Segno, un pequeño poblado ubicado al norte de Italia fue el lugar de nacimiento de un ilustre explorador jesuita: Eusebio Kino Lucchi. Se piensa que fue bautizado el 10 de Agosto de 1645 con el único nombre de Eusebio, y se supone que ese mismo podría ser el día de su nacimiento, sin embargo, no está perfectamente claro ni uno ni otro. Sus padres fueron Franciscus Chinus y  Donna Margherita Lucchi; tuvo hermanas pero ningún hermano, de ahí que los descendientes familiares en línea directa terminaron con él.

  Eusebio solía escribir su apellido en su juventud como Chini, Chino o Chinus, pero por conveniencias prácticas y para evitar pronunciaciones confusas decidió utilizar “Kino” al radicarse en nuestro país; el vocablo corresponde a la pronunciación italiana de su verdadero apellido: “Chinus”. Existe la referencia de que un tío suyo, Martín Martini, se había convertido en Jesuita ejerciendo su labor misionera en China; su nombre tenía cierta fama en Segno de ahí que Kino, según se dice, iniciara su vocación religiosa tratando de imitar a su pariente.
    Poco se sabe de sus días de niño; ya en 1663, a la edad de 18 años, enfrenta momentos muy difíciles en la población de Hall, provincia de Austria, lugar donde tomaba sus estudios de Retórica recluido en un convento jesuita. Aunque tomaba clases en esta institución sin mayores pretensiones que tan sólo incrementar sus conocimientos, de pronto su salud decae seriamente debido a una enfermedad calificada como mortal, aunque nunca ha sido explicado con precisión el origen de sus males; el sacerdote que le hacía compañía, en un instante de desesperación pues los médicos ya lo habían desahuciado, recomienda al moribundo Eusebio que se ponga en manos del milagroso San Francisco Xavier, y que si el Santo Patrono de las Indias salvaba su vida, buscara la manera de ser admitido en la Compañía de Jesús entregándose de lleno a la difusión de la palabra divina por tierras lejanas. Eusebio acepta el consejo, y para su sorpresa los piadosos ruegos fueron escuchados.

  La alegría retornó al joven italiano y después de una recuperación sorprendente reanuda sus estudios con mayor energía; había una promesa que cumplir. En un gesto de gratitud, Kino agrega a su nombre Eusebio el de Francisco; de hoy en adelante se llamaría Francisco Eusebio Kino Lucchi en memoria del milagroso acontecimiento.

  Ya veterano en las Misiones de Sonora, en alguna ocasión Kino escribió: “Al gloriosísimo y piadosísimo taumaturgo y apóstol de las Indias San Francisco Xavier todos le debemos muy mucho. Yo le debo La vida que me la tenían desahuciada los médicos en la ciudad de Hall del Tirol el año de 1663; y le debo la entrada en la Compañía de Jesús, y tercero la venida a estas Misiones Indias…..”
Y porque sé que debo y no sé si pago, pido y suplico a toda la corte celestial y a todo el mundo universo, me ayuden a darle los debidos agradecimientos de tantos favores celestiales hechos al más indigno de todo el orbe”. Estas palabras vienen en el prólogo de un fabuloso libro cuyo manuscrito fue descubierto providencialmente en el Archivo General de la Nación en México en el año de 1907 por el historiador Hebert Eugene Bolton, quien publicó hasta 1919 una traducción al inglés. Este documento vendría a ser la base historiográfica sobre el pionero jesuita ya en pleno siglo XX, evidenciando que la obra apostólica de Kino prácticamente pasó desapercibida para el mundo intelectual durante el siglo XVIII y XIX. Varias Universidades del País, entre ellas la Universidad de Sonora, publicaron una nueva edición del documento en el año 2001 de donde tomaremos las referencias más importantes sobre la vida del más grande Misionero que mucho contribuyó al desarrollo del Sonora antiguo durante las postrimerías del siglo XVII y principios del XVIII. Los escritos del distinguido jesuita italiano constituyen las únicas referencias con claros detalles sobre aquella época, lo cual permite calificar al ilustre italiano como un excelente escritor y fino historiador.
A los 20 años el joven Kino empieza a cumplir la promesa de su vida;  es admitido en la Compañía de Jesús el 20 de noviembre de 1665 en la ciudad de Landsberg Alemania; esta orden religiosa fue ideada por San Ignacio de Loyola y la formalizó el Papa Paulo III, siendo instituida oficialmente en 1540. Es así que cuando  Eusebio estudia en varios de los mejores Colegios de Alemania como Friburgo, Ingolstadt, Innsbruck, Munich y Oettingen, la orden religiosa ya tenía 120 años de edad.  Durante 12 largos años llevó estudios rigurosos como se estilaba desde entonces. Después de pasar el noviciado y las humanidades durante los primeros dos, en 1667 inicia un período de tres estudiando Filosofía en Ingolstadt, el Centro Académico más importante en Alemania. Es aquí donde Kino logra su ingreso a la orden entregando sus propiedades a la Compañía el día 10 de diciembre de 1667; el manuscrito de esta donación aún se conserva  en Trento, Italia. Al terminar su preparación en Ingolstand, Eusebio es nombrado profesor de Gramática en el Colegio de Hall en Innsbruck, el lugar donde hizo la promesa a su Santo Patrono. Este período, llamado “La Regencia”, va de 1670 a 1673, después de lo cual regresa a Ingolstadt para sus cursos finales de Teología por otros cuatro años.
Casa de la Familia Chini (Kino) en Segno, Italia.
Durante su estancia en Ingolstand tuvo por profesores a reconocidos cartógrafos como Adam Aygenler, el “paternal preceptor de Matemáticas”, como lo llamaría Kino, y a Heinrich Scherer, brillante geógrafo y también cartógrafo; ambos influyeron en Francisco Eusebio para desarrollar su talento natural para las Matemáticas, área del conocimiento en que puso especial cuidado pues según  él tenía una muy poderosa razón para hacerlo. Sucedió que al paso del tiempo Kino fue acariciando paulatinamente un sueño: ser misionero en el Oriente; las historias que se contaban de Carlos Spínola y de Francisco Xavier, ambos sacerdotes viajeros por China y Japón, habían dejado una profunda huella en la mente del joven estudiante. Spínola fue un brillante fraile que murió quemado vivo en el Japón en 1622, y su Santo Patrono, Francisco Xavier, fue el Primer Jesuita en trabajo de Misiones falleciendo durante su estancia en China el 03 de diciembre de 1552; se piensa que murió de grave pulmonía. Fue nombrado Patrono de Oriente por el Papa Benedicto XIV en 1748 y canonizado en 1622. Aún hoy en día goza de gran fama en aquellos países y sorprendentemente su cuerpo aún puede observarse momificado en la ciudad de Goa, India, lugar donde trabajó también de manera incansable; se dice que bien pudo haber bautizado a 40,000 fieles y haber caminado hasta 120,000 kilómetros predicando la palabra Divina. En el año 2002, al cumplirse 450 años de su fallecimiento, la ciudad de Shimonoseki en Japón planeó la inauguración de un monumento a ilustre jesuita de casi 5 metros de altura.
Así que, estudiar matemáticas era una motivación muy especial para Kino pues en China gozaban de fama y prestigio. Varios misioneros supieron ser útiles a la Dinastía Ming al preparar mapas correctos de las provincias; reformaron el calendario, enseñaron a los chinos como fabricar cañones de bronce; tradujeron numerosos tratados matemáticos y científicos que sirvieron de fundamento para innumerables aplicaciones técnicas; en tiempos del Emperador K’anghsi llevaron a cabo un cuidadoso estudio del Imperio y prepararon mapas de las provincias. El razonamiento de Kino tenía lógica; estudiar matemáticas le daría elementos para entrar con más facilidad en aquellas lejanas tierras y desarrollar su labor misionera; ese interés lo llevó a desarrollar muy buen nivel en esta rama del conocimiento e inclusive fue invitado por el Duque de Baviera para dedicarse a la docencia bajo su mecenazgo, algo muy usual en aquella época; sin embargo el mismo Kino argumentó: “… más me incliné y solicité a mis superiores en Roma en venir más bien a enseñar las doctrinas cristianas y verdades evangélicas de nuestra Santa Fe católica a estos pobres infieles tan necesitados, para que con nosotros se salven y nos ayuden a alabar a nuestro piadosísimo Dios por toda la eternidad.”
Desde 1670, el Padre Eusebio empieza a solicitar su envío hacia el Oriente en al menos 7 cartas dirigidas al Superior Oliva (se han recuperado cartas fechadas en 1670, 1672, 1673, 1675, 1676, 1678); el Padre  responde negativamente una tras otra de las misivas. Es hasta 1678 cuando el joven Eusebio, de 33 años, luce por fin preparado para las Misiones; ya había sido ordenado sacerdote en Eistady, Austria, el 12 de junio de 1677 y junto con el Padre Antonio Kerschpamer, son convocados en la primavera de 1678 para cubrir  dos plazas en el extranjero: una para México y otra para Filipinas. Ambos jóvenes, amable uno con el otro, deciden que la suerte defina el rumbo para cada candidato. Nervioso Kino anota en un papel la palabra México y en otro Filipinas;  acto seguido, después de revolverlos, Kerschpamer saca el nombre del país oriental mientras Kino observa desconsolado que su sueño por Oriente debía olvidarse; la aventura por la Nueva España ocuparía su atención en las próximas tres décadas, desarrollando una labor que después de 3 siglos ha sido reconocida como una de las más prolíficas en la historia de las Misiones de todo el mundo.