Por MC Ramón Larrañaga Torróntegui

Natalia Chacón Amarillas, nació en Mazatlán, Sinaloa, el 01 de diciembre de 1879. Fue una de los nueve hijos procreados por el chihuahuense, de San Andrés, ahora Municipio de Rivapalacio Andrés Chacón, inspector aduanal, y la guaymense Buenaventura Amarillas, ama de casa.

Pronto, la familia Chacón se traslada a Guaymas, donde transcurre su infancia y juventud. Fue esposa de Plutarco Elías Calles Campuzano. Se casaron en 1899 por el civil y tuvieron 12 hijos. Fue en el puerto de Guaymas donde Natalia conoció a Plutarco Elías Calles Campuzano, un maestro de escuela dos años mayor que ella. En ese mismo lugar, en el domicilio de los padres de Natalia, se efectuó la ceremonia civil el 24 de agosto de 1899. Natalia y Plutarco no se casaron por la iglesia debido a que el general era liberal. Pese a que Natalia era asmática, lo que le causaba fuertes rachas de tos, se dio a la tarea de procrear doce hijos, uno tras otro, de los cuales solo nueve sobrevivieron.

En 1911, Elías Calles era comisario en el pueblo de Agua Prieta, Sonora. Durante 1912, se sumó a las fuerzas de Madero para enfrentar la rebelión de Pascual Orozco en Sonora. Tras el asesinato del presidente Madero, en 1913, Elías Calles se unió al movimiento constitucionalista de Venustiano Carranza y estuvo bajo el mando de su paisano Álvaro Obregón para combatir al presidente usurpador Victoriano Huerta. En 1915, luego del triunfo de Carranza sobre Huerta, el general Calles fue gobernador interino de Sonora. Natalia y sus hijos pasaron a vivir a Hermosillo, capital de esa entidad, donde radicaron hasta 1920. Calles, después fue nombrado secretario de Fomento y Trabajo en el gabinete del presidente Venustiano Carranza.

En 1920, Calles se adhirió a la campaña electoral de Álvaro Obregón y tras la victoria del Plan de Agua Prieta (llamado así por la población donde se firmó en abril de 1920), ocupó la Secretaría de Guerra en el gobierno de Adolfo de la Huerta y posteriormente la de secretario de Gobernación con el presidente Obregón (1920-1924).
A partir de 1913, mientras su esposo peleaba en la revolución, Natalia Chacón, acompañada de sus hijos, se refugió en Nogales, Arizona. De su matrimonio con el general Calles procrearon doce hijos, de los cuales sobrevivieron: Rodolfo, Plutarco, Natalia, Hortensia, Ernestina, Alicia, Alfredo, Artemisa y Gustavo.
Natalia era una mujer de casa, atendía con esmero a su esposo y a sus nueve hijos, Rodolfo, Plutarco, Alfredo y Gustavo, Natalia, Hortensia, Ernestina, Alicia y Artemisa. Esta última y Gustavo eran los menores.

Por primera vez después de la Revolución un presidente llegaba al poder con una familia tan numerosa. Rodolfo partió para Nuevo León poco después de la toma de posesión de Calles; en General Terán, Nuevo León, escribió a Soledad González, secretaria particular de su papá, para que comunicara a éste sus deseos de formarse un porvenir lejos del gobierno, “con mis propios esfuerzos y lejos del calorcito paternal” Semanas después, doña Natalia viajó a Nogales, Sonora, para asistir al bautizo de su nieto, hijo de Hortensia y Fernando Torreblanca, secretario particular de su esposo. También para ver a su hijo Rodolfo, convertido en tesorero del estado a los pocos días de su regreso del Distrito Federal, pasar unos días de vacaciones y después asistir al matrimonio de su hijo Plutarco, en Monterrey. Luego de estas visitas, a los seis meses viajó a San Diego a comprar muebles para la mansión presidencial.
Posteriormente, se fueron a vivir a Nogales, lugar en el que permanecieron hasta 1920. Por los deberes militares de Calles, ocho años duraron separados y durante ese tiempo, Natalia no dejó de reprocharle el abandono y la poca correspondencia. Después de Agua Prieta, se fue con su esposo a la capital. Inauguró la primera red de comedores infantiles de México que funcionó gracias a su iniciativa. Poco tiempo fue el que le dedicó a estas labores pues siempre estaba muy enferma. El hecho de haber tenido tantos hijos, fue la principal razón que hiciera que tuviera mala salud, misma que fue decayendo.
Ya fuera por angustia o por enfermedad, Natalia dejó de asistir a las ceremonias del Grito de Independencia, así como a otros actos oficiales a los que por costumbre asistía la esposa del mandatario. Cuando su marido llegó a la presidencia, se desempeñó como Primera Dama de México hasta el año de 1927, fecha en que murió en Los Ángeles.

A sus cuarenta y siete años, Natalia sufrió una embolia pulmonar. Fue trasladada de emergencia a la ciudad de Los Ángeles, California, siendo internada en el hospital luterano. Ahí fue sometida a una intervención quirúrgica el 23 de mayo de 1927, pero, debido a una complicación en la vesícula biliar, tras once días de lucha, falleció el 2 de junio, tenía cuarenta y siete años de edad y veintisiete de casada. Había contraído matrimonio el 24 de agosto de 1899. Sus restos fueron traídos en el tren presidencial y depositados en la cripta familiar.

 

El cadáver llegó el miércoles 8 de junio en la mañana, en un vagón del viejo tren amarillo transformado en capilla ardiente, agregado al nuevo tren, el “Olivo”, que había recibido el general Calles un mes antes. Tuvo un costo de casi medio millón de dólares, transportado en hombros por el Estado Mayor Presidencial hasta el automóvil que la condujo a Chapultepec; la siguia el presidente acompañado de sus hijos Plutarco y Rodolfo.
La capilla ardiente se instaló en el salón de embajadores, donde recién se había casado Alicia, la hija del general, y donde se había expuesto el cuerpo del nieto fallecido no hacía mucho. Los obituarios tenían escasa información sobre doña Natalia: la fecha de su matrimonio, no la de su nacimiento, y nada más. Significativo si se compara con la hoja de servicios de su esposo, la cual comprendía desde sus tiempos de profesor de primaria hasta su llegada a la Presidencia del país, de soldado a general.

La vida de doña Natalia transcurrió en el hogar, e incluyó la educación de los hijos. No hizo ostentación de su posición política y social; los vientos de la Presidencia parecen haber alterado poco su vida.
Preocupada por la educación de los dos hijos menores, no acompañó a su esposo a Alemania. Fue sepultada en la tumba familiar Elías Calles-Chacón, situada en el panteón de Dolores en la ciudad de México. Por ser la esposa del presidente en funciones, se le rindieron honores y se levantó un monumento en el lugar donde se le sepultó.