| CENTENARIO DE LA ESCUELA LEONA VICARIO, 1910-2010 |
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| Escrito por CARLOS LUCERO AJA |
| Sábado 06 de Febrero de 2010 04:50 |
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DISCURSO PRONUNCIADO POR SU AUTOR EL SR. PROF. HERIBERTO AJA, EL 5 DE FEBRERO DE 1910, EN LA INAUGURACIÓN DEL COLEGIO DE NIÑAS "LEONA VICARIO". Prof. Heriberto Aja Olguín Señor Gobernador: Señores: Entre los elementos constitutivos de la vida de los pueblos, hay dos que descuellan en primer término y son el áureo núcleo al derredor del cual gravitan todos los demás que forman el universo social: la escuela y el gobierno. Unidos íntimamente y en perfecta armonía estos elementos primordiales, establecen el pedestal que sirve de base á las generaciones que radiantes y llenas de energías se encumbran á la cima de la felicidad y progreso donde las conduce la ambición noble y bendita de la perfección humana. La escuela y el gobierno son los cimientos sobre que se eleva el gran edificio social. Del equilibrio dinámico de ellos depende la solidez de ese edificio. De la escuela se desprenden como saetas luminosas todos los principios que rigen á la sociedad en su vida de unión, adelanto y bienestar; mas por desgracia los cerebros desequilibrados ó enfermizos, interpretan mal esos principios y adaptándolos malignamente á utópicas quimeras, los convierten en arma temible que blanden contra el sistema social establecido. Toca á los gobiernos reprimir ó alentar las enseñanzas de tales principios según encierren progreso ó retroceso; tranquilidad ó revueltas y asonadas, pues siempre buscamos los principios que engrandecen, no los que aniquilan; los principios que levanten, no que destruyan; que iluminen, no que hundan; que expediten, no que obstruyan; que glorifiquen, ¡no que manchen y avergüencen….!He aquí por qué se unen la escuela y el gobierno: la moral es su base; sus principios la ciencia y sus fines, el respeto y adelanto de las sociedades ¡que es también el respeto y progreso del mundo! Cuando el niño comienza á balbucir las primeras palabras en el hogar, recibe su primera educación. Sus amorosos padres lo ponen en relación con el mundo exterior. Su curiosidad intelectual, su deseo de saber, va dando á su tierno espíritu las primicias de todo lo grandioso que la Naturaleza encierra. Llega á la escuela y allí, al desarrollo de sus facultades psico-físicas la ciencia le presenta nuevos é ilimitados horizontes para dar vuelo al genio que en estado de gestación, dormitaba en su débil cerebro. Allí se despliegan sus actividades mejorando con sus luces la planta de civilización que tiene el hombre establecido. Allí brotan los pequeños torrentes que desaguan en la gran arteria del progreso. En la escuela se despiertan y encausan sus buenos sentimientos inspirándoles el amor y respeto á la naturaleza, á sus semejantes y lo creado por ellos, para conservar el equilibrio estable de las naciones que es también el ¡equilibrio perfecto del universo social! En la escuela recibe, pues, una segunda educación que termina y perfecciona cuando la sociedad lo recibe entre su seno como miembro útil y sano, capaz de asegurar su subsistencia.Este desarrollo sucesivo y gradual de las nacientes inteligencias no se llevaría á feliz término si no se contara con el apoyo material y moral de los gobiernos. En nuestro progresista Estado en este cielo de incomparables y bellísimos crepúsculos, en esta tierra privilegiada por la naturaleza, en este suelo donde la mano de Dios fue pródiga en hermosura, en riqueza, en bondad; en este ambiente donde se han mecido las cunas de grandes hombres, nos cabe la satisfacción y el orgullo de haber tenido siempre en la Primera Magistratura á hombres sensatos y dignos que han dado un poderoso impulso á la educación del pueblo. Las escuelas se multiplican más y más; hasta la más pequeña comunidad llegan sus benéficos destellos. Prof. Heriberto Aja Olguín La raza yaqui, esa raza obstruccionista que ha llevado el luto á tantos hogares, cuenta ya con focos de redención. La escuela ha sustituido a sus madrigueras del Bacatete; ya no es la voz de venganza y sangre la que suena en los oídos de sus vástagos, sino la dulce y apacible del maestro que predica la paz y el amor entre los hombres. ¡Ya no será la sangre la que riegue los campos, si no el sudor de la frente que fertiliza y dora la espiga! ¡La moral triunfará sobre las balas! ¡La civilización triunfará de la barbarie! En esta ciudad, que cual bella desposada se engalana con los nítidos azahares de sus grandes naranjales, se destacan dos soberbios edificios que dan á conocer la civilización y el adelanto de sus hijos: dos magníficas escuelas que reúnen las condiciones y exigencias de la moderna pedagogía. Allá, donde la sociedad flagelaba al infractor de sus leyes; donde el degenerado criminal compurgaba su delito; donde se levantaba el lazareto social incomunicando á sus miembros infestados de la depravación de conciencia; allá donde se encerraba lo pútrido, el fango, la escoria de la humanidad; se eleva ahora uno de los templos á Minerva! Las almas blanquísimas y puras de la niñez, han reemplazado á las manchadas de los reclusos; la risa fresca y sincera de la inocencia ha sustituido á la sardónica del condenado; los inmundos y oscuros calabozos, son ahora higiénicos salones; allá donde la patria ocultaba su vergüenza, ¡acaricia ahora su salvadora esperanza! ¡Qué cambio tan notable, tan contrario, radical! ¡Del fango brotó la flor! ¡El ocaso volviese oriente! ¡La luz bendita de Dios rasgó la oscuridad de los fatídicos antros! Aquí donde antaño la muchedumbre enardecida con la sangre derramada por la paciente bestia que los campos labra; aquí donde los destemplados y confusos gritos de la turba excitaban á luchar al hombre con la fiera; aquí donde para mengua del siglo llamado de las luces, se levantaba un coso taurino; aquí donde el pueblo retrocedía en sus fiestas á la época nefanda de Nerón; ¡se yergue ahora este otro hermoso faro del saber! Los gritos que ahora se escuchan son los de la bendita juventud que llega radiante, ávida de saber. Estos gritos son los heraldos que pregonan el brillante porvenir de nuestra patria. Aquí, como en manantial de cristalinas aguas, llega la juventud á apagar su sed de sabiduría. De este templo, donde se reúnen esos ángeles de blanca alas á escanciar la benéfica copa del adelanto humano, saldrá la mujer; ese ser que constituye el núcleo de la familia, base de la sociedad; ese ser que el talismán del amor transforma en otro más grande, más bendito, más sublime; modelo de abnegación, de cariño, de sacrificio, de fortaleza y heroísmo que se llama ¡madre! ¡Sacrosanto nombre que los labios pronuncian con respeto y con veneración! El acendrado cariño que tengo á mi patria y á sus tiernos hijos, me obliga á tributar el justo aplauso que dignamente merecen los señores Gobernadores, Gral. Luís E. Torres y Sr. Alberto Cubillas, así como al Sr. Inspector de Escuelas Ing. Felipe Salido, por ser los que directamente han contribuido a dar este paso en la senda del progreso. Los señores Gobernadores en su constante anhelo de mejorar la enseñanza, siempre han tendido su protectora mano á todo aquello que signifique adelanto. La antigua como cruenta guerra de razas sostenida por la rebelde tribu Yaqui, tenía exhaustas las arcas del tesoro, y sin embargo, se sacrificaron otros proyectos para levantar estas escuelas que enaltecen la acertada administración de los citados gobernantes y honran la tierra de Pesqueira y García Morales. El ángel de la pacificación asoma radiante entre la nube del último cartucho disparado presagiando con su dulce voz las buenas nuevas que aseguran un brillante porvenir para engrandecimiento de la bella y codiciada Sonora. Seguid, adelante, señores; ¡a las distinciones ganadas en el campo de la diplomacia, agregaréis la blanca cruz de la gratitud de un pueblo! Seguid, adelante; levantad escuelas; difundid la enseñanza; ¡educad a las masas y haréis grande esta patria soñada por Hidalgo que os bendice desde el cielo! He dicho. Publicado en el periódico "El Occidental" (No trae fecha). Se respetó la ortografía del original. Tomado del cuaderno de recortes periodísticos del Prof. Heriberto Aja Olguín. Archivo-Biblioteca Carlos Lucero Aja. Este discurso fue escrito en la época Porfiriana, escenario de cruentas batallas contra el indomable indígena yaqui y el presagio inminente de la dolorosa e inevitable Revolución Mexicana. En él alaba a los gobernantes en turno (como buen político) en cuyo mandato se construyó la escuela, pero también vierte lo que debe ser la educación escolar y el gobierno en relación a ella. Presagia la redención del indígena por medio de la educación en las aulas. Vierte además algunas palabras floridas hacia la ciudad y lo que espera la sociedad en general de las escuelas y sus alumnos. Como verán en este escrito, también dio algunos datos sobre lo que había allí antes de construir dicha escuela primaria: una plaza de toros. Se dice también que antiguamente estuvo en ese sitio el panteón de la ciudad y posteriormente un corralón bardeado con adobe donde se guardaban las carretas del servicio público, lo que hoy se conoce en Hermosillo como "el corralón". También nombra a otra escuela que se construyó un poco antes que la nombrada aquí, objeto de este escrito: la Escuela de Niños N°1, de la que era su director en 1909-1910, construida sobre lo que fue la Cárcel de Hermosillo, cambiada un par de años antes a su nuevo hogar de piedra, la Penitenciaría del Estado, en las faldas del cerro de La Campana, donde hoy está el Museo de Sonora y el INAH. En ese otro edificio también centenario estuvo por muchos años el Departamento de Salubridad del Gobierno del Estado, hoy albergando oficinas particulares, construcción que se encuentra todavía actualmente entre los dos edificios de Teléfonos de México por la avenida Morelia entre las calles Garmendia y Guerrero. ¡Cuán grandiosa es la labor de la escuela y cuán meritoria la protección del gobierno! a escuela Leona Vicario fue inaugurada el 5 de febrero de 1910, por lo que este año del 2010, mismo mes y día, cumple cien años ininterrumpidos de llevar el saber a miles de educandos de nivel primaria, al principio únicamente de escolares femeninos, para después abrirse a niños varones también. |
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