ataderas blancas de piel de venado, y sólo un trapillo con que tapan lo vergonzoso.

 De la misma suerte andan las indias, aunque no se componen tanto, habiéndolas dotado el cielo de bastante hermosura … Son flojísimos y poco dados a la labranza, mantiénense del arco y la flecha cazando venados; y hoy en día en que a los buenos les han quitado las armas, perecen de hombre. Son vengativos, traicioneros y desesperados; lo que dicen acerca de matar o quemar, lo cumplen. Al que les hace o les ha hecho algún bien no [le] hacen ningún daño, antes le previenen de que se libre. Son habilísimos, muy curiosos, pedidores y audaces. (12)

A fin de lograr una mejor comprensión de las denuncias del padre Miranda, hemos decidido adjuntar a sus cartas un documento del visitador Rodríguez Gallardo, en el que éste, además de justificar las medidas tomadas en contra de los seris y de sus asentamientos misionales, da instrucciones precisas para que se lleve a efecto la medición tanto de las tierras destinadas al presidio y a la villa de españoles, como de las que seguirían en posesión de la misión del Pópulo.

Los criterios adoptados en la transcripción de las cartas que presentamos aquí están relacionados con el interés de abarcar a un público más amplio que el de los especialistas; por tal motivo, decidimos modernizar el lenguaje de acuerdo con los lineamientos que establece la crítica textual. Al respecto explica Pedro Sánchez-Prieto Borja que “la modernización es, en cierto sentido, inherente a la práctica editorial misma, puesto que la edición la hacemos en y desde el siglo XX, cuando el castellano se escribe de acuerdo con unas determinadas convenciones de las que el editor no puede olvidarse si quiere hacer inteligible el mensaje de los textos antiguos”. (13)alt

Tomando en cuenta lo anterior redujimos la ss en términos como: necessario, (14) posession y prudentissimo, así como la ff en otros como offreciendose y la cc de feliccisimo; simplificamos los complejos consonánticos del tipo assumpto por asunto y espheras por esferas. Modificamos la i por y enmedio y al final de palabra en: proiecto, maior y mui, y cambiamos la x por la j intervocálica en palabras como executado, aloxado, Guadalaxara. Añadimos la h en avia y transformamos la b por v en verbos como promoberlo y bolveran, y z por c en sustantivos como vezinos y cabezera.

Desatamos las numerosas abreviaturas y palabras que aparecen abreviadas en las tres cartas: porq’, qdo. V.S. nros, qlesquiera, comp [composición] y dhos. Sabemos que la resolución de las abreviaturas constituye una de las fases más complejas de la crítica del texto; no obstante, en estas misivas el empleo constante y uniforme de ellas nos permitió lograr una certidumbre respecto a su desarrollo. (15)

Aplicamos la puntuación a los extensos enunciados que en la mayor parte se suceden mediante yuxtaposición o con esporádicas (,) a fin de facilitar la comprensión indispensable del documento; sin embargo, en algunos casos, y a pesar de la inserción de estos signos, se tuvieron que conservar los amplios párrafos del documento para mantener su sentido original. Estos se caracterizan, por lo general, por la sucesión de amplias enumeraciones que refuerzan la exposición. Veamos un caso:

Qué fuera de ellos [se refiere a los indios] sin su ministro a quien miran como a su ángel de guarda. Qué fuera de ellos si ni tuvieran el recurso en sus padres, el alivio en sus afliccionaes, el consuelo en sus tristezas, el descanso en sus…


Los ahorcaron por robar el Banco de Cananea

Por Jesús T. Morales

El día 9 de mayo de 1919 para el mineral de Cananea era un día más. El humo de las chimeneas de la fundición descansaba con una nube densa sobre la ciudad dándole un aspecto sombrío y frío como presagio de una tragedia que se cernía sobre una población pacífica.

Transcurrió el día aparentemente sin novedad, pero al anochecer la mayor parte de la gente deseosa de olvidar sus preocupaciones de distraerse un rato se aglomeraron en el Circo Beas y Modelo, que se encontraba instalado en el lado norte de la ciudad.

Allí pasaron algunas horas de alegría retirándose la mayor parte a sus hogares antes de la media noche. Sin embargo, algunas de las personas que permanecieron en el espectáculo fueron testigos de uno de los atracos bancarios más grandes en la historia del Estado de Sonora.

A las 11:00 p.m. salía el pueble de trabajadores de la fundición de la compañía minera, entre ellos se encontraba Rafael Caballero, ponchador de la Convertidora y Víctor Moreno, que trabajaba en el Departamento de Tostadores de la fundición, que se dirigieron al corralón donde los esperaban otros con caballos ensillados que habían robado en la empresa.

Esto era el principio de un asalto organizado por un Coronel Villista que comprometió a algunos trabajadores y a otras personas. Nombró como jefe de la banda a Rafael Caballero.

Su plan siniestro comprendía el asalto a la Compañía Bancaria de Cananea, S.A.) Banco de Cananea, S.A.) y hoy Banca Cremi.

En la trayectoria entre el corralón y el banco, los bandidos fueron detenidos por un policía que hacía guardia frente a la carcelita (donde está el actual Cuartel de Bomberos); dispararon contra él acribillándolo a balazos.

Dos policías que se encontraban en la vecindad accedieron a prestar auxilio, corriendo la misma suerte que el anterior.

Los maleantes se dirigieron a la casa de José María Aldama, cajero del Banco, obligándolo a ir a abrir la caja de los valores.

Inmediatamente los asaltantes se adueñaron de todo el dinero que consistía en monedas de oro nacional y pesos de plata que se guardaban en bolsas de lona.

Los bandidos al huir hicieron mucho escándalo por toda la ciudad, disparando y atemorizando a los habitantes.

El señor Rivera, comandante de la Policía quiso poner el orden y fue asesinado por los malhechores.

Escaparon por distintos rumbos, unos huyeron por la Matanza, otros por Puertecitos, otros por Agua Prieta, etc.

Rafael Caballero y Víctor Moreno huyeron por uno de los caminos de los ranchos de la Compañía Ganadera de Cananea.

En la noche mientras dormían, Víctor Moreno le robó el dinero a Caballero, y se fugó a Mexicali, B.C.

Caballero al verse solo y sin dinero solicitó empleo a el rancho donde al reconocerlo lo pusieron a disposición de las autoridades.

Igualmente fue atrapado Jesús Castro en el Pozo de los Muertos, camino a Agua Prieta. Tanto Caballero como Castro fueron entregados a la guarnición militar de la plaza de Cananea, donde el capitán primero David Gálvez Coyt dio la orden para que se les ahorcara en el Puente de Arco.

Después de la terrible ejecución y al descalzar a los cuerpos, en el doblez del pantalón de Castro se le encontraron valiosas joyas que había robado en la joyería Plascencia (posteriormente Casa Celia).

Se decía que el gobierno reintegró al Banco el dinero robado, jamás de supo el fin de los demás componentes de la banda.


EL SIGLO DE LA INDUSTRIALIZACIÓN

La fundidora de Ángel Estradaalt

Este personaje fue un pilar de la incipiente industrialización del viejo Hermosillo

 Desde 1980 existía en la esquina de Garmendia y Morelia una fundidora, propiedad de don José H. Aguilar que al mismo tiempo se desempeñaba como gerente, y su importancia radica en que esta empresa funcionó por espacio de ocho décadas, cerrando sus puertas hasta mediados de los años 60’s del pasado siglo.

 Gracias a su prestigio para fabricar toda especie de implementos s ya sean agrícolas, mineros, etcétera, la fundidora contó con muchos clientes de toda la ciudad y de otras partes del estado.

 Hasta sus puertas llegó un joven con ganas de seguir en esta profesión en fundir y fabricar toda clase de artículos de metal, nos referimos a Ángel Estrada Ramírez, nativo del puerto de Tampico, Tamaulipas, donde nació un 27 de febrero de 1914.

  Don Pepe Aguilar accedió a concederle un puesto a Ángel en el año de 1938 en una fundidora en la ciudad de La Paz ,en Baja California Sur.

   Pero volviendo años atrás, el señor Estrada llegó a Sonora a una edad temprana y en 1922 inició sus estudios de primaria en el puerto de Guaymas, y entonces, en 1928 a la escasa edad de 14 años, se inició en la fundición en una empresa llamada “La Explotadora”.

  Como se ve, ya traía en su sangre el gusanito por fundir metales y “revivirlos” para ser utilizados de nuevo, porque en aquella época se desconocía el  vocablo reciclaje.

Como decíamos anteriormente, por espacio de cinco años trabajó en La Paz como maestro fundidor y su espíritu por aprender más en esta profesión, le hizo venirse a Hermosillo y tratar de superar a don José Aguilar, su maestro.

  Aguilar, descendiente de una de las familias más antiguas de Hermosillo, estudió desde muy joven en Estados Unidos donde logró obtener con todos los honores un diploma que lo acreditaba como Ingeniero Mecánico, y al igual que Estrada, ambos practicaron su intelecto y el saber adquirido para bien de la sociedad. Fundidora en Hermosillo.En contraparte de la empresa donde trabajó con Pepe Aguilar que se llamó “Fundición Sonora”, y que en 1905 se anunciaba en el “Álbum Directorio” de Federico García y Alva en la esquina de Morelia y Porfirio Díaz, frente a la actual central de Telmex, y ofrecía a sus clientes de aquellos tiempos el número telefónico 1241.

  En una fotografía publicada en el referido Álbum Directorio de ese año, se puede apreciar toda la planta trabajadora que sumaban más de 20 personas sin faltar, claro está, algunos curiosos y otro que se coló con todo y caballo.

Pues bien, Ángel Estrada Ramírez se independizó en 1945 y entonces levantó con sus propios medios un modesto taller de fundición que consistía en una pequeña fragua, pilas de agua fría, utensilios como marros y martillos.

Su fuerza de carácter, le hizo costear por fin en 1953 con sus propios medios y entracalándose aquí y allá, hizo posible ver hecho realidad su propio edificio ubicado en la calle 16 de septiembre entra Zacatecas y Tamaulipas en el barrio de la Cinco de Mayo.

  Contaban los viejos de la colonia que esa fundidora era una de las más modernas de la región y don Ángel atendía personalmente a todos sus clientes.

  Hasta él llegaban desde vecinos para que les hiciera una pieza de metal que les hacía falta en el hogar, así como agricultores de la Costa con piezas de un arado roto, mecánicos con piezas automotrices que aquí encontraban un precio barato en vez de adquirir una refracción nueva.

  Hace muchos años que la “Fundidora de Hermosillo” cerró sus puertas y a don Ángel le perdimos la pista, pero la maquinaria, la que por muchos años la vimos funcionar, hace bastante tiempo desapareció.

  Su edificio se conserva igual. Hoy en día se ha convertido en un gimnasio, propiedad de nuestro buen amigo César Valenzuela.

  Lo único que se conserva del viejo edificio, son sus pilas de agua fría que enfriaban el candente metal al rojo vivo y una polea que hace mucho dejó de trabajar.

Fue una empresa 100% hermosillense donde muchos jefes de familia sacaron “pa´l chivo” y mantener a sus familias y don Ángel que era su jefe y patrón, sin embargo fue un gran amigo de todos ellos.

Don Ángel Estrada Ramírez al igual que su jefe don José H. Aguilar, fueron pilares de la incipiente industrialización del viejo Hermosillo.

Gracias por su tiempo.


EL VIEJO GUAYMAS

 En 1825, La Constitución Política Local dispuso que se formaran los ayuntamientos, desde ese año tiene Guaymas la categoría de municipio.

  En 1827 se registra el primer movimiento comercial en el nuevo puerto de Guaymas, movimiento de importacón con la llegada de cuatro buques trayendo 650 toneladas de diversos productos con valor de $104,947 pesos, 7 reales.

                             Por su ubicación marítima a Guaymas le toca ser víctima de agresiones, invasiones y filibusterismo En 1847 el 16 de octubre aparece en la bahía la flota norteamericana formada por goleta “Portsmouth”, la fragata “Congress” y el bergantín”Argos” a los que después se une la corbeta “Vail”. Anclan entre la isla de Pájaros y la del Almagre Grande. Días después abren fuego de sus cañones contra el puerto. Queda Guaymas en manos de los norteamericanos hasta julio de 1848 que se firmó el tratado Guadalupe-Hidalgo que nos costo parte del territorio Nacional.

  En 1851, el Marques de Pindray joven vagabundo francés salta a tierra de la barca”Cumberlan” acompañado por ochenta y ocho secuaces, arma un alboroto en le puerto, y se interna en el estado para morir en el pueblo de Rayón de un balazo en la cabeza.

  En 1853 uno de los mas extraordinarios aventureros de aquellos tiempos, William Walker, de Tennessee, llega a Guaymas con proyectos de filibusterismo que disfraza con propósitos de colonización y es rechazado por las autoridades de Guaymas, regresando a California, siete años después muere en Honduras fusilado por flibusterismo.

  En 1854, llega a puerto el velero inglés “Challenge” con filibusteros contratados en San Francisco, llega detrás de ellos en la goleta de 10 toneladas llamada “La Belle” el Conde Gastón Raousset-Boulbón que con sueños de conquistador desea adueñarse de Sonora. El 13 de julio de ese mismo año, poco después de las 2:00 de la tarde más de 400 filibusteros comandados por el conde iniciaron la acometida contra el puerto, los Guaymenses bajo el mando del General José María Yáñez se jugaron la vida en la defensa, muchos la pierden, y al llegar el crepúsculo la hueste en derrota se entrega prisionera, La Belle se va fugitiva por el mar de Cortés, y el 12 de agosto a poca distancia del muelle el Conde es fusilado.

  El 13 de julio de 1859 el Gobernador Pesqueira por decreto dispuso “… En uso de las facultades que me hallo envestido y tomando en consideración el importante servicio prestado a la Nación por el pueblo de San Fernando de Guaymas el 13 de juo de 1854, de gloria para la República, he tenido a bien decretar: Art. único. Se confiere el título de Ciudad de San Fernando de Guaymas a la Villa de este nombre, …”.

  A la par de estos acontecimientos, el Puerto de Guaymas se fue desarrollando siendo varias las compañías navieras que utilizaban a Guaymas como puerto, la Pacific Mail Steamship, Co. enviaba el buque “Curazao”, que efectuaba viaje redondo mensual entre San Francisco California y Guaymas haciendo escala en Ensenada, San José del Cabo, Mazatlán, Topolobampo, Santa Rosalía y la Paz.

  En 1860, The Mexican Weast Coast Steamship Co. hacía que los trece buques de la pacific Mail & Steamship Co., hicieran escala en los puertos de la paz, Guaymas, Mazatlán y San Blas.

                                          Fue construido un muelle de acceso, para recibir los distintos material y maquinarias para el ferrocarril y allí se recibió la primera locomotora que se conoció en el estado.

Naviera del Pacífico, S.A. dirigida por Don Luis A. Martínez, en esos años la Cía. del Boleo S.A. compró un pequeño barco de vapor llamado Korrigan de 201 toneladas, y posteriormente el Korrigan II y el Korrigan III. Estos vapores llegaban al puerto de Guaymas cargados con mineral de cobre de Santa Rosalía.
  
   En 1890 Guaymas contaba con una población de 10,000 habitantes quienes se sentían orgullosos de vivir en una ciudad con servicios modernos que les permitía prosperar sus negocios; electricidad, telégrafo, correo eficiente, ferrocarril urbano y una vía de ferrocarril hasta la frontera con Estados Unidos, y sobre todo una comunicación con los principales puertos del mundo a través de sus grandes empresas navieras.
 
  La economía del puerto era las más importante del estado, estaban establecidas en el puerto un gran número de casa comerciales y era un centro cosmopólita formado por extranjeros de varias nacionalidades cuyos apellidos llevan multitud de descendientes sonorenses.

En 1925 se construyen las instalaciones portuarias en Punta de Lastre, constituidas por el muelle de la zona naval.

  El 5 de noviembre de 1935 la Legislatura Local vota le siguiente decreto: “Se concede a la Ciudad y Puerto de Guaymas el título de Heroica, por la acción de armas del 13 de julio de 1854, en cuya fecha patriótica hijos de Guaymas defendieron con heroicidad su suelo, la integridad del Estado y la Patria Misma…”

     En 1961 Se construye el muelle de PEMEX para la descarga de fluidos y para el suministro a buques se construye el muelle de combustible.

  En 1964 se construye la unidad de silos para la exportación de granos. Ese mismo año la Secretaría de Marina construye en el puerto el Varadero nacional para las reparaciones navales.

  En 1972 Se constituyó en la ciudad de México la empresa de participación estatal “Servicios Portuarios de Guaymas”. Durante la década de los 80 se optimizan los tiempos de carga y descarga con la construcción del patio de contenedores, el muelle para gas además de otras     obras on las que la iniciativa privada comienza a mover sus productos e insumos por la vía marítima, tal como es el caso de la Compañía Mexicana de Cobre, el muelle de Cemex y los tanques de la compañía Mexicana de Acido Sulfúrico.

   En 1995 entra en funciones la figura ADMIMISTRACION PORTUARIA INTEGRAL DE GUAYMAS en substitución de Servicios Portuarios de Guaymas cuyo principal objetivo es administrar, supervisar, controlar y promocionar bienes, servicios y actividades dentro del Recinto Portuario. Opera con utilidades y recursos propios logrando su autosuficiencia financiera, resultado de ingresos por concepto de cesiones, tarifas portuarias y prestación de servicios.

TIRAR FLECHAS A LA CABEZA”

  En 1813 la nao “Rey Fernando” estuvo fondeada en la bahía de Guaymas, durante 5 meses e hizo exploraciones de profundidad, se dibujó un mapa en donde solo aparece una casa blanca. Al año siguiente los pilotos de la corbeta “San José que permaneció en el puerto dos meses, verificaron las medidas tomadas el año anterior.

   El 26 de marzo de 1814, las Cortes Españolas aprobaron el tráfico marítimo de cabotaje por Guaymas. El jueves 9 de noviembre de 1820 fue declarado abierto al comercio de altura el puerto de Guaymas, y el 20 de noviembre del mismo año se estableció la aduana marítima.


TRES DE MAYO DE 1887

EL FATÍDICO AÑO DEL TEMBLORalt

El templo de Santa María Magdalena tiene una cicatriz muy notoria, viéndola de frente notaremos hacia el lado izquierdo, o sea hacia donde está la torre de dos cuerpo, que en la base donde se une con la nave hay una grieta que a duras penas apenas si ha podido ser disimulada.

Está allí desde aquella tarde de terror que sacudió a Sonora; era poquito después de las dos de la tarde del martes 3 mayo de 1887, el mero día de la Santa Cruz, cuando un temblor severo sacudió la región noreste de la entidad y suroeste de los Estado Unidos.

Los periódicos dieron reportes de montañas derrumbándose, volcanes en erupción, edificios estremeciéndose y personas aterrorizadas. Por causa de la gran excitación generada por el temblor, muchos de los reportes fueron exagerados y pronto fueron ratificados por completo.

El epicentro del temblor fue localizado en el valle de Batepito, exactamente en donde da vuelta el río Bavispe tomando su curso hacia el sur.

En la media tarde del día de la Santa Cruz, los habitantes de Bavispe escucharon un zumbido subterráneo y sintieron de repente que la tierra temblaba debajo de ellos. Rajaduras profundas aparecieron en las calles, la tierra se hundió en uno lugares y el agua inundó los huecos.

Fuego y humo salieron de la Sierra Madre hacia el este, causando gran pánico, llegándose a pensar que eran las montañas unos volcanes en erupción.

Algunos temblores más pequeños le siguieron añadiendo más terror, ya que 42 personas perdieron la vida y 29 sufrieron heridas hechas cuando sus casas, tiendas y la iglesia del pueblo se vinieron abajo.

Fuertes olas de estremecimiento se alcanzaron a sentir hasta 400 millas afectando principalmente la parte noreste de Sonora, sur de Arizona y Nuevo México, y hasta la parte oeste de Texas.

Este evento no sólo causó tristeza humana y daño material, sino que también estimuló la primera investigación importante sobre la actividad sísmica en el sudeste de la unión americana.

El temblor se extendió en un radio incluso llegando hasta el Valle de México y el Bolsón del Mapimí al este y al oeste por el Golfo de California. Al norte por curva oblicua que se extendió de Santa Fe, Nuevo México hasta la punta de los Ríos Gil y Colorado pasando al sur de Prescott, Arizona. Abarcó una superficial de Mil 200 kilómetros cuadrados.

El temblor del año de 1887 dejó una cicatriz en la tierra que permaneció como testimonio. Las ondas sísmicas con epicentro en el noreste de Sonora no sólo causaron daños materiales y tristeza humana, sino que también causó cambios de la superficie de la tierra.

Hasta los apaches que estaban en guerra constante, durante diez años no invadieron Sonora.

Se hizo público el suceso con todas sus consecuencias y se concientizó de los peligros de un mayor sismo que pudiera ocurrir posteriormente, y se reveló la necesidad de entrenar personal que estudiará la actividad sísmica.

Tomado de Leyenda de Magdalena. Autor F.B T.

 


EL DESIERTO TOMADO

El primer capítulo del Ulises criollo transcurre en Sásabe, Sonora, en el año de 1885.

El padre de José Vasconcelos había sido enviado ahí como parte de un esfuerzo del gobierno mexicano para hacer frente a las “avanzadas del yankee”.

Pero el temor más fuerte, compartido por mexicanos y estadunidenses, eran los ataques apaches. Vale la pena retomar una de las escenas descritas: “Por el extremo de la derecha los mezquites se confundían con sus sombras. Acariciada por la luz, se plateaba la lejanía, y de pronto clamó una voz:

‘Vi lumbre de un cigarro y unas sombras por la noria…’.

Se alzaron todos de sus asientos, cundió la alarma y de boca en boca el grito aterido: ‘Los indios…; allí vienen los indios…’ ”. Vasconcelos recuerda el alboroto: los hombres se subieron a la azotea, y mientras sonaban los tiros, niños y mujeres rezaban La Magnífica. Luego bajaron los hombres: “Son contrabandistas —afirmaron—, y van ya de huida; ensillaremos para ir a perseguirlos”.

Natalia Mendoza Rockwell

Leído ahora, el relato adquiere un carácter casi inaugural: en medio del alboroto, los apaches se convirtieron en contrabandistas. Vasconcelos describe Sásabe como “menos que una aldea, un puerto en el desierto de Sonora”, y esta descripción nos sirve hoy. A lo largo de la línea fronteriza que se extiende de Sásabe hacia el oeste se encuentran los lugares conocidos como “Las puertas de los pápagos”, donde tradicionalmente se negociaba la cooperación con habitantes de la reserva pápago para el cruce de mercancías y más recientemente para organizar el traslado de migrantes indocumentados. Desde hace un par de años, varias de estas “entradas” —ubicadas en el mismo territorio que Vasconcelos describía como dominado por los apaches— están controladas por un grupo de narcotraficantes que cobra peaje a los polleros: 50 dólares por cada nacional y 100 por cada centroamericano que intente cruzar la frontera.

El desierto de Altar tiene un lugar más o menos marginal dentro del tráfico de drogas, sobre todo si se le compara con otros puntos de la frontera, pero se volvió en la última década uno de los lugares de paso más importantes para migrantes indocumentados. Más que su importancia numérica, lo que hace interesante al desierto de Altar es que ahí se dan tal vez las formas más rudimentarias de contrabando de personas y mercancías. Los migrantes pagan mil 500 dólares por ser guiados en una caminata de tres días a través del desierto. La droga, mayoritariamente marihuana, se cruza con frecuencia por grupos de 10 o 15 burreros que alternan traslados a caballo y a pie. Pero estos sistemas, precisamente por rudimentarios, implican una participación masiva de la población del lugar.

Dentro de la genealogía local de ataques de indios, contrabando, abigeato, balaceras y controles territoriales, el narcotráfico actual pretende legitimarse como continuidad y es criticado por otros como ruptura. En la región del desierto de Altar, lo mismo que en otras regiones del norte, hay un debate respecto a la legitimidad del tráfico de drogas y la posición social de los narcotraficantes. En gran medida ese debate se formula con argumentos que buscan asociar o disociar al tráfico de drogas de las formas tradicionales de entender el prestigio y la moral. Mucho de lo que hoy llamamos narcocultura, muchas de las formas en que se representa incorporan localmente el tráfico de drogas, recicla elementos que tienen una resonancia vieja en las culturas rancheras y en las sociedades del norte. Al mismo tiempo, existe una reacción que pretende disminuir el atractivo del narcotráfico, recuperando un ideal masculino ranchero ajeno a la violencia y la ilegalidad.

EL TRABAJO

Uno de los temas que condensa los encuentros y desencuentros entre la tradición ranchera y el tráfico de drogas es la valoración del trabajo, concretamente del esfuerzo físico. Las viejas elites y clases medias, que buscan representar la reacción moral contra el narcotráfico, expresan su queja con referencia al trabajo: ‘’El problema —he escuchado decir con frecuencia— es que la gente ya no quiere trabajar, la gente ya se hizo vaquetona, ya se acostumbró al dinero fácil”.

Por su parte, los defensores y allegados al tráfico de drogas intentan probar lo contrario, que el narcotráfico requiere tanto esfuerzo como cualquier otro trabajo, que el dinero que se gana está bien merecido: “El narcotráfico tiene sus riesgos —me dice un muchacho que no hace mucho empezó a participar en el negocio familiar—, no es tan fácil. Es un pinche trabajo como cualquier otro, que lo vean mal es otra cosa. Pero dinero fácil, dinero fácil pura madre: es una pinche putiza”.

Es precisamente el poder purificador que se atribuye al trabajo, al sufrimiento en general, lo que en la opinión pública exime a los burreros de parte de su culpa. Los burreros son el eslabón más bajo del narcotráfico, se dedican a cruzar la frontera a pie con 20 kilos de marihuana a cuestas con frecuencia sin saber a quién pertenece la droga.

Constituyen una especie de ejército desorganizado y adicto, que no madruga, y que en los meses de zafra —como se le llama a los meses de abundancia cuando llega la mayor parte de marihuana al pueblo— llena las cantinas, los palenques y las carreras de caballos. Algunos, sobre todo los de Sinaloa, usan gorras y cinturones con la hoja de marihuana estampada, una nueva heráldica que desafía sin empacho la iconografía tradicional. Otros se visten con botas, sombrero y hebilla, símbolos del orgullo ranchero que ya poco tiene que ver con participar de hecho en la labores del campo.

Uno de los argumentos más poderosos en relación con el trabajo lo escuché, precisamente, de la esposa de un burrero. Se trata de una mujer elocuente y directa que ha fungido varias veces como lideresa en los barrios marginados de Altar: vende sándwiches, es maestra del Instituto Sonorense de Educación para los Adultos, organiza un círculo de lecturas bíblicas con las mujeres de su barrio, y ha representado demandas en relación a la distribución de agua en las afueras del pueblo. Le pregunté si el narcotráfico le había afectado a ella personalmente, y esta fue su respuesta:

No, a mí prácticamente no me ha afectado, a mí me ha beneficiado el narcotráfico. Porque gracias a eso tengo carro, gracias a eso tengo vestido y comida. Gracias a eso le he podido dar educación a mis hijos, comprarles lo que necesitan. Yo me pongo a hacer cuentas, con los sándwiches no me alcanza para el gasto diario de los niños, no me alcanza. Es que yo digo: si agarras un trabajo para mantener a tu familia, ¿para quién estás trabajando? Si estás dejando solos a tus hijos por irte a trabajar por un diario…

Es ahí donde dices: “A mí el narcotráfico no me afecta, me beneficia”. ¿Por qué? Porque mi marido se va siete días, esos siete días no tienen papá los chamacos. Pero llega y tienen a su papá en su casa, porque ya no trabaja y se queda con ellos y los cuida bien. A veces sí hay problemas, que porque está tomando mucho o se está drogando mucho, y genera problemas. Pero yo creo que me ha beneficiado más de lo que me ha afectado.
Desde el punto de vista de estos pequeños y medianos narcotraficantes, esta actividad rara vez permite un cambio real de posición social. Permite sobrevivir, darse algunos lujos, pero se sabe casi como una fatalidad que “ese dinero”, el dinero sucio, no dura. Después de un rato, uno queda igual o peor. Curiosamente, defensores y críticos comparten la convicción de que el dinero del narcotráfico es uno que “así como se gana, se tira”. El mismo joven que minutos antes argumentaba fervientemente que el narcotráfico es un trabajo como cualquier otro, una putiza, describe la administración de su familia con más orgullo que crítica:

Ponle tú, mañana con el favor de Dios, si todo sale como tiene planeado mi apá, son 20 mil dólares los que agarra mi apá. Se supone, porque no se puede saber: porque tal vez te chinguen, tal vez te la roben. Pero si todo sale bien, son 20 mil dólares. Esos pinche 20 mil dólares, en dos meses no vamos a tener ni un solo centavo. Y se me hacen mucho dos meses. Pero así es, morra, sin echarte mentiras y sin exagerar: ni un puto solo centavo. Es que no sé, así son las ideas de aquí, fácil lo agarras y fácil se va, dicen que así es el dinero ese… Si yo llego a ser mafioso, me gustaría invertir el dinero, pero sin llegar a ser tacaño. Si yo tuviera un hijo y agarrase ese dinero, sería igualito que mi apá: darle, darle pa’ que lo gaste. De todos modos me voy a morir y pa’ qué voy a juntar dinero. ¡Que lo gasten!
DE CABALLOS

Una de las figuras más admiradas tradicionalmente en la región es la del ganadero o ranchero. Por lo tanto no es sorprendente que el dinero del narcotráfico se traduzca con frecuencia en símbolos de prestigio que tienen una gran resonancia local: ranchos, camionetas pick-up, caballos, sombreros, botas. Es en el espacio de las carreras de caballos y palenques donde se produce con más naturalidad la convergencia entre lo ranchero y lo propio del narcotráfico. Hay un regodeo colectivo en las actitudes de hombría, riesgo, honor, derroche, por las que casi todos se sienten interpelados. De la misma manera este joven que vive y trabaja legalmente en Arizona me confiesa que, como muchos otros, estando en las carreras de caballos ha fantaseado con ser narcotraficante:

¿A ustedes nunca les pasó por la cabeza dedicarse a la mañoseada?1 Es que yo no sé qué tiene ese rollo, pero cuando andas en unas carreras de caballos y ponen corridos, y ves a toda la raza acelerada, y aunque uno no tenga nada que ver, te aceleras bien machín. Algo tiene ese rollo que atrae un chingo. Dos, tres cervezas y te pones a cantar corridos a todo pulmón, y te sale del alma, del alma… Y te imaginas acá, bien chaka.
Es difícil hacer justicia a la intensidad de este deseo, cuando se dice “algo tiene ese rollo que atrae un chingo”. Por supuesto rompe con cualquier noción de individuo que maximiza beneficios, dice lo contrario: te doy la vida por un poco de gloria. No se entiende esta intensidad si no se entiende que no es nueva, que “morir en la raya”, “morir matando”, “rifársela”, son líneas que aparecen con frecuencia en narcocorridos pero están ya en los corridos de la Revolución mexicana.

Expresan actitudes que tienen una historia y una valoración propia que atraviesan las esferas de lo ilegal, la política, los negocios y el amor. Lo importante es notar que el tráfico de drogas se ha vuelto la forma privilegiada de responder a la exigencia de “rifársela”. La fuerza del incentivo económico importa, por supuesto, pero importa sobre todo en la medida en que se puede traducir en formas de prestigio largamente añoradas.

Las historias de caballos, apuestas y violencia no son nuevas. Todavía alcancé a conocer algunos vaqueros míticos —son viejos sólidos y astutos, ni buenos ni malos—, que remontados en sus ranchos contaban historias de cacerías, de pleitos, de contrabando, de indios, de las viejas corridas de ganado de Altar a Mexicali.

Uno de ellos me contó una historia. En los años antes de la Revolución, vivía en la región un señor de nombre Emilio Robledo que tenía un caballo al que nadie le podía ganar. Hasta que otro señor, Ramón Valencia, urdió un plan para ganarle. En aquel tiempo no había cercos ni potreros y los caballos andaban más o menos libres en el monte. Valencia se las arregló para probar el caballo de Robledo a escondidas contra otros caballos de por ahí, hasta que encontró a una yegüita bajita y peluda que le ganaba al caballo sin problema.

Se hizo la carrera, y la yegua ganó. Pero no faltó quien le dijera a Robledo que Valencia había hecho trampa puesto que conocía de antemano el resultado de la carrera. Robledo anduvo buscando a Valencia, pero como no lo encontró, mató a su hermano. Ramón Valencia se fue a la campaña de Chihuahua contra Villa, regresó a los dos años con el grado de capitán y le exigió al comisario de La Reforma que le entregara a los asesinos de su hermano, los sacó con orden militar y ahí nomás pasando los cerros los colgó.

Un siglo basta para que un relato así se convierta en piedra pulida y adquiera una nitidez desproporcionada: aquellos eran caballos, aquellos era hombres con honor. Y así, en el vano intento de emulación, las historias de narcos y caballos de hoy tienen algo de comedia de equivocaciones. La Navidad pasada tomé un autobús de Hermosillo a Altar en el que íbamos sólo dos pasajeros; al cabo de un rato nos pusimos platicar.

El señor se dedica a entrenar caballos bailadores, se sobreentiende que de los narcos. Los caballos bailadores son una novedad absoluta en la región, nunca antes se había acostumbrado algo parecido. Me contó la historia, que reconstruyo de memoria, de un caballo al que le puso el Donca, en honor a don Carlos Slim:—Ese caballo lo fuimos a traer a la ciudad de México de un rancho que se supone es de don Carlos Slim. El dueño era un muchacho de aquí de la región que agarró mucha feria como cruzador y se le puso en la mente ir a traer un caballo español a México, y yo lo acompañé.

El caballo lo compró por 300 mil dólares; también compró una silla con incrustaciones de plata y un fuete con el mango de oro macizo. Ya lo mataron al muchacho, esto fue hace como tres años. Y el caballo parece que se lo quedó un socio y se lo llevó a Chihuahua. El fuete quedó en la primera pistiada, quién sabe si lo regalaría o lo perdería o qué. A mí la verdad me daba lástima el caballo, me daba lástima ver que el muchacho se le subiera sin botas y sin sombrero.
—¿Pues qué no se supone que era ranchero de por aquí?
—Sí, pero como se había puesto de novio con una morrita popis, pues andaba voladísimo y se le subía al pobre caballo con unos zapatitos cualquiera…
Lo interesante de esta historia es que contiene una especie de resistencia a caer bajo la ilusión de la continuidad narco-ranchero. El muchacho había conseguido todo, el mejor caballo, la mejor montura, y hasta fuete. Pero le fallaron los zapatos.


REGIONALISMO Y VIOLENCIA

La oposición entre vieja y nueva mafia es un tema recurrente en la historia del “crimen organizado” en muchas partes del mundo. A la decadencia moral y los abusos de la “nueva mafia”, se opone siempre una versión idealizada de la “vieja mafia” que con frecuencia sirve para legitimar a unos grupos sobre otros. En Sonora este debate ha tomado la forma de un peculiar regionalismo en el que la veta violenta del tráfico de drogas se identifica ineludiblemente con “la gente que llega del sur”, en concreto con Sinaloa y los sinaloenses.

La dueña de uno de los tantos hoteles para polleros y migrantes que se han construido en Altar en la última década se quejaba de la inseguridad que reina ahora en Altar. Ella pertenece a una “familia del pueblo” que hasta hace poco todavía vivía intermitentemente entre el rancho y el pueblo. En su familia, como en casi cualquier otra, hay hombres dedicados al narcotráfico. Sus valoraciones sobre la inseguridad en Altar pueden considerarse representativas:—¿Desde cuándo se volvió inseguro el pueblo? Es por el narcotráfico, por los migrantes…

—No, no. Mafia y migrantes todo el tiempo ha habido. Yo creo que fue desde el año pasado o antepasado para acá, que empezó a recalar la gente de Sinaloa que hay que tener cuidado. La inseguridad no es por la gente que va de paso ni por la mafia, porque mafia todo el tiempo ha habido y nunca había habido esta inseguridad. Aquí se debe a que hay mucho tirador de droga que no es del pueblo.

Es gente de Sinaloa, es la verdad: la gente de Sinaloa tiene la plaza comprada. Aquí no trabaja ninguno del pueblo haciendo eso: tirando4 coca aquí en el pueblo. Es común que se establezca la diferencia moral entre traficar droga hacia Estados Unidos y vender droga en el pueblo o en la región.

Pero lo importante es notar que el argumento se construye en términos casi étnicos. Es decir, no se trata únicamente de que los “narcos del pueblo” sean mejores porque tiene ahí a su familia y una serie de relaciones que los fuerzan a aceptar cierto tipo de normas morales. Lo que se dice es que los narcos de Sinaloa son violentos porque así es la gente de Sinaloa. El hijo de un cruzador me lo explicó de manera elocuente, pero el argumento se repite una y otra vez: La gente de Sinaloa es más brava, son más bravos, se los notas.

O sea: se mueren muy fácil. Por ejemplo, si tiene una chamaca, una novia, y la pinche morra es más coscolina que la chingada y anda con este y con el otro, ahí andan ellos peleándose a putazos por la morra. Así son los de Sinaloa: se mueren por las viejas. Ahora imagínate en la mafia: ¡puta, pues les roban algo y se quieren morir! En cambio, aquí no, los sonorenses siempre hemos sido más calmados.
En la mitología de la “vieja mafia” los contrabandistas aparecen como rancheros mañosos que no consumen drogas y mucho menos la venden a los miembros de su comunidad. Otro elemento recurrente es la idea de que los sonorenses, y por lo tanto los narcos buenos, la vieja mafia, es mucho menos violenta, no se matan entre sí, tiene formas de arreglar sus problemas. A esto se antepone la imagen, también recurrente, de los sinaloenses como matones.

El contraste, la idea de ruptura se expresa siempre de la misma manera: todo cambió cuando llegó la gente del sur. Así lo explica, por ejemplo, una maestra de la escuela primaria:Antes eran mafiosos, pero eran mafiosos del pueblo, que traían dinero y eso, pero eran personas de Altar, no le hacían daño a nadie. Antes no pasaba de golpes, dimes y diretes entre personas. Pero tú sabes que ahora con la mafia viene gente del sur, gente que agarra su plaza, como dicen en el periódico, hay gente desaparecida porque se robó la carga.
Este miedo a que se derrumbe el viejo mundo, paradójicamente, es lo que alimenta el atractivo de las actividades ilícitas. El narcotráfico ofrece una especie de subsidio, un tiempo de gracia, al viejo estilo de vida; permite mantener ranchos que ya no son rentables, permite no migrar y permite no incorporarse al mercado de trabajo asalariado.

Por supuesto, mucho ha cambiado desde que Vasconcelos pasó por Sásabe, pero es precisamente esa extraña ilusión de continuidad lo que ha hecho posible el cambio. Todo ha cambiado precisamente porque todos pensamos que era algo de lo mismo: los mismos “negocios de hombres”, los mismos caballos y las mismas botas, las mismas balaceras y los mismos tiroteos de siempre, los mismos corridos, el mismo honor.

Natalia Mendoza Rockwell. Autora de Conversaciones del desierto: Cultura, moral y tráfico de drogas


TRIO CERVECERO

Por Juan Ramón Gutierrez

Desde Bavaria llegaron a Sonora tres alemanes que en poco tiempo revolucionarían a la naciente industria sonorense, haciendo negocio con la cerveza: Geo Grürinig, Alberto Hoeffer y Jacobo Schusley.

El primero en llegar a Hermosillo fue Herr Grürinig en 1896, inmediatamente se relacionó en las altas esferas políticas y del comercio y su idea fue fundar una fábrica cervecera, tomando como ejemplo a las que funcionaban tanto en Europa como en Estados Unidos. Contrajo matrimonio con una elegante y destacada señorita, descendiente de una de las familias principales de la ciudad, Dolores Monteverde, cuyas hermanas fueron tambiéndesposadas por importantes políticos de la época. Instaló su domicilio en la calle Guanajuato No. 4 (hoy Hoeffer) y sede del museo de Culturas Populares.

El responsable de la obra fue el arquitecto Plutarco Díaz y fue terminada hasta1904. Con el fallecimiento de Grürinig, la propiedad pasó a manos de su socio,el Dr. Hoeffer. Dos años después, en 1898, arribaron también el Dr. Alberto H. Hoeffer y Jacobo Schusley y el trío se presentó ante el tesorero municipal don Francisco Monteverde para tramitar los permisos necesarios e iniciar la construcciónde edificio, el que un año después inició operaciones, consumiendo los ingredientes necesarios para la elaboración del líquido ambarino, como es en este caso agua, malta y lúpulo, excluyendo, no se sabe porqué, la cebada.

Todo esto era adquirido en Europa y Estados Unidos, lo que le daría a la postre, varias menciones honoríficas a las cervezas “Münchener” y “Reyna Blanca” en varias exposiciones internacionales. Geo Grürinig falleció a principios del siglo XX y está sepultado en la sección del panteón Yánez donde descansan los hombres que generaron aindustria en Hermosillo, como Manuel Y. Loayza, Carmelo Echevarría, Alberto Hoeffer, entre otros.

Por su parte, el Dr. Hoeffer reinició por sí solo esta industria llegando a ser una de las más importantes de Sonora con sus marcas que le darían celebridad: “High Life” y “CentenarioNegra”, cuya producción era en 1905, 150 mil cajas anuales, mientras que la producción de hielo era de 75 toneladas diarias, y en 1908 alcanzó la friolera de 110.

En cuanto a Jacobo Schusley no se sabe mucho de él, y parece ser que emigró a Estados Unidos, renunciando a la sociedad que habían iniciado con buenos augurios en 1896. Asesoría europeaDesde en un principio y viendo ambos socios la fuerza e importancia que tomaría la fábrica, llamaron desde su natal Alemania varios operarios que inmediatamente se aclimataronal ambiente y al bochorno hermosillense.

Fue así como Antón “El Conecas” Ackerman, Juanito Schnierle y el maestro barrilero PanoAlexoff se integraron a esta industria y todos ellos se casaron aquí, cuya descendencia siguen orgullosos de sus antepasados al haber puesto su granito de arena en esta importante industria. Tres problemas tuvo esta industria en 70 años de operación; la primera en 1903 cuando hubo una seria escasez de leña, pues la cervecería, junto con el ferrocarril acabaron con los sendos bosques de mezquite y palo fierro en todo el centro de estado, principalmente en la región de la costa.

Estuvo en peligro de suspenderse la elaboración de cerveza por la falta de leña, pero Geo Grürinig no se quedó atrás y su visión ante el reto del futuro le hizo importar carbón de piedra y así, las calderas que ponían en movimiento a la cervecería siguieron su curso.

El otro problema surgió en 1918 con motivo de la promulgación del Decreto No. 1, auspiciado por el gobernador Plutarco Elías Calles, donde quedaba terminantemente prohibido la elaboración de bebidas alcohólicas entre ellas la cerveza, y fue así como la Cervecería de Sonora cerró sus puertas por un tiempo.

El último y el definitivo fue la clausura el 31 de octubre de 1968, cuando decenas reempleados y operativos quedaron en la calle, cuando un importante consorcio regiomontano la adquirió dizque para modernizarla, pero no fue así.Geo Grürinig, Alberto H. Hoeffer y Jacobo Schusley son el trío de personas que desafiando los malos augurios, lograron triunfar con una industria que parecía utopía.

De esa idea, fueron creados muchos empleos directos e indirectos, donde muchas familias dependían de la cervecería, pues los hijos del doctor Hoeffer, Luis, Alfonso y Enrique siguieron con el ejemplo que les inculcó su padre, pero desgraciadamente todo tiene un final y es así como la Cervecería de Sonora ha quedado inexorablemente en el rincón de los recuerdos. Gracias por su tiempo.


AGUA PRIETA

Por Pedro Castro

 Las circunstancias derivadas de la sucesión presidencial de 1920, en especial la decisión del presidente Carranza de imponer un sucesor civil contra las ambiciones del general Álvaro Obregón, se tradujeron desde temprano en un progresivo distanciamiento entre Adolfo de la Huerta y su antiguo jefe.

Muy a su pesar, según lo diría aquél en repetidas ocasiones, asumió el papel que le correspondió en la liquidación del régimen carrancista y la construcción de uno nuevo, el de la llamada hegemonía sonorense. Puesto en el frente político de la revuelta iniciada en Agua Prieta, Sonora, y respaldado por un alzamiento militar encabezado por su amigo y colaborador Plutarco Elías Calles, Adolfo de la Huerta acabaría sucediendo a Carranza, para luego entregar el poder al general Álvaro Obregón. 

Para la mayoría de los observadores del proceso, el círculo se cerraba de esta manera. Obregón, sin mayor trámite, era el cerebro de toda la operación y al fin veía realizados sus deseos de llegar a la presidencia. En esta interpretación, el papel de De la Huerta estaba limitado a ser el de una suerte de mandatario de transición, cuya figura disminuía en la medida en que su sucesor abarcaba el espacio político a partir de la cúspide del poder. Por lo demás, la oposición de don Venustiano a que Obregón llegase a la presidencia, la cerrada alianza sonorense en favor de este último, los preparativos de insurrección nacional ante un posible fracaso obregonista en las elecciones, con frecuencia pusieron al antiguo presidente municipal de Huatabampo en el centro de la rebelión de Agua Prieta.

El movimiento se inició, en efecto, teniendo el partidarismo del grupo Sonora en beneficio de Obregón como telón de fondo y culminando en su beneficio político. Y, sin embargo, a pesar de las circunstancias y de una idea asumida como definitiva por historiadores del periodo, no se conocen evidencias sólidas y contundentes de las maquinaciones de Obregón que den fundamento a una tesis conspirativa, en términos de haber sido él quien instigó la insurrección tras bambalinas. Tres circunstancias lo impedían: la precariedad de las comunicaciones en esos tiempos y su estricto control por el gobierno en contra de los opositores; la rapidez, por no decir precipitación, con que actuaron los sonorenses en rebelión, antes de que el ejército federal adquiriera alguna ventaja estratégica, y la misma situación personal de don Álvaro, que se encontraba solo y en los terrenos hostiles de la capital de la república.

El trabajo que presentamos, en consecuencia, tiene el propósito esencial de resaltar aspectos hasta ahora poco conocidos de la relevante actuación de Adolfo de la Huerta en oposición a verdades más o menos establecidas, en la crisis que culminó con el derrocamiento de Carranza y el encumbramiento del grupo sonorense en el poder nacional. En este orden, el trabajo es también un fragmento histórico de la dinámica política y personal de los cuatro personajes del periodo: De la Huerta, Carranza, Obregón y Calles, en 1920.

El ensayo que presentamos busca entonces reabrir el asunto a partir de la inclusión del testimonio mismo de De la Huerta y de una interpretación diferente de las circunstancias y actuaciones de los actores involucrados. Varias interrogantes lo motivan: la revuelta de Agua Prieta ¿fue inspirada por De la Huerta, Calles u Obregón, de manera separada o conjunta?, ¿fue Calles quien invitó a De la Huerta a unirse al plan o viceversa?, ¿fue Agua Prieta un movimiento al margen de Obregón, o una consecuencia de su inspiración?, o ¿Agua Prieta se liga incidentalmente con un levantamiento obregonista desde el centro y sur de la república, o son dos procesos separados y hasta independientes?

Sin pretender despejar todas las incógnitas de manera completa, porque tal cosa se antoja imposible, sí buscamos aportar elementos que arrojen más luz sobre el tema. Son varios, los objetivos que persigue este trabajo. Por un lado, demostrar que Adolfo de la Huerta jugó un papel más importante del que generalmente se le reconoce en la crisis política que culminó en el Plan de Agua Prieta y en la insurrección relámpago que echó por tierra al régimen carrancista. Por otro, dar sustento a la tesis de que Agua Prieta, más que un movimiento dirigido por Obregón, fue el capítulo final del conflicto de Carranza con sus antiguos aliados sonorenses. Finalmente, plantear la posibilidad de que, simple y llanamente, Obregón se mantuvo en la periferia de la insurrección sonorense, a la que acabó sumándose.

La alianza de Carranza con los sonorenses se inició en la lucha común contra Victoriano Huerta, y se consolidó con la victoria en la lucha de las facciones revolucionarias. Adolfo de la Huerta, en su calidad de diputado local del distrito de Guaymas, había sido delegado por Sonora a la Convención de Monclova, en la que resultó electo Primer Jefe el entonces gobernador de Coahuila. Éste fue el primero de muchos contactos personales y de trabajo entre ellos. En reconocimiento a sus servicios y a su creciente relevancia política, el 15 de septiembre de 1913 fue nombrado oficial mayor de la Secretaría de Gobernación, subordinado al subsecretario Eliseo Arredondo.[ 2 ] Y para el 19 de mayo de 1916, De la Huerta fue nombrado por Carranza gobernador interino de su estado natal, en sustitución del general Plutarco Elías Calles, hasta el 1 de septiembre de 1917.[ 3 ]

Durante su gobierno, y “siguiendo fielmente las instrucciones del señor Carranza”, el gobernador De la Huerta puso en marcha una serie de medidas de corte reformista en los campos agrario y obrero, que le valió acusaciones de ser radical.[ 4 ] Por medio de la Comisión Local Agraria y el Departamento de Agricultura, Tierras y Aguas, restituyó 67 773 hectáreas de terreno “cultivado, por una parte, por el establecimiento de Cooperativas Agrícolas, y en otras por la creación de la pequeña propiedad, y el resto por el uso y goce comunal concedido a los pueblos y congregaciones”.[ 5 ] Por otro lado, el establecimiento de la Cámara Obrera y sus decretos en materia de trabajo,[ 6 ] así como su iniciativa llevada al Congreso Constituyente de Querétaro, lo ubicaron en el ala radical del constitucionalismo. De la Huerta siempre declaró ser el autor intelectual de las fracciones vi y ix del artículo 123 de la Constitución Política de 1917, que sostenían el principio de que los trabajadores debían tener participación en las utilidades de las empresas donde laboraban. Bojórquez deja constancia de que De la Huerta lo instruyó a él, a Froylán C. Manjárrez y a Flavio A. Bórquez, que sometieran a la asamblea el proyecto que culminó, efectivamente, con la redacción de tales fracciones.[ 7 ]

Al abandonar la gubernatura en septiembre de 1917, De la Huerta fue electo senador por su estado, pero sirvió solamente unos cuantos meses porque el presidente Carranza lo llamó a desempeñar importantes comisiones políticas.[ 8 ] En un primer momento, le pidió que aceptase el puesto de gobernador de Yucatán para suceder al general Salvador Alvarado. El ilimitado poder de Alvarado en Yucatán se encontraba en franca decadencia hacia el fin del periodo preconstitucional y del sistema de comandancias militares; en cambio, el gobierno civil y la política electoral partidista se robustecían al cobijo de las normas de la nueva Constitución mexicana de 1917. Alvarado había buscado infructuosamente sucederse a sí mismo en la gubernatura, y con este propósito en octubre de 1916 exteriorizó su intención de participar como civil en las elecciones de noviembre de 1917. Poco después, fue declarado residente oficial de Yucatán y solicitó una licencia como comandante militar de la región. No obstante, el hecho de no haberse domiciliado en el estado durante un mínimo de cinco años seguidos, de acuerdo con la Constitución local, y la renuencia de Carranza a apoyarlo en este intento, lo sacó del camino.

A mediados de 1917, Alvarado fue nombrado jefe de las operaciones militares en el sudoriente de México y se le ordenó que supervisara las operaciones carrancistas en Chiapas, Tabasco y el istmo de Tehuantepec. A partir de entonces, y hasta noviembre, cuando Alvarado abandonó el cargo, estuvo prácticamente ausente del estado. Pero antes de marcharse, dejó varios legados: una Constitución estatal que incorporaba sus reformas, la división del poder civil del estado, antes unificado durante su gobierno militar, así como su apoyo a la candidatura de Carlos Castro Morales, como gobernador y a Felipe Carrillo Puerto, como nuevo jefe del Partido Socialista Yucateco.[ 9 ] Cuando Alvarado aceptó la imposibilidad de seguir adelante en la política de Yucatán, propuso a Carranza que el general Ignacio Enríquez o el mismo De la Huerta fueran enviados al estado como “moderadores” en la disputa acerca de quién llevaría las riendas durante el periodo de elecciones para gobernador, asunto crítico dados los ánimos exaltados entre los socialistas y los liberales yucatecos.[ 10 ] Carranza decidió que en octubre de 1917, De la Huerta viajara a Yucatán a solucionar la crisis. Después de un largo viaje que lo llevó a Nueva Orleáns y luego a Mérida, vuelta realizada para evitar el paso por el territorio oaxaqueño del rebelde general Higinio Aguilar, el enviado presidencial encontró al “hombre de Yucatán” en el doctor Álvaro Torre Díaz, secretario de gobierno y persona de las mayores confianzas del general Alvarado, quien continuaría como gobernador interino hasta febrero de 1918, cuando entregó el poder a Carlos Castro Morales.[ 11 ] Complacido por la misión cumplida de Adolfo De la Huerta en Yucatán, Carranza lo llamó a su regreso a la capital del país y le confirió de inmediato una nueva tarea. Inquieto por la situación política de México en esos momentos, dio al sonorense la tarea de hacer una amplia investigación sobre el terreno y de plantear las recomendaciones que juzgase pertinentes. Lo instruyó para que realizara un viaje por algunas regiones del país -presumiblemente el centro- y hablara con los líderes políticos de todos los partidos. Durante 15 días, De la Huerta escuchó querellas, afrentas, quejas, lamentos y sugerencias. Regresó a la ciudad de México con un informe en la mano, en el que estaban apuntados cincuenta y un temas mayores que requerían la intervención del presidente. Ellos traían sus propias sugerencias, y casi todas fueron puestas en práctica por el ejecutivo, incluyendo el cambio de gobernadores, generales, consejeros financieros y otros.[ 12 ]

La guerra europea, para ese entonces, amenazaba con presentar dificultades en la política internacional de México por las sospechas norteamericanas de que la germanofilia de Carranza se materializaría en alguna alianza con Alemania. Los alegados juegos diplomáticos del presidente mexicano con Berlín y Tokio, traducidos en la controvertida “neutralidad benévola de México”, los esfuerzos de Berlín por atraérselo con miras a la inminente guerra con los Estados Unidos, la oposición carrancista a las políticas mexicanas de Wilson, y el célebre telegrama Zimmermann, entre otros, crearon en los altos círculos de Washington la sospecha de que Carranza les acabaría disparando desde la trinchera contraria. Aun cuando Carranza y sus principales asesores -Cándido Aguilar y Manuel Aguirre Berlanga, entre otros- veían en Alemania un contrapeso efectivo frente a los Estados Unidos, el asunto fue manejado con pies de plomo pese a los efectos explosivos del affaire Zimmermann. Sin embargo, el presidente mexicano se mantuvo apartado de las tentaciones de una alianza militar y económica con Alemania en contra de la potencia del norte,[ 13 ] aunque las protestas de neutralidad de Carranza no fueron suficientes para cambiar el juicio de los estadounidenses hacia su gobierno. Carranza era considerado definitivamente proalemán en el país del norte, y era necesario convencer a los funcionarios de su gobierno de que era ajeno a las maquinaciones germanas. Los periódicos, como The New York Times, y las compañías petroleras alentaban la idea de que México estaba en complicidad con los alemanes a fin de privar de combustible a Estados Unidos y Gran Bretaña en plena guerra.

Frente a los temores derivados de las simpatías mexicanas hacia Alemania, el secretario de Estado planteó al presidente Wilson la conveniencia de ocupar puntos estratégicos de la geografía mexicana, tales como la zona petrolera y el ferrocarril de Tehuantepec, amén de proteger la frontera de los Estados Unidos con su vecino del sur.[ 14 ] En diciembre de 1917, Carranza envió a De la Huerta a los Estados Unidos con la encomienda de convencer a los círculos económicos y periodísticos de este país acerca de la falsedad de los rumores en el sentido de que México acabaría por ponerse del lado alemán. En un principio, De la Huerta declinó participar en esta tarea, argumentando su ignorancia del inglés y la mayor capacidad de acción del embajador mexicano en Washington, el célebre Ignacio Bonillas. “Sin más remedio que obedecer”, durante días Carranza le reveló sus planes a fin de darle elementos para poder realizar con éxito su misión en los Estados Unidos. A punto de abandonar la ciudad de México hacia el extranjero, Carranza le “encontró” la cobertura oficial necesaria. Cándido Aguilar, secretario de Relaciones Exteriores, hizo llegar al presidente un telegrama procedente de la embajada en Washington, en el que se pedía la remoción del cónsul general en Nueva York, el señor Juan T. Burns, sosteniendo que era abiertamente proalemán en su actitud y opiniones. El gobierno de los Estados Unidos, sabedor de la inclinación de este cristianísimo caballero, pero deseando evitar un incidente diplomático con su expulsión, había dado señales sobre la necesidad de que Burns fuera retirado. El gobierno de México nombró de inmediato a De la Huerta en su lugar. En aquellas pláticas confidenciales, Carranza hizo una revelación que apoyaba la potencialmente peligrosa germanofilia del presidente:

personal e íntimamente, en mis sentimientos estoy en favor de Alemania y las potencias centrales en esta guerra mundial […]. Pero yo soy mexicano antes que todo y me doy cuenta de que la neutralidad es lo mejor para México, por lo que sin importar las insinuaciones que me han llegado, he sumergido mis sentimientos personales y México debe ser honestamente neutral.[ 15 ]

El flamante cónsul De la Huerta coincidió y unió esfuerzos con Bonillas, un simpatizante decidido de la causa aliada.[ 16 ] A través de contactos privados y la prensa, ambos anunciaron la neutralidad mexicana y, en general, mejoraron la imagen del presidente Carranza en los círculos políticos y financieros, y ante la opinión pública de este país. El argumento principal del Departamento de Estado era la decisión con que defendía la causa alemana el periódico El Demócrata, por la inocultable simpatía de Rafael Martínez, Rip-Rip, su director. De la Huerta replicó, en defensa de la neutralidad mexicana, que la misma libertad tenía la campaña anglófila de El Universal, de Félix Palavicini, el periodista más destacado de México en su momento.[ 17 ] Más aún: De la Huerta agregó que tanto El Demócrata como El Universal contaban con el apoyo financiero del gobierno, para estimular el debate político, porque de no existir esos dineros, simplemente no habría publicaciones de este tipo en México.[ 18 ] Por lo demás, De la Huerta puso en claro los alcances y las limitaciones de la ayuda mexicana a los Estados Unidos en el esfuerzo de guerra, en materias primas y otros, incluyendo el petróleo, como prueba de la buena voluntad mexicana.[ 19 ] En Nueva York, De la Huerta tuvo contactos intensos con el Departamento de Estado, periodistas y financieros con intereses en México, que sin duda contribuyeron al cambio de posturas oficiales y privadas hacia Carranza.[ 20 ] De manera definitiva, el armisticio de noviembre de 1918 dejó atrás las preocupaciones sobre la germanofilia carrancista en ese país.

Mientras De la Huerta se encontraba en Nueva York, fue nominado por el Partido Revolucionario Sonorense -en contienda con los generales Ignacio L. Pesqueira (el candidato del centro), Miguel Samaniego y Conrado Gaxiola- candidato a gobernador en las elecciones de abril de 1919. Este último era hermano de Ignacio Gaxiola, socio de la firma Álvaro Obregón & Compañía, quien fue apoyado de diversos modos por el general durante su campaña.[ 21 ] Habiendo aceptado tal postulación, De la Huerta renunció a su puesto de cónsul y regresó a la ciudad de México a mediados de diciembre, a presentar cuentas a Venustiano Carranza.

El presidente, sin embargo, tenía otros planes para Sonora. Ya encaminado en tomar medidas preventivas para debilitar a Obregón y a sus aliados sonorenses, hizo su primer intento por dividirlos. Ofreció a De la Huerta la Secretaría de Gobernación, argumentando que el que estaba en el puesto era proalemán, y que deseaba confirmar a los Estados Unidos sus posturas favorables a los aliados. Nadie mejor que De la Huerta en su lugar, dado su exitoso trabajo en Nueva York. Pero éste se mantuvo en su decisión de regresar a Sonora, por lo que Carranza trató en vano de detener su partida hacia Hermosillo, asignándole tareas fútiles para cumplir en la capital de la república durante todo el mes de enero de 1919. De la Huerta, una vez convencido de la táctica de Carranza de enfrentar a los líderes sonorenses frente a su sucesión en el poder ejecutivo, sin avisarle al presidente tomó el tren para su tierra, a donde llegó sin novedad el 5 de febrero. “Esto nunca me lo perdonaría”, afirmó don Adolfo seguramente con razón.[ 22 ] Mientras tanto, el general Álvaro Obregón, secretario de Guerra, renunciaba a su puesto y anunciaba su retiro político activo en Sonora.

De la Huerta resultó triunfante en la contienda por la gubernatura de abril de 1919 por amplio margen, con 21 000 votos, frente a los 11 000 de Pesqueira y los 9 000 de Gaxiola.[ 23 ] Ello, a pesar de que el presidente Carranza había proporcionado considerables recursos pecuniarios en favor de su candidato, el general Ignacio L. Pesqueira, y que los funcionarios federales y tropas acantonadas en su estado natal tenían instrucciones de apoyar al hombre del centro. La toma de la gubernatura sería hasta el 1 de septiembre siguiente, para sustituir al gobernador en funciones, Plutarco Elías Calles. En el ínterin, Carranza ordenó a De la Huerta presentarse en la ciudad de México, instrucción que acató de inmediato. Incidentalmente, mantenía el puesto de senador para el que había sido elegido mientras se encontraba en los Estados Unidos. Desde el Senado, De la Huerta observaba de cerca los acontecimientos en la capital, promovía sus contactos en diferentes esferas y tomaba el pulso político al país.

La sucesión presidencial de 1920 era el mayor asunto político durante esta época. Desde noviembre de 1918, habían empezado a sonar con fuerza los nombres de Álvaro Obregón y Pablo González como aspirantes a la silla de los presidentes. A principios del año siguiente, era claro que Obregón se preparaba para emprender la carrera a la presidencia, en el entendido de que Carranza estaría de acuerdo en que fuera su sucesor.[ 24 ] El coahuilense, por su parte, si bien tenía clara su decisión de no reelegirse a pesar de que sus íntimos lo instaban a hacerlo,[ 25 ] para su mala fortuna resolvió impedir la llegada de Álvaro Obregón a cualquier precio, quebrantando con ello una promesa empeñada de dejar el campo libre al sonorense. A un interlocutor le confesó que Obregón como presidente sería caótico, porque carecía de un plan de gobierno, no entendía los problemas nacionales ni tenía las virtudes necesarias para gobernar.[ 26 ] Levantando el pendón del llamado “civilismo”, una orientación que lucía acorde con su propia conducta personal y política (él no era el “general” Carranza), se decidió callada, primero, y abiertamente después, a buscar a un candidato de prestigio, ajeno al ejército y capaz de hacer contrapeso a Obregón. El prurito carrancista, tan conocido, fue impedir que México quedase bajo el imperio del militarismo, pero algunos motivos menos nobles pudieron haber estado en la mente del Primer Jefe para haber tomado decisión tan temeraria. José Fuentes Mares los explicó en tono sarcástico:

Cargado de virtudes personales, el famoso Varón de Cuatro Ciénegas era un resentido que toleraba en los demás todo menos el éxito, y Obregón era un éxito […]. Pero como él no ganaba batallas, sino que se las ganaban, en Celaya también se le clavó otra espina, la de Obregón, la misma que ahora le escocía hasta los tuétanos.[ 27 ]

Adolfo de la Huerta se dirigió al Palacio Nacional, a saludar a Carranza, quien le protestó, con sonrisas y explicaciones no solicitadas, una amistad que se derrumbaba. Negó haber apoyado al general Ignacio L. Pesqueira y en cambio le manifestó que “aunque no lo supiera”, tal apoyo había sido en realidad a favor del bando delahuertista. El remate, si no sorpresivo, fue de una ingenuidad inverosímil, salido de alguien que era ducho en artes maquiavélicas. “Mi amigo, usted debería contender por la presidencia de México […]. Necesitamos a un civil, no a un guerrero como Obregón”. La maniobra de Carranza era una pedrada que buscaba matar dos pájaros. Con De la Huerta en carrera hacia la presidencia, el voto sonorense se dividiría para asegurar la derrota de Obregón. Además, don Adolfo tendría que renunciar a su puesto de gobernador de Sonora y dejar libre el camino al carrancista Pesqueira, al mando del estado en días de elecciones. La negativa fue contundente, fincada en el compromiso de mantener las mutuas promesas hechas en el pasado: Carranza no sería estorbado por Obregón, a quien le sobraban ganas y recursos para llegar a la presidencia, a cambio de que en el siguiente periodo, el de Huatabampo no tuviera la oposición del presidente para sucederlo.[ 28 ]

El origen de esa promesa de Carranza a De la Huerta y Obregón se remontaba a los tiempos de la Convención de Querétaro de 1916-1917. Desde las sesiones preliminares se perfilaron dos grupos fundamentales y antagónicos: los llamados “renovadores”, designados por Carranza para imponer su moderado proyecto, y los “jacobinos” o “radicales de Obregón”, con la consigna de imponer la presencia del reformismo social. Entre ellos osciló un grupo de independientes.[ 29 ] Esta división reflejaba las principales posturas encontradas en el campo constitucionalista, en la que acabaron predominando los radicales. Este panorama favorecía a Obregón, en detrimento de la fortuna política de su antiguo jefe. Además, aquél había acumulado poder sobre el ejército, la institución de mayor fuerza y prestigio desde el fin del Porfiriato, y ganado bonos al identificarse con grupos y movimientos de expectativas crecientes durante la Revolución. Obregón estaba consciente de que la relación de fuerzas al interior del constitucionalismo le era favorable por amplio margen, porque nadie más que él se había beneficiado de los errores de Carranza, sobre todo en sus tratos con los grupos emergentes.[ 30 ]

El Primer Jefe veía en Obregón a un enemigo cada vez más peligroso, con la capacidad y el arrojo suficientes para anularlo, si las circunstancias se lo permitían. Carranza recurrió entonces a De la Huerta para que le propusiera un arreglo decoroso a Obregón y sus partidarios. Con el argumento de que bien podía esgrimir su rival, el Primer Jefe “deseaba disfrutar los frutos de sus penalidades sufridas durante la lucha armada”, ocupando la presidencia durante un periodo “para probarse”. Confiando en De la Huerta, le pidió que convenciera a los “radicales” pro obregonistas a alinearse a su favor. Ellos acabaron entrevistándose “uno por uno” con el Primer Jefe, a quien protestaron su apoyo y lealtad para que ocupara la presidencia, “al menos por un periodo”. Acudiendo al “mayor conocimiento y poder sobre Obregón”, Carranza pidió al de Guaymas convencer a Obregón para que reconociera sus derechos precedentes sobre la silla. De la Huerta accedió con reservas a lo que se le pedía, y logró cambiar su determinación de disputar el puesto a su jefe. Lo hizo con la condición de que Carranza no se opusiera a sus aspiraciones presidenciales en 1920. Don Venustiano prometió que así lo haría.[ 31 ]

En enero de 1919, Carranza dio la primera señal, mediante un manifiesto muy difundido, de que Obregón no sería su candidato. Hizo ver que faltaba todavía mucho para la sucesión, y que la efervescencia política podría causar problemas. En lenguaje equívoco, dijo que tal anticipación “determinaría que los ciudadanos, especialmente los hombres con cierto prestigio político en sus respectivas regiones, confiaran prematuramente en ciertas promesas antes de que hubieran tenido tiempo de reflexionar suficientemente”.[ 32 ] Llamó a todos los elementos que habían militado en el constitucionalismo a unirse alrededor del gobierno. El enemigo de la Constitución de 1917, afirmó don Venustiano, no está vencido; en consecuencia, no es saludable ni conveniente una división de los elementos revolucionarios, que sería causada por la adquisición prematura de compromisos políticos con los posibles candidatos presidenciales.

Pero fue una carta pública de don Luis Cabrera la que enturbió más las aguas. Señaló, entre otras cosas, que Carranza tenía compromisos amistosos con los militares que lo acompañaron en la lucha contra Huerta, y que tales compromisos constituían un “lastre político” que le impedía resolver el problema de la sucesión con libertad. Aunque, sin duda, Obregón y Pablo González “tenían […] lastres políticos que les impedían actuar de una manera desinteresada”. El general Obregón, usando el seudónimo de Clemente Reynoso, respondió con una fuerte crítica a Cabrera, afirmando que la situación se caracterizaba por grupos de parásitos que giraban en torno de los caudillos en espera de favores. Acusó a Carranza de provocar los movimientos políticos y saber hacia dónde se orientaban, a través de sus declaraciones al periodista Rafael Martínez, Rip-Rip. En desvaída metáfora, Obregón manifestó que “el oleaje” de la opinión pública empezó a favorecer naves poco apropiadas para transbordar a ellas el “lastre político” del presidente, y el movimiento fue condenado por él como prematuro e inconveniente, por medio de su manifiesto.[ 33 ]

Carranza y Obregón rompieron lanzas en el verano de 1919. Éste, desde su retiro voluntario, no recibía ninguna señal de que el presidente estuviera dispuesto a cumplir con su parte del trato. Decidió entonces pasar a la ofensiva. El general Francisco Serrano, uno de los más conspicuos obregonistas y presidente del Partido Revolucionario Sonorense, lanzó la candidatura de don Álvaro. Éste, sin tardanza, dio a conocer su célebre Manifiesto de Nogales -o “de la resaca”- del 1 de junio, en donde declaraba que en los últimos meses “había sentido algo así como la resaca que llega a las playas cuando los mares se agitan en su centro”. Este manifiesto fue una llamada de atención a Carranza ante sus señales de incumplir su promesa de abrirle el camino a la presidencia. Con oceánico reproche, Obregón de plano acusó al régimen de su antiguo jefe como inmoral y aseguró que el país vivía en una intranquilidad constante.[ 34 ] Carranza, en quien su templanza corría al parejo de su tozudez, en esta ocasión perdió los estribos y aprovechó las circunstancias para retirarle el imaginario apoyo para que fuera su sucesor en la silla presidencial, que nunca había existido ni siquiera en intención.[ 35 ]

Las adhesiones a la candidatura de Obregón fluyeron en cascada. Apenas en julio de 1919, el Partido Liberal Constitucionalista (PLC) lo declaró su candidato; en agosto firmó un convenio de apoyo con la Confederación Regional Obrera Mexicana (CROM) -que dio origen al Partido Laborista- y en septiembre el Partido Cooperatista le exteriorizó su respaldo. Ante Carranza, se hizo evidente de inmediato lo que debía sospecharse: la demoledora capacidad de convocatoria política de Obregón que sería dirigida contra el grupo en el poder.

Decidido a evitar el destino del que no escaparía, Carranza emprendió su lucha contra Obregón y apoyó con todas sus fuerzas a su débil candidato Ignacio Bonillas, quien regresó a México apenas en marzo de 1920, cuando Obregón y González dominaban el panorama electoral del país.[ 36 ] Los bonillistas, con la bendición oficial, habían organizado el Partido Nacional Democrático (PND), el cual lanzó a su candidato, en ausencia, el 23 de noviembre de 1919, vendiéndolo al electorado como el candidato que impediría el choque militar entre los dos rivales por la presidencia, Álvaro Obregón y Pablo González.[ 37 ] González, aunque medianamente disciplinado en el carrancismo, se negó a respaldar a Bonillas y lanzó su propia candidatura el 13 de enero de 1920, apoyado por el Partido Progresista (PP).[ 38 ] Esta iniciativa de González disgustó sobremanera a Carranza, quien le pidió que la retirara, porque su triunfo significaría la guerra civil. Esgrimiendo su tesis de la lucha entre las dos corrientes militaristas, le manifestó que un posible triunfo suyo resultaría en que “Obregón y su gente se levantaran en armas y viceversa, pudiendo ocasionarse con esto graves trastornos”.[ 39 ]

El general Pablo González no solamente mantuvo su negativa a apoyar la candidatura civilista, sino incluso se entrevistó con su candidato Bonillas. Advirtiéndole acerca de los “resultados funestos a que nos conduciría la imposición”, le propuso que ambos renunciaran a sus respectivas candidaturas. Bonillas habría estado de acuerdo con esta propuesta, que se daría a conocer a través de un manifiesto conjunto que explicara las razones y los caminos a seguir en el futuro. Pero Carranza se mantuvo en su posición de apoyar la candidatura civil y así se lo hizo saber a Pablo González. Aquí tuvo lugar el rompimiento entre los dos personajes.[ 40 ] Los partidarios de Obregón, por su parte, buscaron acercarse al gonzalismo para fulminar a Bonillas. Con esta intención se dio el “encuentro accidental” entre González y Obregón el 11 de abril en el restaurante del Lago de Chapultepec. Según González, Obregón aludió al peligro “mediato” en que se encontraban, al imponerse el candidato oficial de la presidencia, y al “inmediato” de ser aprehendidos para no estorbar los planes del gobierno. Le propuso oponerse a Carranza por la fuerza, que su interlocutor rechazó. El abrazo del gonzalismo y el obregonismo, juzgado funesto a la postre por Pablo González, tuvo el efecto de reforzar las posiciones obregonistas en detrimento de Carranza, quien a los ojos de todos estaba cada vez más aislado y debilitado.[ 41 ]

Álvaro Obregón parecía tener las soluciones a los principales problemas que asolaban a México. Se presentaba con la imagen del más limpio y democrático: criticaba la inocultable corrupción carrancista, era el “defensor del voto popular” y enemigo de las imposiciones oficiales, y hasta adalid del civilismo, y para mejor prueba estaba su controvertida renuncia a su grado militar.[ 42 ] Ante la popularidad arrasadora de Obregón y la candidatura independiente de González, en quien el gobierno ya no podía confiar, el presidente decidió apretar el paso. A principios de enero de 1920, el presidente dio a conocer una proclama en la que pedía a los militares presidenciables que renunciaran. Los partidarios de Obregón, por su parte, protestaron ante lo que juzgaron una intromisión indebida de Carranza en las elecciones.[ 43 ]

El presidente, buscando reforzar la base de apoyo a su candidato Bonillas, convocó a un grupo de gobernadores, encabezado por el de Guanajuato -el general Federico Montes-, a una reunión en la ciudad de México para discutir la forma de lograr una transmisión pacífica del poder. Del 6 al 9 de febrero de 1920, 17 invitados deliberaron y manifestaron inequívocamente su apoyo al candidato oficial. Entre los grandes ausentes estuvieron Adolfo de la Huerta, Enrique Estrada (gobernador de Zacatecas), Carlos Green (Tabasco) y Pascual Ortiz Rubio (Michoacán), para quienes su obregonismo estaba plenamente definido.[ 44 ]

De la Huerta, “quien no obtuvo permiso de la legislatura para dejar Sonora”, expresó que tal postura significaba la aprobación del candidato oficial por parte de los gobernadores.[ 45 ] Al final de la reunión, los gobernadores asistentes dieron a conocer un manifiesto, en el que se negaron las intenciones del gobierno de “conculcar la libertad de sufragio” y declararon que las expresiones en este sentido eran “como un preliminar para hacer pública la intención de no acatar el voto del pueblo en el caso de que aquél les sea desfavorable”. Es de destacar, sobre todo, el compromiso de apoyar al presidente de la República desde el día de la elección hasta el de la transmisión del poder.[ 46 ] Adolfo de la Huerta, sin tardanza, señaló que el manifiesto buscaba persuadir a los estados de apoyar a Bonillas e intimidar a los votantes.[ 47 ]

Después de un breve interinato, De la Huerta recibió por enésima vez la gubernatura de Sonora, de manos del general Plutarco Elías Calles, el 1 de septiembre de 1919. Desde el principio de su mandato, el gobierno federal empezó a presionar con el objetivo de debilitarlo y, si era posible, de expulsarlo del poder. Ya desde meses atrás, cuando Obregón dio muestras ostensibles de querer ocupar la presidencia, Carranza había lanzado su primer ataque. Con ánimo provocador, el 11 de junio de 1919, Carranza decretó que el río Sonora era propiedad de la federación, “atendiendo a que tiene aguas permanentes, requisito que establece el artículo 27 de la Constitución Federal en vigor, para que las aguas de la corriente de que se trata tengan el carácter indicado”.[ 48 ]

Aun cuando Calles no advirtió irregularidades en el asunto, o si las advirtió prefirió no dar ninguna respuesta, sí lo hizo De la Huerta, quien solicitó la reconsideración del acuerdo presidencial, con el argumento de que las aguas tanto del río Sonora como las del San Miguel Horcasitas eran de régimen torrencial y que eran motivo de ingresos fiscales para los municipios localizados en sus márgenes.[ 49 ]

Don Adolfo no se encontraba solo en lo que iba a ser una ríspida controversia con su antiguo jefe. Un clima de apoyo popular en Sonora había sido creado previamente por el periódico Orientación, de Clodoveo Valenzuela, y pronto llegaron los respaldos de los ayuntamientos de los municipios afectados por el decreto.[ 50 ] El diferendo continuó a pesar de las seguridades del secretario de Agricultura, Pastor Rouaix, a De la Huerta de que aun cuando los ríos eran federales, sus aguas podían ser usufructuadas por los interesados en hacerlo.[ 51 ]

El gobernador De la Huerta fue autorizado por el presidente Carranza para que, en nombre de la Federación, procurara la pacificación de la tribu yaqui y entrara personalmente en pláticas con los jefes de la misma, los generales Matus, Mori, Espinosa y Gómez. En las conferencias de paz participó también el entonces jefe de operaciones militares, general Juan José Ríos, en calidad de representante del gobierno federal. El resultado fue un histórico tratado que, por primera vez, reivindicó los derechos de los indígenas a cambio de la deposición de las armas, pero a última hora el presidente de la república se negó a aprobar los acuerdos de paz.[ 52 ]

Antes de concluir el año de 1919, el gobierno federal preparó una columna de dos mil hombres con destino a Guaymas, así como el envío de una cuadrilla de aeroplanos dirigida a la zona del Yaqui.[ 53 ] De la Huerta no podía concebir que los yaquis pudieran levantarse en armas de nuevo, a menos que alguien quisiera causarle problemas. La intención de Carranza al desconocer su rendición, para luego enviar tropas contra ellos, era hacer que recayeran las culpas del rompimiento de la paz sobre el gobernador y generar así un serio conflicto interno, capaz de trastornar políticamente a los sonorenses. Al poco tiempo de haber tomado posesión, sin razón aparente, repentinamente estallaron manifestaciones antichinas en Sonora, donde De la Huerta vio “la mano maquiavélica de Carranza tras ellas”.[ 54 ]

Grupos de agitadores amenazaron y maltrataron a los chinos de Sonora, ante la inacción del gobierno estatal, lo que causó que estos residentes y el gobierno chino protestaran ante Carranza.[ 55 ] Requerido por el presidente para explicar la situación, De la Huerta le telegrafió para manifestarle que “después de todo, tenemos un gran número de chinos en el estado, dedicados al comercio, que probablemente han causado un cierto resentimiento entre parte de nuestra gente. Éste es un elemento que debe ser considerado si queremos detener a los agitadores”. La violenta respuesta de Carranza no dejó lugar a dudas: “Si usted no puede detener estas manifestaciones antichinas, yo lo haré”. Así, a horas de la noche del día último del año de 1919, Carranza envió órdenes al general Juan Torres, comandante de las tropas federales, a arrestarlo “porque no había obedecido órdenes del gobierno federal”.[ 56 ]

Alertado por un taquígrafo de la Jefatura de Operaciones Militares del estado de que la orden había llegado en la medianoche de Año Nuevo de 1920, De la Huerta esperó a la mañana al general Juan Torres. Al comunicarle las instrucciones que había recibido de la ciudad de México, el general le manifestó su postura de no obedecerlas por su ilegalidad. Agregó que De la Huerta “era el gobernador legalmente elegido de Sonora y Carranza no tenía derecho a interferir” con él. Presto a contestar a Carranza con aspereza, diciendo que “el jefe de las Operaciones Militares no se prestaría por ningún motivo a violar la soberanía del estado de Sonora”, don Adolfo le ayudó a redactar una respuesta comedida al presidente Carranza, en la que el militar se daba por enterado de las órdenes, pero se negaba a acatarlas.[ 57 ] Cuando don Venustiano leyó la comunicación del general Torres, le ordenó que se trasladara de inmediato a la ciudad de México, donde fue arrestado y juzgado por desobediencia. Pero antes de salir de Sonora, al despedirse de sus oficiales, les informó de su traslado y les pidió que velaran para que no fuera amenazada la soberanía del estado. Estos militares, sonorenses en su mayoría y al mando de alrededor de cuatro mil soldados, juraron lealtad y apoyo al gobernador De la Huerta.[ 58 ]

Enterado del cese del general Torres, el gobernador sonorense llamó al general Francisco R. Manzo, a quien puso en antecedentes de la inminencia de un choque armado con el centro. Previendo acertadamente el endurecimiento de las medidas de Carranza contra su gobierno, De la Huerta le pidió que organizase a la brevedad una milicia estatal, en colaboración con los presidentes municipales. El número de efectivos debería ascender a dos mil plazas. Pese a la gravedad de la situación, que parecía no dejar más camino que el estallido de la violencia, don Adolfo hizo intentos infructuosos de reconciliarse con Carranza. A principios de enero de 1920, escribió una carta al presidente, enviada a través de un mensajero, con las instrucciones de entregarla en persona a su destinatario y esperar la respuesta. Al cabo de dos semanas, el correo regresó con las manos vacías, solamente con la promesa de una respuesta en la primera oportunidad. Con esta actitud, quedaban definitivamente suspendidas las relaciones entre De la Huerta y el gobierno federal.[ 59 ] En tal comunicación, De la Huerta había intentado persuadir a Carranza de que cediera, “dejando que Obregón corriera sin su oposición a la presidencia y entonces las aguas estarían tranquilas”.[ 60 ] Pero Carranza no se dio por vencido y envió al general Juan José Ríos como nuevo jefe de Operaciones Militares en Sonora.

Plutarco Elías Calles, mientras tanto, se preparaba para dejar la ciudad de México. Carranza lo había llamado después de dejar la gubernatura de Sonora para ocupar la Secretaría de Comercio e Industria, como parte de su estrategia para dividir a los sonorenses, como no tardaría Calles en darse cuenta.[ 61 ] En enero de 1920, justo cuando tenían lugar las dificultades entre De la Huerta y Carranza y mientras Obregón se encontraba de gira por el país, Calles renunció a su puesto ministerial para integrarse al Comité Director Obregonista.[ 62 ] El puesto le fue particularmente útil, pues sirvió a sus fines de estrechar relaciones con el líder de la Confederación Regional Obrera Mexicana (CROM), Luis N. Morones, así como con Felipe Carrillo Puerto, del Partido Socialista Yucateco, y otros importantes líderes obreros de la república, quienes también eran partidarios de Obregón.[ 63 ] En lo que temporalmente sería el amplio plan de levantamiento obregonista, los obreros iban a ocupar también un papel importante. Los dirigentes mencionados predicaron la idea de una huelga general en todo el país, calculando que la fecha propicia para el estallido de ese movimiento fuera julio de aquel crucial año, cuando debían verificarse las elecciones que se calificarían de ilegales a causa de la intromisión oficial.[ 64 ]

La primera orden del general Ríos fue reanudar la campaña contra los indios yaquis, quienes se encontraban en paz. Dispuso que las tropas se trasladaran sigilosamente hacia la zona indígena, a fin de realizar movimientos envolventes y sorpresivos. El problema fue que los subordinados de Ríos se negaron a ejecutar sus órdenes. Para el general era claro que tras esta rebeldía estaba el gobernador De la Huerta y se dirigió, furioso, hacia el palacio de gobierno. Después de un episodio tormentoso, de agria y encendida discusión en la penumbra de los pasillos, ambos personajes midieron fuerza y carácter. Pero al verse casi solo en Hermosillo, Ríos abandonó esta capital y se dirigió de inmediato a Guaymas, pensando que allí estaría más seguro. Desde aquí, tierra natal de don Adolfo, telegrafió a Carranza pidiéndole “ochocientos hombres nuevos de inmediato para controlar la situación”.[ 65 ]

Mientras el general Ríos permanecía en Guaymas, Carranza envió al general Manuel M. Diéguez, veterano de las luchas mineras de Cananea, como último intento para que De la Huerta retirase su apoyo a Obregón. Diéguez llegó a Hermosillo acompañado de 200 dragones procedentes del centro, y se dirigió de inmediato al palacio de gobierno. De la Huerta persistió en su negativa a apoyar al candidato presidencial oficial.[ 66 ] En esta ocasión, De la Huerta protestó por la invasión federal a Sonora, a lo que Diéguez replicó que el movimiento de tropas “era rutinario”, destinado a asegurar que los yaquis respetaran los compromisos de paz y de ninguna manera constituía una violación de la soberanía sonorense. Un asunto delicado que trataron fue el de la formación y desmovilización de las milicias estatales, organizadas a instancias del gobernador, en donde tampoco hubo acuerdos.

Para Diéguez quedaba claro el avance de los preparativos de los sonorenses para resistir al ejército federal y la imposibilidad de llevar a cabo su difícil tarea.[ 67 ] Ignorante, sin embargo, de la situación desfavorable en que se encontraban los emisarios de Carranza en Sonora, Diéguez amenazó al gobernador con “ponerlo en orden” en caso de no acceder a sus demandas. En la noche del mismo día, seguramente ya informado por su lugarteniente Ríos de la delicada posición en que se encontraban los federales, éstos, leales al carrancismo, cambiaron de actitud y prefirieron emprender la retirada de Sonora. Durante una pacífica entrevista con el gobernador De la Huerta, éste envió a través de ellos un último mensaje conciliador a Carranza. Al llegar a su casa, De la Huerta habría encontrado un telegrama de Calles, quien se encontraba enfermo en un hospital de Tucson, situación que lo había alejado del ambiente político durante 40 días: “acabo de escuchar acerca de tu situación peculiar con Carranza. Mañana me uniré a ti y estaré a tu lado. Plutarco Elías Calles”.[ 68 ]

Al día siguiente, Calles llegó a Hermosillo. A petición de Adolfo de la Huerta, Diéguez y Calles se entrevistaron y, en lugar de algún acuerdo, se acabaron de fijar los términos del conflicto entre Sonora y Carranza. El general Diéguez puso a continuación pies en polvorosa, y en cuanto estuvo a buena distancia de la frontera del estado de Sonora disparó telegramas a soldados, oficiales, funcionarios y políticos sonorenses con el texto siguiente: “Regresaré con veinte mil hombres, por lo que escojan su bando antes de que sea demasiado tarde”.[ 69 ] A don Adolfo, por su parte, le comunicó que el gobierno del centro no aceptaba los motivos del gobierno de Sonora para pactar con los yaquis y que, en consecuencia, consideraba estos actos como un ataque al pacto federal.[ 70 ]

Carranza inmediatamente declaró que no reconocería más a De la Huerta como gobernador. Sin que mediara la declaración previa de poderes, nombró gobernador militar del estado al general Ignacio Pesqueira, y ordenó el movimiento de tropas a través de Chihuahua por el este y de Sinaloa por el sur. Ocho mil soldados federales se movilizaron desde Chihuahua, en camino al Cañón del Púlpito, paso entre este estado y Sonora. “Subyugando mi orgullo”, apuntaría don Adolfo, “mandé telegrama tras telegrama a Carranza, urgiéndole a reconsiderar el envío de tropas a Sonora”. En uno de ellos, refirió que la “prensa amarillista” de los Estados Unidos había propalado noticias sobre la imposición de un gobernador militar y que la presencia de Diéguez arruinaría la labor de pacificación del Yaqui.

En su respuesta, Carranza sostuvo que el movimiento de fuerzas de Diéguez “obedecía más bien a necesidades de la campaña o a circunstancias que a juicio de este gobierno así lo requieren”.[ 71 ]

El presidente no estaba dispuesto a modificar su postura ni un ápice, ni ante las súplicas desesperadas de De la Huerta: “Por favor detenga sus tropas. Llegaré a la ciudad de México y me rendiré. Me puede usted matar, pero si usted permite que esas tropas avancen sobre Sonora, defenderé la soberanía de mi estado hasta el final”. A lo que Carranza respondería desafiante: “Yo no detendré a las tropas. Venga a México si quiere”. Y Carranza, en un esfuerzo por “exhibir la cobardía” de De la Huerta, hizo que tales cables fuesen publicados por los periódicos de la ciudad de México.

El presidente Carranza actuó contra Sonora, apoyado en la presunción de que, en efecto, la rebelión largamente preparada por Obregón tendría a este estado como espacio central de una estrategia a la que se sumaba una red política constituida por líderes militares y civiles y alzados de diferentes partes de la república. El asunto Cejudo y las cartas suscritas por el general Benjamín G. Hill y las enviadas por el rebelde zapatista Genovevo de la O evidenciaban a las claras los tratos de Obregón y sus agentes con los anticarrancistas levantados. El conjunto de acciones militares preparadas contra Sonora obedecían, entonces, al propósito de anticiparse con los medios disponibles y “de dar garantías a las personas y grupos que no simpatizaban allí con la candidatura del C. Obregón”, según dijo el presidente a los generales Jacinto B. Treviño, Francisco J. Mújica y Esteban Baca Calderón, entre otros.[ 72 ] Esta presión que Carranza ejerció contra Sonora derivó en el rompimiento precipitado de hostilidades entre el centro y este estado del norte y, en consecuencia, su dramática caída.

Los telegramas de abril de 1920 intercambiados entre Carranza y De la Huerta, para el segundo, fueron un amplio sumario de las afrentas que el presidente había llevado a cabo en contra de Sonora. Junto a los asuntos conocidos, apareció una miscelánea de agravios, objeto de fuertes protestas de los sonorenses. A fin de restar fuerzas a la rebelión que se veía inminente, Carranza tomó severas disposiciones. Los fondos de las aduanas fronterizas fueron trasladados a bancos de Arizona. Se dispuso la suspensión de pagos a los soldados federales acantonados en Sonora. El gobierno federal dio apenas la décima parte de estampillas para impuesto del timbre, por un valor de 17 000 pesos. Carranza envió infantes de marina de Mazatlán a Guaymas con instrucciones de duplicar sus efectivos. Se habían cortado los fondos para los cuerpos rurales en la campaña del Yaqui. La Secretaría de Hacienda había permitido la exportación de toda clase de ganado, a fin de desabastecer a los habitantes de Sonora. Carranza intentaba atraerse a los enemigos del gobierno, los maytorenistas. La agresiva campaña editorial de El Demócrata en favor de las medidas contra el gobierno de Sonora era notable.[ 73 ] Carranza rechazó las acusaciones y señaló a De la Huerta que podría acudir a la Suprema Corte de Justicia, a la que el artículo 103 constitucional permitía fungir como árbitro en los casos en que se hubieran violado los derechos de los estados.[ 74 ]

Sonora se puso en pie de guerra. Su gobierno declaró públicamente la suspensión de relaciones con el gobierno central “hasta que las causas de tal determinación hayan cesado de existir”.[ 75 ] El Congreso del Estado, en apoyo al ejecutivo, promulgó el 10 de abril la ley número 30, que concedía facultades extraordinarias en los ramos de Hacienda y Guerra al ejecutivo, a fin de preparar la defensa.[ 76 ] Por otro lado, don Adolfo convocó a los jefes militares a una junta, el 12 del mismo mes, para enterarlos de la tensa situación, resultado de la determinación de don Venustiano de atacar la soberanía del estado. En ese momento dispuso el cese del general Juan José Ríos como jefe de Operaciones en Sonora, y el nombramiento del general Plutarco Elías Calles como jefe de la División del Cuerpo del Ejército del Noroeste, quien se había puesto bajo las órdenes del gobernador de Sonora desde el 9 de abril.[ 77 ]

Los preparativos de guerra partieron de la organización de las fuerzas federales disidentes, los voluntarios y los yaquis bajo el mando de Mori.[ 78 ] El Ferrocarril Sud-Pacífico fue incautado por las autoridades de Sonora a fin de adelantarse a una posible intervención de las líneas por parte del gobierno de la república. A Salvador Alvarado, quien por el momento se encontraba en Nueva York, le fue ordenado trasladarse a Washington con el propósito de conseguir créditos y allegarse apoyos en la capital norteamericana.[ 79 ] De la Huerta anunció que los gastos de la rebelión ascenderían a un millón de pesos con parte de los recursos de las aduanas tomadas por el gobierno del estado.[ 80 ] A Sonora se había agregado Sinaloa. El general Ángel Flores realizó avances en su estado natal, por lo que el frente de guerra ya era considerablemente amplio. La lucha no tardó en ser vista como nacional y, desde luego, pasó de la defensiva a la ofensiva. El 15 de abril, el coronel Guillermo Nelson había atacado la estación de San Blas, Sinaloa, que fue abandonada por los carrancistas. El avance de los rebeldes siguió hasta Culiacán, que fue tomada el día 19.[ 81 ]

Este giro se reflejó de inmediato en el terreno político. El manifiesto de los tres poderes de Sonora del 13 de abril amplió las razones del rompimiento con Carranza en una perspectiva más allá del ámbito estatal. A la vez que recogió las quejas del gobierno del estado ya conocidas, agregó ahora una lista de atropellos oficiales contra el general Obregón en su calidad de candidato presidencial. A las claras este manifiesto reflejó la gama de compromisos políticos que los sonorenses tenían con sus aliados a lo largo y ancho de la geografía nacional.

Se acusó al gobierno de Carranza de haber preparado fraudes en las elecciones de poderes locales de Guanajuato, San Luis Potosí, Querétaro, Nuevo León y Tamaulipas. Se criticó la actitud del ejecutivo ante las elecciones del ayuntamiento de la ciudad de México (en alusión a Jorge Prieto Laurens y los cooperatistas), y su participación en el “cuartelazo” de Nayarit contra el gobernador constitucional del estado. Se arremetió contra la disolución, “por la fuerza bruta”, del Partido Socialista Obrero de Yucatán y contra los ataques de Murguía y Orozco en Tampico en perjuicio de los obregonistas. Se condenó, por preparar “una burla sangrienta al voto popular”, la junta de gobernadores de los estados.[ 82 ]

Adolfo de la Huerta sostuvo que él asumió la suprema jefatura del movimiento revolucionario en formación y encargó al licenciado Gilberto Valenzuela y al ingeniero Luis L. León la encomienda de redactar un plan y un manifiesto. Valenzuela acabó entregando el proyecto definitivo y le pidió que se lo entregara a los generales Calles y Flores y demás jefes militares para su firma, cosa que así ocurrió.[ 83 ] Desde Agua Prieta, Calles habría dado su consentimiento al plan en todas sus partes y pidió que fuese promulgado en esta población: “Me sentiría satisfecho de que el plan llevara el nombre glorioso de mi ‘república’: Agua Prieta […] si el plan es firmado en esta población […] Agua Prieta vivirá para siempre en la historia de México”.[ 84 ] El documento original sería llamado Plan de Hermosillo, “cambiando de nombre por el de Agua Prieta el 23 de abril a iniciativa del general Calles”.[ 85 ]

En todo caso, y seguramente para conservar las formas, en una comunicación solemne, De la Huerta señaló haber “estudiado detenidamente el Plan de Agua Prieta y estimado que tales prescripciones de índole político-administrativa contenidas en dicho documento se inspiran en la justicia y la moralidad […] y corresponden a la situación por la que atraviesa la república”. A continuación consideró su “deber aceptar el cargo de jefe supremo interino del Ejército Liberal Constitucionalista que se me confiere en el documento citado, y para los efectos correspondientes protesto solemnemente sostener dicho plan en todas sus partes y desempeñar con fidelidad y patriotismo el cargo con que he sido honrado”. Finalmente, hizo un reconocimiento “a todos los ciudadanos que firmaron el Plan de Agua Prieta por la distinción con que me favorecen”.[ 86 ]

Durante la discusión del plan, dos posturas se enfrentaron con respecto al nombramiento, a partir de un acuerdo de subordinación a las autoridades civiles, en este caso De la Huerta. Unos sostuvieron que éste debía ser nombrado jefe de manera definitiva, mientras que Calles argumentó que sólo debería asumir el puesto de manera interina, en tanto los delegados de los gobernadores constitucionales de los estados que reconocieran el Plan de Agua Prieta lograban reunirse para nombrar de manera definitiva al jefe supremo del Ejército Liberal Constitucionalista. Por encima de estos dos criterios, afirmó Calles, estuvo el acuerdo de que fuese un civil la cabeza del movimiento, a fin de que “éste no se tachara de militarista”. En esta dirección, “propuse al Congreso que se designara al Gobernador Constitucional del Estado, y de aquí la aprobación de mi idea a la legislatura”, según afirmaría Calles.[ 87 ]

Adviértese que el Plan se dirigió “a los gobernadores”, aunque convocó en efecto a todos los enemigos activos del carrancismo. “Tengo la seguridad de que la designación del jefe supremo definitivo […] le dará a quien resulte electo mayor prestigio y autoridad mayor”, era la opinión de De la Huerta.[ 88 ] Podría pensarse, como una de varias posibilidades, que esta postura abría las puertas para que Obregón, ya rota la institucionalidad política del país, llegase ocasionalmente a ocupar tal puesto.

Resulta de particular interés que De la Huerta, a pocos días del lanzamiento del Plan de Agua Prieta, haya enviado una circular a “los miembros del Ejército Liberal Constitucionalista” en la que se definía el alcance del movimiento y el marco legal en que éste se encontraría. “El Plan Orgánico” reconocía como ley fundamental a la Constitución de 1917, y el ejército rebelde se regiría por la Ordenanza General y leyes militares. Bajo tal concepto, y puesto que el artículo 22 prohibía la pena de muerte a los reos políticos, dispuso que los miembros del Ejército Liberal Constitucionalista cuidarían de no infringir tal disposición constitucional, “y todos los prisioneros de guerra y particulares que aparezcan como presuntos responsables de delitos conectados con el movimiento, debían ser puestos a disposición de la Jefatura Suprema”.[ 89 ] Esta circular es interesante por dos razones. La primera porque expresaba una convicción en favor del respeto a la vida de los enemigos, rasgo que distinguiría a Adolfo de la Huerta a lo largo de su carrera política. La segunda, derivada de la anterior, es que tal decisión se repetiría durante la llamada rebelión delahuertista de 1923.

El 23 de abril de 1920, el Plan de Agua Prieta fue proclamado solemnemente en la plaza del mismo nombre. Recogió en lo fundamental lo que había sido planteado por el manifiesto de los tres poderes. Fue netamente “sonorense”, a juzgar por las 107 firmas que en él aparecen, con la excepción del general Ángel Flores.[ 90 ] Asimismo dio cauce e impulso a un movimiento militar que ciertamente ya había estallado en Sinaloa (15-19 de abril), con Pascual Ortiz Rubio en Michoacán, Enrique Estrada en Zacatecas (15 y 16 de abril) y el general Carlos Green en Tabasco (abril 28), todos ellos connotados obregonistas.

Como lo hace notar Álvaro Matute, a la vista le salta un añejo sabor decimonónico. Poca diferencia, dice, podría encontrarse entre éste y otros planes que llevaron al poder a hombres como Paredes Arrillaga, Santa Anna y Porfirio Díaz. Se parece al del Hospicio como puede parecerse al de Ayutla o de la Noria, y guarda aspectos en común con el de Guadalupe.[ 91 ]

En virtud de él, se desconocía al presidente Venustiano Carranza, a los funcionarios públicos que accedieron a su puesto en virtud de las elecciones locales de Guanajuato, San Luis Potosí, Querétaro, Nuevo León y Tamaulipas, y a los concejales del ayuntamiento de la ciudad de México. Se reconoció a la Constitución de 1917, a José Santos Godínez como gobernador de Nayarit y a “las demás autoridades legítimas de la Federación y de los estados”. El gobernador De la Huerta fue nombrado jefe interino supremo del ejército, con facultades para la organización militar, política y administrativa del movimiento. Se convocó a los gobernadores que se adhirieran al movimiento a que nombraran un representante con voto en la designación del jefe supremo del Ejército Liberal Constitucionalista. Pero si no formase mayoría, el jefe supremo definitivo sería Adolfo de la Huerta. A la ocupación de la ciudad de México se nombraría un presidente provisional de la república por designación del Congreso, quien convocaría a elecciones para los poderes ejecutivo y legislativo de la Federación. El jefe supremo nombraría a gobernadores provisionales de Guanajuato, San Luis Potosí, Querétaro, Nuevo León y Tamaulipas, y en los estados que tuvieran gobernador o donde los mandatarios combatieran o desconocieran el movimiento. A la hora del triunfo, los gobernadores provisionales deberían convocar inmediatamente a elecciones de poderes locales.[ 92 ]

Su éxito fulminante evitó que la junta de gobernadores rebeldes a que aludía el documento tuviera lugar, cuestión menor porque el liderazgo sonorense contra Carranza era incuestionable. El movimiento de Agua Prieta, afirmaría don Adolfo, no fue resultado de ningún pacto premeditado entre Calles, Obregón y De la Huerta. Una evidencia circunstancial a considerar, por ejemplo, es el simple hecho de que en el momento del manifiesto de los tres poderes sonorenses (es decir, el paso previo a la rebelión), la situación era particularmente crítica para Obregón, quien se encontraba al pendiente del proceso Cejudo que se seguía en su contra, teniendo a la ciudad de México por cárcel, y ante la sólida posibilidad de ser aprehendido de un momento a otro.

El 11 de abril, día del encuentro “casual” con el general Pablo González en Chapultepec, Obregón recibió noticias de Calles, quien le avisó que Sonora se aprestaba a defender su soberanía. Alojado en casa de Miguel Alessio Robles, Obregón se quejó: “Adolfo y Plutarco deben tener buenas razones para proceder como lo están haciendo, pero nosotros estamos aquí en la ratonera”.[ 93 ]

Obregón, según versiones, incluso pensaba que lejos de ayudar esta situación a su causa, era una farsa tramada por el gobernador de Sonora y el presidente de la República, para involucrarlo y dar pretexto para eliminarlo. De la Huerta, en cuanto pudo, le explicó a Obregón la realidad de sus problemas con Carranza y el asunto allí terminó.[ 94 ] Sin embargo, De la Huerta argumentó que había una prueba de mayor peso. Mientras en Sonora se promulgaba el Plan de Agua Prieta, Obregón lanzaba otro con diferentes postulados, una vez que logró la adhesión del general Fortunato Maycotte, entonces jefe de Operaciones en Guerrero.[ 95 ]

Don Adolfo se refería al llamado Plan de Guerrero, redactado por Fernando Iglesias Calderón y Francisco Figueroa entre otros. En virtud de este plan, se desconocía a Carranza como presidente y a la Constitución de 1917 y se proclamaba la vuelta a la carta magna de 1857. Asimismo, se ratificaron las promesas de una ley agraria y de un régimen acorde con una idea del obrerismo. Pero el Plan de Guerrero quedó en el olvido. Cuando el movimiento de Agua Prieta avanzó con más prisa que el del sur que dirigía Obregón en persona, éste prefirió el Plan de Agua Prieta -que no había suscrito- al suyo propio.[ 96 ] Ya en el manifiesto de Chilpancingo del 30 de abril, Obregón declaró la imposibilidad de continuar la campaña política, por lo que era “indispensable empuñar de nuevo las armas, para reconquistar, con las armas en la mano, lo que con las armas en la mano se trata de arrebatar”. Poco más adelante, declaraba suspendida la lucha política,

y siguiendo la vieja costumbre de servir a mi patria cuando sus instituciones están en peligro, me improviso nuevamente en soldado, y al frente del Gran Partido Liberal […], me pongo a las órdenes del gobernador constitucional del estado libre y soberano de Sonora, para apoyar su decisión y cooperar con él, hasta que sean depuestos los altos poderes.[ 97 ]

En su novelesca huida, y dado el férreo control del telégrafo por Mario Méndez, resulta improbable que el manco de Celaya supiera los pormenores de lo que ocurría en Sonora, aunque es de imaginarse su convicción de que los acontecimientos violentos se precipitarían de un momento a otro.

El asunto del delito de rebelión de Obregón terminó con los acontecimientos posteriores y pasó al olvido. Pero existen elementos que nos permiten afirmar que el candidato en campaña tejió, a lo largo de su campaña, el entramado de una amplia conspiración capaz de alcanzar sus propósitos frente a la posibilidad real de que las elecciones le fueran desfavorables, dado el empecinamiento de Carranza en su contra. Hacía y consolidaba alianzas en forma directa o a través de sus partidarios más cercanos, y hablaba con jefes militares con mando de tropas. A todos sus interlocutores les hacía ver que era necesario evitar una “imposición planeada” y deberían estar presentes ante cualquier circunstancia.[ 98 ] De manera más discreta, mantuvo tratos con los rebeldes anticarrancistas -pelaecistas, felicistas, serranos oaxaqueños, mapaches chiapanecos, zapatistas morelenses-, que afirmaban la tesis de que Obregón planeaba su propio movimiento armado, con conocimiento de Calles y De la Huerta, pero que las presiones fallidas del presidente Carranza precipitaron los acontecimientos y dieron como resultado el movimiento de Agua Prieta.

El movimiento fue pronto torrente incontenible. El 5 de mayo, Carranza lanzó su Manifiesto a la nación. En esta especie de testamento político, hizo una lúcida exposición de los últimos acontecimientos políticos. Aquí habló de que aceptó la postulación a la presidencia por haber considerado que con ello ayudaría a la consolidación de la obra revolucionaria y porque en aquellos momentos el Partido Constitucionalista amenazaba dividirse en dos bandos militares. Carranza estimaba que, hasta fines de 1919, la campaña política se desarrollaba solamente entre dos candidatos (Álvaro Obregón y Pablo González), que hacían descansar su triunfo en el apoyo que a su tiempo pudieran prestarles las fuerzas militares que simpatizaban con uno u otro. Por tanto, “la idea de un candidato civil surgió como una posible transacción entre las dos ambiciones militaristas, hasta convertirse en una tendencia política bien definida”. Justificaba la idea de un candidato civil como un preventivo contra la “amenaza de la guerra civil y el caudillaje”. Protestó sus “garantías de neutralidad” durante el proceso, a pesar de la campaña de desprestigio contra Bonillas, promovida por los obregonistas y los gonzalistas. Analizaba la cuestión electoral, cuyo objetivo ideal había sido llevar a cabo la transmisión pacífica y “democrática” del poder, pero que los procedimientos a que habían recurrido Obregón y González envolverían a la nación en un conflicto armado, ya que sus campañas no habían sido de carácter electoral sino de “una provocación a la revuelta”.

Carranza denunció las maquinaciones de Obregón para hacerse del poder por la fuerza, la forja de sus alianzas con los rebeldes al gobierno y la orquestación de un amplio movimiento militar encabezado por él mismo. Para él, la sublevación de Sonora era un movimiento “precipitado, prematuro e injustificado” con el pretexto “de una imposición dos meses antes de las elecciones”. Para él, la fuga de Obregón el 13 de abril fue “una señal convenida” para que “los levantamientos militares comenzaran a efectuarse”, como los del coronel Pascual Ortiz Rubio, el general Enrique Estrada y el general Green, un indicio más de que existía un acuerdo previo, “bien determinado para levantarse en armas, cuando el general Obregón lo hiciera”. Después de exponer estos puntos destacó la imposibilidad de que pudieran celebrarse las elecciones presidenciales y dijo que no entregaría el poder ni a Obregón ni a González, sino que continuaría al frente del ejecutivo hasta que la rebelión de los generales fuera dominada y se designara legalmente a su sucesor.[ 99 ]

El rey viejo, empero, se había quedado casi solo. El general Pablo González, militar siempre fiel a Carranza, abandonó en definitiva a su jefe el 4 de mayo. Quedaban pocos generales con mando de tropas. El general Francisco Murguía, que estaba en Tampico, se dirigió a la capital de la república para ponerse al frente de los pocos leales. El general Cándido Aguilar contaba con un puñado de fieles veracruzanos. Y el general Diéguez, quien detendría el paso de los aguaprietistas en la costa del Pacífico, no atinaba a actuar, a pesar de su lenguaje belicista. Pasmado por el curso vertiginoso de los acontecimientos, voluntaria o involuntariamente retrasó el prometido avance de sus tropas hacia el noroeste, y pronto fue aprehendido por sus propios hombres, encabezados por el coronel Isaías Castro.[ 100 ]

Ante tal situación, Carranza preparó la instalación de su gobierno en Veracruz, apostando a su buena suerte de 1914. La mayor parte de los empleados ferrocarrileros favorecían a Obregón; sin embargo, un conjunto de trenes del Ferrocarril Mexicano, incluido el Dorado Presidencial y su absurdo burocrático, salieron de la capital el 7 de mayo de 1920. Ese mismo día la capital fue ocupada por las fuerzas de los generales Pablo González y Jacinto B. Treviño, desde el retiro temporal en Texcoco. El Congreso discutió acerca de la situación legal del poder ejecutivo y de la complejidad del momento histórico que vivían. Concluyeron que, al haber desaparecido los poderes ejecutivo y judicial, tendrían que tomar medidas para que Carranza saliera del territorio nacional y la Comisión Permanente nombraría al presidente provisional.

Mientras tanto, el general Pablo González instaló un gobierno provisional sin presidente, haciendo nombramientos en distintas secretarías y dependencias de gobierno. El 9 de mayo, Obregón entró a la capital como un César regresando de las Galias, en medio de vítores, aplausos y la admiración de una capital ya acostumbrada a este tipo de paradas. Acto seguido, convocó a una junta de generales para discutir el asunto de la sucesión legal del siguiente presidente de México. Entre los asistentes estaban Pablo González -que no reconocía el Plan de Agua Prieta, aunque tenía el control de la capital-, Samuel de los Santos, Fortunato Maycotte, Daniel Ríos Zertuche y otros 16 militares de alto rango. González sostuvo que el objetivo había sido alcanzado con el derrocamiento de Carranza y que ahora seguiría someter el Plan a la consideración de los poderes legislativo y judicial, y pedir a De la Huerta que a su vez solicitara al Congreso la designación del presidente provisional. En una declaración, los militares de común acuerdo manifestaron que “la legalidad y la unificación de los líderes revolucionarios estaban aseguradas”, y mandaron un mensaje a De la Huerta con los detalles de su decisión,[ 101 ] a lo que no hubo objeción.

El 24 de mayo de 1920, Adolfo de la Huerta, en su calidad de jefe del Ejército Liberal Constitucionalista, expidió en la ciudad de Hermosillo un decreto en el que se daba el siguiente paso en la transición presidencial. Se establecía que el Congreso, en el periodo de sesiones extraordinarias a que había sido convocado, se ocuparía exclusivamente de designar al presidente provisional de la República. Asimismo, se especificaba que desde la fecha de promulgación del Plan de Agua Prieta, Carranza había cesado en el ejercicio del poder ejecutivo.

Con respecto al poder legislativo, el Plan de Agua Prieta no reconocía jurisdicción ni facultad alguna a la Comisión Permanente, y, por lo que se refería al Congreso, sólo se le aceptaba la facultad de nombrar presidente provisional. Por último, se comunicaba a la opinión pública el aplazamiento de las elecciones presidenciales para el 5 de septiembre.[ 102 ] Aquel mismo día, en la ciudad de México, las cámaras de Diputados y Senadores se reunieron con el propósito de nombrar a un presidente interino que se hiciera cargo del poder ejecutivo del 1 de junio al 1 de diciembre de 1920. Para sorpresa de nadie, el resultado de la votación favoreció a Adolfo de la Huerta, quien obtuvo 224 votos contra 29 para Pablo González, uno para Fernando Iglesias Calderón y uno para Antonio I. Villarreal.[ 103 ] Después de un largo periplo, primero en barco y luego en ferrocarril desde Hermosillo, De la Huerta tomó posesión de su cargo, y con ello se marcó el fin del periodo carrancista y el inicio de la supremacía del triunvirato sonorense.

Palabras finales

El ascenso de Adolfo de la Huerta a la presidencia, tal y como se había planteado desde el principio por la organización del movimiento de Agua Prieta, sería por breve tiempo, a fin de preparar las condiciones para la reanudación del gobierno normal de la República. La mecánica del entendimiento con Obregón y Calles funcionaba bien hasta ese momento, favorecida en mucho la voluntad de De la Huerta de regresar a su estado natal una vez que su periodo administrativo hubiera concluido. El caudillo, firmemente entronizado tras el ejército como última razón política, se sabe el mayor beneficiario de la rebelión sonorense y actúa en consecuencia. Mantiene una calculada relación de cooperación y conflicto con De la Huerta, delimitada acaso por una necesidad de influir al máximo y ceder lo menos posible, con miras al futuro próximo en el que, por fin, llegaría a la presidencia.

Parte de ese futuro en marcha era la edificación impostergable de un nuevo orden basado en un amplio consenso de las principales fuerzas políticas, algunas de ellas recién salidas de largas confrontaciones con el carrancismo. En ello, la pacificación total del país era tarea principal, a la que De la Huerta dedicó sus mayores esfuerzos desde el inicio del interinato hasta entregar el mando a su sucesor antes de que concluyera el año de 1920. Había que trabajar, además, en otras labores que redundarían en la mayor legitimidad del grupo sonorense en el poder, tanto en el plano nacional como internacional: la normalización de las relaciones con el exterior, principalmente con los Estados Unidos; la reorganización del ejército, la reconstrucción de las finanzas públicas, la preparación de las elecciones y la recuperación hasta lo posible de los beneficios del petróleo, entre otras tareas. No fue entonces casual que en la propaganda obregonista aparecieran por delante los logros en el sentido apuntado, en los que De la Huerta, una vez más, fue protagonista principal.

El historiador honrado, cada vez que hace memoria de los acontecimientos pasados, desafía por este solo hecho la verdad establecida. En la medida en que aporta nuevas evidencias e interpretaciones, plantea dudas y siembra confusiones, conmueve con su trabajo los cimientos de lo eterno. Desde la soledad de su gabinete es un aniquilador de escenarios, un profanador de tumbas, un dinamitero de monumentos, un destructor de iconos y, desde luego, un irreverente; todo ello más por necesidad que por voluntad. El estudio que presentamos arrojó como resultado final que hay buenas razones para pensar que ni De la Huerta era un títere “transitorio” al servicio de sus paisanos ni Obregón realizaba geniales hazañas políticas más allá de la proporción humana. Por fortuna no todas las evidencias se destruyen por completo. Y ellas nos sirven de medios para desmitificar o desatanizar, según el caso, a los personajes y sus acciones.

[ 1 ] Maestro en sociología política y profesor de la Universidad Autónoma Metropolitana, Iztapalapa. Es autor de Adolfo de la Huerta y la Revolución Mexicana.

[ 2 ] “Memo for De la Huerta”, cuestionario sin fecha, presuntamente aplicado por el Departamento de Justicia de los Estados Unidos, durante el proceso para conceder asilo político a De la Huerta, respuesta 16, en Archivo Familia De la Huerta. Éste es un documento de gran importancia por su valor testimonial. Antonio Rivera, La Revolución en Sonora, México, edición del autor, 1969, p. 322-325. José C. Valadés, Las memorias de don Adolfo de la Huerta, ex presidente de México: memorias de doce años de política revolucionaria en México, 1911-1923, edición privada de 50 ejemplares, Mérida, Talleres de la Compañía Tipográfica Yucateca, 1930, p. 20-22.

[ 3 ] Héctor Aguilar Camín, La frontera nómada: Sonora y la Revolución Mexicana, México, Siglo XXI, 1979, p. 423; Antonio Rivera, La Revolución en Sonora, México, edición del autor, 1969, p. 477-480.

[ 4 ] Las disposiciones en materia obrera “fueron derogadas por su sucesor [Calles], por considerarlas en esa época demasiado radicales”. Adolfo de la Huerta, Resumen biográfico del Sr. Adolfo de la Huerta, en Archivo Familia De la Huerta, p. 3; Intelligence Report, National Archives of Washington, Militar Intelligence Division, October 12, 1916, p. 640-772. National Archives of Washington, Militar Intelligence Division, Chicago Labor News, July 21, 1916; Linda Hall, Álvaro Obregón: poder y revolución en México, 1911-1920, México, Fondo de Cultura Económica, 1985, p. 187.

[ 5 ] “Memo for De la Huerta”, Archivo Familia De la Huerta, p. 2; Adolfo de la Huerta, Informe que rinde al H. Congreso del Estado, el gobernador provisional de Sonora, por el periodo de su gobierno, comprendido entre el 19 de mayo de 1916 y el 18 de junio de 1917, Hermosillo, Imprenta del Gobierno del Estado, 1917, p. 9.

[ 6 ] La Cámara Obrera contaba con un delegado por cada mil trabajadores. Este cargo sería ejercido por un año, con un sueldo de diputado. Este órgano podía conocer las quejas y violaciones a las leyes laborales, debía proponer formas de mejoramiento de la organización obrera estatal, externar juicios periciales sobre indemnizaciones por accidentes de trabajo, proponer soluciones a conflictos obrero-patronales, sugerir candidatos para los puestos de inspectores de higiene y seguridad en las fábricas, promover leyes concernientes a su ramo y dar audiencia a los representantes patronales. Héctor Aguilar Camín, La frontera nómada: Sonora y la Revolución Mexicana, México, Siglo XXI, 1979, p. 439, y Antonio Rivera, La Revolución en Sonora, México, edición del autor, 1969, p. 482-484. Por otra parte, el decreto 71 del 16 de octubre de 1916 también incluía el establecimiento de ocho horas de trabajo como jornada máxima, la edad y el salario mínimos, el descanso semanal obligatorio, la exigencia a las empresas de contrato escrito para trabajos de más de seis días y la indemnización por accidentes de trabajo. Más adelante, en virtud del decreto 92 del 30 de marzo de 1917, se reglamentó el trabajo en el estado “sobre bases equitativas y de acuerdo con las ideas de la Revolución”, y por el decreto 97 del 16 de julio del mismo año, se puso en marcha la Ley sobre Indemnizaciones por Accidentes Sufridos en el Trabajo. Adolfo de la Huerta, Informe que rinde al H. Congreso del Estado, el gobernador provisional de Sonora, por el periodo de su gobierno, comprendido entre el 19 de mayo de 1916 y el 18 de junio de 1917, Hermosillo, Imprenta del Gobierno del Estado, 1917, p. 9; Linda Hall, Álvaro Obregón: poder y revolución en México, 1911-1920, México, Fondo de Cultura Económica, 1985, p. 186-187; Antonio Rivera, La Revolución en Sonora, México, edición del autor, 1969, p. 484.

[ 7 ] Juan de Dios Bojórquez, Forjadores de la Revolución Mexicana, México, Publicaciones del Instituto Nacional de la Revolución Mexicana, 1960, p. 64.

[ 8 ] Entrevista al ingeniero Arturo de la Huerta, Guaymas, Sonora, 20 de octubre de 1994. Adolfo de la Huerta, Resumen biográfico del Sr. Adolfo de la Huerta, en Archivo Familia De la Huerta, p. 4.

[ 9 ] Gilbert M. Joseph, Revolución desde afuera: Yucatán, México y los Estados Unidos, 1880-1924, México, Fondo de Cultura Económica, 1992, p. 142-143. Francisco José Paoli, Yucatán y los orígenes del nuevo Estado mexicano: gobierno del general Salvador Alvarado, 1915-1918, México, Era, 1984, p. 136-137.

[ 10 ] “Adolfo de la Huerta […] no queriendo hacer a los yucatecos el deshonor de gobernar aquella entidad federativa sin ser hijo de Yucatán, le suplicó [a Carranza] le concediera la facultad de escoger algún yucateco que garantizara la imparcialidad de las elecciones.” Adolfo de la Huerta, Resumen biográfico del Sr. Adolfo de la Huerta, en Archivo Familia De la Huerta, p. 3.

[ 11 ] “Carranza: friend and foe!”, manuscrito anónimo, en Archivo Familia De la Huerta, p. 7-8. La versión del coronel Mena Brito, candidato a gobernador por el Partido Liberal Yucateco, fue otra. Relata que se acercó al presidente Carranza manifestándole que, si no intervenía en el embrollo yucateco para frenar al “nefasto alvaradismo” y tener las garantías apropiadas, se retiraría de la campaña. Carranza resolvió enviar a De la Huerta para que le informase acerca de la situación política en Yucatán y de los alegados abusos de Salvador Alvarado. De la Huerta llegó a Mérida a principios de octubre de 1917, y presenció desde el balcón del Gran Hotel, donde se hospedaba, una manifestación menista de “treinta mil personas de todas las clases sociales”. De la Huerta regresó a la ciudad de México, con un informe que “debía” ser desfavorable a Alvarado, pero, para sorpresa de Mena Brito, pronto llegaría a Mérida el general Alvarado, a “controlar” las elecciones para poderes locales. Años después, don Adolfo le comentó a Mena Brito que el informe había sido favorable a Alvarado, “porque se comprometió a que no se volvería a cometer ninguna fechoría en ese Estado”. Bernardino Mena Brito, Reestructuración histórica de Yucatán: influencia negativa de los políticos campechanos, en los destinos de México y de Yucatán, de 1914 a 1969, México, Editores Mexicanos Unidos, 1969, t. III, p. 237-239.

[ 12 ] “Carranza: friend and foe!”, manuscrito anónimo, en Archivo Familia De la Huerta, p. 8-9; Adolfo de la Huerta, Resumen biográfico del Sr. Adolfo de la Huerta, en Archivo Familia De la Huerta, p. 3.

[ 13 ] El mejor trabajo publicado hasta ahora sobre el tema es el de Friedrich Katz, La guerra secreta en México: la Revolución Mexicana y la tormenta de la Primera Guerra Mundial, 2 v., México, Era, 1982, v. 2, capítulos 9 y 10, p. 11-154. Sobre el telegrama Zimmermann y sus consecuencias, véase también el de Barbara W. Tuchman, El telegrama Zimmermann, México, Grijalbo, 1960. Douglas W. Richmond, La lucha nacionalista de Venustiano Carranza, 1893-1920, México, Fondo de Cultura Económica, 1986, p. 278-282.

[ 14 ] Lorenzo Meyer, México y Estados Unidos en el conflicto petrolero (1917-1942), México, El Colegio de México, c. 1968, p. 89.

[ 15 ] “Carranza: friend and foe!”, manuscrito anónimo, en Archivo Familia De la Huerta, p. 10.

[ 16 ] Así entendía De la Huerta la importancia del consulado en Nueva York: “El Consulado General de Nueva York es de trascendentalísima importancia, pues es en aquella plaza en donde se incuban muchos de los problemas políticos por la fuerza de las corrientes capitalistas en aquel centro, y es también la fuente en donde hay que conseguir datos de índole comercial y financiera que deben hacerse llegar a la superioridad para aprovechamiento de la Secretaría de Hacienda y de la economía nacional. La orientación de la prensa en aquel centro es importantísima y la documentación que hay que llevar a los hombres de negocios de aquella metrópoli ha de ser muy amplia y hábil, por lo que ese representante debe ser personalidad de fuerza política, de extensa preparación mercantil y de reconocida integridad en su vida pública y privada, y ha de ser un colaborador eficaz de nuestra embajada en Washington”. “Consulados Generales”, informe sin fecha, redactado por Adolfo de la Huerta como visitador general de consulados, en Archivo de la Familia De la Huerta.

[ 17 ] Antonio Rivera, La Revolución en Sonora, México, edición del autor, 1969, p. 498.

[ 18 ] Entrevista del autor con Adolfo de la Huerta Jr., 25 de enero de 1981.

[ 19 ] Roberto Guzmán Esparza, Memorias de don Adolfo de la Huerta, según su propio dictado, México, Ediciones Guzmán, 1958, p. 103.

[ 20 ] Véase, a manera de ejemplo, The New York Times de la segunda semana de septiembre de 1918.

[ 21 ] Roberto Guzmán Esparza, Memorias de don Adolfo de la Huerta, según su propio dictado, México, Ediciones Guzmán, 1958, p. 108.

[ 22 ] “Carranza: friend and foe!”, manuscrito anónimo, en Archivo Familia De la Huerta, p. 11.

[ 23 ] Antonio Rivera, La Revolución en Sonora, México, edición del autor, 1969, p. 499.

[ 24 ] Linda Hall, Álvaro Obregón: poder y revolución en México, 1911-1920, México, Fondo de Cultura Económica, 1985, p. 192.

[ 25 ] “Juntas militares”, Archivo General de la Nación, Presidentes Obregón-Calles, 101-R-2-H.

[ 26 ] Bernardo Mena Brito, Ocho diálogos con Carranza, p. 784-785, citado por Linda Hall, Álvaro Obregón: poder y revolución en México, 1911-1920, México, Fondo de Cultura Económica, 1985, p. 192.

[ 27 ] José Fuentes Mares, “Carranza y la técnica electoral”, Diorama de la Cultura, 1 de noviembre de 1970, p. 8.

[ 28 ] National Archives of Washington, Border Report, Papers relating to the Internal Affairs of Mexico, 812.00/22752, June 21, 1919; “Carranza: friend and foe!”, manuscrito anónimo, en Archivo Familia De la Huerta, p. 13; Roberto Guzmán Esparza, Memorias de don Adolfo de la Huerta, según su propio dictado, México, Ediciones Guzmán, 1958, p. 138-139. Entrevista al ingeniero Arturo de la Huerta, Guaymas, 23 de octubre de 1994. “Memo for De la Huerta”, en Archivo Familia De la Huerta, respuesta a la pregunta 75. Miguel Alessio Robles habla de un acuerdo tácito entre Carranza, Obregón y Pablo González. Consistía en que estos militares no estorbarían la candidatura a la Presidencia del Primer Jefe en las elecciones de 1917, y tres años después, en las de 1920, figurarían como candidatos Obregón y Pablo González. Miguel Alessio Robles, A medio camino, México, Stylo, 1949, p. 25-26.

[ 29 ] Ward M. Morton, “The Mexican Constitutional Congress of 1916-1917”, Southwestern Science Quarterly, 33 (June, 1952), p. 11-15; Aarón Sáenz, “Álvaro Obregón”, Historia Mexicana, El Colegio de México, Centro de Estudios Históricos, n. 10 (octubre-diciembre de 1960), p. 309. Narciso Bassols Batalla, El pensamiento político de Álvaro Obregón, México, El Caballito, 1976, p. 27.

[ 30 ] Arnaldo Córdova, La ideología de la Revolución Mexicana: la ideología del nuevo régimen, México, Era, 1981, p. 218. Douglas W. Richmond, La lucha nacionalista de Venustiano Carranza, 1893-1920, México, Fondo de Cultura Económica, 1986, p. 298-299.

[ 31 ] “Carranza: friend and foe!”, manuscrito anónimo, en Archivo Familia De la Huerta, p. 1-3. Esta versión se encuentra también en William Weber Johnson, Heroic Mexico: the violent emergence of a modern nation, Garden City, Doubleday & Company, 1968, p. 323.

[ 32 ] Excelsior, 15 de enero de 1919, citado por Linda Hall, Álvaro Obregón: poder y revolución en México, 1911-1920, México, Fondo de Cultura Económica, 1985, p. 193-194. Narciso Bassols Batalla, El pensamiento político de Álvaro Obregón, México, El Caballito, 1976, p. 28.

[ 33 ] Narciso Bassols Batalla, El pensamiento político de Álvaro Obregón, México, El Caballito, 1976; Linda Hall, Álvaro Obregón: poder y revolución en México, 1911-1920, México, Fondo de Cultura Económica, 1985, p. 195; citando a Luis Cabrera, carta a un amigo no mencionado, 14 de marzo de 1919, en Luis Ruvalcaba (comp.), Campaña política del C. Álvaro Obregón, candidato a la Presidencia de la República, 5 v., México, 1920-1924, v. I, p. 22-31.

[ 34 ] José Fuentes Mares, “Carranza y la técnica electoral”, Diorama de la Cultura, 1 de noviembre de 1970, p. 9. El doctor Álvaro Matute comenta y hace una reconstrucción de este manifiesto en “La carrera del caudillo”, Historia de la Revolución Mexicana, 1917-1924, México, El Colegio de México, 1980, v. 8, p. 33-41.

[ 35 ] Miguel Alessio Robles, A medio camino, México, Stylo, 1949, p. 32-33.

[ 36 ] Douglas W. Richmond, La lucha nacionalista de Venustiano Carranza, 1893-1920, México, Fondo de Cultura Económica, 1986, p. 312-313. El Universal, 25 de febrero de 1920.

[ 37 ] El Demócrata, 24 de noviembre de 1919.

[ 38 ] Sonia Quiroz, “La rebelión de Agua Prieta, 1919-1920”, Nuestro México, Universidad Nacional Autónoma de México, 10, 1984, p. 3. El Demócrata, 17 de noviembre de 1919.

[ 39 ] “General Pablo González”, en Recopilación de documentos y de algunas publicaciones de importancia, México, Partido de Reconstrucción Nacional, Sección de Prensa y Publicaciones, abril de 1923, p. 276.

[ 40 ] “General Pablo González”, en Recopilación de documentos y de algunas publicaciones de importancia, México, Partido de Reconstrucción Nacional, Sección de Prensa y Publicaciones, abril de 1923, p. 279.

[ 41 ] “General Pablo González”, en Recopilación de documentos y de algunas publicaciones de importancia, México, Partido de Reconstrucción Nacional, Sección de Prensa y Publicaciones, abril de 1923, p. 282-283.

[ 42 ] Linda Hall, Álvaro Obregón: poder y revolución en México, 1911-1920, México, Fondo de Cultura Económica, 1985, p. 202-203.

[ 43 ] El Monitor Republicano, 19 de enero de 1920; El Demócrata, 18 de enero de 1920.

[ 44 ] Álvaro Matute, “La carrera del caudillo”, Historia de la Revolución Mexicana, 1917-1924, México, El Colegio de México, 1980, v. 8, p. 85. Excelsior, 6 de febrero de 1920.

[ 45 ] Sonia Quiroz, “La rebelión de Agua Prieta, 1919-1920”, Nuestro México, Universidad Nacional Autónoma de México, 10, 1984, p. 4. El Universal, 11 de febrero de 1920, National Archives of Washington, Francis V. Dyer to Secretary of State, February 9, 1920, 812.00/233861.

[ 46 ] El Universal, 11 de febrero de 1920.

[ 47 ] El Monitor Republicano, 3 de marzo de 1920.

[ 48 ] Pastor Rouaix a Calles, 11 de junio de 1920, en Clodoveo Valenzuela y Amado Chaverri, Sonora y Carranza: obra de la más amplia información periodística del último movimiento libertario, respaldada por gran número de valiosos documentos hasta hoy desconocidos, que entregamos a la historia, México, Casa Editorial Renacimiento, 1925, p. 23. Antonio Rivera, La Revolución en Sonora, México, edición del autor, 1969, p. 507-508.

[ 49 ] De la Huerta a Carranza, 13 de enero de 1920, en Clodoveo Valenzuela y Amado Chaverri, Sonora y Carranza: obra de la más amplia información periodística del último movimiento libertario, respaldada por gran número de valiosos documentos hasta hoy desconocidos, que entregamos a la historia, México, Casa Editorial Renacimiento, 1925, p. 24-26.

[ 50 ] Clodoveo Valenzuela y Amado Chaverri, Sonora y Carranza: obra de la más amplia información periodística del último movimiento libertario, respaldada por gran número de valiosos documentos hasta hoy desconocidos, que entregamos a la historia, México, Casa Editorial Renacimiento, 1925, p. 27-29.

[ 51 ] Pastor Rouaix a De la Huerta, 18 de febrero de 1920, en Clodoveo Valenzuela y Amado Chaverri, Sonora y Carranza: obra de la más amplia información periodística del último movimiento libertario, respaldada por gran número de valiosos documentos hasta hoy desconocidos, que entregamos a la historia, México, Casa Editorial Renacimiento, 1925, p. 38.

[ 52 ] Edward H. Spicer, Los yaquis: historia de una cultura, México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas, 1994, p. 293-294; “El problema del Yaqui”, editorial de Orientación, en Clodoveo Valenzuela y Amado Chaverri, Sonora y Carranza: obra de la más amplia información periodística del último movimiento libertario, respaldada por gran número de valiosos documentos hasta hoy desconocidos, que entregamos a la historia, México, Casa Editorial Renacimiento, 1925, p. 59-63. José C. Valadés, Las memorias de don Adolfo de la Huerta, ex presidente de México: memorias de doce años de política revolucionaria en México, 1911-1923, edición privada de 50 ejemplares, Mérida, Talleres de la Compañía Tipográfica Yucateca, 1930, p. 30.

[ 53 ] El Demócrata, 7 de noviembre de 1919.

[ 54 ] El Demócrata, 7 de noviembre de 1919, p. 14.

[ 55 ] Miembros de la colonia china de Cananea a Carranza, 22 de diciembre de 1919, Archivo Carranza, citado por Douglas W. Richmond, La lucha nacionalista de Venustiano Carranza, 1893-1920, México, Fondo de Cultura Económica, 1986, p. 314.

[ 56 ] “Proceda usted a la inmediata detención del señor Adolfo de la Huerta, quien deberá quedar bajo la vigilancia personal de usted, informando a esta Presidencia haber cumplido con la disposición”, José C. Valadés, Las memorias de don Adolfo de la Huerta, ex presidente de México: memorias de doce años de política revolucionaria en México, 1911-1923, edición privada de 50 ejemplares, Mérida, Talleres de la Compañía Tipográfica Yucateca, 1930, p. 31.

[ 57 ] Adolfo de la Huerta, Resumen biográfico del Sr. Adolfo de la Huerta, en Archivo Familia De la Huerta, p. 4. “Carranza: friend and foe!”, manuscrito anónimo, en Archivo Familia De la Huerta, p. 14-15.

[ 58 ] “Carranza: friend and foe!”, manuscrito anónimo, en Archivo Familia De la Huerta, p. 16; José C. Valadés, Las memorias de don Adolfo de la Huerta, ex presidente de México: memorias de doce años de política revolucionaria en México, 1911-1923, edición privada de 50 ejemplares, Mérida, Talleres de la Compañía Tipográfica Yucateca, 1930, p. 32-33.

[ 59 ] José C. Valadés, Las memorias de don Adolfo de la Huerta, ex presidente de México: memorias de doce años de política revolucionaria en México, 1911-1923, edición privada de 50 ejemplares, Mérida, Talleres de la Compañía Tipográfica Yucateca, 1930, p. 32.

[ 60 ] “Carranza: friend and foe!”, manuscrito anónimo, en Archivo Familia De la Huerta, p. 17.

[ 61 ] Calles a De la Huerta, 26 de diciembre de 1919, en Clodoveo Valenzuela y Amado Chaverri, Sonora y Carranza: obra de la más amplia información periodística del último movimiento libertario, respaldada por gran número de valiosos documentos hasta hoy desconocidos, que entregamos a la historia, México, Casa Editorial Renacimiento, 1925, p. 75.

[ 62 ] “Carranza: friend and foe!”, manuscrito anónimo, en Archivo Familia De la Huerta, p. 17.

[ 63 ] Fernando López Portillo, “Las memorias de D. Adolfo de la Huerta: algunas aclaraciones”, El Universal, 4 de febrero de 1958; Excelsior, 2 de febrero de 1920.

[ 64 ] “Memo for De la Huerta”, en Archivo Familia De la Huerta, respuesta 75.

[ 65 ] “Carranza: friend and foe!”, manuscrito anónimo, en Archivo Familia De la Huerta, p. 18-19.

[ 66 ] “Memo for De la Huerta”, Archivo Familia De la Huerta, respuesta 75.

[ 67 ] National Archives of Washington, Border Report, March 15, 1920, 812.00/22890; Orientación, Hermosillo, 12 de abril de 1920.

[ 68 ] “Carranza: friend and foe!”, manuscrito anónimo, en Archivo Familia De la Huerta, p. 19-20.

[ 69 ] “Carranza: friend and foe!”, manuscrito anónimo, en Archivo Familia De la Huerta, p. 21.

[ 70 ] José C. Valadés, Las memorias de don Adolfo de la Huerta, ex presidente de México: memorias de doce años de política revolucionaria en México, 1911-1923, edición privada de 50 ejemplares, Mérida, Talleres de la Compañía Tipográfica Yucateca, 1930, p. 42.

[ 71 ] Carranza a De la Huerta, 2 de abril de 1920, en Clodoveo Valenzuela y Amado Chaverri, Sonora y Carranza: obra de la más amplia información periodística del último movimiento libertario, respaldada por gran número de valiosos documentos hasta hoy desconocidos, que entregamos a la historia, México, Casa Editorial Renacimiento, 1925, p. 155-156.

[ 72 ] También les manifestó “que era pública la presión que ese grupo imponía en aquella entidad federativa y que lo que se deseaba era estar preparados para arrojar el guante en un momento dado, motivo por el que el gobierno del centro se había anticipado en cumplimiento de su deber”. Jacinto B. Treviño, Memorias, México, Orión, 1961, p. 152.

[ 73 ] De la Huerta a Carranza, 4 de abril de 1920, en Clodoveo Valenzuela y Amado Chaverri, Sonora y Carranza: obra de la más amplia información periodística del último movimiento libertario, respaldada por gran número de valiosos documentos hasta hoy desconocidos, que entregamos a la historia, México, Casa Editorial Renacimiento, 1925, p. 159-160.

[ 74 ] Carranza a De la Huerta, 9 de abril de 1920, Archivo de la Secretaría de Relaciones Exteriores de México, LE: 866-125-127.

[ 75 ] Orientación, 10 de abril de 1920; cónsul José M. Arredondo (Douglas) al secretario de Relaciones Exteriores, 10 de abril de 1920, Archivo de la Secretaría de Relaciones Exteriores de México, LE: 866-188.

[ 76 ] Antonio Rivera, La Revolución en Sonora, México, edición del autor, 1969, p. 522-523. Linda Hall, Álvaro Obregón: poder y revolución en México, 1911-1920, México, Fondo de Cultura Económica, 1985, p. 221. El Universal, 19 de abril de 1920.

[ 77 ] Calles a De la Huerta, 9 de abril de 1920, en Clodoveo Valenzuela y Amado Chaverri, Sonora y Carranza: obra de la más amplia información periodística del último movimiento libertario, respaldada por gran número de valiosos documentos hasta hoy desconocidos, que entregamos a la historia, México, Casa Editorial Renacimiento, 1925, p. 100.

[ 78 ] Ley 30, 11 de abril de 1920, Archivo General del Estado de Sonora, 3367.

[ 79 ] Alvarado vivía en el autodestierro en los Estados Unidos, distanciado del Primer Jefe. El 12 de mayo de 1919, Carranza le negó la licencia ilimitada del ejército, siendo más tarde encarcelado por el general Alejo González, jefe de Operaciones de Chiapas, y remitido a la ciudad de México en el carro-caja de un tren. Aquí obtuvo la libertad y se trasladó a los Estados Unidos, desde donde se mantuvo atento y actuante en contra de la imposición del ingeniero Bonillas. José Domingo Ramírez Garrido, “Alvarado, Salvador”, en Diccionario tabasqueño: geografía, historia, biografía, bibliografía, algunos datos sobre historia natural, música y curiosidades del Estado de Tabasco, México, s. e., 1946, p. 16.

[ 80 ] Clodoveo Valenzuela y Amado Chaverri, Sonora y Carranza: obra de la más amplia información periodística del último movimiento libertario, respaldada por gran número de valiosos documentos hasta hoy desconocidos, que entregamos a la historia, México, Casa Editorial Renacimiento, 1925, p. 215; El Universal, 13 de abril de 1920.

[ 81 ] “El Plan de Agua Prieta”, en Crónica ilustrada de la Revolución Mexicana, Publex, 1968, p. 8.

[ 82 ] Manifiesto de los tres poderes al pueblo de Sonora, Hermosillo, 13 de abril de 1920, en Clodoveo Valenzuela y Amado Chaverri, Sonora y Carranza: obra de la más amplia información periodística del último movimiento libertario, respaldada por gran número de valiosos documentos hasta hoy desconocidos, que entregamos a la historia, México, Casa Editorial Renacimiento, 1925, p. 213-215. Orientación, 13 de abril de 1920.

[ 83 ] Antonio Rivera, La Revolución en Sonora, México, edición del autor, 1969, p. 524-526.

[ 84 ] José C. Valadés, Las memorias de don Adolfo de la Huerta, ex presidente de México: memorias de doce años de política revolucionaria en México, 1911-1923, edición privada de 50 ejemplares, Mérida, Talleres de la Compañía Tipográfica Yucateca, 1930, p. 44-45.

[ 85 ] Adolfo de la Huerta, Resumen biográfico del Sr. Adolfo de la Huerta, en Archivo Familia De la Huerta, p. 5. Don Gilberto Valenzuela confirma el dicho de De la Huerta: “Yo hice el plan, yo lo llamé Plan de Hermosillo. Calles estaba en Agua Prieta y me mandó a Luis León a ver, a platicar conmigo, a ver si le mandaba yo una copia del plan. Yo inmediatamente le mandé una copia del plan; yo le llamaba Plan de Hermosillo, y lo convocó Calles, entonces se llamó Plan de Agua Prieta”. Entrevista a don Gilberto Valenzuela, realizada por Linda Hall y María Alba Pastor, el día 11 de julio de 1974, Archivo de la Palabra del Instituto de Investigaciones Doctor José María Luis Mora, PHO/4/42, p. 37.

[ 86 ] De la Huerta (Hermosillo) a Calles (Agua Prieta), 20 de abril de 1920, Fideicomiso Archivo Plutarco Elías Calles y Fernando Torreblanca, inventario 1379, exp. 56, leg. 3/10, f. 136-137.

[ 87 ] El Universal, 8 de marzo de 1920.

[ 88 ] Corresponsal de guerra en Agua Prieta, 24 de abril, en Clodoveo Valenzuela y Amado Chaverri, Sonora y Carranza: obra de la más amplia información periodística del último movimiento libertario, respaldada por gran número de valiosos documentos hasta hoy desconocidos, que entregamos a la historia, México, Casa Editorial Renacimiento, 1925, p. 288-289.

[ 89 ] Circular de Adolfo de la Huerta, jefe supremo interino del Ejército Liberal Constitucionalista, 26 de abril de 1920, en Clodoveo Valenzuela y Amado Chaverri, Sonora y Carranza: obra de la más amplia información periodística del último movimiento libertario, respaldada por gran número de valiosos documentos hasta hoy desconocidos, que entregamos a la historia, México, Casa Editorial Renacimiento, 1925, p. 293-294.

[ 90 ] El general Calles, por medio del general Roberto Cruz, invitó a Flores a unirse al movimiento. Las autoridades de Sinaloa apoyaban a su rival, el general Juan Carrasco, para gobernador del estado, por lo que su situación era insostenible. Fue nombrado jefe de la Primera División del Ejército Liberal Constitucionalista con Sinaloa como su área de operaciones. Fernando López Portillo, “El general Calles, comandante militar del estado, se dirige al general Diéguez”, El Sol de México, 26 de noviembre de 1968.

[ 91 ] Álvaro Matute, “La carrera del caudillo”, Historia de la Revolución Mexicana, 1917-1924, México, El Colegio de México, 1980, v. 8, p. 109.

[ 92 ] Antonio Rivera, La Revolución en Sonora, México, edición del autor, 1969, p. 524-526.

[ 93 ] Linda Hall, Álvaro Obregón: poder y revolución en México, 1911-1920, México, Fondo de Cultura Económica, 1985, p. 224.

[ 94 ] “Carranza: friend and foe!”, manuscrito anónimo, en Archivo Familia De la Huerta, p. 22. Miguel Alessio Robles señaló que “el candidato presidencial se quejaba conmigo de la actitud del general Calles, que había renunciado a la Secretaría de Industria para ir a encerrarse en Sonora, y allí violentar ese estado de cosas con el fin de que el gobierno federal encontrara motivos suficientes para encarcelarlo. De esa manera el general Calles se aprovecharía de una situación política que el candidato presidencial ya consideraba hecha”. Miguel Alessio Robles, A medio camino, México, Stylo, 1949, p. 44. Obregonistas como Francisco Serrano, Francisco Manzo y Ramón Ross llegaron a pensar que De la Huerta y Calles en esos días se habían confabulado para eliminar a Obregón. Dr. Atl (Gerardo Murillo) a Obregón, 20 de mayo de 1921, Archivo General de la Nación, Presidentes Obregón-Calles, 1882a-104A.

[ 95 ] Adolfo de la Huerta, Resumen biográfico del Sr. Adolfo de la Huerta, en Archivo Familia De la Huerta, p. 5.

[ 96 ] José Vasconcelos, La tormenta; segunda parte de Ulises criollo, 7a. edición, México, Botas, 1948, p. 571-572.

[ 97 ] Reproducido en Mario Contreras y Jesús Tamayo, México en el siglo XX, 1913-1920. Textos y documentos, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1983, p. 377-378.

[ 98 ] Sonia Quiroz, “La rebelión de Agua Prieta, 1919-1920”, Nuestro México, Universidad Nacional Autónoma de México, 10, 1984, p. 4.

[ 99 ] Manifiesto a la nación del presidente Venustiano Carranza, en Mario Contreras y Jesús Tamayo, México en el siglo XX, 1913-1920. Textos y documentos, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1983, p. 379-394; El Universal, 7 de mayo de 1920.

[ 100 ] Linda Hall, Álvaro Obregón: poder y revolución en México, 1911-1920, México, Fondo de Cultura Económica, 1985, p. 228.

[ 101 ] El Universal, 13 de mayo de 1920.

[ 102 ] De la Huerta al presidente del Congreso, El Universal, 23 de mayo de 1920.

[ 103 ] El Universal, 25 de mayo de 1920.

Estudios de Historia Moderna y Contemporánea de México, Álvaro Matute y Martha Beatriz Loyo (editores), México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas, v. 17, 1996, p. 89-121.

DR © 2006. Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas


SUBPACIFICO 2

FERROCARRIL SONORA BAJA CALIFORNIA SBC

alt Este año se festejan 60 años de la inaguracion del ferrocarril SONORA BAJA CALIFORNIA SBC, este tuvo una gran funcion para el desarrollo de la region.

Este Blog es para mostrar algunos de los documentos que me han pasado y que considero como desperdicio tenerlos guardarlos para mi nada mas, por eso decidi compartirlo s con todos ustedes.

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 Todas las fotos fueron donadas y algunas recopiladas de la internet, esta pagina es solo para mostrarlas como homenaje a todos los que dieron su vida trabajando en la ruta del SBC y que hicieron grande a esta region!

Todos los intentos realizados para comunicar a Mexicali con el exterior por medio de una vía férrea, se habían enfocado a salir por algún lugar del mar de Cortés, ya fuera La bomba, San Felipe o San Luis Gonzaga en Baja California, o Puerto Isabel y Puerto Otis en el litoral sonorense.

La posibilidad de cruzar el desierto de Altar constituía una meta casi inalcanzable. Tomar en cuenta estas consideraciones, engrandece el mérito del General Lázaro Cárdenas, quien en forma decidida dio instrucciones para que se construyera un ferrocarril a través del desierto, con el principal objetivo de comunicar a Baja California con el resto del país, aunque algunos técnicos dudaban que el proyecto fuera económicamente redituable.

Con base en esa decisión, el 11 de julio de 1936 una brigada topográfica al mando del Ingeniero Carlos Franco fue comisionada al Territorio para que el 15 del mismo mes se iniciaran los trabajos de localización de la línea en el desierto de Altar. Podemos imaginarnos el gran esfuerzo requerido, conociendo las condiciones del clima regional en esos meses. El trazo se inició a partir de estación Médanos.

El 20 de marzo de 1937 empezó el tendido de la vía, habiéndose realizado una ceremonia oficial para la colocación del primer clavo, a la que asistió el señor Ulises Irigoyen, Director General de Ferrocarriles en Construcción, en representación del Presidente Cárdenas, el Gobernador del Territorio Norte de la Baja California, Coronel Rodolfo Sánchez Taboada y otros funcionarios. A este ferrocarril se le nombró en ese tiempo: Ferrocarril Fuentes Brotantes-Punta Peñasco.

Los trabajo prosiguieron intensamente y el 2 de julio de 1937, al ir rectificando el trazo del Ingeniero Franco, perdidos en el desierto perecieron por sed: el Ingeniero Jorge López Collada, los cadeneros José Sánchez Islas y Jesús Torres Burciaga, así como el chofer Gustavo Sotelo.

El tendido de la vía llegó a Puerto Peñasco en el kilómetro 240+300, el 10 de abril de 1940, como una primera etapa del proyecto inicial.

El servicio normal de trenes entre Mexicali y Puerto Peñasco se inició el 5 de mayo de 1940, con un tren mixto impulsado por una locomotora diesel eléctrica y un Moto-vía con capacidad de 45 pasajeros pintada de color blanco, que le decían La Paloma . El recorrido de Puerto Peñasco a Santana, se continuó efectuando por medio de camiones de pasajeros, camiones de carga y automóviles, también hubo algún movimiento de campesinos originarios de Michoacán que fueron trasladados por barco, vía Puerto Peñasco, hacia el valle de Mexicali.alt

Aunque ya se estaba utilizando el tramo de vía Pascualitos-Médanos para este movimiento de trenes, fue hasta junio de 1941 que Ferrocarriles Nacionales lo adquirió del Ferrocarril Inter-California del Sur.

La construcción de la línea se continuó de Puerto Peñasco hacia Benjamín Hill, pero al entrar los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial la construcción de la vía prácticamente se suspendió, puesto que el material férreo se surtía de esa nación donde todos los recursos se destinaron a la fabricación de equipo bélico.

Cuando terminó la guerra, los trabajos prosiguieron y en junio de 1946 se reanudó el tendido de rieles, abriéndose dos frentes en sentido opuesto, uno a partir de Puerto Peñasco y el otro de Benjamín Hill hacia el oeste. En esta forma, el 16 de diciembre de 1947 las dos puntas férreas hicieron contacto en el kilómetro 327, a partir de Mexicali.alt

La inauguración oficial del Ferrocarril Sonora-Baja California se realizó el día 7 de abril de 1948 en Benjamín Hill, con la asistencia del Presidente Miguel Alemán, el Gobernador de Sonora General Abelardo L. Rodríguez, el Secretario de Agricultura Nazario Ortiz Garza, entre otros. El Presidente Miguel Alemán inauguró oficialmente la vía trasladándose desde Benjamín Hill hasta Mexicali en el Tren Olivo , que era en ese tiempo el tren Presidencial.

El Sonora-Baja California cumplió ampliamente con su misión de ligar a Baja California con el macizo continental del país y por casi treinta años fue el medio de transporte más importante, millones de pasajeros y toneladas de carga fueron movilizados por él. Hubo un tren rápido que nombraban La Bala , era muy popular entre la gente de Mexicali.

Todo iba bien, hasta que se inauguró la carretera San Luis Río Colorado-Santa Ana, porque se establecieron los servicios de camiones de carga y pasajeros lo que significó una gran competencia para el ferrocarril.

A fines de los años noventa el Sonora-Baja California fue adquirido por Ferrocarril Mexicano S.A. de C.V., empresa que suspendió el servicio a pasajeros el 18 de febrero de 1998, aparentemente por incosteabilidad, así, La Paloma y La Bala pasaron a ser historia del Ferrocarril Sonora-Baja California.

informacion de http://es.wikipedia.org/wiki/Ferrocarril_Sonora_Baja_California

HISTORIA Por wikipedia

El ferrocarril Sonora-Baja Caaltlifornia fuen un gran precursor de la economía en México, sobre todo en los estados de Sonora y Baja California. Conecta las vías desde el municipio de Benjamín Hill en el estado de Sonora al municipio de Mexicali en Baja California, dejando una fuerte derrama económica en su trayecto.

Estaban los taqueros que se reunían a las orillas del tren, a la espera de que sus ocupantes pararan a consumir la comida ofrecida que incluía tacos de carne asada, pozole, menudo, gallina pinta , tamales, y el champurrado.

Los trenes adquirieron apodos que fueron conocidos por muchas personas; éstos nombres incluían: “el Burro o el piojo” la bala o el rapido y el tren estrella”

En la ruta Benjamín Hill – Mexicali, se encontraban las siguientes estaciones y secciones del ferrocarril (entre otras):

  • Benjamín Hill
  • Ruis Diaz
  • Trincheras
  • La Verbena
  • La Ventana
  • Pitiquito
  • Caborca
  • Los Sapos
  • El Coyote
  • Las Enchilayas
  • El Sahuaro
  • Almejas
  • Irigoyen
  • Peñasco
  • Gustavo Sotelo
  • Lopez Collada
  • Torres B.
  • Sanchez Islas
  • Los Pioneros
  • El Doctor
  • Riito
  • Estación Coahuila Km 57
  • Estación Guadalupe Victoria
  • Estación Delta
  • Pascualitos
  • Mexicali

Cada noche y cada mañana, el pitido del tren se escuchaba en el pueblo de Benjamin Hill.

También, desde Benjamín Hill, estaba otro trayecto, el cual era una via que se divide a la frontera con Nogales, Sonora, y la otra vía que iba a Mexicali.

La Ventana, Sonora, como sección, es de fácil identificación, ya que cuenta con un pequeño cerro el cual tiene un orificio a un costado de “la Punta”, pueblo.


Hoy en día, muchos de éstos lugares están prácticamente deshabitados por motivo que al vender el ferrocarril, los pueblos quedaron vacíos.

PRIMERA ESPECIAL.

EN MEMORIA DE DON ENRIQUE GARCIA ALVAREZ PIONERO DEL SBC

BOLETOS UTILIZADOS EN LA RUTA

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TRABAJADORES

1-Enrique Garcia Alvarez: pionero del sbc, proveniente de aguascalientes llego a laborar para la SCOP en mexicali donde vivio muchos años y dejo a varios herederos, un verdadero pilar del SBC.

2- Manuel Sanchez Moreno: jefe de estacion Riito Sonora, radioaficionado y fotografo de muchas de las mejores fotos del SBC.

3-Sr Jose Bogar: nacido en la estación de Pitiquito Sonora y fallecido en el año 2005, desempeñó como inspector ferrocarrilero de ésta línea por 23 años, después de haber sido auditor de trenes. un ejemplo excelente del trabajador ferrocarrilero.alt

ayudame a que esta lista crezca con todo aquellos que dieron su juventud a la construccion y funcionamiento del SBC envia tu candidato a AWYSPOT@HOTMAIL.COM

ACCIDENTES


INSOLITO CASO

NSOLITO CASO EN EL F.C. SUD-PACIFICOalt

.Por: Epifanio Zamorano Ramos

Allá por el mes de Junio de 1946 acaeció en Sonora un hecho insólito, quizá único, en la historia de los Ferrocarriles; un furgón cargado con madera se desprendió de un convoy en preparación y corrió sin control una distancia de 73 kilómetros, pasó sobre un cambio de vía cerrado, y, sin llegar a descarrilarse, fue a detenerse por sí mismo en la estación a que venía consignado.

Por los primeros días de Junio de 1946, cuando aún cruzaban los campos sonorenses haciendo oír sus agudos y musicales silbatos, las inolvidables locomotoras de vapor que llenaron toda una época de la historia de los Ferrocarriles y cuando todavía la Estación Carbó ostentaba la categoría de Terminal de Distrito del F.C. Sud-Pacífico de México, llegó a aquella Terminal de tránsito en uno de los trenes procedentes de Nogales, el furgón N.W. 47319 conteniendo madera documentada en Springfield, Missouri,. consignado a Carlos V. Escalante, en Hermosillo, Son.

El día 8 de Junio al entrar en servicio el turno de 2 a 9 horas de la tripulación de patio, compuesta por el Jefe Francisco Reyna Terán, y los Garroteros José Arreola C., Jorge Félix Gómez V. y Francisco Saralegui M., dieron principio a sus labores con la formación de un convoy que sería movilizado aquella misma mañana por el Tren Extra 1761 Sur.

Por ser de reglamento y costumbre en estos caso, fueron colocándose los furgones por orden de estación de destino, tocándole ser colocado en la parte sur al vagón de referencia y ya sea por la falla de los frenos, o que éstos fueron indebidamente aplicados, el hecho es que aquella unidad se desprendió de las demás y empezó a desplazarse hacia el sur, primero casi imperceptiblemente, y poco después tomando velocidad, lo cual ocurrió como a las 3:15 horas.alt

El primero en advertir aquel deslizamiento fue el Telegrafista J. Liborio Arvizu, quién lo comunicó al Jefe de Patio, y aunque se trató de darle alcance con la máquina de patio, no dió resultado por falta de presión del vapor y fallas de los inyectores.
De inmediato se dió aviso por la vía telegráfica al Despachador de Trenes de Empalme, quién con la urgencia del caso giró por la misma vía las instrucciones pertinentes tendientes a evitar un choque.

Se comunicó a Estación Pesqueira para que colocaran el descarrilador, pero cuando logró la comunicación, el furgón sin control ya había traspasado aquel lunar y se desplazaba como bólido hacia el sur, dándose después el rarísimo caso de que aquella unidad loca entrara por la pierna norte de la “Y” que existía en Unión, cerca de la actual Central de Autobuses de Hermosillo, brincara sin descarrilarse el cambio de vía en aquel sitio, perdiendo velocidad continuara rumbo a la antigua Estación del Ferrocarril en esta ciudad, y dócilmente, como obedeciendo una orden, llegara a pararse en la vía principal, frente al Molino Harinero La Fama.

Quien esto escribe ocupaba en aquella fecha el puesto de Ayudante del Jefe de Tomadores de Tiempo en la División Sonora, del F.C. Sud-Pacífico de México, con residencia en Empalme, por razón de mi trabajo me servía de los hojas usadas por los Despachadores para registrar los movimientos diarios de trenes, para, a mi vez, confrontar tarjetas de tiempo de salidas y llegadas de trenes etc., y por ello, tuve la oportunidad de ver en la hoja correspondiente a la fecha citada que la Oficina de Despachadores registró corriendo entre Carbó y Hermosillo el Tren Extra N.W. 47319-Sur; o sea que en alguna forma debieron considerar aquel extraño desplazamiento, y se le dió el carácter de Tren Extra.