Manuel Robles Ortiz nació en la ciudad de Álamos, Sonora, el 6 de diciembre de 1937, penúltimo hijo del conocido profesor Manuel Robles Tovar y de la señora Guadalupe Ortiz Quiroga, pariente del famoso médico cantante Alfonso Ortiz Tirado. Sus abuelos paternos lo fueron Eugenio Robles y María Tovar, y los maternos Lorenzo Ortiz y Manuela Quiroga. Tuvo varios hermanos y hermanas: Gonzalo, Ofelia, Leopoldo, Edmundo, Lilia, Oralia, Hortensia, Olga y Guadalupe. Cursó sus estudios de primaria en el Colegio Sonora (Lafontaine) de Hermosillo entre 1944 a 1950.

Autodidacta de la arqueología e historia de Sonora desde 1958 hasta su fallecimiento. Inquieto y aventurero, amante del campo, recorrió prácticamente todo el estado de Sonora, a veces con sus hermanos, a veces solo o con amigos, después con su familia, esposa e hijos.
Contrae nupcias con Margarita Ibarra Duarte el 18 de marzo de 1967 en Hermosillo con quien procrea dos hijos: Julián e Irina Robles Ibarra.
Trabajó en 1951-52 en el Departamento de Hidrometría de la Secretaría de Recursos Hidráulicos, en Hermosillo.

De 1952 a 1961 realizó diferentes trabajos comerciales en Sonora, Baja California y Chihuahua. En 1961-65 trabajó en la Oficina Ambulante de Pesas y Medidas, de la Secretaría de Industria y Comercio, en Sonora.
Comenzó a hacer trabajos de paleografía en 1965 en los archivos de Catedral de Hermosillo, en la iglesia de San Miguel de Horcasitas y en el Archivo General del Gobierno del Estado (Juzgado Civil), información que dejó en cinco libros mecanografiados sobre nacimientos, bautizos, matrimonios y defunciones de 1750 a 1910, de Hermosillo y San Miguel.

En 1965 entra como encargado de la Sala de Arqueología del Museo Regional de la Universidad de Sonora, siendo director el Sr. Don Fernando Pesqueira y la señorita María Dolores Encinas Amavizca quien era la encargada desde 1952. Allí se adentró más en el conocimiento de la arqueología y la historia, que sería su quehacer por el resto de su existencia, sin estudios profesionales, sólo leyendo, observando, analizando.

En 1966 y 1967 le tocó acompañar como guía al arqueólogo William W. Wasley, de la Universidad de Arizona, en un recorrido por todo el estado para visitar y encontrar nuevos sitios arqueológicos para el Proyecto Sonora-Sinaloa del Arizona State Museum.

Forma en 1968 con muchachos estudiantes que nos gustaba el campo, la historia o la arqueología, el Grupo Experimental de Investigaciones Antropológicas e Históricas dependiente del desaparecido Instituto Sonorense de Antropología e Historia, entre los que estuvimos Francisco Manzo Taylor, hoy abogado y notario, Victor Leonelo Melo Domínguez, actual encargado desde 1990 de la Sala de Arqueología de Sonora, Miguel Norzagaray, hoy profesor, el que esto escribe y algunos otros.En 1970 es miembro fundador del Instituto de Fomento Artesanal de Sonora, A.C. Colabora el mismo año en el III Simposio Internacional Americano de Arte Rupestre, en Hermosillo.

En 1971 lo nombran director del museo de la Universidad de Sonora. Manzo, Melo y Lucero seríamos contratados en esa misma fecha para trabajar en el mismo museo. Después otras personas interesadas en la historia y algunos coleccionistas de objetos indígenas, se acercan a él para obtener conocimiento y asesoría, lo que él les proporciona gustosamente.

Entre ellos estuvieron Gastón Cano Ávila y su hermano José, Donald Johnson, Javier Bustamante Trelles, Héctor Jiménez Islas, Ernesto Ávila Salazar, el presbítero Flavio Molina Molina y otros, quienes junto con los del museo formamos en 1971 el Corral #41 de la Asociación Westerner’s Internacional, teniendo las reuniones en el Casino de Hermosillo, donde se daba alguna plática sobre historia a los que asistíamos.
En la misma fecha es miembro de la agrupación Southwestern Anthropological Association y en 1974 asiste a la Primera Reunión de Antropología del Noroeste, en Hermosillo.

Entre las conferencias que dio están: “La falsificación de monedas en Sonora”, en la reunión del Corral #41; “Arqueología de Sonora”, tres pláticas dadas en el Instituto de Cultura Superior y en el Programa de Actividades Culturales del Banco Nacional de México, en Hermosillo.

Durante la dirección de Manuel Robles, el Museo Regional y su personal, junto con algunos colaboradores ya mencionados, hizo trabajos de investigación histórica y arqueológica, publicándolos en periódicos y revistas, tanto del estado de Sonora como en el de Arizona, dándose a conocer en varias partes, lo que le hace tener contacto con historiadores y arqueólogos, principalmente de Estados Unidos, quienes valoraron su conocimiento.

Igualmente se montan exposiciones temporales, se arreglan las colecciones, se obtienen nuevos objetos arqueológicos, etnológicos e históricos y se forma la Sala de arqueología de Sonora.
Colabora con información para la tesis doctoral de Thomas G. Bowen sobre la prehistoria de los indígenas seris, en 1969, en su reporte sobre la cultura Trincheras de 1972, en su publicación sobre canastas seris y en arqueología de la costa central, ambas en 1973; Con Richard A. Pailes, en 1972, para su tesis doctoral sobre la cultura del Río Sonora; y para el artículo “El Desierto de Altar” de la revista Automundo, también en 1972, entre otras muchas colaboraciones sobre la historia de su Estado.

En 1972, Robles hace las gestiones para que el Instituto Nacional de Antropología e Historia establezca un Centro Regional en Sonora, asistiendo en la capital de la República Manzo y Lucero a una reunión con el director del instituto, Guillermo Bonfil y la arqueóloga Beatriz Braniff, con los resultados de que al año siguiente se creó el Centro Regional del Noroeste, que abarcaba Sonora, Sinaloa y las dos Baja California, inmenso territorio para unas pocas personas, siendo después reducido el territorio abarcado y se llamó Centro Regional de Sonora.

En ese mismo año de 1973 el personal del Museo entra en problemas con el Centro por puntos de vista opuestos, algunas actitudes negativas de sus directivos, ocasionando que dos años después, en 1975, convencieran al secretario de la universidad, Alfonso Molina Rubial, para destituirlo junto con todos los empleados leales a él y colocar en su lugar a parientes y amigos del secretario.

Tal evento no lo desilusionó, ni los “amigos” que le dieron la espalda y despotricaron en su contra, ni los ataques del INAH por muchos años, sino que siguió con más bríos en el campo de la historia, viajando, investigando y escribiendo. A él acudían después incluso arqueólogos del Centro INAH para pedirle su opinión y asesoría, así como otros que llegaron a pagarle para que les hiciera sus escritos y presentarlos como propios en los simposios de historia.Ininterrumpidamente ayudó con sus conocimientos, proporcionando además apuntes inéditos de sus escritos e investigaciones, así como bibliografía y libros de su propiedad, a cantidad de estudiantes de la licenciatura de Historia y otras disciplinas que acudían a él en busca de su apoyo.

También asesoró a la arqueóloga Beatriz Braniff para su tesis doctoral de 1985.
Entre algunos de sus principales escritos se encuentran: el folleto “La Pintada”, sitio arqueológico de pinturas rupestres, publicado por la Universidad de Sonora en 1971 (de cuyos dibujos han copiado y utilizado para logo varias instituciones, o para adornar paredes y camisetas); “Clovis Fluted Points from Sonora, Mexico”, en la revista The Kiva, del Arizona State Museum, en 1972 junto con Francisco Manzo Taylor; “Distribución de artefactos Clovis en el Estado de Sonora”, en la revista Pacific Archaeological Quaterly, en 1973, publicado también en el Boletín N° 9 del INAH en 1974; “Análisis de pictografías tardías del Tetabejo, Sonora”, en Noroeste de México, Centro Regional del Noroeste, en 1982; y “Sonora, Arte Rupestre, Tradiciones, Mitos e Historia”, en la Colección Voces del Desierto del periódico El Independiente, en 1999.

Publicó además infinidad de artículos en periódicos que sería largo enumerar, quedando inconclusas o sin publicar varias obras, entre ellas “El arroyo Bacoachi y el tráfico de conchas Trincheras”, “Un sitio de la cultura Trincheras en el valle del río Altar”, “La Historia de la Minería en Sonora”, “El sonido del Agua”, y un estudio más detallado sobre La Pintada (este último está extraviado sin saber quien se quedó con él).

De 1982 al 2003 fue asesor del Museo Universitario. Siguió escribiendo para los periódicos locales sus investigaciones históricas, sus relatos ecológicos y turísticos hasta sus últimos días, falleciendo en Hermosillo el día 17 de junio del 2003.Recibió en vida varios reconocimientos sobre su trabajo.
El Museo Regional honró su memoria en el 2007 con una exposición sobre su vida y obra, proponiendo el rector Pedro Ortega su nombre para la Sala de Arqueología del museo, pero por alguna razón no lo llevó a cabo.

Sus cenizas fueron esparcidas en el sitio que más amó, el Cañón del Tetabejo, en la sierra de La Pintada, el 29 de junio del 2003, acompañado de su familia y amigos, quienes hasta allá fuimos para darle el último adiós.