Originario de Arivechi, el poeta, pintor y dramaturgo profesor Manuel García Madrid recibió el Premio Nacional de Teatro Histórico, otorgado por la SEP, INBA-ISSSTE-CULTURA y El Programa Cultural de las Fronteras el 22 de noviembre de 1988.

En su juventud viajó continuamente de su natal Arivechi hasta Navojoa para estudiar pedagogía. Al momento, de retirarse del magisterio con 40 años, de labor fecunda, se ha dedicado a sus aficiones artística así como son la pintura y la poesía que es lo que más le agrada, según nos ha confesado. “he tenido una triple vocación: el magisterio lo sentía, la pintura la que menos he estudiado, y la literatura la he preferido”:

Y manifiesta que se ha dedicado a la poesía por ser esta la quintaesencia de la expresión y ofrece más producto en un mismo espacio, es una expresión más completa. Nervo dijo “Bebe leche de leones”
El poeta tiene una obra llamda PASTOR DE TIGRES, el poemario contiene nada menos que 400 poemas, “el hombre es un pastor de problemas, es una paradoja”.

En esta obra el autor pretende dar un tratado de literatura a la inversa, “escribe en la forma tradicional por experiencia, a la gente le gusta el verso, pero no desdeño a la prosa moderna”.
Se declara admirador de Miguel Hernández y de Federico García Lorca: “federico y Rubén Darío han influído en mi formación literaria. En Pastor de Tigres se agotan los moldes de expresión de la Literatura Española”, acota.

García Madrid se propuso escribir desde odas, copias Manrriqueñas, sonetos, décimas, por lo que el libro contiene más de 125 formas para expresar la poesía. Cita que Alfonso Iberri y Bartolomé Delgado de León, son los poetas sonorenses que mejor han empleado las formas.

El poeta es autor de otras obras tales como Patria Chica, composiciones poéticas para Sonora, “esto es algo concreto que habla de todos los valores de nuestra entidad”.

Pasa luego al tema que en los últimos meses le ha dado satisfacciones, el cariño que siente por la nación ópata de la que nadie se ha ocupado seriamente; “ese pueblo que fue la raíz más fuerte de la personalidad sonorense, era la de mayor población y la única etnia nia integrada a la raza blanca.

“No creo que exista arquetipo de ópata puro, quizá a principios de siglo quedaría alguna familia. Mi mestizaje se debe a la raza ópata, es la raíz más fuerte indudablemente”.

Confieza que hasta ahora de adulto se dio cuenta de la riqueza de nuestro pasado, lamentando que en su juventud nadie le habló de ello, “!cuantas cosas hubiera hecho a favor de la cultura ópata!”.

Y bien que ha rescastado a la cultura ópata con la creación de su “Drama Histórico en 12 Cuadros”, drama de la vida de la Nación Ópata, raíz de la individualidad sonorense y reseña de la personalidad su gran caudillo Sisibotari.

Además ha aprovechado la pintura para rendir este homenaje imperecedero al crear el escudo del municipio de Banámichi con elementos indígenas, el mural montado en el ayuntamiento de Sahuaripa. Y así en diseños de escudos municipales ha pretendido difundir la cultura ópata.

No se puede erradicar los toponímicos de origen ópata, los españoles no lo intentaron, aunque hoy en día si han atrevido algunos. Lo que ha sobrevivido de los ópatas son sus toponímicos, no han podido dar el cambio; la musica y los ma-tachines aún perduran.

“Todas las voces ópatas son muy dulces, la mayoría de las palabras ópatas son llanas y graves, el agudo y el esdrújulo son ásperos”.

En cuanto a su obra de teatro comenta que el interes es dar mayor difusión a esta cultura, por ello se ha titulado “El País de los Sisibotaris”; se refiere a la región nuestra, el río Sahuaripa y Bacanora que eran ópatas eudeves, y esa zona se eligió como establecimiento de la tribu.
El gobierno del caudillo más fuerte de la opatería a la llegada de los colonizadores se llamaba El Gran Sisibotari por sus subditos a los cuales trataba como hijos.

Don Andrés Pérez de Rivas hace una descripción de este personaje, lo conoció personalmente en Yécora cuando acudió a reunirse con Diego Martínez de Huraide. Él no busca a los españoles sino a los maestros, esto fue lo que lo llevó a Yécora, gracias a ello sabemos de él, pues Pérez de Rivas es uno de los primeros misioneros; era un cronista y nos habla de Sisibotari como una gran personalidad; no sólo era un guerrero, se revela como un diplómático, paternal con subditos.

Con todo, siendo el ópata un pueblo poético asombrosamente, gráficamente no dejaron nada, y si dejaron algo, los blancos se encargaron de destruirlo todo.

“Cada hombre debe ser fideicomisario de la Cultura ante el género humano” “No se puede, naturalmente, apreciar el valor de un pueblo sin conocer su historia, si no poseemos imágenes genéricas para comprenderlo, y si carecemos de moldes mentales para apreciarlo.

Por avatares de la existencia, la historia de la Nación Opata fue borrada y sólo nos quedan testimonios de su hacer y su quehacer en las escasas crónicas de los misioneros jesuitas; y de su culto idioma sólo perduran los dulces toponímicos que aún saturan de poesía y de misterio a la geografía sonorense y que alguna vez arrojaron sobre la grandeza de aquel pueblo.

Pero ante ese cuadro de olvido y de abandono se yergue majestuoso el más eminente monumento de su gloria: LA NUEVA RAZA, su genética, cuyo producto y exponente es el sonorense de nuestros días.

(En los últimos días de abril de 2008 falleció el profesor Manuel García Madrid. Fue un valioso hombre de la sierra de Sonora, dedicado profesionalmente a la docencia, y de vocación además a la historia, a la investigación cultural, a la pintura y a la música.

Al partir tenía el cargo de Cronista Municipal de Arivechi. Su aportación a la difusión de la diversidad cultural de la sierra sonorense es inmenso. Su obra está en libros, murales, cuadros y canciones que se deben conocer y reconocer. Murió en Hermosillo, y fue trasladado a Tucson, ya que allá residen sus familiares).