| El Levantamiento de Tetabiate y la Paz de 1897 |
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| Escrito por Administrator |
| Lunes 08 de Febrero de 2010 04:54 |
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En el Yaqui surgió una nueva revolución encabezada por el Tetabiate, cabecilla no menos indómito ni menos temible que Cajeme. El Sr. General Luis E. Torres emprendió contra él vigorosa campaña que terminó con la paz de Ortiz celebrada el 15 de Mayo de 1897, y de la que nos vamos a ocupar con el detenimiento que merece. Esa paz se debió principalmente a los esfuerzos y abnegación de los señores Gobernador Corral, Generales Luis E. Torres, Lorenzo Torres y Francisco Peinado, de recientes y sentidísimos fallecimientos, y si ella no fue definitiva, débase no a falta de tino y consideraciones del Gobierno y los suyos, sino a que una vez mas, como siempre, ha demostrado el yaqui que pide la paz no por otra cosa que por impotencia y que esa bandera blanca con que se ha presentado y que le ha valido ayuda y perdones, felón y artero la desgarra en cuanto siente que las tranquilidades y beneficios de la paz han ahuyentado de su maldito ser la fatiga y la miseria. Pero hablemos ordenadamente de esa paz, de la que tantos bienes se esperan fundadamente y que nueva vez pisoteó traidor el sombrío yaqui.
Francisco Peinado A un valiente subordinado del Sr. General Torres, a un noble caudillo toco iniciar y terminar las negociaciones, al entonces Coronel Peinado, justamente conceptuado como leal entre los leales, modelo de modestos, valiente como los que saben serlo, y por eso popular y generalmente querido, sin armas y exponiendo su pecho a las balas indígenas, se presentó en el campo de los rebeldes a plantar entre ellos el estandarte blanco como símbolo de la magna obra en que tan interesadamente colaboraba con el pacificador Sr. General Luis E. Torres.
Juan Maldonado “Tetabiate”
La víspera del acto llegó el Sr. General Torres en tren especial a las 4 de la tarde a la Estación Ortiz, saliendo enseguida para el campamento de los indígenas acompañado del Sr. Coronel Peinado después de haber dictado sus últimas decisiones.
Aparte de la numerosa concurrencia que había desde la víspera, en el tren ordinario del día 15 que salió a Ortiz, minutos antes de las doce llegaron en unión de los Poderes del Estado mas de 200 personas entre ellas muchos extranjeros y algunas señoras. Se notaba a todos con entusiasmo e interés justificados por las circunstancias. Minutos antes de las tres de la tarde se hizo una gran polvareda por el camino que conduce a La Misa, y se vio al inmenso genero que poblaba la Estación Ortiz correr a colocarse en los mejores sitios para presenciar la entrada de los rebeldes. Un alférez ayudante a todo galope llegó a pedir permiso al Sr. General, que oportunamente había regresado del campamento enemigo, para que entrara a fuerza. Concedido este, en breves momentos se vio aparecer la cabeza de la columna: A descubierta venían como exploradores cinco dragones del 5° Regimiento a paso de marcha a 20 metros de distancia, la columna en primer término el Coronel Peinado vestido de charro y montando un hermoso caballo colorado, a su derecha Juan Maldonado Tetabiate, Jefe de los rebeldes. El caudillo indígena era de mediano estatura, de complexión robusta, frente un tanto despejada, ojos negros, hundidos y muy brillantes, nariz aguileña, bigote y piocha entrecanos y tenía en esa época 42 años, montaba un caballo colorado que le fue obsequiado por el comerciante Guaymas, y vestía sombrero aplomado jaranda, pantalón de casimir del País color claro, zapatos corrientes, en la cintura portaba una pistola de puño de concha calibre 44. En la misma línea venían los capitanes rebeldes Julián Espinosa, secretario de Tetabiate, Loreto Villa y Felipe Valenzuela, su segundo en Jefe. A continuación el 5° Regimiento.
Julián Espinosa
Seguía la columna compuesta de 394 yaquis, vestidos de algodón azul y sombrero de petate, de los cuales 213 venían armados de rifles Remingthon de infantería, carabinas antiguas de caballería de un tiro, de flechas y dos o tres carabinas viejas de cámara de metal amarillo, cada uno portaba dos cananas de cien tiros, cuchillo a la cintura, hules, porrones y caramañolas para el agua, y en las manos desarmada llevaban una varilla de jara. Entraron con el arma terciada, formados en columna y marchando al son de un tamboril que redoblaba un indio y al de los marciales sones de la música y banda del 5° Regimiento que batían marcha. A la cabeza de la columna yaqui, un joven portaba una bandera de seda blanca con dos guías de la misma tela y fleco de oro, en cuyo centro se veía esta divisa: ¡Viva la paz del yaqui! 25 de Enero, 25 de Febrero, 26 de Marzo, 26 de Abril y 8 de Mayo de 1897, fechas todas que señalan las diversas etapas de la pacificación. La formación y marcha de los indios era correcta y disciplinada. En esa época la tribu yaqui, a su modo formaba un ejército, no como ahora, que constituye una abominable serie de cuadrillas de ladrones.
Por último, cerrando la columna iban hasta 20 individuos a caballo que eran autoridades de los pueblos del yaqui, guías y capitancillos de los indios. Al llegar a la altura del grupo formado por el Sr. General Don Luis E. Torres y demás Jefes, Gobernador, Vice_Gobernador del Estado y otras personas que lo acompañaban, saludó el Sr. Coronel Peinado y a indicación suya Tetabiate quitándose su sombrero. Llegados a los ramadones, hicieron alto permaneciendo a caballo el Jefe rebelde y los capitancillos. Se dividió la columna en dos cuadros y mandaron formar pabellones sentándose los indios a descansar y estableciendo sus centinelas.
Al llegar la columna al Rancho del Echo, un fayuquero disparó unos balazos entusiasmado sin duda. Los indios, recelosos y desconfiados, volvieron la cara temiendo una traición y entonces el Sr. Coronel Peinado mandó hacer alto, aprehender al alborotador y fusilarlo. Tetabiate interpuso su influencia y el fayuquero fue perdonado. Había orden estricta de no disparar ni aún cohetes. Daremos algunos detalles importantes:
El caudillo rebelde Tetabiate fue el último miembro varón de una familia de guerreros indios. Su padre se llamó Luis Maldonado, quien tuvo tres hijos, Luciano, Juan y Manuel, los dos primeros fallecieron en la guerra; Luciano denunciado por un ranchero fue colgado. Entonces se levantó en armas Manuel adquiriendo desde luego gran prestigio entre su tribu por su abolengo de harnero rico, por su valor temerario por su astucia diabólica y por su energía feroz y salvaje. Juan Buitimea fue un indio que el Coronel Peinado curó de sus heridas y lo tomó a su servicio tratándolo con tanta bondad que al curarse no quiso separarse ya de su salvador. La gratitud del indio habilísimamente explotada por el Coronel, fue el primer paso para llegar a la razón obscura del Jefe rebelde; fue el primer emisario que llevó a los campamentos enemigos la semilla de oliva enviada para fructificar andando el tiempo. Después llegó en Noviembre del año anterior a la pacificación el misionero Presbítero Don Fernando M. Beltrán, ampliamente recomendado al señor General Torres por el señor Presidente de la República, logrando ponerse al habla con los indios por mediaciones de Hilario Amarillas, indio del Médano.
Al principio los rebeldes recibieron las exhortaciones del Sr. Cura Beltrán con la natural desconfianza y recelo de su carácter, llegando hasta a dirigirse a la Mitra de Sonora inquiriendo el carácter y origen del referido misionero. Sus sermones, sus consejos, sus pláticas llenas de unción y caridad evangélicas, iban abriendo en el cerrado corazón del indio desconocidos horizontes de luz y de consuelo en su vida nómada llena de tribulaciones.
Loreto Villa
Al terminar el Himno Nacional tocado por la banda del 5° Regimiento y en medio del silencioso recogimiento de los presentes, dio lectura el Sr. Secretario del Estado Don Celedonio Ortiz a la siguiente acta:
República Mexicana – 1° Zona Militar.- General en Jefe. Acta levantada en la Estación Ortiz, del Distrito de Guaymas, Estado de Sonora, el día quince de Mayo de mil ochocientos noventa y siete, con el objeto que enseguida se expresa: Juan Maldonado, Jefe de la Tribu Yaqui que ha estado en armas durante largo tiempo, reconoce la soberanía del Supremo Gobierno de la Nación y la del Estado y reconoce también que es su deber someterse a la obediencia de las autoridades que de uno y otro emanan y por lo mismo se somete con todos sus compañeros de armas al Supremo Gobierno de la Nación representado aquí por el General Luis E. Torres, en Jefe de esta Zona Militar.
El General Luis E. Torres acepta en nombre del Gobierno la sumisión del Jefe Juan Maldonado y sus compañeros de armas y les ofrece en nombre del mismo Supremo Gobierno toda clase de garantías, la seguridad de que no serán violentados en su persona ni interesadas por motivo de la sublevación pasada, y en nombre del mismo Supremo Gobierno de la Federación les ofrece terrenos en el Río Yaqui de los que están desocupados en los ejidos de los pueblos y destinados para los indígenas originarios del Río Yaqui.
Coronel Peinado estrechando la mano de “Tetabiate” Estación Ortiz, Distrito de Guaymas, Sonora, 15 de Mayo de 1897
Terminada la lectura del anterior documento, el Jefe de la Zona preguntó a los cabecillas si estaban con el conformes, contestando afirmativamente los interpelados. A continuación fueron firmadas cuatro copias, una de las cuales fue entregada a Tetabiate, otra al Sr. Coronel Peinado, otra al Sr. Gobernador del Estado y otra que conservó el Sr. General Don Luis E. Torres para enviarla al C. Presidente de la República. Al ponerse en manos del caudillo rebelde el documento trascrito, el Sr. General Torres le dijo:
Juan Maldonado: Te entrego este sobre que contiene su indulto y el de tus subordinados, y te doy un abrazo en nombre del Supremo Gobierno en señal de conciliación y de olvido del pasado. Sentimos que no se conserve íntegra- para publicarla la inspirada, elocuente y conmovedora improvisación del Sr. General Torres que, dicen, estuvo llena de fuego y de grandezas en aquellos solemnes momentos tan fácil y traidoramente olvidados por los indios.
A continuación el Sr. Corral con su claro talento y su fácil dicción dirigió una alocución a los presentes análoga a las circunstancias del momento y que desgraciadamente tampoco se conserva, para igualmente publicarla. Enseguida se procedió a la distribución entre los indios de un talego de dinero llevado expresamente con ese objeto, tocándole sesenta pesos a Maldonado y dos a cada uno de los indios.
“En tan solemne acto, en ocasión tan grandiosa, no es posible que guarde silencio. Hechos que reúnan las condiciones y detalles del que presenciamos son tan sublimes, tienen una fuerza dominadora tan absoluta, que se imprimen sobre la conciencia, sobre el corazón y sobre la inteligencia.
Ahí tenéis al señor General D. Luis E. Torres, en Jefe de la Zona, con la conciencia tranquila de un deber cumplidor, modesto, sin apariencia de su inteligencia, de su acto, de su valor, de sus mil cualidades que hay en el hombre abnegado, el hombre superior. Ahí tenéis al señor General D. Lorenzo Torres, 2° en Jefe revistiendo con carácter de humildad que enaltece sus nobles y grandes cualidades como militar y como miembro oficial, firme en sus energías; para él no hay descanso, no hay familia, la edad nada sigue, ni las enfermedades le preocupan.
Párrafo aparte es necesaria en elogio a las autoridades del Estado, que no han perdonado medio ni sacrificio para terminar la sangrienta lucha cuyos últimos detalles se pierden en lejanos horizontes, pero son tan conocidos sus esfuerzos que el criterio público los ha premiado ya. Y ahí tenéis, señores, a Juan Maldonado (a) Tetabiate), a sus guerreros, no sin armas porque no son hijos de un Estado abyecto, sino de un Estado de hombres libres;
Ved esa gran enseña blanca que tiene una fecha: 25 de Enero; es la fecha en que él se prestó a los tratados; 25 de Febrero no estaba sometido y ofrecía garantía de vidas y plena seguridad en los caminos, 26 de Marzo, es la fecha de la primera entrevista con él en La Cieneguita; 29 de Abril es la fecha de la segunda entrevista en el Tetacombiate; 8 de Mayo, Tetabiate en ese mismo punto, sale a recibir al señor General en Jefe quien lo había citado y a quien se somete; y por último, 15 de Mayo, es la fecha gloriosa en que desaparece la última sombra de duda, la última nube de este cielo esplendente en que hoy se escribe Paz.
No hago historia… ni me corresponde hacerla, pero tengo que decir que Maldonado ha cumplido hasta hoy religiosamente su palabra y cumple a nosotros ahora corresponder. Tengo la satisfacción, al dar noticia de estos hechos, de ensalzar la pericia y discreción, la habilidad y talento con que el señor General en Jefe, su segundo y mis compañeros, han sabido obtener este resultado, el primero con su acertada dirección y los segundos con su incansable actividad y valor.
Juzgad este hecho: es grandioso por su significación política y social, es grandioso por que encierra muchos sacrificios, muchos detalles que le dan colorido; es grandioso porque aquí han venido los guerreros armados a jurar la paz y esas armas que antes eran dirigidas contra el Estado, ahora las tiene en su apoyo; ahí tenéis a los guerreros del Yaqui; ahí tenéis a la Guardia Nacional. Hoy podemos parodiar a Napoleón diciendo: en los momentos en que este sublime acto se desarrolla, el mundo entero nos contempla. Podemos hoy dar una prueba de lealtad al Primer Magistrado de la Nación quien podrá ver, que aunque en pequeño, imitamos su benéfico ejemplo al poder decir: “Es un hecho la paz en el Estado de Sonora”.
¡Viva el Primer Magistrado de la Nación, General Porfirio Díaz! ¡Viva el General en Jefe de la Zona! ¡Vivan los Gobernantes del Estado libre y Soberano de Sonora!
Atrás: Coronel Francisco Peinado (izq) y General Luis E. Torres (derecha) De izquierda a Derecha sentados: Julián Espinosa, Juan Maldonado “Tetabiate” y Loreto Villa
Ya se ha visto como esta raza infame ha correspondido a tanta nobleza, a tanta lealtad y, ¡porqué no decirlo? A tanto favor como con el mejor fin encerró el sentido discurso del igualmente sentido Sr. Coronel Peinado, y a la alta bondad y liberalidad del Gobierno. A esa raza se le da dinero acuñado y devuelve plomo en balas; se le da pan para que lo lleve a sus hijos y da muerte a la mano que se lo da; se le agasaja llamándolo nuevo soldado del progreso y contesta con un alarido que repercute en las montañas a que ya ansía volver para robar y asesinar; se le llama bondadosamente heroico guerrero y se convierte en el mas miserable, cobarde y cruel de los bondadosos.
En la tarde se hicieron bailes para obsequiar a los indios, y la banda del 5° Regimiento dio serenata en la plaza hasta las once de la noche. El Sr. Coronel Peinado envío al campamento indígena una música de cuerda a Maldonado y estuvo tocando hasta horas muy avanzadas de la noche. Las familias fueron a saludar al Jefe Indio, y a satisfacer su natural curiosidad haciéndole preguntas que Tetabiate contestaba.
Además del caballo, montura y vestido que el comercio de Guaymas regaló a Maldonado, el Sr. Coronel Peinado le obsequió un hermoso caballo, el Sr. D: Cosme Echeverría una bonita calzonera de cuero y el Sr. General Torres un magnífico zarape de Saltillo. El Gobierno del Estado y señor General en Jefe, por cuenta del Supremo Gobierno, hicieron distribuir lo siguiente entre los indígenas y sus familias: 40 cargas de harina, 8 de panocha, 20 reses, 8 cargas de garbanzo, 100 kilos de café, 2 botes del mismo grano, 10 rollos de petates, 14 docenas de vestidos para mujeres, una gruesa de enaguas interiores, 25 sombreros de pelo galoneados, 500 sombreros de palma, 500 vestidos mezclilla azul, 20 vestidos de casimir del País, 30 camisolas finas, 20 pares de zapatos, 100 rebozos corrientes, 100 rebozos finos y 6 zarapes.
Nuevo Levantamiento de Tetabiate en 1898
En Junio de 1898 volvió el Tetabiate a levantarse en armas contra el Gobierno encontrándose en esa época las siguientes fuerzas en el Río; 4° , 11° y 12°, 19° y 20° Regimiento de Infantería, 5° de Caballería y Cuarenta Nacionales, formadas en varios pueblos y que han sido de gran utilidad dados los conocimientos que tienen de los bosques. El Sr. General Jefe de la Zona le abrió nuevamente también tenaz campaña, en la que se libraron numerosos combates hasta que el indio indómito sucumbió en uno de ellos a manos del que antes había sido su segundo, Loreto Villa, quien desde que fue celebrada en Ortiz la paz con los yaquis permaneció fiel el Gobierno hasta que murió. Justo, justísimo es honrar la memoria de esos pocos yaquis que, como Loreto Villa, han sabido con lealtad y con nobleza corresponder a la nobleza y a la lealtad del Gobierno.
En 1899 fue electo Gobernador del Estado el Sr. Gral. Luis E. Torres, pero habiendo pedido una licencia a la Legislatura se recibió del Gobierno el Vice Gobernador, señor Celedonio Ortiz. El Sr. Ortiz no terminó su período, pues también obtuvo una licencia ilimitada y se recibió el Poder Ejecutivo el Sr. Don Rafael Izábal, nombrado Gobernador Interino por la Legislatura del Estado. El año de 1903 fue electo el Sr. Izábal Gobernador Constitucional y Vice-Gobernador el Sr. Son Francisco Muñoz, quien dejó de serlo en Agosto de 1904, entrando a substituirlo el Sr. Don Alberto Cubillas, persona generalmente estimada que ha hecho una firme, inteligente e intachable carrera política. La labor del Gobierno del Sr. Izábal palpita en muchas de las páginas de este libro y en ellas se enterará del detalle el lector. Al Sr. Izábal le tocó una de las épocas más tremendas de la cuestión yaqui y en el curso de este capítulo hablaremos de su gestión en este asunto, que ha desarrollado en combinación con el Sr. Jefe de la Zona, General Don Luis E. Torres.
Rafael Izábal
Reanudaremos la cuestión de los Yaquis:
Los Primeros nuevos encuentros que hubo fueron en la margen izquierda del Río Yaqui, en los bosques y en las marismas, registrándose hechos de armas de importancia como el de la Laguna del Bahueca, donde se encontraron los rebeldes en número de tres mil, contra mil mas o menos que mandaba el General García Hernández. Dejaron los yaquis muchos muertos en el campo y las fuerzas del Gobierno perdieron como sesenta hombres entre muertos y heridos. En esta acción murió el capitán de nacionales Julián Espinosa, yaqui que antes era de los principales cabecillas de los rebeldes, y que fue de los que le fueron fieles al Gobierno, como Loreto Villa a quien ya hemos hecho justo elogio y que prestó muy buenos servicios. Como ese hubo varios encuentros en los bosques, muriendo en uno de ellos, en el de Vícam, el teniente Coronel del 4° Batallón, y resultando herido en el de la Cuesta Alta el Coronel de 11° Batallón de Infantería Alfonso Martínez, que murió a consecuencia de la herida.
En Palo Parado hirieron al Sr. General Lorenzo Torres y en otros encuentros a otros jefes y oficiales que sería largo enumerar, lo mismo que a individuos de tropa. En cambio, en esos combates se logró hacer varias importantísimas aprehensiones de rebeldes y desde entonces se vino en conocimiento pleno de la complicación de los indios llamados mansos que trabajaban en las rancherías del Valle de Guaymas y en el Distrito de Hermosillo, trascendental asunto del que hablaremos después.
El Combate de Mazocoba
Otro hecho importante es el de la Laguna del Agua Salada, en que el General Lorenzo Torres con 40 hombres que traía el hoy Comandante Barrón y 10 nacionales logró aprehender a 14 yaquis después de un tiroteo, yaquis que revelaron que los demás rebeldes se estaban pasando para la Sierra del Bacatete, lugar para el que desde luego empezó el Sr. General Luis E. Torres a mover las fuerzas, habiéndose registrado allí encuentros que hacen página en la historia, como el Combate del Mazocoba, donde los indios estaban en posiciones completamente dominantes y en número no menor de 2,000, y teniendo entonces presos a las Josefinas y al padre Beltrán, de quienes tanto se habló en aquellas épocas.
Página en esta meritísima para el Sr. Gral. Don Luis E. Torres. Siguió a estos la labor mas interesante de la campaña que fue la de buscar a los rebeldes en sus refugios, pues de una manera inocente estaban ayudándolos casi todos los habitantes del Estado, juzgando pacíficos a los yaquis trabajadores de la ciudad y de las haciendas, pero los muchos datos que tuvieron los que este importante asunto han dirigido, vinieron a demostrar que los indios, después de cansarse de pelear en la sierra, se iban a trabajar a las haciendas del Estado así como a los minerales y pueblos y , como en esas condiciones no hacían daño, los aceptaban todos los que necesitaban brazos sin preocuparles de donde venía ni con quien trabajaban antes, pues nunca se ha usado aquí pedir recomendaciones de sus antiguos patrones en vista de la necesidad de brazos.
La Expulsión a Yucatán en 1902 y la Batalla de la Sierra del Gavilán
El Gobernador del Estado Sr. Rafael Izábal, con el mayor empeño y con la actividad conocida que tiene para sus actos, fue personalmente a las rancherías de casi todo el Estado y descubrió a los yaquis rebeldes y complicados, logrando aprehender a casi todos los cabecillas conocidos y a todos aquellos que tomaban parte en la guerra y ayudaban a los rebeldes con armas, dinero, parque, provisiones o de alguna otra manera, siendo ejecutados aquellos perfectamente reconocidos como criminales y los demás deportados al Estado de Yucatán.
Con estas medidas los indios sintieron un cambio para ellos terrible, pues veían que sus reservas se les estaban mermando y resolvieron reunirse todos los de la raza para hacer el último impulso y lo verificaron en un punto conocido con el nombre de “La Carbonera”, y de allí fueron a conferenciar con el Sr. Gobernador Izábal y con el Sr. General Torres al pueblo de San Miguel de Horcasitas, yendo las comisiones nombradas por los rebeldes por espacio de tres noches sin que se lograra un acuerdo, pues la exigencias de los indios estaban fuera de ley, y sobre todo de la razón y de las garantías que el Gobierno debe de otorgar a sus habitantes. En sus pretensiones querían que salieran todas las fuerzas de Sonora, que les dieran el Río Yaqui con sus terrenos, en virtud de que lleva el nombre de la raza y por lo tanto presumen que es de ellos; que no se nombrara ninguna autoridad por el Gobierno, sino que ellos nombrarían sus autoridades y gobernadores; que serían los únicos en acordar si podían pasar los blancos por los caminos que van para Sinaloa y que ellos no tendrían ningún compromiso con la sociedad ni con el Gobierno.
Como era natural, el Gobierno no aceptó ninguna de tales insensatas cláusulas y desgraciadamente, por mas razonamientos que se les hicieron a los indios, fue completamente imposible convencerlos; se terminaron esas conferencias con la sencilla, presuntuosa y criminal frase de los rebeldes al Sr. Gobernador y al Sr. General: “Nos veremos en los cerros con tus fuerzas”. Lo que sucedió efectivamente, pues dos días después de la última entrevista, el Gobernador del Estado, a quien acompañaban los Sres.. diputados Dr. Alberto G. Noriega, Juan Bojórquez, Gustavo Torres, Juan P. M. Camou, Alejandro Lacy y algunas otras personas de la Capital del Estado, los derrotaron completamente con las fuerzas de infantería y caballería que respectivamente mandaban los Sres. Comandante Barrón y teniente Coronel Rivera. Pero ese hecho importante merece líneas especiales y vamos a hablar en detalle de la batalla de la Sierra del Gavilán que fue donde se registró la acción.
La víspera de la batalla, las fuerzas al mando del Sr. Gobernador estaban acampadas en la Hacienda del Gavilán, propiedad del Sr. Manuel Gándara, situada en la mitad del camino de Hermosillo a Ures. En el peso de la noche, mandó el Sr. Gobernador dos exploradores, uno para que se dirigiera al Cerro de la Escondida y otro rumbo a Carbó, siendo el objeto de esta exploración saber con certeza el punto donde estaba el enemigo que se sabía era numeroso a fin de batirlo en la madrugada. A las dos de la mañana regresó el guía que fue al Cerro de la Escondida, comunicando que había notado cantos de palomas y aullidos de coyotes en el mencionado cerro y que creían estuvieran ahí los rebeldes, porque es como acostumbran correr la palabra en la noche. Inmediatamente el señor Gobernador mandó llamar al entonces Capitán Primero Don Luis Medina Barrón, ordenándole que ya él con 50 hombres de caballería que mandaba el Teniente Coronel Rivera, seguiría la misma ruta.
Luis Medina Barrón
Desde luego se rompieron los fuegos por ambas partes, siendo vigoroso y fuerte el primer empuje de los indios pues hicieron desde las primeras descargas tres bajas de individuos de tropa y mataron a otro. En esos momentos el Comandante Barrón mandó al Capitán Belma que tomara una pequeña altura que quedaba a la izquierda, lo que no se logró sino hasta el segundo asalto porque, comprendiendo los indios la importancia estratégica de esa altura, la defendieron resueltamente en el primero, y si sucumbieron, fue solo al empuje de los asaltantes federales.
Cerca de dos horas había durado aquel combate en que los indios pusieron en juego una de sus últimas terribles cartas para golpear en plena faz el rostro de la civilización que tanto han maculado con sus crímenes, que alcanzan los horrendos tintes de lo sombrío y que hacen dibujarse su tostada silueta sobre un fondo de sangre y horror. Para mengua de ellos y de sus traidoras armas y para prestigio del grupo que ahí se batió y del Sr. Gobernador y Jefes que lo acompañaron, entre los que hacemos especial mención de los justamente conceptuados como incansables y valientes soldados
¿Cuando un elogio puede vestirse con el ropaje de la sinceridad y de la verdad?. En varias circunstancias, pero muy particularmente cuando el que lo rinde pone de por medio el diáfano argumento de su ausencia. Y al terminar este libro yo me ausentaré de Sonora, y por eso es que sin que se tenga derecho a tildárseme de adulador, concluyó el relato de esta memorable y trascendental jornada, consagrando un voto de admiración y de respeto al Sr. Gobernador Izábal,
Enterrados los muertos, recogidos los heridos y levantando el botín de esta batalla, el Sr. Gobernador Izábal se dirigió a Hermosillo con su fuerza y ahí conferenció con el Sr. Gral. Torres, quien ya había destacado a parte de la suya en persecución de los restos de la destrozada partida indígena del Gavilán, acordándose que el Sr. Teniente Coronel Gordillo Escudero y el Sr. Comandante Barrón con cien hombres siguieron las mismas huellas, lo que hicieron con el mejor éxito pues unos cuantos días después avistaron nuevamente al yaqui en el punto llamado La Centrada y nuevamente lo batieron hasta infligirle segunda derrota y completa,
FIN…
Agradecemos a la Sra. Guadalupe Mendoza Monge su contribución a la digitalización de este documento Hermosillo Sonora, Marzo de 2008 |
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