PANCHO VILLA SE ENSAÑÓ CONTRA

SAN PEDRO DE LA CUEVA

Por Ramón Martín Noriega Figueroa/ CRONISTA

Como consecuencia de la Revolución Mexicana y aprovechando el río revuelto, aparecieron un gran número de bandoleros vaquetones, que en lugar de ponerse a trabajar, mejor se dedicaban al pillaje y a molestar constantemente a los pobladores de San Pedro de la Cueva y alrededores, exigiéndoles comida y dinero a la fuerza.
Entonces esta gente como ya estaba hasta el copete de tanto atropello, acordaron formar un grupo para defender las pocas, pero valiosas pertenencias; de tal manera, que se unieron 50 hombres mal armados. Se instalaron en un lugar cercano al pueblo llamado El Cajete y ahí hacían guardia.

Corrían los últimos días del mes de Noviembre de 1915, cuando en nuestro país existían sangrientas guerras de hermanos contra hermanos. El señor Pancho Villa gozaba de gran fama y se creía el elegido para la guerra, pues era terrible su proceder cuando encontraba la cosa fácil; pero cuando pisó nuestro suelo sonorense, ¿se le apareció Juan Diego?, pues nada consiguió que pudiera satisfacer sus pretensiones.

El general Plutarco Elías Calles resguardaba Agua Prieta junto al joven Teniente Coronel Lázaro Cárdenas y Cruz Gálvez, entre otros. El señor Villa miró hacia Sonora y creyó poder controlar el norte del país. Entonces subió a la Sierra Madre Occidental, enfrentándose con el intenso frió y con la incertidumbre.

El General Calles ya lo esperaba pacientemente. El señor Villa fue derrotado sorpresivamente. Después tomó Naco pero en el Alamito y Hermosillo, el General Manuel M. Diéguez le recetó otro descalabro militar, de tal manera que emprendió la retirada por La Colorada, después Tecoripa, luego Mazatán; y desde el puerto de Mátape divisaba San Pedro de la Cueva y Batuc.
En Mátape pasó la noche con toda su gente y allí tuvo conocimiento que había un camino que lo llevaba hasta Chihuahua y podía transportar la artillería sin muchos problemas. Enseguida un contingente de más de tres mil soldados emprendieron el viaje por el camino antes mencionado que pasaba por San Pedro de la Cueva.

Por otra parte, el señor Pancho Villa con el resto de la tropa salió de Mátape por una travesía que lo llevó directamente hasta Suaqui, lugar donde esperaría a los demás soldados junto con la artillería.
Villa y sus acompañantes, llegaron a Suaqui el día 30 de Noviembre. El día 1° de Diciembre, kilómetros antes de llegar a San Pedro, se adelantó un grupo de soldados para tantear el vado. Para esto, el grupo de voluntarios que se había formado para detener a los bandidos, ya tenían conocimiento de que se aproximaba otra gavilla (gente lépera de mal vivir) y salieron al encuentro de éstos, y en el lugar llamado El Cajete, aproximadamente un kilómetro y medio del pueblo, empezaron a llegar los supuestos bandidos, les empezaron a disparar y de un de repente !que van viendo que no eran bandidos, sino una tropa de más de tres mil soldados!; entonces echaron a pelar y se escondieron para salvar su pellejo.

Los soldados que conducían la artillería, iban al mando de los Generales Margarito Orozco y Santiago Bracamonte. Cuando entraron a San Pedro de la Cueva, los oficiales descontentos por el recibimiento, ordenaron el encierro de las Autoridades Municipales con el fin de ajustar cuentas e investigar el motivo de aquel suceso y también dieron a Pancho Villa que se encontraba en Suaqui, pues en la balacera murieron cinco soldados villistas (entre ellos un sobrino del General) y un sólo hombre del pueblo llamado Mauricio Noriega, que no huyó ya que recibió un balazo en la rodilla que le destrozó el hueso y ahí murió por tanta pérdida de sangre.

Cuando recibió la noticia, el señor Pancho Villa muy enojado exclamó: – ¡Mañana vamos a ir a San Pedro para matar a todos nacidos y por nacer y pagarán muy caro su atrevimiento!-
Se supo que el enojo de Pancho Villa, no fue tanto por la muerte de su sobrino y de los cuatro soldados, sino que fueron otros chismes de mal gusto que le hicieron un grupito de ¡lambiones! sin escrúpulos y huérfanos de madre que andaban buscando llamar la atención y así obtener puntos, sin importarles un bledo sus paisanos.
El caso es que le calentaron la cabeza.

Al día siguiente dos de Diciembre antes de aclarar el día llegó Villa ordenando matar a todos, sin respetar edades ni sexo; así como es que empezó aquella horda de dorados a saquear casas, tumbando las puertas, destrozando y reguereando toda clase de provisión alimenticia como harina, café, azúcar, etc., también quemaron toda la ropa que encontraron.
El señor Pancho Villa ya tenía conocimiento que en la plaza de San Pedro lo esperaban los Generales Santiago Bracamonte y Margarito Orozco, así es que de inmediato giró órdenes a sus Dorados, que juntaran a toda la gente, nacidos y por nacer, hombres, mujeres, ancianos, niños ¡A todos los vamos a fusilar!.

Empezaron a juntar a la gente enfrente de la iglesia San Pedro Apóstol y ya había bastante gente en el lugar. Las mujeres gritaban, aclamaban a Dios pidiendo misericordia, esperaban un milagro para ser favorecidos de aquel endemoniado hombre, pero este, montado en un caballo prieto azabache y soltando una satánica carcajada, les gritaba: ¡Cállense porque ahorita no hay quien favorezca porque Dios está escondido en un almú y nada puede hacer por ustedes!

En esos momentos llega el General Bracamonte y se enfrenta con Villa y le dice: -¡Mi General! ¡No creo que esto tan descabellado se deba de hacer!, la División del Norte sufriría un gran desprestigio.

Pero Pancho Villa no entendía razones. Se hicieron de palabras los dos y estuvieron un buen rato discutiendo, de tal manera que se encontraban frente a frente y cuando estaba a punto de estallar la situación, apareció la humilde figura de un caritativo y virtuoso sacerdote y con amable voz distrae la mirada de ambos. De no haber sido así, cualquiera de los dos hubiera muerto en ese momento.
El caso es que el padre de nombre Andrés Avelino Flores Quesney, nativo de Nuri, con su ejemplar mansedumbre, logra que los generales se entiendan, de tal suerte que convence a Villa de que no se molesten a las mujeres ni a niños.
En cuanto se retiró el sacerdote empezó el fusilamiento y antes le preguntaba Villa: -¿Tienen dinero para pagar el rescate? Si no tienen ¡Jálenle!
“Primero cayeron tres chinos; luego Pedro Peñuñuri, Angel Núñez Figueroa, Luego mi padre Fermín Encinas”, platicó Don Idefonso Encinas que también estaba formado, pero se salvó, ya que contaba con 13 años y cuando lo miró Villa le dijo: -¡Estás muy chamaco tú, vete pa´ tu casa!

El sacerdote compadecido de que aquellos hombres estaban muriendo inocentemente se presentó nuevamente ante Villa y le suplica de rodillas que los perdone, pero este endemoniadamente le contesta: -¡Retírese padrecito y sepa que si vuelve, lo mato!

El caso es que siguió la matanza, los iba matando de 6 en 6.
El padre Flores, creyendo que Villa no era tan malo, vuelve por tercera vez a suplicarle y éste se enfurece y se abalanza dándole de golpes con las patas y puños hasta tirarlo al suelo; cuando lo ve tirado e indefenso, desenfundo su pistola y cobardemente le disparo a la cabeza.

Cuando se estaba retorciendo en su sotana negra, entregando su alma al creador, Pancho no conforme con eso, ordena a sus Dorados, que lo pisoteen con sus caballos hasta hacerlo pedazos y lo cubran con estiércol.

Consumado el sacrificio del Padre Flores, vuelve el General Santiago Bracamonte y se enfrenta a Francisco Villa. -¡Mi General! Le grita y se lleva su mano derecha a la pistola. -¡Ya no va a morir un hombre más!
Entonces los dos desenfundaron sus armas y se quedaron frente a frente, pero ninguno se animó a jalarle al gatillo.

Francisco Villa volteó su mirada a la fila de hombres y les dijo: -¡Eso que les valga!
El caso es que les perdonó la vida a diez jovencitos y 8 personas mayores que quedaban; pero dijo Villa que se los llevaría prisioneros para que realizaran los trabajos más duros y sucios; pero sin antes ordenar que quemaran todo el pueblo.
Pero sus oficiales, más conscientes de que aquel acto ocurrido a las tropas no fue más que una medida de defensa de los sampedreños y no de agresión como creyó Pancho Villa, incendiaron solamente pajares y algunas casas de las orillas para que este mirara, ya cuando se retiró, que sus órdenes habían sido cumplidas.

Hubo 8 hombres que se levantaron de entre los muertos, algunos con dos o tres balazos, otros solamente con rosones de balas, ellos fueron: Francisco Flores (padre del Sacerdote asesinado), Arcadio Rodríguez, Ventura Mendoza, Maximiliano Moreno, Juan Castillo, Francisco Romero, Francisco Gámez y Eusebio Rodríguez. Contaron que algunos soldados anduvieron picándole las costillas con las espuelas para ver si existía alguno con vida, pero ellos aguantaron todo de tal suerte que tuvieron oportunidad de contar el cuento.

Otros se salvaron porque se escondieron en un subterráneo de la casa de Angel Duarte. Los que se escondieron fueron: Enrique Duarte, Ismael Duarte, Manuel Encinas, el famoso compositor sampedreño Francisco Molina Fuentes, además de nueve muchachas. Otros se vistieron de mujer y también se lograron.


Derumban ruinas de la Fábrica de Los Angeles

El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) investiga ya los motivos que dieron origen al derrumbe de la Fábrica Los Ángeles, ubicado en San Miguel de Horcasitas.

La dependencia federal, a través de comunicación social, dio a conocer que ellos no otorgaron permiso para que se diera este hecho, por lo que puede haber sanciones para los responsables.

El edificio según los expertos fue construido entre los años 1839 y 1843 por Manuel Íñigo Ruiz y era utilizado como una fabrica de hilados y mantas para el consumo local que dejó de funcionar en el año 1900.

La construcción forma parte del catálogo de edificios históricos de más de 100 años de antigüedad del INAH y era utilizado por los visitantes como un punto turístico donde tomaban fotografías y realizaban recorridos.

Tan sólo el año pasado se había iniciado un proyecto para rescatar las ruinas y convertir el lugar en un museo y centro cultural en coordinación con el área de Turismo Rural del Gobierno del Estado, cita la dependencia.

Los expertos del INAH empezarán a indagar el hecho, así como la cantidad exacta de daños ocasionados al edificio para interponer una denuncia en contra de los culpables.

Actualmente según datos del Inegi ese lugar tiene unos 201 habitantes que se veían beneficiados con el turismo que visitaba el lugar.


Recuerdos del Vado del Río

y la Presa abelardo L. Rodríguez

Sobre el río de Sonora, a dos kilómetros al Este de la ciudad de Hermosillo, se construyó la presa, precisamente en la confluencia con el río San Miguel, con una cortina de 27 metros de altura y una longitud de 1, 400 metros.

Está construída de tierra, con enrocamiento en ambos lados, principalmente en el lado del Vaso.
Tiene capacidad exactamente de 252 millones de metros cúbicos, y sirve para irrigar una superficie de 15 mil hectáraes (al menos hasta 1970).
Pertence al Distrito de Riego de la Presa del mismo nombre. El área de la cuenca es de 21 mil Kms2.

Las aguas del alto río de Sonora fortalecidas por las del río Bacanuchi, y más abajo las del río San Miguel, son sus principales afluentes que iban a perderse en la cuantiosas arenas costeras.

Por el siglo XVIII el Intendente don Pedro Corbalán mandó construir una asombrosa obra hidráulica: “de cal y canto”, pero ésta a lo largo de una centuria fue constantemente destrozada por las avenidas del río.

En 1809 se inició la construcción de la capilla de San Antonio, lo cual nunca se terminó conforme al proyecto original.
En 1858, las aguas del río lastimaron seriamente la cimentación del templo.

Pero una obra colosal se realizó cuando los destinos de Sonora estuvieron regidos por la mano visionaria del General Abelardo L. Rodríguez
La presa de Hermosillo sobre el río de Sonora con capacidad de 250 millones de metros cúbicos, a la cual se le dio comienzo en marzo de 1945, concluyéndose e inaugurándose con el nombre de Presa Abelardo Rodríguez Luján, el 6 de abril de 1948.
Pero ocurre que en el año de 1983, las lluvias realmente fueron abundantes y en consecuencia la presa empezó a recibir grandes volúmenes de agua, hasta el punto -debido a las precipitaciones que azotaron a la entidad ese año – que hubo necesidad de verter aguas de la presa pues ésta se vio inesperadamente rebasada en su capacidad.

En el verano del año de 1983, sucedió un hecho extraordinario y por ende histórico, el viejo lecho del río, presa abajo, empezó a correr como en los viejos tiempos.

Hubo quienes testificaron que desde hacía 36 año no se observaban desde el malecón las crecientes anuales del río, muchos de ellos volvieron a tener esa misma experiencia cuando por el llamado vado del río se dividiera la ciudad con Villa de Seris, absortos ante lo inesperado, atestiguaron el estero.
Así, cientos de niños y jóvenes diariamente se refrescaban despreocupadamente en las cantarinas aguas del cauce, como se hace en los pueblos ribereños.

En preciso nombrar que la presa fue construida en partes iguales por la Secretaría de Recursos Hidráulicos y el Gobierno del Estado de Sonora.
Iniciándose en el período del Gral. Manuel Ávila Camacho (1940- 1946) concluyéndose en el período del Lic. Miguel Alemán Valasco (1946-1952) quien acudió a la inauguración el dia 6 de Abril al lado del gobernador del Estado el Gral. Abelardo L. Rodríguez (1943-1949). La placa develada reza así:
“Este monumento se levanta en honor de cuya visión y esfuerzo hicieron realidad esta obra”.


El INAH no hace nada por detener el destrozo de edificios históricos

SE CAE LA CASA DEL GENERAL CARLOS PLANK EN MAGDALENA

El patrimonio arquitectónico e histórico como pocos en Magdalena ha ido desapareciendo, no hay una política para salvaguardar los inmuebles con historia. Y ante las visita de todos estos edificios y casonas se han ido deteriorando irremisiblemente sin que a nadie le interese.

En la administración del Ing. Luís Alfonso Robles hubo un intento, ya que el Síndico Flavio García Sandoval tramitó ante el INAH se realizaría un catálogo de estos edificios tanto público y privados para con ello poder exigir a sus propietarios los cuidaran y no llegaran al colmo de tirarlos.

Fue en la administración de la Lic. Adriana Hoyos Rodríguez quien anunció con bombo y platillo las gestiones para poder ser Magdalena considerado Pueblo Mágico, pero por desgracia fue en el trienio en donde más edificios de estos fueron derribados, entre ellos el histórico molino La Favorita.

En la esquina de Obregón y Jesús Arellano a duras penas se mantiene en pie “la casa de Terror”, que fuera propiedad del general Carlos Plank, considerado asciento histórico pues en ella se reunieron los generales Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles, Salvador Alvarado y Juan G. Cabral entre otros para planear la toma de Nogales y Cananea en manos del ejército feeral del usurpador Victoriano Huerta.

Por ello se le consideraba a esta casona históricamente como Ministerio de Guerra itinerante de la Revolución Mexicana.

Fueron sus propietarios la familia del Sr. Leopoldo Uriquidez, allí vivían sus hermanas, y estas le vendaron a la Dra. Alicia Arellano de Pavlovich la propiedad quien la puso a nombre de Amelia Arellano Tapia, su hermana.

Esta a su vez recién la traspasó a Alain Albelais, quien anunció ya había pedido permisos al INAH para rescatarla en su estado original, ya que pensaba radicar en ella.

Luego se vino una serie de rumores en donde hasta se dijo que el propio Alain fue a que le devolvieran el dinero que porque ya no le interesaba la casona. Lo cual es un absurdo.

Esta quedó abandona y ahora es presa de los malvivientes que ya le han roto todos lo vidrio, y así día a día se ha ido deteriorando, pues se dice que el plan es que se convierta en guarida de malvivientes para poderla derribar y hacer una casa moderna.

En tanto voces como este portal levantan la voz para que las autoridades voltee hacia su patrimonio y tomen medidas conducentes a rescatar esta joya arquitectónica que no existe en ninguna otra parte.

De otro modo correrá la misma suerte del Molina La Favorita que fue escenario de la toma de Magdalena por los Callistas en aquellos años de la Revolución. 


YAQUIS EN AFRICA

YAQUIS EN AFRICA
Santos García Wikit

Grandes buques españoles de pasajeros transportaron a los contingentes mexicanos entre julio y agosto de 1922. La travesía se hizo vía La Habana para recoger allí a nuevos mercenarios proporcionados por otros países latinoamericanos. Todos ellos tenían un rasgo en común : eran elementos indeseables para los gobiernos de sus respectivos países.

Tras haber sido concentrados en Cádiz, las fuerzas latinoamericanas fueron enviadas a Ceuta y Tetuán. Los yaquis, patéticamente inclinados a luchar contra cualquier enemigo, eran incapaces de captar la injusticia con que combatieron a los patriotas rifeños.

La principal acción en la que participaron fue la toma de Melilla, a finales de 1922. Días antes del combate habían empezado a concentrarse frente a Melilla los enemigos de la República del Rif. Los Rifeños habían cavado trincheras frente a la ciudad, dispuestos a replegarse posteriormente hacia
el frente de Melilla.

Los sitiadores dieron principio a la batalla bombardeando el fuerte para“reblandecer” las posiciones enemigas. El ataque parecía de opereta : por turno, las fuerzas francesas o españolas cargaban contra la línea de trincheras de los rifeños; a una orden de clarín ponían pecho a tierra, disparaban y se retiraban. Finalmente tocó el turno de atacar a los yaquis.

Dos de sus tres batallones estaban dirigidos por oficiales mexicanos. Comandaba el tercero cuya oficialidad era latinoamericana, el coronel peruano Luis Miguel Sánchez Cerro. Cuando estas fuerzas, cargando a paso veloz, llegaron a la zona de peligro, el clarín tocó para indicar que se pusieran a resguardo; más los yaquis continuaron el avance.

Los feroces guerreros sonorenses alcanzaron las posiciones rifeñas e iniciaron la lucha cuerpo a cuerpo cargando a la bayoneta calada. Ante el ataque suicida, los defensores de la República del Rif iniciaron la retirada hacia el fuerte. Los yaquis invadieron Melilla y el coronel Sánchez Cerro juzgó que era el momento de solicitar apoyo y disparó una bengala, según la señal convenida.

Atacó entonces el grueso de las tropas y tras algunas horas de combate, el último reducto de los rifeños cayó en poder de los sitiadores. Se considera que las pérdidas de los yaquis fueron considerables aunque no se tienen cifras exactas.

Una vez más habían demostrado su valor y su arrojo, pero la guerra en la que estaban empeñados era a todas luces injusta. Pronto comenzaron las protestas de escritores y periodistas europeos, en un tono como el que hoy se usa para condenar la guerra de Vietnam y ante la presión de la prensa y algunos organismos internacionales, entre ellos la naciente Liga de las Naciones, los mercenarios se retiraron. A principios de 1923, los oficiales mexicanos que lucharon en Africa del Norte, desembarcaron de regreso en Veracruz<, no así los soldados yaquis que jamás fueron repatriados y cuya
suerte se ignora; posiblemente se asimilaron a la población mora de
Marruecos.

Jesús de San Juan permaneció en la Legión Extranjera española. Cuenta que entre los ocho indios que había reclutado destacaban dos : Bacasegua y Buitimea, ambos originarios de la población de Añil, Sonora. Habían luchado en la batalla de Celaya, se conocían desde niños y eran compadres.

Los legionarios de Nueva Orleans, como se llamaba a los mexicanos por haber sido reclutados en ese lugar, fueron enviados al campamento de Oxar Riffien para librar su primera batalla : ocupar el vado de Cudiasarriet que estaba defendido por 300 rifeños.

Después de ascender el monte Beni Hassam, los legionarios quedaron frente a su objetivo, el Cudiasarriet. A media mañana se iniciaba el tiroteo. Los rifeños habían ocupado con tiempo sus posiciones y desde una casa estratégicamente situada donde estaban emplazadas algunas
ametralladoras, hostigaban con éxito a los legionarios.

Cuenta San Juan que Bacasegua se le acercó para que le dijera al comandante que si se le proporcionaban algunas granadas, se ofrecería como voluntario para atacar la posición enemiga. El comandante era un norteamericano y el yaqui no pudo contener una sonrisa de oreja a oreja cuando aceptó su proposición : ingenuamente trataba de mostrar a los blancos que en valentía los yaquis no cedían ante nadie.

Bacasegua partió ágilmente. Poco después pudieron verlo desde las alturas, arrastrándose al estilo indio hacia su objetivo. Finalmente se perdió de vista y los legionarios temieron por su suerte. Pero no tardó en regresar : traía a un oficial español a quien había rescatado herido. Jactanciosamente
rindió su parte; “Para llegar a la casa tuve que matar a cuatro moritos que habían quedado vivos después que arrojé las granadas”.

Volada la casa donde se atrincheraban los rifeños, los legionarios tomaron el vado de Cudiasarriet. San Juan asegura que Bacasegua fue condecorado por el general español Dámaso Berenguer. Tanto el valiente yaqui como su compadre Buitimea siguieron algún tiempo con la legión, hasta cumplir su contrato. Entonces dejaron Africa del Norte y partieron para Algeciras, según dijeron, con la intención de llegar a algún puerto del
norte de España y embarcarse después rumbo a México. No se sabe si
alcanzaron su destino.

Publicado en la revista “Sonora Mágica” de Agosto-Septiembre de 1989.


EL CORCEL Y EL COMPOSITOR QUE LE DIERON FAMA A AGUA PRIETA

El presente trabajo es una crónica de un suceso que le dio fama al pueblo de Agua Prieta, que fue la famosa carrera que hizo famoso al animal que perdió (El Moro de Cumpas), al corrido del mismo nombre y a su compositor, a los dueños de los caballos y a otros los nombres que en él aparecen, y le dio el renombre a Cumpas, había aparecido una nota en el semanario El Sol ansiando el evento, además de avisos en las radiodifusoras de la localidad. Todo empezó un 7 de marzo de 1957 en el pueblo de Agua Prieta.
 

El Señor Rafael Romero era un empresario creativo, decidido y tenaz, propietario del centro de baile Copacabana Club. Como siempre lo hacía en cada espectáculo que presentaba, llevó a cabo una eficaz campaña publicitaria para atraer clientela a su negocio y, también para levantar simpatías hacia su caballo El Relámpago que correría ese domingo en la tarde del día 17 de marzo de 1957. Para ello, publicó también un anuncio en el semanario en mención tres días antes.

“Interesante Carrera de Caballos. Nos informa el Señor Rafael Romero, propietario de Copacabana Club que próximamente su caballo Relámpago que, como el público sabe, no ha perdido una sola carrera en esta población, se enfrentará a un ejemplar magnífico que especialmente le traerán de Cumpas”.

 
“Esta carrera se efectuará el domingo 17 del presente, a las 4:00 de la tarde en los terrenos de Copacabana Club, donde se han efectuado las anteriores. El contrincante de El Relámpago será El Moro, propiedad del Señor Pedro Frisby de Cumpas y hay quien asegura que este nuevo elemento derrotará al bien laureado caballo local”.
 
“Agrega el Señor Romero que tiene preparado un magnífico baile para los visitantes de la región que vengan a presenciar la carrera en cuestión y a la vez hace una cordial invitación a todos los amantes de este deporte para que se den cita en Agua Prieta en esa fecha”. Como puede verse, el Señor Rafael Romero era, en su tiempo, un promotor turístico natural.
 
El anuncio de tres columnas por 10 pulgadas de largo, publicado en la página 7 de “El Sol”, una foto del dueño montado en su caballo, a la usanza de los charros de la época. Encabezado: “En la foto aparece el Señor Rafael Romero, propietario del caballo Relámpago, que el próximo domingo sostendrá muy comentada carrera contra el caballo El Moro, propiedad de Pedro Frisby, en los terrenos del Copacabana Club”. Al pié de la foto: “Domingo 17 a las 16:00 horas, EL RELAMPAGO del Sr. Rafael Romero Vs. EL MORO del Sr. Pedro Frisby de Cumpas. Terrenos de Copacabana. Agua Prieta, Sonora. Invitación a todos los aficionados de la región”.
 
El Señor Leonardo Yáñez “El Nano”, músico de Agua Prieta y compositor del corrido que luego se haría famoso en las voces de Gilberto “Sahuaripa” Valenzuela, Vicente Fernández y Antonio Aguilar, escribió el corrido antes de la carrera, convencido de que El Moro saldría triunfador.
 
El señor Manuel López Romero, quien era cantinero del Copacabana Club era quien resguardaba bajo su responsabilidad los sacos donde estaba depositado el dinero de los apostantes.
 
La carrera se llevó a cabo en la Calle 4 desde la Avenida 17 a la 20. Corrieron de Poniente a Oriente, hacia la meta que venía quedando frente al Copacabana Club, que en ese tiempo todavía le decían Cabañas Tecate, porque ahí estaba instalado, como anuncio, un gran bote de esa cerveza. La tarde de la carrera muchos espectadores, los que cupieron, se subieron al anuncio para ver mejor y lo echaron al suelo. Ahí estuvo tiempo tirado. En ese entonces todos los alrededores era un solo baldío.
 
El Moro perdió contra El Relámpago. La incógnita que por tantos días existió sobre el resultado de la carrera a verificarse entre el caballo El Relámpago del Señor Rafael Romero y El Moro de Don Pedro Frisby de Cumpas, quedó despejada el domingo anterior cuando ambos ejemplares entraron a la pista y se disputaron la supremacía en el terreno.
 
A los pocos metros de la salida El Moro tomó ventaja de aproximadamente dos cuerpos pero a la mitad de la pista El Relámpago lo alcanzó y tomó la delantera, llegando a la meta con dos cuerpos de ventaja.
 
Fue un número exagerado de personas las que presenciaron esta carrera que despertó gran interés desde que fue anunciada, trayendo gran número de aficionados de la región, principalmente de Cumpas, de donde fue traído el caballo.
 
Los cimientos del Copacabana Club retumbaron con los gritos de victoria y el llanto de la derrota. Era una escena ensordecedora. “No puede ser, era mejor El Moro, lamentaban compenses, quienes perdieron una inimaginable cantidad de dinero ese día. Otros como “El Puyo” Morales, se hicieron de buen dinero gracias a su buen juicio, o instinto. Rafael Romero, dueño de El Zaino y del Copacabana ofreció comida a los perdedores; siempre fue un caballero.
 
Leonardo Yáñez “El Nano” era partidario de El Moro de Cumpas y tenía mucha aceptación entre sus amigos por su don de gente, influía en el ánimo de quienes lo escuchaban. Por eso cuando le preguntaban “¿A quién le vamos Nano?”, él respondía que al Moro. Como el corrido ya estaba hecho antes de la carrera se vio en la necesidad de cambiar las dos últimas estrofas y pedir disculpas a sus amigos.
 
El corrido de El Moro de Cumpas fue estrenado el mismo día de la carrera, en el baile que inició a las ocho de la noche en la Copacabana.
 
A partir de se día, la carrera de Agua Prieta se convirtió en una leyenda, la cual alcanzo dimensiones míticas gracias al corrido de Leonardo Yáñez “El Nano”, quien curiosamente lo nombró El Moro de Cumpas, en honor al favorito sentimental de la competencia.
 
El Zaino paseó victorioso, orgulloso e imponente por las calles de Agua Prieta. De la noche a la mañana era un icono inmortal de la ciudad que lo recibió cuando sus dueños originales lo consideraban inservible.
 
Por su parte el Moro de Pedro Frisby volvió a correr el domingo 5 de mayo contra el Star Pocker de José Hunt, en un cartel donde se anunciaron también El Chilicote de Toto Frisby contra El Vino de Alfonso Morales; El Trigueño de José J. Ortiz contra El Dorado de Carlos Munguía; y El Retrato de José Hunt, contra El Torito de Jesús Valenzuela. El Sol, 2 de mayo, 1957. El Moro siguió corriendo, pero sus triunfos y fracasos, así como su vida, ya no volvieron a ser noticia.
 
En la primera versión grabada de El Moro de Cumpas, interpretada también por Gilberto “El Sahuaripa” Valenzuela, salió al mercado con varios errores en la letra, como por ejemplo Fimbres en vez de Frisby; Cuyo por Puyo; y fama por faja, que después, en la segunda grabación, el Sahuaripa corrigió. El error se debió a que “El Nano” le dictó por teléfono la letra a Gilberto Valenzuela. La fama de este corrido empezó a crecer seis años después de compuesto, a partir de 1963, y es ahora, junto con otros ya clásicos como La cárcel de Cananea, El Corrido de Jesús García, o el Corrido de Pancho Guzmán, uno de los más escuchados y solicitados. Es un corrido que pertenece ya al espíritu del pueblo porque narra este importante suceso que vino a dar fama al pueblo de Agua Prieta después de la firma del Plan de Agua Prieta el 23 de abril de 1920.
 
Por otra parte, el caballo ganador, El Relámpago, que era un zaino, vivió hasta los 36 años rodeados de cuidados, hasta que murió de cáncer. Este caballo había sido comprado en el hipódromo de Phoenix, Arizona por el señor Paulo Aguirre, dueño de un rancho ubicado en las cercanías de Agua Prieta. En aquel entonces el equino tenía una lesión en un tendón de una mano de la cual se recuperó favorablemente. Quienes tuvieron la fortuna de conocerlo en esa época dicen que era muy inteligente y de fina estampa como aún puede apreciarse en las fotografías que le fueron tomadas y posteriormente publicadas en la prensa. Cuando falleció el señor Paulo Aguirre, su esposa, la señora Panchita Luévano, se lo vendió a Rafael Romero.
 
En sus últimos años de vida, El Zaino ya padecía de una dolencia que poco a poco lo iba mermando. Posteriormente veterinarios de Agua Prieta y Douglas le diagnosticaron cáncer. A pesar de esto, a veces salía de las caballerizas a retozar. El médico veterinario zootecnista Rodrigo Valenzuela que era quien lo atendía, era quien acudía a aplicarle sus inyecciones. Cuenta que el caballo dejaba el pienso de su cubil y obediente, sin llamarle, sacaba el cuello para recibir la medicina.
 
Cuando empezó a demostrar el sufrimiento de los primeros dolores del cáncer, su amo, Rafael Romero, con una gran y honda tristeza pidió que se le pusiera una inyección para dormirlo para siempre. Y así, la vida de El Relámpago llegó a su fin en 1975.
 
El médico veterinario zootecnista le dijo al señor Rafael Romero que no quería sacrificarlo, ya que le dolía matar a un animal al que le había tomado mucho cariño.
 
El corrido de esta inolvidable carrera fue llevado a la pantalla grande en la cinta llamada “El Moro de Cumpas”, la cual fue argumentada, producida y protagonizada por el desaparecido actor y cantante Antonio Aguilar (+) en 1975, teniendo como reparto a los actores Flor Silvestre, Bruno Rey (+), Jaime Fernández (+), Gerardo Reyes, Eleazar García “Chelelo” (+), Rubén Aguirre y la sonorense Alicia Encinas entre otros. La cinta fue filmada en Mexicali, Baja California y fue estrenada en el año de 1976, la cual no pudo realizar en territorio sonorense, ya que el Gobierno del Estado no les otorgó el permiso. El filme se estrenó en la ciudad de Agua Prieta en el extinto Cinema Ariel que estaba ubicado en Calle 8 Avenida 17 frente a la Plaza Plan de Agua Prieta. En el filme “El Moro de Cumpas”, participó Don Leonardo Yáñez “El Nano” al lado de Antonio Aguilar donde sale casi al final de la cinta componiendo dicho corrido.
 
Por su parte, Don Leonardo Yánez “El Nano”, quien nació un 2 de abril de 1907 en la ciudad minera de Cananea, había realizado sus estudios musicales con el reconocido compositor Silvestre Rodríguez. Fue socio fundador del Sindicato de Músicos de Agua Prieta Silvestre Rodríguez además de ser director del Mariachi Sonora
 
Este gran compositor del corrido que inmortalizó al pueblo de Agua Prieta a nivel internacional, falleció en Douglas, Arizona, el 9 de marzo de 1993, siendo radiado con el corrido “El Moro de Cumpas” en la tradicional radiodifusora de Agua Prieta XEFH del 1310 am. En el trayecto de la parroquia hacia el cementerio, y al momento de ser sepultado fue despedido con música de mariachi, cantándole sus composiciones, además del corrido del Moro y el Zaino, el corrido “El Tío Juan”, su canción más popular y conocida a nivel internacional “No me hagas menos”. Los familiares recibieron condolencias de Antonio Aguilar, Vicente Fernández y Flor Silvestre.
 
En 1995, al cumplirse dos años de su sentido fallecimiento se le rindió un merecido homenaje y se develó un busto en su honor en una de las glorietas de la Avenida 20 entre las Calles 4 y 5 mismo que en el año 2007 fue remodelado y pasó a formar parte del patrimonio municipal de Agua Prieta. El 17 de marzo del 2010 al cumplirse 53 años de la afamada carrera y dentro de los festejos del Bicentenario de la Independencia de México y el Centenario de la Revolución Mexicana a la Calle 4 se le puso el nombre de Calle Leonardo Yáñez.
 
Por su parte, el Zaino también fue homenajeado, dicho reconocimiento se llevó a cabo en el año 2006 cuando se le inauguró un monumento en una de las glorietas de la Carretera Federal entre las Avenidas 14 y 18 el cual embellece la carretera y destaca el en lo alto del pilar de en medio una estatua de metal de este afamado corcel que es toda una leyenda de Agua Prieta, dicho monumento fue diseñado y construido por el reconocido Arquitecto Roberto Osuna Palacios, pero ideado por el Sr. Jorge Luis Calzadillaz Galaz.
 
Esta fue historia de este importante suceso que fue un orgullo para el pueblo de Agua Prieta gracias al talento artístico de Don Leonardo Yáñez “El Nano” se consolidó a nivel nacional e internacional el nombre de esta importante frontera del Estado de Sonora.
 

LA CUARTILLA DEL PITIC

LA PRIMER MONEDA DE SONORA

POR CARLOS LUCERO AJA

La más antigua moneda sonorense que se conoce es la llamada Cuartilla del Pitic, considerada en la numismática dentro de las monedas municipales o “de necesidad”.

Aunque en Sonora y en el Pitic, hoy ciudad de Hermosillo circuló moneda colonial de la Nueva España acuñada en la Casa de Moneda de México, generalmente con valor facial de medio real y un real de plata, siempre escaseaba (como lo asientan quejosamente tanto representantes de la iglesia como autoridades civiles) y la poca que había se usaba para jugar a la baraja o naipes, pues las transacciones comerciales comúnmente se efectuaban por trueque o con metales en pasta.

En 1776 el gobierno colonial proyectó una Casa de Moneda para Sonora, Estado rico en metales, misma que se construiría en la ciudad de Arizpe, nombrada entonces capital de las Provincias Internas, independientes del virreinato, pero por una u otra razón no se llevó a cabo.

Debido al aumento de población, el pueblo del Pitic recibe el 29 de agosto de 1783 el título de Villa. En 1814 se autoriza la acuñación de moneda de cobre, no muy bien vista por cierto, pues la plata y el oro se necesitaban para sufragar los gastos de la guerra contra los insurgentes que buscaban la independencia del país. Tanto el gobierno como los rebeldes acuñaron moneda pero éstas no llegaron a Sonora.

El gobierno colonial acuña en Durango en esa misma fecha y hasta 1821, monedas de cobre de un octavo, un cuarto y dos cuartos de real con el nombre del rey Fernando VII. Como ese sitio era el más cercano a nuestro Estado, ese tipo de moneda circuló aquí, al igual que las posteriores con fecha de 1821 a 1823, de un cuarto y un octavo de real, que llevaban el nombre de Nueva Vizcaya, como se llamaba antes ese Estado, así como también las de 1824 y 1828 acuñadas sobre las anteriores.

Los difíciles medios de comunicación, terreno inhóspito y continuas luchas contra los indígenas hacían que en las poblaciones de españoles hubiera escasez de moneda fraccionaria con los consabidos problemas que ello acarreaba. Para facilitar las operaciones al menudeo en la Villa del Pitic, su Ayuntamiento decide mandar acuñar moneda de cobre de un cuarto de real.


PESQUEIRA Y LA BATALLA DE POZO HEDIONDO

Hay un pueblo entre Cumpas y Nacozari, a orillas de la carretera que se llama Bella Esperanza, pero su nombre antiguo fue el de Pozo Hediondo en donde se suscitó una gran batalla.

Federico García y Alva escribió en su Album Comercial publicado en 1907:

Allá, bajo el purísimo cielo azul de la frontera el año de 1851, en gloriosa jornada apareció la figura simpática de Don  Ignacio Pesqueira con el triple prestigio de la Juventud, del patriotismo y del talento, como porta-estandarte de la libertad y como precursor de la ruina del coloso que en Sonora se llamó “Partido Gandarista”.

La irrupción de los bárbaros era formidable al comenzar ese año.  El famoso cabecilla indio “Mangas Coloradas”, con más de setecientos apaches había penetrado hasta el centro del Estado haciendo sentir por todas partes sus acostumbradas depredaciones.
Se comunica a Arizpe que este enemigo se dirigía a la frontera y Pesqueira se acerca con la autoridad local y organiza sin dilación cincuenta nacionales que apenas pudo municionar. Da cita a los de Bacoachi y en el día y punto designado se incorporaron ambas partidas con un total de ochenta infantes y veinte dragones.

La mañana del siete de Enero de dicho año, una sección avanzada del enemigo se  avista por el camino en que era esperado, y a poco se empeña el combate en el punto llamado “Pozo Hediondo” en el Distrito de Moctezuma.  Los apaches retroceden y las fuerzas los persiguen hasta encontrarse con el grueso de los indios que pasaban de trescientos.

Allí la lucha toma mayores proporciones, por ambas partes se pelea con desesperacióna campo razo, por ambas  partes caen muertos y heridos y se  encarniza  más y más el combate.  Como a las cuatro de la tarde de tan aciago día llegan al enemigo refuerzos de más de doscientos ganduales comandados por los capitancillos Irigoyen y Moraga.

A pesar de esto las fuerzas no retroceden y resisten heroicamente el empuje de mayor número.  Entre tanto, las municiones se agotan por ambos lados y los fuegos comienzan a apagarse, pero la lucha sigue con arma blanca, con garrotes y con piedras, ciega y desesperada, hasta que la oscuridad de la noche puso término a tan terrible batalla.

Las fuerzas de Pesqueira se encontraban casi en su totalidad aniquiladas, de cien hombres ochenta  estaban fuera de combate, habían muerto cuatro oficiales y veintidós individuos de tropa, cincuenta estaban heridos y entre estos Pesqueira y su segundo en Jefe, Don Rafael Ángel Corella.

De los apaches murieron mas de setenta y el número  de sus heridos era incontable. Humanamente era imposible continuar la pelea y las fuerzas del orden se retiraron del campo con rumbo al pueblo de Cumpas.  Los heridos marcharon pié a tierra, cayendo y levantando, pues solo cinco caballos sobrevivieron y llevaban a los enfermos mas graves.


EN EL 2011 COMEMORARÁN 300 AÑOS DE LA MUERTE DE KINO

Entre autoridades de los tres niveles y organismos de la sociedad así como instituciones educativas, preparan una larga serie de eventos para todo 2011

 

Hermosillo, Sonora

Diciembre 2 de 2010. Jueves

Con la búsqueda de que el Congreso del Estado declare el 2011 oficialmente “Año del Padre Kino”, el comité Kino 300 anunció esta mañana el largo programa de eventos y actividades para el próximo año, el cual conmemorarán 300 años del fallecimiento del Padre Eusebio Francesco Chini, conocido popularmente en Sonora como el Padre Kino.

El director del comité, el Padre Jorge Alberto Cota Encinas, dijo que la iglesia Católica de Sonora acogió inmediatamente la idea de celebrar a este personaje clave en la historia del estado.

Fue un hombre, dijo, que amó a Dios y a los hombres y, en medio de tiempos difíciles tras la Conquista, siempre confió en que el hombre debía mejorar.

Por ello, destacó, fue un acierto celebrar el tricentenario  de su muerte para dar a conocer su obra.

Cota Encinas enunció a la larga lista de participantes en los festejos, comenzando por el mismo comité, los municipios donde fundó misiones desde luego Magdalena, Altar, Cucurpe, Hermosillo, donde si bien no estableció misiones, si estuvo en la costa de la hoy capital del estado.

Estarán colaborando investigadores, historiadores y cronistas sonorenses, el COBACH, la Unison, el Colegio de Sonora, Turismo del estado, el IMCATUR, el ISC, entre otros.

Eusebio Francisco Kino fue además de pacificador, llevó la palabra de su doctrina a los indios, los protegió, además era explorador, cartógrafo y astrónomo,  enseño labores como la ganadería y agricultura a los indígenas.

Por su parte, el director del Instituto Municipal de Arte, Cultura y Turismo de Hermosillo (IMCATUR), Alberto Nevárez Grijalva, recordó que en base a información datada, el Padre Kino estuvo en la Isla del Tiburón el 21 de enero de 1706.

El funcionario dijo que por instrucciones del alcalde Javier Gándara Magaña, se colaborará en todo lo posible para fortalecer el legado del Padre Kino. Resaltó, el Ayuntamiento ha colaborado ya con la imagen del evento así como con la impresión del programa de eventos.

También está disponible un portal www.kino300.org el cual está a disposición de la gente y de los organizadores, donde se podrán colocar todos los eventos. Se destacarán otras actividades, información alusiva y el día 15 de marzo, fecha del fallecimiento, se tiene contemplado un concierto del violinista italiano Marcelo Desan (sic).

Al respecto, el Arzobispo Ulises Macías Salcedo, dijo que la Biblia habla de una memoria del corazón, y si bien eso es científicamente imposible, no lo es cuando se recuerda el paso de una persona que influyó, que les ayudó y los formó.

“Qué bueno que esa memoria del corazón existe en nuestra gente, en nuestro pueblo y en nuestras regiones. Recordar con cariño y gratitud el paso de este gran sacerdote y hombre. Por eso aquí estamos en este esfuerzo para que se conozca más”.

El jefe de la Iglesia Católica sonorenses, dijo que el Padre Kino no solo fue un hombre que sembró el Evangelio en la región, sino que además enseñó otras actividades como la agricultura, la ganadería, las ciencias, las cuales sirvieron y nos compromete a nosotros a imitarlo.

En el evento estuvieron presentes además el coordinador de Operaciones de la Comisión de Fomento al Turismo del Estado de Sonora, Arturo Romero Malpica; la directora del Instituto Sonorense de la Cultura, María Dolores Coronel Gándara; y Enrique Salgado Bojórquez, coordinador Internacional del Comité de Festejos Kino 300.


SONORA EN LA INDEPENDENCIA

Durante la segunda mitad del siglo XVIII se fueron creando en la Intendencia de Arizpe, grupos de españoles o de criollos, hijos de españoles nacidos en las Colonias, que amasaron grandes fortunas y se llamaba a sí mismos, los Notables,  estaban relacionados con toda clase de intereses económicos, entre los que destacaba la minería; la población estimada en 1804 era de casi 100,000 habitantes.
En Sonora no existieron brotes de rebelión que apoyaran  el movimiento de Independencia encabezado por Miguel Hidalgo, debido principalmente a la lejanía con la capital de la Nueva España  y la ruta comercial de recuas de mulas, además que los intereses económicos de los Notables no se vieron afectados y no había motivos para participar a favor de la causa del movimiento insurgente.
De 1790 a 1820 el puerto de San Blas, Nayarit, abierto al libre comercio con barcos españoles, era el centro regional más importante del comercio de la Intendencia de Arizpe.1782 El Comandante general de las Provincias Internas de Occidente, recibe la transcripción de un comunicado del rey de España, era una cédula real que otorgaba a Arizpe la categoría de ciudad y capital de la Intendencia de Sonora y Sinaloa; así mismo, que la Comandancia quedara instalada allí.
José María González Hermosillo, llega en 1810 con sus huestes a Tepic, con la instrucción de Miguel Hidalgo de traer la guerra de Independencia a las provincias del noroeste, caudillo que nunca llegó a Sonora, al ser derrotado por Alejo García Conde en 1811. Por decreto del Congreso del Estado de Occidente en memoria del caudillo se puso su nombre a la antigua Villa del Pitic, otorgándole a la vez la categoría de ciudad.
Es expedida la Constitución Española en 1812, que dio lugar a que en la Provincia de Sonora y en otras, se constituyeran las Diputaciones Provinciales, que daban cierta autonomía a los residentes de la Nueva España.
España abre el libre comercio total en el puerto de Guaymas en 1820, en donde los mercaderes de la Intendencia de Sonora y Sinaloa, también llamada de Arizpe, operaron de manera abierta y se podía comerciar libremente entre las colonias y la metrópoli española. Con esta medida dejó de ser El Rosario, Sinaloa el centro comercial regional más importante.
José María Elías González de Arizpe, se da de alta en el Ejército Virreinal y lucha contra los independentistas en Durango, Coahuila, Zacatecas y Jalisco, en 1821 se presentó al general Pedro Celestino Negrete, secundando el Plan de Iguala, después de la Independencia ocupó cargos públicos y fue gobernador de Sonora por breve tiempo.

Por acta constitutiva de la Federación en 1824, se establece el Estado de Occidente, con los territorios de las antiguas provincias de Sonora y Sinaloa, siendo confirmado por la Constitución Federal del mismo año, hubo inestabilidad en la fijación de poderes, culminando hasta 1831 cuando se erigen los Estados de Sonora y Sinaloa.
Fallece Rafael Morales en 1831, originario del mineral de Montepori, fue alcalde constitucional de Arizpe, con cuyo carácter  juró la Independencia en 1821 de acuerdo con las bases del Plan de Iguala, se encargó también de la jefatura política de Sonora.

Se instala en Hermosillo el primer Congreso Constituyente quien elabora y expide la primera Constitución Política del Estado de Sonora en 1831, siendo los primeros mandatarios Leonardo Escalante y Mazón como gobernador  y, Tomás Escalante y Corella como vicegobernador.

Ignacio de Bustamante que nació en Banámichi, muere en Arizpe en 1839, se hizo cargo del gobierno de las provincias de Sonora y Sinaloa a partir de 1808; en 1821 aprobó el Plan de Iguala y continuó ocupando cargos importantes, en 1832 fue electo vicegobernador cargo que desempeñó hasta 1836.
Pedro García Conde, de Arizpe, que era ingeniero es nombrado reconstructor del hoy Palacio Nacional, fue secretario de Guerra y Marina en 1844, después de los Tratados de Guadalupe Hidalgo en 1848, es nombrado presidente de la Comisión de fijar los límites con Estados Unidos.


EL DOMINGO VERDE YA ES HISTORIA

Cananea, 30 de agostro, puerta principal de la Compañía Minera de Cananea,. acceso al departamento de Fundición.
Por la madrugada alrededro de 5 mil soldados y más de 300 elementos de la Policía Judicial Federal. tomaron por asalto la ciudad de Cananea y la mítica mina, entonces la paraestatal Compañía Mienera de Cananea, declarada en quiebra por el nefastp gobierno del inombrable Carlos Salinas de Gortari.

INTRODUCCIÓN

El pasado 20 de Agosto se cumplieron Veinte años de la declaración fraudulenta de quiebra de la Compañía Minera de Cananea (CMC)  y de la toma del ejercito y de las fuerzas federales, evento realizado en el primer año de gobierno de Carlos Salinas de Gortari, un golpe artero que marco negativamente la historia moderna de Cananea, aunque la Mina se abrió en Octubre y la lucha por la reapertura de la mina fue un ejemplo de pundonor y valentía colectiva, mas de mil trabajadores fueron despedidos, y el contrato colectivo fue modificado su posterior venta fue el preludio de una era negra en la relación  laboral de la mina , ya que con la adquisición en agosto de 1990 del Grupo México de Jorge Larrea comenzaría una etapa de gran inestabilidad y de agresión sistemática a  la organización sindical y a su contrato colectivo de trabajo.

La actual Huelga que rebasa los dos años, con todas las opiniones que se puedan tener sobre el presente conflicto no se puede analizar cabalmente sin partir del referente del fatídico Domingo Verde del 20 de Agosto de 1989.

Lo que a continuación comparto con ustedes es una crónica de como viví ese día y la noche previa cuando entonces me desempeñaba como un trabajador mas de la mina , los hechos son reales, los personajes también  así como las emociones, la crónica trata de respetar lo  mas posible el tiempo y el espacio con las omisiones y los errores naturales  que puedas surgir por el transcurso del  tiempo  y o por el deterioro del disco duro personal.
Va pues con toda humildad y respeto este relato como homenaje a toda la sufrida Comunidad cananense, a la recuperación de la memoria histórica, a los amigos presentes y ausentes, en el cielo y en la tierra a los que lucharon mucho, a los lo hicieron poco, a los que apoyaron desde todos los confines del país y del mundo, pero muy especialmente a los mineros retirados a sus viudas que hoy mas que nunca fueron y son los damnificados de la quiebra de 1989 y dolorosamente siguen siendo el sector mas golpeado por el conflicto que actualmente se da, viviendo si se le puede llamar vida, mal muriendo si, en la zozobra de su pobreza y agobiados por las enfermedades y la falta de una atención medica adecuada.

SABADO 19 DE AGOSTO POR LA NOCHE
……Era mi ultimo día en la quincena del pueble de once (turno nocturno) y el sábado teníamos apartado la planta baja del cine minero, el Concho Herrera se iba a preparar un ceviche de carne que le salía muy bueno, así que fallé al trabajo la noche del sábado 19 de Agosto, primero porque había cooperado para financiar el  rico platillo, y aparte ya venía la asamblea de revisión de contrato colectivo (cándidamente así lo esperábamos), nos íbamos a tomar unas cheves y de paso echar grilla. Esa noche, si mi memoria no me falla, acudimos al compromiso el Concho Herrera, el Carlitos Escalante, Rene Martínez, David Rosales, Fermín Espinosa, Raúl Montoya y un servidor…

“El membrillo” Martínez y el David Rosales se aventaron unas rolas con una guitarra y recuerdo que tuvieron una discusión que a mi me pareció bizantina sobre qué era un arpegio, discusión de la cual no pude intervenir dada mi vigente ignorancia sobre tonos y formas de tocar la guitarra.   La noche transcurrió y afuera cruzando la calle como siempre “El Patio” le daba lustre a un tranquilo sábado bohemio y veraniego en Cananea. No me fui muy tarde y bien entrado ya que con dos semanas de desvelos en los dompes de la mina sentí el efecto desde la primera cerveza y con un sopor tremendo considerando que en ese entonces eran cervezas para hombres las que se tomaban y no daba comienzo en México la bendita  era Light. Así pasó el evento y me retiré no muy tarde a mis aposentos.
Comentario. A los meses cuando ya se reabrió la Mina me tocó conocer al mal logrado Nemesio Lugo Félix, recuerdo que me dijo con la sonrisa metálica que le caracterizaba: ¡Los tuvimos bien checaditos esa noche! …un escalofrió recorrió mi cuerpo cuando me lo dijo.

DOMINGO 20 DE AGOSTO 8:00 AM

Al otro día me levantó con una leve resaca y con los sueños atrasados del pueble de once y mi vecino de enfrente Sergio Carrión me encara muy serio y me dice ¿Que pasó? En ese entonces el Sergio trabajaba en el taller de soldadura del tajo y era subcomandante de los Bomberos de Cananea,  y como siempre era muy serio y respetuoso me saqué de onda. Pensé que me reclamaba algo personal y sin darme tiempo de preguntarle remató y me dice ¡están un chingo de Soldados en la Compañía¡
No terminó de decirme cuando un helicóptero pasó por arriba de nosotros a escasos metros encima de los techos. Yo vivía en el callejón García Morales atrás del local de los mineros retirados, a 5 minutos a pie de “El Ronquillo” (el centro comercial de cananea) y a 8 minutos del local de la Sección 65.  Como pude me aliviané y arranqué para “la 65”. Recuerdo que había movimiento de carros de federales y un helicóptero volaba a una altura muy baja por encima del puente del Barrio de “la cananea vieja”.

Claramente se distinguía la metralleta montada por los militares, apuntando hacia las casas y posiblemente esperando la violenta reacción de alguna versión cananense de Rambo. Bajo de ellos un montón de chamacos estaban sobre la vía brincando como queriéndose colgar de la nave. El ejército repartía un volante donde se nos informaba que la mina había sido declarada en quiebra y por lo consiguiente alrededor de 3200 sindicalizados y más de quinientos empleados de confianza nos quedábamos sin trabajo.
10 DE LA MAÑANA
Los dirigentes de la 65 (Octavio Bustamante QEPD y Raúl Copetillo) estaban en México junto con la comisión revisora del contrato. Se citaba para asamblea en medio del desconcierto, el temor y la sorpresa de todos. Me enteré que la ciudad estaba bloqueada por los militares y desde el Ronquillo se divisaba el cordón de los soldados uno enseguida del otro por el cerco de la empresa.  Sacando cuentas nos tocaba casi un soldado y medio por minero y un soldado por cada seis habitantes de Cananea; ni como hacerles frente. Se corría el rumor de que los federales traían unas listas de los “oradores” de las asambleas y andaban levantado gente en las calles y las casas.
11 DE LA MAÑANA

Empieza la asamblea. Raúl Romero era el presidente de los debates.  “Entreverados” en el presidium, los miembros del ejecutivo y del comité de Huelga se movían nerviosos, Fermín Espinosa era el tesorero del Comité de Huelga. El Comité Nacional dio instrucciones que se reconocieran los derechos de todos los compañeros sancionados sindicalmente y que la Sección se organizara.

En Hermosillo, en el programa de Fausto Soto Silva, en la XEDM, Raúl Sainz y Jorge Acedo denunciaban el hecho y daban a conocer la noticia.

Entre los recién llegados a la asamblea destacaba el joven periodista y corresponsal del periódico la Jornada Ramón Alfonso Sallard.

El Secretario de asuntos políticos del comité local José Antonio “el chacas” Ochoa confirmó al final de la asamblea, lo que ya no era un rumor, sino una realidad y nos indicó que no se ofreciera resistencia y que el nos iba a informar quienes estaban en la lista que traían los federales para llevarlos a declarar a “las casas de greene”, donde estaban concentrados mas de trescientos federales, MP s encabezados nada mas y nada menos por el Director General de averiguaciones previas de la PGR.
1:30 de la tarde
Al terminar la asamblea y con la certeza de que estaba entre los enlistados, subí a la oficina de la Secretaría General donde se concentraban los dirigentes, armándome de valor y con un nudo en la garganta le dije al “chacas” Ochoa: Voy a estar en la Cananea Vieja… Ahí te espero.

3 de la tarde

No pude probar bocado  y al poco rato llegó “el chacas” Ochoa en un carro del sindicato con una naturalidad y una frescura tal como si anduviera acarreando peloteros para completar un juego de béisbol,  ignorando que para ese entonces mi paranoia galopante no podría ser controlada ni por el mas infalible y extravagante de los remedios caseros como el del ajo introducido por el mas natural de los orificios del cuerpo.

Con toda seguridad no me hubieran hecho efecto con el terror que me cargaba con el agravante mental de que daba por un hecho que me esperaba un gorila batiendo un Tehuacan, con un grueso expediente donde  constataba mi militancia en organizaciones para ellos “subversivas” y que de ahí me llevarían sin tentar baranda a un campo militar en la ciudad de México.
3:15 de la tarde
Llegamos a “las casas de Greene” (la de verde subido) y lo primero que me impresionó es ver tirados en el césped a decenas de federales echando la siesta. Luego nos metimos al interior donde me acuerdo que estaba Gerardo Arvayo, y venían de traer a Margarita de Ottis y a Martín Camargo.  A lo lejos se escuchaba la voz inconfundible de Raúl Romero con su habitual valor y bromeando con el Jefe de averiguaciones previas de la PGR, despidiéndose de mano de él y diciéndole “bueno mucho gusto y vámonos a otra cantina”.
Raúl Romero encabezaba la lista con una anotación especial : “Muy peligroso”.
Salió de una habitación ya que lo habían “tecleado” me dio una palmada y me dijo.  Tranquilo, no pasa nada. Detrás de él pasó un tipo alto que se le notaba el rango y nos dijo: Les vamos a tomar una declaración por requisito, ya se aclaró que todo fue un malentendido.  Soy fulano de tal, director general de averiguaciones previas  de la PGR.
4:30 de la tarde
El que sigue, me dijeron y pasé a otro cuarto donde con una máquina de escribir un federal me preguntó todos  mis generales y después me leyó una declaración estandarizada. Según recuerdo, su contenido general decía más menos así:
“Declara el señor Teodoro Cervando Flores Castelo originario de BLA,BLA,BLA… que el señalamiento de los grupos sindicales como de Izquierda, Centro y Derecha se  denominan en base a la ubicación geográfica de las butacas en el recinto sindical y no por filiación política, donde acostumbran sentarse los asambleístas y que el  mote de Kadafis, para un grupos Sindical nada tiene que ver con grupos subversivos o armados y es mas que todo producto de un lenguaje coloquial…….BLA, BLA BLA ,,”
Cuando me terminó de leer “mi declaración” creo que la firmé como tres veces y hasta por detrás para que no hubiera duda.
5:30 de la tarde

La tarde terminaba por caer y el color empezaba a cubrir mi cara,  así como también la estabilidad de mi aparato digestivo era todo un hecho, lo cual evitó una urgente e imprudente entrada al baño.
Cuando los federales nos indicaron que ya podíamos retirarnos. Me despedí de ellos como lo hace el ahijado agradecido con su padrino benefactor y salí a toda prisa del patio de esa centenaria e histórica vivienda de ocho chimeneas, donde el legendario  William Cornel Greene y familia vivieron plácidamente cien años atrás.
Comentario. Al tiempo de estos eventos y con la posterior reapertura de las labores en la mina de la cual se hizo, cargo antes de la venta la Financiera Nacional Azucarera, el Licenciado Teófilo Romano (QEPD), miembro del equipo encargado de “encalichar” la mina para venderla.  Nos comentó a un grupo de representantes sindicales que la instrucción original de los federales era la fabricación de delitos en contra de todos los enlistados con siembra de armas y drogas, estrategia que generó diferencias en el gabinete de Salinas y que fue Luís Donaldo Colosio(QEPD), entonces presidente del PRI nacional, y con fuerte estima y arraigo en  Cananea quien literalmente “se atravesó” en contra de la opinión del propio Salinas y del ala más conservadora encabezada por Pedro Aspe.  Se opuso rotundamente a esa  medida y es por ello, nos dijo,  que están ustedes platicando conmigo y no están en el bote encerraditos.
6 de la tarde
Camine junto con otros ex indiciados de carácter federal al igual que yo rumbo al Ronquillo y en la histórica Esquina de la Democracia donde se desarrollaba un mitin encabezado por potentes discursos de dos grandes oradores recién retirados de la mina el “Kiko” Méndez y Manuel Córdova “el Verigon” quienes invitaban al pueblo de Cananea a unirse con la Sección 65 y rechazaban el golpe artero mientras los vehículos militares tropas  y los federales pasaban por la calles del Ronquillo  la gente dispersa pero firme empezaba a arrimarse
7:00 de la tarde
El mitin termino y yo me retire a dormir o ha no dormir en lo que fuera el día mas largo de mi vida que hasta hoy recuerde
Comentario final. En los días posteriores y previo a que nos trasladáramos una comisión de difusión al centro del país  la parabólica del club cochi’s regalaba la señal a un sector del pueblo y estaba de moda el canal HBO  en ingles y yo que odio las película de terror, me hice un adicto temporal a ellas en esos días de zozobra personal y colectiva ya que me abstraía totalmente de la realidad mientras veía a un encapuchado destazar sorpresivamente a jóvenes adolescentes en una de las tantas versiones de Viernes 13 o Halloween.


VISITA DE LOS PRESIDENTES FORD Y ECHEVERRÍA

El 21 de octubre de 1974, siendo presidenta municipal la doctora Alicia Arellano Tapia de Pavlovich, tuvo lugar la entrevista de los presidentes Luis Echeverría y Gerald Ford , de los Estados Unidos, Desde entonces, al salón donde se reunieron estos personajes se le llama el Salón de los Presidentes.Hasta 1974 no eran tan conocidas.

Pero le regaló una a Gerald Ford. El Presidente de Estados Unidos. Y desde entonces se pusieron de moda aquellas chamarras “estilo Marlboro”. Les apodaron así aprovechando la publicidad. Es que nada más las vieron los gringos y quedaron maravillados.

Para pronto se la enchalecaron a un artista vestido de vaquero. Así apareció en los anuncios del cigarrillo. Y al ratito todo mundo vestía prendas iguales. De cuero como sin curtir. Aborregadas por dentro. Saliendo tanta lana para resaltar en los puños y el cuello. Calientitas.

Echeverría y Ford se reunieron en el Palacio Municipal de Magdalena, Sonora. Apenas dos semanas antes estaba en ruinas.

Lo reconstruyeron para dejarlo nuevecito. Quedó hermosa la sala donde fue la plática presidencial. Hasta llevaron enorme cuadro de don Benito Juárez. El que estaba en Los Pinos o una copia fiel.
Era octubre 21 del 74. Antes los presidentes se encontraron en Nogales.

Ellos y los reporteros fuimos transportados en helicópteros gringos. Luego intercambio de regalos. A los reporteros nos dijeron: “El señor Presidente Luis Echeverría obsequió una chamarra al señor Presidente Gerald Ford”. Algún compañero preguntó, palabras más, palabras menos: “¿Chamarra de qué tipo?” La respuesta fue: “De las que hacen en Caborca”.

Y por esa reunión presidencial en Magdalena se afamaron las chamarras estilo Malboro.
Otros reporteros escribieron sobre esta fecha, que es una efemérides más en los anales cronológicos del municipio.

Vino mucha gente, se abarrotó como nunca la recién inaugurada Plaza Kino Monumental, todos los pueblos estaba representados, no sólo del tercer mundo sino del río de Sonora, de Caborca, de Nogales, de Cananea, de Agua Prieta y Naco, de todos lados se dejé venir la gente a ver a los presidentes que se encontraban en la cúspide de su carrera política.

Eran tiempos difíciles pero había paz, cierto progeso que a duras penas el gobierno de Luis Echeverría estaba impregnando en las regiones rurales. La Dra. Alicia Arellano Tapia hija de un reconocido maestro de la localidad, el Profesor Jesús Arellano, estaba en la alcaldía, le tocó en suerte ser la digna anfitriona; ella mandó a todos los ciudadanos un mensaje de unidad y de ponerse a arreglar el pueblo, fachadas, parques y escuelas para que los presidentes tuvieran una estadía memorables.


VIVA LA REVOLUCIÓN/ALZAMIENTO DE LOS INDIOS MAYOS

Thomas A. Robertson. Viva la Revolución/ Alzamiento de los Indios Mayos. Colección del Bicentenario  de Juárez, Sinaloa, No.1. Comisión Estatal para los Festejos del Bicentenario del Natalicio del Lic. Benito Juárez García/Archivo Histórico General del Estado de Sinaloa. Culiacán, Sin., México, 2005, 75 pp.

Los indios, la revolución y los indios, el alzamiento de los Mayos y la neocolonización. De repente una antorcha como una luz de futuro, el indio mexicano Benito Juárez García, Benemérito de las Américas, ejemplo del indio que hace Patria en el mestizaje y abrazando al hermano derrota al extranjero que quiere imponer su forma de vida y de gobierno, el tardío y vergonzoso embate y acoso del europeo ilustrado que sueña con ser rey.

 

 1864, el Presidente Benito Juárez y el General Zaragoza, Antonio Rosales y San Pedro Culiacán, el 5 de mayo sinaloense, Higuera de Zaragoza en Ahome, Mochicahui, Charay. Los indios Mayos y los Yaquis.

Aquí, en esta colección, dentro de los festejos del Bicentenario del Nacimiento del Benemérito de las Américas, Lic. Benito Juárez García, estas imágenes hermanas de las que mis abuelos maternos me narraban, de cuando ellos como Thomas Robertson tenían trece años en 1910, y la Revolución Mexicana desatada en el Centenario de la Independencia los envolvió.

La “bola” que levanta Yaquis y Mayos una vez más y los envuelve en un proyecto de nación, dentro de su nación desquebrajada y no entendida, soslayada y utilizable para el proyecto republicano que abraza la nacionalidad y que ya en el último porfiriato de 1903, había permitido fundar la Utopía del Sudoeste, la Colonia Americana de Los Mochis y Topolobampo, la participación de los colonos en la contienda revolucionaria y en 1915,

La vorágine del alzamiento regional de los Indios Mayos, el Río Fuerte teñido de jugo de pitahaya, del rojo sangre de la Patria de un proceso que teje su propio mestizaje, al volver a mezclarnos con ciudadanos chinos y norteamericanos participando en nuestra Revolución.
Tenderos alemanes y agricultores ingleses pertrechando a veces a los unos, a veces a los otros, soldados obregonistas enfrentados  a “los pelones” y éstos cazando carrancistas, arrastrándolos por entre las piedras y chamizos y al final colgándolos de las ramas de una higuera, hasta que las aves de rapiña y los animales del monte los dejen en los puros huesos y, gracias a esto, alguno sobre la base de su heroico sufrimiento suba al cielo y se convierta en el “ánima del carrancista”….

bulto de piedras  del ahora, bajo la misma fronda y enterrado en el mismo salitroso predio, venerado por los habitantes del pasado de esa historia y que allí crecieron con él en la parcela y que luego lo hicieron tradición de boca en boca.

Recuerdos del pasado sinaloense que ahora son historia. Memorias de un Robertson  Bunker de Los Mochis que se fue a California, y con él creció la patria y se hizo libro, floreció como jardín en el bolsillo y en la memoria, ecos del pasado que repican entre las parcelas ejidales y…. que fueron los predios de los Hays, los Johnston, los Drake, Los Mulkey, los Sayer; recordamos a Gerta, a Helmut y Joffa de la familia Kurt, y a otros tantos que como fantasmas se pierden en mil noches que sí dejaron huella, que sembraron el algodonero, la caña de azúcar y la alfalfa, poblaron Bajonea, La Logia, Salsipuedes, San Miguel y el Guayabo, El Ranchito que una creciente se llevó y repobló San Lorenzo.

Aquí está el colorido retrato de los Mayos que se escondían bajo la

arena del Río Fuerte y entre los chamizos, para dejar pasar a “los pelones” y luego caerles por detrás, silenciosamente  clavarles con sus arcos varias “jaras” de mayo remojadas en veneno de alacrán o de serpiente,  tumbarlos del corcel y rajarles el pescuezo con un frió puñal patriota y justiciero.

Como fantasmas pasan las imágenes a caballo de los jefes guerrilleros José María Ochoa, Felipe Bachomo, Julián Bacome y  Miguel Vainoro. Días y noches llenos de furia y heroísmo, de fuego y pólvora,  de incendios de fincas y sembrados, de hurto de caballos y robo de mujeres, de vacas destazadas y de noches de gritos y de fiesta, del sonar de tambores y repicar de campanas, batallas en el desierto panorámico bajo la luz de una inmensa y arenosa luna,

la casa en la playa de los Robertson Bunker que hipnotiza a Thomas Antonio, que nos entrega en estos textos unas cuantas memorias de origen y pasado sinaloense, recuerdos de una historia que nos ha dado casa y Patria y razón de ser; porque la historia es un profeta con la mirada vuelta hacia atrás: ya que por lo que fue, y contra lo que fue, anuncia lo que será.

* Colaborador del Archivo Histórico General del Estado de Sinaloa


OFICIA EL ARZ. ULISES MACÍAS MISA A SAN FRANCISCO

Centenares de files católicos asistieron a la misa especial a San Francisco Javier en el atrio de la iglesia de Santa María Magdalena, encabezada por el Arzobispo de la Diócesis de Hermosillo, José Ulises Macías Salcedo.

Como se ha hecho ya una tradición, la misa de la víspera del festejo a San Francisco Javier, su figura fue sacada de su recinto ubicado a un costado de la Iglesia y expuesto a sus durante la ceremonia en donde también participaron funcionarios municipales encabezados por el Alcalde Luis Melecio Chavarín Gaxiola.

Durante la homilía, el Arzobispo Macías Salcedo reconoció la gran fe de los devotos de San Francisco Javier, que por miles se congregan cada año para adorarlo y pedirle su intercesión ante el altísimo para superar adversidades.

“Realmente me causa un gran entusiasmo la gran fe que tienen en él, he visto con alegría a muchos de ustedes, pedirle, rogarle y acercarse para agradecerle los favores recibidos. Que bueno que regresen estos días a Magdalena para verle y acompañarlo en su celebración” dijo.

En su mensaje, el Obispo recordó a los presentes la importancia de ser buenos cristianos, y recomendó a cada uno hacer un examen de conciencia para ver si con lo que saben y conocen de la palabra de Dios, les es suficiente y si están a gusto.

“No es bueno cristiano aquel que sabe mucho de la palabra, tampoco aquel que es muy piadoso, pues existieron personajes como Gandi, al que admiro personalmente y que jamás conoció a Cristo, pero sin embargo era el líder espiritual de la India. Su mensaje fue claro y contundente, pues simplemente siguió el mandamiento que Jesús dejó como nuevo: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” dijo.

Por lo anterior, llamó a los católicos a preguntarse si hasta el momento están contentos con su vida amando a sus semejantes, y de ser negativa la respuesta, a poner empeño en servir y ayudar al prójimo.

Al iniciar la santificación, el Arzobispo manifestó su alegría al presentarse una ligera lluvia, que aseguró: “siempre nos hace falta”.

Fue al momento de la comulgar, que una larga fila de feligreses se formó para adorar al San Francisco Javier que posteriormente fue regresado a su recinto.

Adoran la reliquia del Santo

Al finalizar la misa, se presentó a los feligreses una reliquia de San Francisco Javier que está para su adoración en el sagrado recinto.

Explicó que en tiempos del Obispo Juan Navarrete, viajó al Vaticano para solicitar al Sumo Pontífice una reliquia, que es una pequeña parte del cuerpo del santo.

La autoridad eclesiástica respondió a la solicitud, enviando para su adoración una astilla del hueso del brazo derecho del Santo acostado, que encuentra a la vista de todos acompañando la figura tradicional.

“La iglesia logró rescatar solo el brazo derecho de San Francisco que falleció en el oriente. Debido a las costumbres, no se permitió la recuperación completa de su cuerpo, pero si de uno de sus brazos. Pues bien, una astilla del hueso recuperado la tenemos aquí en Magdalena, por ello los invito para que la conozcan” dijo.

Finalmente, los fieles católicos cantaron las mañanitas para iniciar el festejo al Santo Patrono.


Magdalena la cuna de los constituyentes sonorenses de 1917

Magdalena, Son., septiembre 16.- En esta ciudad, cuna de los constituyentes sonorenses de 1917, fue inaugurado esta noche el Primer Periodo de Sesiones Ordinarias del segundo año de ejercicio constitucional de la LIX Legislatura, donde se eligió mesa directiva para lo que resta del mes, se turnó a comisiones una propuesta de Acuerdo por Cananea y se presentó el informe de labores de la Diputación Permanente.

A propuesta del diputado Roberto Ruibal Astiazarán, misma que fue aprobada por el Pleno, la mesa directiva para lo que resta del mes de septiembre quedó integrada por los diputados Raúl Acosta Tapia, como presidente; Otto Guillermo Claussen Iberri, como vicepresidente; Moisés Ignacio Casal Díaz, como primer secretario; Carlos Heberto Rodríguez Freaner, como segundo secretario y Jorge Antonio Valdez Villanueva, como suplente.

La apertura del Primer Periodo de Sesiones Ordinarias contó con la presencia del presidente municipal de Magdalena, Luis Melecio Chavarín Gaxiola, así como con ex alcaldes de este municipio.

El diputado Acosta Tapia dio lectura a los decretos y acuerdos relativos al traslado de poderes a Magdalena de Kino en el año de 1917, así como el bando solemne de la Constitución de ese año, con base a la Ley número 2 que traslada al Congreso Constituyente a la Villa de Magdalena, dado el 30 de junio de 1917.

La misma establece que, ante la urgencia de restablecer el orden constitucional roto por la lucha armada que envolviera al Estado durante los últimos años de aquella época y ante la necesidad de ajustar la Constitución local a los preceptos de la General de la República, el gobernador interino, Adolfo de la Huerta, convocó a elecciones extraordinarias para designar Gobernador del Estado, diputados al Congreso local, magistrados del Supremo Tribunal de Justicia y Procurador de Justicia, a realizarse el 13 de mayo de 1917.

El acta destaca que el Congreso tendrá carácter de constituyente para el sólo efecto de implantar las reformas adoptadas, para continuar después como simple cuerpo legislativo, por lo que fue electo como Gobernador del Estado el ciudadano Plutarco Elías Calles y otros ciudadanos a los diversos cargos mencionados en el acta.

Como siguiente punto, el diputado César Augusto Marcor Ramírez, secretario de la mesa directiva saliente, dio lectura al informe que rinde la Diputación Permanente, cuya Presidencia fue encabezada por el diputado Bulmaro Pacheco Moreno.

Expuso que en el período de ejercicio constitucional comprendido del 1 de julio de 2010 al 15 de septiembre de 2010, la Diputación Permanente, atento a lo dispuesto por el artículo 75 de la Ley Orgánica del Poder Legislativo, llevó a cabo un total de once sesiones ordinarias para el cumplimiento de las atribuciones constitucionales y legales que le competen.

Durante los trabajos de este periodo, el Congreso del Estado de Sonora aprobó, siete decretos y ocho acuerdos; se celebraron tres sesiones extraordinarias del Pleno del Poder Legislativo, para efecto de conocer y desahogar diversos asuntos, entre los que destacan los siguientes:

– El informe que rinde la Comisión de Vigilancia del Instituto Superior de Auditoría y Fiscalización, en relación a la cuenta pública del Gobierno del Estado del ejercicio fiscal de 2009 .

– El dictamen que rinde la Comisión de Vigilancia del Instituto Superior de Auditoría y Fiscalización, en relación a la revisión y fiscalización de las cuentas públicas de los municipios de la entidad, relativas al ejercicio fiscal de 2009.

Dentro del apartado de decretos, fue aprobada una línea de crédito al Ayuntamiento de Nogales hasta por la cantidad de $35´770,000.00, cuyo monto pretende destinarse a la construcción de una reserva territorial para el desarrollo urbano y la vivienda mediante la adquisición del predio conocido como “Centauro de la Frontera”.

Entre los acuerdos destacan el llamado a los concesionarios del servicio público de transporte, sistema urbano, que presten el servicio con unidades equipadas con aire acondicionado y que hayan sido beneficiado con recursos otorgados por el Gobierno del Estado a través del Fondo Estatal de Modernización del Transporte.

El exhorto se emitió a fin de que respeten el estado de Derecho y “den efectivo e inmediato cumplimiento, al deber impuesto por esta Soberanía que les genera la obligación de prestar su servicio con los equipos de aire acondicionado encendidos durante la temporada de calor, comprendida ésta a partir del 1° de mayo al 30 de septiembre, de tal forma que los ciudadanos en general puedan recibir un servicio acorde a sus necesidades como usuario”.

También se aprobó un exhorto al titular del Poder Ejecutivo de la Federación, para que a través de la Secretaría de Salud, en el ámbito de sus facultades legales, instrumente un programa específico con el objeto de que se afilie al seguro popular a los connacionales que sean objeto de repatriación como resultado de la ley SB1070.

La Diputación Permanente aprobó diversos puntos de acuerdo, así como exhortar al titular del Poder Ejecutivo de la Federación para que, a través de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, realice todas aquellas acciones legales a efecto de cesar los incrementos a los precios de la gasolina y el diesel en nuestro País.

Asimismo se aprobó una agenda mínima de trabajo para ser desahogada durante el Segundo Periodo de Sesiones Extraordinarias del primer año de ejercicio constitucional y se resolvió exhortar al titular de la Secretaría de Gobernación, a efecto de que lleve a cabo las acciones y gestiones que resulten necesarias que conlleven a agilizar la solicitud de declaratoria de emergencia para el municipio de Nogales, Sonora.

Fueron atendidos doce  juicios de amparo interpuestos ante la justicia federal por diversos ciudadanos, en los cuales el Congreso del Estado fue señalado como autoridad responsable, rindiendo al efecto los informes previos y justificados por la Ley en la materia.

Posteriormente correspondió al diputado Daniel Córdova Bon dar lectura a una iniciativa para que el Congreso del Estado se manifieste en relación a los hechos violentos ocurridos en el municipio de Cananea, el miércoles 8 de septiembre de 2010 y días subsecuentes, con motivo del conflicto laboral minero que impera en dicha región.

La propuesta es en el sentido de que el Congreso del Estado manifieste su solidaridad con los habitantes del municipio de Cananea y el movimiento obrero que se desarrolla en esa región mineral.

También para que este Poder resuelva exhortar a los titulares, tanto del Poder Ejecutivo Federal como del Ejecutivo estatal para que, en el ámbito de sus atribuciones, intervengan favorablemente en la solución de la problemática laboral que acontece en dicho Municipio, privilegiando el diálogo entre los involucrados, solicitando que se abstengan de realizar actos que polaricen aun más el conflicto y realicen las acciones necesarias para impedir que se violenten los derechos humanos de los involucrados y que, en ningún caso, se utilice la fuerza pública como medida para resolver el conflicto de referencia.

La iniciativa fue turnada por la Presidencia a la Comisión Especial por Cananea, que integran los diputados Córdova Bon, José Enrique Reina Lizárraga, Roberto Ruibal Astiazarán, Gorgonia Rosas López y César Augusto Marcor Ramírez.


BOMBARDEO AEREO SOBRE LOS YAQUIS

saludos cordiales a todos ustedes. Pues aqui de nuevo subiendo mis crónicas culturales cajemenses  y la fantástica leyenda de Cócorit de la década de 1940-1950, famosa por su humorismo en relación a los bombardeos obregonistas contra los yaquis. ¡Gócenla!

  

Leyendas urbanas de Cócorit: El avión Bimotor Sonora en el Museo de Sonora en la Revolución.

 A de ser la alineación cósmica de los tres planetas con la tierra la razón por la cual el calor desminuyó  y las noches refrescaron a nuestro grandioso hábitat  por sus misterios,  fantásticas leyendas y mitos,  e ideal para visitar la ex residencia de don Pancho Obregón transformada en mi museo favorito después de caminar por las banquetas obstruidas por  impunes automovilistas:

 

¡Toda una tradición de Cajeme optima para el marketing (mercado) turístico itescano! Y porque no,  por nuestras calles desarboladas  imitando al ecocidio de la cuenca baja del río Yaqui con sus pueblos tradicionales  muriéndose de sed y sobre la avenida Nainari con sus lujosas residencias de la bella época  “oviachera ” post revolucionaria  transformadas en taquerías presentándonos un espantoso panorama dantesco-fauvista, liberal laico  o conservador católico de nuestra sociedad en decadencia.

Gran éxito tuvo el debut del afamado escritor, Genaro Cornejo ante las y los cultos  literarios cajemenses  en la pasada presentación del libro “Como Temiendo el Olvido” en la sala de usos múltiples del Museo de Sonora en la Revolución, presentado ante vasto público por el guaymense José Luis Islas Pacheco, director de museo y reseñado por el escritor tapatío Ramón Iñiguez Franco, aludiendo a un anecdotario  de 1986 que usted ya leyó el domingo pasado y por el escritor hermosillense Ignacio Mondaca, dejándonos saber sobre la extensa obra literaria de novelas y cuentos por el citado autor de “La Sierra y el Viento”, quien, al relatar sus cómicas experiencias: –Llevando a cuestas un costal de orgullo y una maleta de libros sobre la espalda–.

Terminó  su intervención  con la anécdota de Yécora, cuando lo visitaron los judiciales para celebrar  emocionados “Justino Judicial”, una de sus novelas, y autografiando sus libros vendidos.

 Durante el vino de honor, le indiqué:  –La próxima vez que venga a Cajeme, tráigase dos maletas de ejemplares a cuestas porque se vendieron todos… y a usted lo conozco por los artículos dominicales de Mayo C. Murrieta publicados en este suplemento–: “¡Sí, cómo no! Mi buen amigo Mayo”, contestó, aludiendo su entrañable  amistad con él, en el Distrito Federal.

También asistí a la presentación del  Calendario Cívico del Boletín Oficial y Archivo del Estado de Sonora con magníficas fotografías antiguas, muchas de ellas previamente observadas en  libros de historia, presentado en un audiovisual por la amable y entusiasta licenciada Dolores Alicia Galindo Delgado, bajo la luna y ambiente nocturno iluminado por velas sobre mesas redondas de aluminio en el jardín posterior de la residencia y frente al monumento “Memorial  a los Héroes Desconocidos” con el impactante mensaje escrito sobre piedras labradas: — Miles de voces, / presencias y ausencias, / una memoria contra el olvido del pasado, / con el futuro–.

Lamentablemente, no caía  agua en su cascada al espejo de agua forrado con azulejo azul. ¡A de ser porque  se la llevaron a la Ciudad del Pitic! Pero, afortunado fui al conversar  con la atractiva decoradora de interiores, Roxana León Bórquez, egresada de la Universidad Autónoma de Guadalajara, sobre temas de su profesión en nuestra ciudad donde aún anhelamos, agrícolamente, el tradicional estilo imperio Luis XV en nuestras casas.

–Vamos a plantar el “Árbol del Bicentenario” en  plazas públicas de cada municipio de Sonora–,  aludió, muy emocionada,  la coordinadora general, Alicia Galindo Delgado,  a quien, debajo de los arcos coloniales, le pregunté: ¿Qué especie de árbol se va a plantar? Espero, que esta magnífica idea no se politilice  por la animadversión de los cajemenses contra los hermosillenses por el agua del Novillo–:

= Una ceiba, por ser centenarias, como las plantadas en Cócorit =, sugirió, la regidora a quien no le pregunté su nombre ni afiliación partidista, pero, en lo particular, no estoy de acuerdo con ella, porque a los yaquis de la Loma de Guamúchil y de Tajimaroa, asentamientos del verdadero Pueblo Tradicional de Cócorit, les recordará, no la deidad maya precolombina sino la infame esclavitud en Yucatán de que fueron expuestos por el Régimen de Porfirio Díaz Morí y de la  Revolución Mexicana.

Como otra opción más viable, propongo recurrir a la flora endémica y emblemática del desierto de Sonora para  plantar  un  gigante cardón, pitahaya o sahuaro que duran más de 200 años de vida, y como segunda elección: Un mezquitón,  jito o palo fierro, sin llegar a escoger el tradicional  álamo, yucateco, pino o eucalipto rompevientos del cajemismo conservador de  anteayer. 

Después del sabroso vino de honor, salimos a la banqueta de la calle Nainari para observar la inusual ceremonia  de iluminación de las mega fotografías del calendario, colocadas sobre las rejas de la otrora residencia estilo colonial de don Pancho Obregón  por el Presidente Municipal, Manolo Barro, la licenciada Galindo y el caballeroso director guaymense José Luis Islas Pacheco, para proseguir con la visita a cada una de ellas, mientras nos reíamos por el  comentario jocoso del director, al informarnos el porqué se sitúan en el exterior:

 –Es para que la gente las admire desde la calle debido a que no quiere o tiene miedo  de entrar al museo–. Y terminar la noche con un magnifico  espectáculo de juegos pirotécnicos como en feria regional.

Aleccionador estuvo el Curso de Historia de México impartido por el escritor navojoense, José Rómulo Félix Gastélum y el historiador Benjamín Gaxiola Loya, del Instituto de Estudios Históricos de Sonora, A. C. en la sala del MUSOR atendido por unas treinta personas interesadas en los parajes históricos sucedidos desde la Sonora autóctona  prehispánica a la Revolución Mexicana y el sonorismo asentado en la silla presidencial.

Me gustó el formato,  el encanto  y la participación de los familiares (nieta y bisnieta) del general Álvaro Obregón contándonos anécdotas  de su “Papá Grande”, como el caso de la fotografía del “Niño Corneta” de la milicia constitucionalista, dando ordenanzas opuestas para confundir al enemigo en batalla.

Aproveché la ocasión para  recorrer  las salas del museo y quedar extasiado con la magnífica instalación de mascaras chivatos e indumentaria dancisitca de  yaquis y mayos coleccionadas por don Pancho Obregón y por el realismo interpretativo de mi escena favorita e icono del recinto, como lo es el vuelo del avión   bimotor Sonora a escala del original:

No porque me recuerde el primer bombardero aéreo en el mundo sobre el puerto y bahía de Guaymas, o  el de  la isla de la Piedra, en Mazatlán; si no porque, me da risa,  a carcajadas, el recordar la leyenda urbana cocoreña del pasado bombardeo del general Obregón sobre los yaquis “Alzados” en sus refugios de la sierra del Bacatete y pueblos del río;  a quienes se les preguntaba:

“¿No le tienen miedo a los aviones?”

 Ellos, con su típica altivez y con épica valentía, contestaban:

–¡No, no les tenemos miedo!… para luego,  añadir:

–A lo que le tememos es: ¡A  la “cuachada” que  mata!

Refiriéndose a las bombas que les arrojaban desde el cielo. Ja, ja, ja.


310 aniversario de la fundación de la ciudad de Hermosillo

Eclesiásticamente la ranchería de El Pitiquín o Pitiquín de Pimas Cocomacaques, es el antecedente más antiguo de la actual ciudad de Herm

“Eclesiásticamente la ranchería de El Pitiquín o Pitiquín de Pimas Cocomacaques, es el antecedente más antiguo de la actual ciudad de Hermosillo, fundada o más bien, sometida a la obediencia del Rey de España y del Papa, en un día como hoy, 18 de mayo de 1700 en el lugar que hoy es el vaso de la presa Abelardo L. Rodríguez”.

De acuerdo con el libro “Historia de Hermosillo: origen, fundo legal, antiguos ejidos”, de Ignacio Lagarda Lagarda, la capital sonorense cumple hoy 310 años de fundación, desde que un grupo de cien indios pimas cococamaques, que vivían de la caza y la agricultura al pie de los cerros conocidos como La Cementera, fueran bautizados por el padre Ádamo Gilg.

Al evento asistieron miembros de la sociedad hermosillense que brindaron por el aniversario fundacional de Hermosillo y disfrutaron de un rico pastel. Posteriormente se realizó una mesa de análisis sobre la vida y obra del General Abelardo L. Rodríguez impartida por los escritores Jorge Murillo Chisem y Carlos Moncada Ochoa.


EFEMÉRIDES MES DE MARZO

1 de Marzo

1883. La poetisa alamense Margarita Almada publica una de sus poesías en la cual dio a su ciudad natal el nombre de Ciudad de los Portales. Sobre esta culta dama don Francisco R. Almada nos dice que nació en Álamos el año 1860 y que publico un monologo titulado Constancia, y que durante muchos años fue profesora de música.

Doña Margarita fue una españolista decidida en una época en que todavía se vituperaba a España, publicando artículos en la prensa en forma mesurada e inteligente. Falleció en la ciudad de su nacimiento, en diciembre de 1943.

2 de Marzo
1928. Fallece en Los Ángeles, California, el coronel Emilio Kosterlitzky. Muy joven vino al país Kosterlitzky y adquirió carta de ciudadanía mexicana. Se radico en Sonora y causo alta en Guardia Nacional el 1 de marzo de 1873. Comenzó como soldado raso y grado por grado se los fue ganando por su valor y disciplina en sus 35 años en el Ejercito.

En 1906 en Cananea, durante la huelga cumplió una vez mas como militar y mexicano, al exigir al gobernador Rafael Izábal que hiciera salir del Estado a los rangers de Arizona que este permitió que vinieran a proteger los intereses de la empresa minera.

El coronel de origen polaco, convertido en soldado de México, reconoció al general Victoriano Huerta como presidente interino y esto le ocasiono la baja del Ejercito.
1916. Se lleva a cabo el matrimonio civil, en Hermosillo, del general de división Álvaro Obregón, con la señorita Maria Tapia Monteverde. Fueron testigos los generales Manuel M. Dieguez y Francisco R. Serrano. La ceremonia tuvo lugar en la casa numero 15 de la calle Urrea (hoy bulevar Hidalgo).

3 de Marzo
1929. Se promulga el Plan Hermosillo, causando funestas consecuencias al Estado.
El Plan fue redactado por el licenciado Gilberto Valenzuela, quien molesto con el general Plutarco Elías Calles por cuestiones políticas, participo como consejero de ese cuartelazo encabezado por los generales José Gonzalo Escobar y Fausto Topete, siendo este gobernador constitucional del Estado por el cuatrienio de 1927 a 1931. La asonada fracaso y los militares involucrados en el movimiento marcharon al exilio junto con el licenciado Valenzuela.

4 de Marzo
1981. Se crea el Instituto de la Vivienda a nivel nacional.
En esa fecha se instalan en Sonora las oficinas dependientes del citado Instituto, y causa optimismo entre las personas menos favorecidas por la fortuna. Desgraciadamente la mala dirección pronto dejo sentir sus efectos, aunándose a esto la crisis económica que envolvió al país.

5 de Marzo
1913. El Gobierno de Sonora desconoce al general Victoriano Huerta como presidente interino de México, considerando-le como un usurpador. El general Huerta traiciono al presidente Madero después de que este le nombró comandante militar de la plaza de México, cuando un grupo de generales se rebelo contra la autoridad del jefe del Poder Ejecutivo Federal.

A este capitulo de la historia de México se le llama Decena Trágica, que comenzó el 9 de febrero y termino el 18 del mismo mes. Entonces Huerta, por medios legaloides se apodera de la Presidencia y unos días después manda asesinar a los primeros mandatarios del país, Francisco I. Madero y José Maria Pino Suárez. Ante estos hechos los sonorenses, que habían respaldado la revolución de 1910, no podían permanecer indiferentes y fue don Ignacio L. Pesqueira, gobernador interino, quien firmo el decreto junto con el presidente y el secretario del Congreso, y el secretario de Gobierno. Así dio comienzo la revolución de 1913 que dio al traste con el Gobierno huertista.

6 de Marzo
1911. Es asesinado en la Puerta del Sol, de Ures, Enrique Esqueda.
El señor Esqueda era un hermosillense que se afilio al Partido Antirreeleccionista en 1910 y tomo las armas a las ordenes del coronel Juan G. Cabral para combatir a la administración del general Porfirio Díaz. El 2 de marzo de ese año fue enviado a pedir la plaza de Arizpe en nombre de la Revolución y cumplió esa comisión. Entonces las autoridades superiores ordenaron al prefecto que le aprehendiera y fusilara. El prefecto de Arizpe solo cumplió la primera parte de la orden y envió al señor Esqueda con una escolta, a Hermosillo. Poco antes de llegar a Ures, fueron interceptados por un grupo de policías estatales y se hicieron cargo del detenido y un cuñado que le acompañaba, asesinándoles.

7 de Marzo
1538. Fray Marcos de Niza sale de San Miguel de Culiacán, hacia el noroeste, en busca de los reinos de Cibola y Quivira. Después de haber arribado a la Ciudad de México Álvaro Núñez Cabeza de Vaca y sus compañeros de naufragio, fray Marcos organizó una expedición por instrucciones del virrey de la Nueva España, para localizar los reinos de Cibola y Quivira. La expedición resulto en vano en virtud de que el guía dejo de existir y hubo la necesidad de regresar por donde habían transitado, manifestando que habían visto ciudades fabulosas de oro y diamantes, lo cual era inexacto, impresionando a las altas autoridades virreinales, que enviaron otra columna de exploradores que también termino en un fracaso.

8 de Marzo
1892. Nace en San Miguel de Horcasitas Juan de Dios Bojórquez.
Bojórquez hizo sus estudios de ingeniero agrónomo en la Escuela Nacional de Agricultura, y en 1913 empezó a figurar-en política como empleado de la Secretaria de Comunicaciones y Obras Publicas. Posteriormente ocupo los siguientes puestos: Vocal de la Comisión Agraria, diputado al Congreso Constituyente de Querétaro, regidor del Ayuntamiento de Hermosillo, diputado en 1920, ministro de México en Honduras, jefe del Departamento de Estadística Nacional, jefe del Departamento de Trabajo y Previsión Social, secretario de Gobernación, etc.

Dirigió la publicación histórico-geográfica titulada Sonora, Sinaloa y Nayarit. Fue autor de los siguientes libros: Sonot, El héroe de Nacozari, Pasando por Paris, Obregón, Monzón, General Jesús M. Garza, Calles, El mundo es igual, Lázaro Cárdenas, Islas Marías, Champ, Crónicas del Constituyente y Yorem-tamehua.

9 de Marzo
1824. Mineros de El Aigame y Placitas, descubren una nueva zona minera. Nadie se hubiese imaginado en aquel año de 1824, de que el nuevo mineral descubierto, que le pusieron La Colorada llegaría a ser, junto con Minas Prietas, los mayo-res productores de oro en México.
En su edad de oro La Colorada y Minas Prietas fueron los primeros poblados de Sonora que tuvieron agua potable por tubería y alumbrado eléctrico, salvo Hermosillo, por supuesto.

Hoy, después de casi 80 años de inactividad, las minas de ambos lugares están siendo explotadas por una empresa canadiense y se considera que en cuanto la producción del áureo metal, ocupan un lugar preponderante en la República.

10 de Marzo
1981. Técnicos mexicanos hacen un reconocimiento a una parte del Estado para determinar si existen yacimientos de hidrocarburos. 18,000 kilometres cuadrados de territorio sonorense son estudiados en un levantamiento aéreo. El trabajo fue realizado por Petróleos Mexicanos y hasta la fecha no ha informado de los resultados de esas importantes labores.

11 de Marzo
1870. Fallece en Minas Prietas don Femando Cubillas, ex gobernador del Estado.
El señor Cubillas se hizo cargo del Poder Ejecutivo el 17 de noviembre de 1851 en forma interina por licencia del propietario. Durante su administración se estableció en Ures el primer centre educativo superior que tuvo Sonora. Y por segunda vez ocupo la Gobernatura el 24 de mayo al 1 de junio de 1855.

1862. Fallece en Barcelona, España, don Lázaro de la Garza y Ballesteros-VII obispo de Sonora.

12 de Marzo
1866. El coronel Adolfo Alcántara derrota a los mayos imperialistas, en la acción de guerra del Bayájorit y el Bacame. Alcántara nació en 1837 en Sonora y de padres sonorenses. A los 21 años se dio de alta en la Guardia Nacional dando principio su carrera militar, que fue brillante porque defendió con valor a su patria durante la Intervención y el Imperio. Su hoja de servicios esta llena de acciones de guerra y una de ellas es la que se libro en Hermosillo el 4 de mayo de 1866, contra los imperialistas de José Maria Tranquilino Almada. Encontrándose herido en el hospital militar de Tampico, le atacan unas fiebres malignas y fallece el 16 de junio de 1871.

13 de Marzo
1831. Se instala en Hermosillo el primer Congreso Legislativo de Sonora. Ese mismo cuerpo se encargo de elaborar la primera Constitución Política del Estado, que fue expedida el 25 de diciembre del mismo año 1831.

1867. Nace en Huepac Ignacio L. Pesqueira, gobernador interino en 1913, a quien le tocó firmar el decreto con el que Sonora desconoció al general Victoriano Huerta como presidente de México, el 5 de marzo de 1913. Después del triunfo de la revolución don Ignacio alcanz6 el grado de general de división y ocupo puestos muy importantes del Gobierno Federal.

14 de Marzo
1819. El gran educador Gregorio Almada, nace en Álamos.
Sus padres fueron don Antonio Almada y dona Manuela Zavala. Al terminar su educación en Europa, regreso a su tierra natal y estableció un centre de estudios que denomino “Seminario anglo-español”, de enseñanza primaria y secundaria. Poco después elevo sus enseñanzas a grados superiores y se convirtió en el principal centro docente del Estado.

En 1864 estableció su escuela en Mazatlán, Sinaloa, y a partir de noviembre de ese año permanece alejado de la política. Sin embargo, en enero de 1865 el Ejercito Francés toma Mazatlán y nombra a don Gregorio prefecto imperial. Además es premiado por Maximiliano con la Orden de Guadalupe. Esto obligo al profesor Almada a marchar al exilio después del triunfo de la República.


15 de Marzo
1711. Muere en Magdalena el celebre misionero jesuita Eusebio Francisco Kino.
1895. Nace en Álamos Francisco R. Limón, que llegaría a ser general de división después de participar en la revolución. También se desempeño como secretario de la Defensa Nacional.
1915. El general Álvaro Obregón derrota a la División del Norte en Celaya; pero a la vez pierde el brazo derecho por la explosión de una granada.

16 de Marzo
1831. El primer Congreso que tuvo Sonora, nombra a los señores Leonardo Escalante y Mazon y Tomas Escalante y Corella, gobernador y vicegobernador, respectivamente. Estos dos señores Escalante, fueron los primeros mandatarios que tuvo Sonora al empezar a funcionar como Estado libre e independiente. El poder lo ejercieron hasta el 30 de abril de 1832, ya que el 1 de mayo siguiente entregaron el mando a quienes habían sido electos gobernador y vicegobernador constitucional.
Escalante y Mazon nació en Arizpe; Escalante y Corella en Chinipas, Chihuahua.

17 de Marzo
1905. Nace en Hermosillo Francisco de P. Corella. Corella fue empleado muchos años de la Tesorería General del Estado, de la cual llego a ser contador en 1934, mismo puesto que ocupo en la administración del general Jesús Gutiérrez Cazares. A principios de 1940 paso a la Oficialía Mayor de la Secretaria de Gobierno y, con carácter de interino, substituyo en tres ocasiones al gobernador Macias Valenzuela. Fue un poeta de reconocidos meritos y un hombre inteligente y buen funcionario publico.
1917. Nace en Hermosillo Gilberto Escobosa Gómez, cronista de la ciudad de Hermosillo y autor de varios libros de historia sonorense.

18 de Marzo
1826. Se establece en Hermosillo la Primera Logia masónica, con el nombre de “India yaqui” numero 26, siendo su presiden-te don José Maria Vélez Escalante. Perteneció al Rito Yorktno, juridiccionada a la Muy Respetable Gran Logia Nacional Mexicana.
1945. Es inaugurada en Hermosillo la colonia Pitic, con la presencia del gobernador Abelardo L. Rodríguez, el presidente municipal Francisco R. Carreón y el Arq. Gustavo Aguilar, autor del proyecto y realización de la obra.

19 de Marzo
1883. Muere asesinado por los apaches el destacado educador Leocadio Salcedo, en un lugar cercano a la “Nona de Aguilar”. En esa fecha, día de San José, el señor Salcedo fue invitado por la familia Maldonado Aguilar, a pasar unos días en la Noria de Aguilar, saliendo en un carruaje de Ures, muy temprano.

El día era soleado y el clima agradable a pesar de que apenas se asomaba la primavera. Las horas transcurrían placenteras para los viajeros, cuando repentinamente apareció una partida de apaches quienes al instante asesinaron al profesor, a dona Joaquina Aguilar de Maldonado, al señor Jesús Quijada, al conductor del vehículo y a un mozo. Lograron sobrevivir dos hijos de la señora y su hermano Dionisio, quienes huyeron a campo traviesa sobres sus cabalgaduras, y después de incendiar los indios asesinos el coche, se dirigieron al rancho que era el destino de los viajeros, donde asesinaron a dos personas mas.

Dos días después de aquella horrible tragedia, fue localizado don Dionisio Aguilar, mal herido e inconsciente sobre el pasto y dos días después falleció en Ures. Actualmente perpetúan la memoria del profesor Leocadio Salcedo, una calle de Hermosillo y una escuela en la Mesa del Seri.

20 de Marzo
1913. Álvaro Obregón, después de tomar el puerto fronterizo de Nogales, sale con sus fuerzas a tomar Cananea, en poder del Ejercito Federal. Nogales fue la primera plaza que tomo la tropa improvisada que formaría parte del Ejecito del Noroeste, que un año cinco meses después entraría victorioso en la ciudad de México. Álvaro Obregón, llamado el general invicto de la revolución, nació en la hacienda Siquisiva el 19 de febrero de 1880, y murió asesinado en la capital de la Republica el 17 de julio de 1928, por un fanático católico llamado José de León Toral.

21 de Marzo
1875. Fallece en Hermosillo el patriota sonorense Joaquín Contreras. Contreras nació en Rayón en 1825. Teniendo el grado de mayor de las tropas republicanas, el 25 de octubre de 1865 se introdujo subrepticiamente en Hermosillo y promovió un movimiento contra los imperialistas que se habían apoderado de la Ciudad, y fácilmente logro su objetivo con la ayuda de don Francisco Serna.

Los jefes del Imperio cayeron prisioneros o salieron huyendo con rumbo a Guaymas. Siete días después, por no tener suficientes soldados, Hermosillo fue recuperado por los traidores con la ayuda de soldados franceses que vinieron del puerto. Pero aquella hazaña levanto la moral de quienes luchaban por su patria en condiciones muy difíciles

22 de Marzo
1831. Fallece en Arizpe Rafael Morales. Morales nació en el mineral de Montepori en 1765 y des-de muy joven se radico en Arizpe, donde se desempeño en muchos puestos, como alcalde, interventor de la Real Hacienda, notario publico, subdelegado real, alguacil mayor del Santo Oficio y alcalde constitucional, con cuyo carácter juro la independencia en septiembre de 1821 de acuerdo con las bases del Plan de Iguala. Fue en su época una de las personas de mayor significación en la antigua capital sonorense. En 1822 se le Eligio tercer vocal de la diputación provincial y se encargo de la jefatura política de Sonora.


23 de Marzo
1994. Es asesinado en “Lomas Taurinas” de la Ciudad de Tijuana, Baja California, el apolítico sonorense Luis Donaldo Colosio. Colosio era el candidato del Partido Revolucionario Institucional a la Presidencia de la Republica y su campana se encontraba en una etapa muy avanzada; en todos los lugares de la Republica donde se presentaba era bien recibido; se sabia que iba derecho al triunfo electoral. Era la tarde del miércoles de ese trágico 23 de marzo de 1994; el asesino Mario Aburto Martínez se coloco al lado derecho del candidato cuando caminaba rodeado de sus partidarios después de su discurso.

El homicida acerco a la cien de su victima una pistola “Taurus”, brasileña y calibre 38; repentinamente la acciono y el licenciado Colosio se desplomó herido de muerte. Así, en forma tan sencilla, fue sacrificado un hombre en quien los mexicanos confiábamos que sería un gran presidente. Su personalidad, su prestancia y su brillante oratoria entusiasmaban a las multitudes que le escuchaban. Pero en un lapso de dos segundos la historia de México cambio de rumbo y durante muchos meses el dolor y la desmoralización privaron entre sus partidarios.

24 de Marzo
1913. Álvaro Obregón ataca y toma la plaza de Cananea. Cuando los hombres de la revolución de 1913, se dieron cuenta de que no tenían un puerto fronterizo por donde importar armas y municiones y, por supuesto, por donde realizar exportaciones para adquirir divisas, dispusieron que Obregón con las fuerzas a su mando y las de Juan G. Cabral que se encontraban en Magdalena, atacaran y tomaran la plaza de Nogales. El día 13 de marzo Nogales fue ocupado por los revolucionarios y enseguida recibieron ordenes de tomar Agua Prieta y Cananea. Al mes siguiente, abril, todas las poblaciones fronterizas estaban en poder de la Revolución.

25 de Marzo
1857. La noche de este día, Crabb con sus aventureros norteamericanos, penetran por Sonoyta a Sonora. Henry Alexander Crabb fue uno de los que encabezaron una invasión al Estado de Sonora, con la intención de anexarlo, tal vez, a los Estados Unidos, como sucedió con el Estado de Tejas en 1847. El epilogo de esta aventura tuvo lugar el 6 de abril siguiente, cuando los invasores fueron derrotados y fusilados al día siguiente.

26 de Marzo
1831. Es nombrado el señor Rafael Díaz, tesorero general del Estado, quien fue la primera persona que desempeño este puesto en Sonora. El 13 de marzo de ese año se reunió la primera legislatura que tuvo Sonora y dos días después, esta nombro gobernador provisional al señor Leonardo Escalante y Mazon. El señor Tomas Escalante y Corella recibió el nombramiento de vicegobernador. En virtud de que el señor Escalante y Mazon se encontraba en Álamos en la liquidación de los bienes del desaparecido Estado de Occidente, fue don Tomas Escalante quien de momento se hizo cargo provisionalmente de la Gobernatura, y a el correspondió nombrar al primer tesorero general.

27 de Marzo
1843. Fallece en Tlalistac don Ángel Mariano Morales, VI obispo de Sonora. Don Ángel Mariano nació en el pueblo de Tangancícuaro, Michoacán, el 30 de agosto de 1784. Hizo sus estudios en el seminario de Valladolid, hoy Morelia, del que posteriormente fue catedrático.
En 1832 fue preconizado obispo de Sonora. Desafortunadamente cuando se disponía a emprender el viaje para hacerse cargo de la mitra, sufrió un ataque de apoplegía que le puso al borde del sepulcro. Permaneció varios meses en estado delicado y el 28 de noviembre de 1833 hizo dimisión del obispado. Era el señor Morales de trato agradable, conciliador y caritativo, distinguiéndose también por sus fines moda-les. Unos cuantos años después logro recuperarse de su mal y el lo. de marzo de 1841 se le designo obispo de Oaxaca y en ese lugar ocurrió su fallecimiento.

28 de Marzo
1887. Se realiza un cateo general en San José de Guaymas, bus-cando al fugitivo José Maria Leyva (a) “Cajeme”. José Maria Leyva fue miembro del Ejercito llegando a capitán. En 1874 el Gobierno local le nombro alcalde mayor del Rió Yaqui, desempeñando este puesto durante varios años. Sin embargo, poco a poco fue adquiriendo poder dentro de la Tribu, hasta convertirse en líder de los yaquis.

En 1882 un grupo de enemigos personales se introdujo hasta El Médano con el propósito de asesinarle. El golpe fracaso porque Leyva no se encontraba en el lugar. Entonces, cuando supo la noticia persiguió a los malhechores que se refugiaron en Guaymas; pidió a las autoridades que se los entregaran para castigarles, pero estas se negaron. Como consecuencia de lo que el cacique yaqui consideró una ofensa, se levanto en armas con toda la Tribu. La guerra fue muy costosa y sangrienta, mas a la postre fue vencido “Cajeme”.

29 de Marzo
1865. Desembarcan tropas francesas en Guaymas. La invasión del Ejercito Francés a Sonora, duro diecisiete meses y medio, ya que el 13 de septiembre del año siguiente se reembarco, volviendo al centro de la Republica para cumplir con la orden de su metrópoli, de regresar a Francia. La aventura de Napoleón III de invadir México para respaldar el Imperio de Maximiliano, le resulto muy cara y de efectos funestos para su nación, que gasto recursos que le faltarían al sobrevenir la guerra franco-prusiana. Francia fue derrotada y su emperador perdió el trono.

30 de Marzo
1870. El militar sonorense Adolfo Alcántara, asciende a general graduado. Alcántara fue uno de los militares que participo en mas acciones de guerra contra los invasores franceses y los imperialistas. Lucho en las principales batallas del centro de la Republica bajo las ordenes del general Porfirio Díaz y regreso a Sonora por disposición del general Ramón Corona, a las ordenes del general Ángel Martínez. Antes de regresar a los estados centrales de México, participo en forma destacada en las batallas de Guadalupe y Ures, que dieron fin al Imperio en Sonora.

Se encontraba bajo las ordenes del general Sostenes Rocha en Tampico, luchando contra las fuerzas del Plan de la Noria, cuando fue herido y a causa de unas fiebres malignas que le atacaron encontrándose en el hospital, falleció el 16 de junio de 1871. Y allí se encuentran sepultados sus restos, olvidados y tal vez en la fosa común.

El autor de estas efemérides tiene la esperanza de que si en alguna ocasión se levante en Sonora una rotonda de sonorenses ilustres, como se pretendió en 1979, los restos de este ilustre mexicano sean trasladados a la tierra que le vio nacer.

31 de Marzo
1887. Es denunciado a las autoridades locales el escondite de José María Leyva (a) “Cajeme” en San José de Guaymas, y estas a su vez lo hacen del conocimiento del Gobernador quien con el jefe de la Zona Militar se trasladan en tren al lugar de la denuncia. Aprehendido el caudillo yaqui se le transporta a la cárcel de Guaymas y de allí en un cañonero de la Armada de México se le lleva a Las Cruces donde se le fusila.


Un sonorense en la Olimpiada de Berlín

En la década de los treintas del pasado siglo, el ambiente deportivo nacional, era campo apropiado para que el ejército mexicano hiciera demostraciones públicas de las disciplinas que el Colegio Militar impartía como parte de la formación de sus egresados.

De esta manera, los caballistas del entonces, estaban presentes en todas las actividades, sobre todo en
las que la sociedad, la nueva sociedad nacida, originada por la Revolución Mexicana, integraba clubes deportivos que practicaban el hipismo como la excelencia de poseer caballos de sangre, alimentados, cuidados, atendidos en cuadras de su propiedad privada.

No es extraño entonces, que México, aún convaleciente de sus luchas políticas internas, fuera ya reconocido en el mundo como notable aportador alas competencias hípicas.
Nacido en El Quiriego, Alamos, Sonora en el año de 1901, Juan Gracia Zazueta, egresado del Colegio Militar; cultiva a la par que su carrera Militar, de la que hizo un honor para México, alternando con el Deporte del Polo a Caballo.

Se le designa con el grado de Subteniente para Palco de Honor en las Olimpiadas de 1936, haciendo el Saludo Marcial.

Adolfo Hitler y Pierre de Cubertín presiden la ceremonia. En este mismo año y por este mismo evento fue invitado a la Casa Blanca -Washington, E.U.- por el entonces Presidente Franklin Delano Roosevelt, quien en compañía de su esposa Eleonora de Roosevelt, lo declaró
huésped distinguido por esta participación.
AÑO DE 1935

Juegos Centroamericanos realizados República de Cuba Equipo Representativo de México.
Tiro al Blanco
Medalla de Oro
1er. Lugar .
AÑO DE 1935
Participaciones en Intercambios con las siguientes Repúblicas: Perú, Argentina.
Diplomas de Participante.
AÑO DE 1936
Participa con el Deporte de Polo á caballo y Tiro al Blanco
Juegos Olímpicos,
Berlín, Alemania.
Medalla de Bronce.
Panorama de Juégos Olimpicos de Berlín 1936; narrado a quien ésto escribe por ya entonces Teniente Coronel retirado Juan Gracia Zazueta, en 1980.
“Los Juegos fueron esplendor de organización y grandeza, asistieron 4,069 atletas de 49 Países. Estos son
los primeros Juegos que han quedado grabados y archivados en un filme como modelo de organización, de acuerdo a los adelantos cinematográficos de la industria Gennana”.
“En la Capital del racismo el atleta Jessie Owens de 22 años integrante del Equipo de Atletismo de los Estados Unidos, tuvo según el Coronel Gracia Zazueta, la mala ocurrencia de ganar tres lugares: 100 Metros planos, estableció récord: 10’3 minutos,
Primer Lugar 200
Metros planos.
Pero el colmo fue su triunfo sobre el alemán Lutz Lanz, cultivado, mimado, para participar en salto de longitud, triunfó sobre él Owens y estableció marca de 8.6 Metros.
El día 4 de Agosto de 1936,
Adolfo Hitler desde el palco de honor presenció esta derrota, insistió ante el Comité Organizador de que se descalificara a Owens por su color, pero ésto fué inútil; todo el público presenció la furiosa retirada del dictador más funesto y temerario que haya tenido el mundo”.


¡Viva, el Pueblo Viejo de Navojoa!

Debido a que este año estamos celebrando el Bicentenario de la Independencia de México y el Centenario de la Revolución Mexicana,

he decidido escribir varios artículos periodísticos sobre la Ruta de la Revolución en la región sur de Sonora como aportación informativa altruista a este centenario de mitos, leyendas, sitios, arquitectura, arte y cultura de los pueblos sin narrativa y olvidados por los designios nacionales.


Incluyendo aquellos próceres ignotos que nos legaron Libertad y Democracia (¿?) en los valles agrícolas del Mayo y Yaqui.

Hasta este año comprendí la abismal diferencia urbana y social entre la Ciudad de Navojoa fundada en mayo de 1907 a partir de la estación  Barrio Nuevo de Navojoa del Ferrocarril Sud Pacífico con el ancestral Pueblo Viejo de Navojoa de la cultura mayo, donde, sus muros emanan  historia de siglos de existencia  prehispánica, misional jesuita, colonial española, del México Independiente, de la República de Benito Juárez, el Imperio Francés, la paz social del Presidente Porfirio Díaz y de la Revolución Mexicana hasta llegar a la Sonora  agraviada por la dictadura de los partidos políticos PAN-PRI-PRD, a pesar de los ríos de sangre de aquellos sonorenses  que dieron su vida por el País.

Por casualidad llegué a Pueblo Viejo de Navojoa un asoleado viernes  de marzo, con la idea de  presenciar el Conti mayo de la Cuaresma: ¡OH sorpresa!, me llevé al caminar entre sus calles, gozando del urbanismo de su centro histórico formado por la arbolada Plaza Principal y su kiosco, la iglesia,  la fisonomía original y alterada de su arquitectura vernácula de rico colorido bicolor. De su gente sencilla y noble, amigable y predispuesta a contar su historia familiar y del pueblo con orgullo, y con humildad, compartir su hogar con una visita guiada al interior de sus casonas. 

 

Los molcajetes de piedra que me mostraron indican el asentamiento de las culturas del desierto y artistas del arte del petroglifo como en la tinaja de Tehuelibampo, hoy, museo cultural en vías de destrucción por el vandalismo. Para  evolucionar a los grupos sedentarios y agrícolas  mayos prehispánicos: Porque así lo indica  el urbanismo de la antigua ranchería y la yuxtaposición de la misión jesuita hasta fines de los años de 1800 y el moderno trazo urbano cuadricular militar de los pueblos mayos por el general Ángel García Peña anterior a 1890.

 

Visité la Plaza Principal y su kiosco remodelado donde Madero dio su discurso proselitista;  la iglesia de San Juan con la historia de su fundación como pueblo de misión Santa María de Navojohua en 1614 por los jesuitas Pedro Méndez y Andrés Pérez de Ribas; su destrucción  en 1740 durante el levantamiento armado de mayos y yaquis contra la corona española y sus restauraciones de 1768 y de 1892, cuando fue denominada Iglesia de San Juan por el presbítero Adolfo María Zazueta y  las posteriores que no puede averiguar, porque aun conserva las fachadas, contrafuertes, pórticos de arcos ojivales y columnas dóricas típicas del estilo franciscano que la reconstruyeron después de la expulsión  jesuita de la Nueva España.

 

Las hermosas casonas de estilo neoclásico características del porfiriato de altos ventanales, pórticos de entrada, techos de terrado, muros de adobe como la  casona de Flavio Bórquez o Lauro Morales, donde se hospedó por cinco días Francisco I. Madero con su esposa Sara Pérez y comitiva que lo acompañaba; la  casona de don José López Alejos, construida en 1880, antigua propiedad de Juan Salido Quiroz; la casa blanca de don Néstor Torres Molina y su puesto de chicharrones, hijo de Jesús Torres Muñoz, subteniente de la caballería  villista.

Pie de foto 1: Hermoso pasaje del río Mayo en
la Alameda, al norte del pueblo viejo de Navojoa.

Pie de foto 2: Iglesia de San Juan de Pueblo Viejo de
Navojoa. Sitio original que data desde la misión jesuita
de Santa Maria de Navojohua.

 

Pie de foto 3: Fachada sur de la parroquia de San Juan de
Pueblo Viejo de Navojoa.

Pie de foto 4: Casona donde se hospedó Francisco I. Madero
con Sara Pérez su esposa y Roque Estrada.

Pie de foto 5: Por esta puerta Madero cruzó a su salida al mitin
en la plaza Principal.

Pie de foto 6: Ruinas de la casona de Bórquez/ Lauro Morales
que gozó Madero en 1910.

Pie de foto 7: Horno de leña  donde se hornearon empanadas
de harina rellenas con calabaza que tanto gustaron a Madero
y su señora Sara.

Foto por el arquitecto Francisco Sánchez López.

Favor de no sustraer las fotos.

Derechos Reservados (Copy Rights). Material protegido por derechos de autor del titular Arq. Francisco Sánchez López.   Registro SEP/CP-509989/78/Son.  Se prohíbe la reproducción total o parcial de este articulo y fotos con fines de lucro, se requiere la autorización escrita por el autor. Se puede reproducir con fines didácticos, previo concentimiento, mencionando la fuente, el autor y otorgando los créditos editoriales en cualquier medio de comunicación. ¡Di No a la Piratería!.

Francisco Sánchez López.

Arquitecto, fotógrafo, artista del arte del realismo mágico, ecologista protector de ballenas en el mar de Cortés, escritor, periodista en crónicas y críticas de arte para el suplemento Quehacer Cultural del periódico El Diario del Yaqui y articulista de la revista Yuku Jeeka de la Asociación para las Bellas Artes, de Ciudad Obregón, Sonora, México. 

Página web: www.arqsanchez.8m.com 


EL SERMÓN EN LENGUA PIMA

EN DEDICACIÓN DE LA MISIÓN DE COCÓSPERA

Dr. Arthur Woodward MD

En Octubre 18 e 1935 salimos de Magdalena a las 9:30 de la mañana rumbo a Cocóspera. Llegamos al sitio de la misión a las 12: 20 y de inmediato empezamos a trabajar.

El camino a Cocóspera se conduce a través de un cañón hermoso y salvaje en el cual corre un arroyo afluente del río Magdalena. Cruzamos y recruzamos esta corriente cincuenta y seis veces en el viaje de ida y vuelta entre la misión y Magdalena.

Esta misión está a treinta y siete millas de Magdalena y está al lado oeste del camino, cuando se procede del valle.

El sitio de la misión está en la cresta de una vieja terraza que irrumpe abruptamente en el lecho de la corriente, que en este punto se abre en un ancho valle y la corriente corre ahora, contra el lado del lejano oriente del valle de Cocóspera.

La fecha de la actual fundación de la iglesia parece un poco nebulosa. Kino estuvo ahí en 1689, después en 1691 y probablemente muchas otras veces que no se mencionan.

En abril de 1697 el padre Ruiz de Contreras llegó para ser el padre residente. En ese tiempo, de acuerdo con Kino, la misión estaba equipada con la perafernalia completa o provisiones para decir misa, buenos inicios de una iglesia y una casa parcialmente amueblada, quinientas cabezas de ganado, casi tantas ovejas como cabras, dos manadas de yeguas, una manada de caballos, bueyes, granos, etcétera.

En marzo de 1701 Kino fue a Cocóspera “a echar una ojeada a mis otros dos pueblos: el de Nuestra Señora de los Remedios y Cocóspera porque eran fronteras al enemigo, así como proveer para su defensa por medio de algunas torres”.

El director principal de todas estas avanzadas aavanzadas misionales estuvo en Cocóspera una vez más en abril de 1701, a su regreso al sur después de visitar San Xavier del Bac.
En ese tiempo se estaban construyendo una iglesia y una casa en Cocóspera por órdenes de Kino, razón por la que hizo escala de dos días, para supervisar y dirigir el trabajo.

Durante 1703 el trabajo de construir una iglesia más grande en Cocóspera fue continuado celosamente en febrero, marzo, abril y parte de mayo con la expectativa de que fuera posible tenerlo terminado y dedicado antes de fin de año. El trabajo fue hecho principalmente por indígenas pimas, traídos de las cercanías de San Xavier del Bac.

Existen varios datos adicionales concernientes a Cocóspera que están incluidos en la relación de Kino, como sigue: En el mes de enero de 1704 se celebró la solemne dedicación de las dos nuevas y espaciosas iglesias.

“Assí la Yglesia de Nuestra Señora de los Remedios como la de Nuestra Señora del Pilar y de Santiago de Cocóspera, según disen todos los que las an visto, son de las mejores que ay en toda la Provincia…tienen entrambas sus cruzeros, que forman y asen dos buenas capillas con sus arcos. ..

Una de las dos capillas de Nuestra Señora de los Remedios se ha dedicado a nuestro Padre San Ignacio y otra, al glorioso Apostol de las Indias, San Francisco Xavier, y de las dos capillas de Cocóspera, la una es de Nuestra Señora de Loreto y la otra a San Francisco Xavier. Cada una Iglesia, sobre los arcos de sus dos capillas que forma el crucero, tiene su alto cimborrio, y cada cimborrio, tiene en medio y en lo alto su vistosa linternilla”. (Se respetó ortografía)

En el año nuevo de 1704 las enfermedades proliferaban debido a un severo invierno, con vientos crudos y helados, y aún desafiando todo esto, un gran contingente de gente de razón española, padres visitantes y un grupo de nativos, de todas las partes de la Pimería Alta, estuvieron en Cocóspera en enero 18, 19 y 20 a participar en la dedicación de la nueva iglesia.

Aquí había indígenas yumas venidos desde el lejano Río Colorado trayendo como regalo las famosas conchas azules que condujeron a Kino a sostener la existencia de un pasaje por tierra a California.
También aquí había gente de las naciones de los quiquimas, cutganes y cócopas, etcétera, naciones de la ruta terrestre a California.

“En 15 y 16 de enero se dedicó solemnemente la Yglesia de Nuestra Señora de los Remedios, y en 17 pasamos a la dedicación de la Yglesia de Cocóspera, y tubimos esta dedicación en 18, 19 y 20 de enero. El P. Rector Adamo Gilg hisso las dos dedicaciones con los demás Padres, con todas las seremonias y bendiciones que manda Nuestra Santa Madre Yglesia según el santo ritual Romano.

El coro de la misión de los Remedios ayudó al padre Gilg en el canto de las dos rincipales misas. El sermón de dedicación fue pronunciado en en pima”.

Tal dicen los registros existentes de Kino, de la construcción de la iglesia en Cocóspera.

En julio de 1730, un sacerdote jesuita publicó un relato Estado de la Provincia de Sonora….etc., que fue reimpreso en Documentos de Historia de México. En él menciona que la iglesia de Cocóspera se encontraba en estado ruinoso a causa del ataque constante de los apaches, janos y jocomes.
Curenta y ocho años después, en 1746, la misión fue incendiada otra vez. Esto sucedió veintiún años antes que los franciscanos se hicieran cargo de las iglesias jesuitas.


UNA ANÉCDOTA HISTORICA:

LOS SOLDADOS FRANCESES EN SONORA

Por: Gilberto Escoboza Gámez.

Durante la Intervención francesa y el imperio en México, a los soldados invasores no les fue tan bien en Sonora como en otras partes de nuestro país, donde el terreno, el clima y las circunstancias les eran favorables. Aquí los extranjeros se encontraron con los descendientes de los hombres que lucharon durante mas de dos siglos contra los apaches y las tribus indígenas locales.

Los sonorenses estaban acostumbrados a soportar los extenuantes calores y la sed, lo mismo que a vivir por muchos días con un aprovisionamiento de machaca y pinole en su morral de campana, permitiéndoles esa austeridad llevar a cabo dilatadas marchas sin tener que llevar burros y mulas cargadas de víveres.

“Los sonorenses -dijo en una ocasión el general Emilio Langberg, -no son una perita en almíbar; son individuos duros de pelar; expertos en el manejo de las arenas y valientes en el combate: Y esto no lo decía con una sonrisa en los labios, sino con la frente surcada por las arrugas de las preocupaciones, a pesar de que sus hombres, con otros jefes, habían paseado por Africa y Asia triunfante el pabellón galo, en plan de conquista.

A duras penas, los sostenedores del Imperio lograban apoderarse de las ciudades principales de Sonora, pero solamente por unos cuantos días, dado que los republicanos volvían por el desquite, sin desanimarse si eran derrotados nuevamente.

El 4 de mayo de 1866 el Gral. Angel Martínez, enviado por el Jefe del ejercito de Occidente, don Ramón Corona, tomo a Sangre y fuego la Ciudad de Hermosillo que estaba en manos de los imperialistas. El Coronel José María Tranquilino (a) el Chato, adicto a Maximiliano y a los invasores, que defendía la plaza, salió huyendo como alma que lleva el diablo, con rumbo a Ures. El fugitivo encontró en el camino a una fuerza de la Legión Extranjera que venia en su auxilio, y el derrotado regreso con ella a reconquistar la ciudad perdida, logrando recuperarla.

Pero Angel Martínez, que no era de los que quedan muy conformes después de las derrotas, en cuanto logro formar una nueva fuerza armada volvió al ataque, el 13 de agosto del mismo año, y alcanzo a apoderarse nuevamente de Hermosillo. Empero, allí solamente pudo saborear las mieles de la victoria un poco mas de una semana; una columna francesa salió de Guaymas y recupero la plaza que habían perdido los hombres del Imperio.

Los simpatizadores de Maximiliano tampoco lograron ser dueños de Hermosillo por mucho tiempo. El día 4 de septiembre los Soldados franceses y sus partidarios mexicanos, sufrieron una tremenda derrota en Guadalupe donde dejaron el campo sembrado de muertos y heridos. Entre los difuntos estaba el cuerpo del General Emilio Langberg.

Entonces los imperialistas, mas muertos que vivos -pues no era para menos-, se concentraron en Ures donde estaban sus cuarteles. Pero allí tampoco lograron disfrutar de un poco de reposo, ni siquiera de una buena comida, porque en las horas del peligro nadie saborea con fruición el mas rico platillo. Al din siguiente, después del medio día, cayo sobre ellos la tropa republicana que venia dispuesta a darles el tiro de gracia.

Los húsares franceses que lograron salvarse, salieron a campo traviesa rumbo a Guaymas, perseguidos por el incansable Angel Martínez y sus terribles macheteros. El día 13 de septiembre los galos se embarcaron en sus navíos, acompañándoles muchos mexicanos cuyas conciencias no estaban muy limpias para con la patria.

Tan precipitada fue la salida por Guaymas, de los extranjeros, que no tuvieron tiempo de llevar a sus naves varias de armamentos, municiones y víveres, que cogieron los republicanos el día 15.
Uno de los oficiales de Martínez, le dijo a su jefe después de informarse de la forma precipitada en que se embarcaron los invasores:

“Mi General, seguramente los zuavo recordaron el viejo refrán muy mexicano que dice: Mas vale que digan, desde aquí corrió una gallina, a que exclamen: aquí quedo un gallo.” Y relataban todavía después de unos ancianos parientes del padre de este cronista, que el General Martínez, que no había reído desde que llego a Sonora con el machete en la diestra, prorrumpió una estentórea carcajada que provoco un eco en el Cerro del Vigía.


LA EXPEDICIÓN A LA ISLA DEL TIBURÓN DE 1904

“Las Manos Yaquis”

 Por Federico García y Alva

Conocido el legendario y árido teatro de las fechorías de los Seris, sírvase el lector acompañarnos a la expedición hacia la Isla del Tiburón organizada y dirigida por el Sr. Gobernador Izábal y la que motivada por haberse tenido noticias que los Seris estaban dando refugio a los yaquis y de que habían asesinado a un pápago.

Estando arreglados los preparativos de marcha, el día 21 de Diciembre de 1904 salió de Hermosillo el Sr. Gobernador acompañado de los señores Dr. Alberto G. Noriega, Diputado Juan P. M. Camou, Carlos Maytorena, Comandante de Gendarmes Luis Morales y mozo Ignacio  García. En Guaymas se incorporan los señores Dr. Lorenzo Boide, Francisco Seldner, Federico García y Alva y Carlos M. Cortés, Director y Editor y Agente Colaborador de este libro.

El día 22  al caer de la tarde y siendo Comandante del “Demócrata” el caballeroso e inteligente marino Don Rafael Pereira M, nos embarcamos las personas citadas, el Sr. Manuel Encinas, el Sr. Alfredo G. Noriega y el Sr. Comandante Luis Medina Barrón, como Jefe  inmediato de las fuerzas integradas por 140 hombres de la Federación y 20 nacionales. Al llegar el Sr. Gobernador, el Sr. Comandante Pereira mando izar el pabellón en el palo mayor y a los acordes de la banda recibió al alto funcionario con los honores de su rango.
La tripulación, a la viril voz de su jefe ejecutó las interesantes y duras maniobras de  a bordo para extraer  el ancla, enfilar el buque, etc, etc., y cuando la luna comenzaba a rielar con sus destellos de plata por sobre las salobres aguas de la tranquila  Bahía de Guaymas, nos hicimos a la mar.

Comandante Don Rafael Pereira M. a bordo del “Demócrata”

En el trayecto nos contaron una historia tan interesante como novelesca de una hermosa persona blanca llamada Dolores Casanova. Esta historia se refería así:
En 1854 los Seris hacían sus correrías por la costa y por los caminos de Hermosillo a Guaymas atacando a la diligencia.  En una ocasión venía una hermosa joven en un convoy… no era otra que Lola Casanova. Al llegar  dicho convoy a un punto conocido por “La Palmita”, los Seris lo atacaron y después de un reñido combate los indígenas vencieron; algunos “carreros” murieron, otros lograron huir y, desmayada en uno de los carros quedó la infeliz Lola Casanova. El jefe de los Seris, un indio de elevada estatura y de atlética musculación, tomó en sus brazos la bella prenda y huyó con ella por valles y por montañas; al descansarla suavemente en  la dura peña se constituyó en su guardián y ansioso esperó hasta que la joven volvió en si.

Lola al abrir sus ojos y mirarse junto a aquel tostado guerrero, primero quedó como petrificada y después  pretendió huir, pero el indio, cogiéndola por las ropas cayó de rodillas a sus pies y le dijo en claro español que ni temiera de nada, ni huyera, que  aunque jera efe de la tribu, no era Seri sino Pima, y que muy joven en un combate había caído prisionero y a través de los años había logrado dominar a todos por su valor y su destreza; le dijo también que a ella la adoraba y que la  haría reina de la tribu.

La infeliz Lola estaba perdida e indudablemente, no por amor, sucumbió a la feroz pasión de aquel terrible salvaje que, librando heroicos combates con los principales cabecillas de la tribu que se opusieron al advenimiento de esa reina, al fin la impuso. Ya podrá suponerse el martirio de aquella desventurada entre  los abyectos Seris, con quienes al fin hubo de identificarse desde no usar mas que la sucia  enagua corta y la mas sucia piel de pelícano, hasta comer carne podrida y  tener varios hijos del temido y apestoso “Coyote – Iguana”.

¡Cuatro brazas! ¡Cinco! ¡Cuatro y media ¡ ¡Seis!  Estas voces de los marinos nos anunciaron que el Sr. Comandante había dado sus órdenes para anclar, pues estábamos ya a la vista de la playa.  Eran cerca de las 12 del día cuando anclamos. Después de comer, el Sr. Gobernador ordenó que el Sr. Comandante Barrón con la fuerza desembarcara  para hacer los primeros reconocimientos, y con algunas personas se fue en su embarcación para ver si era el “Bernardo Reyes” un punto que se distinguía a lo lejos. Ya al anochecer regresó el Sr. Gobernador y poco después llegó el “Bernardo Reyes” que formaron el completo de las fuerzas con que se hizo la campaña.

Desembarcando en la Isla del Tiburón al mediodía del día 24 de Diciembre de 1904

A las primeras horas del día 24 desembarcamos, durante esta maniobra casi toda la mañana, porque además de la gente hubo que desembarcar las mulas, las municiones de guerra  de boca y todos los demás útiles que se llevaron. Como a las diez de la mañana regresó el Sr. Comandante Barrón, que con alguna fuerza se había internado a la Isla y dio parte de haber encontrado una vereda bien marcada, huellas de indios y de animales y un aguaje. En tanto que se ultimaban los preparativos para la marcha, se llevó a efecto la verdaderamente pintoresca escena marina de pescar con el chinchorro, en la que tomaron parte  un bote y se echó el chinchorro se sacaron multitud de pintados y sabrosos peces, que en su mayoría se le dieron a la tropa por orden del Sr. Gobernador.

A las dos de la tarde dejamos la caldeada playa y emprendimos la  marcha para el interior de la Isla, llegando con el crepúsculo a un lugar que se juzgó a propósito para pernoctar, por estar cercano al aguaje encontrado por el Señor Comandante Barrón quien ordenó las avanzadas y demás disposiciones del caso. Con la  noche vinieron los vientos y ya se sabe que los vientos de Diciembre en la montaña son cruelmente helados.

No era, pues muy agradable el vivaqueo, sin embargo, pronto las fogatas con sus chisporroteos y con sus bailes de fuego alegraron el lugar y calentaron el molido cuerpo y así se pasaron las primeras horas de la universalmente celebrada noche del 24 de Diciembre, para nosotros no tan feliz esa vez.

Desembarcando en la isla; a la extrema izquierda el Gobernador Izábal

Un desatado huracán se soltó durante la noche que parecía arrancar de cuajo todo a su paso; hasta nuestros oídos llegaron sus bramidos y nos pasmó los cuerpos con sus helados vientos. Al romper la aurora del 25 el Sr. Gobernador dio la voz de ¡arriba! y todos nos alistamos en espera de órdenes. Montados losPápagos y bien municionados y armados, ordenó el Sr. Gobernador que atravesaran la Isla por el centro hasta llegar a la opuesta playa.

A Don Rafael Moreno, hacendado que iba al frente de esos aguerridos soldados, lo instruyó para que no omitieran medio encaminado al encuentro de los Seris y Yaquis unidos, pero que no les hicieran fuego sino en caso extremo, esto es, que trataran de atraerlos y persuadirlos para ver si se lograba que en son de paz se presentara toda la indiada. Los Pápagos jinetes se internaron por la hasta entonces inexplorada Isla y nosotros, con  el Sr. Gobernador al frente y con la demás fuerza, entre la que iban los Pápagos infantes, nos internamos por el lado opuesto al tomado por la otra fuerza. ¿A dónde íbamos? ¿Cómo nos guiábamos?.

Solo sabíamos que íbamos en busca de los Seris y de los Yaquis y que solo sus huellas nos guiarían por aquella ingrata y árida Isla que por mucho tiempo no se borrará de nuestra imaginación, y en cuyas playas habían sucumbido varias expediciones a manos de aquella feroz tribu. Desde el principio de nuestra marcha todo contribuyó a hacerla mas sombría: su miserable vegetación, formada por unos cuantos árboles raquíticos y algunas plantas fibrosas con las que  hacen sus desdichadas chozas y sus arcos y sus envenenadas flechas, los verdaderos ejércitos de elevados  cactus que pueblan sus montañas y que más de una vez se acercan  a figuras humanas.

Sus desesperantes espinosos y prolongados matorrales y su blanquecina y quemante tierra, y su horriblemente ardiente sol, todo, todo hacía muy penosa la marcha, que silenciosos seguíamos por aquellas funestas veredas y aquellos primitivos caminos hasta entonces solo cruzados por la planta del Seri. Horas enteras, que parecían eternas, seguimos sedientos y jadeantes sin oír más ruido que el acompañado de la marcha del convoy.

Repentinamente las fatigas y las penas de aquella extraña marcha llegaron a un grado máximo, habíamos entrado a un sombrío y profundo cañón formado por dos elevados y apretados cordones de montañas que a cada paso parecían derrumbarse sobre nosotros. El sol a esas horas ya derramaba fuego  y fuego sentíamos también en nuestras plantas al hundirlas sobre la pesada y calcinada tierra del interminable y diabólico arroyo que cruzábamos; cada paso que dábamos por sobre aquel arroyo de plomo que no de arena, nos costaba un sacrificio y aquello ofrecía una perspectiva de inacabables sacrificios, pues mientras mas penetrábamos  mas angustiosamente penoso era el camino.

Por fin, cuando el sol iba más allá de la mitad de su carrera, el cañón se cerró de tal modo que fue imposible seguir adelante, pues teníamos elevados y escarpadísimos cantiles al frente y a los lados.  Se dio la voz de ¡alto! por el Sr. Gobernador y los menos acostumbrados a ese género de penalidades nos tiramos a descansar sobre la dura peña. Indudablemente que ahí los Seris se habían  desparramado por sobre las filosas crestas de las montañas, pues si bien era cierto que las huellas no se habían perdido, también lo era que estaban señaladas por distintos lados, especialmente por uno, el menos inaccesible y adonde parecían refluir todas las pisadas para seguir montaña arriba… pero… ¡que montaña!… llena de maleza y de espinas, de matorrales y de cactus de inmensos peñascos y de profundas grietas.

El Sr. Gobernador, después de hacerse cargo de la situación, envió dos grupos de exploradores: uno formado por el Sr. Comandante Medina Barrón y el Sr. Dr. Lorenzo Boido con alguna fuerza, y otro por el Sr. Subteniente Cota con nacionales y Pápagos.  Regresaron los exploradores y dieron cuenta, el primero, de que a una intensísima distancia se distinguían la playa  y espesos manglares, y el otro de que las huellas seguían montaña arriba. En esta situación el Sr. Gobernador ordenó que a las órdenes del Sr. Capitán Flores se organizara una fuerza mixta compuesta de Federales, Pápagos y Nacionales y siguieran las huellas hasta atravesar  la Isla o encontrar a los indios; esta fuerza llevó las mismas instrucciones de la primera de no abrir fuego sino en caso extremo.

El resto de la fuerza se regresó con nosotros por el mismo único y penosísimo camino que nos había llevado ahí; ya en el campamento comimos y luego nos dividimos en grupos pequeños y nos lanzamos por distintos puntos de la Isla.

Unos encontramos un cementerio Seri situado en una pequeña meseta; ya se supondrá que los sepulcros de esa tribu son enteramente burdos: un hoyo a más o menos profundidad, el cadáver liado en su andrajos, tierra encima y en la superficie un montón de piedras; cerca del cementerio había un fortín formado también con piedras. Otro grupo encontró trazados con los dedos en la tierra y muy grotescamente y de grandísimas dimensiones, un hombre y un caballo; otro grupo encontró un sitio adecuado para trasladar el campamento, pues además de estar menos a descubierto de los vientos, ofrecía sombra uno de los  poquísimos árboles exuberantes que hay en la Isla y que los nativos llaman “Texcalema”.

Ahí fue trasladado el campamento y a efecto de que huyeran los bichos que pudiera haber, se quemó el matorral en una buena extensión.  Tomamos una vista en esos momentos y nos resultó de las más afortunadas; sentado sobre un saco de harina se ve el Sr. Gobernador Izábal, cerca de él a algunos de sus acompañantes, aquí y allá la poca impedimenta que se llevó y en el fondo las espesas nubes de humo que se desprenden del incendio. Cuando la noche se arrojó sobre el campamento y lo envolvió con sus negruras en medio de las monotonías y tristezas propias de la montaña, se  recurrió a las indispensables fogatas que pronto densamente lo iluminaron.

Entonces, comunicando mis impresiones solamente a mi compañero de trabajos, para que ni remotamente fuese a suponerse que mas que impresiones del alma y reflejos del cerebro eran mas o menos oportunos elogios al pro–hombre del Estado, entonces digo, intensa y sinceramente… admiré al Sr. Gobernador Izábal.

Él, por cumplir con sus delicadísimas funciones abandonaba las dulzuras de la familia y la tibia atmósfera del hogar, dejaba las comodidades de su casa y las garantías de la ciudad e iba sereno a penalidades y privaciones;  valiente a perseguir al ladrón, al asesino y al salvaje  hasta los últimos baluartes que oponía en las gargantas y en las cañadas de la sierra; ahí estaba con nosotros comiendo carne seca y frijoles el que debe de tener llena la despensa de exquisitas viandas, sufriendo con nosotros los azotes de los vientos y con nosotros rodeando la caliente luminaria.

Entonces me callé, pero hoy que saliendo mi libro al público saldré yo del Estado de Sonora para seguir mi labor en otra localidad, y que por lo tanto no puede por ningún concepto suponerse que mi sincero cuan justo elogio va envuelto en el deseo de vulgares miras, hoy lo lanzo a los cuatro vientos de la publicidad porque es de justicia que se sepa como hay Gobernantes de la condición del Sr. Izábal, que abandonan delicias de hogar y seguridades de ciudad y con mengua de sus comodidades y con peligro de su vida, va a sufrir serenos y a luchar valiente para darles garantías a sus gobernados. Pensando en estas grandezas humanas, desgraciadamente tan poco comunes, rendido por la espantosamente inolvidable jornada de ese día y cubierto por la inmensa y estrellada bóveda del cielo, me dormí sobre la entonces mullida arena del nuevo campamento.

Como de costumbre, el Sr. Gobernador fue el primero que despertó y en seguida  nos fuimos levantando todos.  Y tras del frugal desayuno del café solo y carne seca, dio sus órdenes para que una partida de vaqueros fuese en busca de los Pápagos y no regresara hasta traer noticias de ellos. A la mitad del cañón donde se encontró la primera tinaja de agua dulce, venían regresando las dos fuerzas trayendo a las primeras prisioneras Seris, que desde luego fotografiamos.  Su aspecto no podía ser mas repugnante, horriblemente pintarrajeadas del rostro, sucias hasta la exageración, las enmarañadas cabelleras acusando no haber pasado por ellas jamás un peine, la mirada hipócrita e inquieta y las ropas asquerosas, parecían mas venir de la cloaca que de la montaña.

Don Rafael Moreno rindió su parte. Siguiendo las instrucciones del Sr. Gobernador, él y su fuerza se habían internado por el corazón de la Isla y después de largas horas de camino, uno de los Pápagos que caminaba por la sierra descubrió a buena distancia, cerca de un espeso manglar a orillas de la playa, una ranchería ocupada por gran número de indios. Indudablemente que alguno o algunos de los Seris vieron también al Pápago porque, no obstante que la fuerza de Don Rafael Moreno a sus órdenes rápidamente echó pié a tierra y se apercibió para  el encuentro, cuando este momento supremo llegó ya los indios, entre los que había varios Yaquis, habían tomado posiciones para el combate.

No obstante esta actitud hostil, el Sr. Moreno, siguiendo las instrucciones del superior, enarboló un lienzo blanco y aún a grandes voces les dijo que depusieran esa actitud pues que su misión era pacífica, pero seguramente los Seris bien por su natural salvajismo, bien por  que  se creyeran  invencibles en las posiciones que habían tomado, o bien, y esto ha de haber sido lo mas probable, porque estuvieran envalentonados con la compañía de los Yaquis y con lo que éstos hubieran podido hacerles entender acerca de que era necesario aniquilar a quienes se presentaran, el hecho fue que a la bandera y a las frases de paz con que les brindó el Sr. Moreno contestaron abriendo desde luego el combate, unos, disparando las pocas armas de fuego que tenían y otros disparando sus flechas, pero todos en medio de una horrible gritería.

Por fortuna, ni los  Yaquis ni los Seris valen como guerreros lo que valen los Pápagos y así fue que éstos, desde el momento en que se presentaron al enemigo en previsión de que pudiera o no aceptar la paz que ofrecía su Jefe, rápidamente tomaron posiciones defensivas y ofensivas ya tras los peñascos,  ya en algún recodo o ya bien en sus mismas cabalgaduras. De manera que cuando los indios contestaron a balazos y a flechazos a la voz de amistad con que les habló el Sr. Moreno, los Pápagos abrieron a su vez el fuego, pero certero, mortífero.

A los primeros disparos cayeron los primeros salvajes, y luego otros y otros, y entonces, al ver tan pronto y espantosamente disminuidas  sus filas, se convencieron una vez más de la inmensa superioridad del Pápago y a los gritos de guerra, de rabia y de injuria, sucedieron los del miedo y dolor, y llevando por delante como sombría y salvadora silueta el más desencadenado de los pánicos, huyeron hasta llegar al manglar  por el que se escurrieron; esto fue cosa admirable porque el tal manglar es tan espeso que a la simple vista parece que solo puede ofrecer abrigo a reptiles.

¿Fue el miedo el que les  abrió aquel espeso refugio?, ¿Fue su legendaria destreza o su notoria agilidad?… ¿quién sabe?… el hecho es que como culebras huyeron por ahí.  Y, bien por estar herido, bien por que se desmoralizó y se quedó atrás, apareció en el campo un rezago que prefirió a caer prisionero o a la puntería de los Pápagos, mejor tirarse al mar y seguramente que fue a morir en su profundo seno, porque la distancia entre el lugar de la acción y la costa es muy grande y la fuerza no lo volvió a ver a flote. Sobre el campo de este encuentro yacían los cadáveres de once Seris y de cuatro Yaquis.

A la orilla del mar estaban atracados dos botes de construcción americana que fueron quemados por los Pápagos y que seguramente pertenecieron  a ciertos audaces exploradores que perecieron a manos de los Seris. Prisioneras fueron hechas cuatro  mujeres que no pudieron huir con rapidez por llevar criaturas y que fácilmente  fueron alcanzadas por los Pápagos.  Además, y como botín de guerra, presentaron dos armas de fuego, arcos, carcax, prendas de ropa, entre éstas las del Pápago que habían asesinado los Seris, cuchillos, y una multitud de insignificantes chucherías, que revelaron desde luego el estado primitivo del Seri.

Lo único digno de llamar la atención fueron unos cestos muy bien hechos de plantas fibrosas a los que llaman “coritas” y que apoyados sobre un rodete cargan en la cabeza con su comida y equipaje.  Mandó el Sr. Gobernador que se les diera de comer  y después de que hubieran descansado las sujetó al interrogatorio que representa una de nuestras ilustraciones, interrogatorio por demás difícil e interesante; difícil porque en general los Seris hablan poco español y mucho menos en el caso como el que relatamos, e interesante por el resultado.

Con el tino que se necesitaba el Sr. Gobernador inició y desarrolló su interrogatorio y después de multitud de reticencias y vacilaciones las indias dieron los nombres de los cabecillas principales que eran Juan Tomás, Chico Bonito, El Pelado y Chico Francisco, concluyendo por confesar que entre ellos había Yaquis armados.

El Sr. Gobernador, para atraerse la confianza de las prisioneras, les manifestó que iba en busca de los Yaquis y que los Seris no sufrirían daño alguno si los entregaban. Un rayo de infernal alegría iluminó fatídicamente el asqueroso rostro de aquellas mujeres y una de ellas, una tal Manuelita, mujer de “El Pelado”, que era la que mas había hablado seguramente por ser mujer de capitán, gruñó; sin embargo, articuló y dijo que sí entregarían a los Yaquis y al darles a entender que si oponían  resistencia los traerían a fuerza, juntó y alzó sus manos.  El Gobernador y todos nosotros creyó que aquellas fétidas salvajes querían decir que traerían a los Yaquis amarrados de las manos.  Mas adelante se verá lo que quiso significar y que para nosotros fue imposible siquiera suponer.

Además, Manuela se comprometió a que todos los Seris vendrían de paz a presentarse al Sr. Gobernador o Capitán Grande, como ellos lo llaman.  Como se ha dicho antes, otra fuerza al mando del Capitán Flores expedicionaba por la Isla y con objeto de que dejara libre el paso a la emisaria Manuela, caso de encontrarla, el Sr. Gobernador le extendió un salvo–conducto.  Y marchó la Manuela y con una rapidez asombrosa atravesó por aquellos matorrales y trepó por aquellas montañas y pronto desapareció de nuestra vista, al caer la tarde del día 26. Según su compromiso, al otro  día debía de regresar con sus parientes, como los Seris se llaman entre si, y con los Yaquis.

Había bastantes probabilidades de que sí volviera, porque se le había dicho que de no presentarse por ese camino de paz que se ofrecía a la tribu, las fuerzas darían buena cuenta de ella.  Y muy pocas horas antes la misma Manuela había visto como batían las fuerzas del Gobierno a los parientes y Yaquis unidos.  Las demás prisioneras fueron llevadas al campamento de los soldados. La noche de ese día se pasó sin novedad, pero no así el día siguiente en que hubo una gran novedad para nosotros los no acostumbrados al frugalísimo y monótono alimento del soldado en campaña.

El Sr. Gobernador ordenó que se sacrificara una res que entre la impedimenta había sido llevada.  Comer carne fresca  en  aquella ingrata  Isla,  después  de  comer  en varios días mas que carne seca, era cosa digna de anotarlo en el carnet y en efecto la anotamos.  Y aún recordamos con que fruición saboreamos  buena parte de aquella hermosa res. Avanzó el día, declinó la tarde y llegó la noche y la emisaria Manuela no se presentó.

Pasadas las primeras horas de la mañana del 28 tampoco llegó y entonces el Sr. Gobernador, con los Pápagos, se puso en marcha rumbo a la playa y de esa expedición en su oportunidad daremos cuenta.  Nosotros, con la fuerza federal nos quedamos en el campamento en espera de la columna del Sr. Capitán Flores, que llegó en la tarde con otras prisioneras. Al igual de la de Don Rafael Moreno, no había descansado hasta encontrar a los indios, que también la recibieron a balazos y a flechazos, pero con la misma suerte que la otra cuadrilla, pues en breves momentos fueron derrotados y dispersados quemándoseles un bote y cogiéndoseles un botín mas ó menos igual al traído por la primera columna.  Las nuevas prisioneras fueron llevadas a donde las primeras se encontraban y en la noche fuimos nosotros a su campamento a entrevistarlas.  De esta entrevista y de los datos que buen cuidado habíamos tenido de ir reuniendo, pudimos obtener una idea, completa hasta donde fue posible, de las costumbres y modo de ser de la Tribu Seri.

La Tribu Seri es hasta lo abominable inmoral y perezosa.  No tiene mas género de gobierno que asumir el mando de ella el más feroz y brutal.  Para formar parejas (es absolutamente imposible llamarles matrimonios), no hace otra cosa el Seri que coger de la mano a la hembra que le gusta y llevarla a las indecentes chozas que habitan, formadas de ramas y de carapachos de cahuama (Tortuga de enormes dimensiones que abunda en la playa del Tiburón).  Si la hembra esa vive con otro, entonces en brutal contienda se resuelve su posesión y el victorioso se queda con ella… Además, el Seri puede tener dos, tres y cuantas mujeres quiera y también abandonarlas cuando mejor le plazca y cambiarlas por otras, y como la tribu no es numerosa, pues según cálculos aproximados no llegan a 500 entre hombres, mujeres y muchachos, ya se podrá comprender toda la horripilante inmoralidad de este género de conjunción.

El bautizo para ellos es cosa sencilla; gustan generalmente de que personas de la Costa de Hermosillo les bauticen a sus hijos y al efecto lo solicitan en tono de súplica, y lo efectúan  sin mas ceremonial que ponerle al ahijado un poco de agua en la cabeza, e irremisiblemente el nombre del padrino, pero cuando el Seri ha llegado a la edad en que tiene voluntad propia, puede cambiarse el nombre por el que le agrade;  generalmente les agrada ponerse nombres de las personas mas encumbradas de Hermosillo y de Guaymas, pero completos, esto es, los nombres y los apellidos.  Y nunca fue raro en el regreso, que los Seris que  habían ido al bautizo le robaran al compadre una mula o un caballo para irse a dar un horrible festín al interior de la Isla.

Sus platillos favoritos son el burro, la mula, el caballo y la cahuama, y mientras mas podridos… mejor.  También comen buro, una especie de antílope que abunda en la Isla de carne sabrosísima para la gente de razón, porque el Seri para poderlo comer necesita ponerlo en putrefacción.  De las tumbas de estas gentes —si así se les puede llamar– ya nos hemos ocupado, igualmente que de sus vestiduras asquerosas.  Solo agregaremos que para resguardarse del frío y del viento usan pieles de pelícano que igualmente abundan en aquellas sombrías aguas, pero las usan sin curtirlas de manera que cuando menos hasta que se secan muy bien despiden una peste insoportable.

Decíamos que el Seri es perezoso y seguramente que no hay ser humano que se le pueda igualar en ese horrible vicio.  No desempeña mas faena que la absolutamente  indispensable para comer y esta se reduce a pescar cahuama con unos arpones perfectamente mal hechos, a  robar ganado de la Costa, a cazar buro y borregos cimarrón que también hay en la Isla, y nada mas.  Y si posible le fuera al Seri ni esto hacer, seguramente no lo haría. Y es de llamar poderosamente la atención esta pereza extraordinaria porque el Seri, no obstante de no ser de gruesa complexión,  es esbelto y asombrosamente fuerte y ligero.

Con gran rapidez atraviesa distancias increíbles  y hay que hacer notar que en la Tribu contados son los individuos que usan huaraches pues casi todos andan descalzos.  Respecto a los artefactos, además de las “coritas” de que hemos hablado, lo único que vale la pena, y haciéndoles justicia verdaderamente la vale, son sus piraguas hechas de carrizo y unidas con fibra pero de una manera perfecta.

Son como dos conos unidos por su base.  En estas ligeras embarcaciones  que impulsan con gruesos troncos a guisa de remos, navegan grandes distancias y generalmente en ellas hacen la pesca de la caguama.  Hay que mencionar también unas ollas bien hechas en que cargan el agua y unos molcajetes en que muelen el chile las poquísimas veces que llegan a tenerlo.

En cuestión de creencias religiosas están tan burdos como en lo demás.  No tienen ni siquiera el risible fetiche del negro; unos palos  groseramente labrados y pintarrajeados y pretendiendo sin lograrlo darles alguna figura bien determinada, como caballo, espada, hombre, mujer, etc.  son sus divinidades. Estos  palos, que ni ídolos pueden llamarse, entran en funciones, o en artículo de muerte de algún Seri, o en momentos angustiosos para la Tribu.  En el primer caso, el mas anciano clava uno o varios de esos palos cerca del moribundo, da vueltas a su alrededor, alza las manos, los pies, gesticula y después generalmente se muere el enfermo.

En el segundo, los palos son clavados en todos los puntos de la Isla, especialmente en las veredas y además, según nos refirieron las prisioneras, y se trazan esos dioses en el suelo.  Ya se recordará que uno de los grupos de expedicionarios encontró burdamente trazados un hombre y un caballo.
Esto,  según las prisioneras, quería decir a la Tribu que había gente extraña en la Isla y que esta gente era de a pié y de a caballo.

Habiendo el Capitán Flores encontrado en su expedición una especie de marrazo  de madera clavado en la tierra y encima un palo queriéndose aproximar a figura humana y llena de multitud de figurillas, le preguntamos a las prisioneras lo que quería decir aquello, y contestaron que comunicarle a la Tribu que la gente era armada y mucha.

Aprovechando la dosis de confianza que ya les habíamos inspirado a las prisioneras Seris, les preguntamos acerca de sus bailes, de sus instrumentos, de su música, y casi mostraron extrañeza a esta pregunta, diciéndonos que no usaban instrumentos y que bailes solo tenían uno, que ejecutaban lo mismo en sus entierros que en sus festines. Con pocas dificultades logramos que en nuestra presencia ejecutaran el tal baile; jamás hemos visto cosa más monótona.

Una Seri se puso la mano izquierda en jarras, la derecha sobre el carrillo del mismo lado  y comenzó un bailoteo igual, insípido, prolongado, en tanto que otra canturreaba un son constantemente invariable, sin vida, sin tonalidad, sin nada, y que terminaba siempre con una especie de calderón, que más que de garganta viviente parecía surgido de una tumba. Monótona y triste es la tal música Seri.  Para terminar con los usos y costumbres de esta Tribu, diremos que los Seris, mujeres y hombres, son asquerosamente borrachos.

Dejamos al Sr. Gobernador en los momentos en que al frente de su fuerza del campamento iba rumbo a la playa.  Ahí se embarcaron en el “Bernardo Reyes” que navegó con dirección donde los Pápagos habían tenido el encuentro con Indios. Cerca de ahí fondearon por estar encima la noche  y en la madrugada del 29 el Sr. Gobernador ordenó que desembarcaran los Pápagos, con orden de dirigirse por tierra para el punto conocido como el Tecomate, para el que también enfiló el buque llegando a las diez de la mañana. Ahí desembarcó la expedición y una hora después llegaron los Pápagos.  En ese lugar de la playa había precisamente una ranchería Seriy en ella huellas frescas, por lo que ordenó el Sr. Gobernador que se provisionara a los Pápagos y que las siguieran. Se terminaban los preparativos para esta marcha cuando a lejana distancia y enarbolando un trapo que hacía veces de bandera blanca, aparecieron dos emisarias de los Seris trayendo el salvo–conducto expedido por el Sr. Gobernador.

Aquellas mujeres, con una alegría imposible de contener, gritaban dirigiéndose al Sr. Gobernador. “Ahora sí, Capitán, cumplimos, quedamos libres, ¿verdad?, mira, mira…”  y subía una cuanto alto podía un palo del que pendían unos sombreros de petate.  Ordenó el Sr. Gobernador al Sr. Comandante Barrón que descubriera lo que aquellos sombreros  ocultaban  y … ¡horror!… era un manojo de manos humanas que descubriría lo que aquellos sombreros ocultaban y … ¡horror!… era un manojo de manos humanas aún chorreando sangre.  ¿Qué había pasado? ¿Qué sangriento epílogo de que espantosa tragedia representaban aquella aún calientes manos? ¡ah!.. lo que había pasado era horrible. Aquella siniestra Manuela, cuando juntó y alzó las manos quiso decir que si los Yaquis se resistían a ir, los matarían los Seris y les cortarían las manos para entregarlas como garantía de que habían cumplido su compromiso.

Aquí se imponen algunas reflexiones; indudablemente que para la causa de la civilización y del progreso cada Yaqui alzado que desaparece es  un amago menos, pero en el caso concreto del asesinato de los Yaquis cometido por los Seris, mas que en otra cosa hay que fijarse en el corrompidísimo nivel moral de estos últimos. Habían hecho causa común con los Yaquis, de ellos habían recibido armas y municiones, se habían  confundido en un criminal abrazo de bandidaje, pero al fin abrazo, y cuando el rayo de luz del instinto de conservación cruzó por las tinieblas de su rudo cerebro, y por él comprendieron que se podían salvar matando a sus aliados, no vacilaron y consumaron el atentado.

Los planes del Sr. Gobernador y la causa de la civilización avanzaron mucho con aquel inesperado hecho sangriento, pero el Seri agregó, a los sombríos perfiles que lo sustituyen, el de la más negra perfidia.  Las manos cortadas fueron ocho, cuatro de hombres, tres de mujeres y una de niño.  Pasada la natural impresión producida por esta escena, el Sr. Gobernador ordenó a la emisaria que había traído el macabro trofeo, que se regresara a decir a la Manuelaque se presentara con todos los parientes según lo hablado.

La noche se echaba ya encima, por lo que se reembarcó la expedición, y a otro día, último del año, el “Bernardo Reyes” hizo proa  para donde se encontraba el “Demócrata” a donde llegó después de haber desembarcado un destacamento que fue a comunicar las órdenes del Sr. Gobernador para que se levantaran los campamentos y se dirigieron las tropas  a la playa para embarcarse.  Gran parte de la tarde se empleó en reembarcar a las fuerzas y ya envuelto el mar en las negruras de la noche hicimos proa para Guaymas, a donde llegamos el día primero del año a las once de la mañana, llevando, como grata impresión, las exquisitas atenciones que el Sr. Comandante Pereira y su oficialidad nos prodigaron tanto al Sr. Gobernador como a sus acompañantes.

 

Expedición de Regreso a Guaymas el día 01 de Enero de 1905

 

Tomado de: GARCÍA Y ALVA, FEDERICO. Informe al Gobernador Rafael Izábal y al Vicepresidente Ramón Corral, Enero de 1905.


LAS TRAIDORAS TINAJAS DEL TERAHUÁCACHI

Al Terachuácachi nos invitó allá por el año de 1983 el entonces alcalde de Baviácora don Francisco Herrera Montaño, su intención era dar a conocer este paraje a los lectores de la revista Sonora Mágica.

Nos impresionó el lugar con unas tinajas muy atractivas que gran parte del año se mantienen con agua. Dejamos el carro a unos cien metros, el camino a pie fue placentero, bajamos hacia la rinconada donde los antiguos habitantes de esta zona, los llamados Tegüimas dieron en llamarle El Terahuácachi.

No le faltaba razón al alcalde en querer promocionarlas como uno de los atractivos naturales más importantes del municipio, así como del Río de Sonora.
Para ello se adecuó el camino, y por lo que tenemos conocimiento está ya en perfecto estado llegando los carros hasta el pie mismo de las tinajas.

El cañón mide unos 20 metros de alto en alguna parte y la extensión de las tinajas va hasta los 50 metros con algunos descensos, lo que la hace todavía más propicia para difrutar de su corriente sobre las blancas rocas convinadas en cierto tramos con roca del malpáis o volcánica.

Aunque los moradors del pueblo la han visitado de continuo, por un tiempo quedó en el olvido dado a la tragedia sucitada en el año de 1983 cuando un par de chamacos se fueron a bañar en los meses de verano que por lo demás el lugar es muy fresco.
Era un sábado y como no era día de clases optaron pore irse a las tinajas del Terahuácachi.

Al parecer Juan Yanez Córdava, hijo de don Chejuán Yanez Robles y Rosina Córdova de Yanez, al andar nadando, debido a un calambre fue que se ahogó inesperadamente, o tal vez se enredó en alguna rama.

Su compañero dijo que se hundió y ya no salió. Por lo que se vino corriendo a dar parte, por estar apartado del lugar del accidente, distancia considerable, algo así como dos kilómetros, la cual no le importó a su padre don Chejuán, un hombre corpulento quien se vino con su pequeño hijo de 15 años en los brazos negándose a subirse a algún carro de los varios que acudieron a auxiliar en el percance con resultados tan escalofriantes.

Refería el abatido padre que cuando Juanito estaba niño le pidió a Dios que se lo concediera hasta los quince años. Lo cual así ocurrió.
Hoy en día las tinajas del Terahuácachi son muy visitadas pues se les ha venido dando promoción turística.


LECCIÓN A RECORDAR AL INICIO DE LA HUELGA MINERA DE NOVIEMBRE

Aunque para 1905 ya se había publicado un boceto de manifiesto de la Junta Organizadora del Partido Liberal, organización con raíces en el socialismo anarquistas, al interior de la huelga de los obreros del cobre, en la mina Cananea, con razón llamada la “Cuna de la Revolución de 1910″( Cananea Consolidated Copper Company, del Coronel norteamericano Mr. William C, Greene ) ya actuaba una pequeña sociedad secreta de obreros, la “Unión Libertaria de la Humanidad”, constituída por 15 de ellols, clave para explicarse el carácter clandestino y conspirativo de la convocatoria contra la dictadura de Porfirio Díaz, planificada incluso desde el exilio.

En la jornada del 1 de junio de 1906 participaron más de 2000 trabajadores en demanda de salarios semejantes al de los obreros norteamericanos que laboraban allí, y jornadas de trabajo más justas.

Sus líderes Juan José Ríos, Manuel M. Diéguez y Esteban Baca Calderón presentaron un pliego de reclamos al dueño que, por supuesto, rechazó. Ellos inauguraron la huelga como un instrumento de lucha válido cuando las necesidades y las razones no son suficientes para persuadir a los propietarios, en un acto nunca visto en la historia mejicana.

Portaban como símbolos la bandera nacional y una pancarta con un billete de cinco pesos, cantidad que demandaban como salario mínimo. Pero, nada más iniciarse el movimiento de protesta, descargas de fusiles fueron detonadas por los trabajadores norteamericanos contra sus pares mejicanos, muriendo dos de los huelguistas y resultando varios más heridos.

En respuesta a la agresión los mineros mexicanos atacaron con lo que tenían a la mano, matando a pedradas a varios mineros estadounidenses, desatándose una batalla campal entre los mineros de las dos nacionalidades.

Los mexicanos fueron perseguidos por los estadounidenses a lo largo del pueblo, del que fueron expulsándolos hacía la serranías cercanas, no sin antes quemar la maderería donde aquellos otros laboraban. En protesta, Greene acudió al agregado estadounidense, quien no tardó en pedir apoyo al gobierno de Arizona, que envió inmediatamente a un grupo de rangers fuertemente armados a ingresar al territorio mejicano para controlar la situación y las instalaciones de la mina, y perseguir y asesinar, con el apoyo de la policía rural mejicana, a todo el que opusiera resistencia.

Los mineros acudieron quejosos por la mañana a exponer al gobernador de Sonora sus demandas, pero fueron en el trayecto emboscados y agredidos por los rangers, que finalmente tuvieron que reembarcarse a su país porque fueron repelidos. Pero el gobierno mejicano, conchavado con los norteamericanos, declarando la Ley Marcial apresó a los líderes mineros, enviándolos a prisión. El saldo total de las dos jornadas de lucha fue el de 23 muertos y 22 heridos, más de 50 personas detenidas y cientos huidos por temor. Vuelto todo a la “normalidad”, los trabajadores fueron sometidos, pero el decadentismo proburgués y proimperialista de las autoridades mejicanas dejó entrever que todo ello era apenas el primer destello revolucionario en tierras mejicanas. A esa huelga le seguieron varias insurrecciones preparatorias de la Revolución del 16 de setiembre, desgraciadamente descubierta y desactivada por la policía porfirista en colaboración con detectives norteamericanos.

El plan subversivo que incluía regresar a la Cananea para unirse a los mineros mejicanos y a los indios Yaquis, ante el traspié sufrido, no fue abandonado, sino sólo postergado, pues las condiciones, las necesidades y la disposición de lucha de los obreros y de los campesinos se mantenía intacta a pesar del castigo recibido.

La comunidad Yaqui fue elegida desde el principio y deliberadamente por los revolucionarios porque desde siempre, y sobre todo bajo la dictadura porfirista, fue cruelmente perseguida y deportada, pero nunca obligada a declinar pese a la represión.

Sus antecedentes de combate databan de 1740, en que con los Mayo, los Pima y los Ópata, rechazaron la pretensión de los blancos de apoderarse de sus tierras y usarlos como mano de obra barata. Ppor eso cuando fueron convocados por ellos a participar en la Guerra de Independencia de 1810 se rehusaron, puesto que nunca dejaron de considerarse una nación independiente. Lo que ratifican quince años más tarde reiniciando sus rebeliones para formar una nación independiente separada de México, bajo el liderazgo de Juan Banderas. A sus continuos alzamientos suceden fusilamientos, promesas y divisiones que los merman y desplazan, sin arriar jamás, enhiesta su demanda a la que vuelven una y otra vez como en los levantamientos de Cajeme en 1870 y las guerrillas de Tetabiate.

Su guerra resurge en el último tercio del siglo XIX como respuesta a la convocatoria abierta por el gobierno mejicano para colonizar los Valles del Yaqui y del Mayo. Nuevamente vuelven a levantarse en defensa de sus tierras y de su autonomía, sin embargo en la batalla del Cañón del Mozocoba en 1900 el ejército federal les infligió una fuerte derrota, muriendo cientos de ellos y tomándose varios cientos de prisioneros.

Porfirio Díaz perpetraría miles de deportaciones para acabar de una vez por todas con sus rebeliones periódicas, entragándolos a los hacendados del Yucatán, diezmándolos a pesar de su famosa fortaleza. De los 6.500 deportados de castigo a Yucatán volvieron exterminados, olvidada su lengua, pero no su aspiración, por la que aceptaron mestizarse con mayas para no desaparecer, lo que en vez de derrotarlos los afianzó en terca demanda por tierra y autonomía.

Sobreviviendo en las obras públicas, en cuanto sonaron las campanadas obreras a sus oídos, y el discurso de cierta forma primitiva de socialismo, se incorporaron a la Revolución Mejicana, ganándose -con su bravura- el derecho a que se les regresara su territorio, asunto que, sin embargo, las autoridades no cumplieron por lo que vuelven a levantarse hasta 1929, en que se les conceden los derechos disminuidos de una etnia y no los de una Nación o Estado autónomo, el uso de sus tierras en el sistema nacional de ejidos, y autoridades menores del tipo de los cacicazgos tradicionales, que sin embargo nunca se prestaron a colaborar.

Por eso, cuando en 1906 los revolucionarios mejicanos organizaban dentro y fuera de México la lucha política pública, recorriendo la región y relacionándose con las sociedades de obreros y con las comunidades indígenas, ya preparaban a la vez, intensamente en la clandestinidad, el levantamiento armado para derrocar al vergonzoso régimen dictatorial de Porfirio Díaz, apañador de latifundistas y de explotaciones mineras gringas, violador de los derechos políticos, represor de la oposición y de los movimientos huelguísticos. Sorprende la claridad del compromiso obrero-campesino que tuvieron los primeros líderes de la Revolución mejicana.

Publicado el Programa del Partido en julio de 1906, ya habían programado para el 16 de setiembre la incursión armada de los exiliados revolucionarios, desde la frontera, para tomar el control de las municipalidades de Ciudad Juárez de Chihuahua y las aduanas de Agua Prieta y Nogales en Sonora, señal de inicio de la Revolución, que habría de ser inmediatamente seguida, como se tenía previsto, por el estallido simultáneo, para dispersar al enemigo, de rebeliones armadas en distintas zonas estratégicas obrero-campesinas, donde las células del Partido ya habían preparado condiciones. Sin embrago el 4 de setiembre, debido a la delación de Ramón Talamantes, un espía sembrado desde el comienzo dentro del movimiento revolucionario por el gobierno de Porfirio Díaz, la policía norteamericana detuvo a los miembros del Club “Libertad”, encargado de atacar Nogales y Agua Prieta, llevar armas a la emblemática mina Cananea y unirse a los rebeldes Yaquis.

La policía decomisó documentos y descifró las claves de la Revolución del 16 de septiembre abortándola, es cierto, pero en verdad sólo los pospuso.

El tema obrero, antiimperialista y socialista en México aún sigue pendiente. A un siglo de distancia, el modo sencillo y práctico como los primeros revolucionarios mejicanos acometieron la ruta para la conjugación de los sectores obreros y campesinos estratégicos tras la conquista de autonomía territorial y política, constituye, para los revolucionarios socialistas y federalistas en el Perú, una enorme lección de planificación, coordinación, persistencia y combatividad indeclinables a imitar, con ocasión del inicio de la huelga de la Federación Nacional de Trabajadores Mineros, Metalúrgicos y Siderúrgicos y del Paro convocado por la CGTP para este próximo noviembre, acciones a las que no hay que mirar como simples acciones sindicalistas, reivindicativas, ciegas, y desligadas de la posibilidad de hacerse con los instrumentos de poder político básicos para derrotar definitivamente a los socios menores de los imperialistas en nuestro país.

Aleccionados por el ejemplo de nuestros mayores en el pasado siglo, aprendamos a hacer las cosas en el estilo conspirativo del proletariado y con la practicidad sencilla y efectiva con que deben ser dados los pasos para prender y portar la antorcha del definitivo cambio de rumbo social.

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Por José Terán

Es una escultura que suscita miedo. Todavía cuando la contemplo me provoca un ligero temor, un pálpito de moderado terror que vuelve a ser infantil como cuando tenía seis años y “Nuestro Padre Jesús” –tal es su nombre—abandonaba su puesto en la iglesia para recorrer, en andas, las calles de Batúc.

  

Escribo sobre el pueblo original hoy desaparecido y varias veces inundado por la presa El Novillo
El modelo, obra de Alberto Molina o Pedro Calles, fue tallado en madera y mide cerca de dos metros y medio, tamaño que le confiere el golpe de asombro que despiertan todas las figuras que escapan a la proporción humana.

Pero ese pasmo tiene que ver también con la naturaleza inhumana que se desprende, a primera vista, de la imagen santificada. Podríamos decir que hay algo en ella que no encaja con la realidad, un inexplorado ámbito en el que las leyes naturales de la representación han abandonado sus cauces y “aparentan” un realismo que no existe o fue deformado deliberadamente, como esas telas de Dalí o el David de Miguel Ángel.

Tal vez esa fue la intención del escultor: transmitir un temeroso estupor en los espectadores y fieles integrantes de la parroquia; o es posible que la ingenuidad en el oficio lo llevó a concebir una obra que aún hoy infunde un grado de turbación que puede confundirse fácilmente con respeto e impone una incomprensible lejanía a los devotos que lo visitan.
Sí, porque el Nuestro Padre Jesús parece que camina, que siempre, semiencorvado, va caminando en procesión y, además, cargando una enorme cruz mucho más grande que ese madero adelgazado que no encaja ni entre sus manos ni entre sus brazos. Nadie de los nativos del pueblo de Batúc sabe por qué lo vistieron desde siempre con una gran túnica o bata rojo púrpura la cual acintura un grueso cordón de seda cuyos extremos caen a un costado de la figura y entre los pliegues del terciopelo.
Pero es la actitud la que agrega reverencia, temor y compasión: el rostro blanquecino, gacho y casi oculto por una larga y negra cabellera que le cae a los lados, se desliza sobre sus hombros y su espalda hasta casi llegar al talle. Y luego sus brazos y sus manos, para nada flexibles en su movimiento, en el ritmo al abrazar la cruz: el brazo derecho muy arriba y la mano muy abierta, dejando ver las heridas en falanges, muñeca y codo que la manga deja escapar, en tanto el brazo izquierdo se adelanta frente al pecho y hacia abajo, como si en vez del angosto madero que le instalaron Jesús tratara de abrazar un grueso tronco.
Pero esa cabellera de pelo real en rizos, de un negro retinto ¡cómo contrasta junto a la piel lechosa, casi blanca de la estatua! ¿Quién informó al escultor que los judíos son de ese color?

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Cuando niño, recuerdo que los días de Semana Santa salía Nuestro Padre Jesús sobre una tarima de madera sostenida en alto por ocho o diez hombres para recorrer las calles de Batúc, mientras los feligreses siguiendo la enorme figura y a un sacerdote que la precedía –los hombres con los sombreros en la mano y las mujeres de negro con los rosarios en las manos—rezaban con un murmullo bajo y sordo. A veces la procesión se detenía para después continuar el recorrido. A veces se alzaban cánticos de mujeres con voces muy agudas que le conferían al acompañamiento un aire de pavorosa resignación o desesperanza, que es lo mismo.
De lejos, Nuestro Padre Jesús era aberrante. Su tamaño chocaba en el espacio circundante porque se alzaba sobre las bardas y casas de adobe en las estrechas calles y el manchón rojo y negro que proyectaban su hábito y cabellera impactaban a distancia. Una vez el herético Julio Figueroa al desembocar a un cruce de callejones se enfrentó a una de estas procesiones y al ver a Nuestro Padre Jesús exclamó “¡Huy, qué aparatote!” y arrendó.

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Hoy, Nuestro Padre Jesús sigue saliendo durante los días previos al Sábado Santo, pero en San José de Batúc, la nueva colonia que los batuqueños erigieron algo más arriba del límite máximo del agua de El Novillo. La escultura, gracias al esmerado cuidado de los fieles y católicos vecinos, sigue conservando ese hálito de espantoso e inhumano sufrimiento. Cuando lo veo pasar, blanco el rostro y tinto por la sangre que chorrea de la corona de espinas un estremecimiento muy antiguo recorre mi espina dorsal.
No quisiera tener que entrar a media noche a la pequeña iglesia que lo resguarda, pero sé que ahí está, con una mano abajo y frente a su cintura, muy abierta, como la otra que se alza sobre su cabeza, a punto de dar un paso o bajar del pedestal ¿quién puede saberlo?

José Fco. Terán.
Escritor y Maestro en Arte.
Blog: letrasytintas.blogspot.com


GESTA HEROICA EN ALAMOS, SONORA

Por: Epifanio Zamorano Ramos

En el mes de Febrero de 1913 México entero se estremeció de horror al conocer la vil traición cometida por el pretoriano General Victoriano Huerta, que no tuvo empacho en mandar asesinar al Presidente y vicepresidente de la República, Don Francisco I. Madero y Lic. José Ma. Pino Suárez, para usurpar la primera magistratura del país a implantar la dictadura militar.

Ante tan desleales actos, todos los antiguos Maderistas volvieron a empuñar las armas y se lanzaron a la lucha armada llevando como meta derribar al impostor y llevar nuevamente al país al orden constitucional.

Mi padre Sr. Epifanio E. Zamorano, que había sido decidido partidario político del Sr. Madero y servido como humilde soldado durante la Revolución de 1910 y contra el Orozquismo en 1912, organizó un grupo de campesinos armados, al cual le dió el nombre del Regimiento Arteaga, debido a que la mayoría de los hombres procedían del Distrito de ese nombre en el vecino Estado de Chihuahua, contiguo al de Alamos, Sonora.

Precisamente en esta ciudad se incorporó en Mayo de 1913, el grupo de mi padre al que comandaba el entonces Coronel Benjamin Hill, Jefe Revolucionario que operaba en aquella zona del Estado y con quien le unían nexos de amistad fomentada durante la campaña política de Don Francisco I. Madero.

En aquel grupo armado figuraba como segundo Jefe Félix Mendoza, correligionario político en la campaña de 1910 y fiel amigo de mi padre, quien como él, había servido en el movimiento armado de 1910 y de 1912 a favor de Madero y en defensa del gobierno constituido: Félix Mendoza alcanzaría posteriormente el grado de Mayor de Caballería del Ejército Constitucionalista, y sé cubriría de gloria al frente de una fracción del Regimiento, en la defensa de la Plaza de Alamos el día 12 de Mayo de 1915.

Aquel grupo de soldados improvisados ya incorporados al Ejército del Noroeste bajo el mando del General Alvaro Obregón, asistió a los principales hechos de armas protagonizados en la campaña militar por la Costa Occidental, hasta hacer la entrada triunfal en la Ciudad de México el día 15 de Agosto de 1914.

Al presentarse el rompimiento Villa-Carranza, tocó al regimiento Arteaga acompañar al Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, Don Venustiano Carranza al Puerto de Veracruz, donde permaneció por muy corto tiempo, ya que por disposición del General Obregón fue despachado al Estado de Sonora con instrucciones a sus jefes de hacer un reclutamiento en el Distrito de Alamos para reponer las pérdidas sufridas y, en su oportunidad, trasladarse a revolucionar en el Estado de Chihuahua dominado totalmente por el villismo.

Por no existir otra ruta a seguir, el viaje se hizo por mar de Veracruz a Coatzacoalcos, de ahí por tren a Salina Cruz y una vez más por vía marítima a Mazatlán, Sinaloa, donde el Regimiento fue provisionalmente incorporado a las fuerzas al mando del General Angel Flores, colaborando en la campaña del Sur de Sinaloa, donde operaba en el bando Villista el bravo General Rafael Buelna.

Vencida la resistencia villista en el Sur, el General Flores al frente de la Columna Expedicionaria de Sinaloa, prosiguió la campaña militar hacia el norte venciendo la recia resistencia que a través del Estado le presentaron los incidentes, logrando arribar y apoderarse de la Ciudad de Navojoa, donde estableció su Cuartel General. De ahí, por lo pronto, no se pudo proseguir al Norte debido al agotamiento de la tropa, y a que las fuerzas Villistas-Maytorenistas se encontraban acampadas en número muy superior en la margen Norte del Río Mayo, por lo que el Regimiento Arteaga se trasladó a guarnecer la ciudad de Alamos y a cumplir con su programa de reclutamiento.

Y ahora cedo la palabra al Capitán Primero del Estado Mayor, Rodolfo G. Robles que formó parte de la Columna Expedicionaria de Sinaloa, quien en un folleto que publicó en Mazatlán el 30 de Abril de 1916, escribió:
“En los primeros días de Mayo y en los que el enemigo no tomaba ninguna iniciativa de hostilizarnos con buenos resultados de su parte salió rumbo a Alamos el Teniente Coronel Epifanio E. Zamorano y el Mayor Félix Mendoza con una fracción del Regimiento Arteaga, (pié veterano) de cuyo lugar pasaría tan pronto como las circunstancias fueran favorables, al Distrito Arteaga, Chih., con objeto de revolucionar en el seno del villismo y para lo cual decíase que el Teniente Coronel contaba con numerosos simpatizadores”.

“Como este Jefe traía excelentes recomendaciones del General Alvaro Obregón, Jefe del Cuerpo del Ejército del noroeste; el Cuartel General le proporcionó algunas armas, municiones y 25 soldados del 6to. batallón para que mientras permaneciera en aquella plaza le sirviera de apoyo, (pié de reclutamiento)” y hasta aquí el Capitán Robles.

Días después de arribar el Regimiento a Alamos, dispuso su Jefe hacer una excursión relámpago a la Villa de Chinipas, Chih., ocupada por los villistas, partiendo con aquel destino con el grueso del Regimiento, dejando la Plaza bajo las órdenes del Mayor Mendoza con una escasa guarnición compuesta de tan sólo 27 soldados, algunos de ellos recién reclutados.

Ya sea por su servicio de inteligencia o en cualquiera otra forma, los villistas tuvieron noticias de aquel movimiento y de la escasa guarnición que se encontraba en Alamos, de tal manera que por la mañana del día 12 de Mayo de 1915 se avistaron a la Plaza fuerzas enemigas mandadas por el Teniente Coronel José Ma. Durán, los Mayores Ignacio Otero Pablos y Manuel Prado y el Capitán Manuel J. Limón que ascendían según el relato del Capitán Robles de 800 a 1000 hombres; pero por su parte el General Obregón los estima tan solo en 500.

Al ser intimado el Mayor Mendoza de rendición y entrega de la Plaza, respondió con un rotundo Nó.

En aquellos críticos instantes se presentaron al Mayor los Empleados Públicos, y varios civiles voluntarios a ofrecerle sus servicios para la defensa de la Plaza, completándose en esa forma un núcleo de 67 hombres, que batiéndose a la defensiva se concentraron en el Cuartel en la Loma de Guadalupe; cerraron fuertemente las puertas y, por claraboyas y aspilleras hicieron una defensa obstinada y valiente que se prolongó por más de cinco horas ante un enemigo que los superaba en más de cinco a uno.

El ataque Villista se inició por el Barrio de la Aurora camino de Navojoa, y se fue extendiendo con gran rapidez en forma circunvalatoria hasta cerrar por completo el círculo cuyo punto céntrico lo era el Cuartel.

Cuando el número de defensores caídos llegaba a los quince, había otros tantos heridos y las municiones estaban llegando a su fin, el Mayor Mendoza, a la sazón semi inválido a consecuencia de una herida que había recibido en una pierna en las primeras batallas de la Muralla, Sin., dos meses antes, creyó llegado el momento de tomar una última y suprema decisión; ordenó a sus hombres la rendición, pero él, tomando su pistola, se disparó un tiro en la sién, desplomándose sin vida para no levantarse más. Su fiel asistente, cuyo nombre no he podido averiguar y que, sin lugar a dudas, era un valiente y amigo del Mayor, siguió su ejemplo y, a su vez, se traspasó la cabeza de un pistoletazo, siendo la última víctima de aquella titánica lucha.

Años más tarde me platicaba mi padre, que en charlas con el Mayor Mendoza, le había dicho éste que si se llegaba el caso, se pegaría un tiro antes de caer prisionero y ser befado por el enemigo, y como lo sabemos, lo cumplió.

El General Alvaro Obregón en su obra Ocho Mil Kilómetros en Campaña al comentar estos hechos, escribió:
“Entre los hechos militares que mayor realce dieron a las armas Constitucionalistas, en la región Sur de Sonora y en la época del sitio de Navojoa, debe citarse la defensa de la Ciudad de Alamos, Sonora, el día 12 de Mayo de 1915.

El combate fue desigual, desesperado y rudo: el enemigo en número abrumador, cargaba sobre el cuartel, donde se defendía aquel grupo de valientes: éstos fueron siendo diezmados; muriendo unos y cayendo prisioneros otros, hasta que, por fin, el agotamiento de cartuchos y la asfixia que entre ellos comenzaba a producir el humo dentro del cuartel, los imposibilitó para prolongar aquel sacrificio inútil. Entonces el Mayor Mendoza, que era el Jefe de aquel puñado de hombres, les aconsejó se rindieran y él disparándose su arma, se privó de la vida. Su asistente, al ver aquel gesto heroico de su Jefe, cogió el arma de éste, y siguiendo su ejemplo, con ella se dió muerte también”.

Por su parte Don Manuel S. Corbalá en su libro Alamos de Sonora, página 110 termina su comentario al respecto, escribiendo:
“El Mayor Mendoza ordenó a sus hombres la rendición. y él no queriendo incluirse en ella, optó por el suicidio dándose un tiro en la sién, el último de su pistola,. desplomándose muerto a los pies del enemigo, de cara al sol, como morían los héroes Homéricos”.

El Capitán Robles en su folleto ya citado, escribió así mismo:
“En un principio parte de aquellas fuerzas, cuando menos, hubieran podido salvarse si su Jefe no hubiera tenido excesivo valor, confianza en sí mismo, e invalidez; se podría haber efectuado una salida a tiempo por el rumbo opuesto a la ofensiva, que era accesible, pero en estos momentos en que nos encontramos, ya no era posible, si acaso se pensó en ello.

Este es uno de los hechos históricos más grandiosos con que cuenta la Columna Expedicionaria de Sinaloa, donde la encomiable ayuda de aquellos voluntarios, se agigantó”.

Durante aquella prolongada y desigual lucha sucumbieron por parte de los defensores 17 hombres, contándose entre ellos el Mayor Mendoza, el Presidente Municipal de Alamos, Carlos M. Salazar, Severiano Gómez, Severiano Gómez Gil, hijo del anterior, Lic. Antonio Avila, Rosario Barriga, Pedro Vázquez, Jesús Ramos, Ubaldo Amador, y ocho hombres más cuyos nombres quedaron ignorados.

Entre los heridos estuvieron Enrique M. Rochín Manuel Tirado, Alfredo Rivas, Francisco Rivas, Crispin Santoyo, Pedro Balderrama, Manuel Mendoza, José Ma. Navarro, José Navarro, Severiano Cota, Jesús Antonio Cota, José Ruiz, Gumersindo Esquer, M. Quiñonez y Ernesto Salazar.

Por parte de los atacantes hubo 118 muertos entre quienes figuró el Jefe de la columna Teniente Coronel Durán; y 19 heridos. El gran número de caídos por parte de los atacantes, nos dá una Idea con qué tenacidad y valentía se defendió aquel puñado de valientes atrapados en el cuartel.

Durante algunos años después de ocurridos estos hechos, se vinieron rindiendo honores a la ciudad de Alamos a la memoria del Mayor Félix Mendoza. Su gesta heróica voló por los aires a través del corrido. Recuerdo una cuarteta que decía:
Le dijo el Mayor Mendoza, Cuando ya se vió perdido. Levanten bandera blanca, Yo me voy a dar un tiro.

Tiempo después se organizó en la ciudad de Alamos un Club Político que llevó el nombre de “Mayor Félix Mendoza”. Pero, como el tiempo todo lo borra, hoy día; el recuerdo del defensor de la ciudad de Alamos, ha pasado al olvido. Por ahí, en una tumba perdida del viejo Panteón de la ciudad se encuentran sus restos en completo abandono y olvido.

Para terminar, me estoy permitiendo sugerir a nuestro Presidente, Sr. Ing. Armando Hopkins Durazo, que aprovechando la buena disposición de nuestro digno Gobernador Doctor Samuel Ocaña García, inicie gestiones ante el Gobierno del Estado, a fin de que sea localizada aquella tumba perdida y los restos que contiene se trasladen a esta ciudad y, en su oportunidad, se depositen en la proyectada Rotonda de Sonorenses Ilustres. Más si ésto no fuera de aceptarse, que en el mismo lugar donde actualmente reposan le sea colocada una placa alusiva que haga perdurar su memoria.


Ocho mil kilómetros en campaña, escrito por el general Álvaro Obregón Salido

El segundo libro para la conmemoración del bicentenario-centenario es el titulado Ocho mil kilómetros en campaña, escrito por el general Álvaro Obregón Salido, llamado también “el manco de Celaya” por haber perdido un brazo en la batalla en aquella ciudad, invicto triunfador de la revolución constitucionalista de 1913-1914 como jefe del 4° Batallón Irregular de Sonora y después del Cuerpo de Ejército del Noroeste, llegando a ser  presidente de la República Mexicana de 1920 a 1924. El general Obregón nació en la hacienda de Siquisiva, municipio de Navojoa, Sonora, el 19 de febrero de 1880 y falleció en la ciudad de México, D.F., en un atentado al reelegirse para la presidencia del país, el 17 de julio de 1928.

La primera edición la publicó él mismo en 1917, en la Librería de la Vda. De CH. Bouret, París-México, con el subtítulo: Relación de las acciones de armas, efectuadas en más de veinte Estados de la República durante un período de cuatro años por el C. general Álvaro Obregón y descritos por él mismo, donde pone sus memorias todavía vivas de sus partes de guerra, entre 1912 y 1915, ganadas sí, pero con la invaluable ayuda de sus subordinados Salvador Alvarado, Benjamín G. Hill, Juan G. Cabral, así como las de Plutarco Elías Calles, Pedro Bracamontes, Manuel M. Diéguez, Francisco R. Manzo, Francisco R. Serrano y muchos más, enlistando al final el nombre de todos sus generales, jefes y oficiales de los combates en Santa Rosa, Sonora y Celaya, Guanajuato.

         La segunda la editó el Fondo de Cultura Económica en 1959 con tres re impresiones en 1960, 1970 y 1973. Esta segunda, con 682 páginas y pasta rústica, fue impresa en los talleres de Gráfica Panamericana, S. de R.L., de México, D.F., dentro del programa Fuentes para la Historia de la Revolución, con el apoyo del gobernador del estado, Álvaro Obregón Tapia (1955-1961) –hijo del general– la Universidad de Sonora y el Patronato de la Historia de Sonora. Director de la obra lo fue el licenciado Manuel González Ramírez. Contiene una nota preliminar del Patronato de la Historia de Sonora; también un estudio nombrado “Obregón, Militar” de la pluma del general Francisco L. Urquizo; otro bastante extenso, llamado “Las campañas del general Álvaro Obregón, ensayo de interpretación”, con muchos croquis de las batallas, escrito por el general Francisco J. Grajales, en el que da a conocer otros datos importantes e interesantes para entender mejor las campañas y la personalidad del caudillo revolucionario.

Al final del libro lleva un apéndice con un escrito del propio González Ramírez llamado “Álvaro Obregón, estadista”; además un manifiesto con el que Obregón comenzó su campaña electoral en Nogales, Sonora el 1 de junio de 1919; un documento titulado “Ideario de Álvaro Obregón”, quizás escrito por alguien más del Patronato y el último discurso que dio a su arribo a la ciudad de México, D.F. como presidente electo, el 15 de julio de 1928, dos días antes de su asesinato. También contiene un índice de nombres, un índice de láminas y un índice general.

Con motivo del “Año del caudillo de la Revolución Mexicana Álvaro Obregón”, el gobierno de Sonora del Dr. Ocaña, en 1980, publicó su libro pero en “fragmentos”, como reza esa edición, con 148 páginas, con prólogo de Manuel González Ramírez, misma que fue re editada en una segunda en 1984, con 160 páginas. De ellas dice el licenciado Moncada en el mismo catálogo: “Ocho mil kilómetros en campaña una lectura fácil y agradable asimilación, pese a los partes militares, en cuya sobriedad y detalle apoya los hechos relatados, suelen oponer la aridez a aquellas nada frecuentes características”.

La tercera edición, por conducto también del Instituto Sonorense de Cultura, hecha para conmemorar en el año del 2010 el Centenario de la Revolución Mexicana, se imprimió en el 2009 –coordinada también por José Rómulo Félix Gastélum– otra vez por el Fondo de Cultura Económica en la ciudad de México, D.F., con la magnífica colaboración de la Fundación CarmenToscano (Archivo Histórico Cinematográfico), con un tiraje de mil ejemplares en pasta dura cuya portada fue diseñada por Laura Esponda Aguilar. La obra de 783 páginas bien impresas y fotografías tiene las siguientes medidas: 17 cm de ancho, 23.7 cm de alto y 4.2 centímetros de grosor. Registro ISBN 978-607-16-0074-5.

         Lleva esta nueva edición una presentación del ex gobernador ingeniero Eduardo Bours Castelo; un prólogo del doctor Álvaro Matute Aguirre y los demás escritos y apéndices de la segunda edición, exceptuando el índice de láminas. Esta nueva edición consta además de un CD-ROM o disco compacto con fotografías pertenecientes hoy a la Fundación CarmenToscano, tomadas por Jesús H. Abitia (fotógrafo que acompañó a Obregón todo el trayecto) que, como escribe en la contraportada el doctor Ignacio Almada Bay, del Colegio de Sonora, “complementan y amplían la narración escrita de las campañas militares del general Obregón, destacando la participación de mayos y yaquis”.

Desafortunadamente, principalmente esta última obra, también con los logotipos y colores en rojo del anterior gobierno sonorense, llegó tarde al gobierno de Bours, cuando tomaba ya posesión el nuevo gobernador de la oposición, el licenciado Guillermo Padrés Elías (2009-2015), del blanquiazul y es probable que se quede “empaquetado”, como se dice vulgarmente, como ya ha sucedido en el pasado. Esperemos que este importante libro para la historia de Sonora, en manos de la nueva coordinadora de bibliotecas en el estado, la conocida y magnífica escritora Margarita Oropeza, sea distribuido en las bibliotecas del Estado de Sonora y vendido al público en general, fuera de toda discusión, lo que diría bien de la persona del nuevo gobernador Padrés que antepondría el beneficio de la cultura para los sonorenses por encima de las pasiones políticas que a nada bueno llevan.

El Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA) publicó también este libro en 1ª. Edición en el 2008, en dos tomos, para la serie: “Cien de México” y el Fondo de Cultura Económica en el 2009 –a la par con el editado para Sonora– en su 1ª Edición propia (que aparece también como 3ª con el mismo ISBN), en pasta rústica, en la colección: “Vida y Pensamiento de México”, también con el susodicho CD; o si desean pueden leer lo escrito por el caudillo en la Biblioteca Virtual Antorcha, en www.antorcha.net, presentación de Chantal López y Omar Cortés.

Sonora tuvo casi nula participación en los hechos de la Independencia de México y por lo tanto hay poco de qué hablar sobre ello, en cambio, participó activamente en la Revolución Mexicana y en la construcción del México moderno, por lo que tienen los sonorenses más que festejar de la segunda (1910) que de la primera (1810). Que no se diga que en Sonora pasaron desapercibidos estos movimientos que nos dieron al menos un poco de libertad de pensamiento, algo de igualdad de derechos, una somera educación y un cachito de cultura.


LA MUJER QUE FUE BANQUETE DE LAS RATA

CASO VERÍDICO REGISTRADO EN MAGDALENA DE KINO

En la calle Hidalgo y Libertad existe una casa de adobe en donde por muchos años funcionó la única librería en el pueblo y es que en ese inmueble estuvo funcionando una escuela católica fundada por el Padre Egurrola.

Precisamente en los corredores de esta escuela lo velaron cuando ocurrió su deceso ya que todo el pueblo acudió a ver al amado párroco,teniendo los niños de las escuelas que hacer largas colas.

 Con los años la librería la cambió a la mitad de la cuadra sobre la misma calle Hidalgo y en igual forma cientos de chamacos acudían a esta librería que atendida por tres señoritas quedadonas a las que llamaban Las Monroyitas. Fina, la mayor seguida de Magui y Mariyita.

Tenían fama de duritas y ahorrativas, muy desconfiadas con todo mundo, y siempre malhumoradas, eso si muy católicas chapadas a la antigua pero su comportamiento con la gente no correspondía al de un cristiano verdadero, déspotas con los niños principalmente, ya que por fuerza tenían que acudir allí donde ellas distribuían los libros escolares.

Si una niña entraba con shorts, le decían que el Padre Santos se enojaba mucho cuando las niñas se ponían esos pantaloncitos.

Pero una niña rubia de nombre Toñetita les reviró: lo que pasa que el padre no los usa porque no tiene bonitas piernas debajo de la sotana.

Entre aquella revoltura de pasquines, había libros ya amarillentos que no se vendía por lo caro o porque la gente no leía. Los pedidos los hacían hasta la ciudad de México y éste llegaba por transporte o tren.

Lo que más se leía era la novela semanal, la policíaca; y entra la muchachada Tarzán, Superman, Memín Pingüín, Jenny Autrey, Roy Roger, El Santo, Tawa, El Llanero Solitario, etcétera.

El Lic. Alfredo Topete al hacer un relato sobre estos personajes de leyenda, cuenta: “En su especial forma de ser, las Monroyitas se abrogaron el derecho a la censura y así, en los “pasquines” cuando salía un dibujo de mujer insinuando su figura, la Mariyita la ocultaba con tinta”.

Esa costumbre de tachar con un marcador monas o frases en los periódicos o revistas sigue siendo muy común en ciertas personas del pueblo.

Tenían por costumbre mandar todos los días a comprar un paquete de tortillas de maíz al molino de Jayassi. Lo que sucedía era que en la noche se las aventaban a las ratas, eran unos toriles como de 30 centímetros.

Aquellas señoritas tan hermanables, se fueron haciendo viejitas, hasta ya no poder consigo mismas. Doña Tina de Monroy por humanidad las vio en su sus últimos días. Josefina murió primero, María murió en el Asilo, pero Margarita un día cayó muerta, y como estaba sola allí se quedó tirada en el piso toda la noche. Cual sería la sorpresa que a la mañana siguiente que la descubrieron estaba toda mordida por las ratas.

Tomado de Leyendas de Magdalena


EL COMETA HEALY Y LA AURORA BOREAL

Cierta tarde sonaron las campanas del Castillo El Álamo de Kibbey, un vigilante gritaba que venía una partida de yaquis, y todos corrieron a meterse al Castillo, sólo veían por las troneras apuntando con sus rifles.

Una viejecita que tenía un hijo muy malo de tuberculosis que prefirió esconderlo bajo unos petates, pero cuando los alzados llegaron revolotearon todas las casas que estaba afuera de la fortaleza y encontraron al enfermo, así que se lo llevaron de rehén a un lugar cercano en donde los aguardaban el resto de rebeldes.

 

Al poco mandaron a dos yaquis jóvenes a pedir un rescate; la viejecita corrió con Mr. Kibbey pidiéndole ayuda, y éste les dio dos caballos.

Al poco dos yaquis volvieron en los caballos que les habían dado, a pedir más rescate, y la viejecita corrió con Mr. Kibbey a pedir más ayuda, éste les dio un rifle.

Pero al rato volvió un yaqui solo a pedir más armas para poder soltarlo. Pero Mr. Kibbey mandó que encerraran a la ancianita aduciendo que se la va iba a pasar a puro corre y corre, y pide y pide, por lo que le dijo a un par de pistoleros “gringos” que estaban apostados en las troneras, que le dispararan al yaqui hasta matarlo.

Cuando los rebeldes se dieron cuenta de que habían matado al mensajero, la emprendieron a pedradas contra el rehén enfermo hasta dejarlos bien cubierto como si fuera tumba.

Doña María Gutiérrez a sus 96 años de edad, refiere que era muy bonita la vida en el Álamo, y que había un chino que se dedicaba a sembrar fresas y caña; cosechaba cajas de fresas y las hortalizas no faltaban. En aquella época llovía mucho y el arroyo siempre llevaba abundante agua.

Y es que El Álamo era una hacienda modelo cuyo presidente de la Sociedad Ganadera El Alamo era el propio W. Beckford Kibbey, y en Nogales, Arizona estaba la oficina a cargo de Teodora Maburg Jr.. También en Nogales vivían la esposa de Mr. Kibbey, doña Josefina Mix y sus dos hijas Julie y Sari.

Saca del baúl doña María Gutiérrez una carta redactada y firmada por puño y letra de Mr. Kibbey dirigida a don Agustín Gutiérrez, su suegro, en donde se menciona a otro empleado de esa hacienda, el señor Juan de Dios Gastélum que era un gran capataz.

De la temporada que vivió con su esposo Santiago en el Álamos, tiene muy gratos recuerdos, pero la mejor parte de su vida al lado de su esposo fue la que pasaron en el rancho San Carlos de su propiedad, en donde el trabajo como es normal nunca se acababa.

Entre los sucesos más notables que se registraron fue en el año de 1910 cuando apareció el cometa Haley, el mismo año en que ella vino al mundo; al tiempo su esposo Santiago le platicaría aquella anécdota en que un yaqui le dijo: “¡Mira Santiago, velo bien, porque cada 50 años aparece”; la verdad era que cada 70 años aparece el cometa, pero ¿cómo sabía el yaqui que volvería? Ya de viejo don Santiago decía que no se quería morir sin volver a ver el cometa, pero murió tres años antes de 1997, que fue cuando volvió a verse en el firmamento.

Don Santiago había nacido en 1898, y murió de 96 años, así que al morir era hombre longevo.

Toda una larga vida de radicar en esa bella comarca en donde como en todo el mundo pasaban tantas cosas. Doña María se acuerda cuando aún muy joven vio aparecer la Aurora Boreal, y como mucha gente era ignorante a este suceso, creían que iba arder el mundo y caían desmayados; “a nosotras no nos dio cuidado porque ya nos habían explicado de que se trataba de un fenómeno; pero se veía muy feo, todo rojo el cielo para el lado noroeste.

Mi tata nos decía que no nos asustáramos que ya había salido más antes en 1926, creo que yo tenía 16 años”. Y recuerda muy bien que había un muchacho llamado Higinio al que andaban sobando porque se había desmayado del susto, y que era un 15 de Mayo, día de San Isidro y estaban en El Coyotillo con doña Tuca. “Dicen que cuando llega el sol a calentar Alaska es cuando sale la aurora boreal”, comentó con una lucidez envidiable.alt

La vida en el rancho era muy bella pero se trabajaba día y noche, “el único descanso era desgranar maíz para los cochis que criábamos; sacaban agua del pozo, y aun embarazada ayudaba a jalar la bota de cuero a la orilla del pozo, era lo menos que podía hacer para ayudar a los vaqueros”.

En cierta ocasión llegó al rancho San Carlos, una coyota con la rabia, la coyota venía mordiendo de los demás ranchos, así que llegó y mordió a los perros de los “Turruntas”, unos yaquis que les ayudaban en el quehacer del rancho; estos agarraron un cautín, lo pusieron al fuego y cuando ya estaba al rojo vivo, a cada perro le quemaron la frente hasta hacerle una cruz, y con ello no les pegó el mal.

Los “Turruntas” fueron con el patrón y le dijeron que les pusiera la cruz a sus perros a los que también había mordido la coyota, para que no les pegara el mal, pero don Santiago no creyó que esto fuera efectivo, les dijo que eran puras mentiras.

Al “Policía” le pegó la rabia, lo supieron cuando le dio un brinco a Enrique Estrada que iba caballo, apenas se lo quitó con las chaparreras; era en la temporada de la fiestas de Octubre de Magdalena; el “güero” Valenzuela antes de irse lo cazó y lo mató. Al otro día llevaba un becerrito muerto a tirar, cuando el otro perro, “el capitán”, se le fue encima queriendo despedazarlo, y allí notaron que tenía la rabia. Santiago escuchó en el corral del pozo que andaba el perro ya muy mal, luego salió huyendo; lo buscaron y lo vieron en la loma en un bebedero lengüeteando el agua sin poder tomarla (hidrofobia). Santiago le gritó “¡capitán!” Y le pegó un hachazo en la frente.

Sucedió que las gallinas se comieron la sangre del perro “y a la mañana siguiente tuvimos que matarlas y quemarlas. Después nos enteramos que a las aves no les pega la rabia. Pero ya nos habíamos quedado sin gallinas y sin blanquillos”, dijo doña María.

“El Guardián”, un tercer perro, se había quedado encerrado en un cuarto, pero “el Policía” lo había mordido.

Nueve hijos tuvieron don Santiago y doña María, y todos ellos nacieron en San Carlos; la mamá de ésta, doña Lola era la Comadrona. Un día estando ya con ocho meses de embarazo “llegamos todos empolvados de Nogales, había yo comprado unos lentes oscuros, y cómo llegamos ya tarde, la luna le pegó en la cara al perro y nada de que me reconoció “el Rigoleto”, me saltó a la cara, así que con el susto perdí a la criatura. Era en tiempo de frío, sentí que el niño no se me movía, me puse boca abajo y nada”.

Sus hijos son Alicia (finada), Amalia (esposa de Edgardo Chavarín), Agustín, Abelardo, Alfonso, Arnoldo, María Antonieta y Armando.

Recuerda doña María que con el quinto tenía apenas dolores y su cuñada María le mandó decir a Santiago: “Tráete a la Güera para Magdalena porque se están muriendo muchas parturientas”. “Apenas llegamos al rancho de Iskaba y al apearme de la carreta me pegaron más fuerte los dolores; Iskaba tenía su caballo ensillado pues iba a una boda, así fue como corrió y le avisó a mi mamá al Coyotillo, y ella se encajó en el caballo y se vino, era muy buena partera”.

Tomado de “Leyendas y Tragedias de Magdalena de Kino” Francisco Bustamante Tapia. (2006)


NACO REVIVIÓ

Una mañana Echevería resucitó a Naco

Eran casi las  dos de la mañana del 31 de octubre de 1974 cuando el agudo chillido de un altoparlante despertó entre sobresaltos a los 3,000 habitantes que entonces tenía este poblado fronterizo.

Por fin, una voz entrecortada se dejó escuchar. Era el anuncio de un acontecimiento como nunca lo había vivido Naco y como nunca lo volverá a vivir:

“¡El Prescíndete de la República llegará a Naco dentro de unos minutos!”, pregonaba la voz.  “¡Invitamos a todos los habitantes de esta población a recibirlo!”.

Era algo así como un milagro. Como un  sueño.  “Yo mismo no lo podía creer”, confiesa ahora el doctor Luis Antonio    Romo Mitre. Él era entonces el presidente municipal de Naco y fue el encargado de pregonar la buena nueva.    Actualmente (1982) ocupa otra vez la presidencia del pueblo. Y platica la historia:

“El presidente Echeverría había viajado a Nogales, el 20 de octubre sostuvo ahí una reunión con presidentes de los municipios fronterizos. Fue una reunión larga durante la cual se le expusieron los problemas que encaraban los distintos ayuntamientos”.

Uno de los últimos en hablar fue el doctor Romo Mitre.   “¡Naco, se mure, señor presidente!”, exclamó con la voz cortada y lágrimas en los ojos. “¡Ayúdenos, señor presidente”!  En efecto, recuerda ahora el munícipe, Naco vivía días críticos. Fundado en 1900, este pequeño poblado, agarrado con las uñas a la Línea fronteriza con Arizona, había logrado sobrevivir durante años y años gracias a su aduana y al hecho de que era ahí le Terminal del ferrocarril que bajaba hacia Cananea para transportar el cobre de la mina explotada por los estadounidenses y llevarlo allende la frontera.

Llegó el día en que la aduana perdió toda importancia, porque la producción minera pasó a ser exportada por Agua Prieta, hasta donde se prolongó la vía del tren. Naco se convirtió en una mera estación de paso, sin ninguna importancia.

-¿Y de qué vivían sus habitantes? -De milagro-  responde el médico. El ejido estaba muy mal, muy pobre. Aquí no había en qué trabajar. Era exacto que Naco estaba al borde de la muerte. Muchos habitantes se habían ido.   Por ello esa noche, en Nogales, Romo Mitre lloró ante el presidente Echeverría. Lo conmovió, sin duda.

“Me escuchó con  mucha atención. Cuando terminé me hizo dos o tres preguntas. Y de pronto, dijo: “¡Vamos a Naco!”

¿Ahorita señor Presidente?, le pregunté incrédulo. Ahorita, me respondió. Nada más terminamos esta reunión y cumplimos otro compromiso. Bueno, le dije, pues si me permite me voy adelantando”.

Eran alrededor de las 10 de la noche. Una vez terminada a la reunión, Echeverría fue todavía a inaugurar unas obras en Nogales, antes de emprender el viaje a Naco.  Al filo de la medianoche salió de Nogales el convoy presidencial de cuatro autobuses, incluido el de los periodistas.

Tuvo que llegar a  Imuris y ahí tomar el desvío hacia Cananea. En Cananea siguió rumbo a Agua Prieta, para desviarse a medio camino y tomar el todavía inconcluso camino a Naco.

Mientas tanto, el presidente municipal había levantado a todo el pueblo hombre, mujeres y niños, titiritando de frío, veían con asombro el ir y venir de los vehículos de la avanzada del Estado Mayor Presidencial. Se juntaron en el cine el pueblo.

Echeverría llegó al fin, cerca de las dos y media de la mañana. En asamblea popular, oyó las necesidades de los naquenses. Al final, enérgico anunció:  “¡Formaremos una comisión!”.

Y entre los rostros todavía incrédulos, abandonó el pueblo cuando estaba por despuntar el nuevo día.  Una semana después estaba en Naco la comisión presidencial, con representantes de diversas Secretarías de Estado. Se hicieron planes y se pusieron manos a la obra.

Con una celeridad asombrosa, Naco vio en unos cuantos meses transformado su rostro. La carretera fue concluida. Las calles del pueblo, pavimentadas. Se colocó alumbrado público. Se hicieron las instalaciones de agua y drenaje. Se construyó un gimnasio, un Centro de Salud y una escuela tecnológica.

El ejido recibió todo el apoyo: pozos, equipos, crédito, insumos.

“Nos volvieron a la vida”, resume Romo Mitre. Informa que el gobierno federal gastó 120 millones de pesos “de los de entonces”, en las obras realizadadas. Además se organizó una cooperativa “21 de Octubre”. Luego, por disposición presidencial, se instaló una planta procesadora de cal, Sonocal, que hoy da trabajo a 140 personas.

Ahora, sin embargo, Naco está otra vez en peligro de muerte.   Impedidos por el control de cambios para adquirir alimentos y maquinaria agrícola de Estado Unidos, sus habientes sufren de nuevo.

“Nuestro problema es tremendo”, dice Romo Mitre. “Aunque no lo quisiéramos, lo cierto es que la vida del pueblo dependía del otro lado. Ahora la gente es muy pobre. Los precios se han elevado.

Y lo pero: escasean los alimentos. La conasupo ayuda, pero su abastecimiento tiene muchas carencias, falta azúcar, por ejemplo. Faltan muchas cosas”.

Para el ejido, la falta de refacciones puede ser fatal, dijo.  Y el ayuntamiento mismo, se ve afectado seriamente.  Hoy, el pueblo tiene cerca de 6.000 habitantes. Fuera de la cooperativa y la calera, no hay fuentes de trabajo.  El parque industrial, proyectando también en 1974, nunca se hizo realidad. Ni siquiera llegó a instalarse una maquiladora prometida. Y no hay dinero ni para parchar el pavimento de las calles del pueblo, que ya se resquebrajó todito.

Este artículo se publicó en la Revista Sonora Mágica Número 11 (15 de diciembre de 1982) Será necesario otro milagro.


LA CABEZA DE PANCHO VILLA

Cadáver movedizo

La madrugada del sábado seis de febrero de 1926, el jefe de la Guarnición de la Plaza, en Parral, coronel Francisco Durazo Ruiz, ordenó que exhumaran los restos del general Villa y le llevaran la cabeza.

Las horas previas había leído un panfleto escrito en inglés, y tradujo mal. Creyó haber leído que se ofrecía una recompensa de 50 mil dólares por la cabeza de Francisco Villa, cuando en realidad se trataba de un volante que lo reclamaba vivo o muerto, a cambio de esa cantidad de dinero.

 

Durazo envió a siete subalternos, entre ellos al teniente coronel Roberto Cárdenas Aviña, el cabo Miguel Figueroa, los soldados Saniel Cruz y Felipe Flores, y a su chofer Ernesto Wiser. Todos se dirigieron a la fosa 632, en la que yacían los restos desde dos años y medio antes.

El cráneo le fue entregado a Durazo envuelto en la camisa de uno de los soldados, dentro de una caja de municiones de 7 mm. Poco después de recibir el cráneo, las autoridades civiles le notificaron que la tumba había sido profanada, y entonces ordenó una investigación.

Los militares encontraron en la figura de un minero sueco al hombre ideal para responsabilizarlo por la exhumación.

Durazo dejó correr tres días, y una vez que el sueco quedó en prisión tomó la caja con la cabeza de Villa y abordó el primer tren del norte. Iba a cobrar su recompensa. En los andenes de la estación de Jiménez, sin embargo, tuvo un encuentro imprevisto con el jefe de la zona militar de Chihuahua, el general Santiago Piña Soria, quien lo reprendió y le ordenó deshacerse el cráneo.

Durazo se había apropiado los años previos de un rancho en las inmediaciones de Parral. El rancho se llamaba El Cairo, y ordenó a sus subalternos que enterraran ahí la cabeza de Villa. El lugar en donde se ubicaba El Cairo queda en un punto intermedio entre las ciudades de Parral y Jiménez, frente al poblado de Saláices.

En 1927, el presidente municipal de Parral, Enrique Domínguez, mandó construir encima del sepulcro de Villa una loza de concreto armado, para evitar más profanaciones.

“Ahora sí nadie podrá robarse otro pedazo del general”, le anunció a una de sus 18 viudas, Austreberta Rentería

Nunca se hablan, no se detienen; pero si una muchacha le gusta a un hombre, este le desliza en la meno una nota amorosa al pasar; ella responde con una sonrisa si le agrada el pretendiente. Así se conocen; mas tarde, la muchacha se las arreglara para dar al caballero su dirección; esto conducirá a largas pláticas en su ventana, en la oscuridad y, después, podrán ser amantes.

 EXTRACTO DEL LIBRO MEXICO INSURGENTEalt

 

EL HOTEL DE DOÑA LUISA.

Ya entrada la noche llegamos a Jiménez. Dándome de codazos con toda la población, que vino a encontrar el tren, pase entre las antorchas llameantes de la pequeña hilera de puestos de dulces y Salí a la calle, donde los soldados, borrachos, alternaban con muchachas pintarrajeadas paseando del brazo, hasta llegar al hotel estación, de doña luisa.

Estaba cerrado. Di golpes en la puerta y se abrió una ventanilla a un lado, apareciendo el rostro, coronado por una cabellera blanca, en desorden, de una mujer increíblemente vieja. Me miro de soslayo a través de un par de un par de lentes de anillo de acero y advirtió: ¡bueno creo que esta bien!

Se oyó un ruido de trancas que se quitaban y se abrió la puerta. La misma doña luisa apareció a la entrada, con un gran manojo de llaves que le colgaban de la cintura. Tenía por una oreja a un chino al que se dirigía en un español copioso y nada pulcro, en la siguiente forma: ¡chango! ¿Quien te mete andar diciendo a un huésped del hotel que no había tortas calientes? ¿Porque no haces más? Agarra tus trapos mugrosos y ¡fuera de aquí ahora mismo!

Le dio un tirón, por ultimo, y soltó al acobardado oriental.

¡Estos bárbaros malditos! Dijo agregando en ingles ¡los asquerosos pordioseros! ¡No creo una palabra de las proferidas por un chino indecente, capas de vivir con cinco centavos de arroz!

Hay tantos malvados generales borrachos hoy por aquí, que tuve que cerrar la puerta. No quiero a los mexicanos… hijos de…aquí.

Doña luisa es una norteamericana, gordinflona, de mas de ochenta años de edad; una especie de abuela benévola de la nueva Inglaterra. Ha vivido como cuarenta años en México, y se hizo cargo durante treinta años o mas del hotel estación, al morir su esposo. La guerra o la paz no existían para ella. Sobre la puerta ondeaba la bandera norteamericana, y en su casa ella era la única que mandaba.

Cuando pascual Orozco tomo Jiménez, sus hombres, ya borrachos, iniciaron un reinado de terror en la ciudad. Orozco mismo, el feroz, el invencible, que podía matar a una persona según se sintiera, al verla, llego borracho al hotel estación con dos de sus oficiales y varias mujeres. Doña luisa se le planta en frente a la puerta, sola, y le dijo en la cara: pascual Orozco, llévese a sus desprestigiadas amigas y lárguese de aquí. ¡Estoy al frente de un hotel decente!

altY Orozco se fue
Duelo en la madrugada.

Anduve a pie más de medio kilómetro, por la calle increíblemente destruida que lleva a la ciudad. Paso un tranvía, tirado por una mula que galopaba, reventado de soldados medio borrachos. Corrían por todas las partes calesas rebosantes de oficiales, con muchachas sobre sus rodillas. Bajo los polvorientos y deshojados álamos, cada ventana tenía a su señorita, acompañada de un caballero arrebujado en su cobija. No había luz.

La noche estaba fría, seca y llena de sutil y exótica animación; las guitarras vibraban; se oían fragmentos de canciones, risas y mormullos de voces apagadas, gritos cuyos ecos venían de las calles distantes, llenando la oscuridad. De vez en cuando pasaban grupos de soldados a pie, que salían de las tinieblas y se desvanecían otra vez, probablemente para el relevo de una guardia.

vi. un automóvil que corría viniendo de la ciudad, en la prolongación de una calle tranquila, cerca de la plaza de toros, donde no había casas. Al mismo tiempo se oyó el galope de un caballo que venia de otra dirección y precisamente frente a mí, iluminaron los faros del auto el caballo y su jinete, un joven oficial tocado con un sombrero stetson. El automóvil chirrillo al parar en curva y una voz desde adentro grito: ¡alto!

¿Quien habla? Pregunto el jinete, sentado a la cabalgadura sobre sus ancas.alt

¡Yo, guzmán! Y salto el otro a tierra donde, al darle la luz, apareció un mexicano gordo, vulgar, con una espada al cinto.

¿Como le va mi capitán? El oficial se bajo de su caballo. Se abrazaron, dándose palmadas en la espalda con ambas manos.

Muy bien. ¿Y a usted? ¿A donde va?

A ver a Maria.

El capitán sonrió.

No lo haga repuso, yo también voy a verla, y si lo encuentro a usted allí, seguramente lo matare.

Pues voy de todos modos. Soy tan rápido como usted con mi pistola, señor.

Pero no ve usted, replico el otro suavemente ¡que no podemos ir los dos!

¡Perfectamente!

¡Oiga! Dijo la capitana su chofer. Voltee su carro de manera que alumbre parejo la acera…y ahora demos treinta pasos cada uno en sentido contrario, dándonos la espalda, hasta que usted cuente tres; entonces el primero que ponga una bala a través del sombrero del otro, ese gana…

Ambos sacaron sendas pistola y se detuvieron en la luz, inspeccionando los cilindros de sus armas.

¡Listo! Grito el jinete.

Aprisa dijo el capitán, no deben ponerse obstáculos al amor.

Dándose las espaldas, habían empezado a marcar la distancia.

¡Uno! Grito el chofer.

¡Dos!

Rápido como un destello el gordo bajo el brazo que llevaba levantado, giro sobre si mismo en la vacilante, tenue luz, y un poderoso estruendo fue perdiéndose lentamente en la oscura noche. El sobrero stetson del otro hombre, cuya espalda no se había vuelto aun, hizo un pequeño y raro vuelo a poco mas de tres metros lejos de el. Giro sobre si mismo; pero el capitán ya estaba subiendo a su automóvil.

¡Bueno! Dijo alegremente, ¡hasta mañana entonces, amigo!

Y el automóvil acelero su velocidad desapareciendo calle abajo. El jinete se encamina despacio a donde estaba su sombrero, lo levanto y examino. Yo había comenzado a irme poco antes…

En la plaza el batallón tocaba el pagare, la canción que inicio la rebelión de Orozco.

Era una parodia de al original que se refería al pago de madero a sus familiares de 750000 dólares por perjuicios de guerra, tan pronto como el fuera presidente y que se extendió como un incendio forestal por la republica, teniendo que suprimirse por la policía y los soldados. El pagare estaba prohibido en la mayor parte de los círculos revolucionarios, y he sabido de casos de fusilamiento por cantarlo; pero en Jiménez prevalecía el mayor desenfreno en esos momentos.

Más aun, los mexicanos, a diferencia de los franceses, no sienten una fidelidad absoluta por los símbolos. Bandos rabiosamente antagónicos usan la misma bandera; en la plaza de casi toda pequeña ciudad se yerguen estatuas laudatorias de Porfirio Díaz; aun en las mesa de los oficiales, en el campo de batalla, he bebido en vasos estampados con algo así como la efigie del dictador, en tanto que abundan los uniformes del ejercito federal entre las fila de los revolucionarios.

Pero el pagare es una tonada alegre y movida, y bajo los centenares de foquitos eléctricos colgados en la plaza, marcha una doble procesión, divertida, dando vueltas. Por el lado de afuera, en grupos de cuatro, van los hombres, la mayoría de los soldados. En la de adentro, con dirección opuesta, las muchachas pasea del brazo. Cuando se encuentran, se arrojan puñados de confeti mutuamente.

Nunca se hablan, no se detienen; pero si una muchacha le gusta a un hombre, este le desliza en la meno una nota amorosa al pasar; ella responde con una sonrisa si le agrada el pretendiente. Así se conocen; mas tarde, la muchacha se las arreglara para dar al caballero su dirección; esto conducirá a largas pláticas en su ventana, en la oscuridad y, después, podrán ser amantes. Era un asunto delicado el de al entrega de las referidas notas.

Todos los hombres llevan pistola, y la muchacha de cada uno de ellos es su propiedad celosamente vigilada. Es una cuestión de muerte dar una nota a la mujer de alguien. La apretada muchedumbre se agita alegremente, emocionada por la música….

Mas allá de al plaza asomaban las ruinas de la tienda de marcos russek, saqueada por estos mismos hombres hacia menos de dos semanas, y a un lado se destacaba la vieja torre color rosa de al iglesia, entre sus fuentes y grandes árboles, con el letrero de vidrio y hierro iluminado, y un santo cristo de Burgos brillando sobre la puerta.

Allí, a un lado de al plaza, tropecé con un grupo de cinco norteamericanos, extendidos sobre un banco. Estaban andrajosos mas allá de lo indecible, todos, excepto uno, un jovenzuelo delgaducho. Que lucia un uniforme de oficial federal y polainas, además de llevar un sombrero mexicano, sin la parte superior.

Los dedos asomaban de sus zapatos; ninguno tenia mas de los restos de los calcetines; todos sin afeitar. Un joven, casi un chiquillo, llevaba el brazo en cabestrillo, hecho de una piltrafa de sabana. Me hicieron lugar alegremente, se levantaron, me rodearon, dijeron ruidosamente lo bueno que era encontrar a otro norteamericano entre todos estos mugrientos.

¿Que hacen ustedes aquí, colegas? Les pregunte.

¡Somos soldados de fortuna! Dijo el jovencito del brazo herido.

¡OH! Irrumpió otro ¡soldados de…!

Esto es así, vez comenzó a decir el soldado jovencito hemos venido peleando en la brigada Zaragoza; estuvimos en la batalla de Ojinaga y todo. Ahora nos vienen con una orden de villa para dar de baja a todos los norteamericanos en filas y embarcarlos para la frontera. ¿No es esta orden una porquería?

Anoche nos dieron nuestras bajas honorablemente y nos echaron del cuartel dijo uno al que le faltaba una pierna y tenia el pelo rojo.

Y no hemos encontrado donde dormir, ni nada que comer…. interrumpió un pequeño de ojos grises, al que llamaban el mayor.

¡No traten de conquistarse al tipo! Increpo indignado el soldado. ¿No vamos a recibir cada uno cincuenta pesos por la mañana?

Nos fuimos a un restaurante cercano durante un momento. Al volver, les pregunte que iban a hacer.

Para mi, los buenos estados unidos, suspiro un moreno y bien parecido irlandés, que no había hablado antes; regreso a san francisco para guiar un camión otra vez. Estoy harto de mugrosos, mala comida y mal modo de pelear.

Yo tengo dos bajas honorables en el ejercito de los estados unidos, anuncio orgullosamente el joven, serví en toda la campaña contra España, si, señor. Soy el único soldado en este grupo.

Los otros se burlaron y dijeron groserías con caras hoscas.

Creo que sentare plaza nuevamente cuando pase la frontera.

Yo no, dijo el cojo, me buscan por dos cuestiones de asesinato que no cometí; lo juro por dios que no. Fue una trampa en mi contra. Un pobre diablo no tiene defensa en los estados unidos. Cuando no están fraguando una acusación falsa contra mi, me encarcelan por vago, no obstante que soy bueno. Y así siguió muy serio agregando: soy un buen trabajador; lo que pasa es que no encuentro trabajo.

El mayor levanto su carita insensible de crueles ojos.

Salí de una escuela correccional de wisconsin, dijo, y creo que hay algunos policías esperándome en el paso, siempre había querido matar a alguno con un rifle; esto lo hice en Ojinaga, y todavía no estoy satisfecho. Nos dijeron que podemos quedarnos si firmamos los documentos de ciudadanía mexicana; creo que los firmare mañana temprano.

Usted no lo hará, gritaron los otros, esa es una mala pasada. Supongamos que viene la intervención y que tienes que disparar contra tu propia gente. A mi no me veras firmando mi conformidad para ser un mugroso.

Eso se arregla fácilmente, dijo el mayor, cuando vuelva a los estados unidos, les dejo mi nombre aquí. Me quedare hasta que tenga lo bastante para retornar a Georgia y poner una fabrica con mano de obra infantil.

El otro jovenzuelo comenzó a llorar de repente.

Me hirieron el brazo en Ojinaga, sollozo, y ahora me echan sin dinero y no puedo trabajar.

Cuando llegue al paso, me echaran el guante los policías y tendré que escribir a papa que venga y me lleve a casa, a California. Escapa de allá el pasado año, agrego.

Mire, mayor, aconseje, es mejor que no se que usted mejor aquí si villa no quiere norteamericanos en sus filas. Ser ciudadano mexicano no le servirá de nada si viene la intervención.

Quizás tenga usted razón, admitió el mayor contemplativamente. ¡OH, déjese de sermones, Juan! Creo que me iré de polizón a galveston y abordare un barco para ir a América del sur.

Dicen que ha estallado una revolución en Perú.

El soldado tenía como treinta años; el irlandés veinticinco, y los otros entre dieciséis y dieciocho o algo así.

¿Para que vinieron aquí, colegas? Pregunte.

¡Acaloramiento!, contestaron el soldado y el irlandés riéndose. Los tres muchachos me miraron con semblantes ansiosos, serios, en que se retrataban su hambre y sus penalidades.

¡Pillaje!, dijeron al mismo tiempo.

Eché una hojeada a sus ropas destrozadas, la multitud de voluntarios andrajosos que deambulaban por la plaza, a quienes no se les había pagado en tres meses, y reprimí un impulso violento de gritar de alegría. Los deje enseguida, duros, fríos: no encajaban en un país apasionado; despreciaban la causa por la cual habían luchado; se burlaban de incorregible jovialidad de los mexicanos. Al irme les dije de paso:

¿A que compañía pertenecen ustedes, compañeros? ¿Como se llaman ustedes mismos?

¡A la legión extranjera!

Deseo expresar aquí que visto pocos soldados de fortuna, con excepción de uno, y ese era un hombre de ciencia, tan seco como el polvo, que estudiaba la acción de los altos explosivos sobre los cañones de campaña, que no hubiera sido vagabundo en su país.

Ya era muy noche cuando regrese al hotel. Doña luisa me guió a ver mi cuarto y me detuvo un momento en la cantina. Dos o tes soldados, evidentemente oficiales, estaban ahí bebiendo; uno de ellos bien entrado en copas. Era un hombre picado de viruelas, con un bigote negro incipiente; sus ojos no podían fijar su visión. Pero cuando me vio, comenzó a cantar una pequeña y divertida copla:

¡Yo tengo una pistola

Con mango de marfil,

Para matar a todos los gringos

Que vienen por el ferrocarril!

Considere que era diplomático ausentarme, por que nunca se pude saber que hará un mexicano cuando esta borracho. Su naturaleza es muy compleja.

Doña luisa estaba en mi cuarto cuando llegue. Cerro la puerta, poniéndose un dedo misteriosamente en los labios, y saco debajo de su falda un ejemplar del año anterior del satuday evening post, que presentaba un increíble estado de disolución.

¡Lo saque de la caja para usted, Me dijo, la condenada revista vale mas que cualquier cosa en la casa. Unos norteamericanos que se iban a las mina me han ofrecido quince dólares por ella. Usted ve, no hemos recibido desde hace un año una revista norteamericana.

EL RELOJ SALVADOR.

Después de aquel exordio, ¿que podía yo hacer sino leer la preciosa revista, aunque ya la había leído? Encendí la lámpara, me desvestí y me metí en la cama. Pero entonces oí unos pasos vacilantes desde afuera, en el corredor; mi puerta se abrió bruscamente. Apareció, enmarcado en la puerta, el oficial de la cara picada que había estado bebiendo en la cantina. Traía un gran revolver en una mano. Se quedo inmóvil un momento y me miro parpadeando malignamente; después entro y cerró la puerta de un golpe violento.

Soy el teniente Antonio Montoya, a sus órdenes, anuncio, supe que estaba un gringo en este hotel y he venido para matarlo.

Siéntese, le dije con toda cortesía.

vi. que estaba bien borracho. Se quito el sombrero, se inclino ceremoniosamente y acerco una silla. Entonces saco otra pistola que traía debajo de su saco, y puso ambas sobre la mesa. Las dos estaban cargadas.

¿Quiere usted un cigarro?

Le ofrecí un paquete. Tomo un cigarrillo dándome las gracias, y lo encendió en la lámpara. Enseguida recogió las pistolas y me apunto con ellas. Sus dedos apretaban lentamente los gatillos, pero los afloja otra vez. Yo estaba tan fuera de mí que no podía hacer otra cosa sino esperar.

La única dificultad que tengo, me dijo, es la resolver cual revolver debo usar.

Dispénseme, le dije, trémulo, pero, según creo, ambos parecen un poco anticuados ese colt cuarenta y cinco seguramente es un modelo de 1895, y en lo que toca al smith wesson, hablando entre nosotros, es únicamente un juguete.

Es verdad, contesto, mirándolas un poco triste, si lo hubiera pensado antes habría traído mi automática nueva. Mil perdones, señor.

Suspiro y apunto de nuevo los cañones de sus armas a mi pecho, con una expresión de tranquilidad satisfecha, agregando:

Sin embargo, ya que así es, haremos lo mejor que podamos.

Yo estaba a punto de saltar, agacharme o gritar. De pronto fijo la vista sobre la mesa, donde estaba mi reloj de pulsera, de dos dólares.

¿Que es eso?, me pregunto.

¡Un reloj!

Rápidamente le mostré como ponérselo. Inconscientemente fue bajando poco apoco las pistolas. Así como un niño ve el manejo de un nuevo juguete mecánico, del mismo modo lo observa encantado, con la boca abierta y en una atención absorta.

¡Ah! , respiro, ¡que bonito esta! ¡Que precioso!

Es de usted, le dije, quitándomelo y entregándoselo.

Miro al reloj, después de mi, se encendió poco apoco su color, resplandeciendo de alegre sorpresa. Lo puse en su mano extendida. Reverente, cuidadosamente, lo ajusto a su muñeca velluda. Se levanto entonces, radiante, feliz, mirándome. Las pistolas cayeron al suelo, sin ser notadas. El teniente Antonio Montoya me echo sus brazos al cuello.

¡Ah, compadre!, lloraba emocionado.

Al otro día me lo encontré en la tienda de valiente adiana, en la ciudad. Nos sentamos amigablemente en el cuarto de atrás, bebiendo el aguardiente local, mientras el teniente Montoya, mi mejor amigo en todo el ejercito constitucionalista, me contaba las penalidades y peligros de la campaña. La brigada de maclovio herrera había estado durante tres semanas en Jiménez al acecho, sobre las armas, esperando la llamada urgente para avanzar sobre torreón.

Esta mañana, dijo Antonio, los escuchas constitucionalistas interceptaron un telegrama del comandante federal en la ciudad de zacatecas para el general Velasco, en torreón. Decía después de madura consideración, había decidido que Zacatecas era un lugar mas fácil para atacar que de defender. Por lo tanto, informaba que su plan de campaña era el siguiente: al aproximarse las fuerzas constitucionalistas, evacuaría la ciudad y después la tomaría otra vez.

Antonio, le dije, voy a salir mañana para hacer una larga jornada, atravesando el desierto. Voy a magistral en algún vehículo. Necesito un mozo. Le pagare tres dólares semanales.

¡Este bueno! Exclamo el teniente Montoya, lo que usted quiera; así podré ir con mi amigo.

Pero usted esta en servicio activo, le dije, ¿como usted puede usted abandonar a su regimiento?

OH, no hay cuidado por eso, contesto Antonio; no le diré nada de esto mi coronel.

No me necesitan ¿para que? Tienen a cinco mil hombres.
SÍMBOLOS DE MÉXICO
Antes del amanecer, cuando los árboles polvorientos y las casas grises, bajas, están todavía tiesas por el frió, dejamos caer el látigo sobre los lomos de nuestras mulas y salimos rechinando sobre las disparejas calles de Jiménez, rumbo al campo abierto. Embozados hasta los ojos con sus sarapes, dormitaban unos cuantos soldados al lado de sus linternas. Un oficial, borracho, estaba durmiendo, tirando en el arroyo.

Nos lleva una vieja calesa cuya palanca rota estaba remendada con alambres. Las guarniciones habían sido rehechas de pedazos de hierro viejo, pieles cuerdas. Antonio y yo íbamos juntos, en el asiento; a nuestros pies dormitaba un joven, serio al parecer, llamado primitivo Aguilar. Primitivo fue contratado para abrir y cerrar las puertas, amarrar las guarniciones cuando se rompieran, así como vigilar el vehículo y las mulas por la noche, ya que se decía que los caminos estaban infestados de bandidos.

El campo se tornaba en una vasta, fértil llanura, surcada por canales de riego sombreados por largas alamedas de grandes árboles, sin hojas, y grises como cenizas. Un sol blanco, tórrido, resplandeció sobre nosotros como si fuera la puerta de un horno, mientras en los lejanos y extensos campos desiertos humeaba una delgada niebla. Se movía con nosotros y a nuestro alrededor una nube blanca de polvo. Nos detuvimos al pasar por la hacienda de san pedro, regateando con un peón anciano por un saco de maíz y paja para las mulas. Mas adelante había un primoroso edificio, bajo, enyesado, color rosa, alejado del camino y entre un bosquecillo de verdes sauces.

¿Que es aquello?

OH, es un molino de trigo.

Almorzamos en una pieza de la casa de un peón, larga y blanqueada, con el piso de tierra, en otra gran hacienda cuyo nombre he olvidado, pero que perteneció a Luis terrazas, y ahora, confiscada, es propiedad del gobierno constitucionalista. Aquella noche acampamos junto a un canal para riego, distante varios kilómetros de cualquier lugar habitado; era el centro del dominio de los bandoleros.

Después de una cena de picadillo y chiles, tortillas, frijoles y café negro, Antonio y yo dimos instrucciones a primitivo. de4bia hacer guardia al lado del fuego con el revolver de Antonio, y si oía algún ruido, despertarnos. Pero no debía dormirse por ninguna manera. Si lo hacia, lo mataríamos. Entonces primitivo dijo:

Si, señor.

Muy seriamente, abrió los ojos y empuño la pistola. Antonio y yo nos enrollamos en nuestras cobijas junto al fuego.

Debo haberme dormido inmediatamente, por que cuando me despertó Antonio al levantarse, mi reloj marcaba solamente media hora mas tarde. Del lugar que se le había asignado a primitivo para hacer su guardia, salían unos ronquidos sonoros. El teniente se encamino hacia allá.

¡Primitivo!, exclamo.

Nadie respondió.

¡Primitivo, necio!, nuestro centinela se revolvió en su sueño y se voltio para el otro lado, haciendo ruidos que indicaban comodidad.

No dio muestras de responder.

Antonio dio unos pasos atrás y le asesto tremendo puntapié en el trasero, que lo levanto algunos centímetros en el aire. Primitivo se despertó sobresaltado. Se levanto precipitadamente y alerta, blandiendo su pistola.

¿Quien vive?, grito primitivo.

Al otro día salimos de las tierras bajas. Entramos al desierto, haciendo rodeos sobre algunas planicies onduladas, arenosas y cubiertas de mesquites oscuros, de vez en cuado uno que otro nopal. Empezamos a ver el lado del camino a esas diminutas, siniestras cruces de madera, que la gente del campo coloca sobre el lugar donde algún hombre tuvo una muerte violenta. Por todo el horizonte alrededor nuestro había montañas áridas, color púrpura. A la derecha, al cruzar una inmensa arroyada seca, se divisaba una hacienda blanca, verde y gris, que parecía una ciudad.

Una hora más tarde pasamos el primero de aquellos grandes ranchos cuadrangulares, fortificados, que se encuentran una vez durante el día, perdidos, en los rincones de este país.

La noche se cernía veloz arriba, en el cenit sin nubes, mientras todo el horizonte estaba iluminado aun por intensa claridad; pero entonces, súbitamente, desapareció el día y brotaron las estrellas, como cohetes, en la comba celeste. Antonio y primitivo cantaban esperanza, mientras seguíamos nuestro camino, con ese extraño, raro tono mexicano, que suena mas parecido que a ninguna otra cosa al de un violín que tibiera las cuerdas desgastadas. Aumento el frió. En leguas y leguas a la redonda era una tierra marchita, un país de muerte. Transcurrían horas antes de que viéramos una casa.

Antonio decía saber vagamente de la existencia de un ojo de agua en alguna parte mas adelante.

Pero hacia la media noche descubrimos que el camino sobre el cual veníamos se perdía de pronto entre un espeso mezquital. Nos habíamos apartado del camino real en algún paraje. Era tarde y las mulas estaban cansadas. Parecía que no se podía hacer otra cosa si no acampar en seco, dado que no sabíamos de la exigencia de agua por allí cerca.

Habíamos desguarnecido y dado de comer a las mulas y hacíamos nuestro fuego. Cuando en algún lado del espeso matorral se oyeron pasos cautelosos. Caminaban un trecho y se detenían. Nuestra pequeña hoguera de madera seca crepitaba impetuosa, alumbrando un tramo de poco mas de tres metros. Más lejos, todo era oscuridad. Primitivo salto hacia atrás para ponerse al abrigo del vehículo; Antonio saco su revolver; todos teníamos frió al lado del fuego…. El ruido se oyó otra vez.

¿Quien vive?, dijo Antonio.

Se oyó un pequeño ruido, como apartando yerbas sobre la maleza, y después una voz:

¿De que partido son ustedes?, inquirió titubeante.

Maderistas, contesto Antonio, ¡pase!

¿Hay seguridad para los pacíficos?, pregunto el invisible.

Bajo mi palabra, grite, salgan para poder verlos.

Al instante tomaron forma dos vagas siluetas a la orilla del fuego, casi sin hacer ruido. Eran dos peones; los vimos tan pronto como se acercaron, bien envueltos en sus desgarradas cobijas. Uno de ellos era viejo, cubierto de arrugas, encorvado, con huaraches de su propia manufactura; sus pantalones eran guiñapos que le colgaban sobre las piernas encogidas; el otro, un joven muy alto, descalzo, con una cara tan pura y sencilla que casi rayaba en idiotez.

Amistosos, acogedores como la luz del sol, ansiosamente curiosos como niños, se acercaron con las manos extendidas. Se las estrechamos a cada uno, saludándonos con la ceremoniosa cortesía mexicana.

Buenas noches, ¿como esta usted?

Muy bien gracias. ¿Y usted?

Bien gracias. ¿Y como esta toda la familia?

Bien, gracias ¿y la suya?

Bien, gracias. ¿Qué tiene de nuevo por aquí?

Nada. ¿Y usted?

Nada. Siéntese.

OH, gracias, estoy bien de pie.

Siéntese…. Siéntese….

Mil gracias. Dispénsenos un momento.

Sonrieron y desaparecieron en la espesura. Reapareciendo poco después, con grandes brazadas de ramas secas de mezquite para nuestro fuego.

Nosotros somos rancheros, dijo el anciano, inclinándose, tenemos unas cuantas cabras, y nuestras casas están a sus órdenes, así como nuestros corrales para sus mulas y nuestra pequeña provisión de maíz. Nuestros ranchitos están muy cerca de aquí, en el mezquital. Somos muy pobres, peor esperamos que nos hagan el honor de aceptar nuestra hospitalidad.

Era una ocasión para obrar contacto.

Mil veces muchas gracias, dijo Antonio atentamente, pero tenemos, por desgracia, una gran prisa y debemos seguir adelante muy temprano. No queremos molestar en sus casas a estas horas.

Dijeron que sus familias y sus casas estaban a nuestro servicio, para usarlas como lo estimáramos conveniente, con el mayor placer de su parte. No recuerdo como pudimos evadir por fin la invitación, sin ofenderlos; pero si se que nos llevo como media hora de conversación y cumplidos. Nosotros sabíamos, en primer termino, que si aceptábamos, no podríamos salir muy temprano en la mañana, perdiendo así varias horas; por que en las costumbres mexicanas; la prisa salir de una casa denota descontento con la estancia en ella; es segundo lugar, porque no se puede pagar con el alojamiento, si tiene que hacerse un buen regalo a los anfitriones, cosa que ninguno de nosotros podía ofrecer.

Al principio rehusaron cortésmente nuestra invitación para cenar; pero después de mucho insistir lo persuadimos, al fin, para que aceptaran unas tortillas y chile.

Era enternecedor y risible a la vez el hambre que tenían, así como su esfuerzo para ocultarlo.

Después de comer, cuando ya nos habían traído un cubo de agua, pensando con un juicio cabal y bondadoso, se quedaron con nosotros un rato al calor de nuestro fuego, fumando de nuestros cigarrillos y calentándose las manos. Recuerdo como colgaban los sarapes de sus hombros, abiertos por delante para que así les llegara a sus cuerpos escuálidos el calor agradable, y como eran nudosas y viejas las manos que extendía el anciano, y como brillaba la luz rojiza sobre la garganta de el otro, encendiendo el fuego de sus grandes ojos.

A su alrededor se extendía el desierto, separado únicamente por nuestra hoguera, listo para saltar sobre nosotros al extinguirse aquella. Arriba, las estrellas no perdían su brillo. Los coyotes aullaban en la lejanía, más allá del fuego, como si fueran demonios angustiados. Repentinamente imagine a aquellos dos seres humanos como símbolos de México: corteses, afectuosos, pacientes, pobres, tanto tiempo esclavos, tan llenos de ensueños, que pronto serian liberados.

Cuando vimos venir su calesa para acá, dijo el viejo riéndose, sentimos oprimirse nuestros corazones en nuestros pechos. Creíamos que ustedes podían ser soldados, que venían, quizás, a llevarse nuestras pocas y ultimas cabras. Han venido tantos soldados durante los últimos años, tantos…. La mayoría federales; los maderistas no vienen, a menos que tengan hambre. ¡Pobres maderistas!

Ay, dijo el joven, mi hermano que tanto quería, murió en los once días de combate alrededor de torreón. Han muerto miles en México, y muchos más que caerán. Tres años es bastante para guerra en una tierra.

¡Demasiado! ¡Válgame dios!, murmuro el viejo meneando la cabeza. Pero vendrá un día….

Se ha dicho, hizo notar el anciano temblequeando, que los estados unidos codician nuestro país; que los soldados gringos vendrán y se llevaran mis cabras al fin.

Extracto del libro: Mexico Insurgente

CUMPLE HERMOSILLO 180 AÑOS

Festejan con el inicio del foro de consulta para la preservación del Centro Histórico. Invitan a la ciudadanía a exponer sus ideas   5 de septiembre de 2008 se conmemoran 180 años desde que la Villa del Pitic fue ascendida al rango de Ciudad de Hermosillo.

   La orden firmada por los diputados del Congreso del Estado y que hoy es un invaluable documento histórico de nuestra entidad dice en sus líneas lo siguiente: “El congreso del mismo Estado (Sonora) ha decretado lo siguiente: …se declara Ciudad de Hermosillo lo que hoy es Villa del Pitic,  lo tendrá entendido el gobernador del estado y dispondrá su cumplimiento haciéndolo imprimir, publicar y circular. Concepción de Álamos; a 5 de septiembre de 1828”.   Así inició la historia moderna de la hoy capital Sonorense, la cual se llena de orgullo al celebrar su historia, y para resaltar la importancia de la fecha, el Instituto Municipal de Cultura y Arte,  la Sociedad Sonorense de Historia y el Consejo Consultivo de la Zona Histórica de Hermosillo inauguraron el “Foro de consulta para la regulación y preservación de la zona histórica de Hermosillo”, en el auditorio de la Sociedad Sonorense de Historia.  En dicho foro se escucharán 30 diferentes ponencias con consejos, ideas y sugerencias para la preservación del patrimonio histórico de los hermosillenses. El propósito principal del Foro de Consulta es buscar alentar la participación ciudadana sobre el tema de la preservación del patrimonio histórico de la capital sonorense, ya que en estos momentos se encuentra en fase de diseño la reglamentación que dará a nuestra ciudad un Centro Histórico delimitado, consensado y protegido.  El evento estuvo presidido por el síndico municipal Gilberto Gutiérrez Quiroz, quien acudió en representación del alcalde Ernesto Gándara Camou.Gutiérrez Quiroz recibió en nombre del Ayuntamiento de Hermosillo, las escrituras originales del recién rehabilitado edificio de la Sociedad de Artesanos Hidalgo, las cuales fueron donadas por el artista plástico David León Amarillas y que remontan su origen al año 1900, y fueron expedidas por el notario Manuel R. Uruchurtu.
En la portada de dichas escrituras se puede leer aún las siguientes palabras: “Testimonio de la escritura de adjudicación del solar situado en la esquina de las calles Porfirio Díaz y Monterrey, a favor de la Sociedad Hidalgo de Artesanos Unidos de Hermosillo. Hermosillo, Sonora; julio 19 de 1900”.También acudieron al evento el director del IMCA, Alberto Nevárez Grijalva; Óscar Romo Salazar, director del Consejo Consultivo de la Zona Histórica de Hermosillo; Enrique Flores López, director de la Sociedad Sonorense de Historia; José Rafael Aguirre, cronista de la ciudad; Juan Pablo Acosta, regidor que impulsa la reglamentación del Centro Histórico de Hermosillo; Mario González Valenzuela, director del INAH en Sonora; y Desdémona Cota Valenzuela, directora de Asuntos Jurídicos del Ayuntamiento de Hermosillo. Justo antes de que dieran inicio las ponencias los organizadores, se anunció que recibirán durante un mes más las propuestas y ponencias que ayuden a crecer el proyecto del Centro Histórico de Hermosillo, las cuales pueden ser presentadas en la Sociedad Sonorense de Historia o en las Oficinas del IMCA


IGNAZ PFEFFERKORN

UN CAPITULO DEL LIBRO SEGUNDO DE LA
“DESCRIPCION DE LA PROVINCIA DE SONORA” DE IGNAZ PFEFFERKORN


(Traducido y presentado por Armando Hopkins Durazo en la reunión de la S.S.H. del 7 de Septiembre de 1982 )

Ignaz Pfefferkorn nació en Mannheim, Cologne, el 31 de Julio de 1725. Cuando tenía 17 años ingresó a la Compañía de Jesús y en el año de 1756 llegó a la Nueva España siendo destinado a la Provincia de Sonora donde sirvió como misionero en Atil y en Cucurpe, En el año de 1767 integró el grupo de 51 misioneros que por Orden Real fueron expulsados de Sonora y Sinaloa. Después de un cautiverio de mas de 10 años fue liberado, regresando a su Alemania natal donde en 1795 publicó su “DESCRIPCION DE LA PROVINCIA DE SONORA”.

Esta interesante obra fue escrita en alemán y traducida al idioma inglés hasta el año de 1949 y hasta la fecha no ha sido publicada ninguna traducción al español. Por este motivo y porque considero la DESCRIPCION de este misionero alemán sumamente prolija, interesante y realista es que me dí a la tarea de traducir la obra partiendo de la traducción al inglés. Espero poder publicar esta traducción próximamente por lo que me interesa conocer su opinión sobre la misma. He escogido para leerles a ustedes uno de los capítulos finales del Libro Segundo de Pfefferkorn dedicado a los Españoles que habitaban Sonora en aquel entonces.

Capítulo XVI.- RESPECTO A LOS ESPAÑOLES DE SONORA.
Con excepción del gobernador de Sonora, de los oficiales de las guarniciones españolas y de unos pocos mercaderes que generalmente hacen negocio en las minas de oro y plata, prácticamente no hay un verdadero Español en Sonora.

Es decir, escasamente puede encontrarse a uno que pueda trazar su origen a una familia de sangre pura. Prácticamente todos aquellos que desean ser considerados como Españoles son gente de sangre mezclada. La mezcla de razas ha dado por resultado la existencia de cuatro clases de gentes, cada una de ellas con un nombre en particular. Estas cuatro clases se encuentran en todas partes de América aunque no siempre se usan para ellas los mismos nombres.

En Sonora las cuatro clases se llaman: COYOTES, MULATOS, LOBOS Y CASTIZOS, Los Coyotes (a quienes también se les dice mestizos), son los que forman el grupo mas numeroso y son los hijos de un Europeo y de una India. Los Coyotes no son tan oscuros como los Indios de Sonora, son mas inteligentes. Los Mulatos son los hijos de padre Español y madre negra. El color de su piel es de un desagradable color amarillo oscuro. En general, los mulatos no son de confiar y en sus otras características se parecen a los Coyotes. Lobos son los hijos de Mulatos por una parte y de Negro por la otra, en Perú se les llama ZAMBOS. Son los más feos debido a su color café oscuro manchado en cierta forma con amarillo.

Generalmente muestran una actitud feroz, solapada y malévola. Igual que a los Mulatos, las otras clases los tratan con desdén y desprecio.

Ellos mismos se avergüenzan de su origen y consideran un insulto ser llamados Lobos. En el primer lugar entre los cuatro grupos nombrados están los Castizos a quienes también se les llama TERCERONES y son los hijos que resultan de Españoles y Coyotes. Hay pocos en Sonora, en color y en sus costumbres se parecen tanto a los Españoles que es difícil diferenciarlos. Los hijos de Españoles y de Castizos son considerados como Españoles y pueden ingresar a órdenes monásticas y conventos lo cual es un privilegio que se niega a las otras cuatro clases mencionadas. Por lo demás, el Castizo-Español igual que todos aquellos que descienden de sangre europea pero que nacieron en América son los agrupados bajo el nombre de CRIOLLOS.

A los verdaderos Europeos se les llama GACHUPINES en el reino mexicano y CHAPETONES en el Perú. Los llamados Españoles que habitan Sonora vienen de varios de tales grupos. La mayoría de ellos nacieron en Sonora pero muchos, sin embargo, son gentuza que ha venido de otras partes de México atraídos a Sonora por el descubrimiento de una nueva mina de oro o de un placer, donde ellos esperan obtener un tesoro pero que generalmente se ven defraudados y tienen que regresarse tan pobres como llegaron.

Antes que los horribles saqueos de los Apaches y de los Seris llenaran la región de miedo y terror, muchos Españoles vivían en sus haciendas a corta distancia de los pueblos, cultivaban sus campos o se dedicaban a la cría de ganado en gran escala; ocupaciones ambas que les producían pingües ganancias. Sin embargo, las constantes incursiones de los salvajes acabaron con la seguridad en Sonora y los propietarios abandonaron sus haciendas buscando otros lugares donde pudieran vivir en paz.

La mayoría de ellos se asentó en las guarniciones españolas donde se vieron forzados a mantenerse miserablemente en una pequeña milpa y del pequeño hato de ganado que pudieron salvar, o vivir de las ganancias de las minas de plata y oro, o de la actividad comercial. Otros más que dejaron sus propiedades vinieron a las misiones en busca del alimento evitando llegar a los pueblos de los Pimas Altos de quienes desconfiaban. Unicamente entre los Opatas, Eudebes y Pimas Bajos fueron bien recibidos.

Los misioneros les ayudaron en todo lo que pudieron, tanto física como moralmente, con la única condición de que los fugitivos se condujeran apropiadamente con los Indios. Su conducta fue tan buena que raramente había una queja justificada de un Indio acerca de su comportamiento. En Cucurpe, el pueblo principal de mi misión, había quince de esas familias en cuya alabanza debo decir que no solamente se llevaron bien con los Indios, sino que siempre dieron un buen ejemplo de conducta cristiana. El resto de los Españoles vivían en los reales de minas, o sean los asentamientos en lugares cercanos a las minas de oro y plata donde podía encontrarse agua y suelo fértil, así como praderas para los caballos y mulas. Los reales de minas estaban habitados por los mineros, peones de minas, unos pocos comerciantes y alguna que otra gente. Algunos de ellos eran Españoles nacidos en Sonora y otros venían de cualquier parte. Había un buen número, especialmente entre los del último grupo, quienes vivían sin miedo a Dios, casi sin religión y debido a su ejemplo ateista con frecuencia hacían que los Indios recientemente convertidos y aún débiles en su cristianismo, fueran atraídos a sus propias y malsanas formas de vida.

Con excepción de algunos ricos, la mayoría de los Españoles en Sonora se visten muy pobremente y el estilo del vestido es casi el mismo para todas las clases. Los hombres generalmente usan sacos de tela escarlata tan cortos, que generalmente no bajan mas de un cuarto de ana de las caderas. Al frente los sacos llevan pequeños botones de cobre o de plata que solo sirven como adorno porque el saco siempre lo llevan abierto. Las mangas van cosidas únicamente en la parte superior de la espalda empezando con los hombros. Están abiertas al frente así que cuelgan libremente. Bajo el saco se usa una chaqueta o jubón de tela azúl con mangas largas. Los pantalones son azules o rojos de tela afelpada. Se prefiere este material debido a su durabilidad, la cual es muy necesaria pues rara vez pasa un día sin que se lo desgarren. Aquellos que pueden hacer el gasto y obtenerlo fiado, arreglan sus trajes con bordados de plata. Forman parte de este atuendo, un pequeño y tieso sombrero redondo con plata en el filo de sus alas, y una capa azúl de aproximadamente un metro de larga decorada al frente con un fino material de color rojo. Ningún Español de Sonora aparece en la iglesia sin su capa, aún cuando el calor sea inaguantable. Fuera de la iglesia la capa solo se usa en los viajes, donde sirve para guarecerse de la lluvia y como una cubierta nocturna cuando no hay nada mas de que echar mano. El calzado de los Españoles, en lugar de ser de una sola pieza, tiene en la parte superior varias cintas como de una pulgada de anchas con pequeñas separaciones entre ellas y como las medias en Sonora no tienen el pié completo sino que solo llegan al talón, el resto del pié queda desnudo, por lo que lo envuelven con una tela roja que aparece entre las separaciones de las cintas, lo cual, según los Españoles, es una bella forma de decorar los pies. Las medias son de algodón y sobre ellas, en lugar de botas, usan polainas de piel de venado.

Los Españoles se sujetan el pelo junto a la cabeza o se lo entretejen en una larga trenza. Los comerciantes, los gachupines y todos aquellos que se consideran Españoles puros y quieren aparecer superiores al populacho, se razuran totalmente la cabeza y se la cubren con una gorra o casquete de fino percal o muselina. Un ancho pliegue de la gorra se usa rígido y se adornan sus bordes con fino encaje.

Por lo general, los Españoles de Sonora son extremadamente ambiciosos de ostentar una posición social. Un gran número se adjudica arbitrariamente el tratamiento de Don, queriendo significar con ello un origen noble aunque provengan de un abuelo campesino o artesano. Muchos se endeudan hasta la coronilla solamente para satisfacer su orgullo apareciendo muy elegantes.

 En realidad, no importa que tan elegante luzca un Español sonorense, siempre sufre una secreta escasez de la necesaria ropa de lienzo o de lino. Muy pocos son aquellos que tienen mas de dos camisas; una de ellas debe estar siempre levándose si su dueño quiere aparecer el domingo con ropa limpia.

Los vestidos de las mujeres españolas de Sonora son plegados desde la cintura. Usan tres hileras de pliegues que cubre un tercio del vestido. En la parte superior del cuerpo usan en la mayoría de los casos, una blusa ajustada que por su pulcritud cierra en un cuello alto. Cuando las mujeres se visten elegantemente usan una blusa cuyas mangas, el cuello y toda la parte, superior van bordados hasta el ancho de dos manos, con seda a veces intercalada con oro y plata. Las chaquetillas las usan aquellas damas muy deseosas de sobresalir. En los días de fiesta las chaquetillas que lucen son generalmente de seda y algunas veces de oro y plata.

Los vestidos que usan con estas chaquetillas deben ser siempre del mismo material, por lo que es fácil imaginar que en un país donde todos los artículos europeos son extremadamente caros, tales elegancias deben costar mas de lo que muchos pueden pagar. Pero eso no es obstáculo; el deseo de aparecer bella y elegante es tan fuerte en la mujer de Sonora como en la de Alemania. Su posición debe mantenerse a toda costa; el resultado es que, o prescinden de sus empeños exhibicionistas para languidecer secretamente, o menoscaban los bienes familiares.

Las mujeres Españolas sin excepción se trenzan el cabello igual que los hombres, las de la aristocracia añaden un adorno en la forma de un listón de seda bordado con oro y plata y atado al final de la trenza. Cuando la mujer sale de su casa se cubre la cabeza con un rebozo, que es una tela que se usa en la misma forma que nuestras mujeres usan el velo. Los rebozos los usan todas las mujeres Españolas en Sonora y generalmente en Nueva España. Sirve para dos propósitos, como adorno y para cubrirse.

Contienen trabajos muy elaborados, con toda clase de figuras muy bonitas y de varios colores. Algunos rebozos están hechos de puro algodón, otros de mezcla de algodón y seda y aún otros más finos, de pura seda. Los más costosos están hechos de la seda más fina con hermosas flores y otros adornos tejidos de oro y plata. Las puntas de los rebozos terminan en flecos de algodón, seda o plata y oro, de acuerdo a la calidad del propio rebozo. Los rebozos de algodón son usados por la gente del pueblo, los de seda por la de cierta categoría y por la más rica.

La diferencia en el alimento del Indio y del Español común en Sonora es muy pequeña. Ciertamente los Españoles no comen ratas, víboras y otros manjares indios, pero les gusta el pozole, el pinole, el atole y las tortillas y quedan completamente satisfechos si con estos platillos tienen un pedazo de carne seca o cocida. La carne de carnero, el pollo y otros exquisitos platillos están destinados únicamente a la mesa de los ricos.

Las casas de los Españoles se construyen con ladrillo cocido o con adobe y generalmente son de dos, o cuando mucho, de tres pequeñas habitaciones que son más que suficientes para acomodar sus muebles; raramente tienen más de un ropero, una cama y un par de troncos pequeños como asientos; algunas ollas de barro, platos y otros trastes y utensilios que también se encuentran en las cabañas de los Indios. La cama del Español es por lo general un cuero crudo de res sobre el cual se tiende una cubierta de lana, algunas veces la propia capa del dueño. Su almohada es el bulto que hacen sus ropas enrolladas. El cuero que se usa como cama en la noche, sirve como mesa durante el día y sobre ella se sirven las comidas. Las casas de los comerciantes y de los Españoles mas ricos no solamente son mas grandes sino mejor amuebladas y mejor equipadas con los respectivos utensilios, que las que he descrito.

Los criollos de Sonora, igual que en toda América Española, son mucho más gentiles, bondadosos, buenos y caritativos que los Españoles europeos o gachupines. Su superioridad se muestra particularmente en la conducta de sus mujeres que saludan al extraño, especialmente al extranjero, con una afabilidad poco usual, tal como saludarían a un buen amigo, extendiéndole la hospitalidad que las circunstancias permiten. Es fácil encontrar a muchas de estas mujeres que toman como un deber cuidar de los enfermos, aún a aquellos que no son de su propia raza, con el mayor de los cuidados y con amor.
Los Españoles de Sonora son tan afectos al aguardiente, tabaco, chocolate, juegos y otras diversiones, como lo son los Indios. C

elebran las bodas, los bautizos y los funerales de niños ceremoniosamente. Los amigos y conocidos de ambos sexos se reúnen en tales ocasiones y se les sirve chocolate y tortillas en lugar del acostumbrado pan de trigo. Después de la fiesta se baila y los bailes son recatados, moderados y modestos pero al mismo tiempo son animados y alegres. El baile lo empieza un hombre o una mujer que bailan solos haciendo toda clase de intrincados movimientos con los pies llevando el ritmo de la música; cuando el primer danzante termina, él mismo llama a otro para que lo siga y éste a un tercero hasta que toman parte todos los que lo deseen. A veces el baile se interrumpe por un alegre canto y un grupo de gentes pueden bailar, cantar y aún poner entretenidas actuaciones para diversión de los espectadores. A intervalos durante el baile se sirve a los huéspedes aguardiente y al terminarse la fiesta, chocolate.

Los Españoles de Sonora son verdaderamente geniales para descansar. En esto son mejores todavía que los Españoles europeos, quienes realmente no pueden ser alabados coma industriosos. Ningún Español de Sonora, ni siquiera el mas humilde, es de esperarse que emprenda un viaje a pié, no importa que tan corto sea. Aún una caminata de media hora es demasiado ardua para ellos. Fuera del pueblo no dan un paso y en el propio pueblo los ve uno vagando de casa en casa solo para platicar, pero van sobre el lomo de su caballo.

La mayoría de los Españoles de Sonora trabajan con tal desgano sus tierras que cualquier extranjero no tiene menos que indignarse al observarlos. El hecho de que deriven su subsistencia de la agricultura no se debe ciertamente a su trabajo, sino a la extraordinaria fertilidad del suelo. Las mismas utilidades que obtienen de las minas de oro y plata podrían ser mucho mayores si trabajaran las minas con mayor diligencia y empeño. Pero son muy flojos para eso y no ambicionan mayor prosperidad que la que pueden obtener prácticamente sin esfuerzo alguno.

La única ocupación que les gusta es la cría de ganado. En este trabajo son verdaderamente incansables; no parece fatigarlos nunca andar en sus caballos por montes y bosques corriendo los animales del hato. Algunas veces tienen que realizar este pesado trabajo por varios días seguidos y soportar tareas muy duras en sus correrías. A través de estas frecuentes corridas de ganado, el Español de Sonora crece insensible a la fatiga mas severa y se convierte en un hombre de caballo tan experto, que el mas fiero y brioso de los caballos no puede tirarlo. Esta resistencia a la fatiga y su maestría para cabalgar son las cualidades más apreciadas por el servicio militar, por lo que los Españoles nacidos y criados en Sonora son los únicos aceptados como soldados.

Para hacer de un joven un soldado, solo se necesita que el Capitán registre su nombre y le provea con el equipo acostumbrado. No se le instruye militarmente ni se le ejercita con las armas, ni se le enseña como comportarse en un combate con los salvajes, en suma, no se le entrena para nada, pero si sabe cabalgar y sentarse firmemente en la silla de montar, (algo que todos los sonorenses saben hacer), se le considera un verdadero soldado. En Sonora no es necesario reclutar o inducir a la gente al servicio militar con el pago de un anticipo.

Hay mas voluntarios de los que se necesitan con tal de recibir ropa y asistencia sin hacer ningún trabajo. Por lo mismo a nadie se le toma en el ejército por un período definitivo, cada soldado puede serlo por el tiempo que quiera y recibe su baja cuando así lo desea. Estos soldados no tienen un uniforme específico ya que realmente no existe uno, cada quien escoge su vestido de acuerdo a su preferencia y por lo tanto se viste como todo el resto de los Españoles sonorenses.

El equipo de guerra del soldado consiste en una larga lanza, un mosquete, una ancha y larga espada, una adarga y un chaleco grueso de piel. Este equipo seria formidable si se mantuviera en buenas condiciones y si los soldados tuvieran el debido conocimiento de como usarlo. Pero la mayoría de ellos no tienen ninguna experiencia en su manejo, no saben ni cargar un fusil. A mí me tocó ver a uno que primero le metió la bala al cañón y después le retacó un puñado de pólvora. Las espadas están siempre tan enmohecidas que nadie puede sacarlas de su funda, o con un filo tan pobre y abollado que difícilmente cortan un queso. La lanza es el arma que manejan con mayor maestría pues han aprendido a usarla en sus cacerías de reses broncas. En verdad, cuando sorprenden a los salvajes a campo abierto y pueden librar la batalla ahí mismo, manejan la lanza con gran potencia y efectividad, pero esas condiciones raramente se dan.

La adarga de los soldados es de forma oval y está hecha con tres o cuatro capas de cuero crudo de res que se mantienen pegados por gruesos remaches. Es suficientemente grande para cubrir la cabeza y la mitad del cuerpo de un hombre. La adarga es un poco convexa para que ayude a desviar las flechas de los Indios, aunque éstas no siempre se desvían. En el interior de la adarga hay dos pequeños lazos de piel en los que el soldado introduce su brazo izquierdo, lo que le permite manejar la darga a voluntad. Además la adarga del soldado sonorense se protege de las flechas con el justillo (o chaleco) de piel que ya he descrito anteriormente.

El soldado debe pagar de su salario su alimento, su ropa y su equipo de guerra. Incluso debe pagar por los seis caballos que está obligado a mantener y que usa en el servicio. Los seis caballos no sería un número excesivo si su salario fuera usado de acuerdo a las órdenes reales. Cuando sale en campaña, el soldado lleva los caballos que el Capitán ordene y deja el resto en la guarnición para que a su regreso puedan ser usados en lugar de los que se fatigaron en la expedición. El capitán de cada compañía procura los caballos que necesitan sus soldados, calculándolos a un precio de doce pesos duros cada uno de acuerdo al tipo de cambio en Sonora.

Compra estos caballos fuera de Sonora en lugares donde hay muchos potreros y donde los caballos no cuestan mas de un marco de plata. Así, el capitán realiza una utilidad de 2430 pesos en los 352 caballos que consigue para toda su compañía.

Durante mi estancia en Sonora, el Rey mantenía una fuerza de 265 soldados para defender esas tierras de los salvajes. Esta fuerza se dividía en 5 compañías, con un capitán, un teniente, un sargento y 50 soldados. La fuerza estaba bajo las órdenes del Gobernador de la Provincia y cada compañía debería de estar lista a acudir en auxilio de las otras en caso de emergencia y en una expedición general actuaban como una sola unidad. Los pueblos en los que estas compañías están estacionadas, están en la frontera de la Sonora Cristiana y diseminados entre las misiones.

Sus nombres son Fronteras, Terrenate, Tubac, Altar y San Miguel (de Horcasitas). Las primeras tres constituyen una barricada contra los Apaches y las últimas son una defensa contra los bárbaros Seris, para prevenir sus destructivas incursiones.

El capitán recibe un salario de 600 pesos duros reconocidos no al valor de cambio de Sonora sino al de México. El del teniente es de 450 pesos duros y el del sargento de 420. El soldado raso gana 400 pesos, consecuentemente la nómina de una compañía llega a 21,470 pesos y por lo tanto mantener las cinco compañías le cuesta al Rey 107,350 pesos anuales. Este dinero lo paga el Tesorero Real en la ciudad de México a los comerciantes que han sido autorizados por los oficiales sonorenses. Cada capitán debe proveer las necesidades de su compañía y para este propósito prepara anualmente una lista de todas las provisiones necesarias para satisfacer las necesidades de ropa y avío de sus hombres y se le envía al agente de la ciudad de México quien recibe la cantidad de dinero asignada a ese Capitán.

Las mercancías las obtienen en la ciudad de México a los precios actuales de mercado y son enviadas al Capitán, éste a su vez se las entrega a los soldados al precio fijado por el Rey. Este precio está calculado en tal forma, que por ejemplo, una ana de tela que en México cuesta normalmente un peso duro, se la vende a los soldados en uno y medio peso, pero no a más. Así, todos los artículos tienen un precio de venta fijo, en mas o menos esa proporción.

En esta forma los capitanes tienen generalmente un margen de utilidad bruta de un cincuenta por ciento. De esta utilidad se pagan los fletes de la mercancía y otros pequeños gastos, sin embargo, al Capitán le queda una buena utilidad aún después de todas las deducciones. El Rey permite esta utilidad a sus oficiales para que todos sus soldados puedan ser abastecidos a un precio constante e igual para todos, lo que le permite calcular exactamente el costo de mantenimiento de la tropa. El Capitán no puede en ningún caso cargar a sus soldados un centavo más del precio fijado, aún cuando los abastecimientos le hayan costado mas de lo normal en la ciudad de México.

En tiempos de guerra o cuando los navíos retrasan su arribo, los artículos europeos escasean y como consecuencia, los precios se elevan. En estos casos el Capitán tiene que sufrir la pérdida que le ocasiona el alza de los precios de la mercancía ya que no puede alterar el precio fijado para la tropa de Sonora. Sin embargo, por más pérdidas que sufra debido a estas alzas, se recupera ampliamente con las ganancias en los años de precios bajos.

Además de estas utilidades el Capitán de Sonora también se beneficia en buena medida con las provisiones que procura para el sustento de sus soldados. También a estos artículos el Rey le ha fijado precios que son muy favorables para el Capitán. Por ejemplo, los soldados le pagan a su Capitán seis pesos por un “malter” de maíz molido, cuando a él le ha costado como la mitad si lo paga en pesos o aún menos si lo obtienen por trueque. Una res que le cuesta al Capitán cuatro o cinco pesos, la vende por diez. Las mismas utilidades le quedan en otros artículos que vende a sus soldados.

Cada año el Capitán recibe tal cantidad de mercancías que puede quedarse con un buen inventario después de surtir a su tropa y realizar entonces un comercio extra con los Españoles que viven fuera de la guarnición. Las utilidades provenientes de este comercio son considerables y sin posibilidad de pérdida alguna, ya que no existen en este caso los precios fijos para las mercancías.

Es fácil concluir lo lucrativas que son las posiciones de Capitán en Sonora. Este hecho se conoce muy bien en la ciudad de México por lo que el nombramiento de Capitán solo lo reciben aquellos que pueden probar su valía militar, mediante el pago en efectivo de doce a catorce mil pesos. Pueden tener o no tener ninguna experiencia militar, en realidad estos héroes son mas expertos en pesas y medidas que con la espada y conocen mejor el manejo de una contabilidad que el mando de una expedición militar. Esta es la razón por la que los salvajes son los que mandan en Sonora.

Esto es prácticamente todo lo que puedo decir acerca de los soldados sonorenses. Nada puedo informar acerca de hechos heroicos. De cuando en cuando persiguen a los salvajes que llevan a sus madrigueras los caballos o ganado robado, pero generalmente regresan con las manos vacías porque los Indios son demasiado veloces para ellos. De acuerdo a las órdenes reales especiales y repetidamente hechas, se supone que los soldados deben recorrer continuamente el territorio, para ahuyentar a los Indios y poder mantener los poblados en calma y seguros.

También deberían proceder repetidamente, en combinación con otras fuerzas, en contra de los Apaches y de los Seris, buscándolos hasta en sus propios asentamientos para que por fin el espíritu de estos bárbaros pueda ser humillado y sus actos de rapiña reprimidos vigorosamente. Pero el Rey ordena en Madrid y en Sonora se hace lo que cada quien quiere. Durante los once años que yo pase a11á, solamente una expedición se emprendió en contra de los Seris. Ya describí la imprudente estrategia y el lamentable fin de esta expedición. Los oficiales de las tropas de Sonora gustan mas de la paz que de la guerra y se dedican con mayor asiduidad a hacerse ricos merced a las artes del comercio que a someter a los salvajes a su yugo.

La gran distancia que les separa de las Cortes, les permite desobedecer sus órdenes sin ningún temor. Es fácil imaginar que tan poco puede esperar obtener de sus hombres un oficial en estas condiciones.

Debido a la mala conducta de la fuerza militar de Sonora la arrogancia de los salvajes crece y el miedo a las armas españolas es cada vez menor hasta llegar a un desdén insultante. De esto deriva la indomable audacia con la que estos salvajes continuamente invaden estas tierras saqueando, robando y asesinando.

Esta era la triste situación imperante en Sonora durante mi estancia y hasta el año de 1768. Algunos informes desde el año de 1786 que ya he mencionado en otra parte del libro, describen condiciones aún más sombrías. De acuerdo a estos informes los Indios Sonoras se han aliado no solo con los Seris y los Apaches sino hasta con los Tarahumaras con el propósito de aniquilar la fuerza Española.

Se dice también que todas las guarniciones juntas de Sonora han sido insuficientes para detener a los numerosos y valientes Indios. Consecuentemente, en este momento esa hermosa, fértil y rica Sonora puede estar abominablemente devastada. Y aún más, la doctrina Cristiana que hizo tan feliz entrada y que prometía aún mas gloriosos frutos para el futuro, ha sido ahora completamente erradicada.


LA TOMA DEL MOLINO DE SAN RAFAEL 1911

Por: Dr. Gastón Cano Avila

A principios del año de 1911, la efervescencia maderista en todo el Estado de Sonora se palpaba en el ambiente; en todos los pueblos, sobretodo en el norte y en el oriente, había movimientos y grupos que se inquietaban a la espera de solo un grito fuerte para arrancarse a la revolución armada.


La tensión explotó por fin a los últimos días de Marzo de 1911 en La Colorada y luego con más intensidad en Ures, en cuyas goteras, en el Molino de San Rafael, se escenificó una de las batallas más cruentas que tuvo la Revolución Mexicana, “La más sangrienta de cuantas dió el maderismo, quizá sin exceptuar la toma de Ciudad Juárez”, dice textualmente Don Antonio G. Rivera.

En el Capítulo XXI de su libro, el mencionado profesor Rivera describe prolijamente la batalla, desglosando escaramuza tras escaramuza pero con un fuerte tinte partidista con los revolucionarios, de tal manera que después de cada combate parecen ir ganando los insurrectos, pero súbitamente se deciden todos a abandonar el campo y entregan San Rafael y la Plaza de Ures.

Vamos a escuchar ahora la opinión de un soldado del otro bando, el oficial Luis B. Cano, quien estuvo en esos combates a las órdenes del General Pedro Ojeda, uno de los comandantes federales que tomaron la población, derrotando a aquellos bravos pero indisciplinados maderistas.

Luis B. Cano Castellanos, nació en Atotonilco el Alto, Jalisco, el 1º de Octubre de 1887, cursó su primaria en San Juan de los Lagos y después estudió teneduría de libros y farmacia, ocupación ésta última en la que trabajó varios años en Atotonilco, San Juan de los Lagos y Zamora, Michoacán.

En 1907 ingresó a la Escuela Militar de Aspirantes, donde fue distinguido con el nombramiento de Aspirante de Primera el año siguiente y poco después fue ascendido a Cabo; el 11 de Agosto de 1908 se le expidió su despacho de Sub-Teniente y se incorporó al 22 Batallón de la Compañía de Sonora, radicando en Ures, a donde llegó el 28 del mismo mes; el 28 de Noviembre de ése año fue comisionado como Comandante del Destacamento en Mazatán, para la defensa de los frecuentes ataques de los yaquis; en Abril de 1909, el día 19, llegó a Hermosillo a incorporarse a la guarnición de la Plaza; ahí lo sorprendieron los hechos que narra él en su libro de partes, que paso a transcribir fielmente:
“20 de Marzo de 1911. Salimos de Hermosillo rumbo a La Colorada, una Columna compuesta de 100 yaquis, 56 del 13o. Batallón, 50 del 14o. id, 100 nacionales, 44 del llo. Cuerpo Rural, 1 Ametralladora”.
“Esta Columna al mando del C. Mayor Luis Medina Barrón, Comandante del 11o. C. Rural. 1o. alto en el camino de 15 mts., 2o. alto a las 6 P.M. de 15 mts., a las 8 P.M. llegamos y pernoctamos en represo de González sin ninguna novedad, salvo cansancio de unos cuantos soldados”.

“A la 1 y 1/2 levante. Se emprendió la marcha a las 3 A.M., se hizo el primer alto en el camino a las 4 y 15 A.M., 2o. alto a las 5.10, a las 5 y 25 pequeño alto cerca de la vía ferrea para que se incorporaran los cansados, a las 5.45 gran alto en Estación Vega para dar agua a la Tropa y ganado, 20 minutos. 4o. alto en el camino a las 7.1/2 A.M. -55 mts.- A las 9 y 55 llegamos al ranchito de en donde almorzamos, habiendo tenido en el 4o. alto la novedad de faltar dos nacionales. A las 10 A.M. llegamos a Los Pozos donde se pernoctó. Fueron baja de orden del Jefe de la Columna por indignos y falta de espíritu militar tres nacionales.- Los Pozos está a tres leguas de La Colorada, lugar a donde se supone está el enemigo -“Camino de 2a”- lugar donde se pueden alojar fuer zas de las tres armas, siendo escasos los elementos de primera necesidad.

– 22-

“A la 1 de la mañana levante- A las 2 y 1/2 salimos rumbo a La Colorada habiendo llegado a las 6 A.M., hora en que fuimos atacados por el enemigo, a las 3 de la tarde terminó el combate, teniendo que sostenerlo muy reñido para entrar a la plaza, hora en que lo hicimos todavía bajo el fuego de algunas partidas. L

os revoltosos estaban parapetados en el cerro de la central, punto donde se hizo la primera resistencia, la ametralladora la coloqué en las faldas del mismo cerro y bajo el fuego que hacían de dicho punto y los cerros de Las Amarillas, la Primavera, el río y las casas vecinas. La caballería enemiga se colocó por la Primavera, de donde fue desalojada por la ametralladora, que ocupó los sitios más convenientes y para el desaloje del enemigo, el fuego fue terrible y el combate reñidisimo pero nuestras fuerzas siempre llenas de valor y abnegación en las diversas fases del combate, desalojaron al enemigo de sus ventajosas posesiones, la salida de los maderistas fue por rumbo a las Prietas, S. José de Pimas y Cajón de la Uvalama.- Los destrozos que se les hicieron a los enemigos fueron grandes, pues se les quitó armas, municiones, monturas, maletas y proviciones de boca. Por parte de nosotros tuvimos: Del 13o. Batallón, 1 muerto y 3 heridos.14o. Batallón 1 herido.- Guardia Nacional 1 muerto.- Id. de Guaymas.- Rurales, 1 muerto.Cuerpo Aux. federal, 3 muertos y 2 heridos”.

“Después de tomar la plaza y previas las seguridades necesarias, se pernoctó alojándose las fuerzas de la manera siguiente.-13o. Batallón coronando el cerro del Represo. G.A. Federal en “La Central”.- 11o. C. Rural, El Colorado, Nacionales de Hermosillo e inmediaciones del Cuerpo Rural, Nacionales de Guaymas, Vícam, 14o. Batallón y Ametralladora, en la Iglesia, la noche pasó sin novedad”.
“A la madrugada se aprendieron a dos correos del enemigo que avisaba la entrada de ellos a Ures, los que fueron colgados por traidores.- Se presentó un soldado extraviado y falleció un herido.- Se levantó el campo recogiéndose armas, caballos, provisiones de boca, una batería eléctrica para dinamita y parque, se encontraron muchas hueyas de sangre y se enterraron unos cadáveres y otros se incineraron. Se pernoctó en la misma”.

-24-
“Se pernoctó sin novedad en “La Colorada”.

-25-
“A las 10.23 A.M. se emprendió la marcha rumbo a Ures, a las 11.25 se hizo el primer alto en el camino, 10 mts., a las 12 A.M. se hizo alto en el Represo de Monteverde para sestear, a las 3.1/2 P.M., se emprendió la marcha, haciendo otro alto a las 5.10 en el camino. A las 7.10 P.M. llegamos y pernoctamos en la Hda. Las Palomas, sin novedad”.

-26-
“Levante 3.1/2 A.M.- 5 y 1/2 salen de Las Palomas 7 y 22 se hizo el lo. alto en el Llano, el 2o. en Santa Rosalia y llegamos a las 11 y 25 a la Noria Blanca en donde sesteamos.- Salimos a las 3 P.M., un alto en el camino 4.1/2, 10 Mts. a las 7 P.M. llegamos a El Gavilán en donde se pernoctó habiéndose incorporado la Columna con la del Coronel Pedro Ojeda”.

-27-
“A las 6.1/2 salida de El Gavilán rumbo a S. Rafael Primer alto en el camino 8 mits. A las nueve de la mañana comenzó el ataque sobre la fuerza de Caballería enemiga, habiendo hecho éstas tenaz resistencia.- A las 10.1/2 se les quitó una de las casas inmediatas al Molino, donde establecí la ametralladora que era a mis ordenes, como a las tres de la tarde fue inutilizado el tripié de mi pieza por los proyectiles enemigos y fue herido el Sargento de mi pieza Claudio Garibaldo del brazo izquierdo, único soldado que me quedaba de la escolta, pues los demás sucumbieron, en el avance, como nos atacó la caballería enemiga por el flanco derecho, en los momentos en que estaba desarmada la pieza de Montaño, tuve que darle la mía que no funcionaba del tripié y recogí la de él, porque el momento apremiaba y fue desalojada la caballería por ese oportuno auxilio”.

“A las 6 A.M. recibí orden de retirarme a lo de Nava, donde era necesaria mi presencia y en ese lugar se arreglaron los desperfectos del tripié y se armó la pieza por Cap. Francisco Dallo, ahí recibí orden de marchar a uno de los cerros que ocupaba la fuerza del 13o. y los Nacionales de Hermosillo, como a las tres de la tarde se presentó una columna enemiga, compuesta de Infantería y Caballería, como 200 hombres, la que fue disuelta por el fuego de la ametralladora, dispersándose en varias direcciones, a las 5 se presentó otra columna, como de 100 hombres y sufrió el mismo descalabro de la primera, habiéndose batido unos con otros de las partidas de los mismos. Como a las 6 y 45 momentos en que yo avanzaba con mi pieza hacia el rancho de lo de Nava fuimos nuevamente atacados, pero fueron derrotados por la partida del 13o. que era a ¡as ordenes del Cap. Alfonso Carrillo Galindo y Tte. Fulgencio Apaez y la de Nacionales a las ordenes del Tte. Luis M. Hermosillo, en este último encuentro no usé de mi pieza porque tenia orden de seguir luego mi camino, llegué a lo de Nava e instalé mi pieza arriba de la casa donde teníamos el depósito del parque”.

-29-
“A las 2 A.M. nos atacaron nuevamente, pero fueron siempre derrotados no obstante su superioridad numérica, gracias a la habilidad y estrategia del Comandante Luis Medina Barrón, por este lado y del Sr. Coronel Ojeda de que dirigía las de S. Rafael, también obteniendo gloriosos triunfos”.

-30-
“En la madrugada de éste día se incorporó a nuestra Columna, la del Tte. Coronel Mora, como a las 10 salió el Tte. Coronel Díaz con una Columna a ocupar Guadalupe, donde se decía estaba el enemigo. El resto del día se pasó sin novedad”.

Hasta aquí las notas del oficial Cano.

En un combate previo, las fuerzas maderistas habían sido derrotadas en Tónichi, en un lugar llamado Los Otates, por el General Lorenzo Torres, por lo que el Gobierno destacó entonces al Mayor Luis Medina Barrón a La Colorada, ya que para allá se dirigía el teniente coronel Anacleto J. Girón; efectivamente, en La Colorada hubo fuertes combates en los que se distinguió, al ser herido Girón, el después General Francisco R. Manzo.
Posteriormente, al rehacerse las fuerzas alzadas en la población de Ures, destacarían con éstas los coroneles Juan Antonio García y Juan G. Cabral, el mayor Salvador Alvarado y los capitanes Rafael T. Romero, Antonio Rojas, Luis Arvizu y Carlos Véjar y los subalternos Aristeo y Belisario Garcia, hermanos del Coronel Juan Antonio de lo mismo, entre nosotros. Por las fuerzas del Gobierno figuraron el mencionado Medina Barrón y el coronel Pedro Ojeda y formaban parte de su oficialidad los tenientes Gilberto Montaño de la Llave, que diera lugar una triste historia por su cruel asesinato posteriormente y nuestro mencionado Luis B. Cano, quienes manejaban las ametralladoras.

Cano fue posteriormente galardonado con la medalla Campaña del Yaqui y después anduvo en la Revolución con la Brigada Angeles de las fuerzas de Pancho Villa; más tarde tuvo que it a refugiarse a los Estados Unidos al querer asesinarlo, junto a su Jefe el general Triana, “El Cura”, que si fue fusilado, por intrigas entre los generales villistas.

Años después fue traído al país de nuevo, por el General Alvaro Obregón, con quien llevaba amistad desde antes de la Revolución por haber sido él quien le dio instrucción militar a las tropas obregonistas en Hermosillo. Obregón le aconsejó quedarse en la capital sonorense antes de seguir al centro del país, pero Cano, ya entonces con grado de coronel, que había adquirido en combate a los 27 años de edad, puso en Hermosillo una farmacia y se casó con la señorita Josefina Avila Hazard y renunció a sus intenciones de volver al centro del país y a la recomendación de Obregón de volver al ejército. Yo soy el segundo de los cuatro hijos de ése matrimonio. El Coronel Cano murió en Hermosillo el 12 de Noviembre de 1972, a los 85 años de edad.


AÑO DEL TEMBLOR

Bavispe, el temblor de 1887alt


Por: Néstor Fierros Moreno

A fines del siglo pasado se sintió en la región del Rio Bavispe, un fuerte movimiento de la corteza terrestre, que con menos intensidad fue sentido en la mayor parte del Estado de Sonora.

Este suceso, que casi arrasó los pueblos de Bavispe y Fronteras, tuvo mucha influencia en la vida de aquella región, pues servía de punto cronológico para relatar hechos sobresalientes.

En todos los sucesos se tomaba como referencia cronológica el año del temblor del 87. Muchos ancianos que no sabían contar los años que tenían, daban como referencia el año del temblor.

Por allá en los treintas o cuarentas le preguntaba uno a un viejito, por ejemplo: Doña Gabriela : ¿Cuántos años tiene? y respondia: Hay hijo: pues no me acuerdo, sólo sé que en el año del temblor yo tenía 8 años; o alguno otro decía : Yo nací en el año siguiente del temblor; y así el punto de referencia era antes o después del ternblor.

Los pueblos más afectados con éste fenómeno fueron Fronteras y Bavispe, más éste último; pero también se sintió en Huásabas, Granados y Oputo. De éstos tres pueblos el más afectado fue Granados, pero no se lamentaron desgracias personales, solo se cuartearon algunas casas y muy pocas se cayeron, unas dos o tres.

Del Profesor Sandomingo, de su libro de Historia de Sonora, tomo éste parrafo que habla del suceso, dice asi:

“El 3 de Mayo de 1887, a las 3 de la tarde, la cámara magmática que existe entre Huásabas y Bavispe, arrasa a las pobres viviendas de nuestros indios, cuartea casas menos cimentadas y son centenares las familias que perecen aplastadas bajo los escombros. Los supervivientes se arrodillan en las calles y elevan al cielo sus plegarias. En Bavispe las campanas tocan solas, la gente huye a lo alto de la loma, llora y reza, la tierra se cuartea, nadie puede salir a dar auxilio, el río quedó seco, después se inunda, la sierra arde y el desastre es completo; queda una casa en pié como testigo que ahí hubo una ciudad sin ventura.

En Fronteras las campanas tocan solas, las gentes huyen, se arrodillan y rezan, la iglesia cae con estrépito y en el campanario quedan tan sólo tres pilares, que más tarde se derriban a cañonazos para evitar mayores desgracias. Desde entonces el magma está quieto, duerme.”

Hasta aquí el Profesor Sandomingo.alt

Aquí otra versión tomada en relatos de testigos que vivieron el temblor; relatos que yo guardo y ahora los expongo aquí, veamos:
Un arriero que viajaba de Bavispe, Son. a Casas Grandes, Chih., me contó a mí, siendo él ya un viejito, lo siguiente:

“El 3 de Mayo de 1887 nos hallábamos acantonados en una casa que ocupábamos cerca del pueblo, ajenos completamente a la catástrofe que se avecinaba, de repente un ruido subterráneo y se cimbró toda la tierra, todas las casas se vinieron abajo al mismo tiempo, una viga prensó la pierna derecha de uno de mis compañeros, apenas alcanzó a salir, era la media tarde. De las casas del camino salió una mujer gritando como loca, iba completamente desnuda. Un hombre pasó con la cara llena de sangre, golpeándose contra todo. Los animales relinchaban y corrian asustados.

La casa de enseguida cayó, lo mismo que la de nosotros, como si hubiera sido de arena. La casa de Don Cosme, uno de los pudientes del pueblo, se derrumbó y mató a toda la familia, entre ellos una hija que se acababa de casar, ahí quedó bajo un montón de escombros con todo y marido. Don Cosme murió con la cabeza prensada bajo un pilar. Parecia el fin del mundo.

Luego pasó un hombre corriendo a caballo como loco, y apenas pudo decir que Bavispe y La Galera habian, desaparecido. Todo en esos lugares se había derrumbado. Fue algo terrible, todavia otro día la gente no hallaba que hacer”. Hasta aquí el relato.

No hubo quien diera auxilio, hasta los 4 o 5 días llegó de Moctezuma, el Capitán Emilio Kosterlisky, con algunos soldados de la Guardia Nacional, 12 de Moctezuma y 10 de Huásabas y comenzaron a desenterrar. Cavaron una zanja y a11í echaron a todos los muertos juntos, sin distinción de personas, pues se temia una epidemia cuando los cadáveres entraran en descomposición. En cuanto a servicios médicos, eran nulos, pues no habia ningún médico en esos pueblos tan apartados.

Para el 8 de Mayo ya estaba todo casi normal, bajo control como dirian ahora, todavia siguió temblando durante algunos dias, de lo alto de los cerros se desprendian enormes peñascos y rodaban a las partes bajas, la tierra estaba cuarteada en profundas grietas y en partes caliente, y una especie de lava volcánica verdosa y piedras fundidas. No se sabe con precisión el número de muertos que hubo en ésta catástrofe; pero según cálculos de gentes de ésa época, pasaron de 600 muertos de Bavispe, Bacerac y La Galera.

En Hermosillo, Sonora, tembló tres dias después, el 6 de Mayo.
Este es el relato pués del temblor de 1887 que tantos estragos causó en ésta región de Sonora, y no será remoto que cualquiera día se repita, según los científicos que entienden de ésto oja1á y no.


DE CÓMO SE FUNDÓ HERMOSILLOpLAZA DE hILLO

  1. Recorrido de Juan Bautista de Escalante entre el 10 y el 28 de Mayo
  2. Juan Bautista de Escalante
  3. Adamo Gilg
  4. Bibliografía

Al finalizar el siglo XVII era Alcalde Mayor de la Provincia de Sonora, el Capitán Isidro Ruiz de Avechucho y el general Domingo Jironza Petriz de Cruzant era el Gobernador de las Armas de Sonora y por lo tanto quien ejercía el mando sobre la Compañía Volante de Sonora.

La Compañía Volante de Sonora se había formado en 1692 como respuesta del Gobernador de la Nueva Vizcaya Juan Isidro de Pardiñas y el Virrey Conde de Galve ante la solicitud de las autoridades civiles, militares y eclesiásticas de la necesidad de instalar en el territorio, un Presidio que los protegiera de los continuos ataques de los indios rebeldes y que ayudara a garantizar la tranquilidad de la labor de los misioneros, la actividad en las minas, lo que a su vez aumentaría los reales quintos y la prosperidad de los colonizadores en los pueblos de misión.

La solicitud fue respaldada por los informes enviados a las autoridades virreinales por el capitán Francisco Ramírez de Salazar, Alcalde Mayor de Casas Grandes. En el sentido de que las tribus apaches que habitaban el norte trataban de sublevarse en cuanto terminaran de levantarse las cosechas.

Ante la falta de un lugar donde levantar un presidio, el Rey ordenó que se formara una Compañía Volante similar a la de Parral, integrada por veinticinco soldados. La base de dicha Compañía sería el pueblo de Santa Rosa de Corodéhuachi( Fronteras) que después daría origen al presidio del mismo nombre.

El primer comandante de dicha Compañía fue el propio Ramírez de Salazar que en 1693 fue substituido por Petriz de Cruzant.

La diferencia de las Compañías Volantes de los Presidios era que las primeras no tenían un lugar fijo. Su misión consistía en recorrer vigilando el territorio asignado como su jurisdicción.

El fines de 1699 el Alférez Juan Baptista (Bautista) de Escalante, cabo y caudillo de una escuadra de quince hombres, recibió la orden del General y Gobernador delas Armas Domingo Jironza Petriz de Cruzant, de que se trasladara a la frontera poniente de la provincia y castigara a un grupo de seris salineros que habían atacado a las pacíficas comunidades indígenas del rumbo. Que obligara a los indígenas desperdigados a vivir en pueblos, dieran obediencia al estado español, se hicieran cristianos, obedecieran a los misioneros jesuitas y a su vez refundara y fundara pueblos en la región.

Para tal efecto el Alférez inició su recorrido en Tuape (antiguo pueblo al sur de Cucurpe) viajando hacia el sur por la región visitando pueblos y misiones hasta llegar a las inmediaciones de lo que hoy es Hermosillo, donde dio vuelta hacia el poniente hasta llegar hasta la costa. De allí viró hacia el este hasta llegar de nuevo a Cucurpe el día 9 de mayo de 1700, donde recibió una nueva orden de su superior de trasladarse con sus soldados a la frontera de la Pimería Baja del Poniente, y agregar algunos indios cristianos que andaban retirados y forajidos de sus pueblos del Pescadero (un lugar hasta ahora indeterminado situado al margen derecha del río de la Junta, entre Hermosillo y Pueblo de Álamos), San José ( de Pimas) y San Marcial.

Recorrido de Juan Bautista de Escalante entre el 10 y el 28 de Mayo.

  • 10 de mayo

Salió en la mañana de Cucurpe y llegó al pueblo de Santa María Magdalena de los Tepocas donde fue recibido con algarabía por los indígenas a quienes les explicó el motivo de su viaje y les dejó dos de sus compañeros para que los asistieran en sus siembras y para que le informaran de lo que sucediera después. Pasó la noche en dicho pueblo.

  • 11 de mayo

Salió de Santa María Magdalena de los Tepocas y viajó todo el día hasta llegar al pueblo de San José de Opodepe donde pasó la noche.

  • 12 de mayo

Viajó todo el día hasta llegar al pueblo de Nacameri ( Rayón ) donde se encontró con el padre Daniel Janusque, donde pasó la noche.

  • 13 de mayo.

Viajó hasta llegar al pueblo de Santa María del Pópulo( Antigua Misión localizada al margen derecho del río San Miguel, al norte de San Miguel de Horcacitas) donde fue recibido por el gobernador indígena Francisco Santiago y su gente, quienes le dieron la bienvenida y obediencia en nombre de su majestad,. Ahí se encontró con dos gobernadores salineros quienes fueron a darle obediencia y le manifestaron que ya habían sacado a sus familias que habitaban en las costas del mar del sur ( los españoles llamaban Mar del Sur al océano Pacífico y consideraban que el Golfo de California era parte de éste) y que querían hacer pueblo e iglesia en un paraje localizado a tres leguas de Santa María del Pópulo, donde ya tenían sembradas sus tierras, con treinta y seis familias asentadas que hacían una población de doscientas cuarenta personas. Que esperaban que los visitara para que les señalara sus tierras de siembras para que en un futuro otros indígenas no los perjudicaran.

Les dio las gracias y les prometió visitarlos, y se despidieron de el muy agradecidos.

En Santa María del Pópulo se encontró al padre Adamo Gilg, ministro doctrinero de dicho pueblo, quien le dijo que le tenía una caballada de repuesto y bastimentos y que además lo acompañaría en su empresa por lo que se quedó en ese pueblo hasta el día quince del mes.alt

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  • 15 de mayo

A las dos de la tarde salió del pueblo y fue a parar al paraje al que los salineros habían invitado. Fue recibido con arcos y cruces y puestos en dos filas, los indígenas le dieron obediencia y los justicias e indios principales le besaron los pies en señal de humildad.

A través del gobernador de Santa María del Pópulo Francisco Santiago les preguntó que porqué motivos habían decidido venirse a poblar ese pueblo y ser cristianos a lo que le contestaron que lo hacían porque el padre Adamo Gilg los había llamado y que además supieron que les había mandado decir que andaba persiguiendo a unos indios beligerantes y que no descansaría hasta atraparlos y que podía aprehenderlos a ellos también pensando que eran los indios malhechores y que ahora veían que los soldados eran muy hombres y de buen corazón y que castigan solo a los que hacen mal.

También les preguntó que si querían hacer pueblo y ser cristianos por voluntad propia o por miedo a él y sus soldados y le contestaron que lo hacían por voluntad propia pues ya habían dado obediencia a su majestad y al padre Gilg. Les ordenó que permanecieran en paz y que hicieran las pases con los indios cocomacaques de San Francisco Javier y que mandaran llamar a los demás que quedaban en las costas, que construyeran sus casas y sembraran sus tierras y que de vuelta llegaría de nuevo a visitarlos. Le contestaron que así lo harían y se despidió de ellos.

  • 16 de mayo

Salió del paraje en compañía del padre Gilg rumbo al sur con destino a la ranchería de El Pitiquín, caminó tres leguas hasta que se le hizo noche a la orilla del Río de Santa María del Pópulo ( Río San Miguel), donde pernoctó.

  • 17 de mayo

Prosiguió su camino hacia el sur, caminando diez leguas hasta llegar al ” río de que sale del Pueblo de San Francisco Javier de los Cocomacaques” ( Río Sonora) donde pasó la noche. San Javier de los Cocomacaques era un pueblo localizado a orillas del Río Sonora, entre Hermosillo y Ures.

  • 18 de mayo, Día de la Santísima Trinidad

Este día prosiguió su marcha hasta llegar a la ranchería de El Pitiquín, donde fue recibido por el gobernador de dicha ranchería y sus justicias con arcos y cruces, donde tenían hechas tres casas de enramadas destinadas para él, el padre y sus soldados. Lo recibieron de rodillas puestos en dos filas dándole la obediencia a él y al padre Gilg.

En esa ranchería se encontró a dos justicias del pueblo de San Francisco de Cocomacaques y a un capitán de guerra llamado Pedro Baricua, quienes sabiendo que venía en camino a esa ranchería, habían ido a esperarlo para ver que se le ofrecía en nombre de su majestad. Utilizando a Baricua como intérprete les dijo a los de la ranchería, la razón de su visita y que le halagaba verlos juntos y le preguntó al gobernador y a sus justicias que en el mes de febrero había pasado por ahí rumbo al Mar del Sur en busca de los salineros malhechores y que había visto la ranchería despoblada y que le extrañaba haber visto despoblada aquella tierra tan buena y que quería saber porque la habían despoblado.

Le respondieron que habían despoblado esas tierras debido al temor de los continuos ataques de los seris salineros y que se habían ido pensando en regresar una vez que los seris se apaciguaran. Que se habían ido con unos pimas parientes suyos cerca de los Guaimas, en las cercanías del río Giaquis y que habían regresado una vez que se enteraron que los seris habían sido reducidos, a sembrar sus tierras y a bautizarse como se los había prometido el padre Adamo Gilg y que ahora y siempre vivirían en dicha ranchería y que harían pueblo en forma, agregando y llamando a otros de su misma nación, para que vivan juntos y hagan iglesia y esto dieron por respuesta, a que por medio del dicho intérprete les dije que en nombre de su majestad les mandaba y mandé que asistieran en dicha ranchería, haciendo pueblo y iglesia, pues ya habían dado la obediencia por dos veces al rey ofreciendo lo mismo y así que no desamparasen sus tierras, ni dejasen de hacer lo que prometían, pues era servicio de Dios Nuestro Señor, que advirtiesen que de fallar a lo que ofrecían, serían después severamente castigados por rebeldes y pertinaces , a que respondieron, que no faltarían a lo propuesto porque ya los más de ellos eran cristianos, y pedían al Padre Rector Adamo Gilg que bautizase los restantes, puesto que su Reverencia se ofrecía a administrarlos”

También, De Escalante les propuso que hicieran las paces con los salineros a lo que respondieron de buena voluntad que así lo harían. Se despidió de ellos esa noche, advirtiéndoles que al siguiente día les hablaría de nuevo y que dispusieran la construcción de una ermita para que el padre Adamo Gilg les diera misa y los bautizara.

  • 19 de mayo

En la mañana el padre Adamo Gilg les dio misa en la ermita, rezando todas las oraciones y la doctrina cristiana y puestos en dos filas, hombres y mujeres alabaron al Santísimo Sacramento en Castilla y una ves terminada la ceremonia, Bautista de Escalante les dio de nuevo un discurso e hizo que los indígenas de El Pitiquín , los seris de Santa María del Pópulo y los seris salineros, hicieran las paces dándose un abrazo unos con otros ” mandándoles que en adelante no tuviesen guerras, sino que viviesen como cristianos y que tratasen unos con otros con ferias de la ropa de su uso y semillas de sus siembras, a que respondieron de una y otra parte, que así lo harían dándome muchas gracias por el bien que les hacía de asentar las paces. “ y habiendo terminado con la ceremonia, hizo un censo contando entre hombres, mujeres y niños a cien personas, quedando empadronados setenta y siete como cristianos, bautizando ese día el padre Gilg a doce niños, quedando el resto que completaban los cien, en quedar fijos y hacer pueblo.

Ese día se despidió de ellos y se fue a pasar la noche en San Francisco Javier de los Cocomacaques.

Entre el 20 y el 28 de mayo, Bautista de Escalante continuó su vieja visitando las poblaciones de El Pescadero, Real de Quisuaní, Nácori ( Grande) , San José (de Pimas), San Marcial y Belén (Belem, a orillas del Río Yaqui), donde encontró a un grupo de indios pimas de El Pitiquín a quienes conminó a regresarse a su pueblo donde sus parientes ya estaban establecidos.

Flavio Molina dice que el dato mas antiguo que se tiene de El Pitiquín, es un mapa elaborado por el padre Adamo Gilg donde aparece la Pimería Alta, la región de los seris, las misiones de los ríos Sonora y Santa María y una parte de la pimería baja.

En dicho mapa aparece una aldea de pimas gentiles con el nombre de ” Pitiquín de Pimas Cocomacaques” situada al margen izquierda del río Sonora, al este de los cerros de la antigua cementera, a medio kilómetro al este del actual vertedor de la presa Abelardo L. Rodríguez, que hasta 1944 el lugar fue conocido como “Iglesia Vieja”

El primero que nombra a El Pitiquín como Santísima Trinidad , es Eusebio Francisco Kino en el año de 1704 .

Eclesiásticamente, el pueblo de la Santísima Trinidad del Pitiquín quedó fundado en 1700, ya que el padre Adamo Gilg la siguió visitando desde Santa María del Pópulo, hasta 1704 en que el padre Juan de San Martín la empezó a visitar desde San Francisco del Pitiquín, una antigua misión localizada al margen izquierda del Río Sonora entre Hermosillo y Ures en un lugar conocido actualmente como El Tanque, que seguramente es el pueblo de San Francisco Javier de los Cocomacaques que Bautista de Escalante menciona en su informe y de la que la Santísima Trinidad del Pitiquín era Pueblo de Visita

En 1706, Antonio Becerra Nieta General vitalicio de la Compañía Presidial de Janos, en un recorrido que hizo por la provincia de Sonora, visitó y repobló en pueblo del Pitic ya que sus habitantes lo habían abandonado por los continuos ataques de los seris. En 1718 el mismo Becerra Nieto volvió a repoblar el Pitic en otra visita que le realizó.

En 1722 el padre Giusseppe María Genovese informa que el Pitiquín no tenía misionero por no tener limosnas para sostenerlo, pero que mientras tanto era atendido por el misionero de Ures.

En 1730 el padre Cristóbal de Cañas menciona en su relación que el padre José Calderón visitaba desde Ures a los indios de San Francisco del Pitiquín, que era misión antigua y donde también había numerosa vecindad de españoles.

Desde 1700 en que fue fundada, hasta 1741 en que se fundó el Presidio de San Pedro de la Conquista del Pitic, la Santísima Trinidad del Pitiquín, no pasó de ser una pequeña aldea de indios pimas cocomacaques, que vivían de la agricultura y la caza, y que servía de baluarte tanto a seris como a los pimas por estar localizada al pié del Cerro Prieto ( los cerros de la Cementera), por lo que a pesar de sus fértiles tierras y abundante agua, nunca llegó a desarrollarse, por lo que al fundarse el Presidio de San Pedro de la Conquista del Pitic, el 22 de junio de 1741, al pié de lo que hoy conocemos como cerito de la Cruz, en Villa de Seris, sus habitantes optaron por trasladarse a este presidio con el fin de vivir mas seguros al amparo de esa guarnición, pasando a la historia el antiguo Pitiquín como ” Pueblo Viejo” o ” Iglesia Vieja”.

Ya han pasado 300 años de la fundación de Hermosillo y hasta ahora ninguna autoridad municipal ha decidido construir una plaza o monumento honrando la memoria de Escalante y Gilg fundadores de la ciudad. La mayoría de las ciudades del mundo rinden honores a sus fundadores.

Por qué Hermosillo no lo hace? Tendremos que esperar a que cumpla 500 años de fundada? Es suficiente con ponerle el nombre de uno de ellos a un boulevard del norte de la ciudad?

JUAN BAUTISTA DE ESCALANTE

Militar y colonizador. Estuvo radicado en el mineral de Motepori, en 1689 desempeñó las funciones de teniente de alcalde mayor y un año después causó alta como sargento de la Compañía Volante de Sonora. Militó a las órdenes de los generales Francisco Ramírez de Salazar y Domingo Jironza, asistió a la acción de guerra del Quíburi y ganó el ascenso a alférez.

En 1700 se le dio el mando de una escuadra de soldados para que recorriera las zonas habitadas por los indios tepocas, seris y pimas bajos ; fundó los pueblos de Magdalena, Los Angeles, El Pópulo y El Pitic ; visitó la isla del Tiburón, reconoció la bahía de Guaymas y comprendió en su informe el estado de las misiones de Tuape, Cucurpe y otras más.

El general Fuen Saldaña lo dio de baja en 1703, sin consideración a sus antecedentes y servicios, porque habiéndose robado los apaches siete caballos pertenecientes a la Compañía de Fronteras, le ordenó que saliera a perseguirlos y no pudo recoger los animales. Se le dio mando en la región de Californias y poco después obtuvo su reposición como alférez de la Compañía Volante. Participó en numerosas expediciones armadas en contra de las tribus rebeldes, distinguiéndose como un militar cumplido y valiente y concluyó por obtener su retiro en 1722. Se estableció en Motepori, fue allí teniente de alcalde mayor y año siguiente se le dio el mando de una sección situada en Nacozari. Fue el fundador de la familia de su apellido. ( Almada, 1990)

ADAMO GILG

(1652-1710)

Originario del reino de Moravia donde nació en 1652, Ingresó en la Compañía de Jesús a los 18 años de edad ; realizó los estudios en Europa y pasó a la Nueva España en 1687. En la cédula de embarque se le describió como sacerdote de 34 años de edad, estatura mediana, barba y pelo negros, cara redonda y cuerpo abultado.

Fue designado como misionero en el noroeste de la Nueva España y en 1688 sustituyó al padre Fernández Cebero como encargado de la misión del Pópulo, puesto que desempeñó hasta el año de 1704. Hacia 1700 también fue rector de San Francisco Javier.

Fue amigo del padre Kino y lo acompañó en algunos viajes. Escribió sobre las costumbres de los seris y un vocabulario en la lengua eudebe. En 1704 fue trasladado a Mátape donde desempeñó los cargos de misionero de este partido y de rector de San Francisco de Borja. Estuvo en esta misión hasta 1709 y murió poco después, posiblemente en 1710.

El padre Gilg escribió un informe sobre los seris y trazó un mapa de la Pimería Alta. También escribió varios vocabularios en lenguas indígenas.( Tomo II, Enciclopedia General de Sonora Pág. 125 y Molina Molina Pág. 13)

Alférez:

(ár. Alferiç: jinete)

1.- Oficial que llevaba la bandera o estandarte.

2.- Oficial del ejército en el grado y empleo inferior de la carrera, ~ de navío o de fragata, grados de la armada, equivalentes al de alférez y teniente del ejército respectivamente.

3.- Amér. Merid. Persona elegida para pagar los gastos en un baile o cualquiera otra fiesta.

4.- Bol., Perú. Cierto cargo municipal en los pueblos de indios.

5.- Guat., Hond. Entre personas de confianza, palabra con que se designa a una de ellas, sin nombrarla: oye lo que dice mi ~.

BIBLIOGRAFÍA

Almada R. Francisco, 1990. Diccionario de Historia, Geografía y Biografía de Sonora. Gobierno del Estado de Sonora. Instituto Sonorense de Cultura.

Bautista de Escalante Juan, 2000. Autos de Guerra. Gobierno del Estado de Sonora. Instituto Sonorense de Cultura.

Ortega Soto Martha, 1985. La Colonización Española en la Primera Mitad del Siglo XVIII, p. 164. Tomo II, Enciclopedia de la Historia de Sonora. Gobierno del estado de Sonora.

Molina Molina Flavio, 1983. Historia de Hermosillo Antiguo. Fuentes Impresores S.A. Centeno 109, México DF.

Por:

Ignacio Lagarda Lagarda

nacho_lagarda@hotmail.com

ignaciol@icreson.gob.mx


LA SIERRA DE ORO DE BACOACHI

EL GAMBUSINO FILÓSOFO

POR Louis Lejeune

Pancho Acuña, en casa de quien me alojo, es el presidente del Consejo Municipal de Bacoachi, y el hombre más rico del poblado.

Es el día 23 de mayo de 1886. Las construcciones nuevas alrededor de su patio están llenas de mercancía americana importada en abril, antes del retorno de Gerónimo.   Contrabandista y buen comerciante, el señor alcalde apoya, a su modo, la única industria del país; la búsqueda del oro.

Provee a los gambusinos con provisiones, ropa, herramientas. Después de la temporada, se ajustan las cuentas al pesar el polvo de oro.

La unidad de peso es el pequeño fríjol del país, que representa el valor de un real. Ocho frijoles equivalen a un dólar.

Este Sistema, tradicional en Sonora, fue perfeccionado. Don Pancho cultiva en su jardín, eso dice, frijoles de origen californiano, más pesado y de igual volumen que los frijoles mexicanos.  Es posible, pero el peso no tiene el valor que se le quiere dar.

Los gambusinos de regreso al pueblo, son como los marineros que hacen escalas en un puerto. Compran a precio alto, sin regatear, sillas de montar que no usarán, sombreros extravagantes, revólveres con cachas de nácar y sobre todo, un mezcal renombrado que don Pancho destilaba antes de la crisis en su vinatería del Manzanal, la diferencia  entre el costo de fabricación del mezcal (seis litros por un real) y su precio de venta al menudeo (un dólar el litro) es excepcional.

Los objetos de lujo se venden 2 0 3 veces su costo y las mercancías de primera necesidad a precios razonables ya que no hay que matar de hambre a la gallina de los huevos de oro.

Los apaches matan a muchas cuando salen al campo.

Los campos de oro, se encuentran a cuatro leguas, al pie de la Sierra del Oro, que corta el horizonte al campo. Con sus costumbres rodeadas y sus columnas de pinos, es misteriosa y solemne como un templo. Sus fieles no la frecuentan desde hace dos meses; personas americanas se obstinan en perforar un pozo en la cima, a pesar de la orden de retirada dada por el Prefecto a todos los mineros del distrito.

El domingo pasado un gambusino de Bacoachi, Homobono Luna, se aventuró en estos parajes. Perezoso y briago, sin conseguir fiado en la tienda, se fue con la bolsa casi vacía borracho y amenazando con el puño tanto hacia el este como al oeste, desafiando a Jerónimo por una parte  y al acalde por otra, a un combate singular.

Y, por una de estas casualidades que hacen el éxito de las loterías, encontró en su primer hoyo, y por decir así, al primer golpe de pico, una pepita de 26 onzas, que por lo menos valía cuatrocientos dólares.  De regreso a Bacoachi a paso de carera, ahora toma fiado todo el licor que quiere, ya que los tres tenderos se esfuerzan por obtener la “chispa”, a un buen precio a cambio de mercancía.

Don Pancho Acuña, quien antes sacaba a Homobono de su tienda, le da ahora abrazos, le invita a cenar.  Ayer le regaló un poco de chocolate caliente, Sorprendido ante este manjar raro y casi legendario, el gambusino por fin sacó de su bolsa la pepita y metiéndola en el jarro, exclamó: “bebe, bebe mi bella….a ti te lo sirvieron…”

Desde el regreso de este filósofo, los campos de oro quedaron desiertos. Tendré que visitarlos sin guía, ninguna de las gallinas quiere bajar de la mesa donde se escondieron.