CABORCA, SONORA.- Sostenido por una dignidad inquebrantable; el amor de su familia y el sueño de plasmar un mural en China, Nereo Galileo de la Peña García tiene que vivir actualmente postrado en una silla de ruedas y diezmado por la terrible enfermedad de Parkinson, desde hace 12 años, pero aun así no se desalienta y continúa trabajando aunque a marchas forzadas y cuando tiene el material para hacerlo.
Muralista, pintor, escultor, tallador, escritor de cuentos y poeta, a sus 66 años ha creado más de 100 murales, 300 pinturas de caballete y al menos una decena de esculturas y bustos, entre las que destaca una estatua del Padre Kino, que se encuentra en Italia, y la de Luis Donaldo Colosio -aún sin concluir-, hechas con diez mil llaves (cada una), y soldadura de plata.

Nereo Galileo, muy lúcido mentalmente a pesar de su enfermedad que lo hace comunicarse pausadamente mientras su cuerpo se sacude a intervalos –involuntariamente-, al inicio de una entrevista expresó animadamente “Vísteme despacio que llevo prisa”, haciendo alusión a una frase de Napoleón, como una forma de justificar (con pena) su forma de hablar.

Evocó que sus padres, oriundos de Nuevo León, fueron maestros rurales en diferentes estados del País y por azares del destino él nació en el Distrito Federal un 3 de octubre de 1942, iniciando en el peregrinar del arte a los 14 años cuando empezó a rotular camiones urbanos en el puerto de Veracruz, donde algunas personas le vieron talento artístico y le encargaron otros trabajos en fachadas comerciales, que paulatinamente fueron convirtiéndose en obras, y que a la postre lo moldearon para que diera el brinco a lo que considera su fuerte: el muralismo.
Su primer mural fue en la ciudad de Celaya, Guanajuato, donde lleno de emoción –aunque con escasa paga-, lo realizó de una manera tal que se ganó la confianza y reconocimiento de quienes le miraron ‘madera’ de artista.
Durante varios años más de su vida, recuerda, recorrió varias ciudades y estados de México así como en el extranjero, plasmando sus murales que después le valieron reconocimiento internacional.
Moviendo a intervalos su silla de ruedas y en medio de un sinfín de herramientas y material propias de su trabajo, Nereo Galileo, revivió gratos momentos de su vida al confiar que fue invitado muchas veces a Italia, así como a Austria, Alemania, Estados Unidos, Hungría y Sudamérica, para realizar una gran cantidad de exposiciones de cuadros que plasmaba en lienzos montados en caballete, así como en superficies diversas, aprovechando también para mostrar algunas otras esculturas hechas de metal o talladas en madera o piedra, entre otras.
Otro de sus mejores momentos ha sido cuando culminó, en Francia, un curso de restauración de obras, que le permitió restaurar algunos conocidos murales, tanto de esta ciudad como de otras partes del País.
Destacó que gracias a esos viajes y exposiciones adquirió la suficiente experiencia y renombre para ser como una especie portavoz del arte mexicano, en Trento, Italia, que le dio oportunidad de hacer varios intercambios culturales con dicho país peninsular, luego de ser nombrado ciudadano honorario en 1992, en dicha ciudad.
Sueños inconclusos
La escultura de Luis Donaldo Colosio está inconclusa, confió, porque le hace falta material para terminarla, y cierto apoyo económico para comprar soldadura de plata, ya que es con lo que suelda las llaves y tiene un costo superior a los 50 dólares la libra.
Asimismo y con un dejo de tristeza reflejado en su rostro, confesó que tiene cierto temor de que la enfermedad le siga avanzando sin poder acabar la escultura, porque estima que todavía puede hacerlo.“¿Don Nereo?, ¿Cuál es su más grande sueño que no ha podido cumplir?”, se le preguntó.
“Pues mira; a pesar de haber tenido muchas satisfacciones y reconocimientos en la vida, como artista, y de lo cual me siento muy orgulloso, sino nomás voltea para atrás”, contestó mientras señalaba la gran cantidad que tiene de reconocimientos colgados en una pared, “el sueño que me gustaría cristalizar es el de pintar un mural en China”.
¿Por qué en China?, se le cuestionó, “porque siento que la cultura China y cultura prehispánica de nuestro país tienen muchas similitudes y puntos de apoyo, juntos, que rayan en lo abstracto, pero que existe también analogía física o material, presentes en idiomas y rasgos”.
“Por eso es que quiero hacer un mural que haga alusión a ello”, puntualizó mientras hacía referencia a un traje de china poblana, que sugiere eso. Si se le diera la oportunidad de cumplir ese sueño, ¿lo haría don Nereo?, se le inquirió, “tendría que hacerlo”, contestó enfáticamente y sin preámbulos.
Entre algunas obras locales de Nereo Galileo, destacan los murales realizados en el Palacio Municipal, alusivos a la Gesta Heroica de Caborca, así como otros hechos en la Casa de Cultura y algunos bustos y esculturas más, en diferentes partes de la ciudad.
Reconoció, que el tema principal de sus obras se basa en orígenes prehispánicos, de los cuales siente bastante atracción natural. Expuso que también ha impartido clases de pintura y arte a muchos estudiantes de diferentes ciudades, de los cuales algunos ya han sido reconocidos a nivel regional y nacional.
Tras asegurar que lo une a su esposa, tres hijos y dos nietas un amor infinito, externó que uno de los artistas que más admiró, fue el muralista González Camarena, quien pintó una alegoría de “Los Henequeneros”, aunque sus obras no fueron ni han sido reconocidas como debieran serlo.
 
Tristeza intrínseca
Por otra parte admitió que siente mucha tristeza interior porque a pesar que su cuerpo se encuentra desgastado y lastimado por la enfermedad de Parkinson, y que le ha mermado sus facultades para seguir creando obras con el mismo ímpetu que antes, no se desanima ni pierde la fe de continuar haciéndolo, “desafortunadamente ese no es el único problema que enfrento, toda vez que me siento un poco más lastimado intrínsecamente, porque la indiferencia de muchas personas que consideré amigas me han dañado la naturaleza espiritual y eso es frustrante y lacerante”.
Agregó que aunque algunas personas de Italia y amigos de esta ciudad le echan la mano para el medicamento que es muy costoso, ya tiene casi cuatro años que no realiza ningún trabajo en forma ya que piensan que no los va culminar, al verlo sentado en su fiel compañera, la silla de ruedas, misma con la que vive semi aislado al lado de su familia.
Pero la más triste realidad es que, a la par con su inactividad, sus ingresos económicos van a la deriva y disminuyen también su ánimo y deseos de vivir, porque no le permiten alimentarse con lo que más le gusta en la vida: Crear Arte