POR FRANCISCO ELOY BUSTAMANTE
Compositores Sonorenses 1860-1940, editada por la Universidad de Sonora en 1992.

Hace 27 años, un hombre se echó cuestas la tarea de rescatar y difundir las historias de la música verdaderamente sonorense, desde entonces, el incansable peregrinar por todos los pueblos del estado, no ha cesado, busca y arranca de los lugares más apartados piezas de esa historia grandiosa e injustamente desconocida, mientras toca puertas y busca algún apoyo que le permita dar a conocer el tesoro que guarda.

Ahora, por fin, tras sortear incontables escollos, Rodolfo Rascón Valencia verá cornado sus esfuerzos; sus acuciosas investigaciones fueron publicadas por la Universidad de Sonora, en coedición con el Periódico El Imparcial.  Si bien el enorme batallar de este hombre ha sido desdeñado por quienes tienen a su cargo la difusión cultural -unos incrédulos, otros simplemente apáticos-, no por eso cejó en su empeño. Un entrañable amor a su tierra, a su gente, a lo netamente sonorense, ha mantenido a Rodolfo Rascón en la brega.

Se ha confiesa regionalista incorregible, lamenta que tengamos en Sonora tantas casos buenas a la vez desconocidas, mientras se nos arrecia el bombardeo por la radio, televisión e internet de música extranjera del país cuyas costumbres e idiosincrasia poco tiene de común con la nuestra.

“Empecé por curiosidad, pero luego me aferré en conseguir lo más que pueda porte tenemos coas tan bonitas que son dignas de conocerse., Hay que demostrar al mundo si es necesario que tenemos cosas auténticamente nuestras y de mucha calidad.

 

Fíjate que injusticia, de Rodolfo Campodónico apenas se sabe que compuso el vals Club Verde, ahora yo  he localizado que tiene más de mil piezas”.

Rascón Valencia no sólo ha ido de pueblo en pueblo armando la historia musical de la región, sino que investiga hasta donde los vestigios familiares se lo permiten, la vida de lo coopositores que ha producido Sonora. Es ya un grueso volumen de biografías y una lista de composiciones que aumenta conforme rinde frutos el intenso caminar de Rascón por la geografía sonorense.

 

“la música más auténticamente representativa de Sonora fue el Fox trot (trote de zorra), aunque también llegó mucho la marcha, el paso doble, y el Flamenco, como si hubiera sido un afán de los músicos sonorenses por demostrar que aquí se podía hacer de todo”. Señala.

Rascón ha localizado a estas alturas de su investigación, más de dos mil obras de compositores sonorenses, y la misma investigación le ha venido revelando la gravedad del saquero musical que ha sufrido el estado, cobijado en muchos casos por la apatía de los mimos compositores que no se preocuparon de registrar sus obras.

La música sonorense es de una riqueza increíble, única. Hay infinidad de obras de lo más variados estilo y el grueso de la gente desconoce que fueron compuestas aquí porque fueron plagiadas o modificadas afuera.

Por citar sólo unos casos, porque su archivo es inmenso. Rascón precisa que el “Tango negro” es nuestro, no argentino como s pudiera creer, “El Niño Perdido” también, “Viva mi Desgracia”, “La Cárcel de Cananea”, “Amor del alma” y muchas más adjudicadas a compositores de fuera.

Rescata además algunos autores con sus obras como “Me importa madre”, adecuado luego a “Me importa poco”, que es de Antonio duarte de Nogales, hecha en el año de 1917, “El Zopilote remojado” de Juan Amezcua de la misma ciudad, el vas “Soñador” de un hermano de Guadalupe Soto de los fundadores del Sindicato de Músicos de Nogales; y los valses Desengaño, Rosalía y Mary, son de “Chito” Peralta de Villa de Seris.

La mula bronca s de Lalo Guerero, el creador de las Ardillitas, y originario de Cananea; Aristeo Silva Antúnez hizo Cuanto Milpas que luego se adjudicó Belisario de Jésus García, autor del Tango Negro.

 

Y qué decir de don Silvestre Rodríguez, compositor de “La Pilareña” y “Amor del alama”, y “La Revolcada” y tantas más, es junto con Rodolfo Campodónico, el más conocido de los autores sonorenses, pese a no ser nativo de aquí.

 

Campodónico tiene en su haber “El Club Verde”, “Blanca”, “Siempre a tu lado”, Emilia y el primer Beso, entra tantas más pues Rascón le lleva localizadas más de mil piezas.

Jesús chito Peralta de Villa de Seris tiene también infinidad de canciones, entre ellas el vals “Rosalía”, Manuel Pliego Díaz el vals “Morir Soñando”, Manuel Sánchez Acuña, el “Alma Angelina”, “Ni tú ni yo”, y “Desilusión”; José Loya padre tiene “El Novillo despuntado”, y Enrique Navarro Vals Alejandra.

Asume Rascón que la música más hermosa que le ha tocado escuchar la han hecho los indios, como Virgen caída de Rafael Dórame Aguilar de Huásabas, y tantos más de ópatas y pimas que para mí son de la razas más finas de todo América. Desgraciadamente los ópatas  fueron autodstuyendo sus tradiciones.

Luego llama a formar un dique contra la avalancha de culturas extrañas. Donde quiera están dirigiendo las instituciones culturales los de afuera ¿qué sabe n ellos de lo que aquí se ha hecho?, pregunta.

Tare, pero Rascón tiene por fin la oportunidad de difundir su tesoro, de dar a conocer que aquí ha habido compositores como Francisco Monina Fuetes el Güero Flauta, que hizo más de 80 composiciones o piezas hechas por sonorenses y no sonorenses, perdidas en la historia recatas ahora y de nombre tan curioso como “Bésame el hocico, Dame un traguito más”, “Mólcas”, “Ya me viera yo”, “Los Bicharracos”, “Zapato Blanco”, “Hay me lastimas”, “Méngache pa acá”, “No le afloje al atole”, “A ver si como roncas duermes”, “Después de la cruda”, y tantas más que ahora se plasman en un libro cuya edición de Mil ejemplares sin duda será limitadas, debido al interés que el rescatista ha despertado Compositores Sonorenses, e s la obra que Sonora reclamaba.

Publicado en el diario El Independiente. 1992