la yaqui hermosa

La yaqui hermosa es un cuento por Amado Nervo (1870-1919). Nervo se conoce mejor como poeta, pero aquí tenemos uno de sus cuentos breves. En este cuento breve, Nervo nos cuenta la historia de una yaqui joven, comprada como esclava. Como fue común en aquella época, unos cuantos esclavos fueron llevados a otra parte de México por los españoles para trabajar en una hacienda. El terrateniente, un criollo amable (para ser dueño de esclavos), intenta tratar bien a la yaqui hermosa, pero no puede superar el orgullo cultural de los yaquis.

os indios yaquis—casta de las más viriles entre los aborígenes de México—habitan una comarca fértil y rica del estado de Sonora; hablan un raro idioma que se llama el «cahita»; son altos, muchas veces bellos, como estatuas de bronce, duros para el trabajo, buenos agricultores, cazadores máximos… y, sobre todo, combatientes indomables siempre.

 

 Su historia desde los tiempos más remotos, puede condensarse en esta palabra: guerra.
 Jamás han estado en paz con nadie. Acaso en el idioma cahita ni existe siquiera la palabra «paz».
 Pelearon siempre con sus vecinos, así se llamaran éstos chichimecas, apaches, soldados españoles o soldados federales.
 No se recuerda época alguna en que los yaquis no hayan peleado.
 De ellos puede decirse lo que de Benvenuto Cellini se dijo: «que nacieron con la espuma en la boca», la espuma de la ira y del coraje.

 La historia nos cuenta que Nuño de Guzmán fue el conquistador que penetró antes que nadie en Sinaloa y Sonora, y llevó sus armas hasta las riberas del Yaqui y del Mayo. El primer combate que los yaquis tuvieron con los españoles fue el 5 de octubre de 1535. Comandaba a los españoles Diego Guzmán, y fueron atacados por los indios, que en esta vez resultaron vencidos, pero tras un combate muy duro. Los españoles afirmaron después que nunca habían encontrado indios más bravos.

 

 Con antelación, a manos de los yaquis habían perecido Diego Hurtado de Mendoza y sus compañeros, quienes desembarcaron osadamente en la costa de Sonora.

 

La lucha en serio con los indios empezó en 1599, siendo capitán y justicia mayor don Diego Martínez de Hurdaide. Desde entonces esta lucha ha continuado sin cesar.

 Recientemente el Gobierno federal inició nueva acción contra las indomables tribus, y para dominar su tenacidad bravía, casi épica, hubo de recurrir a medidas radicales: descepar familias enteras de la tierra en que nacieron, y enviarlas al otro extremo de la república, a Yucatán y Campeche especialmente. Lo que el yaqui ama más es su terruño. La entereza de raza se vio, pues, sometida a durísima prueba.

 

 En Campeche los desterrados fueron repartidos entre colonos criollos, que se los disputaban ávidamente, dada la falta de brazos de que se adolece en aquellas regiones para las faenas agrícolas.

 

 Un rico terrateniente amigo mío, recibió más de cien indios de ambos sexos.

 

 Separó de entre ellos cuatro niñas huérfanas y se las envió a su esposa, quien hubo de domesticar a fuerza de suavidad sus fierezas. Al principio las yaquitas se pasaban las horas acurrucadas en los rincones. Una quería tirarse a la calle desde el balcón. Negábanse a aprender el caste
llano, y sostenían interminables y misteriosos diálogos en su intraducibie idioma, o callaban horas enteras, inmóviles como las hoscas piedras de su tierra.
 Ahora se dejarían matar las cuatro por su ama, a la que adoran con ese fiel y conmovedor culto del indígena por quien lo trata bien.

 Entre los ciento y tantos yaquis, sólo una vieja hablaba bien el castellano. Era la intérprete.

 

 Cuando mi amigo los recibió, hízolos formar en su hacienda, y dirigióse a la intérprete en estos términos:
 —Diles que aquí el que trabaje ganará lo que quiera. Diles también que no les tengo miedo. Que en otras haciendas les vedan las armas; pero yo les daré carabinas y fusiles a todos… porque no les tengo miedo. Que la caza que maten es para ellos. Que si no trabajan, nunca verán un solo peso. Que el Yaqui está muy lejos, muy lejos, y no hay que pensar por ahora en volver. Que, por último, daré a cada uno la tierra que quiera: la que pueda recorrer durante un día.
 —¿De veras me darás a mí toda la tierra que pise en un día?— preguntó adelantándose un indio alto, cenceño, nervioso, por medio de la intérprete.

 —¡Toda la que pises!— le respondió mi amigo.

 

 Y al día siguiente, en efecto, el indio madrugó, y cuando se apagaba el lucero, ya había recorrido tres kilómetros en línea recta, y en la noche ya había señalado con piedras varios kilómetros cuadrados.
 —¡Todo esto es tuyo! -le dijo sencillamente el propietario, que posee tierras del tamaño de un pequeño reino europeo.

 El indio se quedó estupefacto de delicia.

 

 Diariamente iba mi amigo a ver a la indiada, y la intérprete le formulaba las quejas o las aspiraciones de los yaquis.
 Un día, mi amigo se fijó en una india, grande, esbelta, que tenía la cara llena de barro.

 —¿Por qué va esa mujer tan sucia?— preguntó a la intérprete.

 

 Respondió la intérprete:
 —Porque es bonita; dejó el novio en su tierra y no quiere que la vean los «extranjeros».
 La india, entretanto, inmóvil, bajaba obstinadamente los ojos.
 —¡A ver!— dijo mi amigo, —que le laven la c
ara a ésta. ¡Traigan agua!
 

 Y la trajeron y la intérprete le lavó la cara.

 Y, en efecto, era linda como una Salambó.

 

 Su boca breve, colorada como la tuna; sus mejillas mate, de una carnación deliciosa; su nariz sensual, semiabierta; y, sobre todo aquello, sus ojos relumbrosos y tristes, que no acababan nunca, negros como dos noches lóbregas.

 El colono la vio, y enternecido la dijo:

 

 —Aquí todo el mundo te tratará bien, y si te portas como debes, volverás pronto a tu tierra y verás a tu novio. La india, inmóvil, seguía tenazmente mirando al suelo, y enclavijaba sus manos sobre el seno; un seno duro y atejado que se adivinaba como de gutapercha a través de la ajustada camisa.
 Mi amigo dio sus instrucciones para que la trataran mejor que a nadie.

 Después partió para México.

 

 Volvió a su hacienda de Campeche al cabo de mes y medio.
 —¿Y la yaqui hermosa?— preguntó al administrador.
 —¡Murió!— respondió éste.

  Y luego, rectificando:

 

  —Es decir, se dejó morir de hambre. No hubo manera de hacerla comer. Se pasaba los días encogida en un rincón, como un ídolo. No hablaba jamás. El médico vino. Dijo que tenía fiebre. Le recetó quinina. No hubo forma de dársela. Murió en la quincena pasada. La enterramos allí.
 Y señalaba un sitio entre unas peñas, con una cruz en rededor de la cual crecían ya las amapolas.

 


Documentan destierro de yaquis en Yucatán

El papel clave de la etnia sonorense yaqui en el comienzo de la Revolución Mexicana es revisado por la historiadora Raquel Padilla Ramos en el libro Los irredentos parias.
La investigadora del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta) da continuidad en este volumen a su larga investigación en torno a este grupo indígena del norte del país, y sus años de exilio en la península de Yucatán, hacia finales del Porfiriato.

Después de una exhaustiva búsqueda en archivos de Sonora, Estados Unidos, la Ciudad de México y de Yucatán, además de recorrer algunas plantaciones de henequén donde trabajaron hace casi un siglo miles de yaquis exiliados de su territorio, la antropóloga se adentra en el vínculo que estableció esta etnia con el movimiento revolucionario de Francisco I. Madero en contra del gobierno porfirista, en aras de conseguir su libertad y volver a su lugar natal.

En la publicación, editada por el INAH, la profesora-investigadora señala que, a su vez, los yaquis querían cambiar su estatus de prisioneros de guerra y jornaleros agrícolas a soldados con una mejor paga, lo cual les brindaba la oportunidad de regresar a Sonora.

La especialista del Centro INAH-Sonora comentó que el resto regresó a Sonora con sus propios medios, aunque muchos murieron en el destierro y algunos se quedaron en Yucatán porque ya habían creado una familia o tenían compromisos allá.

La antropóloga Padilla Ramos refirió que los yaquis, a pesar de la cruenta lucha que enfrentaron durante décadas y el destierro, ha sido un grupo étnico muy fuerte culturalmente, lo cual se manifiesta en sus costumbres y tradiciones. Parte de este bagaje es recuperado por la especialista en la exposición fotográfica Bacatebe, que se presenta en Sociedad Sonorense de Historia, en la ciudad de Hermosillo.

Raquel Padilla abundó que estos personajes acceden a la sierra particularmente en el Día de Muertos para hacer sus ceremonias, y colocar flores y veladoras en las tumbas, siendo una de las más visitadas la de Tetabiate, donde reposan los restos mortales de uno de los capitanes más importantes de la guerra de los yaquis.

La colección se compone de 52 imágenes, pero en la muestra solo se exhiben 16 debido a las reducidas condiciones del espacio. Posteriormente se expondrá completa en Tucson, Arizona, EU.


Descubren cementerio prehispánico en Onavas

300 metros del pueblo de Onavas, arqueólogos descubrieron un sitio con 25 entierros humanos, 13 de los cuales tienen deformación del cráneo, y cinco mutilación dentaria

Tales costumbres no se habían registrado en enterramientos antiguos de esa entidad, lo que refiere que grupos del norte incorporaron a su cultura prácticas del Occidente y de Mesoamérica

A 300 metros del pueblo de Onavas, al sur de Sonora, fue descubierto el primer cementerio prehispánico de esa entidad; tiene alrededor de 1,000 años de antigüedad y se conforma de entierros de 25 individuos, 13 de los cuales presentan deformación intencional del cráneo, y cinco de estos también tienen mutilación dentaria, prácticas culturales similares a las de grupos prehispánicos del sur de Sinaloa y norte de Nayarit, que no se habían registrado en el estado.

Algunas de las osamentas portaban ornamentos elaborados con conchas y caracoles de la región del Golfo de California, como brazaletes, una nariguera, aretes, pendientes y collares de cuentas de concha; además un individuo fue enterrado con un caparazón de tortuga colocado a la altura del abdomen. Cabe destacar que los enterramientos no estaban acompañados de ofrendas.

Para los arqueólogos, lo relevante del descubrimiento es la evidencia de costumbres que no se habían registrado en los antiguos grupos culturales de Sonora: la deformación craneal (frontal occipital) que se aplicó a 13 individuos del Cementerio ¬¬¬—como se ha denominado al sitio—, así como la modificación mediante el desgaste de la parte lateral de las piezas para darles la forma de “V”.

“El área del hallazgo reúne características únicas, porque mezclan las expresiones de los grupos del norte de México ¬¬—como el uso de ornamentos elaborados con conchas y caracoles del Mar de Cortés—, con tradiciones del Occidente nunca antes encontradas en territorio sonorense. Con este descubrimiento se amplía el límite de influencia de los pueblos mesoamericanos mucho más al norte de lo que tenía registrado la arqueología”.

Así lo destacó la arqueóloga Cristina García Moreno, directora del proyecto de investigación, que es realizado por la Universidad Estatal de Arizona, Estados Unidos, con aprobación del Consejo de Arqueología del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), al dar a conocer los descubrimientos derivados de la temporada de excavaciones 2012.

La arqueóloga puntualizó que en Sonora no se había descubierto un cementerio como tal, lo más cercano está en el sitio arqueológico La Playa, donde se han recuperado más de 400 entierros, “pero ahí los esqueletos fueron enterrados adentro y afuera de las casas”; y en este caso, se trata de un área específica para enterrar muertos.

Asimismo, García Moreno resaltó que no hay otro sitio arqueológico en Sonora donde se hayan identificado las modificaciones craneal y dentaria; tampoco en el suroeste de EU, que comparte el área cultural con Sonora; en cambio, “los grupos culturales más cercanos que desarrollaron este tipo de tradiciones están en el norte de Sinaloa y en el área de Marismas Nacionales (sur de Sinaloa y norte de Nayarit), que incorporaron a su cultura algunas costumbres del Occidente y Mesoamérica.

Sin embargo, dijo, “el Cementerio de Onavas no pertenece a grupos mesoamericanos migratorios, sino a uno sedentario que tuvo un desarrollo local y que en algún momento de su historia entabló contacto con Mesoamérica e incorporó algunas ideas a su cultura. Estamos en proceso de investigación para confirmar si existe una relación con grupos de Sinaloa y Nayarit”.

La arqueóloga Cristina García explicó que de acuerdo con las fuentes históricas, el sitio debió pertenecer a los antiguos indígenas pimas, grupo cultural de la región cuyos descendientes se desplazaron hacia lo que hoy es el límite estatal Sonora-Chihuahua; pudo ser parte de un asentamiento ubicado dentro del área de tránsito que seguían los pueblos de la costa occidental al suroeste de Estados Unidos en el comercio de la turquesa, “y en ese transitar de poblaciones, los pimas adoptaron nuevas tradiciones procedentes de Mesoamérica”.

Tras referir que la gente que enterró ahí a sus muertos, posiblemente habitó en lo que actualmente es el pueblo de Onavas, la investigadora explicó que los fechamientos practicados en los restos humanos coinciden con el periodo Epiclásico mesoamericano (900-1200 d.C.).

“Una característica de ese lapso en el área de Mesoamérica es que hubo grandes migraciones, la gente se empezó a ir del centro hacia otros lados; las fechas también coinciden con la antigüedad de entierros con individuos deformados, encontrados en Nayarit y Sinaloa”.

Cristina García refirió que la deformación craneal en las culturas mesoamericanas se usó para diferenciar a un grupo social de otro o con fines rituales, en tanto que la mutilación dentaria en las culturas de Nayarit se practicó en púberes como un rito de paso hacia la adolescencia, lo cual coincide con los hallazgos de Sonora, donde los cinco cuerpos que la presentan son mayores de 12 años.

“En este caso, aún no se puede hablar de diferencias sociales porque todos los entierros presentan las mismas características, no tenemos identificado un patrón de enterramiento que nos indique jerarquías. Tampoco hemos podido determinar por qué algunos tenían ornamentos y otros no, ni por qué de los 25 esqueletos solo uno corresponde al sexo femenino”, puntualizó.

De los restos óseos de los 25 individuos recuperados, 17 corresponden a menores de edad —de entre 5 meses y 16 años— y 8 son de adultos. Al respecto, la investigadora destacó que la cantidad de infantes y púberes identificados en el Cementerio, puede ser un indicador de la mala práctica en la deformación craneal, que ocasionó su muerte por el exceso de fuerza al momento de apretar el cráneo. Esto, subrayó, se deduce a partir de estudios hechos a los restos, cuyos resultados no arrojaron ninguna enfermedad que pudiera haber causado su muerte.

Finalmente, la arqueóloga Cristina García anotó que estos descubrimientos están dando pie a mayores investigaciones en la parte sureste de Sonora que ha sido poco estudiada; “la parte norte, la desértica, el noreste y la costa son los más investigados; a partir de estos hallazgos se sabe que el sureste es distinto a lo que se conocía, este lado es completamente nuevo”.

 


Sucedió en la Mesa de Imuris

Cuando los Apaches
secuestraron a Marcial Gallego

Por Profra. Czilena Demara

El lugar se le nombró El Tren porque había un trapiche donde se molía la caña, y a todo el equipo de la molienda (cazos, hornillas, molino, moldes, barcos, espumadores, paletas, etc.) así se le nombraba “el tren”, y queda exactamente entre el poblado La Mesa y Terrenate.En los años arriba mencionados, ya cuando se había terminado la molienda de la caña, quedaron grandes montones de bagazo de las cañas exprimidas con el molino, que tenían rodillos de madera dura, y en montones dormían los “apachis” que venían a merodear y a depredar en todas las poblaciones del norte del estado de Sonora.

Hacían cuevas en el bagazo y allí se metían y se tapaban con el mismo gabazo (pues la molienda comienza cuando ya hace bastante frío, (generalmente en noviembre), y se iban antes del amanecer.
Es cierta ocasión, cuando Marcial tenía unos nueve o diez años, su madre lo mandó con una pequeña canasta a que llevara panocha a una familia de Terrenate, y ya no volvió pues los apaches lo levantaron y se lo llevaron con ellos.

Allá lo criaron y creció como un apache en las montañas Chiricahuas, donde están las fuentes del Río Gila, en el estado de Arizona, pegado al estado de Nuevo México. En esos años, en muchos pueblos del estado, hubo niños a los que los apaches se llevaron cautivos.

Les enseñaban a montar caballo en “pelo”, a cazar, a utilizar la lanza y el arco y la fecha, y recorrían con ellos todos los lugares donde salían a depredar.
Fue en el grupo de apachis chiricahuas, cuyo jefe era Mangas Coloradas cuando en una de sus excursiones por el estado de Chihuahua fue perseguido por un grupo del gobernador Terrazas, formado por blancos y tarahumaras, hasta que los alcanzaron en un lugar de la Sierra Madre y fue muerto el jefe por un tarahumara de nombre Mauricio Corredor.

Los apachis, cuando vieron caer muerto a su líder, se dispersaron y se fueron a refugiar en sus dominios. Duraron algo de tiempo sin jefe; después nombraron a quien sería famoso a nivel mundial (se han hecho muchas películas sobre su persona): el indio Gerónimo.

El indio Gerónimo no era guerrero sino artesano; tejía canastos, curtía pieles, tejía diferentes artículos con cuero crudo, etcetera. Pero en cierta ocasión que acamparon cerca
de Casas Grandes, Chihuahua, para dedicarse al trueque como siempre lo hacían, salieron todos los hombres con sus mercancías al poblado dejando a mujeres, ancianos y niños en el campamento.
Llegó a oídos de un capitán de Sonora que los apachis habían acampado en ese lugar, y fue e hizo una matanza. Cuando Gerónimo llegó con su gente, encontró que habían matado a su abuela, a su mujer y a tres hijos y casi a todos los del campamento.

Ese fue el motivo por lo que lo nombraron jefe, por ser el más agraviado.
Organizó a su gente y se dedicó a cobrar su afrenta mediante la guerra de guerrillas (atacar y salir sin rumbo fijo), dividía a su gente en pequeños grupos y atacaba al mismo tiempo en lugares diferentes, encotrándose después en el lugar que de antemano habían acordado.

Con la gente de Gerónimo anduvo Marcial Gallego. Cuando creció, los apachis lo trajeron a El Tren para que conociera de lejos a sus padres, despuÉs volvió y los quería matar, pero los apachis no lo dejaron (se decía que los cautivos se volvñian más sanguinarios que los propios apachis).

Tiempo después se regresé a El Tren, con sus padres, y contrajo matrimonio, naciendoles un hijo al que le pusieron Román Gallego (vivió en los Angeles, California hasta 1949).

Román creció en La Mesa y Terrenate junto a sus parientes los Gallego, también contrajo matrimonio y nacieron varios hijos, entre ellos Marcial Gallego, que fue general del ejército revolucionario mexicano; vivió aquí en Magdalena en la esquina de Escobedo y Espino (donde hoy está la carnicería “El Gordo Chavarin 2. También se casó y tuvo varios hijos, entre ellos Roberto, Humberto “Bert” Gallego,
que tuvo un taller mecánico donde hoy está la ferretería Robinson de Nogales, Arizona.

Contrajo matrimonio con Natalia Jayassi (fallecida hace varios años en California); vive Bert y sus hijos, Alberto “el Teniente” y la menor Carmelita Gallego (bautizada por Gilberto Jayassi).

La paz apachi se firmó en el Cañón del Esqueleto, cerca de Agua Prieta; lo hicieron el general Crook de Estados Unidos, el indio Gerónimo; estaban, además, Marcial Gallego y Antonio Díaz de San Ignacio (que también fue cautivo), pues ellos hablaban el español, el apachi y el inglés.
A Antonio Díaz se lo llevaron de San Ignacio, donde, ahora, viven sus nietos. Asi como ellos, aquí en Magdalena hubo una cautiva de nombre Verónica Castro a la que le decían “la cautiva
Veronica”. De ella si hay una leyenda relacionada con San Francisco Javier.

Todos los datos aqui relatados, aunque parezcan leyenda, son veridicos, aunque si se pueden tomar como leyenda.

 


APACHES: EL PUEBLO MÁGICO

1909 moría míseramente, en una reserva de Oklahoma, quien había sido el alma de una de las últimas resistencias indias en Estados Unidos: Goyathly, más conocido como Gerónimo.

Terminaba con él la historia épica del pueblo apache, que había comenzado con la invasión española en el siglo XVI. Un pueblo con el que las novelas, y sobre todo el cine, nos han familiarizado: ¿a quién no le suenen los mescaleros, los chiricahuas, o nombres como Cochise, Victorio, Mangas Coloradas o el propio Gerónimo?

Los apaches son un gran grupo étnico, una macroetnia con más de 20.000 integrantes. Habitan en el sudoeste de Estados Unidos -Arizona y Nuevo México- y en el norte de México -Sonora y Chihuahua-, y en la actualidad se encuentran también en reservas de Texas, Colorado y Oklahoma.

GERONIMO


Esta tribu provenía del noroeste de América y era una gran rama desgajada de las poblaciones subárticas de lengua atapaskana que aún viven en Alaska y Canadá y una de sus subfamilias lingüísticas es la apache-navajo. Llegaron a su hábitat natural entre los siglos XI y XVI.

Hacia el siglo XIX los indios se dividían, como hoy, en varios subgrupos o etnias: apaches occidentales (Arizona oriental), kiowa (Kansas), jicarilla (noreste de Nuevo México), lipan (norte de México), y los más conocidos: los mescaleros (Arizona centro-sur) y los chiricahua (Arizona suroriental). A su vez, estas tribus se subdividían en fracciones, por lo general localizadas geográficamente.

GERONIMO Y GUERREROS APACHES

El término “apache” proviene de la lengua zuñi: ápachu, “enemigo”. Sin embargo, ellos se denominan ndé, indé, o tindé, según la etnia de que se trate, que deriva de tinné, “pueblo”. Históricamente recibieron influencias de las poblaciones vecinas como los indios pueblo y de las civilizaciones de las Praderas. Además, los navajos (noroeste de Nuevo México) son sus parientes.

Las diferentes poblaciones apaches habitaban regiones separadas entre sí y presentaban a veces marcadas diferencias. Sin embargo, tenían varios denominadores comunes básicos como el nomadeo, la caza, la recolección, el mescal, los ritos de paso, gran parte del arte…

El cine y las fotografías de la época nos han ofrecido una imagen de los apaches como gente zarrapastrosa, con pobres viviendas y utensilios, que habitaba en remotos desiertos y que eran además unos implacables salvajes ingobernables.

En realidad, se trata de una visión en gran parte falsa. En este artículo nos centraremos en la vida de la tribu hacia el año 1870, la época clásica de las guerras con europeos y norteamericanos.

NAICHE

Hay que tener en cuenta que los apaches eran la mayor población nómada del Sudoeste. En verano, sus comunidades se establecían temporalmente en las montañas y se trasladaban a las llanuras en invierno. Conocían muy bien su entorno, su vegetación y su fauna, lo que les permitía integrarse perfectamente en su medio.

De hecho, los propios blancos llegaron a aprovechar sus conocimientos empíricos de ecología. La vivienda típica, llamada wikiyap, tenía una forma semiesférica recubierta de ramas o corteza y era muy fácil de construir o de abandonar en caso de necesidad. En cambio, los navajos estaban influidos por la civilización de las Praderas y vivían en tipis, la vivienda de forma cónica más conocida.

Poseían perros, caballos, mulas, ovejas y, en algunas ocasiones, vacas que les servían tanto de alimento como de montura. Sin embargo, su religión les prohibía comer pavos, pescado, serpientes, osos y otros animales. Las bases de su economía eran la caza y la recolección. La captura de animales era una ocupación exclusiva de los hombres y se preparaban para ella desde pequeños.

Se concentraban para sus cacerías enormemente e, incluso, los chiricahuas solían mantener alejadas a las mujeres para “tener suerte en la caza”. Eran partidas que realizaban a pie o a caballo y para las que, en ocasiones se disfrazaba: usaban máscaras que representaban antílopes o ciervos para acercarse mejor a los animales. La caza exigía, además, ciertos rituales que garantizaran el éxito y aplacar a los animales sacrificados.

NANA

El guerrero era considerado sagrado, identificado con un héroe cultural llamado “Muchacho del Agua”. Así, debía observar algunos tabúes y, durante este noviciado, se convertía en servidor del resto de los luchadores. Tras esta celebración se convertía en adulto y guerrero.

Las mujeres no participaban en los combates, pero hubo muchachas guerreras, que además poseían unos poderes especiales. Generalmente, se hacía la guerra -que podía reunir hasta 150, 200 o más guerreros- para vengar incursiones, asaltos y muertes de guerras anteriores o actos de brujería. Los chamanes eran los encargados de preparar los rituales adecuados previos al asalto.

Además, uno de estos “hombres medicina” acompañaba siempre a la tropa e, incluso, algunos de los grandes dirigentes indios fueron también chamanes, como Jerónimo.

Los apaches -como constatarían los europeos- eran expertos en emboscadas, camuflaje, ataques por sorpresa y guerra de guerrillas. Además, eran capaces de desaparecer o de desmontar un campamento ante los ojos del enemigo sin que éste se diese cuenta, y montaban campamentos falsos para despistar al contrario. Eran muy duros, y aguantaban bien la sed y el hambre y podían llegar a recorrer grandes distancias de hasta 50 ó 80 km al día.

Los blancos los llamaban “los tigres de la raza humana” y se los consideraba implacables y brutales. Sin embargo, no lo fueron más que los europeos que los destruyeron. A diferencia de otros indios, como los de las Praderas, el pragmatismo de los apaches les hacía preferir la prudencia a la audacia y rehuían acciones suicidas o peligrosas: valoraban la valentía, pero ridiculizaban el heroísmo, como innecesario y contraproducente.

Fue una raza que tuvo que luchar durante cuatro siglos contra los invasores extranjeros. Primero contra los españoles, desde el 1540 hasta el siglo XVIII; años más tarde contra los mexicanos y, finalmente, contra los estadounidenses, ante quienes perdieron la independencia en las llamadas “Guerras apaches” (siglo XIX).

Desde que perdieron su última guerra, se vieron obligados a vivir en las reservas -cuya invención se debe a los españoles en el siglo XVIII-, muchas de ellas situadas fuera de sus tierras históricas. Si bien los apaches sobrevivieron o se recuperaron demográficamente, una parte de sus formas culturales desapareció. Con todo, los últimos años han presenciado un renacimiento de sus tradiciones, ya que han sabido adaptarse a los tiempos actuales.

Los apaches a su vez se dividian en distintas tribus

COCHISE

Chiricahuas : Quizas los mas conocidos gracias al cine y al arrojo de sus lideres ,Cochise ,Geronimo , esta tribu pertenecia a los denominados apaches orientales.

Mescaleros : Tambien de los denominados apaches orientales , tuvo entre sus grandes jefes a Victorio

Apaches Mimbreños apaches occidentales cuyo jefe mas significativo fue Mangas Coloradas , suegro del jefe chiricahua Cochise.

Apache Jicarilla de los denominados apaches orientales , era la tribu apache mas espiritual de todas .No miréis a vuestro alrededor -dijo el héroe de los apaches Jicarilla, matador de enemigos-. Escuchad lo que digo. El mundo es del tamaño de mi palabra

Aparte de estas tribus apaches tenemos a los Montañas Blancas , Coyoteros,Kiowa-Apaches,Lipan,Navajos y algunas otras mas .

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LOS SERIS HABITANTES DEL DESIERTO

  Thompson es apellido adoptado como cualquier objeto colectivo,  según los usos de la vieja comunidad primitiva, y proveniente de un viajero norteamericano en el siglo XIX. Seris, “los que viven en la arena”,  es nombre dado por sus enemigos naturales, sus vecinos territoriales, los yaquis, eternos rivales que redujeron su territorio en guerra de un siglo. Ellos, los “seris”, se autodenominan Kunkaak: “nuestra gran raza materna, aquí”.

La lengua seri pertenece al grupo lingüístico hokano y es parte de la familia lingüística seri-yumana. El yumano propiamente dicho se habla en el norte de Baja California.
Se tiene noticia de que en el pasado la tribu creció hasta los mil habitantes. De un siglo al presente quedaron en quinientas almas, población que se mantiene estable mediante un sistema matrimonial que controla  la natalidad.

En el pasado remoto la sociedad estaba organizada en seis bandas: guaymas, upanguaymas, tastioqueños, seris o tiburones, tepocas o salineros y un grupo montañés. Cada banda constaba de varias familias extensas y a su vez se dividía en secciones, que eran exógamas, mientras que la banda era endógama.

Hoy la tribu se divide en mitades. Cada una a su vez en tres  secciones. Los varones de una mitad y sección o familia solamente pueden desposar a las mujeres de la otra mitad y también determinada sección. Así, los nacimientos están controlados.  Ejemplo: varones de la mitad I, sección A, sólo pueden procrear con las mujeres de la mitad II, sección D. Mitad I, secc. B, con mitad II, secc. E. Mitad I, secc. C, con Mitad II, secc. F.

Existe el  control de embarazos por medio de la medicina tradicional. Y existe también la institución del matrimonio a prueba: los jóvenes amantes cohabitan a prueba durante un año; sólo si hay compatibilidad, se casan.

La población, desde los años 40 del siglo pasado se hizo sedentaria en dos comunidades, aunque conserva muchos rasgos del viejo seminomadismo. Una institución llamada Kimousing establece que si dos individuos se encuentran, el que tenga mayores bienes (comida, ropa, armas, etc) debe darle la mitad al otro. De ese modo existe el reparto igualitario de cualquier incipiente propiedad, lo que es propio del comunismo primitivo.

En larga conversación con don Roberto Thompson, Jefe Supremo de la Tribu, se puso de manifiesto la melancolía por el pasado perdido, las viejas costumbres, las instituciones, la franca hermandad. Ahora un hombre podía comprar un vehículo y su vecino pobre lo envidiaba hasta la enemistad y el rencor. Muebles, ropa, alimentos. La vieja solidaridad de la Isla del Tiburón había desaparecido en alta medida.

Las dos comunidades de los neosedentarios, Desemboque y Punta Chueca, están en tierra firme. Y la cuna ancestral de la isla permanece deshabitada como reserva ecológica federal. Hay en ella especies vegetales y animales únicas: el bura fue un carnero aislado del mundo en la isla del Tiburón.

La isla originaria conserva el nombre de la deidad principal de la religiosidad antigua. Una de las pruebas que debe vencer el aspirante a la jefatura suprema de la tribu es, entre otros ritos, el atreverse a nadar junto al tiburón blanco que abunda en ese mar.

Otra es abstenerse de alimento alguno durante cuatro días con sus noches, atado a un poste bajo el sol ardiente, hasta recibir una segunda aparición alucinatoria de un espíritu del desierto, una suerte de gnomo que acude a legitimar al próximo jefe. Ya han llegado comisiones de apaches del norte que danzaron alrededor del elegido, al compás de sus hondos cantos de guerra,  de sombría violencia.

¿Por qué, existiendo por decreto presidencial la propiedad de la Isla originaria a favor de los seris y manteniendo éstos un extrañamiento declarado por los viejos usos y costumbres de la vieja tribu, no se regresaron a vivir en ella, donde continuarían en la práctica de su nomadismo sólo limitado por el territorio isleño? La isla que impuso un seminomadismo; el paraíso perdido, el útero originario? Esta pregunta cruda fue expuesta a don Roberto.

Don Roberto Thompson empezó a contestar  anfibológica y perifrásticamente: cuando él nació estuvo a punto de morir porque su madre no producía la leche que necesitaba y él, recién nacido estaba atormentado y flaco por la falta de alimento, según le contaron las ancianas de la tribu. Fue necesario ir hasta las tierras de Hermosillo, más allá del reino seri, para comprar leche de burra, animal que sólo allá existía. Y sólo así pudo crecer y salvar la vida.

-Es necesario comprar, comerciar con los vecinos, ya no podemos subsistir como antaño. El dinero es el diablo. Pero un diablo necesario.

Las mujeres mayores son de gran importancia. Integran un concejo que toma las grandes decisiones matrimoniales, guerreras, culturales y legitiman la investidura de un nuevo jefe supremo.

A pesar de que los seris cuentan con una cooperativa de pesca y que pueden obtener ingresos a veces considerables, la apariencia de ambas comunidades es de desolación, decadencia y mendicidad: impera la miseria.

Al principio de su asentamiento sedentario, la tribu completa cayó en el alcoholismo y consumo de estupefacientes. Hasta que por medio del evangelismo del Instituto Lingüístico de Verano de universidades norteamericanas, cesaron poco a poco esas prácticas. Pero hoy, abstinentes evangélicos, no pueden organizarse con optimismo en la economía de mercado. Los usos y costumbres del pasado pesan en las tentativas de modernización. Y desde luego la marginación y la miseria.

Los grupos indígenas vecinos del territorio seri, a su vez presionados por el avance de la colonización española de finales del siglo XVII, obligaban a los seris a reducir su territorio, fuente del sustento. Este es otro factor que obliga a la reducción del territorio. También fue otro factor que los obligó al sedentarismo: dos pequeñas comunidades donde había que organizarse para la producción y lo inmediato fue la pesca y su comercialización. Otro escenario en la larga historia de trashumancia de los seris.

El paso del nómada al sedentario en este caso creó la milagrosa oportunidad de observar que alguno de sus resultados casi inmediatos fuera la aparición del fenómeno artístico de la escultura. Los seris sedentarios empezaron a esculpir figuras de animales de su entorno en la madera conocida como “palo-fierro”, nombre acorde a su notable dureza.  ¿La coincidencia del sedentarismo con la escultura fue casual? Este paso providencial mostró también cómo perduraban las costumbres antiguas. Porque el primer seri  que comenzó a esculpir el palo-fierro,  don José Aztorga, fue a su vez el hombre más radical del nomadismo como ideario y hábito, el único que se negó a vivir en la nueva aldea establecida rodeado de vecinos. Y permaneció aislado, con su esposa apache, a cinco kilómetros del pueblo.

La aparición de determinados fenómenos en el desarrollo histórico de una cultura no siempre son la marca fija que corresponde a un nivel o estadío único. Si apareció la escultura en el momento de la sedentarización ello no establece una ley fija de correspondencia. Se ha dicho p.ej. que el sedentarismo agricultor genera la cerámica, sin embargo los seris nomádicos ya fabricaban cerámica “cáscara de huevo” mucho antes de su establecimiento sedentario.

-¿Cómo fue que se le ocurrió empezar a esculpir la madera? Le pregunté en entrevista al señor Aztorga.

-Me lo dijo el Diablo, respondió hermético.

-¿Y quién es el Diablo? Insistí.

-Yo. Respondió sin mirarme porque estaba atento esculpiendo un gran busto de un bura.

Al día siguiente hablé con don Roberto Thompson y con malicia le expuse lo que a fuerzas era considerable como broma.

-Dice don José Aztorga que él es el diablo, qué piensa usted.

-Pues si no lo es se le parece bastante.

El encuentro y la inserción de los nómadas en la cultura nacional con su economía de mercado implicó una tragedia. Una tragedia silenciosa y terrible frente a la indiferencia  de dicha cultura nacional. En el siglo XVII llegaron los primeros misioneros jesuitas que fundaron una misión en la que transcurrieron algo más de cien años tratando de inculcar el cristianismo entre los indígenas. Pero la hostilidad con los ranchos de Sonora hacia Hermosillo provocó una ruptura.

Hasta el siglo XIX los rancheros y sus hijos incursionaban en territorio seri  para ir a cazarlos como a animales del desierto. Entre ellos apostaban a ver quién mataba más.
Con las oportunidades económicas actuales (desde luego escasas) un indígena decidió ir a Hermosillo para comprar un lujoso comedor estilo Luis XV.

Regresó en su camioneta trayendo su compra. Pero como no calculó ni mucho menos el  espacio existente en su reducida vivienda que el  gobierno a través del Instituto Nacional Indigenista le financió, se vio obligado a poner su flamante compra afuera de la casa, sobre la arena del desierto. Y se sentaba en la cabecera de su mesa al atardecer y veía por un lado el desierto y por el otro el mar. Y ni siquiera tomaba entonces sus alimentos.

El mundo indígena quedó, ante el contacto forzado con Occidente, en una situación de insuperable degradación: Por un lado va perdiendo su cultura ancestral porque tiene que aprender el lenguaje, las costumbres y leyes del conquistador, a pesar del arraigo de identidad que tienen  los protagonistas indígenas, quienes conservan sus propios usos y costumbres, pero que también éstos significan obstáculos para su movilidad dentro del nuevo mundo impuesto. Por otro lado, los rasgos culturales de Occidente son asumidos con torpeza.

La situación de insuperable degradación antedicha, es la terrible tragedia indígena de México. Los indígenas se vuelven ajenos y extranjeros en su propia tierra. Su vestimenta y su índole se tornan raros y exóticos. A la vez se sienten incómodos al uso de los objetos y reglas europeas.

Esta tragedia indígena quedó sin embargo incorporada a la cultura nacional y es un obstáculo en las tentativas de desarrollo y modernidad del país. Porque la cultura como dijo bien André Bretón, son vasos comunicantes.


PIMAS Y ÓPATAS

PIMAS Y OPATAS

Cuando los españoles llegaron a Sonora los indígenas estaban sufriendo cambios de los que sabemos muy poco. Hay indicadores de la distribución de lenguajes que sugieren condiciones de inestabilidad. Uno de los aspectos más interesantes y oscuros es la peculiar distribución del lenguaje pima por más de 1500 kilómetros. En el extremo sur de esta región vivían los tepecanos y al norte de ellos estaban los tepehuanes.

La rebelión tepehuana no era solamente local. Afectó a otras tribus de la Sierra Madre como a los acaxee, los chínipas, y como ya lo hemos visto, los tarahumaras y los líderes tepehuanes -Quautlatas y Coxogito- intentaron incorporar a éstas y otras tribus. En Sonora el capitán Hurdaide apenas había terminado sus campañas contra tehuecos, zuaques y sinaloas y sintió que era necesario continuarlas entre los tepehuanes para evitar que el conflicto se extendiera hasta el Golfo de California.

Es obvio que los mensajeros tepehuanes habían hecho contacto con gente pima como nuris y yécoras. Aunque los yaquis no tenían interés los españoles temían que se unieran a la rebelión. La rebelión tepehuana mostró la existencia de comunicaciones entre las tribus de Durango y del sur de Sonora.

PIMAS

Algo que facilitaba la comunicación era la existencia de un lenguaje común -el pima. El tepecano y el tepehuán se diferencian muy poco del lenguaje de los pimas del sur de Sonora que los españoles llamaron nebomes. Es curiosa su prolongada y sinuosa distribución; desde las altas montañas del sur hasta los valles del desierto del río Gila el lenguaje pima era utilizado por miles de personas. Es probable que en 1600 los límites oeste y sur del territorio pima estuvieran siendo presionados por los ópatas. Debido a ello los ópatas de los valles del río Sonora y río San Miguel se enemistaron con los pimas del noroeste. Parecía ser que los ópatas también avanzaban sobre el río Yaqui empujando a los pimas de las rancherías de la región de Tónichi. Hay evidencias de que los pimas estaban presionando contra los yaquis y esto provocó la lucha entre ellos. A la llegada de Hurdaide a territorio mayo había constantes luchas entre pimas y yaquis al igual que entre yaquis y mayos. Existían otras causas para estos conflictos pero la tenacidad con que los yaquis protegían los límites de su territorio sugiere que se encontraban bajo presión y que venía de sus vecinos del norte -los pimas.

Los primeros reportes españoles describen a los pimas como dedicados agricultores con rancherías bien organizadas y sin interés por la guerra. Las presiones entre ellos y los yaquis parecían ser inducidas por sus vecinos del norte; los ópatas eudeves. En 1540 Cabeza de Vaca atravesó el territorio pima y cientos de ellos se sintieron tan atraídos por sus historias de españoles que lo acompañaron hasta el río Sinaloa donde se establecieron en un lugar llamado Bamoa a más de trescientos kilómetros al sur de su territorio. Provenían de las rancherías del río Nuri un tributario del Yaqui. Tal éxodo de familias parece extraño a menos que estuvieran insatisfechos con su vida en Sonora. Se hicieron famosos en los anales españoles, prosperaron y de inmediato aceptaron el cristianismo cuando los jesuitas llegaron a su región en 1591. Se mantuvieron en contacto con la gente del río Nuri y debieron haber sido una fuente de información acerca del avance español y de las ventajas y desventajas de la vida misional. Esto parece haber provocado una disposición generalmente favorable a los españoles.

En 1609, los pimas y los mayos se aliaron con Hurdaide y proporcionaron tropas para su ataque a los yaquis. Para 1615 muchas rancherías habían solicitado misioneros aunque no había suficientes jesuitas para satisfacer la demanda de los que los solicitaban. Algunos pimas decidieron que no podían esperar a que los misioneros vinieran a ellos. En 1615 cerca de 350 familias de varias rancherías emigraron hasta Bamoa en donde Hurdaide y los jesuitas les prepararon una gran ceremonia y los acogieron en la vida en misión. Los resultados debieron haber sido favorables ya que el siguiente año 250 más se mudaron a Bamoa.

Para 1617 la población de pimas cristianos en Bamoa era de más de un millar. El padre Pérez de Ribas recibió la visita de un líder pima que pidió un misionero y prometió comenzar a construir una iglesia pero la misión tuvo que esperar hasta 1619. En ese año el padre Guzmán bautizó a 1,600 pimas de regiones no especificadas antes de la llegada del padre Burgencio. Los misioneros les dieron el nombre de nebomes a todos los grupos que hablaban el pima. Burgencio llegó a las rancherías cercanas a Buenavista, Cumuripa, Tecoripa, y Suaqui Grande. En menos de una año bautizó a casi nueve mil y cuando Pedro Méndez comenzó a trabajar con los ópatas todos los nebomes de abajo ya estaban dentro del sistema de misiones. Desgraciadamente no existe información de actividades en estas misiones por un lapso de casi 150 años.

Dos años después de la reducción de los nebomes de abajo el jesuita Vanderzipe fue enviado a trabajar con los nebomes de arriba. Estos eran pimas que vivían en rancherías en el río Yaqui y se extendían al hasta el pie de la Sierra Madre. Los nuris que no habían ido a Bamoa formaban parte de ellos junto con la gente de Onavas, Movas, Yécora y Maicoba. En 1622 los pimas aceptaron a Vanderzipe y construyeron iglesias en Onavas y en Movas. En 1626 murió Hurdaide y todos los líderes de las rancherías del territorio de la pimería baja fueron al funeral en San Felipe junto con otros líderes indígenas de la región. Después del funeral el gobernador Perea ordenó la detención de varios líderes nebomes porque existía el rumor de que se planeaba una rebelión y pensó que podía obtener información de ellos. En Movas hubo reacciones inmediatas de los parientes de los detenidos que incendiaron la casa del padre Vanderzipe y atentaron contra su vida con una flecha envenenada. Recibió una herida de la que nunca sanó satisfactoriamente y le causó molestias por el resto de su vida. Sin embargo la mayoría de los habitantes estaban a favor del misionero y calmaron a los que intentaron matarlo. En los siguientes ocho años se construyeron iglesias en Nuri y Tónichi y se fundó un seminario en Nuri aunque la acción de Perea dificultó el trabajo de los misioneros. En la rebelión de 1633 intentaron matar al padre Olimano y a un líder bautizado y se envió una pequeña expedición de soldados en 1634. Los líderes eran los parientes de los hombres que habían sido detenidos por Perea y con ayuda pima los soldados capturaron a catorce de ellos y los ejecutaron de inmediato. Ahora había iglesias en cuatro lugares -Onavas, Movas, Tónichi y Nuri- pero tuvieron que pasar cuarenta años más para que se fundaran misiones de la región de Yécora y Maycoba.

En 1740 la pimería baja se unió a mayos y yaquis en su más grande rebelión contra el control español. Algunas de las más fuertes batallas se libraron en territorio pima cerca de Tecoripa y años después hubo señales de descontento en la pimería baja donde un grupo conocido como los sibubapas se unieron a los seris contra los españoles. Se rindieron en 1755 y fueron llevados a San Marcial pero en 1768 y 1770 se rebelaron denuevo junto con los seris. Hubo un brote que fue rápidamente aplastado y fue provocado por un antiguo gobernador de Tecoripa en 1766. Estaba molesto contra un misionero que había ordenado que lo azotaran; una fuente común de descontento contra los misioneros de este periodo.
En 1678 se reportó más de cuatro mil pimas alrededor de nueve misiones en su territorio cerca de Maicoba y que en Onavas había 875. Cerca de un siglo después había sólo tres mil en la pimería baja con ocho misiones en quince comunidades. Dentro de la misma región había varias minas pequeñas con una población de 792 españoles o gente de razón.

Los primeros 150 años en los pimas fueron caracterizados por un deseo de contactos al extremo de provocar migraciones, aunque este éxodo sugiere insatisfacción dentro de su propio territorio. Las causas de la rebelión de 1740 es explicable por el trato del gobernador contra los líderes y sólo unas cuantas familias participaron. La población española que aumentó lentamente mientras que la población indígena disminuía aunque la proporción de españoles y pimas no fue tan dispar como la proporción entre españoles y ópatas. Cuando los pimas pelearon contra los españoles fue en conjunto con mayos y yaquis y después con seris. No hay evidencias de que contribuyeran con liderazgo de importancia en estas rebeliones sino que fueron seguidores de líderes mayos y yaquis. Además de las muestras de aprobación por su pacifismo y laboriosidad hubo muy poco interés en los reportes -en contraste con la preocupación hacia yaquis y ópatas. Tal vez esto era porque la pimería baja era un grupo relativamente pequeño; tal vez porque su territorio no era tan rico como el ópata y el yaqui.

OPATAS

Los resultados del programa jesuita en el centro de Sonora fueron diferentes de los obtenidos entre tarahumaras, mayos y yaquis debido a la naturaleza de contacto y a las estructuras sociales. Esta combinación junto con las técnicas jesuitas produjeron resultados contrastantes. En el primer siglo y medio de contacto los ópatas se acercaron mucho más que los tarahumaras a la asimilación aunque durante ese periodo no se llevó a cabo en su totalidad.

La gente del centro de Sonora no fue considerada por los jesuitas como un solo grupo y sus cálculos eran correctos aunque una vez que trabajaron en sus rancherías se percataron de que tenían creencias y costumbres relativamente uniformes. No había identidad de lenguaje como en el caso de yaquis o mayos ni siquiera el grado de similitud que existía entre los tarahumaras. Debido a estas diferencias de lenguaje los jesuitas hicieron distinción entre ópatas del sur y ópatas del norte. Los del sur vivían en los valles de los ríos Matape, Moctezuma, y parte media del Yaqui, con centros de población en Saguaripa, Batuc, y Matape; otra rama de esta división vivía a lo largo del río San Miguel cerca de Opodepe. El lenguaje de estos grupos del sur y del oeste recibió el nombre de eudeve. Los ópatas del norte vivían en muchas rancherías diseminadas en los valles a lo largo de todo el río Bavispe, parte alta del Moctezuma, y partes media y alta del Sonora. Su territorio se extendía desde las Montañas Huachuca del sur de Arizona hasta el centro de Sonora. El lenguaje de esta gran división era relativamente uniforme y fue llamado ópata o tegüima. Los misioneros se dieron cuenta que estaban tratando con gente que carecía de unidad tribal como lo refleja el hecho de que llamaran a eudeves y ópatas por el nombre de sus líderes e.g. Sisibotari, o por el nombre de sus rancherías e.g., Huazabas, Batuc, Huepac, o por grupos de rancherías, e.g. Aibino, Bacerac.

Los primeros contactos con eudeves no fueron amistosos. No hay duda de que el pueblo de Corazones fundado por Coronado en 1540 fue en el interior de territorio ópata. Se conocen solamente dos detalles acerca del lugar: duró unos cuantos meses y fue totalmente destruido por los ópatas del grupo Babiácora-Banámichi. Las fuentes aseguran que Alcaraz, lugarteniente de Coronado, se quedó para construir un asentamiento y se comportó como su superior obligando a los indígenas a trabajar para ellos y robó mujeres para los placeres de sus soldados. En cuanto vieron el comportamiento de los españoles los atacaron y los mataron. Dos huyeron para contar la historia.

En 1564 en el este de Saguaripa hubo otro encuentro violento del que se sabe muy poco. Cuando de Ibarra ordenó que se continuara la exploración que Coronado había comenzado se enfrentó a una fuerza de ópatas o eudeves. Aunque obtuvo la victoria no le dio seguimiento y se dirigió al río Yaqui abandonando el territorio sin haber encontrado minas. No existen fuentes de los efectos de este encuentro y no se mencionan más contactos hasta el principio el sigl

En el momento en que los jesuitas comenzaban su trabajo con los mayos Pérez de Rivas oyó hablar acerca de un líder de los indígenas de Saguaripa y fue a investigar. Encontró a Sisibotari y entablaron una larga conversación y Pérez de Rivas se regresó con la impresión de que había conocido al mejor de todos los indígenas que había conocido hasta entonces. Aplaudió su dignidad, su habilidad y su sabiduría así como su actitud hacia los jesuitas. La admiración fue mutua y Sisibotari visitó San Felipe donde conoció a Hurdaide y a los jesuitas que trabajaban en la región.

Pidió que enviaran misioneros a su gente que vivían en setenta rancherías cerca de Saguaripa. Dado que no había misioneros disponibles en ese momento -en realidad no había suficientes para satisfacer la demanda de los yaquis- Pérez de Rivas no pudo satisfacer la solicitud de Sisibotari. Sisibotari se mantuvo en contacto con los españoles y trajo a once niños para que fueran a la escuela de San Felipe en el seminario jesuita. Sisibotari murió en 1619 y no pudo ver el inicio del programa jesuita entre su gente pero su interés y la alta estima en que tenía al trabajo de los jesuitas los dio a conocer en las setenta rancherías donde tenía influencia.

Cuando el padre Pedro Méndez hizo una breve visita a Saguaripa en 1621 le pidieron que construyera una iglesia pero tuvieron que esperar seis años antes de tener un misionero. El veterano de las misiones de Sonora y Sinaloa que había llevado a cabo la triunfal conversión a gran escala de los mayos; el padre Pedro Méndez, vino a vivir y a trabajar entre las rancherías de Sisibotari en 1627. Méndez fue recibido de la manera en que los indígenas de Sonora reciben a los misioneros el día de hoy; de rodillas y con cruces en sus manos marcharon en procesión junto con el misionero pasando entre arcos de carrizo verde. Todos los ópatas de la región de Saguaripa estaban listos para recibir el bautismo.

En un lapso de seis meses se habían construido tres iglesias -en Saguaripa, Arivechi y Bacanora- y permanecieron pacíficas durante este periodo del programa. El ahora septuagenario Méndez permaneció con ellos por espacio de nueve años y estableció los cimientos del trabajo misionero con la ayuda de Cruz Nesve, un líder de los eudeves. Con excepción de un atentado por parte de un ayudante a quien Méndez había despedido hubo fricciones. Para 1678 más de tres mil eudeves y ópatas habían aceptado la vida en seis misiones -Saguaripa, Teopari, Onapa, Bacanora, Arivechi y Malzura. También habían algunos jovas en el proceso de ser asimilados cultural y lingüísticamente por los ópatas.

En otra parte del territorio había gente de cultura y lenguaje similar a de la gente de Sisibotari pero que políticamente estaban totalmente separados. Algunas de estas personas fueron conocidos como albinos y estaban cercanamente asociados con los eudeves del valle de Matape.

En 1622 los albinos se opusieron a los misioneros que trabajaban en la pimería baja. El problema fue tan serio que Hurdaide envió a dos mil soldados a la región y derrotaron a los indígenas en una sangrienta batalla. A esto siguió la entrada de dos jesuitas que bautizaron a cuatrocientos niños en Matape y Tepuca. Pero no hubo misionero residente hasta 1629 en que llegaron los padres Azpilcueta y Cárdenas.

Los misioneros encontraron oposición recurrente. La demostración de fuerza de Hurdaide había estimulado la oposición a los españoles y siete años después de los primeros bautizos los chamanes habían hablado en contra de los misioneros y se habían opuesto a las visitas ocasionales de los que trabajaban en la pimería baja.

En vez de dar la bienvenida a los dos nuevos misioneros con cruces y arcos la gente se mantuvo alejada de ellos y no hubo bautizos a gran escala. La gente de Batuc no aceptaba que vinieran los misioneros y esto era provocado por gente que había sido bautizada y se había vuelto en contra. Azpilcueta enfrentó esta resistencia con fuertes medidas en vez de llamar y de acuerdo a su propio reporte se negó a llamar a los soldados.

Primero precipitó una crisis en la tumba de un líder -que había muerto por un rayo- donde la gente hacía ceremonias que los protegían de los rayos. Azpilcueta les lanzó un sermón refiriéndose a la ceremonia como superstición y les exigió que aceptaran al dios cristiano, luego procedió a la destrucción de la tumba y del esqueleto del líder. En vez de provocar una acción violenta se ganó su lealtad.

En otra ocasión Azpilcueta y unos seguidores se enfrentaron a un grupo armado que lo amenazaba de muerte y de destruir su iglesia. Tomó un arcabuz y les disparó provocando su dispersión. De acuerdo al relato de Azpilcueta estas medidas cambiaron la actitud de la gente y trabajó por ocho años continuó sin incidentes. Le construyeron una iglesia en Batuc y puso los cimientos para trabajar en el río San Miguel al noroeste de donde los eudeves vivían. Para su muerte en 1637 ya había preparado un vocabulario y una gramática de su lenguaje.

En 1638 había más de 4,600 eudeves viviendo en once misiones dentro del valle de Matape, sobre el río Moctezuma cerca de Batuc y en las misiones de Opodepe, Cucurpe y en el río San Miguel. Se fundó una escuela en Matape que se convirtió en un centro de alfabetización y educación cristiana para los indígenas del centro de Sonora. Para 1640 la parte oeste y sur del territorio ópata había sido evangelizada.

A principios de 1636 los misioneros entraron al valle del río Sonora al lugar donde Corazones había sido fundado un siglo antes. Un jesuita portugués de apellido Castaño se ganó una gran reputación entre los indígenas; era un hombre inusual de piel muy oscura y a recibió el apodo de “Padre Indio”. Era un buen lingüista y músico. Mendigaba por comida entre y era popular y exitoso en su trabajo en las rancherías del río Ures. En 1639 Castaño y Pantoja bautizaron a gran cantidad de personas en el área de Corazones y en unos cuantos meses había más de 4,346 habitando en las misiones de Babiácora, Acontzi, Banámichi y Sinoquipe.

El estilo de vida y los métodos de Castaño eran motivo de preocupación para sus superiores; temían que por su acercamiento los indígenas le perderían el respeto. Fue enviado a otra misión a pesar de que para 1640 las misiones que había fundado eran prósperas y contaba con la estima general gracias a su maestría y al uso de la lengua nativa en sus sermones.

Durante la primera mitad de la década de 1640 se detuvo el avance jesuita en el río Sonora debido a problemas entre las autoridades civiles y religiosas. Perea, el capitán general de Sinaloa-Sonora, proponía la separación de Sonora con el nombre de Nueva Andalucía. Al mismo tiempo intentaba que Sonora cambiara de jurisdicción jesuita a franciscana.

Trajo a cinco franciscanos a Banámichi y propuso que fueran enviados a las misiones sobre los ríos San Miguel, Sonora, Moctezuma y Bavispe pero los jesuitas se opusieron al plan y Perea tuvo que abandonar la idea por órdenes del virrey. Durante la década de 1640 Perea intentó llevar a cabo varias reducciones con el uso de la fuerza entre los pimas (hymeris), los ópatas y los sumas de los afluentes del Bavispe. Estas campañas no tuvieron el menor éxito y con la muerte de Perea en 1644, el programa jesuita de nuevo se expandía hacia el norte y el este. Cuando el padre Jerónimo de la Canal (1648) continuó el programa del río Sonora encontró descontento en toda la región inclusive en Sinoquipe; el antiguo lugar de trabajo de Castaño.

En ninguna de las rancherías que visitó fue recibido con cruces y arcos aunque tampoco con violencia. La resistencia era pasiva y por lo menos en una ocasión hubo discusión. En Sinoquipe no querían saber nada de Canal pero tras su insistencia consiguió que las madres comenzaran a traer a los hijos para que recibieran el bautismo. En Arispe la resistencia era similar pero la milagrosa curación de una mujer que había sido herida con una flecha en un accidente provocó el acercamiento de gente y líderes. En Cacubarunichi la gente huyó a esconderse e intentó asustar al misionero pero cuando insistió en quedarse uno de los líderes se sentó a su lado y comenzó a explicarle su propia religión. Le explicó que toda esa región había sido creada por otro dios y no por el dios cristiano. También mencionó casos que probaban que el bautismo no curaba a nadie y que el ritual cristiano no era eficaz para nada en particular. Estos argumentos del líder ópata convencieron al misionero de que estaba completamente inspirado por el demonio y abandonó la región sin haber logrado una sola conversión. Canal reportó después de que en todas estas rancherías la gente se bautizó y que poco después de 1648 se construyeron tres iglesias. En 1646 cuarenta rancherías del río Moctezuma fueron reducidas por el padre del Río y construyó dos iglesias en Oposura y Cumpas. Entre 1645 y 1651 se dio la aceptación del bautismo y se llevó a cabo la construcción de más iglesias en el valle del Bavispe aun entre los huazabas que Perea había intentado reducir por la fuerza. Para la década de 1670 se habían fundado misiones a todo lo largo de los ríos Sonora, Moctezuma y Bavispe y el sistema había alcanzado las fronteras con sumas, apaches y jumanos. En 1688 había veintidós misiones donde vivían cerca de diez mil ópatas.

Ningún incidente que se pudiera considerar como brote de rebelión, ni siquiera una seria división, se llevó a cabo desde 1696 hasta el siglo XIX. En 1696 se llevó a cabo la única rebelión ópata bajo el sistema misional. El líder Pablo Quilme de Bacerac comenzó a protestar en contra de los presidios de Fronteras y Janos, diciendo que los españoles habían llegado y se habían invadido tierras de Bacerac y de otros lugares del río Bavispe. Protestó contra la toma de hombres y niños para trabajar como sirvientes para los españoles. Su punto de vista tuvo respuesta entre los ópatas de Cuchuta, Teuricachi y Cuquiriachi y se planeó una rebelión que fue descubierta antes de que se pudieran organizar. En 1697 diez líderes fueron colgados y Quilme fue ejecutado en Janos.

A pesar de la gran extensión de su territorio y la dificultad de su terreno montañoso aceptaron el sistema de misiones en un lapso de veinte años. Si analizamos las diferentes regiones por separado vemos que cada una fue reducida en un año o dos a partir de la llegada del misionero -aun más rápido que entre mayos y yaquis. Los eudeves de Saguaripa fueron reducidos en 1627, los eudeves de Matape y Batuc en 1629, los eudeves del río San Miguel alrededor de 1630, los ópatas de la parte media del río Sonora en 1639, los ópatas de la parte alta del río Sonora en 1648, los ópatas del río Moctezuma en 1644-46, los ópatas huazabas en 1651 y los ópatas del río Bavispe en 1646. La imposición del sistema de misiones fue casi tan pacífica como entre mayos y yaquis aunque hubo oposición que fue eliminada por medio de persuasión o por la técnica de destrucción de ídolos. Una vez que los jesuitas fundaron sus misiones no experimentaron rebeliones a pesar de que la intrusión de colonos fue más intensa que entre los tarahumaras.

Desde la década de 1680 en adelante hubo dos aspectos en la vida de Sonora que afectaron a los ópatas de las misiones. Uno fue el rápido crecimiento en la cantidad de colonos y el otro fue el aumento de los saqueos de los apaches. Además los mineros se habían adelantado a la llegada de los misioneros y había minas en Cumpas y Nacozari al tiempo que se construían las iglesias de Saguaripa y Matape.

Se siguieron abriendo minas de oro, plata y plomo. Antes de la fundación de Alamos se reportó que había mil españoles en Sonora y Ostimuri y en 1764 había 4,266 españoles tan solo en la región de las misiones de ópatas y eudeves. Había 1,266 en el distrito de Oposura, más que en cualquier otro, debido al gran desarrollo minero de San Juan Bautista.

Pero había cientos de españoles adicionales de mineros o fundando ranchos y haciendas en la región ópata y había centros con una población de españoles que variaba de cincuenta a quinientos: Arivechi, Saguaripa, Fronteras, Chinipa, Sinoquique, Opodepe, Tuape, Batuc y Rebeico. El norte de Sonora tenía en ese tiempo dos haciendas y veintidós pueblos con población de españoles. La distribución de estos lugares indica que no había una área ópata que no estuviera invadida por españoles.

Cuarenta y ocho pueblos y ciento veintiséis haciendas y ranchos habían sido abandonados. Esto indica una población flotante debido al trabajo en minas y al abandono forzado por los saqueos de seris y apaches. En 1778 Arispe, el corazón del territorio ópata, se convirtió en la capital de la provincia con una población de mil quinientos; mil de ellos eran indígenas. En un siglo y medio las comunidades indígenas habían sido infiltradas por los españoles mientras que cientos de indígenas habían sido llevados a vivir a los pueblos y a los distritos mineros. Pero la población de ópatas y eudeves declinaba. En 1688 había 4,329 eudeves y 10,045 ópatas viviendo bajo influencia misionera y un número indeterminado que no vivía en las misiones aunque se creía que eran unos cuantos centenares. Cuarenta y dos años después ambos grupos habían declinado a menos de la mitad -los eudeves a 2,265 y los ópatas a 4,901. En 1764 la situación seguía casi igual -2,265 eudeves y 4,735 ópatas. De una población de casi quince mil indígenas se había reducido a menos de la mitad en medio siglo.

Era menos del doble de la población española en las mismas regiones y hay que recordar que existía una población adicional en las regiones cercanas de la pimería alta y baja así como en Alamos. Contrastaba con el aislamiento de yaquis y tarahumaras durante los primeros cien años de vida en misión a pesar de que se fundaron grandes centros de población española cerca de los tarahumaras. Las causas de la declinación de la población ópata durante este periodo fueron registradas de manera muy pobre. Hubo epidemias de enfermedades nativas y europeas que fueron mencionadas por los misioneros.

También existe la posibilidad de que la declinación sea más aparente que real debido a que los censos de población se aplicaban solamente a las comunidades de las misiones y los indígenas estaban siendo atraídos hacia los poblados españoles al mismo tiempo que muchos se mudaban lejos de los misioneros después de un entusiasmo inicial.

Las guerras con otros indígenas del noreste y contra los apaches contribuyeron a su declinación. A partir de 1686 la vida de los ópatas comenzó a ser afectada por saqueos de los indígenas del norte y esto sucedió por más de un siglo y medio. La parte del territorio más poblada de los ópatas, la región norte, se convirtió en un campo de batalla durante ese tiempo.

Los problemas con indígenas en el norte de Chihuahua provocaron la construcción de los presidios de Janos y Casas Grandes. En 1686 jocomes y apaches del este de Janos atacaron los asentamientos de los ópatas al norte de Cuquiriachi y los españoles decidieron establecer otro presidio al oeste de Janos para tratar con jocomes y sumas; Fronteras. Los ópatas que vivían en Corodequatzi se mudaron a las misiones de Teuricachi y Cuquiriachi. A partir de entonces, la guerra con los grupos del norte fue constante. En 1696 y con cuartel en San Juan Bautista, se fundó la Compañía Alada que organizó campañas en 1694, 1695 y 1696 y los españoles comenzaron a hacer uso de los guerreros ópatas en estas campañas.

En la de 1694 una fuerza combinada de ópatas y pimas triunfaron en Cuchuta donde los ópatas comprobaron su habilidad contra los apaches. Los ópatas tomaron bandos con los españoles contra los apaches mientras que la línea de presidios se extendía al oeste incluyendo Terrenate, Tubac y Altar. En 1756 un grupo de ciento cuarenta arqueros ópatas fue tras los apaches hasta el río Gila. A partir de entonces hubo tres compañías de ópatas al lado de las fuerzas regulares en los presidios y fueron utilizadas para repeler ataques de conchos y jovas.

Como aliados de los españoles los ópatas estaban protegiendo tanto sus comunidades como las españolas. Sus comunidades cargaron con el peso de los saqueos una vez que los españoles abandonaron las minas del norte y los ranchos y haciendas en la región. No sabemos cuántas comunidades ópatas fueron abandonadas, cuantos murieron como soldados o civiles ni hasta que grado fueron empujadas hacia el sur y el oeste. Podemos pensar que hubo pérdidas, abandono de asentamientos y como consecuencia grandes niveles de desorganización y ruptura comunitaria.

Esta condición aunada a la infiltración de españoles justo antes del inicio de los ataques apaches provocó un gran nivel de asimilación cultural. Los registros de los misioneros mencionan muchas parejas de españoles con mujeres ópatas. En la mayoría de los escritos españoles se indica que la mayoría de los ópatas era considerada como “civilizados”.

Esto indica que muchos ópatas hablaban español y que había relaciones formales entre familias de españoles y ópatas a través del sistema de apadrinamiento. Estas relaciones son diferentes a las de españoles y tarahumaras en Chihuahua donde los españoles se negaban a mezclarse con ellos basados en la desigualdad racial.

El programa jesuita no afectó a los ópatas de la misma manera que a los yaquis. Entre estos últimos, las circunstancias eran tales que la unidad tribal fue reforzada por el trabajo de los misioneros y por la organización comunitaria que ellos introdujeron.

Es posible aislar algunos de los factores que parecen haber provocado resultados diferentes entre los ópatas. En primer lugar la densidad de población era mucho menor que la de los mayos o yaquis. Los ópatas estaban diseminados sobre la mayoría del estado de Sonora habitando los valles de los ríos y sus lugares de asentamiento estaban separados unos de otros por lo accidentado del terreno de manera que había poca comunicación entre ellos.

Mientras que las comunidades tipo ranchería como las yaquis y de otros indígenas de Sonora eran grandes se pone en duda que las rancherías ópatas alcanzaran las mismas dimensiones. Los reportes de los misioneros muestran comunidades de tres o cuatro mil alrededor de la iglesia entre mayos y yaquis mientras que después de los esfuerzos de los misioneros por concentrar la población ópata ninguno de sus pueblos fue mayor a mil quinientos y casi todas eran de entre ciento cincuenta y seiscientas personas.

Todos los asentamientos de los yaquis y mayos constituían una región de comunicación mientras que los ópatas estaban agrupados en secciones aisladas en los valles de los ríos y constituían seis o siete unidades geográficas diferentes. Sauer ha estimado la población ópata al momento de contacto en sesenta mil. A juzgar por los registros de los jesuitas este número es demasiado alto. Un estimado más realista basado en estos registros sería de alrededor de veinticinco mil. En cualquiera de los dos casos hay un gran contraste con los valles del Yaqui y Mayo donde se concentraron hasta treinta mil en cada caso aun antes de que se fundaran las misiones.

A juzgar por los fragmentados registros es obvio que entre los grupos de rancherías ópatas había constante rivalidad y hostilidad en lugar de una cooperación cercana. Aun las comunidades de los valles de los ríos estaban separadas a veces por asuntos como depósitos de sal. Sinoquipe y Banámichi estaban aliadas contra Huepac y Acontzí mientras que Opodepe y San Miguel estaban enemistadas contra varios grupos del valle del mismo río Sonora.

Estas condiciones influenciaron el trabajo de los misioneros y en vez de que todos fueran bautizados al mismo tiempo los ópatas fueron bautizados en diferente tiempo por diferentes misioneros. Los prolongados preparativos de Sisibotari contrastan con la prolongada conquista de los ópatas albinos. La resistencia de huazabas al intento de conquista de Perea contrasta con la indiferente bienvenida de los misioneros a la parte media de los ríos Sonora y San Miguel. De esta manera tenemos que los contactos específicos con los grupos ópatas presentan una gran variación.

Aun más, los misioneros se comportaron de manera muy diferente. La agresiva oposición de Azpilcueta y la destrucción de objetos de rito nativo contrasta con la amabilidad de Castaño. Las habilidades de Méndez y sus tolerantes relaciones con los sisibotari fueron muy diferentes a los primeros contactos y argumentos de Canal.

Parece ser que los ópatas ya estaban divididos entre ellos mismos y que el programa jesuita no hizo nada para cambiar esta situación y hubo diferente trato con las diferentes comunidades. El proceso fue diferente al del territorio tarahumara, en el sentido de que los ópatas ya estaban inclinados a vivir en comunidades más compactas de forma que cuando iniciaron su trabajo este procedió rápidamente sin dar tiempo a que la población se dividiera en contra y a favor de los misioneros.

Si hubiera existido una gran unión entre los ópatas es muy posible que los resultados hubieran sido muy parecidos a los de los tarahumaras. Hay algo que sugiere esto en la inicial actitud de hostilidad de las rancherías del norte de Sonora cuando se acercaron los misioneros veinticinco años después de que los ópatas del sur habían aceptado la vida en misiones. Sin embargo el faccionalismo tarahumara no se desarrolló en una escala comparable.

Otra diferencia de los contactos ópatas con los de los tarahumara, mayo o yaqui está en la naturaleza del asentamiento español en la región. En esto se parece un poco más a la situación tarahumara que a la situación mayo o yaqui. Los contactos eran contemporáneos con las misiones. Al declinar su población bajo el sistema de misiones -al igual que casi toda la población indígena en Nueva España- la población española creció rápidamente durante los primeros cien años.

Hubo señales de insatisfacción contra los misioneros, igual que entre los tarahumaras, pero no se rebelaron contra la población española con la misma magnitud. Las relaciones español-ópata eran muy diferentes a las español-tarahumara o existió alguna otra circunstancia que evitó los mismos resultados.

El peso de la evidencia favorece a una diferente relación español-ópata. Con la excepción de la insatisfacción por el comportamiento español del líder ópata y su intento de rebelión en Bacerac se mencionan muy poco los trabajos forzados, invasión de tierras y otras fuentes de insatisfacción indígena. En lugar de ello se mencionan constantemente las buenas relaciones existentes entre ópatas y españoles. Sin lugar a dudas, los españoles consideraron que los ópatas tenían hábitos y actitudes que facilitaban la tendencia a aceptarlos en un nivel de igualdad.

Los intercambios matrimoniales, las relaciones de apadrinamiento y los buenos comentarios acerca de su forma de trabajar, su valentía y su grado de “civilización” son indicadores de que los españoles no los consideraban seres inferiores como calificaron a los tarahumaras. La tendencia era hacia la cooperación y la mezcla en lugar de la separación y la hostilidad.

Esta tendencia pudo haber sido por la compatibilidad entre las culturas española y ópata pero también pudo haber sido el resultado de la alianza en contra de los apaches. Ambos grupos encontraron un interés común en un esfuerzo por proteger sus comunidades. Una vez que demostraron su determinación para pelear contra los apaches era del interés español mantener esa situación.

También era del interés ópata tener una buena disposición hacia los españoles de manera que mantuvieran sus soldados y sus presidios contra los apaches y así poder conservar sus comunidades. Esta pudo haber sido la base del conjunto de relaciones que contribuyeron a la asimilación cultural de los ópatas.

A diferencia de mayos, yaquis y seris, el ajuste de ópatas y pimas bajo el régimen mexicano fue relativamente fácil y sin sobresaltos. Después de una influencia inicial de los yaquis sobre los ópatas no se desarrolló un fuerte nacionalismo ni mostraron la resistencia que mostraron los seris. La población a principios del siglo XIX tal vez era una tercera parte de la de los yaquis; menos de diez mil. Debido al mayor grado de intercambio matrimonial su cantidad fue mucho más difícil de determinar y su población estaba mucho más diseminada que la de los mayos y yaquis.

Aun así los ópatas era un grupo distinto a principios del siglo XIX. Algunos pelearon entre las tropas del gobernador Conde contra los insurgentes en la Guerra de Independencia y se distinguieron en la batalla de Piaxtla en Sinaloa donde Conde derrotó a los insurgentes. En 1820 parte de la guarnición del presidio de Bavispe era de ópatas y se rebeló contra el trato injusto del pagador. Se les unieron otros ópatas de Arivechi, Pónida, Saguaripa y Tónichi. Después de demostrar su habilidad en el campo de batalla y de ganarse una reputación de valientes fueron derrotados por una fuerza mucho mayor a sus quinientos guerreros aunque en la batalla principal los mexicanos fueron derrotados. Los disturbios terminaron con la ejecución de los líderes Dorame y Espíritu. El descontento continuó y alcanzó a los pimas que estaban diseminados en el territorio ópata y en 1825, algunos ópatas y pimas se unieron a Juan Banderas el yaqui que proponía un estado indígena independiente. En 1829 el distrito de Moctezuma se convirtió en escenario de una gran rebelión cuando el español Antonio Archuleta buscaba el apoyo de los ópatas para restaurar la monarquía española. Su plan proponía el regreso de las misiones del periodo colonial. Consiguió despertar interés y se aseguró el apoyo de varios líderes -Dolores Gutiérrez, Miguel y Bautista Sol, y Antonio Baiza- pero el complot fue descubierto antes de que la rebelión iniciara. Banderas intentó de nuevo obtener la independencia en 1832 y los ópatas tenían más interés mayor al que le habían mostrado en la década de 1820. El plan de Banderas incluía ganar el control del este de Sonora para que las regiones controladas por los yaquis y ópatas pudieran tener comunicación. Esto involucraba a la pimería baja que vivía desde Tónichi hasta Buenavista.

Gran parte de la lucha de la rebelión se centró en este corredor entre ambos territorios y se unieron a Banderas siguiendo el mando de Dolores Gutiérrez. La combinación de ambas fuerzas fue derrotada con prontitud. A partir de entonces sus actividades militares estuvieron del lado de los comandantes mexicanos en vez de hacer otras alianzas.

Sin embargo estuvieron muy involucrados en otros aspectos de la lucha en Sonora. No eran gente “pacífica por naturaleza” como lo sugieren fuentes posteriores. Ópatas de Batuc, Tepupa, Matape y Álamos pelearon con los mexicanos contra las fuerzas invasoras de Estados Unidos en Guaymas en 1847. En la década de 1850 proporcionaron apoyo militar a Gándara en sus esquemas para mantenerse en el poder.

En el intento de 1856 para ganar el poder se inició la rebelión entre los ópatas de Saguaripa. El siguiente año tuvo el apoyo de tropas de la pimería baja de Onavas y ópatas y pimas de Tónichi. Para el año de 1859 cuando Gándara fue expulsado del poder contaba con el apoyo de ópatas, pimas, mayos y yaquis. En el curso de la lucha del caudillismo de Gándara dos líderes ópatas se convirtieron en comandantes militares; los hermanos Juan y Refugio Tanori. La derrota de Gándara de 1859 no los expulsó de la turbulenta escena política de Sonora.

Cuando los franceses intentaron tomar el control de México Refugio Tanori, al frente de miles de ópatas y pimas del centro de Sonora, se declaró a favor del imperio de Maximiliano. En los dos años siguientes peleó como uno de los más importantes comandantes de las tropas imperiales dando apoyo a los comandantes imperiales que lucharon en Sonora. Uno de sus más grandes triunfos fue la toma de Nacori Grande en 1866. En ese mismo año los imperialistas fueron derrotados por el general Pesqueira. Después de que Tanori encontrara refugio en territorio yaqui y luego intentara escapar de Sonora a través del Golfo de California, fue capturado y ejecutado. En sus últimas palabras declaró que había peleado al lado de la causa imperialista porque creía que después de su triunfo la vida social de Sonora sería regenerada. Al mismo tiempo que el liderazgo de Tanori había llevado a mucho ópatas a pelear a favor de los imperialistas, otros peleaban en su contra, como el caso de las tropas que seguían las órdenes de Pesqueira. Aunque la mayoría de ellos se aliaron con la causa conservadora la historia de los ópatas es difícilmente distinguible en la historia de México. Es como si la tribu ópata fuera menos y menos fácil de distinguirse después de la derrota de Banderas y de Dolores Gutiérrez en 1832. Es cierto que los libros de texto del estado de Sonora siempre mencionan que Refugio Tanori era un líder ópata. Pero es obvio que se refieren a un comandante militar y no a un jefe tribal. En sus últimas palabras testifica que era un patriota mexicano que había peleado por su nación.

A partir de la ejecución de Refugio Tanori los libros de texto no vuelven a mencionar a los ópatas como un grupo distinto excepto cuando se trata de hacer notar un contraste favorable entre ellos y otros grupos indígenas de Sonora. Cuando la legislatura estatal hizo la petición de tropas para controlar a los yaquis en 1880 no menciona a los ópatas dentro de la lista de grupos indígenas. Era tan débil el reconocimiento de su existencia que a sus principales comunidades se les refería como pimas y la palabra ópata no se menciona en la petición. Un poco después el gobernador Ramón Corral escribió un resumen de los indígenas de Sonora y los menciona: “Son inclinados al trabajo, inteligentes, dóciles y obedientes de las autoridades y tienen muy buenas costumbres: son muy poco adictos a la embriaguez, al robo, y a otros vicios que desafortunadamente son tan comunes entre las demás tribus del país; viven del trabajo honrado y se dedican a atender sus familias y a educar a sus niños”.

O otro historiador de Sonora, sumándose a Corral, escribió en 1902 que los ópatas se “distinguen por sus tendencias pacíficas y su amor por el trabajo”. Ellos han “manifestado la mayor simpatía hacia la raza blanca, mezclándose con ella poco a poco”. Continua: “Desde la conquista hasta nuestros días, todos los gobiernos han podido utilizar los servicios de estos dóciles y devotos indígenas, a veces en la guerra contra los apaches, y otras veces contra ejércitos extranjeros, y en otras en las revoluciones locales del estado”.

Un estudiante de asuntos indígenas de Sonora, concluyó: …”dentro de poco tiempo esta tribu, reconocida como la más valiente de las tribus de Sonora, perderá las características que la distinguen, mezclándose con los pápagos y pimas y con el resto de la población del estado”.

Tales declaraciones son totalmente unilaterales y reflejan las buenas relaciones entre mexicanos y personas de descendencia ópata durante la última mitad del siglo XIX. Revelan mucho acerca de la actitud de los mexicanos pero no nos dicen nada de la identidad ópata como grupo étnico o su estado de asimilación. Tal información deberá ser el producto de trabajo de campo ya que los estudios históricos no lo proporcionan.

El contraste de los escritos de los mexicanos acerca de los ópatas y pimería baja con el de los reportes acerca de los yaquis, mayos y seris, es la importante ausencia de conflicto en los procesos de aculturación que se estaban llevando a cabo en el siglo XIX en el territorio pima y ópata. Los hechos tomaron un giro diferente al del resto de Sonora.


OPATAS

Ya sólo cuatro personas hablan su lengua

La etnia opata está a punto de desaparecer en Sonora, donde solamente cuatro personas hablan su lengua, advirtió hoy el antropólogo Alejandro Aguilar Zeleny, quien participa desde 1998 en el proyecto Etnografía de las regiones indígenas de México en el siglo XXI.

 “Hay gente que dice que conoce a alguien más, o que tiene un pariente que habla la lengua opata. Algunos hasta se sienten ofendidos cuando se les señala que los opatas están desapareciendo”, dijo Aguilar Zeleny, quien realiza la investigación con financiamiento del Instituto Nacional de Antropología e Historia y del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología.

Recordó que los opatas habitaron el oriente y suroriente del estado, entre los ríos Sonora y San Miguel. Ocuparon lo que son hoy los pueblos de Meresichi, Cucurpe, Mátape, Baviácora, Aconchi, Huépac, Banamichi, Sahuaripa, Bacanora y Arivechi.

Aguilar explicó que este grupo ha ido perdiendo identidad desde la llegada de los españoles a la región noroeste de la entidad, a finales del siglo XVI, y hoy se encuentra a punto de la “extinción cultural”.

La posible desaparición de este grupo debe servir para que la sociedad reconozca la deuda histórica con los indígenas en la entidad, dijo el investigador.

“Nos hemos resistido a reconocer que la cultura opata prácticamente ha desaparecido; quedan algunos hablantes, algunas tradiciones, pero ya no el núcleo de un grupo indígena”, agregó.

“En Sonora tenemos varios grupos, como los comca’ac (seris), yoreme (mayos), yoeme (yaquis), tohono o’odahm (pápagos), o’oba (pimas), macurawe (guarijíos). Además, en décadas recientes etnias de Oaxaca, como los triquis, mixes, mixtecos y zapotecos, han llegado a trabajar en los campos agrícolas, se han asentado aquí y hasta tienen miembros de sus familias nacidos en el estado”, agregó.

El especialista señaló que una forma de reconocer la importancia de esas culturas autóctonas es no llamarlas por los nombres que les dieron los españoles, ya que muchos son peroyativos.


En la nación Seri sólo 30 niños van a la primaria

Hay niños y niñas conca´ac que no están interesados en ir a la escuela porque falta materiale didáctico: David Morales

Por José Luis Jara / Dossier Politico (enviado)

Dia de publicación: 2008-07-22

Punta Chueca, Sonora.-

La isla del Tiburón fue un misterio. O siempre lo ha sido. En esta ocasión, la concentración de enormes nubes que lograron los cerros de este arrecife resultó todo un sacramento.

En tierra firme o continental, el sol representaba un ataque como el fuego que sale de la leña para asar un cordero. En cambio, frente a nosotros, apostados en la pura punta chueca de Punta Chueca, se daban escenarios propios del trópico: la lluvia que confundía el cielo con la isla, diferentes y dispersos arcoiris y atrás de nosotros, los motores de las pangas empezaban a zumbar.

Era la hora en que salieron los primeros pescadores. Eran las seis de la mañana, cuando los pescadores de jaibas se aprestaron a organizar la partida. Cargaron tanques con gasolina y prepararon las redes de trabajo. Antes de partir, las familias de los pescadores, salieron a despedir al que se lanza a la aventura para ganar dinero. Necesitan suerte y la familia es la primera que lo desea.alt

Sólo los pescadores salen temprano, porque tienen que volver a mediodía para entregar la pesca de la jaiba. Los buzos, es decir los comca’ac que se meten al agua por ocho horas para sacar cayo de hacha, se levantan más tarde. La prisa de ellos es trabajar con el agua en calma y de ocho a tres de la tarde, acostumbraron su horario de pesca.

Fuera de esto, el tiempo en Punta Chueca se pierde en sencillas coordenadas: mañana, tarde y noche. El tiempo alcanza para tratar de comprender misterios, contemplar el rito de los pescadores, fascinarse con la naturaleza, conocer el desierto y hablar con David Morales Astorga.alt

Hablar de la edad con David y otros comca’ac, pareciera que se tratara de hablar de los años que le falta para que los visite la muerte. La sola pregunta les parece un golpe traicionero y a la yugular.

David Morales aceptó hablar de ello y se puso la soga al cuello: “tengo 41 años”, dijo en la entrevista, no sin antes dar una serie de rodeos.

David es un defensor de los derechos indígenas. Se ha capacitado en talleres y seminarios que ofrecen organismos internacionales y es uno de los alumnos de Rodolfo Stavenhagen, un prestigiado relator de la ONU que vive en México.

David Morales es uno de los principales soportes que han tenido las autoridades tradicionales del pueblo Comca’ac. Actualmente apoya al presidente del Consejo de Ancianos, don Antonio Robles, toda una leyenda en la cultura de este pueblo místico. Y también es un promotor de la cultura de su pueblo.

David Morales Astorga dijo: “he participado en reuniones internacionales sobre los derechos de los pueblos indígenas que acaba de aprobar las Naciones Unidas. Aquí no le han dado mucha difusión, pero nosotros trabajamos con la gente sobre los temas de autonomía, autodeterminación y territorio para tener una buena defensa de nuestros derechos”.

El joven comca’ac ha sido un decidido defensor de su pueblo. Hace siete años era parte de la guardia tradicional del pueblo comca’ac y fue uno de los que resultó aprehendido por la marina, cuando recibieron una denuncia de que ese barco era asaltado por comca’ac.alt

Lo que realmente pasó en ese tiempo, recuerda David, fue que la guardia tradicional Salió a defender lo que es de su pueblo. Su tierra y sus mares. Ese barco se había metido a pescar sin el permiso del gobierno indígena y la guardia tradicional acudió a pedirles que se retiraran de aguas que les pertenecen.

Sin embargo, David pasó alrededor de siete meses en la cárcel, tiempo en que se demostró su participación en los hechos, de acuerdo a los usos y costumbres de su gente.

Ahora David afirma que se ha dedicado a trabajar por la cultura comca’ac, la defensa de su patrimonio y es un promotor de su pueblo.

Este trabajo le abrió muchos espacios, donde ahora reflexiona sobre los problemas de su comunidad. Le abrió otras posibilidades, como conocer sobre políticas públicas, política social y en base a ello, ha sido un colaborador de las autoridades tradicionales.

-Hablar de cultura es muy general. ¿En concreto qué tareas has hecho?

-Lo que más he defendido es basado en la tradición oral. Hago entrevistas con los ancianos. Sus enseñanzas las trato de transmitir a los niños en las escuelas, nos enfocamos a darle impulso a esa difusión. Hacemos talleres para enseñar nuestra cultura en las escuelas. Enseñamos danza para que los niños tengan habilidades para que fortalezcan su identidad, tengan conocimiento de su territorio, de sus aguas y sus derechos.

-¿Cuáles son los significados de los cantos y las danzas?

-Los cantos tienen su significado. Hay cantos del mar. Hay cantos a la ballena, especialmente existen cantos para las caguamas. Las letras hablan de canciones que la misma caguama canta, de cuando está en el fondo del mar y sale a la superficie a respirar. Hay cantos de las constelaciones, las estrellas. Hay cantos al medio ambiente, para el venado bura. Existen cantos para las ceremonias. Y en las escuelas se trata de que los niños aprendan esos cantos.

-¿Y cuantos niños y niñas hay en las escuelas?

-Estoy preocupado en este punto. Horita hay como 30 niños en la escuela primaria. Aparte de eso, hay niños y niñas de esa edad que no están interesados en ir a la escuela porque faltan materiales didácticos.

De cantos y bailesalt

El canto de los pascolas es una canción muy vieja, de tiempos inmemoriales dice David Morales.

Esos cantos –explicó- nadie le entendía nada. Nadie sabe qué quieren decir y en las entrevistas que le ha hecho a los ancianos, le explican que los cantos son solo entonaciones, sin ningún significado lingüístico.

-¿Hay cantores?

-Desde hace seis años, los ancianos han estado trabajando con los niños y niñas. En las fiestas he visto que hay nuevos cantores.

-¿Y hay nuevos cantos?

-Muy pocos. Hay nuevos cantores, pero siguen cantando los mismos cantos, porque los cantos de los comca’ac son inventados por los chamanes, que tienen poderes sobrenaturales.

-¿Viven esos autores?

-El chapo (Francisco) Barnet es el único que he visto. Él ha compuesto algunos cantos, pero los demás cantores sólo cantan los cantos ancestrales.

-¿Desde cuando están aquí en Punta Chueca?

– He platicado con los ancianos, con la gente más vieja y ellos me dicen que siempre han estado aquí, en todo lo que consideramos el territorio ancestral de los comca’ac. Más allá de ese tiempo, es difícil que los ancianos entiendan que nuestros ancestros cruzamos el estrecho de Bering.

-¿Y qué dicen sus ancianos?

-Hay varias versiones acerca de dónde venimos. Una que habla de la caguama de siete filos, que es la primera caguama creadora. De esa caguama surgieron otras, no se sabe en que año, como la caguama que es de especie amarilla. Esta caguama es la creadora de los comca’ac.

-¿Y su terreno ancestral?

-Siempre se ha reconocido que hemos vivido en este territorio, que viene desde San Carlos Nuevo Guaymas hasta Puerto Peñasco. Como parte de nuestro territorio ancestral se encuentran Hermosillo y las demás ciudades que se encuentran entre estos puntos, como Puerto Libertad, Peñasco, San Luis. Incluso, existen algunos lugares que conservan el nombre comca’ac. La isla de Alcatraz para los comca’ac es Sosni, una palabra comca’ac muy antigua que quiere decir pelícano.

Le entrevista con David se prolongó demasiado. El sol se metió detrás de la isla del Tiburón. Pero la oscuridad de la noche no duró mucho tiempo, porque detrás de los cerros que se encuentran a espaldas de Punta Chueca, se empezó a asomar la luna.

Se perdieron las estrellas de las constelaciones y la luna predominó con un brillo que daba cuenta de la velocidad en que viajaban las nubes. Parecía que corrían a esconderse en la noche de la isla.

-Hay mucha energía en este lugar –le comenté…

-Sí, parece que va a llover –respondió.

-Lo digo por tu gente –le dije.

-¿Por qué? –preguntó David.

-Estas tú, don Antonio, el Chapo Barnet que acaba de llegar de Chiapas. Se encuentra don Adolfo Burgos y su esposa Amalia y seguramente hay más gente de ustedes que han expuesto sus conocimientos en foros internacionales y en diferentes partes del mundo –le expuse.

-Sí, hay gente que tiene su habilidad. Don Adolfo se especializa en canto, recoge, difunde y es el principal cantor del pueblo. El Chapo que es el danzante del pascola. Don Antonio que está especializado en nuestras tradiciones. Unas de mis hermanas andan por Chihuahua en una exposición donde van a danzar y cantar.

Está el caso del grupo de rock Amac Kassim (Fuego Divino) es otro caso especial, porque ellos retoman cantos tradicionales y los mezclan con música de rock.

Después de esa respuesta, empezaron a rondar otras interrogantes que bien valdrían otras horas de charla. Por ejemplo, David dijo que entre Punta Chueca y Desemboque existen cerca de mil comca’ac.

Es un pueblo pequeño. Pero los principales exponentes de esta cultura, ya orbitan en los principales espacios del mundo. Representan a una raza que se encuentra en uno de los observatorios más hermosos del universo.

Quizás por ello le han cantado y danzado al Papa, los dibujos de Amalia los conocen en Nueva York, o bien que el Chapo tenga algunas experiencias en Europa.

David se quedó escuchando, no habló de ese tema. Ya era noche y nos quedamos con el misterio de origen y de plano, mejor ni instalamos la tienda de campaña