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PRIMEROS ESPAÑOLES Y BATALLA DECISIVA CON LOS YAQUIS: PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Administrator   
Domingo 07 de Febrero de 2010 21:12

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 Los primeros españoles que pisaron tierras sonorenses lo hicieron en los últimos días de septiembre del año de 1533. cuando Diego de Guzmán se internó en el territorio que ahora ocupa el Estado, llegando hasta la ribera del río Yaquimí, ahora Yaqui.
 


En 1614, ochenta años después, el misionero jesuíta Pedro Méndez estableció las primeras misiones entre la Tribu Mayo, pero fueron las acciones y hechos sucedidos en el período transcurrido entre 1609 y 1617, los que habrán de tener mayor trascendencia en las futuras relaciones entre los conquistadores y nuestras tribus y qué, indirectamente, tuvieron una gran influencia en la formación del sonorense de nuestros días.

Después de dos intentos fallidos de establecer la autoridad española sobre la tribu yaqui, el Capitán Diego Martínez de Hurdaide organizó en el año de 1609 el mayor ejército que hasta entonces se hubiera visto en el norte de la Nueva España, para enfrentarlo a los aguerridos yaquis y de una vez por todas lograr su sumisión.

El ejército del Capitán Hurdaide estaba integrado con 4,000 guerreros indígenas de las tribus de los sinaloas, los ocoronis, los tehuecos y otras que previamente habían sido sometidas militarmente e incorporadas al sistema misional en los ríos Sinaloa, Fuerte y Culiacán. Este ejército se apoyaba con un cuerpo de caballería de 44 soldados españoles bien dotados de armas y de sus armaduras, además de soldados de infantería provistos de lanzas, espadas. arcabuces y un cañon.

Según la versión de los propios españoles relatada por el misionero jesuíta Don Andrés Perez de Rivas, el ejército yaqui se componía de 7,000 hombres que prestos habían acudido de las 80 rancherías que se encontraban al margen de su río y que constituían la nación yaqui, para defender su tierra de los invasores.

La dotación de pólvora, municiones y alimentos con que contaba la fuerza española, la presencia en el combate de la caballería que los guerreros yaquis enfrentarían por primera vez, la coraza defensiva que el guerrero peninsular llevaba en su atavío militar que le defendía con gran éxito de las flechas enemigas, y, en fin, todos los elementos modernos para esa época presentes en el ejército español, incluido el de su organización y el de ser mandados por un jefe militar que había tenido un gran éxito en todas sus campañas, conducían a pensar que eventualmente la victoria habría de inclinarse al lado del conquistador.

Al despuntar el alba los yaquis cruzaron resueltos y desafiantes el rio y atacaron el campamento enemigo con tal ímpetu y frenesí que los defensores solo se sostuvieron a causa de grandes bajas entre muertos y heridos. Cada vez que los defensores lograban recuperarse y pasaban a la ofensiva, los yaquis cruzaban el río utilizándolo como trinchera, pero volvían de nuevo al ataque en cuanto rehacían sus fuerzas.

En el curso de la batalla que duró todo el día, además de algunas escaramuzas nocturnas, todos los españoles resultaron heridos, pero ninguno fué muerto, a diferencia de las fuerzas indígenas aliadas que sufrieron una gran cantidad de bajas. Los guerreros indígenas que reforzaban las armas españolas se desanimaron ante la fuerza de los ataques yaquis y dejando a numerosos muertos y heridos en el campo de batalla huyeron a sus tierras del Sur. Pronto fueron seguidos por la mitad del ejército español que rápidamente, unos a pié y otros montados, se dirigieron al presidio y pueblo de Sinaloa para salvar el pellejo.

La otra mitad de los soldados españoles se agruparon en torno a su jefe, el capitán Hurdaide, quién herido por una flecha que penetró su casco estuvo a punto de morir. Casi toda la noche estuvieron los españoles rodeados por los guerreros yaquis quienes querían la cabellera de Hurdaide para proclamar y celebrar su triunfo, pero éste, en un acto valiente y de ingenio, logró poco antes del amanecer, escabullirse y escapar con su muy deteriorado ejército.

 

CAMBIOS EN LA ESTRATEGIA DE LOS CONQUISTADORES:

Fué de tal magnitud la derrota sufrida por los españoles y el respeto que les inspiró el arrojo y valentía de los guerreros yaquis que el Capitán Hurdaide no consideró siquiera la inmediata reorganización de sus fuerzas ni realizar un nuevo ataque. y. de hecho, renunció a la pretensión de imponer, con base en la fuerza militar, el dominio español al norte del río Yaqui.

Es plenamente evidente que la derrota infligida por los yaquis a las huestes conquistadoras cambió totalmente la estrategia y los medios que la corona española habría de seguir para conquistar el territorio más septentrional de la Nueva España.

Los eventos que siguieron a la derrota de los españoles, durante seis o siete años hasta la entrada de los primeros misioneros al Yaqui en 1617, son sumamente raros e inexplicables.
Sobretodo porque los únicos testimonios con que contamos provienen de los propios españoles, quienes se negaban a reconocer en nuestros aborígenes actitudes humanas diferentes a las guerreras.

Lo que es evidente es que después de su triunfo los yaquis quedaron en una posición que les permitía imponer condiciones para llegar a la paz y que, en ese período de siete años estuvieron en continuo contacto con las tribus vecinas ya sometidas al sistema misional. Hacían visitas a sus vecinos del sur y por lo menos, se sabe de una delegación yaqui a Sinaloa de 400 miembros que representaban a la mayoría de las rancherías de la tribu. Los misioneros mostraban a los yaquis las nuevas habitaciones, escuelas, la iglesia, las explotaciones agrícolas, el ganado vacuno, caballar, caprino, etc. que debieron despertar en el yaqui un interés por conocer y aplicar en su provecho la nueva cultura.

Es de creerse, pues, que a las instancias de Hurdaide por lograr penetrar el Yaqui en son de paz, respondió la tribu con simpatía y buena voluntad pero imponiendo condiciones. De otro modo no se entiende que los primeros misioneros en tierras yaquis, el propio Perez de Rivas y Basilio, hayan entrado al valle acompañados únicamente de cuatro indígenas de las tribus vecinas, pero totalmente desprotegidos de la fuerzas militar, como era hasta entonces la costumbre.

Los testimonios españoles argumentaban que esta entrada de los misioneros y el subsecuente sometimiento de la tribu fué consecuencia del miedo de los yaquis a los poderes de hechicero que le atribuían a Hurdaide y al poderío de su ejército. Sin embargo. olvidan las derrotas que previamente a su aceptación de la paz habían infligido a las tropas españolas e ignoran la indiscutible capacidad de negociación de la tribu. Spicer dice: "esta negociación no se les impuso por la fuerza, no fué la paz que se alcanza con una tribu vencida, ni con un pueblo sin la organización y cohesión necesarias para resistir su conquista".

No obstante que los primeros aborígenes Sonorenses sometidos fueron los mayos y que su conquista se realizó igual que la de sus vecinos del Sur, es decir, por la fuerza militar ejercida por Hurdaide y que además el Padre Méndez había establecido en tierras de los mayos las primeras misiones, es la entrada de los misioneros Perez de Rivas y Basilio al Yaqui en 1617, la que habrá de sentar las bases y fijar el rumbo y procedimiento para someter a las tribus asentadas aguas arriba del Río Yaqui y en todo el territorio de los que después sería Sonora.

Es decir, desde esa fecha, las tribus sonorenses habrían de ser sometidas por una arma y un método que la Corona Española consideró más efectivos que la espada y la fuerza: la cruz y el evangelio.

Este hecho habría de tener gran trascendencia, no solo por el éxito logrado en la empresa, sino en los efectos que entonces tuvo en los aborígenes y que sigue teniendo en la formación del sonorense actual.

Desde su primera entrada al Yaqui hasta su expulsión 150 años más tarde, los misioneros jesuitas redujeron a los indígenas sonorenses que habitaban en innumerables rancherías, en unos 40 pueblos de misión y otros tantos pueblos llamados de visita. Estos pueblos constituyen ahora la gran mayoría de las poblaciones rurales de Sonora.

Para atender militarmente a la población de las misiones así como a la de los reales de minas, el gobierno virreinal contaba con un presidio militar en el norte del ahora estado de Sinaloa y fue hasta 80 años después de la primera entrada misional que fundó lo que fué la Compañía Volante de Sonora que al asentarse en Santa Rosa de Corodéhuachi, daría lugar al primer presidio militar en Sonora, conocido como el presidio de la Frontera de los Apaches.

Al aceptar los indígenas el sometimiento militar y la nueva cultura por decisión propia y sin sufrir la pérdida de una a la que no estaban fuertemente arraigados. Por el propio atraso en que vivían, no tuvo grandes ni funestas consecuencias, como fué el caso con los aztecas y con los pueblos que constituían su imperio, los que sí se vieron sometidos a un gran choque traumático al serles impuesto un nuevo orden social y político por la fuerza y privarlos de su cultura que sin duda, era incomparablemente más adelantada que la de nuestros aborígenes sonorenses.

La colonización pacífica de los territorios sonorenses derivadas del hecho de armas de 1609, en el cual los yaquis derrotaron a las armas españolas y por el cual se cambió la actitud del conquistador y se suavizó la del indígena, habría de poner de relieve algunos aspectos que fueron trascendentes en la formación de la nueva raza:

La organización social y política de las comunidades misionales que no ponía énfasis en el respeto a las jerarquías sociales, donde la autoridad virreinal y consecuentemente la influencia de nobleza o familias poderosas, se encontraba tan lejana que podía considerarse ausente: el sistema de trabajo impuesto por los misioneros, en el cual el indígena sonorense nunca tuvo que trabajar sin remuneración, a diferencia de los indígenas sometidos en Mesoamérica donde las encomiendas los convertían casi en esclavos: y el autogobierno por los naturales que se hizo presente en cada pueblo de misión, son aspectos que dejaron honda huella en el sonorense de entonces y que no son ajenos al carácter y modo de ser del sonorense actual.

POBLACION INDIGENA A LA LLEGADA DE LOS ESPAÑOLES:

Cuando los españoles llegaron por primera vez al noroeste de México, habitaban el territorio de lo que ahora es Sonora, infinidad de tribus que con excepción de los seris. derivan el mismo tronco lingüístico. Estas tribus vivían en pequeñas rancherías diseminadas por todo el territorio siguiendo el curso de los ríos Mayo, Yaqui, Sonora, San Miguel, Magdalena y Altar y todos sus afluentes que forman los pequeños valles de la sierra y los grandes valles de la zona costera.

No obstante el gran número de grupos originales antropólogos los han agrupado en siete principales, cuya población aborigen era la siguiente:

POBLACION ABORIGEN A LA LLEGADA DE LOS ESPAÑOLES.
Mayos 25,000
Yaquis 35,000
Seris 5,000
Pimas Altos 1,000
Papagos 3,000
Pimas Bajos 25.000
Opatas 65.000
170,000

A la cifra de 170,000 habitantes aborígenes he llegado después de sugerir algunas modificaciones atendiendo a los nuevos límites políticos de la entidad, a las cifras originalmente propuestas por Carl o. Sauer, en su magnífico estudio

Las siete tribus principales que poblaban el actual territorio sonorense se distribuían en la siguiente manera: En el Sur, las dos ramas de la raza cahíta, mayos y yaquis sumaban 60,000 habitantes de los cuales 35,000 eran yaquis y 25,000 mayos. Estas dos tribus se asentaban en las riberas de los ríos que dan nombre a los valles y su ocupación principal, entonces como ahora, era la agricultura.

En la región occidental se desplazaban por toda la Costa los indios seris que a diferencia de las otras seis tribus principalmente les hablaban una lengua que no proviene del tronco común uto-azteca. Los seris no se dedicaban a la agricultura sino que eran recolectores y cazadores. Sauer estimó que a la llegada de los españoles la población seri, incluyendo las ramas salinero, tiburón, carrizo y la propiamente seri, era de 5,000 habitantes.

En el norte y noroeste del Estado. en el territorio que los españoles conocieron como la Pimería, habitaba en número de 20,000 la tribu de los pimas altos: sin embargo, debido a que una buena parte de ellos vivían en el territorio que después perdimos y que quedó comprendido en el estado de Arizona, para llegar a la cifra total he incluído como pimas altos solo a 12,000 habitantes.
Igualmente sucedió con la tribu de los pápagos quienes ocupaban territorio de la Pimería que en su mayor parte es ahora de Arizona, por lo que en la cifra total se incluyen únicamente a 3,000 indígenas de esta tribu.

Los pimas altos vivían asentados en las riberas de los ríos Magdalena y Altar, mientras que los pápagos llevaban una vida seminómada a que los forzaba la escasez del agua en la zona desértica que habitaban.

De la misma rama lingúistica de los pimas altos pero bastante más sofisticados en la explotación agrícola, la cual practicaban en los pueblos situados en la parte central del estado en las márgenes de los ríos San Miguel, Sonora y Yaqui, vivían alrededor de 25.000 nebomes, conocidos también con el nombre de pimas bajos. Por el sur colindaban los nebomes con la nación yaqui y al norte con la Opatería o nación de los ópatas.

Esta tribu, la de los ópatas o eudeves. era con mucho, la más numerosa de las tribus indígenas cuando los españoles arribaron a territorio sonorense, Sauer le calcula una población de 65,000 incluyendo algunas ramas que como las jovas estaban ya siendo absorbidas por la tribu cuando los primeros jesuítas llegaron a su tierra.

Ahora bien, si hemos de dar como buenos los datos que nos ofrece Sauer, y existen muchos testimonios escritos de la era colonial que ayudan a calificarlos como correctos, sería sumamente interesante analizar al devenir poblacional durante los 450 años transcurridos desde la llegada de los españoles hasta nuestros días. Ese interesantísimo trabajo, sin embargo, es una tarea mucho mayor de la que esta sencilla ponencia se ha impuesto, y me concretaré en ella, a hacer una simple comparación entre los datos de población indígena del inicio del período y la que hoy existe.

POBLACION INDIGENA SONORENSE EN LA ACTUALIDAD:

No obstante una notable discrepancia entre la información sobre población indígena en Sonora, proporcionada por los inciertos resultados del censo de 1980 y los datos obtenidos del Instituto Nacional Indigenista sobre la población indígena que vive en las localidades del Estado atendidas por los Centros Coordinadores del I.N.I., he obtenido una información basada en ambas fuentes que considero muy cercana a la realidad.

Esta población para los grupos indígenas sonorenses es como sigue:
Mayos 57,000
Yaquis 26,000
Guarijios 1,980
Seris 565
Pápagos 467
Pimas 240
86,252

Este último grupo, el de los Pimas, vive en una pequeña ranchería en el municipio de Bacerac que se encuentra en el extremo noreste del Estado.

Los pápagos viven en 8 localidades de los municipios de Altar, Saric. Caborca y Puerto Peñasco.
Los 1,980 guarijíos se distribuyen en 25 localidades de los dos municipios más al sureste de la entidad, como son Alamos y Quiriego.

Tanto los pimas como los guarijíos, sobretodo estos últimos, viven en condiciones de mucho atrazo cultural y gran pobreza material, pudiéndoseles considerar totalmente marginados del desarrollo de la entidad.

Los pápagos y los seris no pueden considerárseles marginados puesto que participan modestamente pero mostrando buenos adelantos, los primeros en actividades ganaderas y los segundos en la pesca y en las artesanías, en las que han dado fama a las figuras de palo fierro tallado

Pero los dos grupos más numerosos y que constituyen más del 96% de la población total indígena, los mayos y Yaquis, no solo participan en las actividades económicas de la entidad sino qué actúan en varias áreas, como lo son, agricultura, ganadería, pesca y pequeña industria.

Especialmente los yaquis cuentan con magníficos agostaderos tierras agrícolas y agua de la presa de su río en cantidades suficientes para que todos los integrantes del grupo pudieran gozar de una regular posición económica. El principal impedimento para lograrlo ha sido hasta ahora, la falta de educación general y la ausencia de liderazgo bien intencionado que se tradujera en una mejor organización.

 
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